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Sus pisadas iban con total coordinación sobre el pavimento, uno tras otro a una velocidad impresionante para ser una mujer de su raza transformada en una creatura enigmática, no tenía ninguna razón para correr, sencillamente sentir el fresco viento a unos minutos antes de ver el sol salir entre las montañas le era apetecible en ese instante.
El ruido de las aves comenzaba, los animales despertaban y parecían compartir el mismo entusiasmo que ella… en espera de un amanecer.
Fue descendiendo su velocidad hasta detenerse justamente en plena carretera, su olfato se agudizaba, alguien la estaba siguiendo y no era la primera vez.
Aine solamente emitió un ligero gruñido, en espera de que aquel que continuaba oculto se mostrara.
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