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Desperté sudando, agitado. Me incorporé de inmediato y me senté en la cama, cubierta de la vista del resto. Miró al hora en el reloj de su velador para comprobar que no era tan tarde. Como siempre, se había acostado temprano. Al día siguiente le esperaba un intenso día de estudio, por lo que no era muy amigo de estar en la sala común hasta altas horas. El resto de sus compañeros dormían, como comprobó al salir levantarse de su cama. Se lavó la cara en el baño, intentando reconstruir el sueño que acababa de tener. A decir verdad, no recordaba mucho. Creía que tenía algo que ver con sus padres o con el colegio, o acaso con su tía. Definitivamente no podía recordarlo.
Agradeció salir del baño porque sus pies, descalzos, comenzaban a enfriarse demasiado. Llevaba puesto un pijama de seda color azul eléctrico, algo sofisticado y ridículo para lo que usualmente vestían los Hufflepuff, pero con los años tanto él como sus compañeros se habían acostumbrado y ya no era más víctima de chistes, un poco también por el deterioramiento de las relaciones al interior de su casa que habían sucedido también con el pasar de los años.
Se quedó sentado unos minutos en el borde de la cama, sin lograr ni recordar su sueño ni encontrar alguna pizca de sueño para volver a dormir. Un libro al calor de la chimenea seguro le devolvería el cansancio a los ojos y lo obligaría a volver a la cama. Tomó la novela que leía normalmente antes de dormir (un grueso tomo recubierto de cuero que había sacado de la biblioteca de algún familiar hacía años) y se encaminó escaleras abajo.
Sin embargo, al descender a la sala común se encontró con que no estaba solo. Allí en el piso, junto a la chimenea, había alguien que no logró reconocer tanto por la oscuridad como porque no llevaba los lentes, que le permitían ver desde lejos. Tocó el bolsillo de la parte superior de su pijama, pero, obviamente, sus lentes no estaban allí. Decidió que le daba igual. Dio un paso hacia esa persona y habló.
-Hola, ¿quién eres? -dijo en un tono lo suficientemente fuerte para que lo oyera, pero lo suficientemente suave como para no despertar a nadie -. Tampoco puedo dormir.
Finalmente llegó, caminando lento para no tropezarse con nada, hasta el lugar en el que estaba la persona que lo acompañaba en la oscuridad relativa de la sala común. Cuando llegó a su lado, ya sentado a un par de metros, se percató de que se trataba de una chica, Birdie Brownstein. Jamás había tenido demasiada relación con ella y, luego de darse cuenta de que seguía descalzo, en pijama y sin sus lentes, se sintió profundamente ridículo.
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