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Title: Lo más parecido al mar
Description: - libre! -


Alice Morgan - October 10, 2011 04:03 PM (GMT)
Ya habían pasado las primeras semanas en Hogwarts, y ya echaba de menos a sus conocidos, o mejor dicho familia, del barco; a su padre e incluso a los tostones de sus hermanos a los que no se lo pensó dos veces y tiró más de una vez por la borda... Bueno, en alguna ocasión acabó ella en el agua en un intentó por tirarlos.

Ahora se encontraba caminando por la hierba fresca, con sus botas negras y arrugadas con hebilla en una mano, notando el rocío y la frescura directamente en la planta de su pie. Muchas otras chicas de su edad podrían hacer lo mismo y tendrían que pasar todo el día siguiente metidas en el sobre por pulmonía o resfriado. Pero ella no, ella era fuerte como un roble, acostumbrada a aguantar prácticamente todo, y pocas cosas realmente le daban miedo, ahora mismo ni recordaba qué podría hacerla tirarse hacia atrás en algo.

Era tan temprano que ni el sol había salido, y le encantaba ese silencio matutino, creaba incluso un ambiente de suspense, ya que ni los pájaros salían a cantar a esas horas, el frío ya advertía del helado invierno que se avecinaba.
Ya que dudaba encontrarse a alguien en las orillas del Lago a aquellas horas matutinas, aprovechó para ponerse sus ropas que tanto la caracterizaban, con miles de cinturones, unos shorts desgastados y una camisa mal colocada y arrugada, dando ese aire marítimo e incluso pirata que aunque no se lo propusiera, siempre lo conseguía.

La verdad es que le entraban ganas de dejar de caminar y tirarse a hacer la croqueta el camino cuesta abajo que le quedaba, haciendo el cabra como acostumbraba a hacer por los terrenos, pero habían piedrecitas por la orilla y no quería quedarse con una clavada en el costado, así que andando llegó hasta el lugar, dónde se sentó a pocos pasos hasta donde llegaba el agua del Lago. Estaba segura que tenía contacto en el mar, y si probaba el agua sería salada, aunque fuera aparentemente un 'Lago'. No penséis que Alice no sería capaz de probarla... De echo, alguna vez había metido el pie dentro e incluso nadado en aquellas frías aguas. No negaría que alguna vez había tocado lo que parecía tentaculos, pero aun hoy no estaba segura de lo que había sido, quizá ese calamar gigante del que todo el mundo hablaba, le gustaría verlo, pero al parecer era bastante tímido.

Se dejó caer hacia atrás, quedando tumbada, y levantó una pierna, observando su pie desnudo y moviéndolo como si hiciera ejercicio con él, pero más bien prestaba atención al cielo aun invadido por la oscuridad, y en el que aun podía apreciarse las estrellas que brillaban con debilidad.

- Las respuestas sólo las encuentran los valientes... - repitió en voz alta para sí misma las palabras que en contadas ocasiones su padre, un hombre con experiencia bajo esa intimidante fachada, le había dicho - Nunca reveles con palabras los secretos que has descubierto a las almas débiles que no quieran averiguarlo por sí mismos, deja que valoren ellos solos la belleza y los misterios de la naturaleza...

Palabras que en un principio no entendía siendo más joven, pero que comenzaban a comprar sentido ahora que reflexionaba; el interés nacía de uno mismo, y lo que para uno mismo podía ser algo valioso, otros podrían restarle importancia, y en esos casos mejor era guardarse lo que tú considerabas tesoros para ti mismo, hasta que viniera alguien a quien le fascinara tus secretos tanto como a ti.

Suspiró y cerró los ojos con fuerza mientras se estiraba al completo, prácticamente soltando un gemido de placer como cuando uno se estira en la cama por las mañanas.

Dylan M. Thomas - October 12, 2011 06:26 PM (GMT)
Como cada día. Le sonó el despertador muy temprano. Mucho antes de la hora del desayuno. Y como cada día se despertó como un resorte. Activo y dispuesto a empezar el día de la mejor manera que existía. Haciendo deportes.
Se lavó la cara, se vistió con su ropa más cómoda, como siempre. Claro que no había nadie por la sala común o los baños, había muchos deportistas pero no todos escogían esas horas de madrugada para entrenarse. Es más, casi nadie lo hacía, rara vez se había cruzado con nadie más en el patio ni en el lago, por donde solía ir a correr.

En cuanto puso un pie fuera del castillo notó la suave y fría brisa, ya se notaba que el invierno se acercaba a pasos agigantados, claro que el otoño tenía el patio teñido de tonos marrones y aún le quedaba tiempo por quedarse, y todo ese tiempo sería de agradecer, porque cuando las temperaturas helaran el césped por la noche sabía, por experiencia, que correr se convertiría en una aventura demasiado húmeda y fría, tanto que se pasaba la mitad del tiempo constipado.

Pero aún no había llegado esa época y tenía que aprovechar esas fantásticas y frescas mañanas en las que aún no hacía el frío horrible que parecía que te cortaba la cara al correr. De modo que emprendió la marcha. Paso tras paso, a un ritmo suave y constante. Aquello no suponía más que un calentamiento previo a lo que vendría después, o quizás ese día se quedaría en eso el entrenamiento, porque según corría por las orillas de aquel inmenso lago vio una figura recortada contra el césped poco uniforme que rodeaba el mismo.

¿Alice? – dijo en voz alta desde lejos al reconocer la figura que tenía delante. Llevaban siendo amigos desde críos, era de las poquísimas personas que sabían un poco más de él, de su pasado. Nunca había pasado tanto tiempo con ella como parecía que ocurriría ese año que al fin estaban en la misma escuela – ¡Alice despierta! Este no es lugar para echar la siesta.

Claro que su tono era totalmente de broma, porque ya estaba viendo que no estaba dormida, y si lo estuviera, pues era un lugar tan bueno como otro cualquiera, tenía que correr, pero ahora que la veía ahí pensó en todo el tiempo que llevaban sin pasar un rato juntos, la miró por un segundo, descalza y con esas ropas tan peculiares suyas. La había extrañado más de lo que se podría imaginar y verla así vestida le recordaba a los veranos, las visitas al barco de su padre.

¿Estas esperando a que venga Diente Negro a rescatarte de esta prisión? – le preguntó dejándose caer junto a ella y obsequiándola con una de esas escasas sonrisas que tan rara vez le dejaba ver a nadie.

Alice Morgan - October 13, 2011 12:23 PM (GMT)
Estaba tan ensimismada disfrutando del ambiente matutino, que la voz que pareció oír pronunciando su nombre le llegó como un eco lejano. Abrió los ojos con el ceño fruncido y entornando los ojos miró hacia un lado y otro,aguardando volver a escuchar aquella voz lejana esperando que fuera fruto de su imaginación, pues, ¿Quien iba a andar por ahí a aquellas horas tan tempranas?

Fue entonces cuando no esperó que la voz le sonara justo a sus espaldas y tan de cerca, siendo real. Prácticamente se incorporó de un sobresalto.

- ¡Coñ...o, que susto! - exclamó mirando al muchacho que le había hablado. No pudo evitar que sus labios dibujaran una sonrisa, en parte también contagiada por él. De todas las personas habitantes del castillo, no podía desear mejor compañía que la de Dylan, su mejor amigo y con el que había jugado y compartido gran parte de su infancia. Habían pasado tantos buenos ratos yendo de aquí para allá que dudaba que nada pudiera romper ya aquel lazo de amistad que los unía.

- Yo hasta puedo hacer la siesta en lo alto de un mástil, ¡qué me vas a decir! - comentó riendo mientras observaba como él se acomodaba a su lado. A veces volvía a extrañarse y extrañarse, buscando el por qué ella habría sido elegida para Gryffindor y el muchacho para Hufflepuff, pero estaba claro que cada persona era un mundo - ¡Pues poca broma con eso! Ya sabes que mi padre es capaz de todo, como si quiere presentarse aquí emergiendo el Anne Pirate en medio del lago. En realidad no estaría nada mal. Aunque me lo pase bien aquí es inevitable echarlos de menos

Comentó, apoyando la barbilla en sus manos que a su vez se apoyaban sobre sus rodillas, mirando platónicamente a las profundas aguas que tenían delante. Un paisaje bonito. Pero no quería parecer una chica que siempre estuviera en su mundo - aunque eso prácticamente era inevitable - pues, la verdad es que no podía quejarse de su situación en Hogwarts, y más ahora con Dylan al lado.

- ¡Uah, pero este año es el mejor de todos! - dijo, echando los brazos hacia atrás y apoyando las manos en el escaso césped húmedo mezclado con piedras que hacían la orilla - ¿Quién iba a decir que estarías aquí este año? ¡Ya podemos vernos muchos más tiempo, sin tener que esperar a las vacaciones!

Su sonrisa se ensanchó, y debía ser contagiosa, no sólo por su expresión en aquel momento, si no por los pelos que traía. Apenas si se había peinado y encima todavía se le habían enredado más al haber estado tumbada sin preocuparse si quiera por mancharse la ropa. Era como si en el fondo, siguiera teniendo ese espíritu de niño que no se preocupaba por nada de lo que pudiera sucederle ni el sentido de la responsabilidad. Estiró las piernas y empezó a moverlas de izquierda a derecha en un acto algo infantil y despreocupado. Luego se detuvo con naturalidad.

- ¿Todo bien? - preguntó, refiriéndose en un principio a su incorporación en Hogwarts, aunque no fuera el primer día que se veían después de las vacaciones, pero solía hacerle la misma pregunta cada vez que se veían, aunque esta vez en un tono algo más profundo. Tras su sonrisa simpática se escondía esa preocupación por Dylan en sí y su situación, que iba más allá de puertas hacia dentro de Hogwarts.

Dylan M. Thomas - October 15, 2011 12:02 PM (GMT)
De tu señor padre espero cualquier cosa, pero si viera emerger aquí el Anne Pirate creo que me llevaría una grata sorpresa, que con todo el lío de la mudanza, la nueva casa, mis tíos… este verano apenas he visto a tus hermanos y casi extraño ser tirado por la borda “de broma” – dijo riéndose recordando alguna que otra broma pesada que los hermanos de la chica le habían gastado, argumentando que en su barco podían hacer lo que quisieran.

Pasaba las manos sobre el césped de manera paulatina, estaba fresco y húmedo por culpa del rocío de las mañanas, pero era una sensación muy agradable igualmente, le gustaba el otoño porque era húmedo, y en ese país era menos frío que en su Alemania natal, de modo que era más aprovechable, según él.

Cuando mi madre me dijo que vendríamos a Hogwart pensé avisarte… pero al final pensé que mejor darte la sorpresa y aparecer aquí en la presentación sin más – se había planteado avisar a varias personas pero finalmente se había decidido por aparecer sin más, además había intentado no ir, o sea, él no es que amara Alemania, es más, si no volvía a ir casi lo agradecería al destino, pero Durmstrang era arena de otro costal. Esa escuela lo había visto crecer como mago, ahí estaban sus amigos, las personas a las que quería hacerles la vida imposibles. Allí tenía ya la fama ganada y no tenía más que lanzar una mirada encendida para que supieran que eso significaba pelea. Había sido capitán de su equipo de quidditch durante unos meses en los que su capitán de verdad había estado enfermo… claro que Hogwart significaba tener a ciertas personas cerca, pero también era tener a otras muchas lejos.

Cuando ya estaba a punto de dejarse llevar por la melancolía otra vez miró a Alice y no pudo evitar reírse, estaba sonriendo y totalmente despeinada. Cuando le hizo aquella pregunta no tuvo más que ponerle la mano sobre la cabeza y despeinarla un poco más en un gesto desenfadado, porque ya había oído esa pregunta mil veces y ya pensaba que la muchacha veía que aún no estaba adaptado a ese lugar o algo así.

Todo va bien. Empezó bien y sigue igual – dijo encogiéndose de hombros, con esos gestos de ella recordaba que no tenía que entristecerse por estar ahí, con poder pasar más tiempo con ella compensaba la dictadura totalitaria bajo la que estaba la escuela. O al menos si pensaba así se le pasaba la gilipollez – es como tú dices, podemos estar aquí sin más, sin que tus hermanos lleguen para molestar… y lo que es mejor, puedo estar relajado, que cuando está tu padre delante parece que me meten una escoba por el culo. Ese hombre me infunde demasiado respeto – dijo riendo, la familia de ella era como una segunda familia de mentira para él, por lo menos en cuanto a cariño, porque con ellos había pasado los mejores momentos de su niñez, sobrepasando por mucho a los que pasó con su padre.

Pero vamos, supongo que lo peor es mi madre, eso de que sea profesora aquí es una mierda, sobre todo porque intenta caer en gracia a la sociedad mágica y se pavonea por ahí con su apellido de soltera como si padre nunca hubiera existido – dijo volviendo su tono un poco más serio también, aquello era algo que había pensado por mucho tiempo, no eso de que su padre no existiera, ojala, si no que estuviera intentando rehacer su vida en el bando equivocado, acercándose a esos puristas insoportables, quedando bajo el yugo de don Levine, dándole todo el poder para hacer con ella lo que quisiera… – pero bueno, ya es mayorcita, espero que sepa que hace.

Negó con la cabeza, consternado como siempre. No solía hablar con nadie de sus preocupaciones pero ese tema lo traía más liado de lo normal, no sabía bien que pensar de ella o de lo que hacía.

Bueno, ¿y a ti como te va el curso? Si alguien te molesta me lo dices y le parto la cara… no vaya a ser que se te rompan las uñas o algo intentando arañarlo – claro que bromeaba, pero siempre le había gustado picarla un poco.

Alice Morgan - October 17, 2011 01:08 PM (GMT)
No pudo evitar reírse a pleno pulmón - no podía ser de otra manera y como una de esas famosas risas de piratas - cuando dijo que de su padre podía esperarse cualquier cosa y que echaba de menos a sus hermanos. Con Jonny aun podía mantenerse una conversación serena, solía ser siempre muy correcto y serio cuando debía estarlo, pero con los mellizos 'Culo Petardo' ya era otra cosa... Pero Dylan tenía razón; se echaban de menos cuando no estaban y los podías llegar a odiar con tan sólo pasar un día con ellos.

Aun a pesar de lo que le contaba el muchacho, sus labios seguían arqueados en una sutil sonrisa, remarcando la vida tan feliz que llevaba, para ella no podía serlo más, y deseaba contagiarlo a sus seres más queridos como lo era Dylan. No podía evitar mirarlo con cariño de vez en cuando cuando éste le hablaba por ejemplo de sus situaciones. Sabía que el muchacho era fuerte, o al menos así aparentaba, pero era inevitable notar esa melancolía. Pero al menos cuando estuviera con ella, intentaría hacerlo sentir lo más mejor posible.

Sonrió más cuando éste llegó a peinarla un poco. Para que hiciera eso Alice debía de estar súper despeinada, pero nunca le daba mucha importancia, en realidad pocas veces se peinaba al levantarse de la cama. Debía ser la pesadilla de sus compañeras de habitación.

- ¿Sorpresa? Más bien fue un regalo - afirmó con una sonrisa amplia en sus labios mientras lo miraba. Era increíble como había pasado el tiempo, aún recordaba como aquellos mofletes de niño en el rostro del muchacho se ensanchaban cuando sonreía y jugaban. Pero tampoco deseó que se detuviera el tiempo, porque a pesar de ser ya adolescentes, Alice no dejaría nunca de ser niña - ¡Pues voy a hacer que ese 'bien' tan soso se convierta en un '¡No quiero dejar Hogwarts'!

Exclamó la muchacha, levantándose prácticamente de un salto y cogiendo las manos de Dylan, casi arrastrándolo para que él también de pusiera en pie y la siguiera hasta arrán de la orilla del Lago. El césped se iba convirtiendo progresivamente en un terreno compuesto de incómodas piedrecitas, pero a pesar de ir descalza, a Alice parecía no afectarle, dejando sus botas en donde habían estado sentados.

Una vez más no pudo contener la risa cuando habló de su padre. Estaba segura de que Diente Negro lo tenía en alta estima, y era el perfecto progenitor que uno pudiera tener; un oso cuando necesitabas cariño, y un ogro cuando necesitabas que te defendieran.

- Sólo hay que recordar las historias que nos contaba sobre sus tácticas de juventud para atracar barcos. Decía que con tan sólo ponerse mechas encendidas entre el pelo o la barba ya hacía que una tripulación entera se rindiera - recordó entre risas mientras seguía arrastrando a Thomas, y su fuerza no era para menos - No creas que no se ha notado tu ausencia este verano, mi padre, Jonny e incluso los mellizos me preguntaron por ti. Éstos últimos insinuaron que no había nada mejor que ponerte un pulpo en la cabeza mientras dormías, pero yo sé que lo preguntaron con cariño

Alice le guiño el ojo diciendo eso último, además de que seguro que el muchacho nunca antes se había entretenido con un duelo a espadas antes de pisar el Anne Pirate.
Pero escuchó con seriedad una de las preocupaciones de Dylan: el tema de su madre. Su familia, por suerte o por desgracia, parecía cada vez más desestructurada.

- Yo aún no he asistido a ninguna de sus clases.. - comentó, aunque no viniera mucho al cuento, pero haría lo que le sintiera mejor a su mejor amigo, ante todo era la amistad - Por tu tono doy por supuesto que tú tampoco quieres asistir. Yo es que no entiendo estas guerras, ¿Qué importará la sangre estando por delante el alma de una persona y sus sentimientos? Y no sólo eso; ¡quisiera saber cuantos sangres sucias y mestizas han echo grandes descubrimientos!

En ese momento soltó las manos del hufflepuff y las extendió, dándole más dramatismo a sus últimas palabras, con un brillo en los ojos como si de verdad quisiera saberlo. Pero una vez más, Dylan desvió el tema en algo más positivo, aunque Alice no quería que se quedara con todos esos sentimientos dentro, pero tampoco quería agobiarlo constantemente, iban saltando de tema a tema y quizá así se haría más ameno.

- ¡No problem! ¡Pero si tú te pides la cara... yo me pido la entrepierna! - comentó entre risas, mirándose por unos segundos las uñas - Em... Bueno... Fracasé en mi último intento por dejármelas...

Y sí, ya volvía a tenerlas mordidas como de costumbre. En ese instante decidió meter los pies en el agua helada del Lago. 'Loca' hubiera sido el calificativo que muchos le hubieran dado, y a juzgar por su cara, se sentía como un bloque de hielo, a pesar de la de veces que se había tirado de cabeza en aguas heladas, costaba acostumbrarse.

- Al próximo que me diga que no tengo cojones, ¡se los corto! - dijo con la piel de gallina.

Dylan M. Thomas - October 20, 2011 11:49 PM (GMT)
Toda ese derroche de entusiasmo por parte de su amiga se le contagiaba. Estaba tan sonriente y hablaba con tal desparpajo que él no es que tuviera demasiados problemas para ampliar el trazo de sus labios y hacer que este quedara convertido en una sonrisa simpática. Era el don de Alice, que pocas personas tenían con él, siempre estaba sonriendo cuando se trataba de ella, de sus expresiones, sus tonterías… y si algo tenían en común era ese afán por no abandonar la niñez. A pesar de todo, con las malas experiencias, las horas de fiestas, todas las tías a las que se había tirado (que no eran demasiadas en realidad)… aún con eso aún se sentía muy niño. Cojones, que tan solo tenía 16 años y apenas había comenzado a disfrutar de su vida, no iba a fingir ser adulto, como parecían hacer todos a su alrededor.

Y antes de darse cuenta estaba siendo arrastrado hacía el lago, ella ya tenía los pies libres, pero él en cambio no, y con el fresco de la mañana no le apetecía en lo absoluto ir a meter los pies al agua, que seguro estaría bien fría. Pero se dejó llevar riendo, sin oponer resistencia alguna, mirando el pelo de ella que se removía según caminaba, acercándose a las aguas.

Tus hermanos y sus pulpos… creo que eso no lo echo de menos en absoluto - dijo en tono de broma recordando fugazmente alguna de las bromas pesadas que solían gastarle, pero en realidad había aprendido a quererlos aún con eso, pues como ya había dicho eran como su segunda familia, y sabía que la Gryffindor no exageraba cuando decía que habían preguntado por él, ya casi era habitual verlo ahí en verano.

Cuando la chica soltó su mano aprovechó el momento para quitarse los zapatos, si el agua fría era desagradable a esas horas peor sería tener los pies, calcetines y zapatos mojados el resto de la mañana. Aunque las piedras que adornaban las orillas no eran lo más agradable ni nada… tampoco iba a ponerse a quejarse cual niño pequeño.

No he ido y no creo que vaya, herbología no es mi materia favorita y ella no es una profesora que quiera tener, pero tú tienes campo abierto… no voy a decirte que deberías hacer – dio un corto paso al frente, sin llegar a tocar aún él agua, mirando con profunda admiración a la chica, parecía muy segura de sí misma y se sus convicciones, él lo estaba. Sabía de sobra de qué lado de la guerra estaba. Pero envidiaba en cierto modo esa desfachatez con la que decía que no entendía la guerra, que no le veía razón ni sentido a todo aquello… esa actitud era la que lo hacía pensar que realmente era una tía con mucha personalidad – Alices estás loca, de verdad.

Y no solo porque estuviera gritando que le daba igual todo aquello, o porque se hubiera tomado literalmente su promesa de defensa, o porque le hubiera enseñado las uñas, si no porque había metido los pies en el agua helada del lago.

Si tú haces eso y yo ahora no, pareceré un cobarde. Me pones en un compromiso – claro que no lo decía en serio, si no que más bien se había acercado a ella en dos rápidos pasos y la rodeó por la cintura con los brazos, levantándola y metiéndose él también el agua, hasta la altura de los tobillos nada más y soltándola otra vez en el suelo, como si aquello hubiera sido su pequeña venganza personal – y no te muerdas las uñas, no vas a poderme dejar marcas el día que… – el tono de su voz fue volviéndose más pícaro y al final cortó con una sonrisa amplia. Le cogió una muñeca para ver como las tenías y la miró con el ceño fruncido – tienes unas manos muy feas, quizás con unas uñas largas lo disimularías mejor.

Estaba intentando no prestarle atención al frío absoluto que se colaba por la piel de sus pies, diciendo cualquier tontería y procurando moverse. Totalmente loca por meterse ahí, y él peor aún por seguirla.

Alice Morgan - October 25, 2011 03:43 PM (GMT)
Lo mejor de todo es que en sus conversaciones nunca había ausencia de risas, ya fuera al terminar antes de despedirse, al principio al verse o en medio del asunto en el que hablaban, en ocasiones hasta el punto que le acababa doliendo el estómago. Estaba segura de que era una de las cosas que la hacían mantenerse sana y fuerte.

- Ya lo sé, pocas veces hago caso de lo que me dicen -apostilló a las palabras del Hufflepuff referentes a su madre y las clases que impartía. Sí, ella hacía mucho caso a lo que sentía y lo que creía correcto que debía hacer. Y además; ¿Qué iba a hacer en una clase sin la compañía de Dylan? Sería muy aburrida... Sí, definitivamente eso de los estudios no estaba hecho para ella, aunque las clases prácticas molaran un hueval. Si había algo que le motivaba a ello, era que quería ser un buen mago como lo era su padre, aunque últimamente de vez en cuando dejara de lado la magia. Definitivamente; ¡Era mucho más excitante subirse al mástil como los monos y soltar las velas mientras notabas la brisa a esas alturas despejarte el rostro y la mente, que no hacerlo todo des de el suelo con un simple gesto de mano!

- Así que por mucho que me dijeras yo...

Pero no le dio tiempo a terminar la frase que de repente notó las manos del muchacho en la cintura y la sostuvo entre sus brazos hasta que adentrándose sutilmente al agua, la volvió a soltar.
Ah, pero para Alice aquello no era suficiente; necesitaba algo de adrenalina y pasar un buen rato, y quiza era la ocasión, aunque pareciera algo masoca entre aquellas aguas heladas. Y si se acatarraba era igual; así perdía una mañana de clase hasta tomarse la asquerosa poción en enfermería. La de veces que se había tomado chicles y golosinas para aparentar estar enferma y saltarse las horas. Aun de vez en cuando las compraba en la tienda de bromas del Callejón.

Le sostuvo la mirada unos largos segundos a Dylan, mirándole profundamente a los ojos como si estuviera a punto de confesarle algo, y así quería que el muchacho lo creyese, aunque era sólo mera estrategia para sacar su varita en un rápido movimiento y apuntarle en el pecho. Fue el momento que sonsacó una sonrisa traviesa seguido de una amago de risa.

- ¡Flipendo! - decidió conjurar, saliendo de su varita un rayo azulado que provocó que el muchacho se propulsara unos metros hacia atrás, suficiente como para adentrarlo por sorpresa en la parte profunda del lago. No creyó hacerle daño, es lo último que quería, así que eligió el hechizo de rechazo más débil que se le ocurrió. Bueno, y si le hacía un poco de daño que se jodiera, que era un hombre.

Pero ella no se quedó atrás: después de unos minutos de ataque de risa por ver a su amigo así, que seguro debía de estar maldiciéndola porque el agua estaba como para dar un infarto a cualquiera y más si lo había empujado de esa manera, se decidió y, cogiendo carrerilla y cuando llegó a la suficiente profundidad, se tiró de cabeza al agua y alcanzó a nado a Dylan.

- ¡No! ¿Loca? ¿De verdad? - repitió con ironía entre risas, tuvo que llevarse la mano al estómago incluso. Al fin consiguió volver a tomar aire para hablar, pues entre la risa y el frío - cosa que aun le provocaba más risa - estuvo unos instantes sin poder articular palabra - ¿Has visto? Al menos aprendo algo en ciertas clases. ¡Y son manos de mujer luchadora! ¿Para qué me las voy a dejar largas? ¿Para que se me cuelen por las rendijas entre tablón y tablón del suelo de madera del barco?

Negó fijándose en su propia mano, aunque comenzó a no tenerlo tan claro. Era cierto que era una auténtica bruta, pero siempre tenía su lado femenino, y verse con las uñas más largas se le antojaba cuanto menos curioso. Pero por supuesto, no usó ese argumento.

- Bueno, ahora que lo dices... Sería una buena arma contra los Culo Petardo - contempló sus dedos como si se trataran de una espada o algo semejante y de gran utilidad, hasta que oyó las palabras de Dylan, y con aquel tono pícaro - ¿El día que...? ¡¿Qué de qué!?

Exclamó y antes de que su sonrisa la delatara puso toda su fuerza en hundir la cabeza del Hufflepuff bajo el agua los segundos suficientes antes de dejarlo salir a la superfície de nuevo.

- ¿Qué? ¿Has visto ya al calamar gigante ese que dicen que anda por aquí? - sonrió - ¡Qué bien! Esto ya me recuerda más a las vacaciones... Aunque haga un frío de cojones, pero es un buen entrenamiento. Esto sí que te fortifica y no los paseítos de abuelito que te das tú por ahí.

Comentó en broma.

Dylan M. Thomas - October 27, 2011 11:50 AM (GMT)
Cuando notó el conjuro que la chica le había hecho fue como si le hubieran empujado con fuerza, haciéndolo saltar hacia atrás y cayendo en la parte bastante más profunda del lago. La sorpresa arrancó de sus cuerdas vocales un sonido grave mientras estaba por los aires y el salpicar del agua terminó con el mismo, porque se hundió durante unos segundos. Loca no, lo siguiente… mira que había formas de hacerlo nadar, y ella escogía tirarlo a la profundidad por sorpresa.

Pero lejos de enfadarse por ello cuando logró tomar aire de nuevo comenzó a reírse por su propio “grito” asustado y por lo que ella estaba diciendo, al menos no sería el único que se mojara hasta las cejas en ese momento, pues la estaba viendo aproximarse a él de nuevo.

Si, loca loca loca loca y loca y deja de mirarte las uñas como si fueran armas, no se para que te doy la idea…

Mientras hablaba estaba aún medio riéndose por todo en general, además, era mejor reír, que el frío le helaba la piel a cualquiera y con una sonrisa todo era mucho más fácil de soportar, hasta las temperaturas negativas. Y ya iba a reírse con aún más ganas cuando le preguntó sobre la frase que había dejado inconclusa cuando ella, por sorpresa de nuevo, lo hundió sin dejarle siquiera tomar aire, eso le pasaba por jugar en su terreno, es obvio que Alice se defendía mucho mejor que él en cuanto a nadar y mantenerse a flote se trataba.

¿Qué te crees que yo en Alemania me bañaba desnudo en lagos helados para entrenar? Joder, que frio.

Tardó unos segundos en decir eso después de salir a flote, porque al no tomar aire antes había tragado algo de agua y estuvo un rato tosiendo para sacársela de los pulmones. Pero eso tampoco le iba a aguar el ánimo, y nunca mejor dicho.

Y si, he visto al calamar pero dice que prefiere a las tías que están buenas, así que nosotros podemos nadar tranquilos por aquí.

Mientras le decía eso sacudió la mano para levantar una buena cantidad de agua y lanzársela a la chica directamente a la cara buscando picarla con eso y la frase de antes, pero tomando esta vez la prevención de salir nadando antes de que se le pudiera acercar para volver a hacerle una ahogadilla o cualquier otra cosa. En realidad era cierto lo que ella había dicho, aquello era un buen entrenamiento, y nadar los haría entrar en calor, de modo que se paró por un segundo.

¡Atrápame si es que puedes!

Y continuó nadando lo más rápido que podía con la ropa… así que no es que fuera muy rápido y sabía que no muy tarde lo alcanzaría.




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