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Más y más papeleo, Libre
| Gabrielle Bloom |
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Auror .Legeremaga nivel 1

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La boda de Frances y Tobías no había ido tan mal como creyó que iría. Claro que le llegaron rumores de la fiesta después de la ceremonia y no todos muy buenos, tenía que aceptarlo. Como siempre, alguien terminaba peleándose a golpes con alguien y sinceramente Gabrielle ya no tenía ánimos de estar soportando las peleas de sus ex compañeros de Hogwarts. Ella ahora tenía cosas más importantes por las qué preocuparse. A pesar de que no iba de los mejores ánimos, su amigo era quien se casaba. Y a pesar de que prácticamente nadie sabía que ellos eran buenos amigos desde hacía bastante tiempo, siempre estuvo ahí para apoyarlo, en lo que más pudiera hacer. Gracias a Morgana, nadie se mató en la ceremonia y lamentablemente deseó que Aldrich hubiera estado presente. Eso era algo que aún no podía superar y sabía que no podría hacerlo en mucho tiempo pues toda su vida –al menos desde que entraron ambos a Hogwarts- había estado enamorada de él. Y eso era algo que no se quitaba de la noche a la mañana; y a pesar de que Jessy o Ellen le instaran a olvidarlo, a ella aún le costaba un poco de trabajo. No había visto a Ellen desde esa noche que se habían ido a beber a ese bar que la rubia conocía tan bien. Ese donde le había confesado haberles leído la mente a ella y a Connor contándole toda la verdad del ex auror. No supo como había terminado eso porque cada quien se fue para su lado –cualquiera que hubiera sido dicho lado- y terminó sin problemas. Al menos para Gabrielle quien había llegado sana y salva a su casa sin saber exactamente como. Y al día siguiente, la resaca matutina la había atacado más fuerte que un Cruciatus. Se había levantado temprano porque debía ir al Ministerio a recoger unos papeles que le habían quedado pendientes de su matrícula en Hogwarts y tenía que hacerse de ellos lo más pronto posible, así que cuando le llegó la lechuza de que estaban listos, hizo la cita con una funcionaria de la cual no recuerda el nombre pero que lleva anotado en el pergamino que le envió. Se vistió rápido porque comenzaba a hacérsele tarde y odiaba con todas sus fuerzas ser impuntual. Finalmente salió de casa y se apareció cerca de la entrada al Ministerio de Magia. Al entrar se encontró con un atrio atiborrado de gente que iba a hacer exactamente lo mismo que ella: papeleo. Resopló y aferró firmemente el bolso. Se llevó la mano al bolsillo posterior de su pantalón cerciorándose de que aún se encontraba ahí su varita. Resopló aliviada y caminó hasta la planta donde se suponía que tenía que llegar por su demás papelería de Hogwarts. Lugar que extrañaba hasta lo indecible. Siguió caminando, siguiendo a la gente, sin fijarse exactamente por donde iba hasta que llegó a los elevadores. Como si no pudiera caber más gente, siguió entrando más y más. Y así como entraban bajaban en los pisos a donde tenían que ir. Hasta que le tocó a ella. Empujó entre la gente maldiciendo en alemán, hasta que finalmente salió. No ilesa, lamentablemente, pues chocó contra algo o alguien haciendo que su bolso se cayera y se abriera en el momento. -¡Schiss, mierda!-masculló por lo bajo mientras se agachaba a recoger todas sus cosas.
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| Sam Harington |
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Asesor ad-honorem en leyes mágicas

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- Oh disculpa. Cuanto lo siento - Decía sin mirar a quien ocupadísimo en recoger todo aquello que por su culpa yacía en el suelo, pero para cuando levantó la cabeza bolso en mano, la mirada se le iluminó al encontrarse con Gabrielle. - señorita Bloom, que sorpresa más grata. - referirse así hacia ella sonaba muy formal pero en esos términos se habían conocido y charlado en la boda y no podía ser él quien dejara los modales de lado, menos en la situación de haberla chocado sin previo aviso por andar enfrascado en revisar los papeles que se llevaba.
- Puedo preguntar que la trae por aquí?... Puedo ayudarte en algo? - Le decía mientras le entregaba sus pertenencias y hacía con su propio pergamino un rollo que de inmediato guardó en el bolsillo interno de su túnica de trabajo. Gabrielle, al contrario que él, estaba bellísima y sobre todo con colores alegres que contrastaban intensamente con las túnicas negras, grises y azules de la masa ministerial. La juventud y las mujeres solían dar el toque agradable y así pasaba también en el ministerio, que cada día estaba más oscuro y recalcitrante.
Por un momento pretendió preguntarle todas las cosas. Comentarle lo bien que la había pasado en la celebración con ella, contarle lo que él, desgraciadamente hacía allí y aconsejarle que pasillo tomar aunque no supiera donde iba la chica aun. Pero antes que eso y por instinto de saber los movimientos bruscos y acelerados del ministerio, puso su mano en la espalda con intención de empujarla gentil mente y así quitarse ambos del corredor del ascensor. Otra horda de magos ya avanzaba dispuesto a llevarse el mundo por delante con tal de no tener que esperar al siguiente rondín elevadazo.
- Espero me recuerdes, soy Sam Harington… Me diste charla en un casamiento, un mes atrás… Y te fuiste antes de que pudiera agradecerte. - No quiso reprocharle la huida, sino todo lo contrario, agradecerle por la compañía casual. - Puedo ahora yo, ayudarte en algo… Este sí es mi ambiente, aunque ya me estoy despidiendo de el-
Era como continuar la charla que en la boda se había dado, pues junto a las bebidas espirituosas él se había confesado un poco perdido entre tantos invitados amigos de la pareja, y él que nada tenía que ver desde el lado de la amistad, sino más bien desde un mal infortunio. Podía estar siendo muy atento con ella, pero quien lo conociera sabía que así solía manejarse, ayudar a la gente, poner lo mejor de si, incluso en esos momentos complicados, donde el pergamino que llevaba escondido en la túnica no era más que el recuerdo de el último memo que escribiría para el ministerio.
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| Gabrielle Bloom |
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Auror .Legeremaga nivel 1

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Al menos aún existían caballeros en el mundo. Alguien se había acercado a ayudarle y la voz se le había hecho terriblemente familiar sin embargo no lograba hilarlo con una cara. Hasta que finalmente le entregó sus pertenencias fue cuando lo reconoció. Se sonrojó bastante, no lo podía negar. Se echó un mechón de cabello detrás de la oreja y se mordió el labio.
No había escuchado la mitad de sus palabras hasta que finalmente volvió a presentarse.-Señor Harington, ¡Claro que lo recuerdo! ¿Qué tal está?-le resultaba extraño hablarle de usted a alguien que no era mucho mayor que ella. Incluso a Connor ahora le hablaba de la forma más normal como si hubieran sido amigos desde hacía tantísimos años.
Sonrió un poco más cuando le dijo el comentario de haberlo abandonado. Si, lo había hecho, sin embargo, tenía que irse de niñera. No podía dejar a Isobel sola mientras su padre y Connor viajaban a quien sabía donde en busca de más respuestas de las que fueran capaces de encontrar. Últimamente eso los tenía bastante ocupados y cualquier momento era bueno para pasar un poco de tiempo con ambos. Isobel con su padre y Gabrielle con el propio.
-¿Despidiéndose? No me diga que también…-bajó el sonido de su voz, casi en un susurro cuando puso la mano en su espalda produciéndole un escalofrío casi al instante. Joder.-No me diga que también está corriendo con nuestra suerte.
Termino por preguntarle. Era algo muy obvio, a fin de cuentas era liberal, como ella, como su padre, como Connor, como cualquier otro que apoyaba esa causa. Su madre, muggle –ya su padre la había puesto al tanto de su situación familiar porque lo conoce desde hace bastante tiempo y cree que es necesario decirle a Gabrielle como está qué persona y tal- y bueno, todos sabían la situación en la que estaban metidos casi hasta el cuello intentando hacer las cosas diferentes por quienes no podían.
Gabrielle lo hacía de manera clandestina, por supuesto. Los habían hecho ilegales desde que habían asesinado a Marcello Levine y eso no estaba bien. No simplemente por tener que laborar y entrenarse en la clandestinidad, sino porque ahora, quienes eran llamados aurores eran asesinos a sangre fría.
-Necesito ir a recoger un papeleo que me ha quedado pendiente en Hogwarts, sin embargo yo siento que aún me pierdo aquí. ¿Podría decirme donde encuentro a esta persona?
Le entregó el pergamino ya arrugado que sacó del bolsillo de su pantalón. Ahí tendría que decir el nombre de la funcionaria, una tal Callixta algo, no recordaba bien y el apellido no se leía con claridad. Esperaba que pudiera ayudarle porque de lo contrario se perdería por completo y no podría recoger sus papeles, lo que le traería más problemas de los necesarios.
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| Sam Harington |
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Asesor ad-honorem en leyes mágicas

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Gabrielle era encantadora, ese gesto de acomodarse el cabello, la suavidad con que tomaba las cosas entre las manos. No era que Sam la estuviera acosando con la mirada, pero eran gestos que le llamaban la atención y en los cuales no podía dejar de reparar. Y aunque la veía tan guapa como el día de la boda, se sonreía de verla más alegre, con un brillo en los ojos pero totalmente diferente.
Y así como ella sabía cosas de él por intermediario del Señor Bloom, él sabía cosas de ella por cuestiones laborales: por haber leído mil informes, algunos que parecían chusmerío barato, pero todo necesario para enfrentando el juicio de los chicos meses atrás no se encontraran con ninguna sorpresa. Sabía lo del joven Burroughs pero no era quien ni para preguntarlo, ni para hacer asociaciones apresuradas, pues bien la joven podría haber estado mal por otras cuestiones, o los informes leído incorrectos o exagerados.
- Me gusta pensar que es buena suerte. Que algo mejor vendrá afuera… he aprendido mucho aquí y seguiré aprendiendo fuera…- Acotó con simplicidad, dejando de lado todo dolor por haber sido corrido del ministerio. Ni que hubiera alcanzado una gran posición en su secretaría favorita, o estuviera el ambiente lleno de colegas compañeros. Todo lo contrario, el ministerio era una “putada!” como se decía en la calle.
De inmediato se enfocaron en el tema de Gabrielle que era lo importante allí. Sam tomó el pergamino en cuestión y se quedó un notorio instante pensando. Realmente estaba pensándolo seriamente, sosteniéndose el mentó con la mano izquierda afanosamente, no porque no conociera a esa bruja si no porque no creía que Gabrielle tuviera que buscarla a ella… Callista Buckenton se encargaba de los Extasis en revisión, de las graduaciones dudosas y las solicitudes rechazadas. Él bien lo sabía, porque había trabajado para muchos niños ricos que pretendían el camino fácil. Con rostro serio, levantó la mirada en busca de los ojos de Gabrielle.
- Gabrielle… discúlpame pero está segura que este es el nombre que le indicaron?… Creo que debe haber un error, a menos que haya desaprobado algún éxtasis necesario para el puesto al que pretendías aplicar… - Eso, o portación de apellido. Y en aquel momento a Sam, quizá por confiado o desconfiado, se le hacía más probable que Gabrielle fuera a tener problemas por apellidarse Bloom que por ser mala alumna. Se notaba inteligente y aplicada, imposible que estuviera haciendo trampas.
- Acompáñame por favor… - Y volvió a poner la mano en la espalda de la chica para cambiar el camino y desviar a otro callejón, menos transitado, menos controlado. - Callista Buckenton es la dama de las malas noticias para quien sale de Hogwarts… No pretendo asustarla señorita pero… Abusando de la confianza que no tenemos le recomiendo que no vaya a verla. Una vez que ella pone el sello de “rechazado”, hay chicos que incluso repiten curso en Hogwarts.-
Sus palabras no eran muy alentadoras, el pasadizo en que se habían ocultado para hablar tampoco. Sam ya no portaba la sonrisa, sino una preocupación de insipiente ceño fruncido. Quería ayudar, pero no sabía como. Quería preguntar pero no sabía cuando era pertinente averiguar. - Dígame, que papeles viene a buscar exactamente… el certificado de éxtasis aprobados? La calificación de los mismos? el permiso para el curso de auror?... Todo eso? Nada de eso? -
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| Gabrielle Bloom |
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Escuchaba las palabras de Sam con una sonrisa boba en el rostro. No sabía por qué, pero le hacía sentirse un poco culpable. El aprendiz de abogado le agradaba, le caía bien y todo, sin embargo había algo que la hacía frenarse un poco. ¿Era así de amigable con todos? Desde el momento en que lo había visto en la boda de Frances y Tobías había sido muy agradable con ella y no lo reprochaba pero le parecía un poco extraño. En el buen sentido de la palabra, pero extraño a fin de cuentas. Quizás así era él siempre.
-Eh… si… es el pergamino que me envió ella.
Le escuchó atentamente mientras entrecerraba los ojos y miraba el pergamino al mismo tiempo. ¿Qué había dicho?
Un meollo de situaciones distintas se comenzó a formar en su mente. ¿Y si, al final, no había aprobado los éxtasis? ¿Y si tenía que regresar a Hogwarts y dejar todo lo que había logrado en su entrenamiento? ¿Habrán cambiado de opinión acerca de la materia de Defensa? ¡Vamos! Pero su madre le había ayudado a estudiar, incluso Connor. ¿De verdad tendría tan malas noticias?
Se rascó la cabeza, alborotándose un poco la cabeza. ¿Qué iba a hacer si no había aprobado algún éxtasis? Bueno, si había suspendido estaba claro que no podría convertirse en auror, eso seguro. Sin embargo, ¿qué no de todas formas estaban siendo clandestinos e ilegales? Frunció el entrecejo. No quería regresar a Hogwarts, no quería enfrentarse a sus padres si es que de verdad había suspendido algo. No quería pasar una vergüenza como esa en frente de Sam.
-Señor Harington, ¿Debo recordarle que los aurores ya son ilegales?
Parecía tranquila pero comenzaba a asustarse, de verdad. Le guiñó un ojo Respiró hondo dos veces e intentó calmarse. Iba a hacer lo contrario a lo que le decía Sam. Necesitaba ir a ver que todo estuviera en orden y si no lo estaba, ya tendría tiempo de apañárselas sola pensando qué le diría a sus padres.
En cuanto Sam volvió a ponerle la mano en la espalda, se sintió un tanto cohibida. No sabía por qué, de verdad, y no era que le incomodara, sino que pocas personas se mostraban tan agradables y su mente le gritaba que desconfiara de absolutamente todos quienes estuvieran en el Ministerio. No era nada personal, claro que no.
-Confío en que mi kárdex esté en perfecto orden, Señor Harington. Necesito ir, no puedo quedarme sin mis papeles, sería exactamente lo mismo… en caso de… ya sabe… que haya suspendido todo y tenga que regresar a Hogwarts.
Sintió el tono de fastidio en sus palabras. Si, amaba ese Colegio más que a otro lugar, sin embargo, no estaba en sus planes regresar a Hogwarts, mucho menos como estaba la situación ahora. Podría ser egoísta pero tenía mucha más libertad ahora, ya fuera del castillo, que antes. Se sentía mucho más segura en las calles que en los pasillos de piedra del mismo Colegio. Miró a Sam y bajó la voz hasta quedar en un susurro.
-Bueno, como le comenté antes , los aurores ya no podemos contar con permisos. Usted sabrá a lo que me refiero.-le dijo y luego su voz regresó a la normalidad-Solamente necesito que me entreguen toda la papelería que no me entregaron en Hogwarts. Ya sabe, supongo que por ser hija de mi padre lo retuvieron todo. Quien sabe.
Si, confiaba en que todo su papeleo estuviera en orden. Nada fuera de lo normal. Joder.
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