Mutantes y Humanos compartiendo un mismo mundo… y una guerra en ciernes.

Cuando la coexistencia parece volverse inviable, la única opción es tomar partido pero… ¿Por quien lo harás? Una política opresora, empresarios sin escrúpulos, experimentación humana con total impunidad, atentados terroristas, corrupción… pero aún en tiempos turbulentos existe quien aboga por el dialogo, la cooperación y la convivencia.

El mundo está en tus manos. ¿De qué lado estás?






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 Visitando la Iglesia, Para Ted
Declan Drake
Posted: Jul 17 2009, 08:35 PM


Alumno. Nivel 2.


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LLevaba tiempo sin ir a misa, casi se sentía mal. Recordaba escuchar la misa desde el mejor sitio para hacerlo, la parte de arriba de la Basílica de San Pedro. Sen escondía detrás de las rejas de protección para los visitantes que subían a la cúpula, que a esasa horas no lo podían hacer, y escuchaba la misa en latín.

Sin que le vieran sus compañeros salió por la ventana, no le gustaba que la gente se riera de él por ser católico, ya que últimamente ser católico estaba mal visto por los jóvenes. Declan sabía que la Iglesia tenía cosas incomprensibles, y lo que no veía sensato, no lo tomaba, pensaba que Dios es el que cada uno se crea, siempre que haya reespeto hacia los demás.

Se puso el antifaz blanco mientras volaba. Cuando llegó a al ciudad, a demasiado altura para que nadie lo viera, bajó en picado hasta la catedral. Se quedó un rato escondido en un callejón, para comprobar si alguien le había pillado, pero era demasiado temprano un domingo por la mañana para que la gente joven, con buena visión, estuvieran fuera de sus camas.

Ató una varias cuerdas alrededor de sus alas plegadas para que sin darse cuenta se le desplegaran y para que no se notaran tanto debajo de la sudadera. Se puso la capucha de aquella sudadera marrón y anduvo muy rápidamente hasta dentro de la catedral. Aún no había mucha gente. Se pusó al final del todo, sin sentarse, simplemente apoyado en la pare, otra forma de disimular sus alas. Poco a poco la catedral se fue llenando de gente, pero se iban hacia delante. Se dio cuenta de que seguía con la capucha puesta y se la quitó.

Una señora mayor, a primera vista muy agradable se puso a su lado saludándole. Se fijó en que no le paraba de mirar. Entonces, al pasar la mano por su cara se dio cuenta de que no se había quitado el antifaz. Esbozando una forzada sonrisa se lo quitó.

-Estaba jugando con mi hermano pequeño, no me di cuenta. -Dijo con una sonrisa, la mujer mayor también le sonrió. La señora se puso a hablar a Declan, no sabía por que, pero la gente tenía tendencia a hablarle de forma agradable, no se quejaba, mejor que que le hablaran de malas formas.

La misa comenzó, el cura era pelirrojo, parecía escocés o algo por el estilo. El tiempo iba pasando. Habló sobre un ángel, y Declan no pudo disimular una sonrisilla. Cada vez aquellas cuerdas picaban más, y con la sudadera, en pleno verano, hacía más calor. A mitad llegó la hora de la comunión, aunque la mujer mayor le invitó a que fueran de los primeros, él dijo mejor que al final, y al final la señora se esperó con él. Fue el último en comulgarse, tomó la hostia y bebió un sorbo ed vino. Miró al cura e hizo una reverencia con la cabeza, mosntrándole una sonrisa, eso era costumbre de DEclan, sonreír a la gente.

El sermón acabó, se dio la paz con la mujer mayor, y se quedó un rato más, esperando a que todo el mundo saliera. Se sentó en un banco mientras esperaba. Mientras se acercó, alguna ppluma cayó al suelo, pero nadie lo vio. Eso hizo que se sentara más rápido. Cuando pasó un cuarto de hora, se levantó y, mirando en todos los sentidos, fue dirección a la puerta.


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Ted Sullivan
Posted: Jul 22 2009, 11:36 AM


Sacerdote // PNJ


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Misa de domingo por la mañana. Toda la catedral se llenaría de abuelillos y abuellilas, como mucho, de matrimonios conservadores que traían a rastras a sus hijos, niñitos malcriados a los que costaba Dios y ayuda tener en silencio y comportándose, medianamente, como personas civilizadas.

Casi nunca se veían rostros jóvenes yendo a misa, ya no. Como mucho alguna tarde, alguna jovencita con remordimientos de conciencia por haber sido demasiado cariñosa con su pareja, venía a confesarse. Sí, las mujeres eran mucho más propensas que los hombres para esas cosas.

Al final se había habituado a los rostros. Casi siempre era lo mismo y, a pesar de ser la catedral, y no una parroquia de barrio, contaba más o menos con los mismos feligreses habituales. De vez en cuando, los domingos o fiestas de guardar, había gente que prefería comulgar en la catedral… pero hasta a esos rostros acababa por acostumbrarse.

Se preparó en la sacristía. Al principio hasta era entretenido organizar las misas, elegir los sermones, ver de que forma y de qué manera se ganaba la confianza y el cariño de todos aquellos meapilas. Una sonrisa frívola iluminó su rostro. Se le daba bien su trabajo aunque, como le pasaba con todos, se estaba sumiendo ya en una horrible rutina.

La ceremonia fue como la seda, como siempre. No tenía muy claro el porqué había decidido nombrar a los ángeles. Su rostro, en el altar, era amable y correcto, refleja la paz que trataba de transmitir. A pesar de todo, era un buen párroco, que escuchaba, que comprendía, cercano, amable, que se implicaba con los pobres pecadores –Entre los que se encontraba- No era un cura inquisitorial que amenazaba con el infierno y torturas eternas a los jovencitos que se pasaban de la raya.

Sus ojos grises se detuvieron en una mirada idéntica a la suya que le observaba de manera inquisitoria desde el primer banco. Su hermanita, que aparte de ser una auténtica beata, quería atarle bien corto ¿Qué creía que podía hacer en mitad de misa de ocho? ¿Dar un sermón promutante? Era inconsciente, pero no tanto.

A la hora de comulgar, ella pasó la primera, dedicándole una severa y dura mirada, casi como si le estuviera reprendiendo por hacer bien su trabajo. La conocía suficiente como para saber que hubiese preferido dejarle al descubierto, que se descubriera su nula vocación y sus poco lícitas acciones sino fuera porque, al hacerlo, se hubiese puesto ella misma en peligro.

-El cuerpo de Cristo.

Pronto la atención se desvío de la de su hermana cuando, al finalizar la fila, un muchachito joven se acercó a comulgar, el último. La expresión de Marjorie lo dejó todo bastante claro. Ted lo observó detenidamente. A pesar de haber ido el último y de su burdo intento por ocultarlas, si prestabas atención, no era difícil descubrir aquellos toscos bultos en su espalda donde se encerraban unas hermosas alas.

-El cuerpo de Cristo.

Ted debió de sonreír casi imperceptiblemente cuando le dio la comunión al muchacho, porque su hermana lo miraba de un modo distinto ahora. Un modo amenazante, que no podía ocultar su preocupación. Así que ese era el joven Declan, el hijo adoptivo de su hermanita… su sobrino.

-Podéis ir en paz.

Marjorie alargó el tiempo de marcharse de la catedral. Declan no pareció haberse percatado de ella. En el banco de la derecha, Ónice, observaba el juego de miradas entre los hermanos. Debió de suponer lo que ocurría, porque con un discreto gesto de la cabeza, instó a la bella pelirroja a marcharse de allí, no sin antes dirigirle una última mirada de aviso.

Cuando el joven se marchaba, Ted salió de detrás del altar después de haberlo recogido todo. Se acercó al banco que había dejado unos instantes antes y recogió un par de plumas del suelo. Sonriendo, alzó la voz, que resonó en la desértica catedral, para llamar su atención.

-Yo soy Gabriel, que estoy delante de Dios; y he sido enviado a hablarte, y darte estas buenas nuevas… -Ted sonrió de un modo dulce al sobresaltado muchacho que se había girado para mirarle- Un apropiado sermón, al parecer… Dime ¿Por qué ocultas tus alas en la casa del Señor?


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Declan Drake
Posted: Jul 23 2009, 08:00 PM


Alumno. Nivel 2.


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Sus pasos hacían eco por toda la catedral, como si miles de pies andaran por aquellos suelos de mármol y chocaran contra las paredes para volver por su camino. Ese efecto se causaba porque la catedral estaba completamente vacía. Escuchó la voz masculina que había estado escuchando durante el sermón, parecía dirigirse a él, a pesar de citar una parte de la Biblia. Supo que se dirigía a él por el versículo que había escogido. Hablaba de Gabriel, Gabriel era un ángel, un ángel era Declan, o al menos lo parecía.

Se paró en seco y lentamente se giró para cruzarse con los ojos de Marjorie. No. No eran los ojos de Marjorie. Eran los del cura. Pero eran iguales que lo de su madre. Se quedó espectante, sin decir nada, esperando a que hablara. Cuando dijo lo de sus alas sintió una ola de calor subir por su cuerpo. Escondió su mano detrás de su espalda, preparado para atacarle. Luego se dijo que no sería capaz de atacarle, no usaría el poder de la mente con él, si hacía algo sería huír con sus alas.

¿Que por qué escondía las alas en la casa de Dios? Porque los seguidores de Dios temían a la gente con alas. Siempre soñaban con ver a unn ser alado que les iluminara, pero a la hora de la verdad, cuando lo tenían delante, tenían miedo, incluso querían atacarle, reacción comprensible con el miedo. Miró a su alrededor para ver si quedaba algún feligrés, pero solo estaban ellos dos.

-¿Qué alas?. -Dijo sorprendido. -¿No pensará que soy un ángel? Por el amor de Dios, padre, soy un adolescente normal y corr..... -Entoces vio que en las manos llevaba plumas de sus alas. -La gente teme a la gente diferente. Desean ven milagros, y si los tienen delante de sus narices, les temen. Por eso escondo mis alas. ¿Qué cree que pensaría sus feligreses si un ángel se sentara junto a ellos en el banco? Que están locos...

Se quedó callado, mateniendo la mirada al cura. Luego se giró fue a la puerta, y la cerró. Se acercó de nuevo al cura.

-Mi nombre es Declan. -Dijo él. Por un momento pensó en "jugar" con él. Decir que se llamaba Gabriel o algo por el estilo, pero pensó que no era lo más apropiado.

Poco a poco se bajó la cremallera de la sudadera y la tiró a un banco. Miró las gruesas cuerdas que rodeaban su cuerpo impidiendo que las alas se desplegaran. Se las quitó lentamente, aquello escocía, las cuerdas le habíen creado rojeces en la piel y en algún sitio un poco de sangre. No debería haberme movido tanto. Se desató las cuerdas y las arrojó al suelo.

Muy lentamente desplegó las alas hasta que se extendieron al máximo. De nuevo miró al cura y dijo.

-Y he aquí el ángel que todo el mundo quiere ver pero que nadie soporta ver. -Dijo Declan como si aquello fuera una obra de teatro. Él era un mutante, lo tenía claro, pero sabía que su aspecto físico hacía que la gente le calificara de ángel.


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Ted Sullivan
Posted: Sep 24 2009, 11:21 AM


Sacerdote // PNJ


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-Mentir está feo… Y a un cura y en la iglesia, aún más.

Sonrió e hizo un gesto con la mano para indicarle que bromeaba. Que no se había enfadado porque intentase negar la evidencia ni su naturaleza cuando él le descubrió. Sabía perfectamente quienes eran y lo que tenían que hacer para seguir viviendo. Y en cuanto a las mentiras… tampoco era el más adecuado para sermonear a nadie.

Realmente le importaba bien poco.

El muchacho le explicó lo que ambos ya sabían. Que una cosa es ser un ángel y otra cosa es ser mutante. Aún así, Declan había tenido la suerte de vivir en una época tolerante. La adolescencia de él y de su hermana había sido mucho más difícil en ese aspecto. Ahora la gente sabía lo que era un mutante, y aunque los seguían viendo como portadores de un estigma, la educación y la información estaba haciendo que las mentes se abrieran.

Él siempre había estado orgulloso de ser mutante. Él había odiado a su hermana cuando ella manifestó una extraña facultad y él no. Siempre quiso ser diferente, más poderoso, único. Siempre alardeó de su don, lo utilizó sin esconderse, metiéndose en líos, buscándose problemas, atemorizando a la gente. Nunca se ocultó, nunca.

Hasta que ella lo prohibió.

Odiaba vivir en la sombra, odiaba estar maniatado. Odiaba que ella le controlase. Si por el fuese habría llegado a Moorside City devastándolo todo, demostrándoles a todos quiénes eran y de qué eran capaces, demostrándoles quiénes mandaban, quiénes estaban por encima, quiénes eran la cúspide de la evolución.

Ted lo odiaba. Odiaba sentirse como ellos, tener que fingir que era uno de ellos. Tratarles con amabilidad, con condescendencia, escuchar sus estúpidos problemas y estar a su merced. Estar oculto por su culpa, negando lo que era, escondido como una rata.

Declan se le antojó la imagen metafórica de lo que él se sentía. Declan era la imagen metafórica de lo que todos los mutantes eran. Ángeles con las alas atadas. No iba a consentirlo, no en su iglesia, no en sus dominios. Ama al prójimo como a ti mismo, menuda ironía. Todos aquellos meapilas apedrearían al chico si este se sentase junto a ellos.

-Aquí no tienes que ocultar lo que eres. Dios te dio esas alas. No creo que quiera que las ocultes en su presencia. Sé perfectamente de lo que el ser humano es capaz cuando le invade el miedo a lo desconocido…. Pero yo no les permitiría hacerte daño. Juntos quizá les podremos hacer comprender.

Siempre había sido así ¿No? Las voluntades se imponían desde el altar. Era mucho más efectivo.

Declan despegó las alas. Tenía todo el torso magullado y arañado. Ted chasqueó la lengua. No era el sensiblero que era su hermana, para la cual cualquier crío era su crío. A él eso le venía valiendo más o menos lo mismo. Pero Declan era un mutante y, además, de su familia. Aunque no les uniera la sangre y aunque las relaciones con su hermana estuviesen como estaban, sentía una muda fidelidad.

Le invadió una oleada de rabia.

-Pero criatura. ¿Qué te has hecho? Ven conmigo a la sacristía. Te pondré algo en esas heridas.

Le puso una mano en el hombro a Declan hasta conducirlo a una pequeña sala a la derecha del altar. Se puso a trastear en un armario hasta encontrar un pequeño botiquín de primeros auxilios. Rebuscó dentro intentando encontrar algo que pudiese servir para aliviarle el escozor al muchacho.

-No te veo mucho por aquí, Declan. Tu madre es una devota feligresa. Me sorprende no haberos visto juntos en misa aún ninguna vez. Aunque tampoco llevo aquí mucho tiempo. Ha estado en la ceremonia ¿Lo sabías?


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Declan Drake
Posted: Nov 13 2009, 10:22 PM


Alumno. Nivel 2.


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-Lo siento padre... Pero tenía que mentirle... -DIjo Declan sin poder dirigir la mirada a los ojos del cura, entonces le escuchó reirse, estaba de broma, así que le miró y sonrió.

El cura se quedó meditando en sus cosas, en lo que Declan se sintió incómodo, así que se rascó la nuca, gesto involuntario del chico. Entonces el cura comenzó a hablar y darle un sermón sobre lo que los humanos sentían.

-Padre, ellos no me han hecho daño. -Dijo él, olvidando siempre el caso de su padre. -Es como todo, hay humanos a los que les doy miedo y humanos que me aprecian, siempre será así. -Declan estaba totalmente convencido de aquello. -Y de todos modos, comprendo a los que tienen miedo.

Entonces el cura se fijó en sus heridas y le hizo pasar a la sacristía aunque él se negó. No le gustaba que la gente le ofreciera cosas porque se veía obligado a devolverlo. Pero al final el cura le desinfectó las heridas. Declan no se quejó a pesar de que aquello escocía, y mucho, simplemente daba suspiros silenciosos. Mientras pasaba el algodón por el torso herido de Declan, el cura habló. Declan se separó un poco cuando habló de su madre. ¿Quien era aquel hombre? ¿por qué conocía a Marjorie?

-¿Mi madre ha estado aquí? ¿De qué conoce usted a mi madre? -Preguntó Declan a la defensiva. Se levantó de la mesa. -¿Quien es usted?

Entonces se levantó de la mesa donde se había sentado mientras el cura le curaba y se acercó un poco a la puerta, sin dejar de mirar al curar, esperando una explicación. Luego pensó que su reacción estaba siendo demasiado exagerada, pero por otro lado, no mucha gente conocía la relación entre Marjorie y Declan. Además, la gente que lo sabía lo conocían porque se lo había presentado, así que a Declan le tendría que sonar.



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