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 BIGGIRLSDON'TCRY.[2ªtemporada]
Lidya
Posted: Apr 26 2009, 05:24 PM


ONE IN A MILLION GIRL


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CATORCE.

Just like a star across my sky, just like an angel off the page, you have appeared to my life, feel like I'll never be the same. Just like a song in my heart, just like oil on my hands..
http://www.youtube.com/watch?v=dnD4L-f7-tc

La editorial Christensen era uno de los rascacielos más importantes de Los Angeles, con más de treinta plantas, aún así, cuando una quería esconderse allí y que nadie la viera, se acababa convirtiendo en un lugar con los mismos metros cuadrados que un baño público. No quería ver ni a Hayden ni a Rachel en toda la mañana, y no hacía más que cruzarmelos. Miré el interior del despacho de Hayden antes de entrar en el y, al ver que estaba vacío, entré corriendo. Dejé * todos los recados sobre la mesa de una forma torpe y mucho más lenta de lo que esperaba, y me incorporé para salir de nuevo, pero ya era tarde. Hayden entró a su despacho y cerró la puerta con pestillo detrás de él. En cualquiera de mis fantasías calenturientas, aquel era un principio normal, pero ahora estaba muerta de miedo. No quería enfrentarme a tener una conversación seria con él en la que tuviera que confesar ciertas cosas para las cuales no estaba preparada. Hayden se quitó la gabardina y se colocó frente a mi con semblante serio.

-Ayer desapareciste y no volví a verte en toda la noche - me dijo serio.
-Tenía prisa - le reproché intentando salir del despacho.
-Eras una de las encargadas del evento y nos dejaste colgados a todos. No sé cuales son tus aspiraciones en este mundo, pero así vas de culo.
-Hayden, tenía y tengo que irme - le dije nerviosa -. Déjame salir, por favor.
-Tenías algo que decirme - insistió cortándome el paso.
-Sí, tenía hasta que Rachel anunció que os vais a casar delante de toda California.
-Pero eso ya lo sabias.
-¡No! - le grité nerviosa -. ¡Cancelasteis la boda!
-Solo la retrasamos - me recordó.
-No quiero hablar de esto - le dije intentando volver a salir -. Hayden, déjame salir o grito.
-Solo quiero saber lo que tenías que decirme - volvió a insistir.

Levanté la vista para volver a mirarlo, y allí estaba, tan guapo como siempre, y sobre todo, tan alto, tapándome la puerta. Había llegado el momento de decírselo, no había vuelta atrás. Podía decirle cualquier excusa, pero, ¿de qué iba a servirme retrasar más ese momento? Hayden me miraba impaciente y yo me aclaré la garganta nerviosa.

-Hace más de un mes que tenía que haberme bajado la regla - le dije con calma -. Hace unas dos semanas me hice una prueba de embarazo y dio positivo.
-¿Qué? - me preguntó en estado de shock.
-Sé que es patético, pero no he mantenido relaciones sexuales con mi novio, así que con el último hombre con el que me he acostado ha sido contigo.
-Pero, eso es imposible - me dijo apenas sin poder respirar -. Siempre hemos tomado precauciones, Lidya, es totalmente imposible.
-No. En el último concierto de Runnway, íbamos muy borrachos y tu no te pusiste nada. Supongo que podía pasar, era un riesgo que debíamos correr.
-No, no puede ser - volvió a asegurar, algo menos convencido -. ¡Joder, Lidya, que ese polvo fue de trillizos!
-Lo siento, Hayden - le dije nerviosa -. No creas que esto ha pasado porque yo he querido. No quiero que tengas ningún tipo de responsabilidad. No tengo claro todavía lo que voy a hacer, pero quiero que sepas que esto es cosa mía. Te lo he dicho solo para que lo sepas.
-Pero, aver, espera... - murmuró todavía blanco -. ¿Estás segura de que es mio?
-Claro - le reproché -. Te he dicho que no me he acostado con nadie más.
-¿Seguro? ¿No será que te has acostado con alguien, no te acuerdas y no sabes a quien escanquetarle el marrón?

Eso era lo último que quería escuchar en aquel momento. Antes de romper a llorar, golpeé la mejilla de Hayden llena de rabia. Se quedo paralizado en la misma posición y yo salí del despacho de un portazo. Había sido un juguete sexual para Hayden durante todo ese tiempo, pero nunca me había hecho sentir más puta que en aquel momento.

* * *

En época de examenes lo peor que podías hacer era estudiar en la cafetería, aunque en realidad, no se podía estudiar en otro lado. La biblioteca del instituto de Santa Monica estaba abarrotada, así que William y Adam, recién llegado tras la expulsión, no tuvieron más remedio que estudiar en la cafetería. Adam, con media cara metida en el libro de Historia, suspiraba, maldiciendo su ausencia en clase.

-Con un repaso que le des seguro que te lo aprendes - le animó William.
-Tendré que darle más de uno - murmuró Adam -, y todo esto por culpa de Cam, joder, ¿por qué no le expulsaron a él también? Una expulsión más no creo que acabara con su reputación.
-No debiste pegarle - le reprochó William.
-¿Por qué no? No paraba de decirme que se había acostado con mi novia mientras estaba conmigo, estaba provocándome, sabía como íbamos a acabar.
-Pero acabaste poniéndote a su altura. Por cierto, ¿sabes algo de Lidya?
-No - Adam suspiró -. Vino una vez a mi casa a verme y no ha vuelto más.
-¿Y por qué no vas tu a verla a su casa?
-¿Qué? - Adam rompió a reír -. Me dejó ella, ¿como voy a ir a su casa a arrastrarme?
-Por eso mismo - le reprochó William -. Te dejó ella, pero, ¿tu quieres volver con ella?
-Sí - contestó Adam confundido -. Creo que sí. Pero no, desde que me dejó no me ha pasado nada bueno. Ella está bien así, tal y como ella quería.
-No lo estás haciendo bien. Quieres volver con ella, por lo tanto tienes la esperanza de que eso ocurra, pero no quieres esforzarte, quieres que después de que ella te dejara se arrastre y te pida volver. Amigo, quiero informarte de que eso jamás pasará. Si te dejó es porque no veía futuro a la relación, y si no haces nada para que se de cuenta de que vale la pena volver contigo jamás lo intentará.
-¿Sabes? Se te da muy bien eso de dar consejos - le dijo Adam riendo -. Pero, ¿por qué no te aplicas a ti también el cuento?

Adam señaló con un leve movimiento de cabeza la mesa que tenían al lado, donde Sarah, completamente sola ya que Laura tenía clase, daba su último repaso al examen que tenía dentro de media hora. William suspiró.

-Eso es distinto - se justificó desanimado -. Lo mio con Sarah es imposible. El único error que hemos cometido ha sido no darnos cuenta antes.
-Amigo, eres imbécil - le insultó Adam riendo -. Estás empeñado en decir que Sarah no está hecha para ti porque ella se merece algo más. ¿Qué quieres, que esté con cualquier guapito de estos que estudian aquí para que sean... "La bella y la bella"? Sin embargo, "La bella y la bestia" es un cuento de hadas, y no quiero que te ofendas.

William rompió a reír y los dos volvieron a hundir sus cabezas en los libros. Sarah les miró de reojo al escuchar las risas y William, al sentirse observado, se giró a mirarla. Cuando sus miradas se cruzaron, Sarah volvió a agachar la cabeza rápidamente, y William volvió a meter la cabeza de nuevo en sus apuntes. Sonreía, y no sabía por qué, pero el chiste de su amigo había causado más efecto en él de lo que creía.

* * *

Chace entró en el Starbucks de West Hollywood, no porque quería café, si no porque Blake trabajaba allí de nuevo. Todo parecía haberse torcido la noche anterior, y a la mañana después todo tenía que solucionarse. Nada más entrar la vio al fondo de la barra, preparando café para gente que los esperaba, y Chace se coló entre ellos para ponerse frente a ella.

-Ayer no apareciste por casa en toda la noche - le dijo Chace en tono serio.
-Y tu no te has afeitado - le reprochó Blake sin mirarle -. Tienes cara de no haber pegado ojo en toda la noche.
-No. Hayden, Rachel, Chad y Kenzie se vinieron a casa y se fueron super tarde. Me acosté un rato y nada más levantarme me he venido a buscarte.
-Muy bonito por tu parte.

Blake continuó preparando café haciendo oídos sordos a todo lo que Chace tenía que decirle, aunque no lo consiguiera.

-No sé por qué te enfadaste tanto - continuó Chace -. Quizá no me comporté como debía, bebí bastante y no estoy acostumbrado a beber tanto. Era el cumpleaños de mi mejor amigo, quería pasármelo bien. No hice nada malo.
-Estoy harta de ti - explotó Blake nerviosa -. No hiciste nada malo, simplemente de tanto beber te fuiste de la lengua. ¡No dejaste de hablar de Sarah en toda la noche!
-Eso no es verdad - le reprochó Chace confundido.

La cola empezaba a mirarles sin entender, y el encargado del Starbucks le lanzó una mirada de advertencia a Blake, que se restregó la cara nerviosa.

-Vete de aquí, Chace - le dijo incómoda -. Vete a casa, luego hablamos.

Chace continuó mirándola sin entender nada, pero sabía que de aquel momento no podía sacar nada bueno, así que se dio la vuelta para salir del Starbucks. Lo que no sabía todavía, es que el momento de "luego hablaremos en casa", no llegaría nunca.

* * *

Su pelo, rubio platino, brillaba con fuerza a la salida del instituto de Santa Monica. Parecía una Barbie de carne y hueso. Su piel, totalmente bronceada, resaltaba todavía más con su pelo, practicamente blanco. Laura reconoció a Kenzie a kilómetros, lo que no podía averiguar era que hacia allí. Por supuesto, Kenzie también reconoció a Laura a lo lejos, y poco a poco, ambas se fueron acercando. Cuando ya estaban lo suficientemente cerca, Kenzie se quitó las gafas como si fuera una estrella de cine. Laura podía notar como todos sus compañeros de clase que pasaban por su lado se giraban a mirarla.

-Eres Laura Patridge, ¿verdad? - le preguntó Kenzie con aires de superioridad.
-Sí, ¿y tú? - le preguntó Laura, haciéndose la interesante.
-Soy Kenzie, la novia de Chad.
-¿La novia de Chad? - preguntó Laura, tapándose la boca mientras reía -. Perdón, es que, no sé, es la primera noticia que tengo.
-Bueno, alguien tenía que dártela - le informó Kenzie algo molesta -. Chad me ha dicho que estudiabas aquí. Cuando me lo ha dicho pensaba que era una coña, no creía que fueras tan cría, pero en fin, Chad ha cometido muchos errores en el pasado.
-Desde luego - admitió Laura.
-Lo que he venido a decirte es que Chad me ha informado de que has estado cuidándole todo este tiempo - continuó Kenzie -, y quiero que sepas que ya no hace falta que vuelvas más.
-Ah, ¿no? - le preguntó Laura desafiante -. ¿Y eso por qué?
-Porque estoy viviendo con él - le aseguró Kenzie orgullosa -. No hace falta que vengas más porque Chad ya tiene quien le cuide. Le daré todo lo que necesite. Todo - recalcó sonriente.
-Seguro que no - murmuró Laura en voz baja.

*

Tan solo les separaban unos metros, sin embargo, Robert, esperando a su novia en la salida, estaba atento a toda la conversación de brazos cruzados. No tenía claro si había hecho bien en ir a por ella, ya que como podía imaginar, acabarian discutiendo. La tranquilidad pareció acabarse cuando Cam, con ganas de bronca, se acercó a él.

-Me debes dinero - le reprochó serio -, y lo quiero ya.
-Oye, este no es el momento ni el lugar - le aseguró Robert incómodo.
-No me vengas con gilipolleces - volvió a reprocharle Cam -. Ayer te lo pasaste bien a mi costa, y me dijiste que hoy tendría el dinero de vuelta. Lo quiero ya.
-Te he dicho que no lo tengo - le reprochó Robert plantándole cara -. Era mucho dinero y no he podido conseguirlo en un día. Te lo daré dentro de una semana.
-¿Qué? - Cam rompió a reír -. Oye tío, no sé si lo sabrás, pero aquí las cosas no funcionan así. O me das ya los trescientos dólares o te parto las piernas.
-No me amenaces - le reprochó Robert enfadado -. No tienes ni puta idea de lo que cuesta conseguir ese dinero, a ti te lo han dado siempre todo hecho.
-Tu no tienes ni idea de como me gano la vida, pero sí que sé como va esto, así que, o me das el dinero ya, o vas a tener problemas - le reprochó Cam empujándole.

Al empujarle, Robert tropezó con una de las motos que habían allí aparcadas, volcándola y haciendo un ruido increíble. La gente empezó a cotillear, ansiosos porque pronto habría pelea, pero a Laura no le hizo tanta gracia, ya que salió corriendo hacia ellos, terminando definitivamente su conversación con Kenzie.

-¿Qué está pasando aquí? - preguntó Laura separando a Cam de Robert.
-Venga, Cam, vámonos de aquí - le dijo Paul a Cam, tirándole del brazo.
-Paul - le llamó Laura nerviosa -. ¿Qué pasa?
-Esto no va a quedar así - volvió a amenazarle Cam -. Estas acabado.

Paul consiguió tirar de Cam hasta apartarle lo suficiente, y siguió caminando, enfadado, hacia su moto. Robert se agachó para recoger la moto que había tirado antes de que llegara el dueño y se metiera en más problemas. Aprovechando el momento, Laura salió corriendo detrás de Paul, que iba algo más lento que Cam, hasta alcanzarlo.

-Paul - volvió a llamarle Laura -. ¿Qué acaba de pasar? Sé que sabes algo, ¿por qué Cam amenaza de esa manera a mi novio?
-Ayer estuvimos todos con Robert - le explicó Paul -. Vino Jared, el chico que vende droga de Santa Barbara, y Robert compró mil cosas, pero como no llevaba dinero y se habían caído bien, Cam se lo pagó todo. La factura de lo que consumió tu novio ascendió a trescientos dólares, y ya sabes que a Cam no le puede deber dinero nadie.

Laura se restregó la cara nerviosa y Paul, después de acariciarle un hombro, se alejó también para marcharse. Laura levantó la vista para mirar a su novio, que seguía esperándola donde ella le había dejado, y miró el reloj. Apenas habían pasado veinte minutos desde que había salido de clase, y todo se había complicado todavía más.

* * *

La noche volvía a caer sobre California, anunciando así el principio de una lujosa fiesta. Cada familia, como los Conrad, Patridge o Barton, iban con alguna limusina de su propiedad, en el caso de mi familia, la única que teníamos, aún así, nadie debía saberlo.Castellammare no estaba muy lejos de Santa Monica, así que llegamos en menos de una hora. La gente de Santa Monica se lo preguntaba, pero nadie se atrevía a expresarlo en voz alta: ¿qué hacía el vagabundo de la playa saliendo de la limo de los Patridge? Según se comentaba, la hija de Audrina había perdido el norte. Laura, tras varios minutos de insistir, había convencido a Robert para ir a la fiesta con un traje de su hermano Zac, y Robert, a regañadientes, accedió. Quería pasar tiempo con ella y no veía otra solución. La fiesta se celebraba en el hotel Hilton de Castellammare, en la suite del hotel. Mientras nuestras familias charlaban cómodamente entre ellas cerca de la barra, Zac y mi hermana se daban el lote por algún rincón del hotel, Laura, Sarah, Robert y yo nos apartábamos un poco de la multitud en busca de tranquilidad, algo que Sarah no estaba dispuesta a ofrecernos.

-Odio estar aquí - murmuraba Sarah mirando su móvil -. Debería estar con William demostrándole que no vengo a estos sitios porque me apasionen. Ni si quiera me llama...
-¿Por qué no le llamas tú? - le preguntó Laura encogiendose de hombros -. Somos mujeres modernas, preparadas para el futuro. Da tu el primer paso.
-No, no, no, que se esfuerce él - le dijo Sarah enfadada.
-Oye, ¿quien es ese? - pregunte * girándome para mirar.

Las dos me imitaron, aunque Laura de una manera más cortada por la presencia de Robert. Un chico guapísimo, más o menos de nuestra edad, conversaba con los adultos como uno más de ellos. Era increíblemente elegante, el típico adolescente de Castellammare. Cuando nos miró, al ver tantas miradas fijándose en él, se disculpó de los adultos y se acercó hacia nosotros con paso lento, hasta meterse en el grupo.

-Buenas noches - nos dijo sonriente -. ¿Sois de Santa Monica?
-Sí - contestó Sarah confundida -. ¿Y tu eres..?
-Soy Tom Sturridge - le dijo, exclusivamente a Sarah -. ¿Y tú?
-Sarah Conrad.

Laura levantó las cejas y me miró riendo. Aquel mito de que los chicos de Castellammare eran más lanzados y elegantes que los de Santa Monica acaba de cobrar vida. Tom y Sarah se dieron dos besos, y se giró para dirigirnos a nosotros.

-Estas fiestas son aburridísimas - murmuró Tom desilusionado -. Mi padre es empresario, practicamente he venido aquí obligado.
-Como todos - agregó Laura sonriente.
-Pero sé de un sitio donde están todos los hijos de los aquí presentes de fiesta - continuó Tom haciendose el interesante -. Está dos plantas más abajo del hotel. La planta está habilitada para el ocio juvenil de esta fiesta.
-Suena bien - le dije encogiéndome de hombros -. ¿Podemos ir?
-Sí, claro - me dijo sonriente.

Los cuatro salimos con Tom al pasillo, fuera de la sala, y juntos nos metimos en un ascensor, para dirigirnos dos plantas más abajo. Antes de entrar, ya se escuchaba el ruido. American Boy de Estelle feat: Kanye West sonaba en cara rincón de aquella enorme sala. En el centro, un montón de duchas gigantes mojaban a toda la gente que bailaba. Chico con chica, chica con chica, chico con chico, allí se veía cualquier cosa, pero nosotras no podíamos parecer impresionadas, se suponía que ellos aprendían de nosotros. Emocionadas, nos fuimos corriendo hacia el centro de la pista.

-Esto es increíble - le dijo Sarah a Tom impresionada -. Quiero decir, he ido a mil fiestas así, pero... Quiero decir, yo no creía que vosotros...
-Da igual - la interrumpió Tom riendo -. Yo también he ido a un montón de fiestas como esta, pero en ninguna he encontrado a una chica como tu.

Sarah agachó la cabeza para reír nerviosa, y me miró en busca de algo de apoyo moral. Levanté las cejas en señal de aprobación, y levantó la cabeza para volver a mirar a Tom, que la miraba sonriente. No había estado con ningún otro chico desde que lo dejó con William, y eso le hacía sentirse incómoda. Después pensó en la de oportunidades que había perdido a lo largo de su vida, y lo mucho que se había arrepentido de ello, así que se dejó hacer. Se acercó un poco más a Tom y se dejó besar. Le resultó extraño por lo rápido que había ido todo, ni si quiera habían intercambiado más de tres frases, pero le aliviaba saber que quizá a ese chico no lo volvería a ver más. Laura me miró riendo y se volvió a girar para mirar a Robert.

-Hacia mucho tiempo que no pasábamos tanto rato juntos - le dijo Robert mientras bailaban -, y lo echaba mucho de menos.
-Yo también - le dijo Laura sonriente, metiendo la mano en su pelo -. Quiero que volvamos a pasar tiempo juntos, que olvidemos todo lo que ha pasado con Chad, que no ha sido agradable para ninguno de los dos. Quiero que no te sientas amenazado por él...
-No quiero sentirme así - le dijo Robert incómodo -. Pero venga ya Laura, es un hombre adulto, con dinero y éxito que te pidió que te casaras con él, joder...
-Shhh - le dijo Laura tapándole la boca -. Vamos a dejar de hablar de Chad.

Robert sonrió y se inclinó hacia Laura para besarle bajo el agua. Iban completamente chopados. Nerviosa por la situación y en poca plenitud de sus facultades mentales debido al alcohol, Laura se subió encima de Robert, rodeándole las caderas con las piernas. Aquel solo era el principio de una gran noche loca.
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Lidya
Posted: Apr 28 2009, 11:25 PM


ONE IN A MILLION GIRL


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QUINCE.

i'm not a princes, this ain't a fairy tale, i'm not the one to sweep off her feet, lead her up the stairwell. this ain't hollywood, this is a small town, i was a dreamer before you went and let me down. now it's too late for you and your white horse, to come around.
http://www.youtube.com/watch?v=vB2l-m-1f4w

Nunca antes me había alegrado tanto de tener que ir al colegio * . Desde la discusión que tuve con Hayden el día anterior no había vuelto a hablar con él, así que para mi era todo un alivio tener que ir de nuevo al instituto a hacer mi primer examen de acceso a la universidad. Pensaba darles una sorpresa a Sarah y Laura, ya que no tenían ni idea de que tenía que ir, así que no les avisé. Caminé sonriente hacia la puerta, hasta que lo vi de espaldas. Era patético, pero todavía podía reconocer sus aires desgarbados y poco coordinados a la hora de andar. Tengo que confesar que una de las cosas que me hacía sentirme aliviada es que tenía la esperanza de que Adam no hubiese vuelto todavía de la expulsión, pero no, allí estaba, entrando de nuevo al colegio con el Ipod a todo volumen. Caminé pegada a su espalda ensayando todo lo que tenía que decirle, pero nunca se me dieron bien las conversaciones preparadas, así que tiré de sus auriculares sin pensar.

-Que sorpresa - le dije sonriente, cuando se giró a mirarme -. No tenía ni idea de que habías vuelto al instituto después de la expulsión.
-Bueno, te habrías enterado si te hubieras preocupado un poco por mi estos últimos días - me dijo algo dolido -. Quiero decir, perdona Lidya, no sé lo que digo.
-No, que va, si tienes razón - le dije incómoda -. Estas últimas semanas para mi han sido de locos y no he pensado en nadie, si yo te contara...
-Bueno, tengo que irme - me cortó nervioso -. Ya nos veremos.

Adam comenzó a andar de nuevo en su dirección, dejándome sin entender nada. Volví a caminar pegada a su espalda hasta volverlo a parar.

-Estamos hablando - le reproché -. ¿Se puede saber por qué te comportas así?
-Mira, William sabe que lo he intentado, pero no puedo - me dijo incómodo, sin saber de que hablaba -. No quiero volver a hablar contigo.
-¿Qué? - le pregunté riendo -. Venga ya, Adam, tu y yo éramos amigos. Mira, sé que estás enfadado y lo entiendo, pero tengo muchas cosas que contarte. Eras mi mejor amigo y todavía necesito esa amistad, Adam, por favor...
-Lidya...
-No, déjame hablar un momento - le interrumpí nerviosa -. Estoy apunto de entrar en la universidad y me duele no poder compartir esto contigo. Tu siempre me apoyabas en todo y me animabas a asumir riesgos. Creo que todo esto de las prácticas en la revista y los examenes de acceso a la universidad no los podría haber hecho sin tu ilusión y alegría por las cosas. Todo gracias a ti, lo has cambiado todo.
-Entonces... - murmuró pensativo -. Rompiendo conmigo has cambiado a mejor.
-¿Qué? No, no, lo estás malinterpretando todo.
-Pues yo creo que no - me reprochó serio -. ¿Sabes? No estás intentando que me sienta mejor, lo que quieres es sentirte tu mejor.
-Si escuchases todo lo que tengo que decirte...
-He estado escuchando - me volvió a interrumpir, más serio que antes -. Te he estado escuchando como diez minutos hablar de lo buenos amigos que somos, sobre como te he cambiado la vida, animándote a conseguir tus metas, pero esta vez no se trata solo de ti, Lidya, y si no vivieras en el país de Lidya Barton...
-Basta - le interrumpí enfadada -. Yo no estoy viviendo en el país de Lidya Barton.
-Yo creo que sí. En la calle osito de peluche, número veinticinco del país de Lidya Barton, y si salieses de allí por un momento te darías cuenta de que una relación es cosa de dos y de que no estoy interesado.
-¿Por qué no? - le pregunté más alto, ya que cada vez hablábamos más fuerte.
-¡Porque me rompiste el corazón!

La gente empezaba a hacernos corrillo, como de costumbre cuando una pareja discutía en mitad del pasillo. Sentí como si Adam me hubiese tirado un cubo de agua helada por la espalda en pleno invierno. Me sentía el ser más despreciable del planeta haciéndole sentir de esa manera a él. Se volvió a colocar la maleta bien en el hombro y comenzó a andar de nuevo muy rápido. Esta vez, no iba a detenerle.

* * *

Chad llevaba cinco minutos en un silencio sepulcral que Chace no lograba entender. Había ido a ver a su amigo a su casa, pero este, que no se había despertado muy parlanchín, se negaba a hablar. Chace volvió a removerse en el sofá, frente a Chad, esperando que este hiciera algo más que mirar fijamente sus piernas, pero no, no abrió la boca.

-¿Por qué me miras tanto las piernas? - le preguntó Chace confundido.
-Por lo largas que son - murmuró Chad confundido -. Nunca me había fijado.
-Chad, tu y yo somos igual de altos, nuestras piernas son igual de largas.
-Pues las tuyas parecen más largas que las mías.
-Bueno... - Chace se removió el pelo nervioso, era inútil discutir con Chad -. Oye, ¿no deberías estar en rehabilitación? ¿Quieres que te lleve?
-No, hoy no voy a ir.
-¿Por qué?
-Estoy muy cansado.
-Ah, sí, ya sé, por la gran fiesta que te pegaste ayer - murmuró Chace con tono de desaprobación -. Te he visto en Internet esnifarte medio Los Angeles, muy elegante por tu parte. Si esa es tu forma de decirle al mundo que estas bien...
-Bueno, tu ayer por la noche estarías tirándote a tu novia, yo sin embargo ni si quiera puedo alzar la vela, por ahí no corre ni viento.
-Pero eso se solucionará, Chad, y si tanto echas de menos mantener relaciones sexuales deberías ir a rehabilitación antes de que sea demasiado tarde.
-Ya son las diez menos cuarto, no llego a tiempo.
-Me refiero a cualquier otro día. Chad, si te desanimas y no dejas que te ayudemos no podrás ponerte bien.
-Es tan fácil decir eso - le dijo Chad desanimado -. Pero no tienes ni idea de lo que es estar aquí sentado todo el día sin poder hacer una vida normal.
-No, claro que no, pero si sé que si no te cuidas jamás te levantarás de esta silla.

Nunca antes había sufrido un arrebato de semejante nivel, pero Chad cogió un jarrón que había junto al teléfono, relleno con unas margaritas blancas que Laura le regaló hacia una semana y que empezaban a marchitarse, y lo lanzó con todas su fuerzas contra la pared, haciendo un escandaloso ruido mientras cientos de cristales se esparcían por todo el salón. Chace se giró para volver a mirar a Chad.

-Pero, ¿¡qué haces!? - le preguntó nervioso.
-Nunca me han gustado las margaritas, son demasiado alegres - le reprochó Chad.

Chace se levantó rápidamente del sofá y cogió enfadado su chaqueta. Sabía que esas flores las había comprado Laura, como también sabía que Chad jamás aceptaría que esa era la razón por las cuales quería deshacerse de ellas. Cuando Chace salió por la puerta, Chad, lleno de ansiedad, empezó a rebuscar por su casa cosas de Laura, cosas que le recordaran a ella, para deshacerse de ellas para siempre, igual que ella había hecho con él.

* * *

Cuando sonó la alarma que anunciaba el fin de las clases salí corriendo a una velocidad increíble con tal de no encontrarme a Adam de nuevo. Esquivé a la gente que venía de todas direcciones hasta que vi el pelo de Laura a lo lejos. Me acerqué corriendo a ella, intentando que no se me escapara, y la agarré del brazo.

-Tengo que enseñarte una cosa - le informé de forma acelerada.
-¡Dios mio! ¿Qué haces aquí? - me preguntó impresionada.
-He venido a hacer un examen para FIDM - le dije rebuscando en mi maleta -. Quería contártelo, pero en el patio salí un momento a la calle y mira, aquí está...

Saqué de mi maleta el último ejemplar de la revista People américana que había comprado en mi hora del almuerzo y que apenas pude esperar para enseñársela a Laura. En la portada, Chad era el protagonista. En realidad no lo era él del todo, si no la fiesta que se pegó él y sus chicas playboy la noche anterior. En la foto de la portada, Chad aparecía saliendo de Les Deux con Kenzie en sus rodillas con un diminuto vestido, y dos chicas rubias tiraban de su silla de ruedas. Laura tenía la cara desencajada.

-¿Has leido lo que pone dentro? - me preguntó incómoda.
-Sí... Por lo visto, ayer Chad salió de fiesta he hizo un tour por los distintos clubs más de moda de Los Angeles, déjandose ver en unas condiciones, puf, deplorables. Llevaba la camisa desabrochada y empapada de alcohol. Por dentro hay una fotografía que le tomó un paparazzi a la salida de un club y Chad sale con una especie de polvo blanco en uno de los orificios de su nariz. Dicen que es cocaína.

Laura levantó la mirada al techo, intentando que así sus lágrimas volvieran a su sitio. Volvió a mirar la portada, ya que apenas podía creer lo que veían sus propios ojos. Nunca había visto a Chad tan mal, ni si quiera poco después del accidente. Chad había dejado de ser Chad, y poco a poco, Laura dejaba de ser Laura.

*

La gente aprovechaba la salida del instituto para disfrutar un poco del sobresaliente Sol que había hoy, pero como Sarah no estaba de humor, decidió salir con paso ligero para irse cuanto antes a casa y disfrutar del aire acondicionado. Allí era totalmente lógico ver pelo rubio allá donde mirases, pero el pelo de William brillaba de una forma rubia diferente, y eso que solo lo había visto de espaldas. No estaba segura de si quería hablar con él, pero, para no tentar a la suerte, decidió pasar con paso acelerado cerca de él.

-¡Sarah! - le llamó William, colocándose frente a ella -. ¿Como estás?
-Bien - contestó Sarah confundida -. ¿Y tú?
-Bien, sí. Oye, quería hablar contigo. Desde hace tiempo no tenemos una conversación de verdad, y quería que algún día quedaramos para poder hablar sobre nosotros, sobre lo que ha pasado, y ver que es lo mejor que podríamos hacer.
-Me parece bien - le dijo encogiéndose de hombros -. Pero me parece extraño este cambio de actitud. ¿Por qué te comportas así conmigo de repente?
-Estos últimos días han sido horribles. No he hecho más que pensar en si era un idiota al dejarte escapar, o que era lo que debía hacer... Te echo mucho de menos.
-Hola Sarah - le dijo alguien a su lado.

Aun aturdida por las palabras de William, Sarah se giró al escuchar su nombre, pero al ver quien era, aumentaban más las probabilidades de que aquello solo fuera un sueño. Frente a ellos, Tom, el chico que estuvo con Sarah la noche anterior. William le miró confundido, ya que nunca antes había visto a aquel tío.

-Hola, Tom - le saludó Sarah asombrada -. ¿Qué te trae por aquí?
-Tengo unas cosas que arreglar en Santa Monica y como sé en qué colegio estudias he pensado que estaría bien pasarme a verte.
-Sí, claro - contestó Sarah con la risa nerviosa -. Es agradable verte.
-Sarah, tengo que irme ya a mi casa a estudiar - les interrumpió William incómodo -. ¿Pensarás en lo que te he dicho?
-Sí, claro - le dijo Sarah, volviendo a la realidad -. Te llamaré.

William miró por última vez a Tom antes de marcharse, ya que a este se le había desencajado la cara al escucharle hablar. Sarah siguió a William con la mirada hasta que ya no podía verle, y se volvió a girar hacia Tom.

-Perdoname, pero es que aún estoy alucinada - le dijo Sarah riendo -. Pensé que nunca más te volvería a ver.
-Bueno, pero tenía interés en volver a verte. Me gustas mucho, Sarah - le dijo Tom acariciándole la mejilla -. Por cierto, ¿quien es ese chico con el que estabas hablando?
-¿Quien, William? - le preguntó Sarah confundida -. Es un amigo, bueno, un ex novio, pero ya no hay nada entre nosotros. Estábamos hablando de unos temas que tenemos pendientes.
-Vaya... Pues que acento más raro tiene.
-Y tanto - murmuró Sarah riendo -. Es que no es de aquí, es Italiano. Al principio cuesta un poco entender lo que dice, pero al final te acostumbras.
-¿Italiano? - preguntó Tom asombrado -. ¿Y eso no te importa?
-No - contestó Sarah confundida -. ¿Debería?
-No, no lo sé - Tom se encogió de hombros.

Sarah no entendía nada, aún así, se dejó besar cuando Tom volvió a inclinarse hacia ella como la noche anterior. Todavía seguía pensando en todo lo que William le había dicho, pero como bien le había dicho a Tom, él y ella ya no estaban juntos, así que Sarah podía disfrutar de su soltería todo lo que a ella le viniera en gana.

* * *

Su relación era de todo menos estrecha, íntima o buena, pero sabía donde encontrarle. Sus modales le obligaban a pensar en tocar la puerta antes de entrar, pero allí pocos se lo agradecería, así que entró sin llamar. Robert miró entre las cabezas que se giraron al escucharle entrar, hasta que vio a Cam a lo lejos con un chico moreno. Robert se acercó a él a grandes zancadas, y Cam se levantó al verlo.

-No tengo todo el dinero, pero puedo darte cien dólares - le explicó Robert.
-No - Cam negó con la cabeza -. El dinero tenías que traerlo hoy, así que tendrás que recompensarlo de algún modo.
-Sí, claro - Robert se encogió de hombros -. Haré lo que sea con tal de que me dejéis en paz.
-Me alegra saberlo - le dijo Cam sonriente -. Pasate por aquí mañana a las ocho y te diré lo que tienes que hacer, pero Robert, antes de irte, piensa que tienes que pagar por lo que has hecho. Nos has hecho perder tiempo y dinero a todos, así que Tom te dará tu merecido.

El chico moreno que había al lado de Cam, Tom Sturridge, se levantó de la silla y, sin más dilación, le propinó un puñetazo a Robert, tirándolo al suelo. Robert se tocó la mandíbula, todavía en el suelo, que no dejaba de sangrar. Así terminó la tarde para ellos, Robert pagaba su merecido y Tom se volvía a Castellammare al acabar su recado.

* * *

Entró a su casa hecha una furia con la revista People en las manos. Todavía tenía las llaves del apartamento de Chad, así que no le fue necesario llamar al timbre. Cuando entró, lo primero que piso fueron mil trozos de cristal por el suelo, y el corazón le dio un vuelco, haciéndole olvidar por qué estaba enfadada. ¿Qué había pasado?

-¿Chad? - le llamó en alto nerviosa.

Al escuchar su nombre, Chad salió de la cocina en su silla de ruedas. Como podía, ya que no llegaba al banco, se hizo un sandwich, pero no podía sentirse orgulloso del resultado. Chad fue hacia Laura, que le miraba todavía desde la puerta.

-¿Qué ha pasado aquí? - le preguntó Laura.
-Se me ha caído un jarrón - contestó Chad restándole importancia -. ¿Qué haces aquí?
-He venido a hablar contigo - confesó Laura, algo más calmada -. ¿Podemos hablar?

Asintió, y acompañó a Laura hasta el sofá, donde esta se intentó acomodar lo mejor posible. Tenía toda la conversación pensada, pero al tener a Chad delante se cortaba un poco. Era extraño, ya que entre ellos no podía haber más confianza.

-Te he visto esta mañana en la revista People - le explicó Laura -. No paran de hablar de la fiesta de ayer, espero que te lo pasaras bien.
-Hacía meses que no salía, cualquier cosa me habría entretenido.
-¿Has ido hoy a rehabilitación?
-No.
-¿Por qué tienes que hacerlo todo tan difícil? - le preguntó Laura, había explotado.
-Tienes razón, te lo voy a poner fácil - Chad asintió -. Vete de mi casa.
-¿Qué? - le preguntó Laura sin poder hablar.
-Lo he intentado, Laura, pero cada vez que te veo es peor para mi.
-Chad, pero, ¿qué estás diciendo..?
-No quiero volver a verte. Sé que intentas ayudarme, pero... Eres tú la que me hace sentir más inválido.
-Pero Chad...
-Laura, no quiero tu ayuda - volvió a insistir -. No quiero que intentes animarme, estoy paralitico, y es una mierda, y nada de lo que digas o hagas va a hacer que me sienta mejor.
-Chad pero yo hago todo lo que quieras - le aseguró de una forma acelerada por los nervios -. Cariño, lo que quieras de verdad, por favor no...
-Laura - volvió a interrumpirla Chad -. No quiero que hagas nada, no quiero que hagas nada. No quiero que me abras las puertas, no quiero que me ayudes para tumbarme en la cama, no quiero que trates de solucionarme mi vida.
-¿Pero y qué quieres que haga? - le preguntó apunto de llorar -. ¿Qué esperabas, Chad, que me fuera corriendo después del accidente? ¿Qué hiciera como si no hubiera pasado nada? Pues no, Chad, ha pasado, joder, nos ha pasado.
-¡No, no, Laura, me ha pasado a mi! - le gritó enfadado -. ¡Soy yo el que está en esta puta silla de ruedas! Déjame en paz, Laura.

Chad se movió para volver hacia la cocina y Laura no pudo contener más las lágrimas.

-Chad, no te vayas, por favor - le pidió llorando.

Pero Chad hizo oídos sordos frente a la situación, y cerró la puerta de la cocina de un portazo, dejándole claro que no quería hablar, ni ahora ni nunca.

* * *

Era la última persona que esperaba encontrarme tras la puerta cuando sonó el timbre. Hayden se había presentado en mi casa en mitad de la noche. No iba vestido con ropa del trabajo, así que supuse que antes había pasado por su casa para cambiarse, y que había vuelto a salir exclusivamente para venir, que no le pillaba de paso. Le dejé entrar y nos fuimos a mi habitación, donde nos sentamos en la cama e intercambiabamos frases de uvas a peras.

-¿Que vamos a hacer? - me preguntó, mirándose los pies.
-No lo sé - le dije con un hilo de voz.
-Apoyaré cualquier decisión - me aseguró -. Cualquier cosa que decidas estará bien para mi y te ayudaré todo lo que quieras. De todos modos, se lo tengo que decir a Rachel, y a mi padre... Dios mio, me va echar de Runnway.
-¿Por qué? - le pregunté confundida.
-Va a ser un escándalo a nivel mundial, y lo que menos necesita una editorial como la de mi padre son noticias sobres hijos y legítimos.
-No te voy a pedir algo que no quieras hacer, Hayden. Todavía no sé lo que voy a hacer, pero de todas formas no tienes por qué preocuparte. Puedo apañarme sola.
-No, de eso ni hablar.

Hayden se levantó de la cama de mi hermana Willa y se puso a mi lado sobre mi cama, apoyándose en la pared debajo de la ventana, con su brazo pegado al mio.

-Va a salir todo bien, ¿verdad? - me preguntó nervioso.
-Claro - le aseguré riendo, viendo que incluso él podía ser un crío a veces -. Muchas veces tengo la sensación de estar viviendo como en una película, y las películas siempre acaban bien, al menos las comedias románticas, y esta es una de ellas.
-Pareces muy convencida.
-Tengo tanto miedo...

Apoyé mi cabeza contra su hombro. Al estar la habitación a oscuras me sentía con más libertad al no poder verle, simplemente entraba una débil luz por la ventana. Hayden me cogió de la mano y nos quedamos en silencio. No tenía del todo claro de si todo saldría tan bien como aseguraba, pero hoy todo parecía mejor que ayer.
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Lidya
Posted: May 3 2009, 05:26 PM


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DIECISEIS.

is it too late to remind you how we were, but not our last days of silence, screaming, blur most of what i remember makes me sure, i should have stopped you from walking out the door.
http://www.youtube.com/watch?v=u92pr1zvXMk

Solo ellos podían disfrutar de un paseo mientras sonaba a todo volumen Spanish Stroll. Adam y Laura habían quedado para disfrutar de aquella mañana de sábado, calurosa como la que más, así que se fueron al puerto de Santa Monica con un par de auriculares conectados al Ipod Touch de Adam con su antigua pero pegadiza música. Mientras Laura disfrutaba de su helado y de la sensual voz de Willy DeVille, bailaba en mitad de la calle pensando en lo mucho que había echado de menos aquellos momentos. A causa del calor, Adam se había quitado la camiseta y la había dejado sobre su hombro, y Laura pudo observar como todas las chicas le miraban sin cortarse un pelo, sin pensar que quizá aquella chica que llevaba al lado era su novia, o no, quizá eran tan sumamente diferentes que nadie se planteaba aquella opción. Laura se quitó el auricular y miró a Adam, que apagó su Ipod.

-Estoy convencida de que has intentado evitar el tema, como también lo estoy de que has rezado para que no salga, pero alguien tiene que nombrarla - le dijo Laura sonriente -. ¿Has hablado, visto, etcétera, a Lidya?
-En efecto, no quería hablar de ella - le dijo Adam riendo -. Pero como veo que tienes tanta curiosidad te diré que sí, ayer la vi y hable con ella, bueno, ella habló conmigo, pero hubiera preferido que no pasara... No acabamos bien.
-Cuentame tu visión de las cosas, seguro que Lidya me contará la suya.
-No soy capaz de volver a verla como una amiga, Laura. Quiero decir, solo tu sabias lo que me pasaba con ella mucho antes de todo, pero ahí acababa todo. Ahora hemos estado juntos, sé lo que es estar con ella y no, ahora habrá tensión entre nosotros dos. Nunca he querido ser solo su amigo, y no voy a empezar ahora. William me comentó que si quería volver con ella tenía que esforzarme, hacer algo, pero no se me ocurre nada.
-Bueno, ya se nos ocurrirá algo - le dijo Laura sonriente -. De todos modos, Adam, yo también quería hablar contigo sobre Lidya. No sé si hago bien en contártelo, pero eres mi mejor amigo y sé que sabrás controlar la situación. Sabes que Lidya ha mantenido relaciones sexuales con otras personas que no eras tu, y bueno... Está embarazada.

Adam paró de andar en seco, y Laura le imitó. Su cara era un poema, aquella confesión le había pillado totalmente por sorpresa, y su cara se había desencajado.

-No te lo he dicho para que tengas algún tipo de responsabilidad - le aclaró Laura -. Te lo he dicho porque sé que estás enamorado de ella, y si vuelves con Lidya tienes que saber que no va a ser todo como antes. Demostrarás si vales realmente la pena si decides todavía volver con ella y comerte este marrón curioso.

Laura rompió a reír y se agarró al brazo de Adam, que estaba flojucho, igual que su estado de ánimo. No todo el mundo se comería un marrón de semejante tamaño, pero Adam estaba decidido, ese marrón era para él.

* * *

Después de mucho, mucho, muchísimo insistir, Chace obligó a Chad a volver a rehabilitación, donde, ayudado por unas enfermeras demasiado atractivas, Chad intentaba caminar sobre una colchoneta de color azul agarrado a unas barras de madera. Chace, que había tenido una noche de discusiones absurdas con Blake y todavía no sabía por qué, intentaba que su mente imaginase que su móvil dejaba de sonar.

-¿Por qué no lo apagas? - le preguntó Chad sin moverse.
-Camina - le rogó Chace nervioso -. No lo apago porque entonces se dará cuenta de que no quiero hablar con ella, y te llamará a ti. Quiero que piense que no puedo hablar.
-Chico, tienes una novia de lo más pesada.
-¿Lo dice el mismo de "Hola, soy Kenzie, ¿dónde está mi novio?".
-Acabamos de volver, la chica está tensa.
-Sí, claro - le reprochó Chace riendo.

El móvil, desde luego, no dejó de sonar, y eso acabó con la paciencia de Chace. Golpeó la tecla verde con tanta rabia que el móvil se le escapó de las manos, haciendo saltar por los aires. En un acto reflejo, y sin saber muy bien como, Chad dio un paso adelante con la mano extendida para cogerlo al vuelo. Se quedó tan impresionado que no dio ninguno más, y el móvil se golpeó contra el suelo. Se quedaron en completo silencio, incluidas las enfermeras, que no podían explicar un avance tan rápido.

-¿Cómo has hecho eso? - le preguntó Chace, todavía asombrado.
-No lo sé - contestó Chad nervioso, sin moverse por miedo -. Me ha salido solo.
-Eso es increíble, Chad, ¡acabas de dar tu primer paso!
-Eres imbécil, Chace.

Los dos rompieron a reír, y por lo tanto, también lo hicieron las enfermeras. Nadie podía explicarse como Chad podía haber avanzado tanto estos últimos… ¿Cinco minutos? Pero poco importaba, Chad se recuperaba, poco a poco, y eso era una gran noticia para todos, incluso para quienes todavía no lo sabían.

* * *

Había quedado * para comer con Sarah y Laura, y como pocas veces había pasado, llegaban tarde. Muy tarde, llevaban tres cuartos de hora de retraso. Les llamé preocupadas, ya que no sabía que podía haber pasado. Laura me dijo que se había entretenido, y Sarah no cogió el teléfono. Durante el tiempo de espera me puse a cotillear mi propia Blackberry, cuando encontré algo que en absoluto deseaba ver. Unas fotos que tenía con Hayden se escondían en lo más profundo de las carpetas de mis archivos. Me quedé mirándolas, una a una. Casi podía recordar aquellos momentos como si hubieran sido ayer, y habían pasado varios meses. ¿Como podía mantenerse tan vivo el recuerdo de una persona que poco interés pone en recordarte a ti? ¿Eso no debería servirnos como sedante al recuerdo y olvidarlo de raíz? Laura entró por la puerta del restaurante, obligándome a dejar de pensar. Cuando se sentó a mi lado sonriente y vio mi cara, supo que pasaba algo.

-¿Qué ha pasado? - me preguntó nerviosa.
-Nada, bueno... Mientras os esperaba estaba mirando los archivos de la Blackberry y he visto unas fotos que tengo con Hayden.
-¿Qué? No, dime que no. ¿Por qué lo has hecho?
-No sé, han aparecido y... Tampoco he hecho nada para quitarlas. Bueno, ¿dónde estabas?
-Nada, he ido a dar una vuelta con... Robert.
-¿Como os va entre vosotros? Sé que no me hablas de él porque mi relación con Robert no es brillante, pero...
-No, tranquila, no quiero hablar de Robert si no estás en tu mejor momento. ¿Has hablado con Hayden? ¿Sabe algo de lo que te pasa?

Empecé a contarle a Laura todo lo que había hablado con Hayden mientras nos comíamos una tarrina de helado que nos había traído el camarero, y no tardó en llegar Sarah sonriente.

-Perdón, es que he pasado la mañana con Tom - nos contó sonriente mientras se sentaba -. ¿Sabéis que su padre tiene viñedos en Napa? Estoy saliendo con un futuro millonario...

Pude notar como Laura le pisaba el pie por debajo de la mesa y negaba con la cabeza con disimulo, y Sarah me miró rápidamente preocupada.

-Lo siento - se disculpó de ante mano -. ¿Qué ha pasado?

Volví a contar la historia de las fotos de la Blackberry mientras ambas escuchaban con atención. No sé que me pasaba aquel día, pero mi moral estaba más baja de lo normal. Sin embargo, me dolía que ellas no pudieran hablar de sus relaciones simplementes, no tenían ninguna culpa de mis problemas, pero de todos modos, no podía animarme. El mundo parecía que se me venía encima y nadie hacía nada para evitarlo.

-Mientras más tiempo pasaba esperándoos, más sola me sentía - les expliqué desanimada -. Entonces me di cuenta de una cosa: tengo dieciocho años, estoy embarazada y estoy sola.
-Oye, tu no estás sola - me reprochó Sarah.
-No, ya sé que estáis vosotras pero... - negué con la cabeza -. La verdad, me odio muchísimo por decir esto, pero... Me ha parecido muy triste no tener un hombre en mi vida que se preocupe por mi, en este momento que, sin duda, es el peor de toda mi vida desde que murieron mis padres. Alguien especial que me diga: "No te preocupes, Lidya, no te preocupes por perder tu adolescencia al tener un hijo, yo estaré a tu lado". Una maldita alma gemela, y ni si quiera sé si creo en esas cosas.

Ambas me habían cogido de la mano y se miraban preocupadas. No hacía falta que dijeran nada, simplemente necesitaba deshagoarme. Solo podía hablar de aquel tema con ellas, ya que, hasta que se lo contase a mis tíos, no era un problema.

-No os riáis de mi - nos advirtió Sarah -, pero tal vez nosotras seamos almas gemelas. Así podríamos dejar que los hombres fueran solo algo gracioso con lo que divertirnos.
-Bueno, me parece un buen plan - le dijo Laura sonriente -. Sarah tiene razón, nos tenemos las unas a las otras, no nos hace falta nadie más. Por cierto, Lidya, tengo que decirte algo. Esta mañana no he estado con Robert, he estado con Adam.

Agaché la cabeza sonriente. Ellas podían hacer que todo cambiara. Entonces, volví a darme cuenta de algo. Me di cuenta de que al haber encontrado dos almas gemelas hacía mucho más fácil distinguir a los hombres con los que podías divertirte de verdad.

* * *

Desde luego, no era en absoluto lo que más le apetecía hacer aquella noche, pero, ¿qué otra opción tenía? Robert se lo pensó un par de veces antes de entrar a casa de Cam y pensó en Laura, y en todos los disgustos que le iba a traer todo aquello, pero peor se pondría la cosa si no lo solucionaba todo ya de una vez por todas de raíz, así que decidió no pensarlo más. Robert entró en casa de Cam y su hermano, donde solo Cam estaba sentado en el sofá.

-Me has vuelto a hacer esperar – le reprochó Cam -. ¿Acaso no sabías donde aparcar tu estúpida bicicleta?
-¿Qué quieres que haga? – le preguntó Robert en tono cortante.
-Tranquilo, no tienes que hacer nada, solo tienes que ayudarme.
-Vale, pero vamos a hacerlo ya.
-¿Nadie te ha dicho nunca que las prisas no son buenas?

Cam se levantó del sofá y se colocó a la altura de Robert, mirándolo desafiante. Cam estaba acostumbrado a sembrar el miedo en el cuerpo de todo aquel que viviera en Santa Monica, pero en Robert no tenía ningún efecto, y eso le enfadaba todavía más.

-Tengo que recoger algo en casa de un tío… - comenzó a explicarle Cam.
-No – le interrumpió Robert, negándose en rotundo.
-Solo tienes que esperar en el coche – le reprochó Cam.
-¿En qué estás metido? – le preguntó Robert -. ¿Drogas, armas...?
-No es asunto tuyo.
-Lo sé y no quiero que lo sea.
-¿Por qué ahora tienes una buena vida? – le preguntó Cam riendo -. Yo también la tendría si estuviera tirándome cada noche a una Patridge, tienes la vida solucionada gracias a tu novia, pero antes de conocerla no eras más que un muerto de hambre, el vagabundo de la playa te llamaban todos. Pero, ¿sabes? Santa Monica está llena de secretos y todo el mundo sabe todo…
-No me amenaces – le reprochó Robert.
-No me hagas contarle a tu novia qué te involucra en el caso de los Barton, Robert. No hay nada peor que enterarse de que tu novio mató a los padres de tu mejor amiga.
-No va a creerte.
-Me da igual que no me crea, no tengo nada que perder, sin embargo, tú lo tienes todo. Lidya es mi ex novia, y ella sabe lo que hiciste. Puede que a mi no me crea, ¿pero crees que te pondría a ti por delante de a ella? No compliques más las cosas, Robert, vas a ayudarme y punto.

Robert tragó saliva y agachó la cabeza. Odiaba sentirse manipulado de ese modo por la gente, pero en efecto, Cam tenía razón en cierto modo. Robert solo tenía una cosa, y no estaba dispuesto a perderla.

* * *

Se habían saltado todo tipo de preliminar: paseo, cena, cine… Sarah arrastró a Tom hasta su habitación mientras le quitaba la camiseta. Desde que William le había dejado, Sarah no había tenido ningún tipo de contacto más físico con ningún hombre, y lo necesitaba. Tom era increíble. Era guapo, fuerte, atento… ¿Qué más podía pedir? La trató como una reina en todo momento, y Sarah no quería más. Media hora después, Tom se encendió un cigarrillo.

-Tom – le llamó Sarah nerviosa -. Espero que no te moleste, pero aquí no se puede fumar. Luego huele toda la habitación y mi madre pensará que fumo. Lo hago, pero nunca en casa. Si no te importa apagarlo…
-No, claro que no – le dijo Tom riendo.

Se inclinó para volver a besar a Sarah en los labios y se dio la vuelta hacia la mesilla, donde descapulló el cigarrillo. Sarah se dio cuenta de que no había tenido oportunidad de fijarse en su fuerte espalda, y ahora era el momento perfecto. Era fuerte y ancha, la espalda perfecta, bueno, no tan perfecta. Debajo de las cervicales, Tom llevaba un tatuaje, y no era un tatuaje cualquiera, era el símbolo del partido nazi. Sarah tragó saliva nerviosa.

-Vaya, llevas un tatuaje – murmuró sonriente.
-Sí – le dijo Tom girándose para mirarla -. ¿Te gusta?
-Bueno… - Sarah se apartó nerviosa -. Yo me haría otra cosa.
-Sí, bueno… Para mi es perfecto.
-Por supuesto – agregó Sarah con calma -. Cada uno tiene las creencias que le da la gana.
-No es solo una creencia, también es mi estilo de vida.

Tom se levantó de la cama de Sarah y caminó hasta el baño, dejando claro que no quería continuar esa conversación. Sarah se quedó paralizada en la cama. Conocía el movimiento nazi norteamericano, y era uno de los peores. Nadie hablaba de ellos y nadie hacía nada para detenerlos. Albergaba la esperanza de que Tom no fuera como ellos.

* * *

Robert fue hasta la dirección que Cam, en el asiento copiloto, le había indicado en el coche de su hermano. Robert sintió un nudo en el estómago cuando vio que aquella casa estaba demasiado cerca de la casa de Laura. No tenía ni idea de que clase de negocio tenía que hacer Cam allí, pero fuera lo que fuese, tendría que ver con dinero. La casa era preciosa, grande, cara, muy parecida a la de Laura.

-Ahora solo tenemos que esperar a que se apaguen todas las luces – le explicó Cam -. Cuando se apague la luz de aquella habitación quiere decir que se habrán dormido.
-Veníamos a recoger algo – le reprochó Robert.
-Ya, bueno, en realidad él no lo sabe.

La luz de aquel dormitorio se apagó y Cam y Robert bajaron rápidamente del coche. Robert se dedicó a seguir a Cam, que caminaba con paso ligero hacia la puerta del garaje. Cam le hizo un gesto a Robert para que esperara allí, delante de la puerta del garaje, y Cam se metió por detrás de la casa. En ese momento de soledad, Robert pensó en qué estaba haciendo, cuando ni si quiera lo sabía. Durante toda su vida, había querido ser el hijo perfecto, el amigo perfecto, y nunca lo consiguió. Ahora su objetivo era ser el novio perfecto, y rozaba la línea que le separaba de otro fracaso más. Alejó la vista por las oscuras y lujosas calles de Santa Monica, y a lo lejos, vio un coche patrulla de la policía, haciendo su rutinaria ruta. Le tembló todo el cuerpo cuando escuchó detrás de él la puerta del garaje abrirse. Se giró nervioso y se calmó a medias al ver a Cam dentro. ¿Qué hacía metido en aquel garaje? Se acercó a él rápidamente.

-¿Qué tenemos que recoger? – le preguntó Robert nervioso.
-Lo tienes delante – le dijo Cam sonriente, señalándole el Audi que estaba aparcado.
-¿El coche? – le preguntó Robert en shock -. Es una broma.
-Cien mil dólares de coche no es ninguna broma.
-No, no, no – se negó Robert nervioso -. No pienso robar un coche.
-Demasiado tarde – se lamentó Cam.

Se cubrió el codo con su sudadera y rompió el cristal delantero. La alarma del coche empezó a sonar y Cam levantó el seguro del coche para entrar. Le abrió la puerta a Robert, que se sentó en el asiento del copiloto. Cam empezó a hacer un puente en el circuito del coche para arrancarlo y Robert se quedó blanco cuando vio que se acercaba el coche patrulla de la policía al escuchar la alarma.

-¡Viene la policía! – le gritó Robert.
-¡Ya voy, joder!

El coche se sacudió hacia delante y Robert y Cam salieron disparados a toda velocidad. Cam no tenía carnet de conducir, pero había hecho sus pinitos de vez en cuando, pero nunca seguido por la policía, así que el fantástico Audi empezó a dar tumbos por las lujosas calles de Santa Monica. La sirena de la policía se escuchaba en todas partes por el horrible eco que producían las vacías y oscuras calles del pueblo, y eso les ponía más nerviosos. Robert miró a Cam asustado, iba a 140 km/h. El coche perdió todo el control y Cam acabó saliéndose de la carretera. El lujoso Audi empezó a dar vueltas colina abajo. La policía apagó la alarma y, lo que hacía segundos había sido un jaleo increíble de ruido, se quedó en silencio.
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Lidya
Posted: May 3 2009, 09:15 PM


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DIECISIETE.

i'm falling apart, i'm barely breathing with a broken heart that's still beating, in the pain there is healing, in your name i find meaning. so i'm holdin' on, i'm holdin' on, i'm holdin' on, i'm barely holdin' on to you.
http://www.youtube.com/watch?v=1iLYiIYh0w8

Quería creer que no había nada más aburrido que las mañanas de los Domingos, pero allí nunca era nada aburrido. Sarah se vistió a media mañana cuando se despertó y bajó las escaleras arrastrando los pies. No había nadie en casa, algo que le sorprendió, pero tampoco le apetecía llamar a nadie para averiguarlo. ¿Cómo podía hacer tanto calor siendo tan temprano, y sobre todo, todavía estando a principios de Mayo? Cansada, Sarah se sentó en un taburete de la mesa de la cocina y se preparó un café. No había pegado ojo en toda la noche pensando en el "estilo de vida" de su novio. Siempre había detestado a esa gente, ¿qué hacía ahora acostándose con uno de ellos? ¿Que iban a pensar sus amigas cuando se enteraran? La cabeza le iba a estallar y, dispuesta a masajearse las sienes, golpeó sin querer la taza de café, volcándola por la barra de la cocina. Levantó rápidamente unos papeles que su madre había dejado sobre la mesa, para que no se le mancharan, y uno de ellos se resvaló de aquella carpeta. Bajó del taburete para recogerlo y pensó que no estaría mal echarle un vistazo, aunque luego se arrepintiera.

"Testamento: Alessandro Conrad.
Yo, Alessandro Conrad, en plena posesión de mis facultades mentales, estitullo como única heredera a mi hija, Sarah Conrad, y la hago beneficiaria absoluta de los rendimientos y acciones de todas mis empresas y adquisiciones, además de única propietaria de todos los bienes e inmuebles que están a mi nombre.
Por: Chace Crawford, abogado del propietario.
".

Sarah se quedó helada al leer el nombre de Chace sobre la herencia de su padre, y sobre todo, al ver que él era el abogado. Todavía con el nervio en el cuerpo, Sarah soltó los papeles y salió corriendo de su casa, sin limpiar el café.

* * *

Las comidas oficiales en el mundo de la moda siempre se habían celebrado en Domingo, algo que en absoluto alegraba a los jóvenes diseñadores de moda, que habían ido a la comida empalmando de algún club de Hollywood. El propietario de la editorial Christensen, Connor Christensen, había acudido a la comida oficial con el redactor jefe de la única revista de moda de su editorial, su hijo Hayden, y como no, con la secretaria oficial, además de prometida del editor jefe, Rachel Bilson. Marc Jacobs, Carolina Herrera, Oscar de la Renta, Luca Luca, Tommy Hilfiger y Diane von Furstenberg eran algunos de los muchos diseñadores de alta costura que se congregaban en aquel enorme salón del Beverly Hills Hotel. Hayden tenía el estómago cerrado desde hacía días, así que, cuando el discurso de su padre sobre el mundo de la moda acabó, se levantó de la mesa y se dirigió al baño entre decenas de aplausos que no iban dirigidos a él. Una vez dentro metió la cabeza debajo del grifo del lavabo, intentando así refrescarse las ideas. La puerta volvió a abrirse, dejando entrar a Rachel, que le había seguido.

-¿Qué te pasa? - le preguntó Rachel enfadada -. ¿Sabes que todos han visto como te has ido después del discurso de tu padre? Van a pensar que estáis enfadados.
-Me da igual, no me encuentro bien - murmuró Hayden -. Voy a irme a casa.
-¿Qué? No, no, no, Hayden, no me hagas esto. Esta comida es muy importante, por favor, tienes que quedarte. No tardará en acabar.
-Tengo que hablar contigo - continuó nervioso -. Tengo que irme porque desde hace días que oculto algo que me está volviendo loco, y no puedo estar aquí.
-¿Qué pasa, Hayden? ¿Qué tienes que decirme?
-No he dejado de verla - explotó Hayden -. Sé que te prometí que dejaría de hacerlo, pero no he podido, y esto se ha descontrolado de un modo surrealista. Está embarazada.

Rachel había dejado de respirar, y su tono de piel se iba amoratando, tanto que parecía que en cualquier momento iba a explotar, y eso era lo que más le preocupaba, el no saber cuando iba a hacerlo. Hayden se removió nervioso mientras Rachel se ahogaba.

-Di algo - le rogó nervioso -. Gritame, pegame, insultame, pero haz algo.

Así que eso hizo. Hayden vió como la mano de Rachel se iba alejando, y cuanto más se alejaba, más sabía cuanto iba a doler. Rachel no era siempre violenta, solo cuando se ponía nerviosa le perdían las manos, pero nunca antes le había pegado con tanta fuerza ni rabia. Le dejó totalmente descolocado, y no sabía que decir.

-Lo siento, Rachel, de verdad, yo quería que esto funcionara.

De repente, Rachel rompió a llorar gritando, y salió del baño corriendo. Pensó en salir corriendo detrás de ella, como si aquello fuera una estúpida comedia romántica. Aunque, siendo sincero, aveces tenía la sensación como de estar viviendo en una película, como si un loco maniático escribiera a conciencia su destino.

* * *

La que no tenía duda alguna sobre si los Domingos eran aburridos o no era Laura, aunque poco faltaba, al igual que a Sarah, que alguien llegara para demostrarle lo contrario. Se había pasado la mañana sentada en el sofá viendo programas del corazón sin parar. Ya se había enterado de que Dita Von Teese se desnudaría en "Eurovisión", de que Lindsay había pasado las vacaciones en Hawaii y de que Sarah Jessica Parker estaba embarazada de gemelos. Nadie podía negar que Laura estaba puesta al día siempre. Sus padres se habían ido a una comida de negocios, Zac estaba fuera en el jardín jugando al balonceso, y Laura tenía la casa para ella sola. Sonó el timbre, haciendole creer que esa soledad había acabado y que su hermano se había dejado las llaves dentro. Tal y como iba, en pijama, abrió la puerta. No, su hermano debía haber cambiado mucho, ahora era Paul.

-Lo siento - se disculpó Paul nervioso -. Puedo venir en otro momento.
-No, no, no importa - le aclaró Laura nerviosa -. ¿Qué pasa, Paul, qué haces aquí?
-¿Puedo pasar?

Se apartó de la puerta para dejar entrar a Paul. Los dos se sentaron en el sofá, y Laura pudo notar que había algo que preocupaba a su ex novio.

-Esta mañana fui a ver a Cam al hospital - le explicó Paul -. Ayer tuvo un accidente con el coche y bueno, está fuera de peligro. La cuestión es que, la policía está investigando el caso aseguran que Cam no iba solo en el coche, lo han descubierto por la forma de dos cuerpos que se ha visto en la carrocería. Cam asegura que no, pero...
-Paul - le interrumpió Laura -. ¿Por qué me cuentas esto? Cam solo es un compañero de clase, lo que haga en su vida me da completamente igual, si se ha estampado con un coche pues mira, mala suerte, ha saber como iría...
-No, si no es por eso, Laura, es por Robert.
-¿Qué tiene que ver Robert con todo esto? - le preguntó nerviosa.
-No te lo ha contado, pero tu novio estaba metido en asuntos raros con Cam. Esto solo me lo ha contado a mi, pero cuando Cam tuvo el accidente se estaba dando a la fuga después de robar un coche.
-No, no, no - Laura negó con la cabeza -. Robert es incapaz de hacer algo así.
-Robert necesita dinero para pagar a Cam, mucho dinero. Es capaz de hacer cualquier cosa y no ha ido al hospital. El coche ha quedado irreconocible, y Robert debe estar mal.

Laura agachó negando con la cabeza. No quería creerlo, se negaba a hacerlo, pero una parte de ella pensaba que, cuando una persona necesitaba dinero, seria capaz de hacer cualquier cosa. Como si de un arrebato se tratara, Laura se levantó del sofá y subió corriendo a su habitación a cambiarse. Robert solo podía estar en un sitio.

* * *

Lo veía totalmente inecesario, pero sus amigos se lo habían recomendado, así que no tenía nada que perder. Chad visitó a Wilhelmina Slater, una preciosa mujer venezolana pero, sobre todo, psicologa. Chad intentó concentrarse en lo que pasaba en lugar de imaginarse con ella en la cheslone que había a su lado, pero no conseguía relajarse.

-No es usted como esperaba - se quejó Chad nervioso -. Con el nombre de Wilhelmina, no sé por qué, me imaginaba a un hombre. Luego pensé: "Venga ya, Chad, no tengas prejuicios, podría ser una señora mayor".
-¿Y qué espera obtener de esta terapia? - le preguntó Wilhelmina con su femenina voz.
-¿Una cita? - le preguntó Chad sonriente.
-¿Ha estado deprimido? - le preguntó Wilhelmina, ignorando su respuesta.
-Nada que no remedie una copa con usted.
-Vayase - le pidió Wilhelmina firme.
-¿Qué? - le preguntó Chad riendo -. ¿En serio?
-Mi trabajo no consiste en perder el tiempo con pacientes que no se toman la terapia en serio. Cuando esté dispuesto a enfrentarse a sus emociones y hablar de ellas puede volver. Hasta entonces, adiós.

Chad puso las manos sobre las ruedas, dispuesto a marcharse de allí, pero antes de hacerlo, pensó si realmente iba a valer la pena.

-Perdone - se disculpó Chad -. Es que me gusta coquetear.
-¿Qué es lo que saca con coquetear? - le preguntó Wilhelmina.
-No lo sé.
-¿Aprovación?
-Sí, supongo.
-¿Le gusta que le deseen?
-Es lo que necesito ahora - murmuró Chad pensativo.
-¿Por qué?
-Por una mujer. Tenía tantas ganas de que las cosas fueran diferentes, de encontrar algo más profundo, y al final, todo acabó en nada.
-Deberíamos profundizar en eso - agregó Wilhelmina.

Wilhelmina y Chad comenzaron a hablar de Laura. Ella esto, ella lo otro... Así durante una hora y media, ilusos por intentar descubir por qué las relaciones no funcionan, por qué el amor acaba y por qué tardas el doble de la relación en olvidarle.

* * *

Golpeó tantas veces la puerta que no le extrañaría que en cualquier momento se viniera abajo. Estaba furiosa, más que eso, y quizá lo iba a pagar con la persona equivocada, pero en aquel momento aquello era lo que menos le importaba. Chace abrió nervioso, intentando averiguar donde estaba el fuego, y nada más verle, Sarah le empujó dentro de su apartamento.

-¡Lo sabías! - le gritó Sarah histérica -. ¡Sabías lo de mi padre y no me dijiste nada!
-¡Tranquilizate, Sarah! - le gritó Chace.
-¡No me da la gana! - volvió a gritarle empujándole -. ¡Se supone que eres mi amigo y me lo has estado ocultando durante un montón de tiempo! ¡Semanas Chace!
-¿De qué iba a servir que te lo contara, Sarah? Tu padre te lo iba a contar tarde o temprano, era mejor que te enteraras por él.
-¿¡Y qué!? ¡No puedo confiar en tí, no me cuentas las cosas!
-Sarah, por favor...
-¿Sabes lo que más me duele de esto? - le preguntó Sarah apunto de llorar -. Es que mi mejor amigo no tuviera el valor de decirle que lo sabía y no apoyarme.
-Yo te apoyo, Sarah, si no hago otra cosa.
-¡No! - Sarah rompió a llorar -. ¡Si me apoyaras me lo hubieras dicho lo que pasaba, estarías conmigo y me escucharías, me ayudarías y me abrazarías!

Chace la agarró del brazo para traerla hacia él y abrazarla. Sarah hundió la cabeza en su pecho sin parar de llorar. Todavía no había llorado por la enfermedad de su padre, y al final, lo hizo tal y como ella quería, abrazada a su mejor amigo.

* * *

Laura me había avisado del accidente de Cam, y como tampoco tenía nada que hacer, me planté en el hospital rápidamente * . Desgraciadamente, no era la primera vez, ni seguramente la última, que veía a Cam en un hospital. El estilo de vida que llevaba me recordaba al de una estrella del rock. Viviendo la vida al límite y matándose en un accidente de tráfico, aunque no fuera este de momento. Entré en la habitación de Cam sonriente, y no solo porque allí hubiera aire acondicionado y me librase del calor que había fuera, en realidad, me alegraba de verlo, pero no en esas condiciones.

-Eres la última persona que esperaba encontrarme aquí - me dijo riendo -. ¿Como te has enterado?
-Bueno, tengo mis contactos - le dije, arreglándole la almohada -. ¿Cuando va a acabar todo esto, Cam? Estás apunto de cumplir diecinueve años, joder, ¿no va siendo hora ya?
-Claro que sí, Lidya. Si robé ese coche es porque quiero empezar una nueva vida con Gina y con mi hijo, lejos de todo esto y de los problemas. No tengo trabajo, y Gina está apunto de dar a luz, necesito dinero para sacar a mi hijo adelante.
-Yo puedo dejarte algo de dinero...
-No, Lidya, no.
-Me prestaste dinero para la medicación de mi hermana, tengo que devolvertelo.
-No hace ninguna falta, de verdad. Cuando salga de este hospital buscaré trabajo, me iré a vivir con Gina a San Francisco y todo cambiará. No hay nada que me haga más ilusión.

Le volví a mirar sonriente y le peiné una ceja con el dedo pulgar. Era extraño, pero las heridas en el rostro de Cam le hacían parecer sexy, el aspecto de chico malo se acentuaba así. La puerta de la habitación volvió a abrirse, y entró Gina, embarazadísima y cabreadísima.

-¿Qué ha pasado, Cam? - le preguntó enfadada.
-He tenido un pequeño accidente - le confesó Cam -. Pero estoy bien.
-¿Sabes qué? Estoy harta de esto, estoy harta de tener que ir a pagar tus fianzas, de tener que venir a verte al hospital, estoy harta de ti.
-Pero Gina...
-¡No! Dios sabe que lo he intentado pero no puedo más. Necesito un padre para mi hijo, pero no uno cualquiera. No vas a ser en absoluto un buen padre.
-Gina... - le interrumpí nerviosa.
-No estoy hablando contigo, Lidya - me dijo en tono tajante -. Cam, esto se ha acabado, no quiero volver a verte ni saber nada más de ti, y olvidate de que tienes un hijo.

Gina se volvió a dar la vuelta para salir de la habitación, y Cam me miró nervioso. No sabía que hacer, pero lo único que se me ocurrió fue salir detrás de ella corriendo. Mi relación con Gina no existía, ambas eramos ex novias del mismo chico, pero nunca habíamos tenido una conversación. La pare en mitad del pasillo.

-Gina te estás precipitando - le dije nerviosa -. Sé que es imbécil y, creeme, nadie te entiende mejor que yo sobre tener un novio como Cam, pero es un buen chico. Te juro que se está esforzando mucho en empezar algo de verdad contigo, pero le cuesta cambiar sus modales en la vida. No puedes dejarle así.
-No tienes ni idea por lo que he tenido que pasar por su culpa, Lidya - me reprochó enfadada -. No hace más que meterse en problemas y arrastrarme a mi, y dentro de unos días arrastrará también a nuestro hijo.
-Pero tu hijo necesita a su padre.
-No. Mi hijo necesita un padre pero no a cualquier precio. Prefiero que me ayuden mis padres con él que levantarme una mañana y ver en las noticias que han encontrado a Cam muerto en una autopista, o en un bar con una sobredosis de cocaína.

Volvió a darse la vuelta para salir, pero no tenía inteción de detenerla. Ahora más que nunca sabía la responsabilidad de traer una nueva vida al mundo, y la protección que debías ejercer sobre ella. Yo tampoco querría para mi hijo un padre como Cam, pero ahora mismo, simplemente quería un padre, uno cualquiera.

* * *

Cuando tenía prisa, parecía que más ramas se interponían en su camino. Solo deseaba llegar a casa de Robert, y necesitaba hacerlo ya. Lauraapartó la última rama que le separaba de la casa, horrorizada por lo que podía encontrarse, y fue peor. Robert, tumbado en su cama, se apretaba el estómago, intentando contener la hemorragia de la enorme herida que tenía en la tripa.

-¡Robert! - le gritó Laura, corriendo hacia él -. ¿¡Qué ha pasado!?
-Me he metido en problemas, Laura - le confesó Robert sudando -. No me encuentro bien.
-Tenemos que llevarte al hospital, dios mio.
-¡No! Al hospital no, Laura, por favor, no puedo ir al hospital.
-¡Pero te vas a desangrar! - le gritó Laura nerviosa -. ¡Hay que ir al hospital!
-¡No! - volvió a institir Robert -. Laura, no es el momento de decirtelo, pero estoy en busca y captura.
-¿En qué?
-No me entregué a la policia. Si voy al hospital vendrá la policía y me meterán en la cárcel.
-¿Y qué vamos a hacer? - le preguntó Laura llorando -. Vas a morir si no vas al hospital.
-No puedo ir a la cárcel, Laura, me da igual lo que pase ahora.
-¡No digas eso! Mira, la policía te condenará pero te pondrán una fianza, yo la pagaré antes de que te metan en la cárcel.
-No puedo pedirte eso.
-No, lo que no puedes pedirme es que te deje así aquí. Vámonos.

Laura ayudó a Robert a levantarse con una facilidad asombrosa. Había pasado más de un mes ayudando a Chad a levantarse de una cama, y levantar a Robert, que era peso pluma a su lado fue de lo más fácil. Se pasó el brazo quierdo por los hombros mientras él se iba apretando el estómago con la mano derecha, y juntos, salieron de su casa para volver al Land Rover de la madre de Laura. Últimamente, no hacía más que ir al hospital.

* * *

Con los ojos rojos de tanto llorar, Sarah volvió a su casa por la noche. Había pasado todo el día con Chace, ya que Blake estaba en Carolina del Norte visitando a sus padres. Disfrutaba del tiempo que pasaba con él. Siempre había cierta tensión sexual entre ellos dos, pero disfrutaba de su compañía, incluso de la tensión. Se trestregó la cara mientras caminaba, y al volver a ver con claridad, vió a su padre, sentado en las escaleras de la puerta de su casa. En silencio, Sarah se sentó a su lado.

-Sé que has visto la herencia - le dijo Alessandro -. No te has preocupado de ocultar pruebas.
-Me da igual - le dijo Sarah con la voz apagada -. Me importa una mierda la herencia.
-No hables así, Sarah. A mi tampoco me gusta esto, preferiría estar sano, contigo en Italia y que todo fuera diferente.
-Yo también quiero que sea así - le reprochó Sarah.
-Eso no es verdad. Durante años te he rogado miles de veces que vengas a vivirte conmigo a Italia. Allí tendrías un buen colegio y aprenderías pronto el idioma.
-No puedo dejar a mis amigas, papá - le dijo Sarah apunto de llorar.
-Lo sé, y mira... La semana que viene tengo que ir a Italia a arreglar unos papeles, y me quedaré allí seguramente unos días. Mi mujer me necesita. Me voy porque no sé que puede pasar a partir de ahora, el cáncer está muy avanzado, y pase lo que pase quiero que sea en mi país, y no aquí.

Sarah volvió a romper a llorar. La simple idea de "lo que pueda pasar" la horrorizaba de una manera sobrecojedora. Sarah se cubrió la cara y Alessandro le pasó un brazo por el hombro, odiaba verla llorar, y más por su culpa. No sabía lo que iba a pasar ahora, lo único que tenía claro es que se iba a Italia.
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Lidya
Posted: May 7 2009, 11:48 PM


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DIECIOCHO.

thursday night, everything's fine, except you've got that look in your eye when i'm tellin' a story and you find it boring, you're thinking of something to say.
http://www.youtube.com/watch?v=J8h2IgOwP3I

Era una mujer de palabra, así que lo que prometió que haría, lo hizo a primera hora de la mañana del día después. Tal y como Robert había anticipado, la policía se presentó en el hospital de Santa Monica nada más ingresar Robert, así que le pusieron una fianza de cien mil dólares, que Laura fue a pagar a la mañana siguiente a la comisaría de Santa Monica. Nunca antes había estado allí, ni si quiera sabía donde tenía que ir a pagar. Vagabundeó dando tumbos por toda la estancia hasta que, cansada de cambiar sin rumbo, se acercó a un policía pelirrojo y regordete que estaba detrás de un mostrador.

-Hola, buenos días - le saludó sonriente -. Me llamo Laura Patridge y venía a pagar una fianza.
-¿Algún familiar? - le preguntó el policía apuntando su nombre.
-No, es un amigo, Robert Pattison.

Al escuchar aquel nombre, el policía levantó de nuevo la vista para mirarle, y Laura tragó saliva. No sabía que había en aquella mirada, pero no le gustaba.

-Ese chico no debería salir nunca de aquí... - murmuró el policía en voz baja.
-¿Disculpe? - le preguntó Laura molesta.
-Ese chico mató a tres personas, debería pudrirse en la cárcel.
-Perdone, pero Robert ya carga con ello en su conciencia, ¿no cree que es suficiente?
-Preguntaselo a la madre del amigo que iba con él en el coche o a las dos hijas del matrimonio del coche contra el que chocó. Ese chico no solo ha acabado con la vida de tres personas, si no con la de dos familias enteras. Debería darle vergüenza.

Laura no quería seguir discutiendo, sobre todo porque nunca había visto la situación desde esa perspectiva. Siempre había estado del lado de Robert sin dudarlo, pero aquel hombre pelirrojo le hizo pensar en aquella madre, y en aquellas hijas.

-¿Como va a aportar la cantidad? - le preguntó el policía con indiferencia, sacándola de su ensoñación y haciéndola volver a la realidad.
-En un cheque - le dijo Laura con la voz apagada.

Entregó el cheque y el policía le dio una copia del recibo. No quería seguir allí por más tiempo, se estaba ahogando, el caso de su novio la estaba ahogando. Con la voz agachada y muchísimo más desanimada de lo que había entrado, Laura se dispuso a salir de la comisaría. Arrastró los pies por las escaleras, sin darse cuenta que se iba a chocar con un hombre que subía mirando los papeles, y que tampoco prestaba atención a su alrededor.

-Disculpe - se disculpó Chace mirándola -. Anda, hola Laura, ¿qué haces aquí?
-Vaya, Chace, que sorpresa - murmuró Laura asombrada -. Nada, he venido a... Renovarme el pasaporte. Papeleo, ya sabes. ¿Y tú?
-Llevo el caso de un preso que está en esta cárcel - le explicó Chace.
-Ah, claro, trabajo. Oye, ¿sabes algo de Chad?
-Hace un rato le he dejado acostado en la cama, no ha pasado buena noche. Está trabajando muy duro en rehabilitación y le agota completamente.
-¿Ha vuelto a rehabilitación? - le preguntó Laura asombrada.
-Sí, y le va bastante bien. Se sigue quejando porque se cansa y le hacen daño y luego con la psicóloga no termina de abrirse pero le va genial. Si todo sigue así de bien, según los médicos, volverá a andar muy pronto, Laura.

Laura no pudo evitar la enorme sonrisa que le produjo esas palabras y Chace sonrió al verla. Le dio un beso en la mejilla y continuó subiendo las escaleras mientras Laura se quedaba sin saber que hacer varios escalones más abajo. Chad volvería a andar, y parecía que todo volvería a ser como antes. Bueno, no todo.

* * *

Los pasillos del instituto de Santa Monica se abarrotaron de gente nada más sonar la alarma que anunciaba el fin de las clases, recordando a un San Fermín, pero Sarah no tenía demasiadas ganas de fiesta. Había pasado una noche horrible, pesadilla tras pesadilla, y todavía estaba traspuesta. Se pegó el carpesano al pecho y empezó a esquivar a gente para llegar lo antes posible al baño, y encerrarse allí hasta que tuviera que volver a clase de Arte. En absoluto tuvo la suerte que deseaba. Antes de llegar al ascensor, Adam la pilló por banda.

-Llevo buscándote toda la mañana - le confesó Adam nervioso -. Supongo que sabrás el marrón que se me viene encima, y necesito tu ayuda.
-Adam, lo siento, no me encuentro bien y pensaba irme.
-Solo será un momento - volvió a insistir -. Tengo que hacer algo sorprendente y maravilloso para volver con Lidya, y aparte de Laura, nadie la conoce mejor de tu. Seguro que se te ocurre algo que la deje con la boca abierta.
-Preguntaselo a Laura.
-A Laura no se le ocurre nada. Venga, Sarah, por favor...
-Te estoy diciendo que no se me ocurre nada - le reprochó nerviosa.
-Vale... no te preocupes - murmuró Adam desanimado -. Esta tarde me pasaré por su casa y hablaré con ella. No es para nada original ni maravilloso, pero no sé que hacer.
-No, esta tarde no - le interrumpió Sarah nerviosa -. Lidya ayer estaba de bajón, y suponemos que hoy también lo estará, así que le habíamos preparado una "tarde sorpresa". Iremos al karaoke Lotus Lounge a ver cuantos calzoncillos nos lanzan al escenario.
-¿Un karaoke? - preguntó Adam mientras las ideas le abordaban -. Dios mio, eso es, genial, genial, ¡es genial! ¡Gracias Sarah!

Era imposible entender a Adam, y más cuando, sin motivo alguno aparente, salía corriendo pasillo abajo mientras gritaba "gracias Sarah". Puso los ojos en blanco e intentó volver a dirigirse al ascensor, pero esta vez, William volvió a interrumpirla.

-Hola Sarah - le dijo sonriente.
-¿¡No me vas a dejar salir de aquí, o qué, joder!? - le gritó nerviosa.
-¿Estás bien? - le preguntó William confundido.
-¡No, William, no estoy bien! Ahora, déjame salir, por favor.
-Solo quería saber como está tu padre. Sé que el mío está llevando su caso.
-Pues está mal, está... Muy mal.
-No sabes como lo siento, Sarah, de verdad. Conozco a Alessandro de toda la vida, es un buen vecino. No se merece lo que le está pasando.
-No, por supuesto que no. Está arreglando unos papeles y dentro de una semana me iré con él a Roma para que termine de arreglarlo todo.
-¿Vais a ir a Roma? - le preguntó William impresionado.
-Sí, no me queda otra opción, tengo que estar con él. Ahora, me dejas irme ya, ¿por favor?

William asintió y se apartó de su camino. Igual no conocía a Sarah todo lo que él creía, pero sí conocía a Alessandro, y ella y su padre eran iguales, por eso sabía cuando Sarah hablaba en serio y necesitaba estar sola. El ascensor empezó a subir y Sarah cerró los ojos para tranquilizarse. Sin saber muy bien por qué, Sarah pulsó el botón del stop del ascensor y este se detuvo en el acto. Era extraño, pero se sentía bien al estar colgada de unos cables a más de diez metros del suelo, y sobre todo, sola. Se sentó en el suelo, todavía con los ojos cerrados y metió la cabeza entre las piernas intentando respirar de un modo más calmado, aunque se estaba ahogando. Todo aquello le estaba superando, y lo único que ahora mismo la animaba era saber que esta tarde tenía un buen plan, sin saberlo, un plan increíble.

* * *

Había pensado en devolverle las llaves cuanto antes, pero en momentos así, le hacían falta. Todavía esta aturdida por la mañana en la comisaria y sabía que el único que podía dar buenas noticias en ese momento era Chad, así que, aunque juró no volver a hacerlo, no dudó en pasar a verle. En lo primero que pensó era que no estaba. Su apartamento estaba en completo silencio, y todo recién ordenado y limpiado. Caminó hasta el dormitorio escuchando solo el ruido de sus paso, y allí lo vio, tendido sobre la cama. Tal y como Chace había dicho, le había dejado durmiendo sobre la cama, y todavía seguía allí. Cuando Chad dormía, su cara estaba en plena paz, haciendo que su belleza fuera abrumadora. Laura se puso de cuclillas frente a él mientras su caliente aliento le daba en la frente. Parecía un crío, un hombrecito. No sabía muy bien que quería conseguir de eso, pero no le apetecía hacer otra cosa. Convencida, se tumbó a su lado. Al notar la presencia de alguien, chad se desperezó en la cama y giró el cuello.

-Laura - la llamó sorprendido -. ¿Qué haces aquí?
-No he tenido un buen día - le explicó Laura con un nudo en la garganta.
-¿Qué ha pasado?
-Robert ha tenido un accidente, nada grave pero le ha detenido la policía y he tenido que ir a pagar su fianza y, no sé, me he sentido horrible, como si estuviera liberando a un delincuente. Nadie allí tenía confianza en él, ¿qué es lo que estoy haciendo?
-Todo el mundo ha cometido errores, no se lo tengas en cuenta - le dijo Chad encogiéndose de hombros -. No pienses en lo que ha hecho o ha podido hacer, piensa en lo que quieres hacer tu con él, en si te imaginas un futuro con él.
-Es que, es tan extraño, con él no me imagino ni dentro de unas horas, ¿ y sabes lo peor de todo? Que yo sí que imaginaba un futuro contigo, un futuro juntos - le confesó Laura con un nudo en la garganta -. ¿Qué ha pasado, Chad? Como han podido cambiar tanto las cosas?
-No lo sé - Chad tragó saliva -. He de decirte que yo nunca, quiero decir, ninguna mujer me ha llenado nunca lo suficiente como para imaginarme algo así. Antes, cuando pensaba en mi futuro, me veía a lo Hugh Hefner, rodeado de chicas playboy, no creo que algún día pueda ser un buen padre.
-Yo creo que sí - le dijo Laura, esbozando una incontrolable sonrisa -. Siempre, cuando he imaginado mi futuro, te he imaginado como el padre perfecto, aquel que todos los niños de la clase de nuestro hijo envidiarían, y las madres te desearían. Llevaría a mis hijos con la cabeza bien alta, porque estaría casada con el hombre más maravilloso del mundo.
-No seré un buen padre, pero sí seré un buen marido. Ahora mismo las cosas no están bien, pero solo me he imaginado casado contigo, y sé que ahora está Robert por medio, que es como un bache en el camino, pero sé que tu y yo acabaremos casados, viviendo en Londres o en París. Tiempo al tiempo.

Laura sonrió tanto que sus ojos se achinaron y Chad rompió a reír. Era extraño, pero ambos olvidaron de repente las palabras tan desagradables que se dijeron hace unos días. Cuando dejaron de reír, la habitación se volvió a sumir en un completo silencio. Laura se giró para mirar a Chad, que también estaba girando, mirándola, y un escalofrío le recorrió todo el cuerpo. Chad se incorporó un poco con los brazos para acercarse hacia Laura, y pegar su frente contra la suya. Solo se escuchaba el ruido de sus respiraciones, y Laura pensó seriamente en dejarse caer en la tentación. Chad se mordió el labio inferior, así que pensó que ya no había vuelta atrás. Además, era lo que más le apetecía en ese momento, ¿por qué no iba a hacerlo? Entonces, la imagen de Robert, tendido en la cama sangrando le vino a la memoria y eso le hizo recordar por qué no debía pasar nada, así que, con disimulo, se apartó de Chad, dejándole más confundido de lo normal, ya que aquella había sido la charla más profunda que habían tenido en meses.

* * *

Con la comodidad que le ofrecía tener la casa vacía para ella sola, Sarah disfrutaba de Love and Sex and Magic mientras terminaba de arreglarse. Aquella tarde prometía, o al menos, intentaría que fuera lo mejor posible para dejar de pensar en sus problemas. Mientras tarareaba la letra y se ponía rimel en las pestañas sonó el timbre, y rápidamente, miró el reloj. ¿Laura? Si faltaba una hora para que fuera a por ella. Bajó rápidamente las escaleras y abrió la puerta a la misma velocidad, y no, no era Laura.

-Chace - murmuró Sarah sorprendida -. ¿Qué haces aquí?
-¿Siempre te pones así para abrir la puerta? - le preguntó Chace riendo -. Te diría que pasaba por aquí, pero en realidad no es así, ¿puedo pasar?
-Sí, claro.

Si su madre hubiera estado en casa, la respuesta no habría sido la misma. Le sorprendía que, después de todo, Chace no tuviera ningún problema en pasar por su casa sin avisar. En mitad del salón, Chace se giró para mirar a Sarah, y se sacó dos entradas del bolsillo.

-Mi ex novia Leona da un concierto en Los Angeles - le informó Chace sonriente -. Es buenísima, de verdad, en Inglaterra es toda una estrella, así que he pensado que podríamos ir juntos.
-¿Esta tarde? - le preguntó Sarah incómoda -. ¿Por qué no vas con Blake?
-Venga ya, Sarah, el otro día casi me pegas porque no me estaba comportando como tu mejor amigo, así que, ¿qué mejor momento para comportarme como tal?
-Pero, ¿por qué lo haces todo al revés? - le preguntó Sarah nerviosa -. Chace, esta tarde había quedado con Laura y Lidya para ir a Los Angeles a animarnos, no puedes ser mi mejor amigo cuando a ti te de la gana.
-Lo sé, Sarah, y por eso sé que me he equivocado y ahora tengo la oportunidad de corregirlo. Venga, Sarah, que solo actúa esta noche y te encantará. Además, con Laura y Lidya quedas todos los días, conmigo no.

Chace la miraba con cara de cordero degollado, esa con la que jamás ninguna mujer con ojos en la cara podría negarle algo. Sarah resopló y Chace la miró sonriente, sabía que había conseguido lo que quería. Varios minutos después, Chace y Sarah salieron juntos de casa de esta, y una vez en el coche, Sarah sacó su móvil del bolso.

"Me ha surgido un imprevisto, mañana te cuento, lo siento;
Sarah.


* * *

Leyó el mensaje en la puerta de mi casa, justo después de tocar al timbre y maldijo todo una y mil veces. No es que no le apeteciera salir, simplemente, Sarah iba a ser la alegría de la fiesta después del "casi desliz" que había tenido hace apenas unas horas. Abrí la puerta en pijama, desanimada, y con mi barriga mirando al frente, y allí estaba, Laura, arregladísima, de punto en blanco.

-Siento que no estoy a la altura - le dije, mirándola de arriba a abajo -. ¿Para qué te has arreglado tanto para venir?
-En realidad, no me he arreglado para venir aquí - me dijo sonriente -. Me he arreglado tanto porque nos vamos de fiesta.
-¿Qué? - le pregunté riendo -. No, no, no, estoy en pijama.
-Aiba, es verdad, no me había dado cuenta de que eso no tiene solución.
-No es eso, quiero decir, no es el mejor momento. Tengo que ducharme, lavarme el pelo...
-No hay tiempo - me interrumpió nerviosa -, la mesa esta encargada para las siete.
-¡Pero Laura..!
-¡Dios, ¿vas a ponerle pegas a todo!? - me preguntó nerviosa, entrando a mi casa -. Venga, cambiate, ponte algo mono, yo te esperaré por aquí.

Miré el corto recorrido que había hecho Laura desde la calle hasta mi salón y no podía creer que en tan poca distancia hubiera liado tanto jaleo. Entré en la habitación corriendo a ponerme "algo mono", pero la mejora con respecto al pijama iba a ser mínima. Mi barriga se estaba apoderando de todo mi cuerpo, y todavía dudaba como podía seguir ocultándoselo a mis tíos. Cogí un vestido rápidamente y me lo puse debajo del pijama.

* * *

No muy lejos de donde nos íbamos a dirigir más tarde, Sarah y Chace bajaban del coche en el parking de The Roxy Theatre, uno de los teatros habilitados para conciertos más grandes de Los Angeles. El cartel luminoso de la puerta anunciaba a todo color que aquella noche, Leona Lewis actuaría allí. Cuando cogieron buen sitio y el concierto estaba apunto de empezar, Chace se giró para mirar a Sarah.

-Siento mucho todo esto - se disculpó -. Sé que tenía que haber estado más cerca de ti en estos momentos, pero no sé que me ha pasado, supongo que tenía miedo de acercarme demasiado, no sé.
-No te preocupes - le dijo Sarah acariciándole el brazo -. Ahora estamos aquí.

El telón se levantó y apareció Leona. A Chace se le encogió el estómago al verla de nuevo después de tanto tiempo, y Sarah se estremeció al escucharla cantar "Run". Tenía una voz increíble, y para nada ponía en duda su éxito. Sarah se sentía tan identificada con la letra de la canción que no pudo evitar que una lágrima resbalarse por su mejilla, y no era el único que se dio cuenta, Chace también pensó que aquella era la canción más apropiada con la que Leona había podido comenzar. Con disimulo, Chace deslizó su mano por la de Sarah, y entrelazaron los dedos con fuerza. To think I might not see those eyes makes it so hard not to cry, and as we say our long goodbye I nearly do.

* * *

Una vez arregladas, Laura y yo nos dirigíamos a toda velocidad en el Land Rover de Audrina en dirección Los Angeles. Laura cantaba a gritos Goodbye Mister A de The Hoosiers mientras salíamos de Santa Monica. No tenía ni idea de a donde íbamos, ya que Laura había jurado y rejurado que ya la podía torturar, no pensaba decir ni una palabra. Cuando entramos a Los Angeles, en silencio, miraba a lo lejos todos los rascacielos de la ciudad como pasaban a toda velocidad. Laura, sin mediar palabra todavía, entró en un parking que estaba increíblemente vacío. Al ver que bajaba la imité, y vi el cartel del club.

-¿Lotus Lounge? - le pregunté nerviosa -. Laura, esto es un karaoke.
-Ya lo sé - me dijo sonriente -. Tengo una mesa reservada para tres, Sarah se ha rajado.
-Dios, y yo ahora mismo - le dije volviendo hacia el coche -. No sé cantar.
-Claro que sabes - me dijo tirándome del brazo -. Venga, Lidya, por favor, necesitamos un poco de fiesta, estamos deprimidas en nuestra patética vida, y no creo que haya nada más en el mundo que nos pueda animar más que ver o escuchar la patética vida de los demás. Además, ¿no ves que vacío está el parking? Dentro debe haber cuatro gatos.

No tengo ni idea de como lo hacia, pero siempre lograba convencerme. Laura solía tener razón en todo, menos en esto. Cuando entramos al karaoke sentí como, incluso ella, se quería morir. El karaoke estaba abarrotado a más no poder y no estaba segura cual de las dos tenía más ganas de llorar.

-Bueno, no hace falta que cantemos - me dijo riendo -. Nos sentamos por aquí y punto.

Así que eso hicimos, nos sentamos en la mesa más cercana mientras un hombre pelirrojo se volvía loco cantado No Sleep Tonight de The Faders y que a todo el mundo empezaba a darnos vergüenza ajena. Un chico rubio que estaba de espaldas a nosotras me llamó demasiado la atención. Tenía una buena espalda, pero no era aquello lo que me hizo levantarme de la silla e ir hacia él. Le conocía.

-William - le llamé girándole -. ¿Qué haces aquí?
-Lidya - me dijo nervioso -. Yo no, quiero decir, yo...

La gente volvió a aplaudir todavía con más fuerza, ya que el pelirrojo de No Sleep Tonight de The Faders había terminado su desastrosa interpretación, así que, ahora le tocaba a otro. Cuando aquel hombre empezó a hablar, su voz me sonó tan increíblemente familiar que no tuve más opción que girarme a mirar, y allí estaba, Adam sobre el escenario.

-Hola - saludó nervioso -. Antes de nada, quería aclarar que estoy aquí por una razón de peso. No me gusta cantar, no me gusta bailar ni nada que me haga estar en el punto de mira. Pero hoy era la ocasión perfecta para que una persona me escuchara, y bueno, quería hacer algo especial y alucinante que la sorprendiera - Adam miró a Laura riendo -. Así que, me puse a pensar, y me di cuenta de que no teníamos ninguna canción que significara algo para nosotros, así que, he elegido la primera canción que ha aparecido en mi Ipod. No es especial en absoluto, pero espero que el gesto lo sea.

Adam se colocó una guitarra en los brazos y yo me giré para mirar a Laura, que le miraba con los ojos brillantes, orgullosa de él y de si misma por haber conseguido que sus palabras creasen algún efecto en él. Cuando Adam empezó a rascar la guitarra y el DJ puso la música, la gente empezó a gritar al reconocer la canción: American Girl de Tom Petty.

-Well she was an american girl, raised on promises - cantó con una vergüenza increíble -. She couldn’t help thinkin that there, was a little more to life somewhere else. After all it was a great big world, with lots of places to run to. Yeah, and if she had to die tryin’ she had one little promise she was gonna keep. Oh yeah, all right, take it easy baby, make it last all night, she was, an american girl.

A medida que la canción iba avanzando, la gente, incluso Adam, se iban relajando y disfrutaban de la canción al máximo. Laura, que no podía celebrar más su éxito, se metió en el centro de la pista y bailaba desbocada, como si aquel fuese el último baile. Cuando la canción llegó a su fin, Adam bajó del escenario de un salto, y se acercó sonriente.

-¿A qué ha venido todo esto? - le pregunté riendo.
-Te echo de menos - me confesó en un arrebato -. No te imaginas cuanto. Sé que tu rompiste conmigo y que no quieres saber nada más de mi, pero quiero que sepas que no voy a dejar de intentarlo, no quiero decepcionarte, no quiero...

Coloqué mi dedo índice sobre los labios de Adam mandándole callar, y rápidamente, le besé en los labios abrazándole. Sabía que quizá me arrepentiría y que me llevaría muchos quebraderos de cabeza, pero en aquel momento de tanta dejadez, era lo único que me hacía falta. No tenía ni idea de en qué había influido Laura en todo aquello, pero le había salido perfecto.

* * *

El concierto no había podido ser más increíble. Durante la salida, Chace y Sarah confesaron todo aquello que tenían que decirse, sus miedos, sus inquietudes, todo aquello que les preocupaba, y que de un modo u otro, eso les ayudaría a volver a tener la conexión que tenían antes, tanto que ni si quiera se soltaron de la mano al salir del teatro. El concierto no había acabado demasiado tarde así que, sobre esa hora, los jóvenes de Los Angeles y alrededores empezaban a reunirse para celebrar lo que sin duda sería una mítica noche, pero aquello parecía secundario para Chace y Sarah, tanto, que no se dieron cuenta de la presencia de Tom, novio o amigo especial de Sarah, que pasaba por allí con un grupo de amigos en dirección a un club. Se quedó blanco al verlos. Hacía tiempo que no sabía nada de ella, y ahora, aunque de un modo inseguro, sabía el por qué, como también sabía que aquello no iba a acabar así.
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Lidya
Posted: May 10 2009, 02:11 PM


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DIECINUEVE.

i can be so mean when i wanna be, i am capable of really anything, i can cut you into pieces, but my heart is broken. please, don't leave me, please, don't leave me. i always say how i don't need you but it's always gonna come right back to this, please, don't leave me.
http://www.youtube.com/watch?v=6EeU_-uxivo

Apenas pegué ojo aquella noche, ya que la demostración de afecto de Adam me había dejado sedada durante toda la noche y parte de la mañana * . Hayden, totalmente ajeno a lo que me pasaba, me había mandado, gracias a dios, a vestuario para preparar una sesión de fotos para el número de Junio, y la silenciosa plancha no me causó ningún problema. Mientras planchaba aquellos interminables, extravagantes a la par de elegantes y carísimos vestidos de Versace pensaba en Adam y en American Girl. Nunca nadie había tenido un gesto así conmigo y desde luego, ahora que mis hormonas estaban de lo más alteradas, había sido como la guinda del pastel. Continué con mi sobrisa absurda y planchando cuando unos tacones se aproximaron hacia el vestuario. Teniendo en cuenta que a Hayden no le iba ese rollo, supuse que sería Rachel, y en efecto. Se colocó a mi lado y empezó a ayudarme.

-No te preocupes, Rachel - le dije nerviosa -. Puedo hacerlo sola.
-Hayden quiere la ropa ya - me contestó más seria de lo normal.

Decidí ignorarla. La mañana estaba siendo perfecta, me acordaba de mis problemas pero no les prestaba atención, así que no iba a hacerlo con los problemas de Rachel, hasta que empezaron a afectarme. Planchaba la ropa con tanta fuerza que temía que en cualquier momento quemara algún vestido, así que, indecisa, le cogí de la muñeca.

-No planches así, vas a quemarlo - le pedí quitándole la plancha -. ¿Estás bien?
-Ojalá se quemen todos y Hayden tenga que pagar todos, uno por uno, de su bolsillo y no del de su padre - me gruñó -. No, no estoy bien.

Siempre había escuchado aquello de que el trabajo y la vida personal debían ir separados, pero yo ya estaba tan metida en aquel matrimonio que poco podía salvar ya, pero empezaría por no interesarme por aquella discusión entre Hayden y Rachel. Durante mi estancia en Runnway había escuchado peleas de todo tipo, y no quería saber de ninguna más. Rachel continuó planchando, esta vez de un modo más suave, y suspiró.

-Se ve con otra persona desde hace meses - me explicó con un nudo en la garganta -. No nos iban de maravilla las cosas, pero nunca pensé que llegaría hasta ese punto. Debe ser una zorra insaciable.
-O no - le dije nerviosa.
-Quizá. En realidad, tampoco es su culpa, no sé por qué me empeño en echarle la culpa a ella de todos nuestros problemas. Es culpa nuestra, de Hayden y mía, nos prometimos muy jóvenes, llevamos juntos toda la vida, y las cosas han ido enfriandose. Dejamos de hablar, de pasar tiempo juntos, de todo, pero nunca he dejado de quererlo. Ni aún cuando me ha dicho que estaba enamorado de otra y que ella estaba embarazada.

Abrí la boca dispuesta a decirle algo, a animarla. Se le veía tan dolida y destrozada, nunca había visto aquel trio desde el punto de vista de Rachel. Intenté decir algo que la animara, pero se me debería caer la cara de vergüenza. Era la persona menos indicada para decirle algo, asi que volví a agachar la cabeza.

-¿Crees que estoy loca? - me preguntó encogiendose de hombros.
-No - le dije, negando con la cabeza.
-No sé lo que voy a hacer - continuó -. Sé que te llevas muy bien con Hayden, y que tu mejor amiga es la novia de su mejor amigo, o al menos lo eran, así que teneis una relación bastante estrecha. Si alguna vez hablais de esto dile que quiero una oportunidad, que todavía quiero arreglar lo nuestro. Quiero salvar mi matrimonio.

Asentí nerviosa, y una vez planchado el vestido, Rachel le colocó una percha y lo colgó. Recorrió con sus tacones el mismo camino que había recorrido hasta aquí y volvío de nuevo a la sesión de fotos, déjandome sin saber que hacer. Yo era la culpable de tanto sufrimiento, y como siempre, el destino volvía a demostrarme que no existía la felicidad completa.

* * *

El destino volvía a demostrar que no era oro todo lo que relucía. En un lujoso ático de la lujosa urbanización Holmby Hills una lujosa y perfecta pareja estaba apunto de tener una más de sus lujosas pero imperfectas discusiones. Blake salió del baño dispuesta a irse a trabajar, cuando se encontró a Chace, vaciando todo el ropero y metiendo la ropa dentro de una enorme maleta. ¿Acaso se iba de su propio apartamento? Confundida, se sentó al lado de la maleta, y miró a su novio con las cejas levantadas.

-¿Te fugas sin decirmelo? - le preguntó Blake riendo -. ¿Qué haces?
-La tengo que hacer ahora si no luego se me hará tarde - le explicó Chace -. Mañana tengo que ir a Roma, Italia. Es un viaje de negocios.
-¿Y te pensabas marchar así, sin decirmelo? - le preguntó confundida.
-Iba a decirtelo, pero lo dos hemos estado muy ocupados.
-Por supuesto, pero ayer por la noche tu te fuiste a un concierto y yo me quedé en casa. Era un buen momento para hablar, pero decidiste irte.
-No me apetece discutir, Blake - le dijo cerrando la maleta -, mi vuelo sale de madrugada y ahora me tengo que ir a trabajar. Cuando llegue cenaremos y me iré temprano a la cama.

Allí fue donde acabó aquella discusión sin ser discusión. Chace se puso su lujosa chaqueta de Armani y salió de su lujoso apartamento. Aquel era uno de las grandes desventajas de California. En el estado que alojaba Hollywood era muy común ver parejas perfectas caminando por sus perfecas calles, pero ninguna, al igual que Blake y Chace, eran tan perfectas como Hollywood les quería hacer parecer.

* * *

Quien sí tenía una, o al menos dos, relaciones perfectas era Laura. Por un lado, tenía a Robert, fisicamente correcto pero políticamente incorrecto, y a Chad, correcto, correcto, correcto e incorrecto. Sentada sobre un escalón de las escaleras de su instituto, bebía una lata de Coca-Cola mientras repasaba mentalmente el momento que vivío con Chad la tarde anterior. ¿Cómo algo que estuvo tan bien podía estar tan mal? Las cosas estaban diseñadas así. Escuchó el ruido seco de unas manoletinas bajando escalones, y en cuestón de segundos, Sarah se sentó a su lado.

-Te estaba buscando - le dijo Sarah acalorada -. Ya han anunciado las fechas de la selectividad. ¿Ya sabes lo que vas a estudiar?
-Ni si quiera sé que voy a comer al medio día, Sarah - le dijo Laura riendo -. Tengo tiempo todavía para pensarlo.
-No, no lo tienes - le reprochó Sarah nerviosa -. Esto es muy importante, Laura, algo claro debes tener.
-Ahora mismo no tengo claro nada.

Laura se levantó de la escalera y comenzó a caminar bajo la mira confunida de Sarah, que seguía sentada sin entender nada. Laura se colocó en los oídos los auriculares que tenía conectados a su Iphone y pulsó el play, mientras que Jennifer Hudson con su Spotlight hacían el resto. Se metió en el baño más cercano y cerró la puerta con pestillo. Se sentó en la taza del váter con las piernas cruzadas y volvió a prestarle atención a su Iphone, esta vez para ver una foto que tenía con Chad guardada. Le echaba muchísimo de menos, y ya no sabía que hacer con aquel sentimiento que le salía a borbotones por los poros de su piel, como tampoco entendía como podía seguir ocultándolo. Cuando la canción terminó y Laura se sintió mucho más relajada, guardó de nuevo su Iphone en la mochila y salió del baño, y allí estaba, esperándole de brazos cruzados. Podría ocultárselo a quien quisiera, pero no a una Super Hermana. Laura se acercó a Sarah nerviosa.

-Lo siento, no quería hablarte así - se disculpó Laura nerviosa -. No sé que me pasa, no estoy bien. No sé que voy a hacer con mi vida, no sé que voy a estudiar, ni que voy a hacer con Chad y Robert, no sé nada, Sarah.
-No te preocupes - le animó Sarah, acariciándole el brazo -. Yo me he puesto muy pesada. Os protego demasiado y aveces no sé donde está el límite.
-No, claro que no, si tienes razón, es una decisión importante que tendré que meditar.

Sarah le sonrió y pasó su brazo por la cintura, y juntas se dirigieron a Arte. Aquella sí era una relación perfecta. Las tres éramos tan absolutamente iguales que chocábamos continuamente, pero aquellas imperfecciones hacían aquella la relación perfecta.

* * *

Una vez tuve todos los vestidos planchados los llevé al estudio no de un modo tan sonriente como cuando los había recogido. La conversación con Rachel me había fastidiado la mañana, aquella que se presentaba tan perfecta. Mientras el fotógrafo hacía las pruebas de luz con las modelos, dejé los vestidos sobre una de las mesas del vestuario, atentamente para que no se arrugaran, y noté como alguien se colocaba a mi lado, Hayden.

-¿Como te va todo? - me preguntó, mirando a la modelo.
-Bueno, podría quejarme, pero eso sería aburrido - murmuré -. Ya los he terminado, quince vestidos de Versace de la talla menos treinta, ¿algo más?
-Sí - me dijo mirándome -. Una cita.
-¿Una qué? - le pregunté riendo.

Se giró para los lados para ver si había alguien lo suficientemente cerca como para escucharnos, y como la sesión prácticamente estaba en marcha, me agarró de la muñeca y me arrastró hasta detrás de los decorados.

-Quiero que nos veamos los dos solos fuera del trabajo - me dijo con calma -. Tenemos que hablar, sobre tu embarazo, sobre nosotros...
-No, no - le interrumpí nerviosa -. Cuando te conté lo de mi embarazo fue porque me verías con la barriga y te acabarías enterando, no porque quisiera algún tipo de responsabilidad por tu parte. Esto es cosa mía, solo mía.
-Por favor, Lidya, tienes diecicoho años, no puedes sacar a un hijo adelante tu sola.
-¿Y tú que sabrás? - le pregunté molesta -. No te has preocupado nunca del modo en el que yo me apaño. Mis padres murieron cuando yo tenía catorce años y desde entonces he llevado a una hermana a cuestas yo sola. Podrás poner en duda muchas cosas sobre mi pero te aseguro que no esta. Si algo sé es sacar a alguien adelante.
-Lo sé, lo siento, no sé por qué he dicho eso. Desde que me dijiste lo que pasaba no he dejado de pensar en nosotros, en lo que pasó y en lo que pasará después de esto. No quiero que pienses que todo esto lo hago por esta pequeña tercera persona, pero desde hace días que no paro de acordarme de ti. Te echo de menos.
-¿Por qué me haces esto, Hayden? - le pregunté con un nudo en la garganta -. Llevo como un año enamorada de ti y lo único que has hecho ha sido pasar de mi. Me has llamado cuando te convenía utilizarme y luego has seguido tu vida como si nada, y ahora que parece que las cosas me van bien me dices esto.
-Solo quiero que quedemos para tomar un café y hablar...
-No - le interrumpí nerviosa -. Hemos quedado cientos de veces y los dos sabemos como acaban nuestras reuniones para tomar café. Se acabó, no vas a utilizarme más.
-Pero Lidya...
-Que no - volví a interrumpirle nerviosa -. No tienes ni idea de las locuras que he hecho por tu culpa, y la de quebraderos de cabeza que he causado a mis amigas y a mi familia. He tenido que ir al psiquiatra para superar una adición a los calmantes que tú me provocaste. Me ha costado sudor y lágrimas aprender a decirte esto, y sé que me arrepentiré, pero tengo que superar esta extraña adición que tengo a ti. Déjame en paz, vete con tu mujer, Rachel te necesita, yo ya no.

Le dí la espalda para irme practicamente corriendo al baño. Como advertí, me arrepentiría, pero no creía que tan pronto. Cerré la puerta con pestillo detrás de mi y me senté con las piernas cruzadas sobre la taza del váter. El corazón me latía a dos mil por hora y solo tenía ganas de llorar. Volví a salir al lavavo para lavarme la cara. A estas alturas de la historia me importaba ya bien poco el maquillaje. Volqué todo mi bolso sobre el banco de mármol del labavo, buscando nerviosa mi pequeña cajita de plástico, y cuando la vi, sentí como ya todo mi cuerpo se relajaba. Juré que no volvería a hacerlo, pero aquella situación me superaba, y llevaba uno en el bolso de emergencia. Me tranquilizaba saber que solo llevaba uno. Me lo metí en la boca tragué aquel último y primer calmante con fuerza.

* * *

La conversación con Sarah le había dejado más transtornada de lo que creía. No tenía ni idea de como lo hacia, pero en todo en lo que insistía acababa consiguiendolo. Laura había pedido hora con la psicóloga del instituto para hablar de su tan dudoso futuro, ya que Sarah pensó que le vendría bien hablar con un especialista. Laura se sentó de piernas cruzadas mientras Emma, la psicóloga del instituto, miraba unos papeles frente a ella y Laura se miraba las puntas del pelo con interés. Tenía que cortárselo.

-Bueno, Laura - le interrumpió Emma -. En un test que hicisteis en tercero de la eso sobre vuestro futuro, tú pusiste que querías estudiar Dirección Hotelera, ¿has cambiado de idea?
-Lo puse porque eso es lo que quiere que estudie mi padre, pero no pienso estudiar eso - le dijo Laura, restándole importancia -. Él quiere que cuando herede sus muchísimos hoteles esté a la altura, pero, fijese, también lo hará Paris Hilton. No entiendo por qué yo debo tener estudios para hacer lo mismo que ella.
-Ya no es solo para elaborarte un futuro laboral, si no por el hecho de crear tú tu propio futuro, según lo que quieras hacer. En tu historial también pone que cuando sales del colegio trabajas como modelo, ¿te gusta tu trabajo?
-Ni me gusta ni me aborece, simplemente estoy acostumbrada. Mi madre me apuntó desde muy pequeña a la agencia de modelos en la que ella había crecido. Es una modelo francesa muy conocida en Europa y en Norteamérica, Audrina Patridge. Se supone que si no sigo los pasos de mi padre acabaré siguiendo los de mi madre.
-¿Y como te ves tú dentro de diez años? ¿Como modelo o directora de hoteles?
-No lo sé - Laura se encogió de hombros -. Dentro de diez años me veo casada con mi ex novio y con dos o tres hijos.
-¿Tienes novio?
-Sí.
-¿Y por qué te ves casada con tu ex novio? - le preguntó Emma riendo.
-Porque estoy segura de que será el padre y marido perfecto. Me veo todos los días de mi vida a su lado viendole envejeder, creando una familia juntos. Me veo llegar de trabajar y que él me esté esperando, me quite los Jimmy Choo de tacón y me haga un masaje en los pies. Después del masaje me arrancaría la ropa y me haría el amor de un modo desenfrenado mientras nuestros hijos duermen. Me da igual qué hacer con mi futuro mientras esté a su lado, él es mi futuro perfecto.

Emma sonrió y continuó apuntando mientras Laura miraba por la ventana. Llevaba todo aquello dentro y quizá lo descargó con la persona menos indicada, pero iba a explotar si no le confesaba a alguien todo aquel sentimiento. Cuando Laura salió del despacho de Emma seguía sin tener muy claro que quería estudiar para selectividad, pero al menos, algo tenía bastante claro: Chad sería su futuro perfecto.

* * *

Caía la noche sobre California y Sarah miraba la playa de enfrente de su casa de un modo distante. No tenía claro cuanto tiempo pasaría en Italia, ni tampoco si pensaba volver. Solo tenía dos personas que le ataban aquí y era lo único que le hacía volver. Metió su última chaqueta en su maleta de Louis Vuitton y la cerró. Lo único que se escuchaba en aquella habitación era el ruido de las olas y la suave voz de Patrick Park con su Life is a Song, que salía de una forma muy suave del reproductor de música. La puerta se abrió lentamente y se asomaron Alessandro y Lauren.

-¿Ya estás lista? - le preguntó Alessandro con calma -. Tenemos que irnos al aeropuerto.
-Sí, ya estoy lista.

Estiró la enorme maleta de su cama con ayuda de su padre, que se la cogió y la bajó por las escaleras. Antes de salir, Sarah dió un último repaso a su habitación. A su cama, a su ropero, a su corcho lleno de fotos de todos los años pasados... Su madre la dejó salir y juntas bajaron las escaleras en silencio. Se despidió del novio de su madre y de sus hijos con dos besos, le desearon buen viaje y volvió a intentar grabar en la memoria la última imagen de su casa. Una vez en el porche, Sarah vió como su padre metía la maleta en el maletero de un taxi ayudado por el taxista, y se giró a mirar a su madre, que la miraba con los ojos llenos de lágrimas. Sarah se abrazó a su pecho y Lauren le cogió por las mejillas.

-Prometeme que volverás - le pidió Lauren -. Sé que no tienes muchos motivos para hacerlo, pero necesito que vuelvas, Sarah.
-Te lo prometo, mamá - le prometió con seguridad -. Nos veremos pronto.

Se giró rápidamente, no soportaba ver a su madre llorar, a pesar de que ella no sería uno de los motivos que le hacían volver. Antes de entrar al taxi miró su casa de arriba a abajo para también recordara, y rápidamente, se sentó en el asiento. Se sorprendió al ver que no estaba sola en aquel asiento trasero y sobre todo, quien había allí.

-William - le llamó Sarah sorprendida -. ¿Qué haces aquí?
-Voy a Roma a ver a mis padres, tengo ganas de verlos - le dijo William.

Sarah frunció el ceño y el taxi arrancó, la última imagen que conservó fue la de su madre despidiendose de ella con la mano en la puerta de su casa. Sacó su Ipod de su bolso y se ajustó bien los cascos, y subió el volumen al máximo con Never Say Never de The Fray y pegó la cabeza a la ventanilla mientras la oscura playa pasaba a toda velocidad por su lado. Sólo podía decir una cosa: ciao California.
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Lidya
Posted: May 12 2009, 11:42 PM


ONE IN A MILLION GIRL


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VEINTE.

i feel so untouched and i want you so much that i just can't resist you, it's not enough to say that i miss you. i feel so untouched right now, need you so much somehow, i can't forget you been going crazy from the moment i met you.
Untouched - The Veronicas.

Solo había una cosa más incómoda que volar con William hasta Italia, y era volar con William y Chace en el mismo avión. Los tres esperaban en la sala de espera hasta poder entrar al avión mientras Alessandro hablaba a toda velocidad por el teléfono móvil en un perfecto italiano con la persona que les esperaría en el aeropuerto de Roma, Fiumicino. William estaba sentando en un banco de metal de la enorme sala, mientras que Sarah, sentada en otro banco y en otra punta miraba a Chace, que también hablaba con Blake por teléfono andando en mitad de la sala. Los tres parecían completos desconocidos y nadie se imaginaría la de historias en común que podrían contar. Alessandro colgó y se acercó a Sarah.

-Tenemos un pequeño problema - le informó incómodo.
-No sé por qué no me sorprende - murmuró Sarah sarcástica.
-Resulta que, en un principio iba a volar yo solo hasta Roma, así que solo tenemos un asiento en primera clase a mi nombre. El de William, Chace y tú está en turista.
-Ah, no pasa nada, pensé que sería algo más grave - dijo Sarah con calma -. No te preocupes, papá, el vuelo es muy largo y tu mereces más que nadie ir cómodo.
-Gracias, hija - le dijo Alessandro, besándole en la frente.

Su móvil volvió a sonar y una vez más Alessandro comenzó a hablar en un estupendo y rapidísimo italiano. Sarah no quería ni imaginarse como sería estar así un tiempo ilimitado. No iba a entender nada ni a nadie, pero eso tampoco era difícil en California. En aquella enorme sala era incapaz de entender a sus dos ex novios, y eso que ambos hablaban inglés. Sarah volvió a sentarse en aquella silla de metal y bebió un poco de su bebida de vitaminas que había comprado en el Duty Free. De algún modo, aunque no fuera natural, debía de animarse.

* * *

Era la primera vez en mucho tiempo que Laura acompañaba a Chad a rehabilitación. Hayden tenía trabajo y Chace estaba en el aeropuerto, así que no quería dejarle solo, o al menos esa era la excusa oficial. Sufría viendo a Chad de aquella guisa, rodeado de médicos y enfermeras que intentaban a toda costa que diera un paso mientras a él le costaba sudor y casi lágrimas. No podía soportarlo más, así que, de un modo indeciso, Laura se levantó de la silla de plástico y se acercó a Chad por encima de la colchoneta azul.

-Puedes hacerlo - le dijo Laura cogiéndole por el cuello -. No es la primera vez que lo haces, Chad. Solo tienes que concentrarte y hacer fuerza, es como un parto.
-Yo nunca he dado a luz, Laura - le aseguró Chad.
-Ya lo sé - le dijo Laura riendo -. Por favor, Chad, intentalo un poco más. No le des la razón a todos aquellos que decían que con tu actitud no podrías conseguirlo. Lo estás haciendo muy bien. Tienes que demostrarme que vale la pena estar aquí ayudándote.
-Eres la mejor, ¿lo sabías? - le preguntó Chad riendo.
-Algo había oído, sí.

Los dos rompieron a reír y, segundos después, Laura se dio cuenta de que no había soltado a Chad, como también de que el rostro, ligeramente enrojecido por el cansancio y la camiseta sudada le quedaban como anillo al dedo. Sin tener control sobre ella misma, Laura se acercó a Chad y le besó en los labios. Los médicos y enfermeras que les rodeaban se giraron ruborizados, y Laura se apartó nerviosa mientras Chad le mordía el labio inferior.

-Lo siento, Chad - se disculpó Laura -. No sé en qué estaba pensando.
-No, no te preocupes, si me ha encantado - le aseguró Chad esbozando una sonrisa.

Chad se incorporó un poco hacia delante para volver a besarla, y Laura se apartó lentamente, negando con la cabeza mientras reía.

-No, no - le dijo Laura sonriente -. Si quieres besarme vas a tener que andar, caballero.
-No puedes dejarme así - le reprochó Chad riendo.
-Hombre que si puedo - le contestó Laura riendo -. Yo no pienso besar a alguien que no se preocupa en venir detrás de mi corriendo.
-No puedo correr pero sí me preocupo por ti.
-Ya claro, eso son cuentos chinos, en realidad no te importa en absoluto besarme o no.
-Claro que me importa - le reprochó Chad riendo.
-Oh, sí, claro, ya te veo correr a mis brazos. El que algo quiere algo le cuesta.

Sin darse cuenta, con aquel inocente juego, Chad dio varios pasos a delante bajo la mirada atenta de los médicos, que también miraban a Laura sorprendidos. Chad había tenido bastante avance en estos últimos días, pero nunca como aquel, en el que parecía que alguien de verdad le motivaba a seguir adelante.

* * *

Cuando los altavoces anunciaron que el avión estaba listo, Chace, Sarah y William casi se abalanzaron hacia el azafato que miraba los billetes. En silencio, y totalmente separados, los tres recorrieron rápidamente el túnel que les llevó hasta aquel enorme avión. Las azafatas les saludaron a la entrada y Sarah miro rápidamente su asiento, 28-B. Recorrió el estrecho pasillo con Chace y William detrás hasta que encontró la fila veintiocho. Como de un modo para marcar su territorio, Sarah lanzó su equipaje al asiento del medio.

-¿Eres el 28-B? - le preguntó Chace sorprendido -. Yo soy el 28-C.
-No puede ser - le dijo Sarah quitándole el billete -. ¿Por qué no me lo has dicho antes?
-¿Y yo que sabía? No he hablado contigo en toda la mañana.
-¿Me dejáis pasar, por favor? - les preguntó William haciéndose hueco.

Bajo la mirada atónita de Chace y Sarah, William se sentó en su asiento, 28-A.

-Esto debe de ser una broma - murmuró Sarah riendo de forma nerviosa -. No pienso pasarme quince horas y media de vuelo sentada entre vosotros dos.
-A mi tampoco me entusiasma, Sarah - le aseguró Chace, colocando su equipaje de mano en el maletero de encima de ellos -. No puedes elegir quien te toca a los lados.
-Chace - le llamó Sarah cogiéndole del cuello de la camiseta de forma amenazadora -. No pienso pasarme casi dieciséis horas encerrada en un avión con mis dos ex novios pegados a mis brazos. En un principio pensé que iría a Italia sola con mi padre y de repente hace dos horas me he enterado de que venís los dos. Quería sentarme con personas normales con las que pudiera mantener una conversación para que se me hiciera corto el viaje, pero, ¿de voy a hablar con vosotros? ¿Sobre los múltiples orgasmos que me habéis dado? ¿Sobre quien de vosotros dos la tiene más grande?
-¿Ocurre algo? - les preguntó la azafata.

Chace y Sarah se giraron asustados; no se habían percatado de espectáculo que estaban ofreciendo, uno tan violento que hasta la azafata tuvo que llamarles la atención. Sarah fulminó a Chace con la mirada y se sentó enfadada al lado de William y, sin mirarle, notó como Chace también se sentaba a su lado. Enfadada, se metió casi a presión los auriculares en los oídos y subió el volumen de California de Metro Station. Ni cinco segundos tardó en sentir como Chace le quitaba un auricular.

-¿Puedes bajar el volumen? - le preguntó enseñándole unos papeles -. Tengo que trabajar en el vuelo. No hago este viaje por placer.
-Tienes dieciséis desesperantes y aburridas horas por delante, ¿lo tienes que hacer ahora?
-Sí.

Aquello fue la gota que colmó el vaso y coronó el viaje. Sarah apagó el Ipod y lo metió con fuerza de nuevo en el bolso para asegurarse de que Chace se daba cuenta. Aquella era una de las situaciones más surrealistas que Sarah había experimentado, no en toda su vida, pero sí en las últimas semanas.

* * *

Al contrario que Chad, yo no hacía más que ir hacia atrás, y no en sentido literal. Mi barriga se notaba ya demasiado, y tenía que ir curvada hacia detrás para disimular, por muy postura de embarazada que fuera aquella. Entré al despacho de Hayden con su ensalada y su café. Levantó la vista para mirarme y le dejé la comida sobre la mesa.

-¿Tengo que comer ya? - me preguntó incómodo -. Son las doce todavía.
-Hayden, quiero descansar ya - le rogué nerviosa -. Estoy cansadísima, mareada y tengo los tobillos como los muslos. No puedo más.
-¿Y eso es normal? - me pregunto levantándose de la silla -. Sientate aquí.

Caminé con la tripa delante hacia el asiento de Hayden y me dejé caer.

-Sí. He mirado en Internet y estos sintomas son normales, pero, madre mía, parece que voy a explotar. Estoy convencida de que vienen gemelos.
-¿Qué? - me preguntó Hayden pálido.
-Hayden, es broma - le expliqué rápidamente -. Todavía no he ido a hacerme ninguna revisión al ginecólogo, me la haré después de volver de Italia.
-¿Te vas del país? - me preguntó sorprendido -. He visto que habías pedido unos días libres, pero pensé que eran para descansar.
-Y eso haré, pero no sobre suelo américano. Va a ser el cumpleaños de Sarah y está en Italia, así que Laura y yo iremos hasta allí para celebrarlo.
-Sí, sé que Sarah está en Italia, Chace también está allí, pero... ¿Es bueno que vueles en tu estado? Quiero decir, ¿no será peligroso?
-No tienes por qué preocuparte - volví a asegurarle -. No es peligroso, y además, no tienes por qué meterte en mis decisiones.
-Lo sé, pero una vez des a luz me va a ser imposible no preocuparme o interesarme. Te veré pasar con un carrito y no podré hacer como si nada.
-Pues es lo que tienes que hacer - le reproché -. Cuando vuelva de Italia no solo iré al ginecólogo, también se lo contaré a mi familia y todo esto será más real que nunca. Ellos me ayudarán y no necesitaré tu ayuda nunca más.

La forma en la que Hayden me miraba me hizo estremecer. Parecía tan dolido por las palabras que había soltado como puños que no pude evitar dejar de mirarle.

-¿Puedo? - me preguntó teniendo la mano a centímetros de mi barriga.

Suspiré de un modo violento en modo de rechazo, sin embargo, asentí. Con la mano totalmente temblorosa, la posó sobre mi barriga. Aquello era lo más cursi que Hayden había hecho en años. Ahora su cara de felicidad me hizo reír.

-Esto es increíble - murmuró asombrado -. Es increíble que algo mio esté ahí dentro.
-Y de repente, la vida surge - cité sonriente.

Hayden continuó apilado a mi barriga, practicamente pegando la oreja en ella y no podía evitar reírme. Aquella situación me superaba y aterraba de un modo sobrenatural, por esa razón alejaba a Hayden todo lo posible de ella. No quería arrastrar a nadie conmigo. Continuó adorando mi incipiente barriga. Estaba tan asombrado como si una jirafa hubiera entrado en su despacho.

* * *

Como buena motivadora que era, Laura había acompañado a Chad hasta su casa. Le había acostado y le había dejado algo de comida preparada. Había hecho un gran esfuerzo aquella mañana y se lo merecía, pero ahora venía lo más incómodo de aquel día, ya que de un gran esfuerzo vienen los grandes sudores, así que Laura tendría que lavar a Chad. Pensó en esa opción, pero no terminó de ver útil aquello de lavarle desnudo. Fue fácil quitarle las zapatillas, pero cuando llegó el momento pantalones, ahí se tensó la cosa. Las cicatrices de Chad iban mejorando muchísimo, apenas se notaban y solo eran unas finísimas heridas de color blanco en sus fuertes piernas. Una vez en calzoncillos, Laura le quitó la camiseta.

-Voy a lavarte con los calzoncillos puestos - le advirtió Laura -. Espero que no te importe.
-No, claro, pero no me importaría que me los quitaras - le dijo Chad sonriente -. Espero que no te importe, pero no sentiría nada.
-Eres... - Laura escurrió la esponja sobre el vientre de Chad y este se estremeció al contacto con el agua fría -. Imbécil.
-Y tu eres la mejor enfermera que podría tener - le dijo Chad riendo -. Oye, Laura, ¿cuando volverás de Italia?
-No lo sé, supongo que dentro de una semana, quizá dos, no tengo ni idea.
-Entonces, esto es como una despedida, ¿no?
-Sí, más o menos.
-Pues ven, sientate a mi lado.

Laura suspiró y se sentó al lado de Chad en la cama. No le gustaban las despedidas, y menos si tenían que ver con él. Chad la agarró de la mano.

-Quiero hacerte el amor - le dijo Chad con seguridad.
-Eso es imposible - le contestó Laura con una sonrisa nerviosa.
-¿Por qué? No es esencial la penetración.
-Ya lo sé, Chad, pero no me refería a eso, tengo novio y le quiero.
-Pero a mi también me quieres. Explicame por qué no puedes hacer nada conmigo.

No sabía que contestar, aunque se muriera de ganas por hacer algo con él, le debía un respeto a su novio, por muy poco que fuera.

-No quiero que te vayas, Laura - continuó Chad.
-No me gustan las despedidas, así que no lo hagas más difícil, por favor.
-No voy a despedirme de ti - le afirmó con seguridad -. Sé que lo he hecho todo mal, igual es demasiado tarde pero no voy...
-Chad, no - le interrumpió Laura nerviosa -. No pasa nada. Lo importante es lo que hemos vivido juntos, y eso no nos lo quita nadie.
-¿Sabes? No puedo evitarlo - Chad le sonrió de un modo tímido y fugaz -. Te quiero desde el primer día que te vi, Laura. Aquella tarde vi como cincuenta chicas en ropa interior subidas a ese podium, pero tú eras tan... Especial. Nunca he dejado de quererte.
-Pues si me quieres deberías alegrarte de que este enamorada de alguien, de que sienta algo tan grande - le pidió Laura -. Siempre voy a estar a tu lado, pero no quiero que tengas miedo. Yo no voy a tener miedo nunca más.
-Yo tampoco - le aseguró Chad.

Podría echarle la culpa al momento, justificarse diciendo que aquello fue un error creado por la tensión de aquellas palabras. De un modo u otro, Laura no deseaba nada más con tantas ganas, así que no supo por qué no debía hacerlo. Se incorporó un poco y se sentó sobre las caderas de Chad, que la miraba confundido. Ni corta ni perezosa, Laura se quitó la camiseta y después el sujetador. Se inclinó para besar a Chad de la manera más apasionada que hacía meses que no lo hacía. No tenía miedo de lo que vendría después, solo quería disfrutar de aquel momento que tanto llevaba esperando. Chad le rodeó las caderas por los brazos y Laura deslizó sus manos por el vientre plano y mojado de Chad, donde sí tenía sensibilidad. Estaba enamorada, ya no quedaba ninguna duda y ya se sabía que para una mujer enamorada amar demasiado es no amar suficiente.

* * *

Casi dieciséis horas de vuelo después, ya nadie sentía los pies. Chace, Sarah y William habían probado ya todas las posturas posibles en aquel diminuto asiento de clase turista. No habían tenido reparo en practicar movimientos de lo más bruscos a pesar de estar volando a quince mil metros de altura y a diez mil kilómetros por hora. Poco miedo les daba que el avión cayera en picado. Agotados de tanto movimiento y aburridos, los tres quedaron completamente dormidos a tan solo unas horas para aterrizar. Un golpe seco despertó a Sarah, que sintió como el corazón le tocaba la garganta asustado y latiendo alocadamente. Acababan de despegar, pero se asustó más por lo que vio. Estaba practicamente encima de Chace, que también dormía, y agarrada de la mano de William, que también dormía. Ninguno se había inmutado cuando las ruedas chocaron contra el asfalto.

-"Cari passeggeri, che abbiamo appena atterrato a Roma, Italia" - anunció un altavoz -. "La temperatura è di 22 ° e il cielo è chiaro. Godetevi il vostro soggiorno nella Città Eterna".

Chace y William despertaron lentamente al escuchar la aguda voz de la mujer del altavoz y se incorporaron cómodamente en el asiento. Sarah ya se había liberado de los dos, y miraba al frente, intentando parecer indiferente a ellos. Cuando el avión se detuvo, Alessandro, Sarah, William y Chace fueron a toda velocidad a recoger sus maletas, desesperados por mover un poco las piernas después de tantas horas paralizadas.
Ya una vez arrastrando las maletas, salieron al soleado día de la ciudad eterna. Todos sintieron como un cosquilleo en el estómago, era imposible no sentirlo al darse cuenta de donde estabas. De pequeña, Sarah odiaba Italia. No porque no le gustara, si no porque, según su mentalidad infantil, "Italia se había llevado a su padre". Ahora le encantaba, y podría pasarse allí la vida entera. No era la primera vez que Chace estaba allí. Siempre le había encantado el arte que albergaba aquella ciudad, y su miles de años de historia, mientras que Estados Unidos no tenían ni la mitad. Alessandro y William simplemente habían nacido allí, era imposible pasarlo por alto. Había un coche que les esperaba en la puerta del aeropuerto de Fiumicino, así que Sarah, ansiosa entró en el coche y se pegó a la ventanilla. De momento, solo podía ver carretera, carretera, carretera y carretera, sin embargo, eran diferentes a las de California, pero aún no podía creerse que ya estuviera así. No pudo pensar en la gran frase que mencionó Federico Fellini, el gran director de cine italiano: "Un buen comienzo y un buen final hacen una buena película, siempre y cuando estén cerca uno del otro".
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Lidya
Posted: May 20 2009, 03:48 PM


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VEINTIUNO.

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Put A Record On - Unkle Bob.

El problema de Los Angeles es que no es Nueva York ni nosotras neoyorkinas, así que acostumbramos a viajar con la mente y no con el cuerpo. Sin embargo, todo el mundo desea venir a Los Angeles, a la ciudad más américana de los Estados Unidos. Es, al mismo tiempo, una ciudad del futuro y del pasado. En ella el sueño americano sigue vivo y la ciudad es todavía una Meca mitológica, el epicentro de los visionarios, románticos y soñadores, pero Los Angeles es también, sin ninguna duda, el lugar más surrealista del país. Hay quien dice que los californianos somos las personas más excentricas del mundo, y es que ya lo hemos visto todo. Aún así, a dos adolescentes californianas todavía había algo que podía asombrarlas, y eso era un avión enorme delante de ellas apunto de despegar. Aquellas californianas eran, nada más y nada menos, que Laura y yo. Habíamos ido hasta el aeropuerto de Los Angeles con dos billetes de avión hasta Italia, acompañadas por Robert y Adam que, como los buenos novios que eran, venían a despedirse. Había algo extraño en el rostro de Laura mientras se despedía de Robert, y segura estaba que me lo contaría en el avión.

-Llama a la señora Lively cuando llegues a Roma - le suplicó Robert -. Iré mañana a su casa a limpiar y ella me avisará de que habéis llegado bien, ¿vale?
-Cuando llegue a Europa aquí estará amaneciendo - le recordó Laura riendo -. Pero la llamaré cuando aquí sea una hora coherente, ¿de acuerdo?

Robert sonrió satisfecho y abrazó a Laura. Adam se volvió a girar para mirarme por última vez sin decir nada, en absoluto se le daban bien las despedidas y lo hacía notar en cada una de ellas. Como veía que no pensaba hacer nada especial, me abrace a él.

-Te echaré de menos - le aseguré al oído con sinceridad.
-Yo también - le dijo muerto de vergüenza.

Le sonreí satisfecha. Robert y yo tampoco eramos tan diferentes. Laura miró su reloj y rápidamente miró el panel informativo, y me avisó de que debíamos embarcar ya. Nos volvimos a despedir de nuestros respectivos hombres y nos dirigimos sonrientes hacia el pasillo que nos conduciría hasta el avión. Cuando el seguridad nos terminó de -mirar los pasaportes, entramos en el avión.

-Siento que tienes algo que contarme - le dije a su espalda mientras recorríamos el estrecho pasillo en busca de nuestros asientos.
-Sí, todavía no sé por qué vamos en clase turista - me reprochó enfadada.
-Los billetes son más baratos.
-Ni que eso fuera un problema...
-Bueno, ¿me lo cuentas ya o vas a esperar mucho más tiempo?

Laura lanzó su mochila a un asiento y comprendí que ya habíamos llegado. Lancé la mía al que había justo al lado y me senté junto a ella, que abrió la ventanilla nerviosa.

-Ayer me acosté con Chad - me dijo con indiferencia.
-¿Qué? - le pregunté riendo -. Pero es imposible, quiero decir, Chad está paralitico.
-No es esencial la penetración - repitió Laura sonriente.
-Dios mío, ya hablas como Chad - murmuré impresionada -. Pero, ¿como pudo pasar?
-Las despedidas son muy pasionales.
-Pues no será una de ellas la que has tenido con Robert, podrías partir hielo.
-Pero con Chad fue diferente, Lidya, quiero decir, tenía muchísimas ganas de estar con él y él las tenía de estar conmigo. Esto no es un lío de una noche ni nada por el estilo, es algo que dos adultos han hecho porque ambos querían.
-No quiero pasarme de curiosa, pero esto me ha perturbado totalmente. ¿Puedes contarme que hicisteis? Porque Chad está químicamente muerto de cintura para abajo.
-Él me desnudó, yo le desnudé y bueno, no sé, fue extraño. Nunca había hecho algo así, fue increíble, los dos estábamos totalmente entregados a lo que pasaba. No había gritos ni gemidos escandalosos, fue algo muy sincero y tranquilo.
-Eso es precioso - le dije sonriente -. Es bueno para Chad ver que todavía tiene tu ayuda. Sé que estás con Robert y que estás enamorada de él, pero sé que acabarás casada con Chad en algún futuro no muy lejano.
-Sí, yo también lo sé.

Rompí a reír al ver como se sonrojaba. El avión estaba apunto de despegar, así que nos pusimos los cascos con el Ipod apagado. Mientras las azafatas terminaban de colocar a los pasajeros, por al lado de nuestro pasillo pasó una azafata rubia a toda velocidad seguida de un matrimonio joven. El chico también era rubio y en el pecho llevaba colgando un sujeta bebés con un pequeñísimo bebé en el interior. Su mujer, una chica más joven que él y morena, iba detrás de él intentando que aquel niño dejara de llorar. Laura me miró sorprendida y las dos rompimos a reír mientras aquel matrimonio nos miraba sin entender nada. Una vez todo listo, el avión despegó, y con un poco más de calma, Laura apoyó su cabeza sobre mi hombro derecho, soñando con el futuro, aquel no muy lejano.

* * *

El avión despegó, pero la vida en California seguía en su estado más frenético. El editor jefe de una de las revistas de moda más importante del país entró con paso ligero al centro de rehabilitación más importante de Beverly Hills. ¿Algún tipo de adicción? En absoluto, a ver a su amigo Chad, que se recuperaba tras un nefasto accidente, pero siempre se rumoreó que Chad era adicto al sexo. Hayden se despidió de Carine Roitfeld, la editora jefe de la Vogue francesa y colgó su Blackberry para dirigirse a Chad, que ya parecía moverse con gran facilidad entre las barras de madera.

-Siento llegar tarde - se disculpó Hayden -. Lidya se ha ido a Europa y como Rachel no me habla no sé como decirle todo lo que tiene que hacer que debería hacer Lidya, así que lo tengo que hacer yo. ¿Como lo llevas?
-Bien - le dijo Chad orgulloso -. Si sigo así la semana que viene quizá me dejen llevar durante unas horas al día unas muletas.
-Vaya, Chad, eso es increíble - le felicitó Hayden impresionado -. ¿Que hay de nuevo, aparte de eso? Lidya me ha dicho que se iba a Italia con Laura.
-Sí, ayer me despedí de ella.
-En cualquier otra situación te pediría que me contaras los detalles guarros de tus despedidas, pero es una pena que esta vez no haya pasado nada.
-Oh te equivocas, gran guru de la moda, guardián de las tendencias. Fue la despedida más excitante, alocada y profunda que he tenido en toda mi vida.
-Eso suena muy bien - Hayden rompió a reír -. Pero me resulta difícil de imaginar. Mi imaginación va a mil por hora pero no llego hasta ese punto.
-Estuvo encima de mi completamente desnuda - le explicó Chad sonrojado -. No hicimos nada, solo nos besamos, la toqué, ella me tocó, pude sentirla más que en cualquier otro momento en estos últimos meses. Desde ayer solo pienso en ella y en las ganas que tengo de volver a verla, en irme incluso a Roma y decirle que la quiero y que cuando me recupere la llevaré a que visite Londres conmigo. ¿Es una locura?
-No - contestó Hayden asombrado -. Claro que no.

Chad continuó haciendo sus ejercicios controlados por una enfermera mientras Hayden miraba su Blakberry melancólico. No tenía ningún mensaje, ni de Rachel ni mío. Al final la avaricia acabó rompiendo el saco y pensó en Chad, aquel que a Dios puso por testigo que jamás se enamoraría ni apostaría nada por más de un revolcón con una mujer, pero todo llegaba, por mucho que se hiciera esperar. Allí, sin haber un lugar mejor, alguien como él podía tener su final de Hollywood.

* * *

Era media mañana en Italia, y la gente empezaba a despertarse y sonreír al fin de semana. Sarah no recordaba la última vez que había dormido tanto. Se desperezó en la cama de su habitación en la casa de su padres y miró el despertador. Eran las doce del medio día de aquel diez de Mayo. Entonces se acordó de que era su cumpleaños. Sintió algo extraño al darse cuenta de que ni si quiera se había acordado ella de su propio cumpleaños, así que no contaba con que alguien más lo hiciera. Sarah se quitó el pijama, rebuscó en la maleta, se puso lo más cómodo que vió por allí y salió a la cocina.

-¡Tanti auguri a te, tanti auguri a te! - cantaron gritando Alessandro y Nicole -. ¡Tanti auguri, Sarah, tanti auguri a te!

Sarah se sobresaltó del susto y su padre y su mujer se tiraron encima de ella para abrazarla. Solo les oía reír, a ellos y al servicio que Alessandro tenía contratado en su casa. Alessandro y Nicole no dejaban de besarla, tanto que Sarah estaba tan aturdida que ni si quiera sabía lo que pasaba. Cuando por fin se apartaron, vio la mesa de la cocina repleta de regalos y comida, lo que era un gran desayuno italiano sorpresa.

-¿Todo esto es para mi? - preguntó Sarah riendo.
-Bueno, la tarta entera no - le advirtió Nicole riendo -. Ahora tengo que irme al hospital a trabajar, y espero que a la vuelta me quede algún trozo todavía.
-Sí, claro - Sarah rompió a reír de la felicidad -. No podría con esta tarta yo sola.

Nicole besó a Sarah en la mejilla y después a Alessandro, cogió su bolso de Gucci de la encimera y salió sonriente de su casa. Su padre se sentó en la silla de al lado y Sarah empezó a abrir los regalos con un ataque de nervios. Había de todo, libros, CDs de música, ropa y complementos... Todo aquello que cualquier chica de dieciocho años podría desear.

-La ropa la eligió Nicole - le explicó Alessandro -. Yo no sabría que comprarte, ni la talla ni tus gustos, pero ella entiende del mundo de la moda. ¿Acertó en algo?
-¿Estás de broma? - le preguntó Sarah enseñándole una cartera de Chanel -. ¡Acertó en todo! De verdad, papá, no hacía falta tantos regalos. Mamá me habrá comprado como mil cosas, no hacía falta nada de esto, de verdad...
-Ah, ¿no? - le preguntó con curiosidad -. ¿Y qué es lo que te hace falta?
-Mis amigas - Sarah no se lo pensó dos veces -. Este año está siendo muy raro. El cumpleaños de Lidya no se pudo celebrar y en el mío no están ellas... Solo falta el de Laura y seguro que ocurre algún desastre natural que lo impida.
-O no - agregó Alessandro encogiéndose de hombros -. Igual es el mejor y compensa.
-Ojalá - Sarah sonrió esperanzada -. ¿Qué vamos a hacer hoy?
-Pues de momento tienes que ducharte y vestirte, vamos a casa de William para que te feliciten él y sus padres, ¿qué te parece?
-Genial - murmuró Sarah incómoda.

Se levantó del taburete de un salto y volvió a entrar a su habitación para coger ropa limpia. ¿Aquello era todo? No quería parecer descortés, pero, ¿aquel era su esperado dieciocho cumpleaños? Cuando se agachó a coger la ropa de la maleta, Sarah vio en la pequeña mesilla de noche dos fotos que su padre colocó allí cuando estuvo allí la Navidad pasada. Una era de Sarah y Lauren de hace por lo menos diez años, de cuando sus padres todavía estaban casados. La otra también tenía varios años, pero no tantos. Era una foto de unas vacaciones en Malibu, las tres tiradas en la arena en bikini, disfrutando de todo lo que California nos podía ofrecer. Sabía que no echaría de menos California, pero sí lo que California le aportaba. Escuchó su móvil dentro de la maleta y leyó rápidamente el mensaje.

"Tanti auguri a te, Sarah, ti amo troppo;
Chace
".

Aquello le hizo sonreír. Seguía sin ser el cumpleaños que imaginaba, pero se iba acercando.

*

Media hora después, Alessandro y Sarah disfrutaban de un café en casa de la familia Moseley. William se había sentado lo más alejado de Sarah posible para sorpresa de todos los allí presentes, incluida Sarah. Roberta tomó un último sorbo de café antes de dirigirse a Sarah.

-William nos ha contado muchas cosas de California - le dijo sonriente -. Por supuesto, nos ha contado todo lo que has hecho con él.
-¿Como dice? - le preguntó Sarah nerviosa.
-Sí, estoy muy contenta de que le hayas ayudado con las clases y el idioma.
-Oh, eso, claro - admitió Sarah riendo -. William echa mucho de menos Italia, pero intentamos que disfrute su estancia en California todo el tiempo que le sea posible.
-Eso es increíble, Sarah - coincidió Alessandro -. ¿Volvemos ya a casa? Tengo la última sorpresa, que estoy seguro de que te encantará.
-Sí, claro.

Alessandro y Sarah se despidieron de William y sus padres. Sarah andaba a paso ligero, ya que no podía ni imaginarse cual sería aquella última sorpresa después de aquel montón de regalos. ¿Podía haber algo más? Desde luego que sí. Cuando Sarah entró por la puerta de la residencia de su padre en Italia encontró el suelo repleto de globos, y un cartel enorme colgado en el techo en el que le felicitaban el cumpleaños en inglés. De repente, aquel salón se convirtió en una jaula repleta de gritos. Laura, Sarah y yo nos tiramos encima las unas a las otras en un abrazo que solo se veían piernas y se escuchaban gritos y globos explotando. Alessandro y el servicio rompieron al ver aquella escena. Desde luego, eso no se lo esperaba en absoluto, pero en Roma cualquier cosa podría pasar.

-¿¡Pero qué hacéis aquí!? - nos preguntó Sarah, todavía gritando.
-¡No puedes cumplir los dieciocho sola, qué te has creído! - le gritó Laura riendo -. Espero que no pensaras salir por aquí y disfrutar de Roma sin nosotras.
-Claro que no - Sarah rompió a reír -. En serio que no me lo esperaba, estoy apunto de llorar.

Las tres rompimos a reír mientras Sarah reía y lloraba a la vez. No tengo ni idea de si aquel era finalmente el cumpleaños que esperaba, pero haríamos todo lo posible para que así fuera.

* * *

Caía la noche sobre California. El centro de Los Angeles aquel Sábado era una fiesta continua, pero ellos no podrían disfrutarla. Hayden arrastró a Chad en su silla de ruedas hasta su apartamento, encendió el televisor y le dejó las muletas junto al sofá. Rápidamente, Hayden entró a la cocina y empezó a sacar cosas de la nevera.

-¿Por qué vas tan rápido? - le preguntó Chad confundido -. Parece que tengas ganas de irte y perderme de vista.
-¿Qué? - le preguntó Hayden riendo -. No digas tonterías, me encanta estar contigo. Voy deprisa porque Rachel me está esperando en casa, y no quiero que vea que llego tarde porque he estado de fiesta en lugar de en casa intentando salvar nuestro matrimonio.
-En realidad no te gustaría estar haciendo ninguna de las dos cosas. Lo único que te apetece ahora mismo es llevarme al aeropuerto y que los dos volvemos hasta Italia para ver a Lidya.
-Hoy no paras de decir tonterías - le reprochó Hayden riendo -. Es increíble que ya tengas ganas de volver a subir a un avión. Yo en tu lugar creo que me quedaría ese trauma para toda la vida. Bueno, ¿qué quieres que te haga para cenar?
-Hayden, por favor, estoy hablando en serio. Quiero ir a Italia.
-Eso es una tontería - le reprochó Hayden girándose para mirarle.
-Ya lo sé - admitió Chad completamente serio -. Ya sé que es una tontería pero cualquier tontería que tiene que ver con Laura para mi no es una tontería.

Hayden se sirvió una copa de un vino que Chad tenía en la nevera y se sentó en una silla de madera a su lado. Por un lado quería reírse de él, ya que nunca había visto a Chad comportarse así por ninguna de las mil mujeres con las que había estado, y por otro lado no quería hacerlo, ya que Chad estuviese en esa postura no hacía más que empeorar las cosas. Si Chad veía aquella realidad era porque se le venía encima. Laura estaba metida de lleno en su vida al igual que sus amigas en las de sus amigos, y todavía seguía sin entender como había podido suceder aquello, en qué estarían pensando. Hayden dejó la copa vacía.

-Lidya está embarazada - le comentó sin mirarle.
-No puede ser - Chad ni si quiera podía reír -. ¿Como es posible?
-Estaba borracho - se justificó Hayden -. Fue el día del último concierto que patrocinó Runnway, los dos habíamos bebido muchísimo, había un callejón muy oscuro y el resto te lo puedes imaginar tu solo, que estoy seguro de que te encantará.
-Sí, pero eso no quita que siga siendo una metedura de pata. ¿Rachel lo sabe?
-Sí, por eso está tan rara y tengo que irme a casa lo antes posible.
-¿Todavía sigues queriendo salvar lo poco que queda de vuestra relación? ¿No te das cuenta de que eso ya no tiene solución alguna? Se un hombre y asume las consecuencias.
-No quiero hablar de eso, Chad.

Se levantó incómodo de la silla y Chad le siguió con la vista hasta que escuchó la puerta de su apartamento detrás de Hayden. Volvía a estar solo en casa, y desde hacía meses no había nada que más odiara. Cuando su apartamento se encontraba en completo silencio, Chad tenía la mente totalmente libre para pensar en todo aquello que solo quería olvidar. Miró las muletas que había sobre su sofá y pensó en cuando por fin podría usarlas. En rehabilitación había avanzado mucho caminando por las barras, así que no se lo pensó dos veces. Se acercó hacia el sofá y se colocó las muletas debajo de los codos, y con toda la fuerza que sus brazos pudieron proporcionarle, Chad se puso en pie. Tuvo una sensación no muy extraña al volver a ver su apartamento desde aquella perspectiva tan alta, y convencido de sus actos, dio varios pasos hacia delante. No podía creer lo que estaba haciendo. Caminó hacia el armario donde guardaba las bebidas alcohólicas y decidió que, igual no podía salir de fiesta, pero se la pensaba montar él solo.
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Lidya
Posted: May 20 2009, 04:49 PM


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VEINTIDOS.

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Quien de ningún modo pensaba en montarse la fiesta solas éramos Laura, Sarah y yo. Habíamos sacado nuestro mejor trapito que había en la maleta, dispuestas a disfrutar de la mejor noche que Roma y los romanos podían ofrecernos. Para disgusto y alegría de Sarah, Alessandro había avisado a William de que íbamos a salir de fiesta, así que decidió disgustarle la noche a Sarah con su presencia pero nos la alegró con su conocimiento del idioma y de las zonas de fiesta de aquella ciudad, desconocida para nosotras. Durante todo el día, las tres habíamos estado en casa de Alessandro, disfrutando de todas las instalaciones que no pudimos disfrutar en invierno, como su enorme terraza con piscina. Ahora que la noche caía sobre el cielo estrellado de la ciudad eterna, el cumpleaños de Sarah empezaba de verdad. Habíamos engullido a toda velocidad un plato de + que Alessandro nos había traído de una casa de comidas preparadas, así que, sin tomar postre, salimos corriendo a la calle, ya que un coche nos esperaba para llevarnos al centro de Roma. Las tres salíamos sonrientes al mismo tiempo que Nicole llegaba cansada de trabajar.

-¡Dios mío, estáis increíbles! - nos dijo sorprendida -. ¿Ya habéis cenado?
-Sí - le dijo Sarah sonriente -. Ahora nos vamos corriendo al centro.
-Muy bien. Por cierto, Lidya, ¿puedo hablar un momento contigo?

Me giré confundida hacia Laura y Sarah, que se encogieron de hombros sin saber que decir, así que me acerqué hacia Nicole, que se había separado un poco del grupo.

-¿Cómo estás? - me preguntó preocupada -. No quiero parecer paranoica, pero es lógico que me preocupe por ti después de lo que pasó la última vez que viniste a Roma, y más sabiendo que pasó cuando salisteis de fiesta.
-Estoy perfectamente - le dije nerviosa -. He estado visitando a un psiquiatra y no tengo ningún problema. No tienes nada de lo que preocuparte.
-¿Has dejado de tomar los calmantes?
-Sí.
-Entonces, ¿por qué tienes las pupilas tan dilatadas?
-No lo sé. Es el cumpleaños de una de mis mejores amigas y estoy en otro país que no es el mio, estoy excitada ante las expectativas de esta noche. Además, tengo los ojos muy claros y cuando está el ambiente tan oscuro solo se me ve pupila.
-Déjame que te eche un vistazo.

Nicole colocó su pulgar bajo mi ojo y tiró de él hasta dejármelo practicamente libre. Escuché murmurar a Laura y Sarah, y no tardaron en plantarse a mi lado. Lo que en absoluto me esperaba era el empujón que Sarah le propinó al brazo de Nicole, apartándolo de mi cara.

-No hagas eso - le pidió Sarah molesta -. Lidya está perfectamente desde hace mucho tiempo y ya te lo ha dicho, no tienes derecho a interrogarla así.
-Solo me preocupo por ella, Sarah - le contestó Nicole con calma.
-Bueno, pues no te preocupes porque no volverá a pasar. No vamos a dejarla sola en ningún momento y ya no tiene motivos para hacer lo que hizo.

Sin dejarle agregar algo, Sarah me agarró de la muñeca y tiró de mi hasta el coche, donde nos esperaba William en el interior, en el asiento delantero junto al conductor. Yo tampoco tenía buenos recuerdos de la noche italiana, pero como era de esperar, ya no empezaba con buen pie.

*

On Top of the World - The Pussycat Dolls.
Lo que en absoluto tampoco nos esperábamos es que William conociera tantas zonas de fiesta, y que una de las que él consideraba más "tranquila y segura" estuviera tan abarrotada de gente. Las tres bajamos casi a la vez del coche negro mientras William se quedaba dándole indicaciones al conductor. Mientras las tres caminábamos a paso ligero subidas en nuestros tacones y agarradas del brazo, decenas de italianos que disfrutaban de la noche y del alcohol a nuestro alrededor nos lanzaban todo tipo de piropos que ninguna sabía descifrar. Por su parte, William iba detrás de nosotras, apartándonos a los moscones con toda clase de insultos en italiano. Sí, estábamos en la cima del mundo.
William nos recomendó un club que él visitaba con sus amigos y que les encantaba, y nuestra primera acción fue rechazarlo. ¿Qué se podía esperar de un club que a William le encantase? Pero de todos modos, el tiempo allí parecía pasar muy rápido, y no queríamos perder la noche, así que le rogamos que nos llevara a aquel club a la velocidad de la luz. Diez minutos de interminables calles pedreadas después, allí estábamos, en el club Piper. No estaba del todo mal, demasiado oscuro y las luces demasiado intermitentes. Los chicos, demasiado guapos y demasiado "cariñosos". Sonaba My Moves Are White de Cobra Starship, que ya conocíamos de los clubs de Los Angeles, pero allí parecía sonar mejor. Las tres corrimos al centro de la pista y empezamos a bailar de la forma más entusiasma que jamás habíamos bailado esa canción. Era ridículo, pero allí incluso nos sabíamos la letra. Mientras bailaba, Sarah vio de reojo que William no dejaba de saludar a gente. Sospechó que serían aquellos amigos que hacía tiempo que no veía. Las tres pudimos ver como se acercaban hacia nosotras William y aquellos desconocidos.

-Son los compañeros de clase que tenía en el instituto - nos explicó a gritos -. Son Claudio, Elisabetta, Giacomo, Fabio, Carola, Daniele y Marcello. Chicos, ellas son Sarah, Laura y Lidya, unas amigas de California.

A Sarah no le gustó en absoluto que ya William la volviera a meter en el saco "amiga". Las únicas dos chicas del grupo empezaron a gritar cosas en italiano cuando escucharon la palabra California, ya que se les veía que eran las típicas fashionvictims adictas a 90210. No fueron solo ellas las que escucharon aquella palabra, también lo escuchó el DJ, que rápidamente puso la canción que ningún extranjero podía evitar bailar en Italia: Rumore de Rafaela Carra. Las tres empezamos a chillar y a saltar mientras la canción empezaba con su peculiar ritmo, y poco a poco, la gente empezó a formarnos un corro. Solo se veían brazos al aire al ritmo de la música y nuestros gritos poco coordinados en italiano intentando seguir la letra de la canción, aunque sólo se nos escuchaba más fuerte que la canción cuando Rafaela decía "rumore". Nos dolía ya la barriga de tanto reírnos y el corro cada vez era más grande. Cuando la canción terminó, sin saber por qué, las tres empezamos a sentirnos muy solas. Nuestra base en Italia se había apartado del escenario para contarle a sus amigos italianos todo lo que había hecho fuera de Europa, y en aquel momento dejamos de existir para él, incluida Sarah, ya que la chica que respondía al nombre de Carola hablaba demasiado cerca de William, tanto que al cabo de unos segundos los dos se estaban besando con tanta pasión que parecía que se iban a tragar el uno al otro.

-Vámonos de aquí - murmuró Sarah caminando hacia la salida.

*

Miré el reloj que me colgaba de la muñeca derecha cuando me di cuenta de que todavía tenía la hora de California, así que de poco me serviría allí. No tenía ni idea de que hora era, pero parecía que la noche de Roma estaba ya en las últimas. Solo quedaban los típicos borrachos que se revelan contra la fuerza de la gravedad sujetando un vaso de plástico rebosante de vodka. Nos habíamos sentado en un escalón de las escalinatas de Piazza Spagna mientras veíamos como acababa aquella noche. Quizá no había sido el mejor cumpleaños de su vida, pero sin duda fue el más original. Sarah se sentó en medio de nosotras, mientras apoyaba su cabeza en la cabeza de Laura, yo apoyaba mi cabeza en el hombro de Sarah y jugaba con sus pulseras. Si Velazquez pudiera vernos estábamos seguras de que pintaría una segunda parte de las Meninas.

-La noche no puede acabar así - murmuró Laura desanimada -. Estamos en Roma, por el amor de Dios, tenemos que hacer algo.
-Claro que sí - coincidí -. ¿Por qué no nos vamos a bañar a la Fontana di Trevi? Podemos coger las monedas del fondo y comprarnos el helado más grande con forma de bota de Italia.
-Lo siento, chicas, pero solo quiero irme a casa - nos dijo Sarah con la voz apagada.
-Lo sentimos mucho, Sarah - se disculpó Laura -. Queríamos celebrarte el cumpleaños perfecto y todo ha salido fatal.
-¿Qué? - Sarah se levantó del hombro de Laura -. Ni se os ocurra decir eso. Habéis venido hasta Italia solo para celebrarlo. Sois las mejores amigas del mundo y lo habéis hecho genial, de verdad, solo que William se ha empeñado en amargarme la noche.
-Cuando volvamos a California lo volveremos a celebrar sin él - le dije arrugando la nariz -. Podemos salir de fiesta con Chace, Chad y Hayden.
-Si Chad puede andar ya, sí - agregó Laura sonriente.
-Claro que podrá andar - le animó Sarah -. Es el chico más valiente que conozco, por eso me alegra saber que lo tendrás siempre al lado.
-Hombre, siempre... - murmuró Laura riendo.
-Siempre - insistió Sarah -. No me importa que no quieras verlo, pero sé que acabareis casados.
-Yo creo lo mismo - agregué riendo.
-¿Queréis callaros? - nos preguntó Laura riendo -. En serio, esto me pone muy nerviosa. Me asusta ver como las dos pensáis lo mismo, hacéis que esto parezca muy real. También me asusta pensar que yo también quiero eso, y siempre que he querido algo con tantas ganas nunca se ha cumplido. Me he creado unas expectativas de futuro junto a Chad y me da miedo que no se cumplan.
-Bueno, yo estoy convencida de que Chad quiere un futuro contigo - le dije sonriente -. Así que no hay problema. Él es genial, podrá cumplirlas todas.
-Tiempo al tiempo - agregó Sarah.
-Por cierto - Laura se inclinó y me acarició la barriga -. ¿Como se llamará la Mini Hermana?
-No tengo ni idea - rompí a reír nerviosa -. Tenemos muchos meses por delante para barajar distintas opciones. De todos modos, ya que Laura ha empezado a hablar de sentimientos aterradores, confesaré que yo también estoy muerta de miedo. Sigue muy vivo todo lo que siento por Hayden y cuando de a luz tendré el vínculo más fuerte que he tenido nunca con él.
-Estoy segura de que Hayden es capaz de hacer cualquier cosa - confesó Laura -, pero no esto. No quiero que estés preocupada porque seguro que te ayuda.
-Desde luego - asintió Sarah -. Dejará a Rachel y tú, él y la Mini Hermana viviréis felices y comeréis perdices en algún restaurante en el descanso de la semana de la moda de Nueva York.
-Sí, claro - rompí a reír melancólica -. Ha sido un arrebato de sinceridad muy bueno, Sarah, yo también estoy convencida de que tú acabarás con Chace y no digo nada.
-Cuanta razón tienes, hermana - coincidió Laura sonriéndome.
-Eso ha sido lo mejor de la noche - Sarah rompió a reír a carcajadas -. Chace es mi mejor amigo, no puede ser otra cosa. Además, el tiene novia, una novia increíble. Sin contar el hecho de que no dejamos de discutir y no, él me ve como a su hermana pequeña.
-Claro, por eso se arriesgó y perdió su trabajo, siendo un apestado en todos los bufetes de California y se tuvo que ir a trabajar a Nueva York, quería un cambio de aires - murmuró Laura sarcástica -. ¿No te das cuenta? Tu relación con Chace es perfecta. Es un tío bueno por un lado y tu mejor amigo por el otro, ¿qué más quieres?
-Hablando del rey de Roma... - murmuré mirando hacia la calle.

Chace dejó de caminar y miró hacia arriba confundido. Sarah no pudo disimularlo, el corazón le dio un vuelco. Chace comenzó a subir los escalones mientras Sarah bajaba algunos, no menos sorprendida que él.

-¿Qué haces aquí? - le preguntó Sarah confundido.
-Me alojo en el hotel Rocco Forte, está cerca de aquí - murmuró Chace -. Pero, ¿qué hacéis vosotras aquí? Acabo de estar en casa de tu padre y me dijo que habíais salido de fiesta por ahí y esto es una zona turística.
-Ya, bueno, es que fuimos dando un paseo y hemos acabado aquí.
-¿Dónde está William? Me dijo tu padre que estaríais con él.
-No quiero hablar de eso.

Sarah agachó la cabeza y Chace lo entendió, así que no iba a preguntar más.

-¿Qué has estado haciendo con mi padre? - le preguntó Sarah evitando el silencio incómodo.
-Hemos estado cenando y mirando algunas clausulas de sus contratos, ya sabes, cosas aburridas entre cliente y abogado. ¿Y vosotras?
-Hemos estado en algún bar, hemos bebido, bailado... Todo lo que se espera de tres americanas en Roma.
-Entiendo - murmuró Chace riendo -. Si llego a saber que te iba a ver te habría dado mi regalo personalmente, lo he dejado en casa de tu padre.
-¿Me has comprado un regalo? - le preguntó Sarah nerviosa -. ¿Y qué es?
-Es una sorpresa.

Los dos rompieron a reír y Laura hundió su cabeza en mi espalda aguantándose la risa. Ambos se habían cerrado en banda diciendo que jamás podría haber algo más allá de la amistad entre ellos, y era imposible no darse cuenta de que nunca cumplirían su promesa. Chace se despidió de Sarah con un beso en la mejilla y esta no tardó en subir los escalones que había bajado para sentarse a mi lado, mientras Laura seguía escondida.

-Ni se ocurra decir algo - murmuró Sarah totalmente seria.
-No, claro que no - contesté igual de seria que ella.

Sentí como Laura explotaba en mi espalda. Rompió a reír con tantas ganas que acabó tumbada en el suelo, sin preocuparse de si manchaba o no su fantástico vestido de Chloé. Ninguna pudo evitar la risa y acabamos las tres tumbadas con dolor de tripa. Según Carrie Bradshaw, tenemos cierto número de lágrimas por cada hombre en nuestra vida. Nosotras no habíamos llegado a aquel límite, pero sí habíamos retenido muchísimas carcajadas. Ahora no estábamos en California, y no había un lugar mejor donde liberarnos.
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Lidya
Posted: May 26 2009, 12:15 AM


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VEINTITRES.

and this love, fool-osophy is killing previous illusions that, i'm a love fool, i had in my mind about you, i'm a love fool, seems so true, all the lies you're telling, tragically compelling and i'm a love fool.
Love Foolosophy - Jamiroquai.

Aquella mañana fue la primera vez que sentí en mis propias carnes el cambio de horario. A pesar de que ya lo habíamos visto todo la primera vez que estuvimos en Roma, Sarah se empeñó en que de ninguna manera íbamos a desperdiciar aquel viaje, así que, como a las ocho de la mañana, Sarah puso el despertador para que empezáramos a prepararnos. Había intentado animarnos con frases como: "Roma está mucho más bonita ahora", "Tenemos que volver a pedir un deseo a la Fontana di Trevi", "La última vez no vimos el Vaticano", y si había una que repetía con demasiado entusiasmo era aquella de: "Además, esta vez, William no tiene que acompañarnos". Sin saber muy bien como, arrastradas por Sarah, Laura y yo acabámos en un vagón de metro de la línea Sant'Angelo.

-Todavía no sé que hacemos aquí - murmuró Laura medio dormida.
-Vamos a ver el Castel Sant'Angelo - nos dijo Sarah sonriente.
-Pero, ¿eso no lo vimos ya? - le pregunté, uniéndome al bostezo de Laura.
-Pero es precioso y no podemos cansarnos de verlo. Por favor, si ayer no volvimos tan tarde a casa de mi padre, no podéis estar tan cansadas.
-¿Sabes lo que caminé ayer con tacones? - le preguntó Laura -. Además, en el avión no se duerme todo lo bien que esperas, ya se sabe.
-Lo sé y lo siento, pero no quiero que no aprovechéis este viaje.
-Lo estamos aprovechando, mirame, estoy viajando en metro - murmuró riendo -. ¿Alguna vez habíais subido en metro?

Las tres rompimos a reír y una voz de mujer nos anunció a través de un altavoz que aquella era nuestra parada. Nos giramos hacia la puerta, dispuestas a salir las primeras, pero cuando las puertas se abrieron, todo el mundo se abalanzó hacia nosotras. La gente corría y corría y nosotras cada vez nos veíamos menos. Salimos del vagón casi en el último momento.

-Ay - murmuró Laura.

Nos giramos para ver de qué se quejaba Laura, y sentí como el estómago se me subía a la garganta. Las puertas del vagón se habían cerrado, y un trozo del bolso de Laura se había quedado enganchado en el interior mientras Laura tiraba con fuerza de él para sacarlo. Nadie decía ni hacía nada, y Sarah y yo empezamos a tirar de ella.

-¡Sueltalo! - le gritó Sarah.
-¡No puedo, dentro llevo las tarjetas de crédito y no llevo dinero! - le gritó Laura nerviosa.
-¡Laura, por favor, el tren va a arrancar ya!
-¡Tirar más fuerte, por favor!

Como si por arte de magia se tratara, dos manos más se unieron a las nuestras, pero en lugar de tirar del bolso como hacíamos nosotras, apartaban un poco las puertas, dejando un pequeño hueco por donde el bolso se desenganchó. Nada más salir, el tren arrancó y desapareció a toda velocidad. Las tres nos giramos confundidas para ver a aquel misterioso superhéroe italiano.

-Stai bene, hai fatto male al braccio? - le preguntó un chico a Laura de forma acelerada -. Lascia poco tempo per uscire, non è la prima volta. Non male davvero nulla?
-Lo siento, no hablo italiano - se disculpó Laura, todavía nerviosa.
-Ma io parlo inglese - le dijo sonriente -. Quiero decir, yo sí hablo inglés.
-Vaya, aquí estáis preparados para todo... - murmuró Laura.
-Scusa?
-No, nada, quiero decir, gracias, gracias por ayudarnos a sacar el bolso.
-De nada - le dijo sonriente -. Me llamo Jon.
-Oh, encantada, yo soy Laura - le dijo ofreciéndole la mano -. Y ellas son Lidya y Sarah.
-Encantado - nos dijo sonriente -. Tengo que irme corriendo a la universidad. Nos volveremos a ver, espero.

Jon salió disparado, corriendo escaleras arriba. Sarah y yo nos giramos para mirar a Laura, que seguía mirando como aquel chico se alejaba sin respirar.

-No voy a volver a subir en metro nunca más - nos dijo enfadada -. Acabo de pasar el peor momento de mi vida. Creía que el tren iba a arrancar y me iba a partir en dos contra la pared.
-Pero si no llega a ser por eso no habrías conocido a Jon... - murmuró Sarah levantando las cejas.
-Ya claro, como si eso compensara - murmuró restándole importancia.

Sarah me miró arrugando la nariz y las dos rompimos a reír mientras Laura nos fulminaba con la mirada. El metro de Roma era un de los más pequeños de Europa, y por lo tanto el más fácil a pesar de que todo estuviera escrito en italiano. Junto al de Londres, el de Roma también es uno de los más antiguos del mundo, así que la mayoría de las escaleras no son mecánicas, al contrario de California. Tres minutos después, cuando nuestras piernas ya no podían más, el Castel Sant'Angelo, mucho más bonito de lo que recordaba, se extendía ante nosotras. Tal y como Sarah anticipaba, una buena recompensa.

* * *

Entró al apartamento de Chad con la copia de sus llaves, que las poseía desde hacía ya tiempos remotos. Hoy no tenía sesión de rehabilitación, así que Hayden pensó que le vendría bien una mañana de ocio. Al lado del sofá estaba la silla de ruedas de Chad, completamente vacía, y Hayden se quedó mirándola en silencio. Chad siempre se llevaba la silla al dormitorio y en el salón no estaba. La cabeza le iba a mil por hora.

-¿Dónde estás, Chad? - preguntó al aire.
-Ahora salgo - le gritó la voz de Chad desde el baño.

Hayden se encogió de hombros y se acercó arrastrando los pies hasta la silla de ruedas. Las cansadas ruedas ya estaban desgastadas de tanto roce contra el suelo. Escuchó la puerta del baño abrirse y no tardó en salir Chad, ayudado por sus muletas. Hayden se quedó sin palabras, no sabía que decir.

-¿Qué estás haciendo? - le preguntó Hayden confundido.
-Nada - murmuró Chad.
-Chad, sé que quieres volver caminar pronto, pero este no es el camino. No puedes forzarte así de la noche a la mañana.
-Llevo meses así - le reprochó Chad nervioso -. No quiero que me ayudéis a ir a los sitios, a ducharme, a vestirme y a hacerme todo eso que hacéis. Quiero hacerlo solo.
-A mi no me importa hacerlo, Chad.
-Cuando me veo las cicatrices de las piernas pienso, ¿quien va a querer acostarse con alguien que tiene eso así?

Chad se sentó enfadado en el sofá y Hayden le imitó. Colocó su mano sobre la rodilla de Chad, pero este estaba tan enfadado que ni se alegró porque ya empezara a sentir algo.

-Laura quiere - le animó Hayden.
-Ya, claro, por eso no deja a su atractivo y piojoso novio.
-No todo tiene que ser siempre blanco o negro, Chad.
-Sí, pero en mi caso siempre es de un gris oscuro que asusta.
-No te preocupes. Volverás a andar y el deseo volverá.
-No puedo andar, no puedo hacer nada con ella, nada de nada, ni llevarla de viaje, ni salir con ella a cenar, ni hacerle el amor ni nada. Llevo meses, meses, sin hacer nada, y no me refiero a desde del accidente, me refiero a antes, mucho antes. Es como si fuera virgen otra vez.
-¿En serio? - le preguntó Hayden aguantándose la risa.
-Eres imbécil, en serio, no se puede hablar contigo - le insultó Chad levantándose del sofá mientras Hayden se reía -. Aver si vuelve Chace de Italia ya y hablo con alguien que me entienda.
-Ahí tengo que darte la razón - le dijo Hayden levantándose -. Chace tiene novia pero va a pasarse días pegado a Sarah, así que sí, entenderá tu drama.

Los dos rompieron a reír, y en cuestión de minutos, Chad volvía a pisar la calle con sus propios pies.

* * *

Dos horas y seis envases de cartón rellenos de gnocchi con salsa de tomate dulce después, Sarah, Laura y yo descansábamos nuestras cansadas y llenos estómagos sentadas en una de las aceras del puente de San Angelo.

-Creo que no tenía que haberme comido el segundo paquete de ñoquis - se quejó Sarah apretándose el estómago.
-Ni tu ni nadie - coincidí -. Deberían prohibirlos.
-Os quejáis por todo - nos reprochó Laura riendo -. Ni la entrada al castillo era tan cara ni los gnocchi estaban tan fuertes.
-¿Has visto? - me preguntó Sarah señalándola -. ¿Te acuerdas de aquella chica que se quejaba en un vagón de metro? Es increíble el poder que tienen los chicos italianos.
-¿Lo dices por aquel tío? - nos preguntó con una escandalosa carcajada -. Claro que no, Italia es maravillosa, el castillo este, como se llama... Bueno, ese de ahí - añadió señalándolo -, es increíble. No es por aquel tío, ni me acuerdo como se llama.
-Jon - contestamos Sarah y yo a la vez.
-Como sea - murmuró, recogiendo los cartones del suelo -. ¿Donde tiramos esto?
-Hay una papelera al final de la acera de enfrente - le informó Sarah señalándola -. Pero no puedo moverme, si lo hago los gnocchi saldrán por algún lado.
-¿Vais a dejarme sola? - nos preguntó enfadada.
-No puedo dejarle sola - le dije riendo -. ¿Qué quieres, que cuando volvamos nos la encontremos hecha un charco de tomate dulce? Alguien tiene que evitarlo.
-Además, mira que acera tan larga - le dijo Sarah sonriente -. Es como una pasarela de Versace. Enseñanos como te mueves.
-Es cierto - murmuró Laura sonriente.

Sonriente y de puntillas, como si al son de Drama Queen de Switches se moviese, Laura empezó a caminar calle abajo con exagerados movimientos de cadera y los brazos en alto. Agitaba los cartones en alto mientras Sarah y yo le gritábamos todo tipo de frases de aliento, mientras los italianos y turistas que rondaban por allí se giraban a mirarnos, mientras Laura experimentaba aquella tonta sensación de libertad. Load up the drugs, we'll let the demons come in, bring all the kids, they won't know where to begin. Shoot 'em a line, they'll lock you up in the pen, if you're rating my life give it ten, but it remains to be seen if you've got what it takes to be Queen, just get your ass through my door and don't ask for the chance drama queen, are you clean? Eso es lo bueno de volverse loca en cualquier otra ciudad, sabes que todo aquel que te vea no te volverá a ver, hasta que te los vuelves a encontrar. Sin dejar de bailar, Laura se dispuso a cruzar la carretera, olvidando que en Italia los semáforos no significaban nada. Antes de que un coche se la llevase por delante, una mano la agarró del brazo y tiró de ella de nuevo a la acera.

-¡Ya había visto el coche! - gritó girándose, pensando que éramos nosotras.
-Lo siento, la próxima vez te dejaré continuar - le dijo Jon sonriente.
-Vaya, eres tú - murmuró Laura, intentando parecer imparcial -. ¿Qué haces aquí? Voy a empezar a pensar que me estás acosando, y he oído que aquí la policía va vestida de Giorgio Armani, así que no me importará ir a verlos.
-¿Todas las americanas son tan desagradecidas como tú? - le preguntó insinuante.
-Por supuesto. Todas siguen mi ejemplo.
-Pues es una pena, porque en Italia todos somos muy agradecidos, por lo tanto nos gusta que nos den las gracias.
-En California hacemos las cosas de otra forma.
-Ya, claro - Jon agachó la cabeza reprimiendo una carcajada -. Mira, esta noche estaré aquí con mis amigos porque es mi noche libre. Si cambias de idea te pasas y me lo agradeces.

Jon le dió a Laura un pequeño flayer, que esta cogió con desconfianza. Radio Londra Caffe, allí iban a estar. Jon se inclinó lentamente para besar a Laura en la mejilla, y corriendo, cruzó el paso de cebra, sin ayuda de nadie.

*

Le habíamos perdido la pista a Laura así que, mientras esperábamos, Sarah conectó varios auriculares a su Sidekick y empezamos a escuchar Dreams Collide de Colbie Caillat. La canción justa en el momento justo. Parecía que allí todo estaba sincronizado para que todo pasase de una forma especial, como en la película La Dolce Vita. Entonces, Hayden me vino a la cabeza. Como si el destino se hubiese dado cuenta de lo que estaba pensando, la canción se cortó.

-Ay - se quejó Sarah -. Es que me ha llegado un mensaje.

Sarah intentó quitar el sobre que le brillaba en la pantalla, ya lo leería más tarde, pero el destino también se negaba, bloqueando la Sidekick. De repente, después de darle a mil botones, el mensaje se abrió, con el tamaño de la fuente ampliado.

"¿Dónde estás? No te he visto desde ayer y porque desapareciste. Llámame, tengo que hablar contigo, y es urgente; William".

-¡Este chico es imbécil! - gritó nerviosa.
-¿Qué pasa? - le pregunté confundida.
-William quiere verme - me reprochó todavía nerviosa.
-Uh, sí, que imbécil - coincidí confundida -. ¿Por qué te enfadas? Si eso es bueno.
-¡No, no, no! - volvió a gritar nerviosa -. ¡Se piensa que puede hacer conmigo lo que le da la gana y se acabó! Nos dejó plantadas en medio de un club en el que no habíamos estado nunca en una ciudad desconocida para nosotras para liarse con la Carola esa.
-Lo sé, y bueno, a lo mejor está arrepentido.

Empezó a toquitear todas las teclas intentando borrar aquel enorme mensaje ampliado, pero no había manera, así que, enfadada, hundió la Sidekick en lo más profundo de su bolso Chanel. Segundos después, Laura apareció como levitando a nuestro lado.

-¿Sabéis qué? - nos preguntó sentándose -. Me he encontrado con un chico de estos que reparte octavillas de clubs, y me ha dado una de un club que se llama Radio Londra Caffe, podríamos ir esta noche.
-¿Vamos a salir esta noche otra vez? - le preguntó Sarah confundida.
-¿Por qué no? No tenemos nada mejor que hacer.
-¿Como que no? - le preguntó Sarah sorprendida -. Tenemos que ir todavía a ver las Termas de Caracalla, el Foro, el Trastévere, la plaza Navona, San Juan de Letrán...
-Salimos - le interrumpí sonriente.

Laura me miró sonriente y Sarah nos fulminó con la mirada cruzándose de brazos. Estaba enfadada, pero en ningún momento iba a admitir la verdadera razón: quedarse en casa por si William le iba a hacer alguna visita.

* * *

Mientras que en Roma, con sus cientos de años de historia había mucho que ver, en Los Angeles no había nada mejor que hacer que ver anochecer en la terraza del restaurante del hotel Chateau Marmont. Hayden había invitado a Rachel para llevarle la contraria y demostrarle así que no estaba descuidando su relación, y como Chad sabía que estaría sola en casa, llamó a Blake para que se uniera a ellos. Para sorpresa de todos, aquella no fue la típica cena incómoda sin nada de conversación. Todos hablaban sin parar y disfrutaban realmente de la compañía, por muy extraña que fuese.

-En serio, Chace es un trozo de pan - continuó Chad explicándole a Blake -. Sé que está mal que diga esto delante de Rachel, pero te has llevado al mejor de la promoción 1980.
-No sabes cuanto me alegro - le dijo Blake riendo -. Hemos ido muy deprisa, cuando nos fuimos a vivir a Nueva York fue una irresponsabilidad, pero en ese momento no teníamos otra opción. Ahora lo haremos muchísimo mejor.
-Claro que sí - coincidió Rachel -. Que no te desanime que la generación de hombres de los ochenta le pasara lo mismo que a la cosecha de uva, que estaba picada.

Y ahí llegó el tan esperado y ansiado momento de silencio incómodo. Rachel miró a Hayden, que a su vez miraba a Chad, y este miraba a Blake, que miraba su plato, ya vacío, al igual que su copa de vino, que buscó con la mirada para refrescarse. Pero estaba claro que en el Chateau Marmont, el tan conocido hotel donde las estrellas del rock destrozaban habitaciones no podía acabar todo ahí. Del restaurante, dispuestos a sentarse en su mesa reservada de la terraza, aparecieron Robert, el novio de Laura, y otra chica.

-No me lo puedo creer - murmuró Chad, rompiendo el hielo.

Todos se giraron para mirar en la dirección que miraba Chad, hasta que sus miradas y la de Robert se cruzaron, quedándose este blanco. De manera torpe, y sin quitarles los ojos de encima, Robert se sentó en una mesa con su acompañante.

-Vaya - murmuró Hayden -. Esto si que es una sorpresa.
-Y el tío va de vagabundo por la vida - murmuró Chad con desprecio -. ¿Eso os pone a las tías? ¿Es la nueva táctica de ligar?
-¿Ese chico es vagabundo? - preguntó Blake sorprendida.
-No sé si es una nueva técnica, pero conmigo no funcionaría - murmuró Rachel -. Además, no puede ser muy vagabundo si se puede permitir, aunque sea, una botella de agua de Chateau Marmont.
-Hay algunos chicos que si utilizan la de dar pena - continuó Blake -. Muchas mujeres se sienten atraídas por hombres que parecen indefensos y en peligro.
-¿Es el novio de Laura Patridge, tu ex novia? - le preguntó Rachel a Chad -. Es una Patridge, no le debe dar pena nadie si se parece a su madre.
-No creo que Robert esté fingiendo ser un vagabundo para ligarse a Laura - añadió Hayden -. Quizá sea una reunión de trabajo, quizá este buscando empleo.
-Por favor, si esa chica debe ser de la edad de Laura - le reprochó Chad -. Este tío es un imbécil que va de listo, pero se va a enterar.
-¿Dónde vas? - le preguntó Hayden.

Chad se levantó de su silla ayudado por sus muletas y comenzó a caminar hacia la mesa de Robert, bajo la mirada atenta de sus compañeros de cena. Al ver que se acercaba a él, Robert se tensó en su silla.

-Buenas noches, chicos - les saludó Chad sonriente -. Que sorpresa, tú por aquí.
-Si llego a saber que ibas a estar no habría venido - murmuró Robert incómodo.
-No, claro, desde luego, sería una putada que justo yo destapará el pastel.
-¿De qué estás hablando? - le preguntó Robert confundido.
-¿Has vendido tu bicicleta y algún riñón para venir a cenar aquí, o es que tienes algún secreto que no quieres contarnos porque no quieres dejar de darle pena a Laura, Robert?

Como era fácil saber por donde iban los tiros, Robert se levantó de su silla enfadado, y Hayden le imitó, acercándose por si había algún problema.

-Déjame en paz, Chad - le pidió Robert enfadado -. No te metas en mis asuntos.
-¿Qué pasa, Robert? - le preguntó asustada la chica, que seguía sentada.
-Vámonos de aquí, Chad, venga - murmuró Hayden, tirándole del brazo.
-No deberías salir con chicos que tienen novia, bonita - le aconsejó Chad a aquella chica -. Y tú, Robert, ya nos veremos.

Hayden consiguió arrastrar a Chad de nuevo a la mesa, que por la rabia que le recorría por las venas practicamente volvió andando sin ayuda de las muletas. Y es que, en la ciudad que todavía conservaba el sueño americano, y sobre las colinas de Hollywood, en el Chateau Marmont todo podía suceder.

* * *

Las tres teníamos claro que aquella era una noche rutinaria, salir por salir y despejarnos, pero mientras Sarah y yo nos habíamos puesto un clásico vestido veraniego para ir cómodas, Laura iba demasiado arreglada para una "noche normal". Tras otro insoportable viaje en el metro, las tres entramos en el ruidoso Radio Londra Caffe, que estaba junto a las escaleras de Piazza Spagna. Sonaba a todo volumen Ibiza de Desaparecidos, que era un total éxito en las discotecas italianas, pero en el flayer anunciaban una actuación de un grupo universitario, pero aún no habían empezado a actuar, o igual sí, porque en ese club todos parecían universitarios. Laura empezó a levantar la cabeza entre la multitud.

-¿Buscas a alguien? - le preguntó Sarah confundida.
-No - nos dijo Laura asustada -. Estaba buscando la barra.
-Pero si está aquí al lado - le dije señalándola.

No entendía la razón, pero Laura me fulminó con la mirada. Sarah empezó a rebuscar en su bolso, y volvió a sacar su móvil. Tenía otro mensaje. Ese no me molestó en absoluto.

"Estoy en las escaleras de Piazza Spagna, tu padre me ha dicho que estáis en el Radio Londra Coffe. No me has llamado y he ido a buscarte a tu casa. Sal un momento, tengo que hablar contigo; William".

-Chicas, tengo que salir un momento - nos informó Sarah.
-¿Pasa algo? - le preguntó Laura preocupada.
-No, no es nada. Tengo unas llamadas perdidas de mi padre y voy a ver que pasa. No os mováis de aquí, enseguida vuelvo.

Sarah salió corriendo del club y nosotras nos giramos hacia la barra. Chapurreando todo el italiano que Sarah nos había enseñado, incluso metiendo frases que en absoluto tenían que ver, pedimos dos cócteles. De repente, el corazón me dio un vuelco de la sorpresa.

-¡Mira! - le grité a Laura en el oído, señalado a Jon al final de la barra -. ¡Es tu héroe!
-Ah, ¿sí, es él? - me preguntó restándole importancia -. Ya no me acordaba de su cara.
-Pero si estás temblando de los nervios - le dije riendo.
-No, yo no - me reprochó nerviosa -. ¿Voy a darle las gracias?
-Claro que sí - le dije sonriente -. Ves, yo te espero aquí.

Se arregló el pelo con disimulo y se acercó hacia él con paso firme. Cuando Jon la vio aparecer, se disculpó de sus amigos y se acercó a ella sonriente.

-Así que no eres tan desagradecida como pareces - le dijo Jon insinuante.
-Quizás - Laura se encogió de hombros.
-¿Te gusta el grupo? - le preguntó Jon, señalando a Forever the Sickest Kids mientras cantaban "Hey Brittany" -. Son unos compañeros mios de clase.
-No los conocía.
-Lo suponía.
-Son buenos - agregó Laura nerviosa -. Oye, Jon, tienes que saber algo.
-Dime.
-Si tu, como italiano que eres, piensas que las americanas agradecemos las cosas así pues sí, las demás sí, pero yo no, tengo novio y no pienso chuparte nada.
-¿Qué? - Jon rompió a reír -. No pretendía que me chuparas nada. En cualquier caso, eso te tendría que salir a ti, no tendría que pedírtelo.
-¡A eso me refería! - le gritó Jon -. Pareces simpático y agradable, pero no quiero ir por ese camino.
-Esta bien, no te preocupes, no iba a llevarte por ahí - le tranquilizó Jon -. Y para más tranquilidad, te diré algo.
-Dime - le dijo Laura tragando saliva.
-No soy italiano, soy francés.

Lo que en un principio era un intento de calma, aquel "soy francés" no hizo más que tensar los músculos de Laura, que parecía que en cualquier momento le iba a dar un tirón.

*

Todavía aturdida por el ruido de la música, Sarah salió a las escaleras de Piazza Spagna, y no tardó en ver a William, sentado en un escalón, completamente solo. Él parecía más sorprendido de verla, y se levantó de un modo torpe mientras Sarah se acercaba.

-¿Qué haces aquí? - le preguntó Sarah confundida.
-Estoy tenía que haberlo preparado a fondo - murmuró nervioso -. Pensaba que no ibas a venir, así que no he preparado nada.
-Muy bien, adiós - se despidió Sarah dándose la vuelta.
-No, no, espera - William la agarró del brazo -. Espera, yo... Non so come dire questo, mi manchi tanto ma non meno importante ottenere le parole, perché ti amo, Sarah, ti amo troppisimo, sono stato un stronzo per farti andare, tu sei il solo motivo che mi trovo in California, mi manchi nel mio letto, mi manchi baciare, toccare e fare l'amore, ti amo più di chiunque si desidera sempre...
-¡Hablas muy rápido y no entiendo nada! - le gritó Sarah interrumpiéndole.
-Sí que me entiendes - murmuró William -. Fui un imbécil al no aprovechar tu cumpleaños para decirte esto. Quería haber bailado contigo, el baile de los dieciocho. Te quiero, Sarah, te quiero tanto que no sé como decírtelo en inglés.

Sarah agachó la cabeza. Su nivel de italiano no era más alto que cualquier persona con título, pero no hacía falta saber italiano para entender a William. Se agachó bajo la mirada atenta de Sarah y le dio al play a un radiocassette que había traído. Ya no estaba tan solo. Del altavoz empezó a sonar Sparirò de Luca Dirisio y William le ofreció la mano para bailar. Sarah se abrazó a William y ambos comenzaron a bailar lentamente al ritmo de la música. Por fin, aunque fuese al día siguiente, Sara tuvo el cumpleaños que deseaba.

*

Muchísimos cócteles después, yo seguía en la barra, esperando que Sarah y Laura volviesen de allá donde quisiera que se hubieran ido. Hacía un calor horrible, y eso empezó a afectarme. Salí del club nerviosa, en busca de un poco de aire fresco. Sin saber por qué, saqué la Blackberry del bolso y maqué el único número que me sabía de memoria.

-¿Diga? - me preguntó la voz adormilada de Hayden.
-Eh, soy yo - balbuceé -. ¿Qué haces?
-Estoy en la cama - me reprochó -. Creo que se llama dormir.
-Ah, que gracioso resultas a miles de kilómetros - le dije sonriente.
-Son las cinco de la mañana - murmuró mirando el despertador -. ¿Que quieres?
-Me gustaría saber como puede dejarte dormir la conciencia al lado de Rachel en tu cama donde yo he estado como un millón de veces - le reproché -. Yo pienso en ti continuamente. ¿Qué estará haciendo, en qué estará pensando? Pero tú no... - resoplé con tanta fuerza que empañé el micrófono -. ¿Sigues ahí?
-Sí - murmuró entre dientes.
-Vale, porque yo pienso en ti continuamente, no, corrijo, corrijo, pienso en nosotros todo el tiempo.
-¿Podemos hablar de esto en otra ocasión? - me preguntó -. Estaba durmiendo y Rachel está durmiendo a mi lado, no puedo hablar ahora.
-Ah, no, no, no, no, nunca es un buen momento para ti - le reproché -. Siempre estas durmiendo o trabajando o arreglandote o acostándote con tu mujer o tienes que irte, siempre estas en un puto taxi, y luego entras en tu casa a hacer el papel de marido perfecto y haces como si ni me conocieras.

Hayden se apartó unos segundos el teléfono del oído, cansado de escucharme gritar, y se giró un poco para asegurarse de que Rachel seguía dormida.

-Eres como los viejos, deberías pensar en los demás - continué gritando -. Estoy embarazada, cielo, aunque tu no lo entiendas soy yo la que tengo un hijo tuyo y no tu mujer. Soy una mujer, ¡una mujer!
-Tomate otro cóctel, mujer - me reprochó.
-No, no es cuestión de cócteles - murmuré, apurando el mio -. Es cuestión de decencia humana. Es cuestión de asumir responsabilidades. Es cuestión de ser un hombre adulto, ¡y el único adulto que hay aquí eres tú! ¿acaso no eres un hombre?
-Soy un hombre - me reprochó enfadado, había tocado el punto débil de todos los hombres -. Un hombre cansado. Son las cinco de la mañana aquí.
-Bueno, pues más vale que te acostumbres, Hayden, porque así va a ser nuestra relación a partir de ahora si vas a seguir ocultándole tu doble vida a los demás.
-Me voy a dormir - me interrumpió -. Tengo una reunión importante a las nueve.
-Bien, vale, cuelga, pero no me llames cuando estés durmiendo porque eres de lo más desagradable.
-Pero si me has llamado tu - me reprochó desesperado.
-No eras tan borde cuando te despertabas después de una larga noche de sexo desenfrenado, ¿sabes qué? Te hace falta un buen polvo.

Aquello fue la gota que colmó el vaso de nuestra conversación y posiblmenete también de nuestra relación. Hayden colgó el teléfono, dejandome con la palabra en la boca. Volví a meter la Blackberry en el bolso y lancé con fuerza el vaso del cóctel contra la pared, haciendo que todo el mundo que andaba por allí se girase a mirarme y empezara a murmurar. Hablar con Hayden me sacaba de mis casillas, siempre lo había hecho, y había elegido la peor noche para llamarle. Me senté en el mugriento suelo de al lado de la puerta del club y metí mi cabeza entre las piernas. Aquel mareo me recordaba al último mareo que sufrí en noche vieja, también por culpa de Hayden. Eso me llevó a pensar en la de tiempo que había desperdiciado por él. Decía Gandhi: "Si cada minuto que pasa es irrecuperable, ¿por qué malgastamos tantas horas?".
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Lidya
Posted: May 28 2009, 09:33 PM


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VEINTICUATRO.

that's not the secret, but i know what is: everybody dies but not everyone lives. i'm gonna ride like i've got the cops on my tail, i'm gonna live my life like i'm out on bail. i'm gonna be out front, gonna blaze a trail, i'm gonna cross that line.
Cross the Line - Superchick.

Unos tímidos pero intensos rayos de Sol empezaron a entrar en la habitación de Sarah, que empezó a estirarse, dispuesta a empezar el día con energía. Por alguna razón no había sonado el despertador, pero no se acordaba si era porque no lo había puesto o no lo había escuchado. La noche anterior llegó tan borracha a casa que seguramente ni se acordó. Se giró hacia la izquierda para salir de la cama y se chocó contra algo que no era la pared. Abrió los ojos de par en par al encontrarse a William, completamente desnudo, durmiendo a su lado. El corazón empezó a latirle tan rápido que pensó que le iba a dar un ataque.

-William, despierta - le llamó Sarah nerviosa balanceándole -. Dios mío, despierta.
-¿Qué pasa, qué hora es? - preguntó William estirándose.
-Y yo que sé, pero venga, levanta, estás en mi cama.
-Ah, ¿sí? - preguntó confundido, abriendo los ojos -. ¿Qué paso ayer?
-Íbamos muy borrachos, no sé - murmuró Sarah saltando de la cama -. Esta habitación da a la cocina, y en la cocina está mi padre y Nicole desayunando.
-¿Y? - preguntó William, levantándose de la cama.
-¿Como que y? - le preguntó Sarah apunto de gritar -. Te van a ver salir de mi habitación.
-Bueno, puedo decir que he venido temprano a verte.
-Son las ocho y media de la mañana - le informó Sarah mirando su reloj -. Venga, vistete y sal por la ventana. Estamos en la planta baja.
-Pero, ¿quien te has creído que soy, spiderman? - le preguntó nervioso -. Por mucho que me gusten los comics no me convierto en ningún superhéroe de ellos.
-William, por favor, sal de aquí como sea - le rogó Sarah.
-Claro que sí, por la puerta - William se encogió de hombros -. ¿Qué más da que tu padre se entere de que te acuestas conmigo? En Estados Unidos no lo sé, pero en Italia eres mayor de edad, y puedes hacer lo que quieras.
-Ya, pero yo no soy italiana - Sarah le lanzó la ropa -. Venga, vistete. Si salimos corriendo ahora igual no han bajado todavía a desayunar.

A regañadientes, William comenzó a ponerse de nuevo la ropa de ayer de manera torpe. Se puso los vaqueros al revés mientras Sarah se ponía algo de ropa recién sacada de la maleta. Cuando esta estuvo lista, estiró del brazo a William para salir de la habitación mientras este se iba abrochando la camisa.

-Buon giorno, principessa - le saludó su padre sonriente en la cocina.

Lo peor de todo es que Alessandro no estaba solo, y no solo le acompañaba Nicole, también estaba Chace, que había ido a desayunar con ellos. Sarah sintió que toda la sangre de su cuerpo desaparecía cuando todos clavaron la mirada a William, que de los nervios no conseguía abrochar ningún botón. Alessandro dejó de untar mantequilla al bollo y Nicole se terminó el café de un trago, pero Sarah se fijó en Chace, que agachó la cabeza avergonzado. De aquella horrible situación solo salió beneficiado William, que conocía perfectamente la historia que había entre Chace y Sarah, y su masculinidad se hinchó hasta el infinito al ver su presencia, mientras que Sarah pasó uno de los peores ratos de su vida.

*

En otra habitación, justo encima de la cocina, otra chica se despertaba, pero sin ningún problema. Laura se estiró, intentando que todos los huesos volviesen a su sitio después de aquella intensa noche, y se levantó de un salto de la cama. Su Iphone, sobre la mesilla, desprendía una luz verde anunciándole de un mensaje de voz. Suponía que serían sus padres, que llamaban para ver como estaba, así que lo abrió y pulsó el altavoz para escucharlo mientras se preparaba para ducharse.

-Eh, hola Laura, soy Jon - le dijo su voz a través de su móvil, y Laura paró en seco de quitarse el pijama -. No sé si lo recordarás, pero ayer, mientras te bebías el quinto chupito de tequila, me diste el número de tu teléfono móvil. No sé muy bien por qué te he llamado, en realidad estoy muerto de vergüenza y no sé que decirte. Supongo que estarás durmiendo, son las siete de la mañana, pero yo he tenido que despertarme pronto para irme a la universidad. Bueno... Ayer se me olvidó comentártelo, pero los medios días y la mayoría de las noches trabajo en el restaurante Rivadestra, en Trastevere, así que, no sé, quizá te gustaría pasarte al medio día a verme. No es ningún compromiso, solo si tu quieres. Ayer no me chupaste nada si eso te preocupa. Espero que estés bien, un beso, ciao.

Laura se tapó ligeramente la boca con los dedos muerta de vergüenza. La voz de Jon era más sensual de lo que recordaba, y su acento italiano, pese a ser francés, parecía que la iba a volver loca. No tenía intención de tener un novio fugaz de una semana, o al menos esa era cuando aterrizó en Roma, pero Jon era muy simpático, y Laura podría pasarse hora escuchándole hablar sin cansarse, eso le daba cien mil puntos.

*

Se había duchado a toda velocidad y se había puesto lo primero que había encontrado en su ya desastrada maleta. También muerto de vergüenza, William se había ido rápidamente a su casa, y Sarah se había metido en la ducha para no soportar el desayuno con toda clase de preguntas incómodas y sexualmente activas delante de Chace. Una vez vestida y algo más calmada, Sarah salió a la cocina, pero no se encontró lo que esperaba ver. Chace ya no estaba sentado en aquel taburete.

-¿Dónde está Chace? - le preguntó Sarah a Alessandro nerviosa.
-Se acaba de ir - le explicó Alessandro incómodo -. Tenía prisa.

En un ataque repentino, Sarah salió corriendo hacia la puerta para ver si todavía lo pillaba. Se asomó nerviosa y lo vio, caminando calle abajo. Era extraño, pero no parecía ser consciente de sus actos. Salió corriendo detrás de él.

-¡Chace! - le llamó Sarah a distancia -. ¿A dónde vas?
-Tengo que volver al hotel - le informó Chace sin dejar de caminar.
-Chace, por favor, no te vayas por mi culpa. Acabo de pasar el peor momento de mi vida.
-Ah, ¿sí? Yo también. No tienes ni idea de lo ridículo que me he sentido presentándome en tu casa y encontrándome a William saliendo de tu habitación.
-Chace, por favor - Sarah se puso delante de él para pararlo -. Me estoy alejando como diez manzanas de mi casa. Deja de andar y déjame que te lo explique.
-No tienes nada que explicarme, Sarah - le reprochó Chace -. Te acuestas con tu novio y yo lo acepto, no hay nada que yo no pueda entender.
-William no es mi novio.
-Bueno, pues mejor me lo pones. Es un polvo de una noche y a mi ni me va ni me viene.
-No quiero que pienses eso de mi - le pidió Sarah -. Ayer William y yo bebimos muchísimo y no sé como pudimos acabar así.
-Me da igual, Sarah. Yo había venido a Roma con la esperanza de que pudiéramos hablar y pudiéramos aclarar todo esto que tenemos. Haces conmigo lo que te da la gana cuando te interesa y te da exactamente igual lo que yo piense acerca de esto.
-Eso no es verdad - le dijo Sarah negando con la cabeza -. Tienes novia, Chace.
-Sí, y tu también, y sin embargo has salido a buscarme. ¿Qué estamos haciendo, Sarah?

¿Qué estaban haciendo? Aquella era la pregunta del millón, la que ni aún, un año después de conocerse, todavía no tenía respuesta.

* * *

El ambiente en California también despertó alterado. Chad se había levantado temprano, había bajado a por la prensa, la había leído mientras tomaba té irlandés con leche y ahora, como si fuera una rutina, caminaba sin ayuda de muletas desde la mesa del salón hasta la televisión, como si fuera un niño que aprendía a andar. Se había caído un millón de veces, y su rodilla izquierda ya estaba amoratada, pero le animaba pensar que se entrenaba para recibir a Laura con los brazos abiertos, y si Dios quiere, también las piernas. Una de las veces que estuvo apunto de llegar a la televisión sin caerse, llamaron al timbre. Con ayuda de las muletas se acercó a la puerta, pero deseó no haberlo hecho.

-¿Qué haces aquí? - le preguntó Chad en tono serio.
-He venido a hablar contigo - contestó Robert con calma -. ¿Puedo pasar?
-¿Es totalmente necesario?
-Sí.

Chad se apartó de la puerta y dejó entrar en su casa a Robert, algo que jamás se le pasó por la cabeza que podría hacer. Robert se sentó en el sillón y esperó a hablar hasta que Chad le imitó, sentándose en la otra esquina. Se encendió un cigarrillo y miró a Robert.

-¿Qué quieres decirme? - le preguntó Chad con indiferencia.
-No quiero que le cuentes nada a Laura de lo que viste ayer - le reprochó Robert -. Deja ya de una puta de vez de meterte en mi vida.
-Eso solo me incita a hacerlo - le dijo Chad sonriente -. ¿De qué tienes tanto miedo? ¿De que Laura se entere de que podrías permitirte habitaciones en el Four Season pero no le das esa clase de caprichos porque eres un tacaño? O mejor, ¿de que tienes novia?
-Esa chica no era mi novia - le gruñó -. No quiero hablar más contigo, solo deja la boca cerrada si no es mucho pedir.
-Tú no eres nadie para decirme lo que tengo que hacer, niñato - le reprochó Chad -. Y si le cuento a Laura lo que vi tu no tendrás nada que hacer.
-No te metas en mi vida - le volvió a reprochar Robert.
-Tú fuiste el primero que se metió en mi vida sin importarle nada.
-Fuiste tú el que se largó a Londres y la dejó sola.
-No tienes ni idea de lo que pasó.

Robert se levantó del sofá y se acerco a paso ligero hacia la puerta.

-Tienes suerte de estar así - le dijo Robert antes de salir -. Te habría partido la cara hace ya mucho tiempo de no estar enfermo.
-No te preocupes, hombre, pronto estaré bien y podrás demostrarle a tu novia la clase de tío que eres partiéndome la cara, que se te ve con muchas ganas.
-Dejanos en paz, Chad, por mucho que lo intentes Laura no va a volver contigo. Olvidate de ella y de todo lo que tuvisteis, no va a volver. Estás acabado.

Las palabras le salían a borbotones de la boca. Quería gritarle a aquel imbécil lo bien que se lo había pasado con su novia hace unos días, pero eso solo le perjudicaría a ella, ¿y de qué servía un momento de gloria? ¿Aquello era el amor? ¿Pronunciar su nombre cincuenta veces más de lo que pronuncias el tuyo? ¿Atender sus necesidades antes que las tuyas? Era la primera vez que Chad experimentaba una sensación así, y ya sabía que era una mierda.

* * *

Desde tiempos ancestrales todo aquel que tenía miedo expresar un sentimiento lo hacía a través de un papel escrito con tinta, y si aquella persona con miedo a expresar los sentimientos estaba de viaje lo hacía a través de una postal. El día anterior había comprado una postal junto al castillo de Sant'Angelo con el Coliseo impreso. La postal más típica de la tienda. A parte de miedo a expresarlo, tampoco sabía que expresar. En un principio la había comprado para Hayden, pero pensé que enviársela a Adam sería lo más correcto. Escribí su dirección y ahora venía lo más difícil.

-"Querido Adam..." - escribí * pensativa.

Y ahí se quedó todo. Desde la hamaca donde estaba sentada miré la piscina, esperando a que en el agua se escribiera la postal perfecta, pero no apareció. Escuché unos tacones que se acercaban hacia mi y se sentaban a mi lado. Era Nicole.

-¿Vienes a examinarme? - le pregunté sin mirarla -. Porque acabo de tomarme un Red Bull, eso podría alterar el resultado de la prueba psicológica.
-Venía a pedirte disculpas, no debí hacerlo - me dijo nerviosa -. Me dijiste que no tomabas nada y debí creerte, pero quiero que me entiendas. Lo que pasó la última vez rozó el límite de todo lo que estoy acostumbrada a ver.
-Lo sé, y lo siento. No volverá a pasar.
-¿Has vuelto a ver al hombre aquel?
-Hago las prácticas para la universidad en su revista - murmuré riéndome por lo absurdo de la situación -. Lo veo todos los días, ocho horas.
-Vaya - murmuró asombrada -. ¿Y qué relación tienes con él?
-Bueno, al principio era fantástico, porque nos evitamos y todo eso. Hasta que un día, en un concierto que Runnway patrocinaba, bebimos muchísimo y me dejó embarazada.

Nicole se quedó blanca como los preciosos azulejos de la piscina. Aquello estaba apunto de superar el incidente del año pasado.

-¿Estás embarazada? - me preguntó, todavía en estado de shock.
-Sí - murmuré pensativa -, y ni si quiera sé como se lo voy a decir a mis tíos. Él intenta ayudarme, pero sé que no hecho más que volver a cagarla. Para él soy una carga.
-Bueno, él también ha tenido algo que ver en esto - me tranquilizó.
-Lo sé, pero no quiero que haga nada que él no quiera hacer. Cuando de a luz tendré la ayuda de mis tíos y de mis amigas, y él no tendrá que hacer nada.
-¿Por qué te castigas así? - me preguntó confundida -. Primero te atiborras a pastillas y ahora te quedas embarazada y no quieres darle responsabilidad.
-No lo sé.

Me giré para volver a mirar a la piscina mientras todavía la postal estaba sin escribir, y pensé en lo que pensé cuando compré la postal. En mi cabeza solo estaba Hayden: el texto, la dirección, su cara mientras la leía... La postal y mis recuerdos del viaje era él y solo él, mientras que mi adorable novio me echaba de menos en California. Ahora sólo podía pensar en una pregunta de Nicole, ¿por qué me castigaba así? Y por efecto rebote, ¿por qué castigaba así a los demás?

* * *

En el bohemio barrio de Trastevere, donde nada era lo que parecía, existía un pequeño restaurante "cinco tenedores" llamado Rivadestra, en el que las cincuentonas italianas comían ensalada caprese mientras miraban a los camareros universitarios con lujuria. Otra, que ni de lejos se acercaba a los cincuenta, buscaba a su camarero y no con menos lujuria que las demás. Laura entró al Rivadestra y rápidamente buscó con la mirada a Jon. Aquel restaurante no era en absoluto lo que se esperaba viniendo de él. Todas las mujeres se giraban a mirarla cada vez que Laura atravesaba las mesas, hasta que le vio. Llevaba un traje de chaqueta completamente negro, camisa negra y una corbata negra y fina. Servía unos cócteles a unas mujeres, que tras varias frases de coqueteo, le daban una propina de diez euros. Cuando Jon se giró con la bandeja vio a Laura, que le esperaba en un rincón del restaurante. Al verla, se acercó a ella sonriente.

-No confiaba en que fueras a venir - murmuró Jon sorprendido.
-Ni yo que esto fuera así - le dijo Laura riendo -. Es un buen restaurante.
-Sí - Jon se giró a mirarlo -. Viene gente bien, ya sabes, como tú.
-No, no, estas mujeres me sacan décadas - le dijo sonriente -. De todas formas, ¿qué hacen estas mujeres aquí? Les pega tan poco...

Jon sonrió y se inclinó un poco hacia Laura, haciéndola estremecer repentinamente. Jon se colocó al lado de su oído, y el calor de su aliento la puso todavía más nerviosa.

-Vienen a verme - le dijo en voz baja -. Me gano la vida con las propinas. Los maridos de estas mujeres son ricachones arrugados que no las satisfacen desde hace muchísimo tiempo. Ellas vienen aquí y se alegran la vista. Han dejado de ir al bingo para venir aquí. Tienes que entenderlas, mis 190 cm de pura fibra les vuelve locas.
-Claro - murmuró Laura cuando Jon se apartó -. Es totalmente comprensible.
-Ellas me conocen desde hace meses, a ti no te dejaré tanto tiempo para volverte loca.

Laura rompió a reír nerviosa. No solo sus 190 cm empezaba a volverle loca. Las mandíbulas tan marcadas, el pelo y su cuerpo delgado le ponía más nerviosa de lo que deseaba. Jon se quedó mirándola sonriente, en unos interminables segundos de silencio incómodo.

-¿Laura? - le llamó una voz a su espalda.

Los dos se giraron para mirar a aquel desconocido, no tanto para Laura. Le costó reconocerlo, pero no cabía duda alguna. Después de tanto tiempo, todavía se acordaba de él. A quien no conocía era a la super modelo que le acompañaba.

-¿Matt? - le preguntó Laura sorprendida -. Dios mio, cuanto tiempo.
-Pues sí - admitió Matt riendo -. ¿Qué te trae otra vez a Roma?
-Más o menos lo mismo que la otra vez... Un poco de vacaciones y otro poco de compromiso social, ya sabes.
-Entiendo - le dijo Matt sonriente -. He quedado a comer, espero volver a verte.

Matt se inclinó para abrazar a Laura, y al igual que Jon, se centró en su oído.

-Es un ligue de una noche - le susurró al oído -. Esta noche estaré libre. Si no tienes nada que hacer esta noche puedes llamarme y recordar viejos tiempos.

Le pasó con disimulo una tarjeta de visita en la que ponía su número de teléfono, le guiñó un ojo y cogió de la mano a su acompañante, desapareciendo entre las mesas. A Laura le iba el corazón a mil por hora, se guardó la tarjeta con disimulo y se giró hacia Jon, que le miraba incómodo.

-Ese chico no sabe hablar en voz baja - murmuró Jon sarcástico -. Iba a decirte que si te esperabas a que saliese esta noche, pero tienes planes.
-No, no - le dijo Laura de forma acelerada -. A este chico lo conocí en Navidad cuando estuve en Roma, pero no tenía intención de volver a verlo.
-¿Te acostaste con él? - le preguntó Jon repentinamente.
-¿Qué? - Laura rompió a reír -. No pienso contestar a eso.
-Conozco a los chicos italianos y sé lo que pasa cuando una chica americana se acuesta con ellos, luego son muy pesados.
-No es italiano, es francés.
-Mejor me lo pones - le dijo Jon sonriente.

Jon le guiñó el ojo. Era el segundo guiño en menos de cinco minutos, y Laura rompió a reír nerviosa. Se sentó en la mesa más cercana y Jon le sirvió la carta, prestándole más atención a ella que a cualquier otra mujer, que miraba a Laura apunto de romper sus copas. Lo tenía claro: amaba Italia y no tenía ninguna prisa en irse de allí.

* * *

Otra que tampoco ocultaba su amor por Italia y tampoco tenía prisa en irse era Sarah, que se presentó en el hotel Rocco Forte, junto a Piazza Spagna con ganas de marcha, y no no en el buen sentido de la palabra. En ese hotel se hospedaba Chace desde que llegó a Roma. Sarah había pasado un día lleno de silencios incómodos, preguntas que parecían tener doble sentido y esquivas miradas, y lo peor de todo es que aquello no era lo que más le molestaba. Tenía grabada en la memoria la mirada avergonzada de Chace, que la hizo sentir culpable por algo que sabía que no tenía la culpa, así que no dudó en presentarse a su hotel. Llamó rápidamente sin cesar hasta que Chace abrió la puerta, envuelto en una toalla.

-¿Qué pasa? - le preguntó nervioso -. Estaba en la ducha.
-Necesito hablar contigo - le dijo en tono cortante -. ¿Puedo pasar?

Chace se apartó de la puerta sujetándose la toalla con fuerza, y Sarah entró en su habitación. El hotel Rocco Forte, con vistas a Piazza Spagna y Via Condotti, tenía una enorme habitación con cama de matrimonio, aire acondicionado, jacuzzi en el baño y balcón/terraza privada en el ático, donde se hospedaba Chace. Mientras Chace se vestía en el baño, Sarah se sentó en la cama, junto a la maleta de Chace. Pensó que era muy extraño que un hombre tan ordenado como él no la hubiera deshecho todavía, pero cuando se fijó un poco más se dio cuenta de que Chace no estaba deshaciendo nada, estaba volviendo a hacer la maleta. Sarah se giró al escuchar que Chace salía del baño, ya vestido.

-¿Qué quieres decirme? - le preguntó, sentándose en el otro lado de la cama.
-¿Por qué estás haciendo la maleta? - le preguntó Sarah enfadada.
-¿Ya lo sabías? Nunca dejarás de sorprenderme.
-Chace por favor - le rogó Sarah -. ¿Qué crees que estás haciendo?
-Volver a casa - le confesó con calma -. Ya he acabado el trabajo con tu padre esta mañana, y me aburro aquí solo porque ya no tengo nada más que hacer, así que vuelvo a California esta noche en un vuelo que sale a las diez.
-No puedes irte porque no estás solo - le reprochó Sarah nerviosa.
-Venga ya, Sarah. Tú estás aquí con Laura, Lidya, y William - murmuró recalcando el último -. Mis amigos están en Los Angeles y aquí me aburro con avaricia. No puedes impedirme que me vuelva. No voy a quedarme aquí para aliviar tu conciencia.
-¡No he hecho nada malo! - le gritó Sarah -. Estás empeñado en hacerme sentir culpable siempre, por todo lo que siento o por todo lo que hago, ¡dijiste que serías mi amigo, Chace, me lo prometiste!
-¡No puedo! - le reprochó -. Lo he intentado, Sarah, pero me es insoportable. Lo único que quiero hacer ahora es volverme a casa y dejar de verte todos los días como hago aquí.
-Pero no quiero que te vayas.
-Ese es nuestro problema, Sarah, que siempre hacemos lo que te da a ti la gana y cuando tu quieres - explotó Chace -. Estoy harto de hacer siempre lo que tu quieres sin preocuparte en saber que es lo que quiero hacer yo. He dejado mi trabajo, mi vida y mi todo por ti, siempre he estado enamorado de ti y tu nunca lo has estado.
-Eso no es verdad - le reprochó Sarah con un nudo en la garganta -. Estás así porque has visto a William salir de mi habitación, y no es motivo para que me hables así.
-Te hablo como me da la gana.

Sarah volvió a coger su bolso de la cama de Chace y salió rápidamente de su habitación dando un portazo. Apretando los puños con fuerza, Chace continuó haciendo la maleta, maldiciendo que siempre le perdiera la boca.

* * *

Quizá las playas de Italia no tenían nada que hacer contra las de California, pero cuando caía la noche la cosa cambiaba, como la suerte. Laura había esperado paciente a que Jon acabase su turno, y una vez sin el traje de chaqueta, los dos salieron a pasear por la playa más cercana de la casa de Alessandro. En cuestión de minutos, Laura se enteró de que Jon se había mudado a Roma hace dos años, cuando empezó la carrera, que tenía veinticuatro años y que había vivido durante toda su vida en Toulouse, Francia.

-Y así fue como acabé malviviendo en un apartamento con tres compañeros de piso y trabajando sirviendo menús en un restaurante - concluyó Jon sonriente -. Por eso reconozco a las chicas como tú.
-¿Como yo? - le preguntó Laura riendo -. ¿Qué quieres decir con eso?
-Está claro que eres la típica "niña rica", si no eres hija única tendrás pocos hermanos, y por esa regla de tres supongo que estarás acostumbrada a que te lo den todo hecho.
-Que listo eres - murmuró Laura asombrada -. Tengo un hermano pequeño.
-Lo sabía - le dijo Jon arrugando la nariz -. ¿Y de donde eres? ¿Nueva York? ¿Washington?
-Vivo cerca de Los Angeles, en California.

Jon se giró para mirarla asombrado, aquello era más de lo que se esperaba.

-No sabes lo lejano que suena aquí California - murmuró Jon riendo -. Es como si habláramos de otro planeta, un lugar que está al otro lado del mundo.
-Dieciséis horas de avión no son tantas - le dijo Laura riendo -. Pero la verdad es que venir aquí también me ha ayudado a escapar, necesitaba salir de California unos días. En la televisión y en el cine puede parecer maravillosa, pero no lo es.
-No creo que vea nunca California - admitió Jon.
-En California, Italia también suena muy lejana, pero aquí estoy.
-No me obligues a comparar nuestras opciones económicas - le reprochó Jon riendo.

Y así siguieron, durante casi media hora. Era de lo más agradable hablar con Jon. Era verdad aquello de que se contaban mejor los problemas a un desconocido. Sin saber como, Jon y Laura llegaron hasta casa de Alessandro.

-Esta es mi casa, temporalmente - le dijo Laura sonriente.
-Esta zona de Roma es increíble - murmuró Jon haciendo una pausa -. ¿Puedo besarte?

Aquello no se lo esperaba en absoluto. No iba a negar que no había fantaseado con esa situación, pero ahora que había llegado, el miedo se había apoderado de ella. Intentando ser lo más cordial posible, negó con la cabeza.

-Dios, lo siento - se disculpó Jon avergonzado -. He ido muy deprisa.
-No, no - contestó Laura nerviosa -. Solo que es un mal momento, de mi vida en general.
-No, no te preocupes, he dado miles de excusas, las conozco todas.
-Pero es que no es una excusa.
-¿Sabes? Fui un idiota pensando que podría haber algo. Tu y yo jugamos en ligas distintas.
-¿Por qué estamos hablando de fútbol? - le preguntó Laura nerviosa.
-Tengo que irme.

Todavía avergonzado, Jon se dio la vuelta rápidamente y se dirigió con paso ligero de nuevo hacia la playa. Entonces fue cuando le ahogaban las dudas, ¿debería haberlo hecho o quedarse con las ganas? Mientras Jon se alejaba y veía su espalda ancha no tenía ninguna duda de que quedarse con las ganas era lo que menos quería.
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Lidya
Posted: May 31 2009, 08:18 PM


ONE IN A MILLION GIRL


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VEINTICINCO.

prada bag, gucci shoes, louie v, jimmy choos. prada bag, gucci shoes, louie v, jimmy choos. yeah, back in it again, lemme tell you bout the city i reside in. when the girls are fun fashion and they let you know whats happenin, my roads is the l.a. scene where them girls walk around in dolce jeans.
L.A - Jupiter Rising.

Había recibido la noticia aquella mañana, en forma de un puñetazo en el estómago, de un modo metafórico. Las colecciones de Otoño/Invierno empezaban a despegar, y los diseñadores buscaban desesperados a la nueva y fantástica "it girl". Runnway recibía cartas de ese tipo todos los años por esas fechas, y Hayden solía rechazarlas todas, pero aquella mañana recibió una, por primera vez en su vida, que no podía rechazar por nada del mundo, a pesar de que con ello fuera a salpicar a gente. Tenía que hablar con alguien, y la persona más indicada a la peor de menos era Chad, así que se presentó en su apartamento. Le ofreció un café y se sentó a hablar con él. Estaba de un humor excelente desde que podía andar con tranquilidad ayudado por las muletas, y eso tranquilizaba a Hayden, a la par que le angustiaba, sabiendo que aquello acabaría con la poca alegría que le quedaba a su amigo. Hayden volvió a beber café antes de hablar.

-Me han llegado las cartas de los diseñadores esta mañana - le informó Hayden.
-¿Ya? - le preguntó Chad sorprendido -. ¿Y qué vas a hacer? ¿Quemarlas, como siempre?
-Sí, la mayoría sí - admitió Hayden riendo -. Hay una que me guardaré porque tengo que consultarlo con Rachel, y contigo.
-¿Conmigo?
-Mira, quiero que veas esto.

Hayden le pasó a Chad una carpeta rosa fucsia que venía adjuntada a la carta. Chad la abrió sorprendido, y se encontró con varias fotos de Laura impresas en papel.

1 / 2.

-¿Para qué me enseñas esto? - le preguntó Chad confundido -. Son fotos de Laura, y según el médico no puedo ni debo excitarme, por nada del mundo.
-Venían con la carta de Victoria Secret - le explicó Hayden con un nudo en la garganta -. Por lo visto han visto sus fotos en Runnway y quieren contratarla para que sea su nuevo ángel. Es muchísimo dinero, muchísima publicidad para Runnway...
-¿Pero? - le interrumpió Chad, imaginando lo peor.
-Tiene que irse a vivir a Nueva York.
-No - contestó Chad de modo tajante sin pensárselo.
-Es una gran oportunidad para ella, Chad, se daría a conocer en todo el mundo.
-No, no, no - volvió a repetir Chad -. No puedes hacerme esto, Hayden, no puedes.
-Eres tú el que no puedes hacerle esto a Laura, Chad, por favor.
-Se acabó esta conversación - le cortó Chad levantándose del sofá -. No voy a dejar que te la lleves a Nueva York, y menos ahora que vuelvo a andar.
-Chad, por favor...
-Largate, joder.

A paso ligero, Chad se encerró en el baño, y Hayden pudo escuchar como pasaba el pestillo. Se conocían desde hacía años, por lo tanto sabía que no iba a asalir, así que se levantó del sofá y salió de su apartamento para irse a trabajar.

* * *

En Roma, como cada año por estas fechas, se celebraba el Festival Internazionale del Cinema. En la industria cinematográfica no había nada que más gustase que ver a las estrellas caer, así que invitar a un actor italiano famoso y enfermo era lo que más se llevaba. Alessandro y Nicole habían acudido a esa prestigiosa comida que se celebraba en famoso hotel Ambasciatori Palace, dejándonos la casa para nosotras solas. Siguiendo la tradición de un caluroso día de primavera en California, Sarah, Laura y yo hicimos lo mismo pero en la gran piscina de la mansión Conrad en Italia.

-No soy capaz de soportar tanto ritmo de vida - murmuró Laura sarcástica -. ¿Pensamos pasarnos todo el día aquí torradas al Sol?
-¿Quieres que repitamos tu famosa frase de: "no voy a volver a subir en metro nunca más? - le preguntó Sarah sonriente.

Laura rompió a reír. A pesar de que nuestras casas contaban con una pequeña terraza a la parte de detrás con piscina, era genial poder experimentar alguna vez, aunque fuese una vez en la vida, aquella sensación de poder. Alguien llamó al timbre y rápidamente, Sarah miró su reloj. Todavía eran las tres y media de la tarde, era imposible que su padre estuviese ya allí. Se levantó de la hamaca y rápidamente corrió a abrir la puerta. Chace estaba al otro lado de la puerta, y eso le sorprendió más que encontrarse a su padre.

-¿Qué haces aquí? - le preguntó Sarah confundida.
-No quería volver a California enfadado contigo - le dijo con calma -. ¿Puedo pasar?
-Sí - Sarah se apartó de la puerta -. Pero entra en mi habitación, Laura y Lidya están tomando el Sol en la terraza.

Conocía el camino hasta su habitación, así que Chace cruzó la cocina y entró en la habitación seguido por Sarah. Cerró la puerta detrás de ella y se giró para mirar a Chace, que se había quedado de pie en mitad de la habitación.

-No quería haberte hablado así - le dijo Chace con calma -. Estaba muy nervioso, y muchas veces no soy consciente de lo que hago hasta que pasan algunas horas.
-¿Eso es una disculpa? - le preguntó Sarah confundida.
-Sí.
-Vale, pero podrías habérmelo dicho en California, no creo que tarde en volver, y así no habrías tirado un billete de avión a la basura.
-¿También vas a decirme ahora lo que tengo que hacer? - le preguntó frunciendo el ceño.
-No, no, lo siento, me sale sin querer. Puedes hacer lo que quieras siempre que quieras.
-Vale - Chace asintió con calma -. También quería hablarte sobre lo de William. No quiero que sientas pena o algo parecido por mi, si William te gusta adelante, no pienso meterme por medio. Le prefieres a él y a mi me parece estupendo. Sé perder, en estos casi quince años que nos separan lo he hecho muchas veces, soy un buen perdedor.

Agachó la cabeza para sonreír con timidez. ¿Aquello era lo que esperaba que Chace le dijese? Se sentó en la cama y Chace la imitó, sentándose a su lado.

-Ojalá las cosas hubieran sucedido de otra forma - le confesó Sarah con sinceridad -. Estoy segura de que eres el novio más maravilloso que podría tener en toda mi vida, pero las cosas no siempre salen como uno quiere. No nos conocimos en un buen momento, y no voy a recalcar la diferencia de edad. Tu ya has vivido todo lo que tenías que vivir y no vas a poder ofrecérmelo. Quiero ser una adolescente normal con un nuevo de mi edad, vivir cosas nuevas a su lado, no quiero ser un parón en todo tu camino.
-No me importa - Chace se encogió de hombros -. Volvería a revivir cosas aunque perdiese el tiempo si sé que es por algo bueno, por estar contigo.

Sarah sonrió de nuevo de forma tímida, intentando disimular que el corazón parecía que se le iba a salir por la boca. Era una romántica empedernida, y no podía resistirse a semejantes ojos azules que parecían decir aquello con total sinceridad. Le colocó los dedos sobre sus labios, paseándolos por su labio inferior hasta que Chace los besó. Así fue como todo lo que llevaban retenido explotó. En un ataque de calor repentino, Sarah le quitó la camiseta y Chace se tumbó boca arriba en la cama y la arrastró cogida de las caderas mientras Sarah le besaba lentamente. Parecía que había esperado mucho para aquel momento, y no iba a desperdiciarlo con las prisas. Chace besaba cada centímetro de su boca, desde el labio inferior hasta la barbilla, mientras Sarah intentaba deshacer nerviosa el nudo que ataba la parte de arriba de su bikini. Porque ya se sabía, lo que pasa en Roma...

*

En la terraza se vivía una situación menos pasional pero no menos tórrida. Entre los casi 30º que sufría la ciudad eterna y los detalles de la anatomía de Jon que me ofrecía Laura, en cualquier momento el agua de la piscina iba a entrar en ebullición.

-¿Qué crees que debería hacer? - volvió a preguntarme Laura -. Es que es tan guapo, tiene una voz tan sexy, es tan alto, tan grande...
-Vale, sí, entiendo el concepto - le interrumpí riendo.
-Por otro lado esta Matt, que ayer me dejó una tarjeta como te conté y no sé que hacer. Me gustan un montón los dos pero, ¿qué pasa con Robert, y que pasa con Chad?
-¿Chad? - le pregunté confundida -. ¿Como ha entrado Chad en esta conversación?
-Tu ya me entiendes - me dijo Laura aguantando una sonrisa -. ¿Qué debo hacer, Lidya?
-¿Saltar de alegría? - le dije sonriente -. Yo pagaría porque Jon, o Matt o quien quiera me tocara una teta.
-Yo puedo tocarte una teta cuando quieras - me dijo arrugando la nariz.
-Tienes las manos demasiado femeninas como para dar el pego - le dije riendo.
-Puedo dejar de hacerme la manicura si tengo una buena recompensa - me dijo levantando las cejas -. No sé que debo hacer.
-Haz lo que tu quieras - le animé -. Tienes dieciocho años, eres jovencísima y guapísima, no te ates a nadie. Estamos en Italia y has conocido a dos chicos guapísimos, y franceses, si no lo haces es porque te has vuelto loca.
-¿Tu crees? - me preguntó nerviosa.
-No he estado más segura de nada en la vida.
-No, no, no - me interrumpió -, estás embarazada, tienes las hormonas alteradas, necesito una visión más romántica de esta situación, ¿dónde está Sarah?
-Se ha ido a abrir la puerta y no ha vuelto - conteste girándome.

Las dos nos levantamos de la hamaca dispuestas a enterarnos de qué había pasado. La puerta estaba cerrada, y no había ninguna pista sobre que Sarah se hubiese fugado. Nos acercamos hacia su habitación y Laura abrió la puerta.

-¿Sarah? - preguntó asomándose.

Sarah se giró rápidamente y Laura volvió a cerrar la puerta de una forma tan rápida que no tuve tiempo de ver apenas nada, y la puerta rebotó en mi cara curiosa. Me puse a gritar por el golpe, y de los nervios, Laura se unió a mis gritos. No entendía por qué gritaba, pero escuché a Sarah en el interior de la habitación, que también gritaba. Era esa clase de circulo vicioso, en el que gritabas porque otra persona lo estaba haciendo, y no entendías el motivo. Sarah no tardó en abrir la puerta mientras se ponía una camiseta enorme.

-Joder, Sarah - murmuró Laura nerviosa -. Años de terapia me va a costar borrarme esta imagen de la cabeza.
-Creo que me va a sangrar la nariz - le reproché levantando la cabeza.
-No sabía que ibais a entrar - le dijo Sarah nerviosa.
-Hombre, suponía que no te ponía ese rollo.
-¿De qué estás hablando? - le pregunté, agachando la cabeza de nuevo.

Muerto de vergüenza, Chace se asomó ligeramente desde el interior de la habitación de Sarah, y sentí como me quedaba blanca al verle. Iba sin camiseta, porque su camiseta azul la llevaba Sarah puesta. Chace salió de la habitación, cubriéndose la pelvis con las manos, posiblemente para intentar disimular lo poco disimulable sobre lo contento que estaba.

-Lo siento, chicas - se disculpó nervioso -. Sarah, ¿me devuelves la camiseta?

Sin pensárselo dos veces y sin sujetador, Sarah se quitó la camiseta rápidamente y se la lanzó a Chace con fuerza, y este la cogió al vuelo, se la puso de forma acelerada y salió de la casa de Alessandro. Sarah se cubrió la cara avergonzada y se sentó en el suelo.

-No me digáis nada - murmuró sin mirarnos -. No me miréis, estoy avergonzada.
-Vale - murmuró Laura en un suspiro -. Nunca había visto a Chace sin camiseta, y hayas hecho lo que hayas hecho, seguro que lo has hecho bien.

Sarah empezó a gritar gritos ahogados por las palmas de sus manos, y Laura y yo rompimos a reír. Las dos nos sentamos junto a Sarah y nos reíamos con tantas ganas que nos empezó a doler la tripa. Estaba claro que Laura no iba a encontrar su respuesta allí, ya que Sarah si que tenía las hormonas alteradas.

* * *

Cuando Laura empezó a salir con Robert y Chad y ella interpretaban a la perfección el papel de amigos íntimos, Chad le pidió la dirección de la "casa" de Robert por si en algún momento ocurría algo. Nunca ocurrió nada, pero ahora iba a hacer uso de aquella dirección. La muleta le ayudó bastante a la hora de apartar ramas, y después de tanto trabajo rezó para que no fuera en vano y Robert estuviera en casa. No tardó en verlo, tumbado en su cama, mientras leía un libro que de mucho prestigio sería llamarlo de "segunda mano". Cuando Robert levantó la vista y vio a Chad pensó que sería la última persona que pensaría encontrarse allí. Con calma, Chad se acercó hasta Robert.

-¿Sabes lo que significa persona non grata? - le preguntó Robert sin mirarlo.
-Laura se va a ir a vivir a Nueva York - le informó Chad en tono cortante.
-¿Qué? - Robert apartó la vista del libro de inmediato -. ¿Qué estás diciendo?
-Uno de mis mejores amigos, el editor jefe de Runnway, le ha conseguido un trabajo de ángel de Victoria Secret al que Laura no podrá decir que no, y se tendrá que ir a vivir a Nueva York.
-No puede ser - Robert se levantó de la cama -. No, Laura no se va a ir a Nueva York por muy bueno que sea el trabajo. No va a dejar a sus amigas en California.
-Ya lo sé, conozco a Laura mejor que tú. El problema es que Sarah y Lidya están buscando universidad, y podrían irse a estudiar a Nueva York.
-Vale - Robert tragó saliva -. ¿Y qué es lo que tengo que hacer?
-Desaparecer es la mejor opción - murmuró Chad -. Puede que las amigas de Laura no le den ningún problema, pero Laura buscará nuestro apoyo. Si los dos le decimos que no nos parece buena idea quizá se lo piense varias veces.
-Vale - Robert agachó la cabeza -. No me gusta tener que hacer esto.
-A mi tampoco, pero es por una buena causa. Laura se quedará conmigo en California.
-¿Qué? - Robert rompió a reír -. Está claro que no te has enterado de la película. Dejanos en paz ya, joder, olvidate de ella y deja que viva su vida tranquila y conmigo. Fuiste un capricho, un grito de rebeldía. Nunca le has interesado ni nunca le interesarás, dudo que alguien como tú pueda interesar a alguien. Solo eres el chico guapo de Hollywood forrado de pasta que las tías utilizan para hacerse famosas. Te has tirado a media California, enamorando a todas y después pasaste de ellas, por eso tienes la fama de inmaduro e imbécil que tienes, pero luego te enamoras tú sin esperartelo, y esperas que ella, sabiendo que eres una especie de gigolo, pierda el culo por ti. ¡No tienes ni idea de lo que Laura siente por ti!

Quería ponerse a gritar o pegarle una paliza, pero no creía que ninguna de las dos opciones la veía buena. Iba a contenerse, o al menos eso era lo que quería intentar, pero de repente, algo le paró. Fue una especie de pinchazo, ¿un pitido? O algo parecido, en el oído. Se llevó los dedos rápidamente a la oreja, y sin saber por qué, los notó húmedos. Se alejó la mano y Robert se quedó blanco; llevaba los dedos manchados de sangre, el oído le estaba sangrando a chorros.

-Pero, ¿qué..? - murmuró Robert acercándose a él.

De repente calor, mucho calor, y dolor. La cabeza empezó a dolerle de un modo tan extraño que comenzó a asustarle, pero no tuvo demasiado tiempo para hacerlo. Su cuerpo se convirtió en un peso muerto, y cayó redondo al suelo. Robert se arrodilló a su lado.

-Eh, Chad - le llamó Robert mientras le golpeaba la cara con los dedos -. Pero, ¿qué te pasa, joder? Chad, no me jodas, despierta. ¿Me oyes? Chad...

Empezó a buscar de forma desesperada el teléfono móvil de Chad en los bolsillos de su cazadora de cuero para llamar a la ambulancia. En sus fantasías más frívolas había imaginado a Chad tendido en el suelo de su casa después de una brutal paliza, y nunca pensó que llamaría a la ambulancia para rescatarlo, pero aquella era una razón de peso. Chad tenía que vivir para que él pudiese matarlo.

* * *

Cuando le contamos a Sarah lo que queríamos contarle antes del "Coito Interruptus", no dudó en insistir en que Laura debía de llamar a Jon. Era un dos contra uno y Laura ya no tenía nada que hacer, era lo bueno de ser tres. Nos informó de que sus compañeros de piso se iban a una fiesta rave en la playa, a la que iba una ex novia suya que no tenía ningunas ganas de ver, así que nos invitó a su casa. No teníamos ni idea de lo que nos íbamos a encontrar, y de todas formas no nos asustó. Era un pequeño piso de estudiantes en el barrio de Testaccio, desordenado, con ropa interior y cajas de comida rápida por todas partes. Jon se disculpó como un millón de veces por el desorden, y a modo de disculpa, nos ofreció una botella de ron para cada una. Otro de los muchos detalles que tuvo Jon durante toda la noche es que quería que nos sintiéramos como en casa, por eso grabó un CD con distintas canciones que hablasen de Los Angeles, como L.A. Girls de Jupiter Rising, L.A. de Message of the Blues, Walinkg in L.A de Missing Persons y Beautiful in Los Angeles de Garrison Starr. Una hora después, ninguno sabía ya donde estaba.

-Debemos dar las gracias por lo que tenemos - nos aseguró Jon balbuceando -. A mi edad, mi madre cargaba con tres crios y un marido borracho.
-Tú solo tienes tres amigas borrachas - le dijo Sarahh riendo, levantándose del suelo.
-Vais a pillar mononucleosis del suelo - nos aseguró Laura, que era la que menos había bebido.
-Hablas como si viviera en una bacteria andante - le reprochó Jon riendo.
-¿Mañana tienes clase? - le preguntó Laura, cruzándose de brazos.
-Sí.
-Maldita la vida de los universitarios...
-Venga, Laura, bebe y disfruta. ¿Cuando podrás volver a Roma a emborracharte?
-No quiero beber - le reprochó Laura -. Además, he venido porque quería hablar contigo.
-Vale, habla, te escucho.
-No, pero aquí no, ¿no hay un lugar más... Íntimo?

Jon se levantó del sofá y Laura le imitó, mientras Sarah y yo nos reíamos tumbadas en la alfombra sin saber de qué. Jon guió a Laura por un pasillo oscuro y estrecho que les llevó a la cocina, iluminada simplemente por la luz que desprendía el salón. Jon se cruzó de brazos apoyándose en la nevera, y Laura se apoyó en la encimera.

-He estado pensando mucho en lo que pasó ayer... - comenzó Laura.
-No - le interrumpió Jon nervioso -. Ayer pasé uno de los peores momentos más vergonzosos de mi vida, Laura, y no quiero que le demos más vueltas. Hagamos como que no pasó.
-No, no es por eso - le tranquilizó Laura -. Verás, he pedido consejo, lo he consultado con la almohada, e igual que tu has preguntado, ¿cuando voy a volver a Roma? No quiero volver a California lamentándome de algo, y eso es lo que más me ata a no hacer algo.
-¿Qué quieres decir? - le preguntó confundido.
-No lo sé, quiero decir, Jon, eres increíble, no te lo digo por decir, lo que has hecho con las canciones ha sido fantástico, nos estas tratando genial, pero no sé que hacer. Por un lado, Sarah me dice que sí, debo guardarle un respeto a mi novio pero, ¿sabes? A estas alturas de la historia te puedo asegurar que no vale la pena, y Lidya me dice que soy joven y que tengo que disfrutar de la vida pero, ¿hasta que límite? ¿Vale la pena serle infiel a mi novio otra vez? Sé que volveré a California e igual no me arrepiento de no haber hecho nada pero sí de haberlo hecho, y yo no quiero que...

De repente, Jon le tapo la boca rápidamente, acercándose a ella en aquella penumbra.

-Cállate - le susurró Jon sin quitarle la mano de la boca, con un punto de agresividad que no hacía más que ponerla nerviosa -. Hablas y piensas demasiado. No disfrutas de la vida porque no haces más que pensar en las consecuencias y nunca te atreves a hacer nada que sobrepase tus límites. Laura, cállate de una vez y disfruta esto.

Le apartó la mano lentamente y mientras Laura seguía sin poder moverse en estado de shock, Jon se acercó un milímetro más hacia ella. Cada molécula, cada partícula, cada mota de materia entre ellos dos había comenzado a tiritar, y Laura era consciente de todo eso. Podía sentir sus firmes ojos sobre ella, podía sentir cómo se movían por su cuerpo y la miraban con un deseo desgarrador. Obsevaba cómo sus palabras abandonaban sus labios, cómo su lengua se paseaba por su labio inferior cuando terminaba su frase. La tensión era demasiado, él era demasiado, y Laura no podía soportarlo. Ella, la mujer que siempre tenía el control sobre todo se había esfumado, y su lugar ahora lo ocupaba una niña de doce años insegura y con miedo. Sabiendo que no tenía ya nada que hacer, Laura se rindió y cerró los ojos cuando notó el contacto de sus labios con los de Jon. En un ataque de pasión repentino, Jon la subió contra la encimera mientras sus manos se perdían entre las piernas, infinitamente largas de Laura. Mientras Laura hizo saltar todos los botones de la camisa roja de Jon en un estirón apasionado pensó que se arrepentiría, pero en plena faena de poco servía lamentarse.
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Lidya
Posted: Jun 3 2009, 08:31 PM


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VEINTISEIS.

california knows how to party, in the citay of l.a. in the citay of good old watts, in the citay, the city of compton, we keep it rockin, we keep it rockin!
California Love - 2Pac.

Desde hacía ya unos meses Hayden lo tenía clarísimo: las noches en los hospitales, por lo menos, tenían cinco horas más. Su hermano le había avisado de que Chad había vuelto a ingresar en urgencia, y había pasado allí la noche entera. Sobre las ocho de la mañana, cuando Rachel se despertó, se pasó por el hospital para ver a su futuro marido y cuando llegó, ver a Hayden en aquel largo pasillo y completamente solo hizo que su frío corazón se ablandara durante unos segundos. Ahora, a las once de la mañana, todo seguía sin novedad mientras que Rachel y Hayden, sentados en las incómodas sillas de plástico de la sala de esperaba y cogidos de la mano, rezaban porque todo esto acabara ya.

-No tienes que preocuparte - le animó Rachel con calma -. Tove ha dicho que se pondrá bien, y tu hermano es uno de los mejores médicos de California.
-No es el primer derrame cerebral que sufre - murmuró Hayden sin mirarla -. Si le pasa tan a menudo desde el accidente es que algo no está bien. Sé que es fuerte y que todo esto pasará pronto, y volverá a ser como antes, pero de un modo realista, desde hace muchos meses, temo por su vida.
-Chad no se va a morir - le aseguró Rachel apretándole la mano -. Durante toda su vida ha pasado por infinidad de cosas, no puede rendirse ahora.
-Estoy no se va a acabar nunca... - suspiró Hayden.

Hundió las manos en su corta cabellera y cerró los ojos. No había pegado ojo en toda la noche, y sentía que ya todo se movía más lento de lo habitual en aquella sala. Los hospitales le ponían nervioso, desde siempre. Nunca aceptó que su hermano mayor estudiase medicina, entendía la satisfacción que podría crear salvar una vida, pero no podría soportar ver morir a tanta gente. Escuchó como unos tacones se acercaban hacia ellos, y Rachel le movió la pierna, avisándole de la presencia de Blake.

-Siento llegar tan tarde - se disculpó Blake de manera acelerada -. Estaba trabajando y me he enterado de lo de Chad por la radio. ¿Cómo está?
-No te preocupes, Blake - le dijo Rachel -. De momento no se sabe nada. Le están haciendo muchas pruebas pero no sale nada malo, así que eso es una buena noticia. Desde el accidente de avión tiene unos hematomas en el cerebro y aveces le sangran, siempre por algún golpe o alguna reacción a algo...
-Entiendo - murmuró Blake, sentándose junto a Rachel -. No he avisado a nadie porque no sabía que hacer, pero pensé en llamar a Chace y contárselo.
-Si se lo cuentas volverá a California, y está trabajando en Italia - le dijo Hayden, todavía mirando al suelo -. Lo conozco y sé que dejará todo. Aquí no puede hacer nada, así que mejor que no sepa nada si no se pone esto más grave.
-Sí... - murmuró Rachel -. De todas formas, todavía no consigo entender que ha podido pasar para que a Chad le diera otro derrame cerebral. ¿Qué es lo que le pasaría por la cabeza?

Hayden se levantó de forma violenta de la silla. Todos los músculos de su cuerpo empezaban a engarrotarse de tanto esperar y la culpa, la culpa que Rachel tanto recalcaba, no hacía más que empeorar las cosas. Comenzó a caminar por un pasillo sin saber muy bien donde iba de forma acelerada. Necesitaba salir de allí, se estaba ahogando. Se encontró en mitad de una sala llena de sillas de plástico y totalmente desierta, así que pensó que sería buena idea quedarse allí un rato a solas. No pensaba sentarse de nuevo en una silla, su culo no podría soportarlo más tiempo, así que se apoyó contra una pared y se sentó en el suelo. Colocó sus brazos contra las rodillas y hundió la cabeza entre las piernas. Lo malo de pasar en un hospital tantas horas es que no puedes hacer nada más que pensar, y pensando pensando, Hayden llegó a la conclusión de que si Chad estaba así era por lo que le contó sobre Laura y Victoria Secret. Fue como un choque frontal, Hayden se lo soltó sin miramiento alguno. Y otra vez volvía la culpa. Él tenía la culpa de que esto no acabase nunca.

* * *

Roma amanecía con el mismo colorín que lo hacía cada día. La residencia Conrad se había despertado sin un habitante menos, y es que nadie tenía ni idea de donde estaba Laura, y su móvil había permanecido apagado toda la mañana. Alessandro se había ido al hospital y Nicole también, pero a trabajar, así que Sarah y yo disfrutamos de un almuerzo perfecto mientras veíamos "Sexo en Nueva York" doblado en italiano y sin entender nada, pero teníamos todos los capítulos tan vistos que era imposible no saber de qué estaban hablando. El timbre sonó y Sarah saltó del taburete de la mesa de la cocina para ir a abrir. Delante de ella, William, con un ramo de rosas rojas.

-Son para ti - le dijo sonriente mientras se las ofrecía.
-Ya imaginaba - murmuró Sarah riendo cogiéndolas -. ¿Qué haces aquí?
-¿Podemos hablar?
-Sí, claro.

Se apartó de la puerta y William entró sonriente. Cuando me vio su rostro cambió por completo, sus planes no habían salido como él deseaba. .Al verle, me terminé rápidamente el trozo de croissant que estaba merendando y salté del taburete, dirigiéndome con rapidez hacia la habitación de Sarah, donde me encerré para que hablasen con tranquilidad. William cruzó el salón y se sentó en el sofá, esperando que Sarah hiciera lo mismo.

-¿Qué te trae por aquí? - le preguntó Sarah incómoda, sentándose a su lado.
-Quería que hablásemos sobre lo que pasó la otra noche.
-Ah, entiendo. Mira, William, íbamos muy borrachos y lo que pasó pasó, no quiero que te sientas presionado para hacer algo que no...
-No, no, no es por eso - la interrumpió William -. Todo lo que te dije en Piazza Spagna no fue por efecto del alcohol ni nada, te lo dije porque lo sentía y lo siento. Te echo mucho de menos, Sarah, fui un imbécil, Santa Monica me volvió loco.
-Sí, en Santa Monica siempre pasa - murmuró Sarah sonriente.
-Para mi siempre fuiste inalcanzable en mi terreno, y cuando fui a California a estudiar y vi a toda la gente con la que te relacionabas vi que no tenía nada que hacer contra ellos, estaba en tu terreno y no tenía nada que hacer.
-Pero yo quería estar contigo - le reprochó Sarah -. Toda esa gente por la que tu te sientes tan amenazado es gente que veo todos los días desde que entré al colegio. No tienes que sentirte amenazado, tu tienes algo que ellos no tienen.
-Ah, ¿sí? ¿El qué?
-Yo a ti no te he visto en plena pubertad - le dijo Sarah sonriente.
-Eso hubiera sido terrible - murmuró William riendo -. En serio, Sarah, les veía tan perfectos, como en las películas, que estaba fuera de lugar. No hacía más que pensar que no tenía nada que hacer contigo, eras demasiado para mi. Después de mucho tiempo sin estar contigo me he dado cuenta de que me da igual, no voy a perder el tiempo hundido en mis complejos dejándote escapar. Hemos nacido para estar juntos.
-Eso da ganas de vomitar de lo cursi que es - le dijo Sarah riendo -. Pero eso no quiere decir que no tengas mucha razón.
-Te quiero, Sarah.
-Y yo también a ti.

William arrugó la nariz y Sarah se acercó a él para besarle. Su inclinación le recordó a la misma que hizo con Chace, hacía menos de veinticuatro horas, y no pudo evitar sentirse ruin y miserable, así que agarró fuerte a William de los hombros y lo empujó hacia el sofá para sentarse encima de él. Cuanto más fuerte y rápido le besara, más tiempo se mantendría entretenida y antes se iría la culpa. O al menos, ese era el plan.

*

La que tampoco tenía la conciencia totalmente libre era Laura. Siempre se ha dicho que las chicas americanas cometemos todo tipo de pecados, y una adolescente de California no iba a ser menos. En aquel momento se encontraba entre las sábanas de seda del hotel +, en el que Matt se hospedaba durante su estancia en Italia. Le había llamado de buena mañana, ya que quería que eso no le llevase mucho tiempo, pero con unas cosas u otras, aquello se alargó practicamente hasta el medio día. Mientras Laura escuchaba el ruido del agua caer mientras Matt se duchaba en el baño, repasaba mentalmente todo lo ocurrido. Era imposible olvidar aquellos brazos fuertes estrujándola contra su cuerpo, las enormes manos que le agarraban de las caderas, los apasionados besos y el ardiente aliento de Matt. Era guapísimo, un cantante con éxito y experiencia con las chicas, y eso era lo único que Laura quería de él. Las cosas con Robert no iban bien desde hace tiempo, y puestos a cagarla mejor cagarla a lo grande. Laura escuchó como el agua dejaba de caer, y no tardó en salir Matt del baño, completamente desnudo, y se volvió a tumbar junto a ella.

-¿Vas a ducharte? - le preguntó Matt mientras le besaba detrás de la oreja.
-No - Laura intentó reprimir un suspiro -. Me ducharé más tarde en casa de Alessandro.
-Pero yo quiero que te duches aquí, así podrás estar más tiempo.

Laura le sonrió y volvió a sentarse encima de Matt, colocando las manos detrás de sus perforadas orejas. Le dio un beso fugaz y continuó masajeándole el hueco de las orejas.

-Voy a tener que irme enseguida - le informó Laura -. No he avisado a nadie de que iba a salir, y mis amigas estarán preocupadas.
-Estáis en Roma, nena, aquí nadie se preocupa por nada. No quiero que te vayas.
-Ni yo quiero que insistas tanto en que me quede - le dijo Laura arrugando la nariz -. Me ha gustado verte, pero lo bueno si es breve...
-¿Breve? - le preguntó Matt confundido -. ¿Quieres decir... que se te ha hecho corto?
-No, no, no, claro que no, eres todo un machote - le tranquilizó Laura nerviosa, antes de que aquello se convirtiese en una crisis -, pero llevo aquí como dos horas.
-A mi también me ha gustado verte - continuó Matt -. Eres la chica americana más guapa que conozco.
-Eso se lo dirás a todas - le reprochó Laura riendo.
-Sí, tienes razón, pero a ti te lo digo totalmente enserio.

Volvió a sonreír. Era fácil hablar y estar con Matt, ambos compartían su amor por Francia, por la música con letras pegadizas y por el cuerpo musculado de Matt. Laura volvió a inclinarse para besarle, esta vez en un beso largo y apasionado, y Matt no dudó en volverla a estrechar con su cuerpo. Mientras sus manos le recorrían todo el cuerpo, Laura pensó que no estaría mal quedarse un rato más. Lo bueno si es breve...

* * *

Las horas pasaban y nadie hacía ni decía nada. En el hospital de Beverly Hills, Rachel, Blake y Hayden continuaban sin hablar, sin dirigirse la palabra entre ellos y esperando que aquella larga y dura agonía terminase pronto. Rachel y Blake habían comentado algo entre ellas para pasar el tiempo, pero Hayden no había abierto la boca en horas. En California comenzaba a caer la noche, y veinticuatro horas después, Chad seguía en el mismo estado.

-Voy a ir a la cafetería a por comida - les informó Blake -. ¿Queréis que os traiga algo?
-Quiero un sandwich de lo que sea, estoy muerta de hambre - murmuró Rachel, girándose para mirar a Hayden -. ¿Hayden, quieres algo de la cafetería?
-No - contestó sin mirarla. Su voz sonó débil y apagada.
-No has comido nada desde ayer... - le dijo Rachel preocupada.
-Tengo el estómago cerrado.

Se volvió a girar hacia Blake, que frunció los labios y se dirigió a la cafetería para darles un poco de intimidad. Cuando desapareció, Rachel se giró completamente hacia Hayden, y undió la mano en su pelo, masajeándole la cabeza.

-Come algo - le pidió Rachel -. Te vas a desmayar en cualquier momento.
-No te preocupes - le dijo sin mirarla -. Luego morderé tu sandwich.
-Vale... - Rachel suspiró -. Hayden, quiero que estés tranquilo, Chad se va a poner bien. No es la primera vez que le pasa, y siempre es un susto, pero nunca pasa nada grave. Ya nos dijo tu hermano que le pasaría de forma frecuente hasta que se le drenaran los hematomas.
-Ya lo sé - murmuró Hayden -, pero esto acaba con cualquiera, quita las ganas de todo cuando le pasa algo así. No se merece vivir así.
-Ya lo sé... Chad es un chico muy fuerte, esto para él está tirado.

Rachel le sonrió, intentando parecer convincente, y Hayden se giró para mirarla. Ella no tenía la culpa de nada, y no debía pagarlo con ella, así que le devolvió la sonrisa. Rachel se acercó para besarle, y Hayden también le devolvió el beso. Era el primer beso en mucho tiempo, y era muy triste que tuviera que ocurrir algo así para que pudiesen intimar. De la habitación donde estaba ingresado Chad salió Tove con una carpeta en las manos. Al verle, Hayden y Rachel se levantaron de inmediato y corrieron hacia él.

-¿Como está? - le preguntó Rachel de forma acelerada.
-Está igual que hace unas horas - les informó Tove desanimado -. No ha mejorado pero tampoco ha empeorado. Estamos intentando por todos los medios drenarle los hematomas que tiene en el cerebro, provocados por algún golpe muy fuerte que se dio en la cabeza en el accidente de avión, pero lo rechaza todo. Sigue en un coma muy profundo, sin empeorar ni mejorar, esta como en estado vegetativo.
-¿Y cuanto tiempo puede pasar así? - le preguntó Hayden tragando saliva.
-La clases de personas que tienen un coma así no suelen durar así mucho tiempo, pero bueno, hay excepciones. Lo malo de estos comas es que durante ellos no pasa absolutamente nada, solo tienes que esperar a que se despierte. Unos tardan más que otros, pero al final todos se despiertan. Puede durar dos días, semanas, meses, años, o incluso toda la vida, solo hay que esperar.

Tove se disculpó con la mirada y se alejó por el pasillo, mientras todos los músculos del cuerpo de Hayden seguían engarrotados en estado de shock. No podía moverse, ni hablar, ni gritar, ni respirar. Nerviosa, Rachel se colocó enfrente de él.

-Tienes que llamar a Chace - le pidió Rachel -. Ahora sí tiene que saberlo.

Sin decirle nada, Hayden se alejó lentamente arrastrando los pies hasta la sala continua, que estaba desierta. Sacó su Blakberry del bolsillo del pantalón, y todavía con las manos temblorosas, marcó el prefijo italiano para llamar a Chace.

-¿Sí? - contestó la voz de Chace, que sonó infinitamente lejana.
-Hola Chace, soy Hayden - le dijo, con la voz que seguía apagada -. ¿Estás ocupado?
-No, que va, estoy en el hotel. Ya he acabado mi trabajo aquí y pronto volveré.
-Ah, genial - Hayden tragó saliva -. Oye, te llamaba para decirte algo. Estoy en el hospital con Rachel y Blake. Ayer por la tarde a Chad le volvió a dar un derrame cerebral.
-¿Como dices?
-Está en coma, y bueno, puede ser un coma largo, es un coma muy profundo. He pensado que debías saberlo por si quieres volver ya.
-Sí, claro - Chace sonaba asustado -. Ahora llamaré al aeropuerto para reservar un billete.
-Vale... - Hayden respiró hondo -. ¿Vas a decírselo a Laura?
-Sí, tiene que saberlo, y se va a enterar tarde o temprano.
-Sí, está bien. Bueno, aquí no se puede hablar por teléfono, así que avisame cuando vayas a venir para ir a recogerte.
-Vale, te llamaré mañana.

Chace colgó el teléfono y abrió rápidamente el armario para volver a sacar de nuevo toda la ropa y volverla a meter en la maleta, mientras que con la mano que le quedaba libre iba llamando al aeropuerto de Roma, no podía estar más tiempo allí.

*

Arrastrando los pies por la acera, Adam volvía a casa después de un largo día. Se había puesto a trabajar por las tardes en una tienda de comics, intentando así tener un poco más de libertad económica, pero entre las clases y la tienda no tenía tiempo para hacer nada, y eso, en cierto modo, era bueno, ya que al no tener tiempo para estudiar, dormir, comer, hacer deporte y todo eso, tampoco lo tenía para pensar y darle vueltas a la cabeza. Con todo el mundo en Italia se sentía especialmente solo, y empezó a pensar en por qué nadie le había invitado a ir. Para distraerse y dejar de pensar, abrió el buzón de la entrada, que rebosaba de cartas. Cogió el montón con las dos manos y una de ellas se resbaló hasta caer al suelo. Con una mano, se agachó para cogerla, y se dio cuenta de que no era una carta, era una postal. Una postal del castillo de Sant'Angelo, en Roma. Dejó rápidamente el puñado de cartas sobre el buzón y no se dio cuenta de que la mayoría empezaban a caerse, ahora solo quería leer, leer y leer. Le echó un vistazo rápido a la foto y la giró ansioso.

"Querido Adam: te echo mucho, mucho, mucho de menos;
Lidya
".

El rostro de Adam lo invadió una enorme sonrisa. A pesar de los miles de kilómetros que nos separaban, ya no se sentía tan solo, Un mensaje claro y conciso, justo lo que necesitaba.

* * *

En Abril había llovido muy poco en Italia, así que las lluvias las descargaba ahora casi a principios de verano. Hacía un frío poco habitual, y la tormenta era terrorífica en lo alto de aquella colina. Parecía un augurio de lo que se avecinaba. Alessandro, Nicole, Sarah, Laura y yo veíamos "La Dolce Vitta" sentados en el salón. Ver a Anita Ekberg metida en la Fontana di Trevi, enamorada de Italia y de Roma hacía creer que aquí podía pasar cualquier cosa. Parecía una noche normal, en calma dentro de la residencia cuando sonó al timbre. Alessandro miró el reloj, aquí eran las doce y media de la noche, ¿quien podía presentarse allí a aquellas horas y con la que estaba cayendo fuera? Sarah se levantó del suelo confundida y se acercó a abrir la puerta bajo la mirada atenta de todos. Bajo su mirada sorprendida, Chace, totalmente empapado y tiritando de frío.

-Dios mio, Chace - murmuró Sarah dejándole pasar -. ¿Qué ha pasado?
-Chace - Alessandro se levantó del sofá y todos le imitamos -. ¿Pasa algo?
-No, nada, es que había mucho tráfico y he tenido que venir andando.
-Voy a sacarte unas toallas para que te seques - le dijo Nicole subiendo al piso de arriba.
-¿Qué pasa, Chace? - volvió a preguntarle Sarah nerviosa.
-Laura - Chace la buscó con la mirada -. ¿Podemos hablar un momento a solas?

Laura se giró al lado para mirarme, pero se encontró con la misma mirada confundida que teníamos todos. No entendía nada, y el hecho de que Chace fuera a buscarla en plena noche bajo la lluvia no le daba buena espina. Nicole le ofreció unas toallas de color beige a Chace y Alessandro les guió hasta la habitación de Sarah, que era la más cercana, en la que entraron Laura y Chace, que cerró detrás de él.

-¿Qué habrá pasado? - me preguntó Sarah incómoda.
-No lo sé - le contesté preocupada -. Pero debe ser algo grave, Chace no se habría presentado aquí tan tarde por cualquier tonteria.

En el interior de la habitación, Chace se sentó en la cama de Sarah y Laura, temblando por los nervios y no de frío, se sentó frente a él.

-¿Qué pasa, Chace? - le preguntó Laura nerviosa.
-Hayden me ha llamado hace un momento - le dijo Chace, y Laura cerró los ojos temiendose lo peor -. Por lo visto Chad ha vuelto a tener un derrame cerebral y está ingresado en el hospital. Su cuerpo está rechazando todos los injertos para drenar los hematomas y anoche estaba inconsciente y esta tarde ha vuelvo a caer en un coma muy profundo como hace meses. Lo siento mucho, Laura.

Laura continuaba con los ojos cerrados sin mirarle, pero Chace pudo ver como las lágrimas le resbalaban por la cara sin control alguno. Aquello fue peor que un dedo en el ojo, un pellizco en el muslo, una patada en la espinilla... Era lo peor que podría pasar y más.

-Mientras venía he llamado al aeropuerto para reservar un billete de avión - continuó Chace -. El primer vuelo sale mañana a medio día, así que me volveré a California.
-Yo me iré contigo - murmuró Laura con la voz apagada, todavía con los ojos cerrados.
-Lo suponía, así que ya había reservado dos billetes - Chace suspiró -. No quiero que te preocupes, Chad ya ha pasado por esto antes y ha podido con ello, no va a pasar nada.
-En lo que va de año ha entrado dos veces en coma - le dijo Laura abriendo los ojos, rojísimos de contener las lágrimas -. Le he visto pasar por cosas que no había visto pasar a nadie. No puedes decirme que no va a pasar nada porque ya esta pasando.
-Lo sé, y quiero que estés tranquila. Chad no puede verte así.
-¿Crees que algún día despertará para poder verme?

Chace agachó la cabeza. Había oído aquello de que no debías dar falsas esperanzas, ni tampoco tirarles por el suelo, pero en aquel momento no sabía que decir, así que pensó en que la mejor opción sería callar, pero el que calla otorga, así que Laura rompió a llorar sin consuelo. Chace se inclinó hacia ella para abrazarla, y Laura se aferró a su espalda y lloró sobre su hombro, mientras Chace también se desahogaba. Aquello no era un bache, ni un alto en el camino. Se había perdido todo lo recorrido, habían vuelto al principio y ahora tocaba volver a empezar de nuevo.
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Lidya
Posted: Jun 4 2009, 02:58 PM


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VEINTISIETE.

i love my sex and the city girl.
Sex and the City Girl - 151.

No había pegado ojo en toda la noche. La noticia que Chace nos traía como paloma mensajera nos había caído a todos encima con un jarro de agua helada, especialmente a Laura, que no había salido de su habitación en toda la noche. Todos habíamos entrado de uno en uno durante toda la noche para ofrecerle cualquier cosa que pudiera ayudarla y animarla, pero no había aceptado nada. A la mañana siguiente, y con solo varias horas de sueño, Sarah volvió a entrar en la habitación que Laura habitaba para darse cuenta de que no estaba. Había salido de buena mañana, alrededor de las siete. Como una de las chicas de la élite de California que era, sabía que los Sábados se preparaban grandes desayunos en los restaurantes de prestigio, así que no dudó en pasarse por Rivadestra. Tenía claro que hoy abandonaría Roma, y no tenía ni idea de cuando iba a volver, solo quería despedirse de una persona. Había pensado en llamar a Matt para avisarle, pero los dos sabían que aquello solo quedó en una noche, y que no hacía ninguna falta, pero Laura sí tenía necesidad de despedirse de alguien. Entró en el restaurante Rivadestra y buscó rápidamente a Jon con la mirada. No tardó en verlo, vestido con su habitual traje de chaqueta para trabajar, recogiendo los restos de un desayuno en una de las mesas. Se acercó a su espalda y le llamó, dándole unos golpecitos en el hombro.

-Vaya, hoy si que has madrugado - murmuró Jon sorprendido -. ¿Qué te trae por aquí? ¿Qué quieres desayunar? Va a ser complicado que te consiga una mesa ya.
-En realidad venía a despedirme - la voz de Laura sonó apagada y sin fuerza, algo poco habitual para quien conocía su tono de voz.
-¿Despedirte? - le preguntó Jon confundido -. ¿Te vas ya? Creía que te ibas a quedar mucho más tiempo, no me dijiste una fecha de vuelta.
-Lo sé, pero las cosas en California se han complicado un poco. Un amigo mio está ingresado en el hospital y tengo que volver de manera urgente.
-Claro, entiendo... - murmuró Jon desilusionado -. No sé que decirte, la verdad es que no esperaba que te fueras ya. No he tenido tiempo para ensayar nuestra despedida.
-No te preocupes - Laura esbozó una tímida sonrisa -. Volveremos a vernos seguro. Cuando te pases por Los Angeles quiero que me busques hasta encontrarme.
-Creo que volverás tú a Roma antes de que yo vaya a Los Angeles - admitió Jon sonriente -. De todos modos, si algún día me pasó por allí, ese será mi único objetivo.
-Genial - Laura entrelazó sus dedos entre los dedos de Jon -. Quiero que sepas que me ha encantado conocerte. Eres un chico maravilloso y que ojalá las cosas no hubieran sucedido así. El único motivo que me ataba aquí eras tu.
-Eres increíble, Laura - admitió Jon -. Si viviera en Los Angeles habría hecho ya mucho tiempo que habría hecho cualquier cosa por conseguirte, cualquier cosa.

Laura volvió a sonreír, y Jon se inclinó para besarle apasionadamente en los labios. Ningún beso era nunca de despedida, pero aquel tenía toda la pinta. Le entristecía pensar en la posibilidad de no volver a ver nunca más a Jon, pero así sucedían las cosas. Nunca nada pasaba como uno deseaba, por mucho empeño que pusiera.

*

La residencia Conrad también era un hervidero de emociones. Sarah y yo hacíamos la maleta de forma acelerada, y cuando Sarah le contó a William lo ocurrido, también decidió volverse a California. Nicole y Alessandro nos ayudaron a meter las cosas en la maleta, ya que nuestro avión salía en apenas dos horas, y todavía no habíamos hecho practicamente nada. Chace ya estaba en el aeropuerto, alargando así dos billetes en primera clase para convertirlo en cinco. Laura regresó no muy tarde, pero ella ya tenía lista la maleta. Media hora después y las maletas hechas, Alessandro nos ayudó a meterlas en el maletero de un taxi. Antes de meternos, William, Laura y yo nos despedimos de Alessandro y Nicole, dándole las gracias por todo, y dejando a Sarah un poco de intimidad para despedirse.

-Ha sido corta la estancia, pero me lo he pasado bien - le dijo Sarah a su padre sonriente -. ¿Cuando vas a volver a California? Todavía no me he ido y ya te echo de menos.
-No creo que vuelva, amore - le informó Alessandro incómodo.
-¿Como que no? - le preguntó Sarah confundida.
-Soy un italiano enfermo, quiero morir en Italia. Aquí nací y crecí, y sabes que odio California. Ahora solo quiero descansar con mi mujer y disfrutar el tiempo que quede.
-Pero papá, no puedes hacer eso - le reprochó Sarah nerviosa -. No puedes dejarme sola en California, no puedes, tienes que volver, tengo que verte.
-Tranquila, Sarah, claro que volverás a verme - le calmó Alessandro -, solo que no en California. Quiero que vengas a Roma siempre que puedas.
-Esto no puede estar pasando - Sarah se cubrió nerviosa la cara -. No puedes decirme que me quede en California esperando la llamada de Nicole diciendo que has muerto, papá, no puedes decirme que esta es la última vez que voy a verte.
-Amore, esta no es la última vez que vas a verme - continuó Alessandro con calma -. Que quiera morir aquí no quiere decir eso. Quiero que vuelvas a California, que vivas tu vida, que estés con tu madre por muy poco que te guste, y disfrutes de la vida, es que increíblemente preciosa. No la desperdicies lamentando algo que tarde o temprano va a pasar.

Sarah intentó contener las lágrimas, No quería llorar delante de su padre, aquello era aceptar que él estaba enfermo, y eso no conseguiría más que ponerle nervioso. Le dio un eterno abrazo y un millón de besos y se metió en la parte de detrás del taxi, con nosotras, y el taxi comenzó a alejarse de camino al aeropuerto. Cuando ya estaba lo suficientemente lejos y Sarah tenía la total certeza de que no estaba siendo observada por un Conrad, rompió a llorar sin consuelo. Laura y yo le abrazamos como pudimos en aquella estrecha parte de detrás, y también William, sentado en el asiento delantero, puso un poco de su parte.

*

Casi rozando el límite de tiempo recomendado para facturar, William, Laura, Sarah y yo llegamos al aeropuerto Fiumicino en Roma. Como bien nos había asegurado, Chace estaba allí, esperándonos con los billetes. Una vez facturadas las maletas, nos dirigimos hacia la sala de espera VIP, hasta que saliera el avión. De un modo disimulado, Laura y yo nos sentamos junto a Chace, dejando a Sarah con William en otro banco.

-¿Se sabe algo nuevo de Chad? - le pregunté a Chace nerviosa.
-No - murmuró Chace desanimado -. Esta mañana hablé con Hayden desde el hotel y me dijo que todo seguía igual. Eso es bueno a la par de malo.
-Entiendo... - murmuré incómoda -. Bueno, pronto podremos verle y estoy convencida de que todo saldrá bien. Chad sobrevivió a un accidente de avión en el que murieron cientos de personas, va a sobrevivir a un desmayo.

No quise continuar hablando, ya que Laura estaba en un completo silencio mientras miraba el suelo de manera melancólica. Sin embargo, Chace si me dedicó una sonrisa para agradecer mi esfuerzo. Las azafatas anunciaron que ya podíamos entrar en el avión, y todos nos levantamos rápidamente de nuestros respectivos asientos.

Lovesick Mistake - Erin McCarley.
Cuando William se levantó de su asiento agarró con fuerza la mano de Sarah para guiarla hasta la cola de pasajeros. Intenté pensar en una forma de distraer a Chace, pero ya era demasiado tarde. Había visto aquel románico gesto, propio de una pareja, no de dos adolescentes que ya no están juntos. No podía negar que en algún momento de aquellos días había pensado en la posibilidad de que aquel fugaz revolcón con Sarah no iba a quedarse solo en ello, pero bajo su impotente mirada se daba cuenta de que si, solo iba a quedarse en aquello. Nos acercamos hacia William y Sarah para colocarnos detrás de ellos, y pude ver la fugaz mirada que se lanzaron Sarah y Chace. Ella intentaba pedir disculpas, mientras que Chace estaba totalmente decepcionado. No había nada que hacer para remediarlo, aquel iba a ser un viaje de dieciséis horas largo, cansado y desesperante, y más después de aquello. Había sido otro jarró de agua fría para Chace, pero aquello también era bueno a la par de malo: las desgracias todas a la vez mejor.

* * *

Unas horas después, en California, todo seguía igual. La ropa de Hayden estaba sudada y apestaba de llevarla tantas horas puesta, y es que, a lo tonto a lo tonto, no había salido de allí en dos días. Su hermano Jensen, como co-redactor de Runnway le había sustituído en los labores de la revista, y en su hora del almuerzo se acercó al hospital de Beverly Hills para ver a Chad. Cuando Chad se mudó a Los Angeles desde Nueva York y conoció a Chace y a Hayden, también conoció a los hermanos de ambos, pero hizo muy buenas migas con Jensen. Los dos tenían el mismo estilo de vida, la misma forma de pensar y de ver las cosas, y con el tiempo se hicieron inseparables. Después, Jensen se marchó a África para no volver, y Chad no supo más de él hasta hace casi un año. Como si de una reunión Christensen se tratara, Tove, Jensen y Hayden comían algo en la cafetería. Aquel bocadillo era lo primero que Hayden comía en cuarenta y ocho horas.

-¿Cuando llega Chace Italia? - le preguntó Jensen mientras comía.
-Pues teniendo en cuenta la diferencia horaria... - Hayden miró su reloj -. Dentro de unas tres horas estarán aquí. Iba a ir a buscarle, pero como todavía no tengo coche nuevo y el coche de Rachel es practicamente enano tenía que ir con él, pero Chace me avisó de que no se volvían solos Laura y él, también venía Lidya, Sarah y William, así que irá a buscarles Mike, el hermano de Chace, con su monovolumen.
-Genial - murmuró Tove tragando -. No me gusta tener que volver a Laura merodeando por aquí. La última vez, cuando la conocí, lo estaba pasando muy mal.
-¿Os habéis dado cuenta de que es la primera vez que pasamos un rato juntos desde hace años? - preguntó Jensen pensativo.
-Sí - murmuró Hayden pensativo -. Desde que murió Doug todos hemos estado muy ocupados. Tove con la dirección del hospital, yo con Runnway... Y tú donde quiera que estuvieras.
-Dí la verdad, Hayden, todos nos dedicamos a hacer oídos sordos para no enfrentarnos a lo que nos había pasado - le reprochó Jensen -. Si me largué de Los Angeles fue porque me negaba a ver como nuestra familia se separaba a una velocidad alarmante.
-Eso no es verdad - le reprochó Tove -. Me encanta mi trabajo y he trabajado mucho para conseguirlo. Si estoy aquí es porque me lo merezco, no porque haya intentado escapar o evitar a mi familia. Tengo lo que tengo por esforzarme.
-Ya claro, y Hayden trabaja en Runnway por sus estudios en la industria de la moda... - murmuró Jensen sarcástico.
-Bueno, ya está bien - les cortó Hayden nervioso -. Hablemos de otra cosa.

Doug era el cuarto componente de la descendencia Christensen. Murió hace apenas dos años en un accidente, y desde que ocurrió, nada volvió a ser lo mismo. Doug nació entre Tove y Hayden. Había sido el hermano pequeño de Tove al que enseñar, el hermano mayor de Hayden del que aprender, y para Jensen simplemente había sido un Dios. Desde entonces, la madre de Hayden, que no pudo soportar la muerte de un hijo tan inesperada, tenía un seguimiento psiquiátrico, que le impedía ver al resto de sus hijos todo lo que quisiera, y Marc Christensen, el cabeza de la familia, se había vuelvo más ambicioso y disfrutaba del poder que le otorgaba su empresa, convirtiéndose en una persona fría que presumía de su elenco de hijos varones. Hayden lo pasó muy mal desde la muerte de Doug, por eso tenía claro que no volvería a pasar por aquello, y menos para perder a un amigo que era como su hermano.

* * *

Nuestro avión aterrizó en Los Angeles a la hora que estaba previsto. Sin ningún imprevisto ni nada que lamentar, todos volvimos a casa. Todos nos habíamos llevado maletas como si nos hubiéramos ido a vivir a Italia, y después de pasar tan pocos días, ahora era cuando más lo lamentábamos. Nada más bajar del avión, Chace, como la persona importante que era, se pegó a su teléfono móvil, acordando dónde iba a esperarnos su hermano. Arrastrando la maleta con ruedas y la de mano como pude, salimos por la salida. Había un montón de gente esperando, pero sabía que nadie estaba esperándome.

You've Got the Love - Candi Station.
Laura me apretó la mano y me giré para mirarla. Miraba al frente emocionada, con una sonrisa de oreja a oreja, la primera que le veía en horas, y por supuesto, tuve que mirar de inmediato quien era el responsable de aquello. No sonreí al verle, no porque no me alegrase, en absoluto, pero me sorpresa fue tal que no pude expresar ningún sentimiento. Con las manos en los bolsillos y sonriente al vernos, Adam nos esperaba apartando de toda la multitud. No podía explicar lo que sentía, aquella explosión era inexplicable. Todos parecían contentísimos de verlo, ya que de una manera u otra, todos estábamos muy vinculados a él, pero Adam, de un modo más especial, estaba vinculado a mi, y aquella fue la razón por la que llevaba tantas horas esperando. Sarah me empujó con disimulo, y dejé las maletas donde estaban para acercarme a Adam, esta vez sonriente. Cuando ya estuvimos lo suficientemente cerca le abracé tan fuerte que no me extrañaría nada que el blando de Adam se partiese en dos en cualquier momento. Entonces, me besó. Solo habíamos pasado varios días separados, pero se habían hecho eternos. Siempre había tenido dudas sobre la relación que mantenía con Adam, pero en aquel momento no tenía ninguna, estaba loca y profundamente enamorada de él. Se alejó para poder verme bien.

-Vaya, si que ha crecido - murmuró asombrado, acariciándome la barriga.
-Sí - murmuré riendo -. No hace más que crecer, crecer y crecer. Pero bueno, te puedo asegurar que esta acompañado por decenas de gnocchis.
-Ya imagino - murmuró riendo -. Me alegro mucho de verte.
-Yo también a ti - le dije, acariciándole la barbilla.
-Que romántico - murmuró Sarah emocionada -. Parecéis un matrimonio.

Laura volvió a sonreír mientras los demás reían. No pasaba por un buen momento, pero me alegraba de poder animarla un poco. Adam cogió mi enorme maleta para arrastrarla y se echó la maleta de mano a la espalda, dejándome con Laura. Empezamos a salir del aeropuerto, y por fin, todo estuvo en su sitio.

* * *

Lo primero que hicimos, muy a pesar de Laura, fue dejar las maletas en casa y saludar a nuestros familiares. Lo que no permitió en absoluto fue que nos ducharamos y nos cambiáramos, así que, tal como íbamos después de un millón de horas de avión, todos nos dirigimos al hospital de Beverly Hills. William y Adam también nos acompañaron, ya que entre ellos también tenían muchas cosas que contarse. Cuando llegamos a la octava planta, donde estaba ingresado Chace, todos tuvimos que enfrentarnos, de un modo u otro, al pasado, apartando de un plumazo a esta nueva felicidad. En el pasillo estaban Rachel, Hayden, Jensen y Blake. Cuando Blake vio a Chace se tiró encima de él para abrazarle, después de tantos días sin verlo. Estaba muy feliz de su reconciliación con William, pero Sarah no podía evitar sentir un nudo en el estómago cuando veía a Chace y a Blake abrazarse y besarse de forma apasionada. Mi nudo en el estómago también crecía. Después de tantas mañanas viendo a Hayden y Rachel juntos, todavía no conseguía acostumbrarme a aquella romántica estampa. Tenía a Adam a mi lado, y eso hacía que me sintiera un poco segura. Todos saludamos a todos, y entre jaleo de reencuentros, Hayden me apartó de la multitud.

-Es increíble - murmuró impresionado -. Solo hace unos días que no te veo y juraría que tu barriga a crecido muchísimo.
-Sí - contesté incómoda -. Estoy como de dos meses, pero ya se nota un montón.
-¿Has pensado ya que vas a hacer? - me preguntó nervioso.
-Sí - contesté decidida -. Tengo un novio guapísimo que me quiere con locura, y por supuesto me va a ayudar con cualquier cosa que decida hacer. Todavía tengo que contárselo a mis tíos para decidirme, pero estoy casi segura de que lo voy a tener.
-¿Estás segura? Solo tienes dieciocho años, si tienes un hijo ahora aquí acaba todo, no vas a poder disfrutar de nada, vas a dejar de vivir para criar a un hijo.
-Eres muy cobarde ahora - le reproché -. Es muy fácil decir todo lo que dices, pero ambos tenemos la misma culpa de lo que está pasando, y eso tan bonito y profundo que piensas ya se te podía haber pasado por la cabeza mientras estabas en un callejón oscuro.

Hayden resopló y apartó la vista de mi. Era matemático, Hayden y yo no llevábamos ni cinco minutos en la misma habitación y ya estábamos discutiendo. En otras circunstancias aquello me habría hundido por completo, pero Adam me había alegrado el día.

*

Laura no se entretuvo en saludar a nadie, ya lo haría más tarde. Mientras todos hablaban sobre la estancia en Italia y el estado de salud de Chad, Laura pensó que aquello último prefería comprobarlo por ella misma. Entró en aquella oscura habitación y cerró la puerta con cuidado detrás de ella.

Halleluja - Jeff Buckley.
Chad seguía conectado a cientos de máquinas, que no hicieron más que recordarle a Laura por todo lo que ambos habían tenido que pasar en el pasado. A sus infinitas cicatrices se sumaba una nueva en el nacimiento del pelo sobre la frente, muy próxima a la que ya tenía desde el accidente. Suponía que cuando Chad llegó de urgencias los médicos no pensaron en buscar un lugar donde disimularla. No era la misma habitación en la que ya estuvo Chad, pero en aquel hospital todas las habitaciones eran iguales. Laura se fijó en la decenas de ramos de flores que habían sobre la mesa. No leyó todas las tarjetas, pero exceptuando una que era de Jensen, las demás eran todas de los clubs de fans de Chad. Suponía que la noticia de su nuevo ingreso ya habría llegado a todos los rincones del planeta. Cogió una de las sillas y la arrastró junto a la cama de Chad, donde se sentó a su lado y le cogió la mano.

-¿Por qué me haces esto, Chad? - le preguntó Laura en un susurró -. Creía que ya habíamos dejado atrás el tiempo que pasábamos encerrados en este hospital, suponía que ya te habrías cansado de él, pero no, eres capaz de que te de una locura para llevarme la contraria. ¿Cuando va a acabarse todo esto, Chad? Te quiero, joder, te quiero muchísimo pero esto me supera, me agota completamente. Necesito que salgamos de aquí y sigamos viviendo nuestra vida como antes. Estoy cansada, Chad, estoy muy cansada...

Mientras lo decía, Laura apoyó su cabeza en el colchón de la cama de Chad, y se ahogó en unas sábanas que olían solo a él. Los ojos se le cerraban después de tantas horas despierta, y ahora, que ya por fin estaba con él y le había dicho todo lo que tenía que decirle, todo el nerviosismo y tensión le desapareció de golpe, dejándole tan relajada que se quedó completamente dormida, cogida de su mano.
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Lidya
Posted: Jun 8 2009, 03:56 PM


ONE IN A MILLION GIRL


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VEINTIOCHO.

violence is an energy from here to eternity, violence is an energy, silence is the enemy, so gimme, gimme revolution. do you know the enemy?
Know Your Enemy - Green Day.

No podía creerme de cuanto valor me había armado. Mis tíos ya sabían que Hayden estaba temporalmente fuera de sus labores, y que mi nuevo jefe era su hermano, y que no podía llegar tarde porque con él no tenía tanta confianza como con Hayden, y ahora mismo se iban a enterar cuanta. Estuve durante toda la noche ensayando el discurso en silencio en mi habitación, y por muy bien preparado que estuviera, sabía que no iba a salir como deseaba. Antes de salir de mi habitación por la mañana, me puse la camiseta más ajustada que encontré en mi ropero. Sería mucho más fácil si ellos sacaban el tema en lugar de hacerlo yo. Durante el desayuno nadie dijo nada, no se percataron de mi incipiente barriga, que ya era difícil de ocultar. Tenía que hacerlo ya. Cuanto más tiempo pasaba más difícil sería luego, y tenía que aprovechar ahora que estaba animada, así que me bebí el resto del café de un trago y tomé aire.

-¿Esta falda me hace gorda? - les pregunté * sonriente, y todos me miraron.
-No sé - mi tío Johnny se encogió de hombros incómodo -. ¿Le hace gorda, Beth?
-No sé - Beth también se encogió de hombros incómoda.
-Te hace gordísima - me reprochó Willa.
-¡Willa! - le llamó la atención Caroline.
-Pero es que es verdad - se justificó -. Tienes como miles de faldas en el ropero, y para irte a una revista de moda te pones esa. Cualquiera diría que estás embarazada.

Ahí estaba, la ocasión perfecta para confesarlo. Aún así, no pude dejar de sentirme horrorizada en aquellas décimas de segundo al escucharlo de la propia boca de mi hermana, sonaba todavía peor.

-Lo estoy - murmuré riendo, como quien no quiere la cosa.
-Sí, claro - Willa soltó una sonora carcajada -. Lo decía de coña, no te hace tan gorda.
-Pero es que es así - me justifiqué nerviosa -. No sabía como decíroslo, y esta ha sido la oportunidad perfecta. Estoy embarazada.

Johnny miró a Beth, que a su vez miraba a Caroline, que a su vez me miraba con un espasmo en la cara. Parecía que en cualquier momento iban a explotar, y yo sentí unas incontrolables ganas de confesarles que era una broma, pero más tiempo era lo único que no necesitaba.

-Pero... - balbuceó Caroline -. ¿Cómo ha podido pasar?
-Caroline... - murmuró William riendo.
-¿Es de tu novio, de Adam? - me preguntó preocupada.
-No, no - le contesté asustada.
-¿¡Cómo que no!? - me gritó Beth.
-¿Eres la guarra del barrio? - me preguntó Johnny preocupado.
-Ay, sí, es decir, no, no lo sé - les dije apunto de echarme a llorar -. Me estáis poniendo muy nerviosa. No es de Adam, es de una persona con la que estuve antes.
-¡Pero esto es la mayor irresponsabilidad que has cometido nunca! - explotó Caroline -. No solo eres menor, si no que además no es ni de alguien con la que tengas relación ahora. ¿Has pensando en lo que va a pasar a partir de ahora?
-¡No lo sé! - le grité nerviosa -. Si os lo he contado es porque necesito vuestro apoyo, no vuestro permiso. Si quisiera podría volver a Italia y dar a luz allí, ya que allí sí soy mayor de edad. Estoy muerta de miedo y lo que menos necesito es una charla.
-¿Pero qué quieres que hagamos? - me reprochó Beth -. ¿Sueltas esto como una bomba y no quieres que te digamos nada? Nos vas a decir al menos quien es el padre.
-No, no lo sé - les dije incómoda -. No voy a deciros nada hasta que os calméis. Si os digo quien es Johnny irá y le partirá las piernas.
-¿Es Cam, el chico ese tan musculoso que era tu novio? - me preguntó Johnny con curiosidad -. Porque si es él no pienso ir a decirle nada.
-No, no es él - le aclaré -. Estoy muy nerviosa, ya os lo diré cuando llegue el momento, ahora tengo que irme.

Cogí mi bolso del suelo y salí practicamente corriendo de mi casa. No tenía ninguna prisa, todavía quedaba una hora para que abrieran la editorial Christensen, pero sentía que allí me estaba ahogando entre decenas de preguntas. ¿Qué iba a hacer? Solo se lo podría contar cuando lo averiguara.

* * *

A petición de su familia, Laura había vuelto a casa de madrugada. Había pasado días en Italia y cuando volvía a California era para encerrarse en un hospital, aquello era algo que Audrina no iba a permitir, así que, para no dejar a Chad solo, Chace pidió el día libre en el bufete de su padre para marcharse al hospital. Por supuesto, si no fuera por las múltiples maquinas que había conectada a Chad, él no dio señales de vida en las cinco horas que llevaba allí. Mientras leía el Los Angeles News de hoy, la puerta se abrió. Era Hayden, y con la mano le pidió que saliera. No dudó en hacerle caso.

-¿Piensas que si hablamos fuerte se va a despertar? - le preguntó Chace riendo, mientras cerraba la puerta detrás de él.
-¿Qué haces aquí? - le preguntó Hayden -. Deberías estar trabajando, ya he pedido una excedencia en la revista para estar aquí.
-Ya lo sé, pero yo también quería estar aquí - le reprochó Chace -. ¿Por qué estás tan nervioso? Te sienta mal no estar ocupado.
-No, no es por eso - Hayden se restregó la cara nervioso -. He hecho algo horrible.
-No me digas, has matado a Rachel y te la has comido - le dijo Chace sarcástico.
-No, mucho peor - le aseguró Hayden -. Tengo la culpa de que Chad esté aquí.
-Ya, claro...
-¿Quieres dejar el sarcasmo para otro momento? - le pidió Hayden nervioso -. Te estoy diciendo que Chad está otra vez en el hospital por mi culpa y esto me está matando.
-Eso no es verdad - le aseguró Chace.
-Que sí, Chace. Él otro día los diseñadores de la semana de la moda de Nueva York me enviaron las solicitudes para las modelos de Runnway...
-No sigas, Hayden - le pidió Chace sin mirarle.
-Y Victoria Secret me mandó una solicitud para Laura - continuó Hayden.
-Callate, Hayden, por favor - murmuró Chace conteniéndose.
-No sabía que hacer, era como si tuviera una bomba en las manos - continuó Hayden, haciendo caso omiso -. No quería que se enterase tarde y me echara la culpa, así que pensé que debía contárselo yo...
-Hayden...
-Pero se puso tan nervioso... No tenía ni idea de que fuera a pasar esto.

La paciencia de Chace tenía un límite infinito, pero aquello lo superó con creces. No era un hombre violento, en absoluto, pero el hospital, la falta de sueño y el calor hicieron que perdiera los nervios. Agarró a Hayden del cuello de la sudadera y lo empujó contra la pared con el puño en alto. Apretaba la mano en alto con tanta fuerza que los nudillos se volvieron translúcidos, y Hayden solo podía cerrar los ojos y esperar el fuerte golpe que iba a recibir, pero se estaba haciendo eterno. Igual que Hayden se arrepentía de sus actos, Chace sabía lo mucho que se iba a arrepentir después, así que, todavía lleno de rabia, soltó a Hayden con un empujón seco contra la pared.

-Lo siento - se disculpó Hayden nervioso -. Nunca imaginé que acabaría así.
-Largate - le pidió Chace -. Y sí, tú tienes la culpa de que Chad esté así.
-Pero Chace te lo he contado porque no podía más. Cuando mi hermano me llamó para decírmelo creía que me iba a dar algo.
-Largate - le repitió Chace enfadado -, y no vuelvas, yo cuidaré de Chad, tu ya has hecho bastante.

Chace volvió a entrar en la habitación y cerró la puerta detrás de él con un portazo, dejándole claro a Hayden que por lo menos, aquel día, allí no era bien recibido.

* * *

Había gente que tampoco era bien recibida y aquello no lo veía en absoluto un impedimento para aparecer cuando menos lo esperan. Hacía diez minutos que la alarma del instituto privado de Santa Monica había sonado, pero se había amontonado tanta gente a la salida que les fue imposible salir antes. Sarah y Laura salieron del instituto comentando los muchísimos examenes que tenían ahora por delante, y hubo alguien que llamó la atención de Sarah. Apoyado sobre una farola y de brazos cruzados, Tom, el chico con el que Sarah se dio cariño una noche, la esperaba con el ceño fruncido a causa del Sol.

-Pero, ¿qué hace aquí? - le preguntó Sarah a Laura nerviosa -. Si aparece William y me besa se va a liar. ¿Qué hago?
-Ves a saludarle - le contestó Laura -. Dale un par de largas y dile que tienes prisa, se irá por donde ha venido y si aparece William no tendremos nada que lamentar.

Sin tener demasiado clara la idea, Sarah se acercó a paso ligero hacia Tom mientras Laura le esperaba a lo lejos. Cuando la vio caminar hacia él, Tom se incorporó para acercarse a ella.

-¿Qué haces aquí? - le preguntó Sarah, sin ocultar que estaba molesta.
-Te estaba esperando - contestó Tom con calma -. Hace mucho que no te veía. He pasado varias veces por aquí y la gente decía que estabas en Italia. He seguido viniendo hasta saber cuando volvías, hasta hoy.
-¿Has estado viniendo todos los días? - le reprochó Sarah -. Perdona que te lo diga, pero me parece muy poco sano por tu parte. ¿Qué es lo que quieres?
-Quería verte - le dijo, acariciándole la mejilla -. ¿Por qué no me has llamado desde Italia?
-No - Sarah se apartó -. Oye, las cosas no son como antes. Tienes que dejar de esperarme en la puerta de mi casa, de esperarme a la salida del colegio. Solo nos enrollamos una noche y ya está. No tienes por qué seguirme de este modo, tú y yo no somos nada.
-Ah, ¿sí? - le preguntó Tom -. Pues siento decirte que voy a venir cuando me de la gana.

Tom se volvió a cruzar de brazos con expresión seria. Sarah nunca se había fijado en lo marcadas que tenía las facciones, o en lo dura y severa que podía resultar su voz. Tragó saliva e intentó volver a enfrentarse a él con calma.

-Quiero que dejes de acosarme - le reprochó Sarah, cruzándose de brazos.
-No - Tom no cambió de expresión en ningún momento -. ¿Lo dices porque ha pasado algo en Italia que deba saber? ¿Has vuelto con aquel novio italiano que tenías?
-Pero, ¿a ti que te importa? - le preguntó Sarah nerviosa -. Te estás volviendo un loco maniaco de los celos, y no tienes por qué ponerte así porque tú y yo no tenemos nada, nunca lo hemos tenido y si en tu cabeza alguna vez creíste que sí olvidado, sea lo que sea que tu creías que teníamos se ha acabado, esto se ha acabado.

Todavía con las rodillas temblorosas, Sarah se dio la vuelta para volver con Laura, pero no tardó en sentir algo frío sobre su muñeca. Tom la había agarrado del brazo para que no se fuera, y la sangre del brazo de Sarah había empezado a dejar de circular. Le apretaba con tanta fuerza que Sarah ni si quiera tuvo fuerzas para gritarle, estaba en estado de shock. Laura, que observaba la escena desde lejos, se dispuso a ir corriendo, pero alguien se le adelantó. Como salido de la nada, Yon apareció y empujó a Tom para que la soltara.

-¿Qué haces? - le preguntó Yon volviéndole a empujar -. ¿Te has vuelto loco?
-¿Y tú quien eres? - le preguntó Tom con desprecio.
-El que te va a partir la cara como no desaparezcas ya - le reprochó Yon.
-Yon, déjale - le pidió Sarah nerviosa -. Tom ya se iba.
-Sí, me voy - le reprochó -, y Sarah, tenlo en cuenta, esto no se ha acabado.

Tom volvió a lanzarle una mirada asesina a Yon antes de darse la vuelta y marcharse por donde había venido. Todavía con el corazón en la garganta, Sarah se miró el brazo y el antebrazo. Tom le había dejado los dedos marcados.

-Gracias por hacer que se fuera, Yon - le agradeció Laura -. ¿Dónde estabas? Ni si quiera te hemos visto llegar.
-Estaba apunto de irme - les dijo, mirando el brazo de Sarah -. Pero vi que Sarah estaba hablando con un tío que conocía y tenía curiosidad por saber de qué podía estar hablando con semejante imbécil así.
-¿Conoces a Tom? - le preguntó Sarah sorprendida.
-Sí - contestó Yon con calma -. La pregunta es si lo conoces tú.
-Lo conocí una noche en una fiesta - le explicó Sarah -, nos dimos unos cuantos besos y al día siguiente ya me trataba como si fuera su novia o algo parecido. Esta como loco, viene a buscarme al colegio, me espera a oscuras en la puerta de mi casa...
-Típico de los que son como él - murmuró Yon -. Les das la mano y te agarran todo el brazo. Están completamente locos, si no eres como ellos ya puedes correr, porque harán cualquier cosa para eliminarte.
-¿A qué te refieres a "gente como ellos"? - le preguntó Laura con curiosidad.
-Conocí a Tom por el hermano de Cam, que es uno de ellos - les explicó Yon -. No suelen venir por aquí, pero cuando lo hacen es para buscar problemas. Son seguidores de Hitler, nazis o skinheads, como queráis llamarles.
-¿Tom es un skinhead? - le preguntó Laura sorprendida -. ¿Pero esos no son alemanes?
-También los hay aquí, hay en todas partes - continuó Yon -. Odian a todos los que no son como ellos, y no en apariencia física, también en sus creencias y nacionalidades. Tengo entendido que por las noches salen y les pegan palizas a todos aquellos que no son americanos. Pero no tienes por qué preocuparte, Sarah, tú eres americana.

Sarah seguía sin poder hablar, mientras seguía acariciándose los dedos rojos que tenía marcados en su brazo izquierdo. No tenía miedo por ella misma, sabía que por mucho que Tom fuera un skinhead no quería hacerle año a ella, pero sí tenía miedo por alguien. Ahora Tom sabía que su novio era italiano, y estaba segura de que no iba a parar hasta encontrarle. Todavía no sabía como había podido meterse en semejante lío.

* * *

El único problema de haberme puesto la falda más ajustada y colorida de mi armario es que mi barriga era visible para todo el mundo. Lo bueno de la gente superficial de Runnway es que nadie pensaría en un posible embarazo, todo el mundo comentaría que me fui a Italia y con tanta pasta he vuelto con siete kilos más. Después de comer, la secretaria de Jensen me avisó de que su jefe me estaba esperando en el despacho de Hayden, así que apresuré el último trozo de un sandwich y subí corriendo antes de que tuviera algo que lamentar. Por la mañana ya había llegado tarde, ya que pensando en la discusión con mis tíos me había pasado la parada de autobús y había tenido que ir andando. Cuando entré al despacho de Hayden vi a Jensen sentado en su silla, y me senté frente a él, no encima de él, como solía hacer en los buenos tiempos con Hayden.

-Tara me ha dicho que me estabas buscando - le dije con calma.
-¿Estás embarazada? - me preguntó mirándome fijamente.

Aquella pregunta me dejó totalmente paralizada. Solo él podía darse cuenta de que mi barriga no era fruto de una ración extra de spaghetti. No sonreía, ni parecía enfadado, y con tanta incertidumbre no sabía que hacer. Tragué saliva e intenté respirar con calma.

-Sí - contesté nerviosa.
-Vaya... - murmuró Jensen pensativo -. En ese caso no puedes seguir haciendo las prácticas en Runnway, tendrás que pedir solicitud en otra revista.
-¿Qué? - le pregunté enfadada -. ¿Por qué?
-Runnway es una revista de moda, aquí lo único que importa es la imagen, el aspecto físico, y una adolescente embarazada da de todo menos una buena imagen. No quiero que pienses que soy el malo de la película, pero el mundo de la muda es así. Dudo que te acepten en cualquier otra revista, incluso que puedas entrar en la universidad de moda.
-Esto no puede estar pasando... - murmuré nerviosa -. Hayden no me había dicho nada de que no podía hacer las practicas así.
-Eso no me extraña... - murmuró Jensen.
-Pues muy bien, me voy - le anuncié, levantándome de la silla -. Pero quiero que sepas que la mayoría de los ayudantes aquí son mujeres, y que ellas también pueden quedarse embarazadas. ¿Vas a despedir a todo el mundo? De verdad que no sé en qué estabais pensando cuando decidisteis hacer esto.

Caminé de nuevo hacia la puerta con paso rápido y Jensen me agarró del brazo, aquello era más de lo que podía soportar en aquella situación.

-Sueltame - le reproché enfadada.
-¿Qué pasa, que aquí solo puede tocarte mi hermano? - me preguntó enfadado.
-¿Cómo dices? - le pregunté confundida.
-¿Te crees que soy tonto, Lidya? ¿Crees que acaso no sé que con la chica que le está siendo infiel mi hermano a Rachel es contigo, como que también el hijo que esperas es mi futuro sobrino? - me preguntó como una metralleta, y sus preguntas tenían el mismo efecto en mi que las balas -. En la industria de la moda tienes muy poco que hacer, te has metido por el camino equivocado. ¿Sabes que Rachel da clases de patronaje en FIDM? ¿Qué piensas hacer cuando una de tus profesoras se entere de que has arruinado su matrimonio?
-Yo no he arruinado nada, eso ya estaba arruinado de antes - le reproché.
-Sí, esa es la típica excusa que pone siempre "la otra" - agregó con media sonrisa -. Olvidate, conozco a mi hermano, y no vas por el buen camino. Se inteligente y salva al menos una de tus dos opciones. Olvidate de Hayden, ya que no tienes nada que hacer con él, e intenta empezar de cero de nuevo en la moda.
-Sueltame - volví a reprocharle enfadada, tirando del brazo.

Cuando por fin conseguí que Jensen me soltase salí corriendo del despacho y me metí en el baño más cercano. Lo había pasado peor que por la mañana, y estaba tan nerviosa que tenía ganas de vomitar. Me lavé la cara y me senté en la taza de un váter, con las rodillas pegadas al pecho. Saqué del bolsillo de mi falda dos calmantes, lo único que podía calmarme en aquel momento, y me los tragué sin pensármelo dos veces.

* * *

El hermano de Hayden, Tove, le había recomendado a Chace que se fuera ya a casa, ya que, por lo menos hoy, Chad no iba a despertar. Lo malo de aquello, de hablar solo con una persona que sabes que no te va a contestar y te puedes permitir el lujo de dudar si te está escuchando o no, es que puedes hablar de tantas cosas que al final acabas con la cabeza en otro sitio. Chace le había contado a Chad su discusión con Hayden, y le había pedido mil veces que si realmente compartía la culpa, que le mandase una señal divina o algo, desde donde quiera que estuviese, pero no ocurrió nada, así que, tras la culpa, Chace eso lo interpretó como un no. También tuvo tiempo de pensar en las consecuencias de los actos, en el por qué hacemos las cosas mal y en lugar de mejorarlas las contamos, librándonos de la carga. ¿Hayden pretendía obtener algún tipo de perdón, o simplemente tenía que confesar sus actos para librarse de la carga de conciencia? La opción más lógica era la segunda, como también sabía que él tenía cargos de conciencia. Entró a su apartamento con calma y se encontró a Blake en el sofá viendo la televisión.

-No sabía que ibas a llegar tan pronto - le dijo Blake, apagando el televisor.
-No, ni yo - Chace se sentó a su lado y Blake le besó -. Tove me ha dicho que me podía ir ya a casa, que allí poco iba a hacer.
-Tiene razón - le aseguró Blake.
-Y he discutido con Hayden - añadió -. He estado apunto de pegarle un puñetazo.
-¿Qué? - le preguntó Blake sorprendida -. ¿Por qué?
-Eso es lo de menos - murmuró Chace -. El problema es que me ha confesado un error y yo he reaccionado de la peor forma posible. Luego cuando se ha ido he tenido tiempo de pensar y bueno, me he dado cuenta de que te tengo que contar algo.
-¿Qué pasa? - le preguntó incómoda.
-En Italia pasó algo de lo que no me siento orgulloso, pero tampoco puedo decir que intenté evitar que pasara, ya que no desaproveché la ocasión. Estuve apunto de acostarme con Sarah y si hubiera ocurrido no sé que pensaría ahora. No pretendo que me perdones ni nada, solo te lo cuento porque te quiero y te mereces a alguien mejor que yo, que no haga esto y que solo aproveche las oportunidades de acostarse contigo.

La cara de Blake era todo un poema. Chace no sabía si iba a gritar, si iba a llorar, si iba a pegarle... No tenía ni la más remota idea. Todavía en estado de shock y sin decir nada, Blake se levantó del sofá y arrastró los pies hasta el baño, donde Chace pudo escuchar que cerraba con pestillo. Al igual que Hayden, Chace tendría que asumir las consecuencias, que por lo que se intuían, no iban a ser buenas.
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