Title: ¿Tienes un momento?
Description: -Franco-
Gabrielle Bloom - January 5, 2012 08:52 AM (GMT)
Ese día no había sido el mejor de todos. Había salido la gacetillla y la verdad era que no estaba para nada sorprendida de todo lo que se decía allí. Bueno, si, un poco. Barunka era la sorpresa y ahora si comprendía el por qué le había hecho vomitar babosas por tres días en San Mungo después de lo de los dementores. Todo comenzaba a cobrar sentido y la tenía un poco más que angustiada porque la semiveela estaba loca. LOCA DE MIERDA. Y la verdad es que le intimidaba un poco.
Había recibido la gacetilla en el comedor y había notado la mirada de su padre desde la mesa de los profesores posada sobre ella, haciéndole una seña para ir a su despacho. No habían dicho absolutamente nada en el camino pero al momento en que había llegado a su despacho y la puerta se había cerrado, Michael Bloom lanzó la gacetilla al escritorio preguntándole si era cierto todo lo que decía.
¿Qué más podía hacer ella sino asentir mientras sollozaba en silencio? No había visto a su padre tan molesto desde hacía mucho tiempo y la verdad es que eso lo había hecho sentir todavía más culpable. Como si lo hubiera defraudado. Y eso que todavía no había llegado a oídos de su madre, porque sería todavía otro sermón más y la verdad no quería enfrentarse a ella. O quizás era lo que necesitaba para poderse desahogar más tranquilamente.
Estaba dispuesta a ir al baño de prefectos y encerrarse un rato sola a fumar y a devanarse la cabeza para saber cómo abordar a Aldrich cuando vio a alguien familiar al final del pasillo. Había corrido el rumor de que Franco Chiamalli había regresado al Colegio pero la castaña había decidido no hacerse ilusiones con las apariciones de compañeros en los pasillos porque a veces resultaban no ser verdad. Pero esta vez si lo era y una sonrisa se dibujó en sus labios.
-¿Franco? ¿Tienes un momento?
Le extrañaba y le había hecho mucha falta esos últimos meses. Desde la muerte de su hermano, con la cual se había ido para abajo y su estado anímico parecía no volverse a encontrar en lo que una vez caracterizó a Gabrielle Bloom. Lo tomó de la mano como siempre hacía y le sonrió nuevamente.
-Es que… necesito hablar con alguien…
Y que falta le hacía desahogarse. No esperó a que el muchacho le respondiera y lo jaló al aula que tenían al lado, la cual estaba vacía. Cerró la puerta después de que ambos entraran y se recargó en la pared, deslizándose hasta el piso con el rostro escondido entre las manos, y las manos a su vez escondidas en sus rodillas.
-Estoy metida en un gran lío. Enorme, Franco, y no se que hacer.
Y sin más, soltó a llorar. Tremenda bienvenida le estaba dando al Hufflepuff.
Franco Chimalli - January 5, 2012 10:12 AM (GMT)
Caminaba por los pasillos después de pasar por el comedor y no saludar a nadie, no quería encontrarse con alguien todavía, no sabia por que, posiblemente era por que no estaba listo para responder preguntas a cerca de su ausencia, o podría ser por que no quería saber mas malas noticias.
Franco era alguien sonriente todo el tiempo, pero, después de todo, era un ser humano, y le dolían las perdidas, especialmente cuando eran cercanas, y cuando tienes tantos amigos, casi todos son cercanos.
Paseó por algunos pasillos sin anda interesante, después, vio una figura esbelta que caminaba a lo lejos, se acercó y oh! sorpresa! era Gabrielle Bloom quien venía caminando con un rostro extraño hacia Franco.
Al versu rostro se alegró totalmente, se encaminó mas rápido hacia ella para abrazarla, naturalmente era su amiga, y una mucho muy cercana.
- Gabrielle ! que bueno verte!-
Casi en el acto, ella lo tomó de la mano y lo jaló, claro, Franco fue con ella, se veía rara, muy extraña, no era la misma brillante de siempre, su rostro se veía sin aquella chispa.
- Claro, pero... que pasa? -
Preguntó pero sin respuesta mientras ella lo guiaba hacia un aula sin nadie adentro.
Era mas que obvio que algo pasaba, y no era algo bueno, ella estaba tan extraña que Franco no podía creer que era la misma Gabrielle de siempre.
Y al ver aquella escena a Franco se le rompió el corazón, la vio ahí, tirada, desprotegida, sin un lugar a donde ir y sin nadie a quien poder acudir, como una niña pequeña a la cual se le rompió su paleta.
Le recordó por un momento a su prima, no pudo evitar sentir esa ternura, ese cariño.
Se puso de rodillas frente a ella, y con los brazos extendidos rodeó su cuerpo encorvado, jalándola hacia su cuerpo y guiando su cabeza hacia su pecho. Eran de esos abrazos que el sabía dar, un abrazo reconfortador y tranquilizador, como un abrazo paterno o de un hermano, de alguien que quiere tanto a una persona que no puede evitar sentirse triste por la tristeza ajena, alguien empático, que, sin saber cual es el problema que agobia la vida de ese hermoso ser, se siente dispuesto a dar su apoyo y su incondicional cariño, un abrazo así, con mucho cariño por alguien.
- Tranquila cariño, tranquila -
susurraba a su oído mientras le acariciaba el cabello y la terminaba de acomodar cuidadosamente, reposando su mejilla en la cabeza, y le plantaba un beso tierno en la frente, todo esto para tranquilizarla, y demostrarle su cariño incondicional.
- Que es lo que ha dañado tus pétalos mi hermosa flor -
A Franco se le daba en ocasiones ser un poco poético en ocasiones como esta, y eso ayudaba un poco a relajar a los demás, especialmente alas mujeres.
- Estoy aquí para ti, no te preocupes, o te voy a ayudar, sabes que estoy para ti, sin importar que... -
Recordaba los días fuera del colegio, cuando estaba solo y recordaba con cariño a sus amigos, sus compañeros de clase que le ayudaban a mejorar las noches crueles en enfrentamientos que no debían de ser.
Y después de todo, le tenía un cariño muy especial a su amiga Gabrielle, un cariño totalmente puro y desinteresado.
Gabrielle Bloom - January 5, 2012 06:40 PM (GMT)
-Lo he arruinado en grande. ¡Como nunca!
Estaba acostumbrada a su poesía en momentos como esos y por eso no le impresionaba ni le asombraba. Respiró hondo aún con el rostro aún escondido entre las manos, con las lágrimas corriéndole por el rostro. Había perdido a su confidente hace más de medio año y ahora solo le quedaba hablar con sus amigos. Su hermano había sido la única persona que podía darle los consejos acertados en el momento oportuno, pero ya no estaba, y no había nada que pudiera hacer al respecto.
Se encogió de hombros y después de escuchar la última frase de Franco, levantó el rostro enrojecido y del bolsillo de su pantalón sacó la cajetilla de cigarros que siempre llevaba encima. Solía ir a esa aula a fumar porque casi nadie se molestaba en entrar a esas horas y mejor así.
Encendió el cigarrillo y le dio un par de hondas caladas y luego miró hacia el vacío, con la mirada perdida en la nada.-Estuve de novia con David Hayes, el golpeador de Ravenclaw…. Tuvimos un problema, lo di por terminado y ni esperé nada, como una reverenda golfa me fui a acostar con Aldrich Burroughs.
Él seguramente recordaba todo lo que había pasado con Aldrich y todo lo que ella sentía por él, que lo quería y adoraba y que desde siempre había querido estar con él, no tanto así con intimidad, pero si lo sabía, o al menos tenía la noción.
-Y ahora todo el colegio lo sabe, Aldrich no se molestó en decirme que Barunka estaba enamorada de él y es una celosa de mierda y que cuando estaba con los dementores mientras yo pensaba en que para todo el mundo estaría mejor muerta, ella me atacaba a mi ¡A MI!.
Se levantó y comenzó a caminar de un lado al otro enjugándose las lágrimas con el dorso de la mano casi con violencia. Era la primera vez que le decía a alguien lo que había pasado. Ni siquiera su padre, que estuvo con ella en San Mungo mientras ella vomitaba babosas tres días seguidos. Ni siquiera tenía el valor de decírselo a Aldrich porque no sabía si Barunka era su amiga o no.
-Y ahora… la maldita gacetilla. Le pedí a Aldrich que no dijera nada de lo nuestro hasta que yo aclarara las cosas con David, y primera cosa que hizo fue ir a decirle a Barunka y a Sveinsson. Y como no podían ser más chismosos, en el concierto todo el mundo se enteró de sus bocas estando ahí, con Aldrich.
Franco Chimalli - January 9, 2012 08:36 AM (GMT)
La siguió con la mirada mientras se movía de un lado al otro, se paró al momento que encendió el cigarrillo, a Franco no le gustaba que ella fumara, pero en el momento quizá le ayudaría mucho a sacar todo lo que tenía a dentro, pero tampoco la dejaría hacerlo mucho, definitivamente eso ayudaba a los nervios de muchas maneras.
La escuchó, era... bueno, fuerte, era algo que definitivamente no te gustaría que se publicara, después de todo era la visa privada, y por desgracia, ahora todos lo sabían.
Era algo grande, las cosas se estaban saliendo de control, esto involucraba a mucha gente, y a la gente que podía ser equivocada para que ese tipo de cosas se salieran de control. Pero algo saltó de la nada... Dementores.. como...
- A ver, para, regresa... que pasó, Dementores, como que estarías mejor muerta para todos, que pasó!? -
Su rostro era de total sorpresa, y no era para menos, el había esperado que al regresar hubiesen cosas nuevas, pero eso era totalmente volado, por que un estudiante se debería de meter con un Dementor , eso no tenía ningún sentido, especialmente ella, si era una de las mejores chicas que había conocido .
Se paró inmediatamente al escuchar eso y se dirigió hacia ella con muchas dudas.
- A ver, tranquila, primero cuéntame que pasó con los Dementores... y luego hablaremos de Barunka y lo que ha hecho.. -
La verdad era que estaba muy preocupado por ella, y por lo que había pasado.
Gabrielle Bloom - January 10, 2012 05:44 AM (GMT)
Cualquiera que la viera diría que podría hacer un agujero en el suelo de tantas vueltas que estaba dando. Le daba caladas al cigarrillo y sacaba el humo por la boca y la nariz mientras relataba todo lo que había pasado hasta que Franco le dijo que se detuviera y lo hizo, mirándolo incrédula. ¿Qué no sabía lo que había pasado con los dementores?
Se recargó en la pared nuevamente pero se mantuvo de pié, cruzando un brazo sobre su pecho mientras que con el otro sostenía el cigarrillo en el aire. Respiró hondo y luego miró a Franco mientras se secaba las lágrimas de angustia de su rostro.
-Antes de salir de vacaciones, Dave Rayder daría un concierto en Camden.-comenzó mientras intentaba recordar todo lo que había sucedido.-Y todo estaba bien, él estaba tocando, todo el mundo estaba en sus cosas. Candice, Drima y yo entramos al baño y todo empezó
Sentía que las manos le temblaban y como si eso fuera a detenerse cambió el cigarrillo de mano y volvió a caminar por el aula manteniéndose frente a Franco, con la mirada suspendida en el aire, mirando hacia la nada.
-Las luces se apagaron y de la nada salieron diez dementores amenazándonos. Nunca me había enfrentado a uno, Franco, y te juro que es la cosa más terrible del mundo, y lo peor es que fuera había muchísimos más. Los muggles… ¡murieron tantos! Sin que nadie pudiera hacer nada por salvarlos.-respiró hondo mientras recordaba todo. Al final no supo que había pasado con Candice ni con Drima pero suponía que estaban bien. Drima era demasiado feliz como para tener problemas con esos entes malignos-Eran demasiados y había demasiados cuerpos. No podías caminar sin tropezarte con algunos. Otros tantos murieron aplastados por la estampida de gente aterrorizada. A los que quedaron vivos tuvieron que borrarles la memoria y a los que no pudieron… no se que haya pasado con ellos.
El relatarlo por primera vez después de decírselo a sus padres seguía siendo igual de terrible que haberlo presenciado por primera vez esa terrible noche. En sus memorias quedarían los gestos aterrorizados de los cadáveres y la gente que corría para salvar su vida.
-No fuimos los únicos. También restaurantes, casas… todos esos muggles que murieron sin saber a qué se enfrentaban, fue terrible. El sentir que la vida te pende de un hilo es atemorizante, el que toda la alegría se te esfume y que desees estar muerto es igual de horrible. En ese instante quería morirme porque lo único que pensaba era en la desazón, en lo mal que le hacía al mundo. Porque no tenía más alegría en mi ser, ni siquiera pensar en Aldrich me ayudaba y hasta que por fin pude pensar algo feliz, pensar en su sonrisa, Barunka tenía que cagarla de puta madre.
Y ahí estaba. La primera vez que le decía a alguien lo que había pasado. Ni siquiera su padre sabía la razón por la que había estado vomitando babosas tres días seguidos diciendo que quizás había sido un error, excusando a la verdadera culpable y la verdadera razón que en ese momento no lograba comprender.
-Pensé que se había vuelto loca, que los dementores habían terminado con ella y que quizás alguien le había lanzado un Imperius, pero no. Mientras yo intentaba salvarnos a las dos, ella me atacó y gracias a ello estuve vomitando babosas en San Mungo sin decirle a nadie el por qué. Ahora entiendo la razón pero no es excusa para atacar a alguien cuando está siendo amenazado por dementores.