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Yo no era de andar saltándome horarios ni metiendo las narices donde no debía, por lo general. Aunque bueno, había habido ya excepciones en mi vida y solían tratarse de tareas extra cuando me ponía en rabiosa competencia con alguien y prefería perder horas de sueño, arriesgar puntos de mi casa y toparme con fantasmas molestos con tal de ganar. ¿Qué no era eso señal de los que quedan en Slytherin?
Bueno, seguro que un Slytherin sabría cómo salirse con la suya sin arriesgar tanto, ahí estaba el meollo de la astucia. Y a quién engañaba, el sombrero me había enviado a Ravenclaw tan rápidamente como a todos mis hermanos, o al menos todos los que habían ya sido sorteados. Para cuando Rebecca entrara al colegio seguramente el sombrero estaría harto de tantos Walton.
Ah, el caso era que me estaba saltando la cena para investigar, de manera práctica, si los métodos de Adivinación con cristales realmente funcionaban mejor cuando la luna menguante estaba en el cielo. Por que hasta el momento todos habían hecho su práctica a cualquier hora (si la habían hecho) sin investigar los sensibles detalles que todo acto adivinatorio conlleva. Así que con unas piedritas verdes y un libro sacado de la biblioteca, me escabullí por la puerta del baño de Myrtle esperando que ese día no estuviera de mal humor. Yo la verdad no tenía el don de irritarla, por lo general le daba igual si me veía por ahí haciendo ñoñerías y con algo de suerte me sacaba la lengua y se iba.
Limpié un poco una sección del polvoriento empedrado y me senté, extendiendo un trozo cuadrado de terciopelo azul sobre el cuál poner el material. La adivinación también era cosa de cuidado y aunque la intuición fuese la clave de un resultado acertado, la preparación también requería disciplina. No sólo en las pociones había que ser quisquilloso.
La verdad, ignoré por completo el rechinido de puerta que escuché por que en ese baño abandonado todo el tiempo se oían ruidos raros y si quería probar mis teorías para un ensayo de excelencia tenía que concentrarme en los cristales y no en lo que fuera que estuviera haciendo ruido a mi alrededor.
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Kristján sabía que con las nuevas reglas, saltarse la cena si no tenías buenas excusas que tuvieran que ver con las clases, como curiosamente las tenía Pandora, era un deporte extremo que muchas veces no valía la pena jugar. No quería que por una tontería el semigigante que se encargaba de la disciplina terminara aplastándole la cabeza en vez de morir como héroe pero tenía tantas cosas en la cabeza últimamente que necesitaba despejarse con una buena línea de coca cuando menos. Una vez que se hubiera dado valor con eso, iría hasta el comedor y cenaría con el resto de los de su casa en relativa paz o al menos con más ánimos, si le entraba algo de comida.
Se detuvo en el baño de Myrtle la llorona para llevar a cabo ahí su plan maestro. Generalmente no le hacía caso a la fantasma cuando se ponía a llorar y ella ya había aprendido a ignorarlo al ver que no llamaba su atención así que podía hacer las cosas en paz ahí. Se encerró en un cubículo y preparó todo su arsenal para poder meterse por lo menos una rápida justo cuando escuchó pasos que le indicaron que no estaba solo.
Sus ansias pudieron más que todo y esperó que no fuera nada grave o nadie indeseable, encomendándose a todos los dioses que conocía para que nadie lo cachara mientras se drogaba por necesidad. Lo hizo rápido antes de quitar con la mano lo que había tirado estúpidamente con las prisas, guardarse su billete y el sobrante que no estaba para desperdiciarse de nuevo en el bolsillo y asomarse con cautela reconociendo los chinos oscuros de Bambi.
-¿Qué haces aquí, Venado? Espero que tengas una buena excusa para que ningún profesor purista te rompa la cabeza por no estar encerrada en el comedor a la hora de la cena-Se frotó la nariz con discreción antes de acercarse a ella y meter la mano en su tupido cabello como le gustaba hacer desde que habían adquirido confianza. Le acarició la nuca fraternalmente, cosa de todos los días y luego se dejó caer por ahí, en cualquier lado que no estuviera mojado y donde pudiera verla de frente.
No sabía que la estaba distrayendo de su concentración con los dichosos cristales justo como ella no quería. Miró el trapo azul que había extendido y lo quitó de su lugar para observarlo mejor, de cerca, desacomodando todo.-¿Dónde conseguiste este trapo? ¿Qué estás haciendo? ¿Rituales prohibidos?-La droga, iba haciendo su pronto efecto gradualmente y podía sentirlo, pero estaba tranquilo todavía. Al menos así, se le olvidaban todos los problemas momentáneamente, siempre era el camino más fácil y no tenía porqué cambiarlo.
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Yo pensé que nadie se arriesgaba, menos por una calificación, pero sí, resultaba que no estaba sola y lo único que deseé fue no interrumpir a alguna pareja que no pudiera más o algo así. Voltée con un poco de desconfianza aunque mi mirada se dulcificó en cuanto reconocí la cabeza rapada de Kristján, un chico de mi casa al que curiosamente consideraba mi amigo. Curiosamente por que cualquiera pensaría que éramos muy incompatibles, y la verdad era que sí, teníamos pocas cosas en común al menos respecto a nuestras costumbres. Intuí que si estaba en el baño de Myrtle no era por estar haciendo más tarea de la cuenta.
Encogí los hombros incontrolablemente cuando metía la mano a mi cabello y me reía como niña, igual que siempre que lo hacía pues me daban cosquillas. También manotée un poco como para que dejara de hacerlo aunque era sólo mi reacción de siempre. Hija de una peluquera y con esas ansias cuando me tocaban el cabello, algo irónico. Le saqué la lengua luego de que me llamara como a veces y algo me dijo que seguramente no iba a poder comprobar ninguna teoría adivinatoria, al menos que me ayudara.
-Ya, es que hoy por la mañana decidí que iba a convertirme en una rebelde
Abrí mi libro en la página que tenía apartada con una florecita seca mientras negaba con la cabeza cuando Kristján jugaba con mi "trapo". Se lo quité de las manos medio jugando y noté que él estaba algo achispado, aunque no podía decir exactamente que lo notora raro, sólo un poco distinto y no era la primera vez que lo veía así, como extrañamente optimista, o lleno de energía, o de seguridad... o todas juntas.
-Es un hechizo de amor para Remus Lupin, déjame en paz Y decidí en ese instante que sí, que me iba a ayudar a terminar mi tarea. No estaba arriesgándome a terminar en un calabozo por nada. -Estoy probando unas teorías sobre la adivinación con cristales ¿Y sabes qué? Me vas a ayudar. Extiende tus manos.
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No le creía nada a Pandora-Bambi eso de que se iba a convertir en una rebelde, pero Kristján pensaba que de todos modos no era el tipo de chica que necesitara de esos recursos para ser simpática, bonita y agradable. Al islandés le caía bien tal y cómo era, le daba igual si de repente quería ponerse botas hasta los muslos y raparse la cabeza como él, de todos modos se iba a quedar con esos ojotes grandes.
Ya le iba a decir que Remus Lupin era un marica de los más grandes tipo Dave Rayder cuando ella empezó a utilizar algo muy parecido a la voz de mando. Si la ayudaba con su tarea y los descubrían, al menos podría decir que era tarea de los dos y él salirse al paso sin un rasguño ni un regaño y los dioses sabían que siempre era responsable y todo mundo le creía que hiciera sus tareas aunque no tuviera pinta de estudioso ravenclaw como otros compañeros.
El único fallo estaba en que no era un estudiante asiduo de adivinación porque aunque no era un escéptico indomable que no creía en nada de la materia, tampoco la consideraba importante ni creía que al menos a él, le fuera a servir de algo aunque había estado cerca de gente que se la tomaba muy enserio como la mismísima Pandora, o la novia hippie de Emilian y hasta su hermana Lára en sus cartas siempre le preguntaba por cosas respecto a las artes adivinatorias, tenían un magnetismo especial, pero para él inútil.
Como fuera, el islandés no se le iba a negar, creyente devoto de las artes adivinatorias o no. Se volvió a acomodar como si antes se hubiera sentado sobre gusanos y puso cara muy seria como si fueran a tratar con cosas peligrosas antes de extender las palmas de sus manos, una estaba muy sucia porque un segundo antes la había estampado en el suelo al acomodarse y se le habían hasta pegado unas basuritas.-Jaja...perdón-Se la limpió en el pantalón y volvió a extenderlas obediente.
-¿Me vas a adivinar si voy a seguir vivo la semana que entra? O mejor...ya sé, ya sé, adivíname si le vamos a ganar a Slytherin la final de quidditch o...o...si me voy a convertir en jugador profesional o la identidad del Escuchón, vamos, algo importante.
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Consideraba a Kristján mi amigo, pero no sabía de su falta de credibilidad respecto a las artes adivinatorias sencillamente por que casi nunca hablábamos de preferencias académicas, algo curioso por que era algo de lo que yo siempre hablaba con mis amigos. Bueno, para empezar, él no era de mis amigos más comunes por un montón de razones pero eso me gustaba. Y no iba a negarlo, me encantaba ser amiga del capitán del equipo para hacerme la importante con su club secreto de fans en tercer año, y darle palmaditas en la espalda como si fuera mi hermano de sangre sintiéndome una celebridad. Así de ridícula podía ser a veces.
Lo vi acomodarse y disculparse por su mano llena de polvo, lo que me hizo pensar que las mías tampoco debían estar muy limpias pues la condición de abandono de ese baño hacía que uno instantáneamente sintiera que necesitaba una ducha, o al menos un poco de colonia. Yo siempre usaba lavanda inglesa, del enorme frasco que mis padres habían comprado para su vejez o algo así por que jamás se terminaba y era lo que usábamos todos después del baño. Me había acostumbrado a ella y a ese olor, de todos modos no podía pagar ningún otro perfume caro y cuando había intentado hacerme el mío en clase de pociones, todos me preguntaban cosas como "¿Hueles algo... como ensalada de repollo?"
Tenía qué empezar a concentrarme si quería que mis intentos por ser la mejor en clase de verdad funcionaran. Miré las manos de Kristján con atención guardando en mi mente la lista de datos intrascendentes por la que todo adivinador debía empezar sus trabajos. Manos de jugador de quidditch, lo notaba por que algunos callos siempre se notaban en ciertas partes de la mano por la manera de agarrar la escoba... no así las manos de pocionista, o las de herbólogo. Entorné la mirada y traté de ocultar mi incomodidad por la ligereza con la que hablaba de cosas graves, pero finalmente no pude aguantarme.
-No digas esas cosas Y sabía a qué venía mi regaño, idéntico al modo en que hablaba a mis hermanos menores a los que seguro me había visto reprender en la sala común. No quería ni imaginar que acaso pudiera morir, o pudiera pasarle algo, y la sensación me duró un rato hasta que dejé de mirarlo a los ojos para volver a lo de la adivinación. Sonreí un poco para que no pensara que estaba enojada.
-Si quieres también te adivino el próximo campeón de la Liga de Quidditch, para ganar la quiniela y fugarnos a las Islas Caimán. ¡Cállate ya! No dejas que me concentre cerré los ojos, respiré profundamente y puse mis palmas encima de las suyas con una de las piedras verdes entre nuestras manos, guardando en mi mente todo lo que había observado en sus manos y teniendo en mente la supuesta revelación que las piedras harían. Volví a respirar profundamente y después en un movimiento rápido, hice que las piedritas cayeran sobre la tela bajo nuestras manos. Claro, abrí los ojos, sonreí y me apresuré a buscar en el libro qué significaba su disposición... esperando que Kristján se soltara ya a reír por la seriedad que le había puesto al asunto.
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El islandés no se permitió darse cuenta de que Pandora se había enojado o se había incomodado por la ligereza con la que había hablado de la muerte. Él prefería hacer de todo una broma en lugar de tomárselo todo tan a pecho, dejar que el miedo se desplazara para dejarle más espacio a un sentido del humor que, aunque agrio y a veces incómodo, le ayudaba a manejar las cosas mejor que cualquier solemnidad. -ya, no te preocupes, no planeo dejar que me maten por ahorita.-No ayudaba echándole más leña al fuego pero cuando Pandora le sonrió, le apretó la mejilla como retribución.
Quería ponerse serio para ayudarla pero verla a ella ponerse seria en esas cosas complementado con la droga, se lo ponía muy difícil también. Peor fue porque se creyó durante un segundo que sí le iba a adivinar lo de la liga de quidditch y puso casa de ilusión pero cuando se dio cuenta de que estaba bromeando no puedo aguantar una risotada por ser iluso.-Ya, pero dime qué me vas a adivinar, algo útil que me haga ganar dinero-
Intentó callarse pero cada vez más necesitaba moverse de ahí y cambiar de espacio y le costaba mucho seguirle el hilo a Pandora con la seriedad. Muchas veces se aguantó la risa y parecía un loco apretando la boca, en especial cuando cerró los ojos y cuando le miró las manos con atención y con cada respiración profunda que llevaba a cabo como si fuera una verdadera profesional que se tomaba las cosas muy a pecho y poco le faltaba para ponerse anteojos de señora loca y alborotarse más el cabello, solamente hacía falta el olor a plantas exóticas en el baño para que Pandora terminara por parecerle una adivina de carpa. Sin insulto.
-¿Ya? ¿Ya? ¿qué ves en mis manos? ¿qué dicen las piedras? ¿Esas piedras tienen valor en el mercado negro?-Habló apresurado, con el acento muy marcado y los ojos muy vivos puestos en las piedras y luego en los ojos grandes de la chica Venado. Después se disculpó con la vista por estarle arruinando su ritual y se volvió a poner muy serio para tomarse eso con consciencia y ser considerado, no le iba a arruinar a Pandora sus esfuerzos.
-Más vale que te pongan una calificación muy alta por esto. ¿Es un método efectivo o es experimental?-Si tan solo pudiera callarse, seguramente le iría mucho mejor a Pandora en su intento por sacar buena nota.
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Claro que noté que Kristján estaba dispuesto a todo menos a una solemne sesión de adivinación, pero para efectos de mi teoría daba mucho igual por que los pocos segundos en los que había logrado mantenerse callado me habían sido suficientes para que las piedras cayeran sobre el terciopelo y tuviera algo que leer. Me reí cuando mencionaba algo sobre el precio de los cuarzos que la verdad no eran nada caros y venían en un paquete junto con granos para la Alectromancia y cosas extrañas de oferta en Flourish & Blotts.
-Si te dan un sickle date por bien servido ¡Cállate ya! Estoy interpretando tu futuro, algo de seriedad por favor le pedí con falsa seriedad mirándolo con ojos reprobatorios antes de, de verdad, concentrarme y mirar la posición de las piedras para relacionarlas con algo dentro del glosario de figuras adivinatorias. Una de las posiciones parecía ser similar a un trébol, lo que me daba buena espina, pero mirando más arriba me di cuenta que estaba equivocada.
Fruncí el ceño cuando leía todo lo respectivo a una de las figuras que claramente había caído de la mano derecha de Kristján y hasta lo miré un poco extrañada, no creyendo que me hubiera equivocado sino que no pudiera él ser capaz de meterse en esa clase de problemas
-¿Líos legales? pregunté todavía con cara de duda y me concentré en el significado. No había vuelta de hoja, lo que las piedras me decían era que el islandés tenía complicaciones con autoridades de cualquier tipo, y no me dejaba de parecer raro... acaso que se portara mal en una clase, o en el quidditch... de cualquier modo, no tenía mucho sentido para mi.
Lo que era verdad era que al fin había visto una figura clara en las piedra, o sea que había probado mi teoría, o sea, que mi ensayo sería el mejor de la clase o al menos estaría entre los cinco mejores. Le sonreí como diciéndole que se olvidara del asunto y aparté un poco las piedras para romper la predicción. Eso de los líos legales seguía dejándome una sensación rara de estar en lo cierto pero no saber por qué y preferí hacerle creer que no sabía lo que hacía.
-¿Qué te pasa hoy, por qué no te callas? ¿Le pusiste poción de la elocuencia a tu té o algo así? Si ya estábamos ahí, no iba a desaprovechar el desacato para echar una charla con un amigo. Además Myrtle estaba distraída y parecía darle lo mismo si alguien estaba en su baño, mejor que mejor para nosotros por cierto.
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Se quedó pensando que a él no le iba a servir de nada un sickle y así se mantuvo callado pensando en las pocas cosas para las que era útil tener un sickle en este mundo capitalista mientras Pandora llevaba a cabo sus rituales mágicos que le ayudarían a leerle el futuro cotejando los resultados con lo que estaba en su libro. Empezó a verla con curiosidad como si le pudiera leer la mente y adivinar antes lo que le iba a decir. Tal vez que sería una superestrella del quidditch, pero lo que le dijo tenía que ver con líos legales ¿qué líos legales? No tenía ninguno.
-Vas a reprobar, Venado, no tengo líos legales ni veo por dónde los pueda tener.-Solo que los Hammond lo demandaran por los anillos que le había robado al cadáver de Silverbell en el momento más raro de carroña que había tenido en su vida pero de eso a veces ya ni él se acordaba, el dinero se le había ido como agua. Tal vez eran líos legales en su casa y eso lo preocupó. Tendría que escribirle a su madre cuanto antes para asegurarle que todo estaba bien....
¿Qué estaba pensando? Eran solamente piedras, las probabilidades de que Pandora estuviera acertando no le parecían demasiada. Estaba comportándose como un idiota. Se volvió a reír de forma estruendosa por todo lo que había llegado a su mente sin razón.
Pero Pandora ya parecía satisfecha con lo que había logrado y él le devolvió al sonrisa, que se ensanchó con sus preguntas. Pues no le iba a enseñar lo que sobraba de la bolsita de coca, sabía que no era igual estar con ella que con Barunka o con Rebecca a las que no les importaría compartir un poco pero no iba a corromper el alma de Pandora y tampoco sabía qué reacción podría tener si se lo decía con tanta ligereza y prefería no arriesgarse a que se enojara de verdad.
-Pociones de la elocuencia y amanecí de buenas.-Nada más lejos de la realidad pero mentirle era la mejor opción por el momento, por el contrario, había amanecido tan mal que por eso había necesitado empujones extra. Recargó la espalda en el lavabo circular que había detrás de él y tomó una de las piedras esperando no estarla contaminando o algo raro, para observarla de cerca.
-¿Vas a volver a intentar entrar al equipo de quidditch antes de la final? Necesitaré suplentes, siempre alguien se lesiona a la mera hora.
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-¡Yo qué sé! Tal vez tengas deudas en Gringotts o algo así Le dije entre risas aunque me indigné de manera teatral cuando me decía que iba a reprobar ¡Yo jamás reprobaba! Como si no me conociera de nada... lo miré como si hubiera insultado mis creencias y mi apellido sin saber que barajaba posibilidades, aunque fueran remotas, de acaso tener algún problema con la ley. Kristján me seguía pareciendo en un estado más raro de lo normal pero decidí no hacer preguntas por que, bueno, tampoco era tan inocente y sabía que muchos gustaban de alterar su conciencia ya fuera por diversión o por buscar estabilidad. A veces me daban ganas de hacerlo con algo más que infusiones de la agudez mental y demás preparados inocentes que tenía a mi alcance.
Le sonreí sin reprochar que mintiera (casi estaba segura que lo hacía) por que me gustó creer la segunda parte o al menos creer que en ese instante estaba de buenas. No era cualquier cosa ya mantener el humor en el mundo en el que vivíamos y eso me entristecía demasiado pero poco había por hacer en ese momento. Temía, y mucho, que llegara el momento en que de verdad tuviera que hacer una declaración sobre las cosas en las que creía y lo que defendía, por que tenía miedo.
-Y no me van a reprobar, hago esto por puntos extra, soy un as de la adivinación. Ya verás que mañana te llegarán los citatorios y te acordarás de mi claro que estaba bromeando, no quería ni de chiste que tuviera problema alguno y prefería mil veces equivocarme en una predicción que esperar que fuera cierto. Lo vi recargarse en el lavabo y me moví para quedar a su lado y hacer lo mismo, sólo viendo la luz de la luna colarse por los vitrales de la ventana, antes de suspirar largamente.
-Sabes que soy pésima volando, tengo mal equilibrio y el único modo que conozco de librarme de otro cazador que vuele cerca de mi es pateándolo. Sexto año es buen tiempo para aceptar que jamás seré una jugadora competente ¡Anda! Se sincero con eso, un capitán tiene que serlo... No exageraba, era muy mala volando y muy mala compitiendo. A pesar de lo inofensiva que muchos pudieran verme, cuando estaba en el aire la desesperación me invadía y sólo se me ocurría librarme de rivales con alguna agresión deliberada. Y la velocidad me hacía tambalear sobre las escobas, eso entre muchos otros defectos que, la verdad, ya no me acomplejaban, por que tenía muchas otras cosas qué hacer con mis talentos.
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¿Deudas en Gringotts? Kristján no tenía ni siquiera una cuenta decente, sino la cuenta que el tutor que lo había llevado a Hogwarts de Durmstrang le había ayudado a abrir y que seguro estaba ya en número rojos. Kristján no confiaba en ese banco y menos ahora que seguramente estaba controlado no solo por los duendes sino por los conservadores, y no metía ahí su dinero, sino en un banco muggle que aunque sonara tonto le parecía más estúpido. -Si no me llega nada de citatorio estoy dispuesto a crear unos falsos para que seas feliz y para que tu profesora te crea que eres la mejor de la clase, ¿qué tipo de pergamino usan en los tribunales?.-Podía no sonar como lo que era, una declaración de amistad y cariño incondicional envuelta en palabras torpes y raras, pero Pandora era ravenclaw como él, podía adivinar el acertijo. Eso o la droga ya lo estaba haciendo ver lucidez y cosas donde en realidad no las había y había sido más literal de lo que había pretendido.
Se talló la nuca conforme empezaba a ponerse más inquieto. Quería salir y hacer muchas cosas o platicar hasta que se le quedara seca la lengua, no tenía hambre pero ir al comedor con todo el conglomerado no sonaba a mala idea, mandar a Levine a al mierda enfrente de todos, tampoco, tal vez por ahí saldría el citatorio. Lo que tampoco sonaba mal era una segunda línea pero no se le iba a meter enfrente de Pandora porque le sobraba un poco de decencia con ella. El quidditch al menos servía para distraerlo.
Se acercó a ella para pasarle el brazo por los hombros y apretarla contra su cuerpo con más fuerza de la necesaria, tal vez haciéndole un poco de daño en su intento por fastidiarla con un abrazo bien fuerte.-Sí, ya sé que eres mala pero no hay nada que no se pueda mejorar, si Finnerty logró que Segre fuera cazadora cuando la mona era pésima la primera vez que se subió a una escoba, yo podría lograr contigo lo mismo si entrenáramos 456 horas al día. ¿No te suena divertido?-La soltó y le sobró el brazo a modo de pedirle perdón por el abrazo demasiado fuerte que le había dado.
-Aunque presiento que tienes menos ganas de practicar que nunca ahora que regresó al colegio tu estimado John Luttrell, ¿verdad?-No tenía argumentos válidos para decir eso más que Pandora se lo hubiera comunicado una noche en la sala común y a él le hubiera costado entender de quién estaba hablando hasta que hizo conexiones entre los hermanos de Jessy y dio con cuál era John. Por lo menos no era el bastardo ese con el que casi se agarraba a golpes. A John no le daban ganas de pegarle y notó que a Pandora le importaba, creía que eran amigos de la infancia o algo parecido-Solo no me vayas a cambiar por él, ¿cuáles son tus intenciones?