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La lluvia arreciaba, cada gota transparente se derramaba por su rostro como una lagrima, humedecía su cabello y las delgadas prendas se le adherían al cuerpo. Su semblante no indicaba tristeza, felicidad o preocupación, estaba en completo olvido sin apartar la mirada a la furia del mar y sus ojos negros marcados por la sed, le pedían sangre más no de animal… sino humana.
Lo había hecho, había matado a un hombre, el aroma se filtro por su nariz que la hizo estremecer de dolor, de deseo, de desesperación por beber y sentir en sus labios caer el liquido caliente, el sabor que satisfacía sus sentidos; pero si es que su alma perdida se encontraba vagante en algún sitio del infierno en que se tornaba para ella el mundo por manchar sus manos de muerte, era justo salvarla aun que fuese una mínima parte.
Si caía sobre esas rocas afiladas en la profundidad del agua turbia tal vez moriría… tal vez… lograría borrar la escena de su mente atormentada.
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