Mutantes y Humanos compartiendo un mismo mundo… y una guerra en ciernes.

Cuando la coexistencia parece volverse inviable, la única opción es tomar partido pero… ¿Por quien lo harás? Una política opresora, empresarios sin escrúpulos, experimentación humana con total impunidad, atentados terroristas, corrupción… pero aún en tiempos turbulentos existe quien aboga por el dialogo, la cooperación y la convivencia.

El mundo está en tus manos. ¿De qué lado estás?






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 Queriendo verla de nuevo., Privado para Dania Ivanov.
Taylor Bennett
Posted: Sep 21 2011, 03:00 AM


Alumno. Nivel 1.


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Al fin había regresado a la Academia después de casi una semana de ausencia, tiempo que me tomó terminar de recuperarme del todo y estar prácticamente en óptimas condiciones, a excepción de una pequeña molestia en mi costado derecho. No se veía alguna marca o cicatriz en mi cuerpo, brazos o piernas y mi semblante volvía a ser fresco y entusiasta, como siempre.

Incluso había vuelto al gimnasio para continuar manteniendo mi cuerpo definido y marcado, aunque el entrenador físico no me dejaba levantar el peso con el que comúnmente trabajaba antes del incidente, pues no quería forzar a mi organismo convaleciente como era de esperarse. No obstante a ello, pude mantener esa definición característica en mi alta figura, como si nada hubiese pasado. Cuerpo de revista deportiva o de actor juvenil de Hollywood, como tallado en piedra y sin exceder en masa muscular, justo como a la mayoría de las mujeres les gusta. Sonrisa perfecta, corte de cabello a la moda y piel morena de la playa... todo un rompe corazones que siempre causa sensación entre las chicas.

Me sentía contento por volver a la Escuela Mutante. Después de entender lo que significaba ser un portador del Gen X, supe de inmediato que lo mejor sería permanecer en esta institución, donde estaría a salvo de mis perseguidores, quienes casi lograron capturarme aquella noche cuando fui salvajemente golpeado.

La Directora Vandermeer había sido bien clara en sus explicaciones y en su solicitud de inscripción, tanto conmigo como con mi familia, y si bien entendimos que parte de ese discurso era para adornar el contexto y el nombre de la Academia, también nos dimos cuenta que se trataba de una institución respetable, fundada con los principios morales y éticos con los que nosotros mismos nos regíamos como familia. Además, aún estando en la Academia podría seguir practicando el Karate y seguir participando en los campeonatos y torneos, aunque de una forma más vigilada y anónima. También había un gimnasio particular donde podría entrenar y un montón de chicas hermosas con quien pasarla bien... ¿qué más podría pedir un muchacho como yo a los diecinueve años? Tal vez un poco más de cercanía con mi familia, pero no todo podía ser perfecto. Al menos tendría chance de ir a verlos los fines de semana y de hablar con ellos a diario si lo requería.

No podía ser mejor la verdad, podría mantener una vida a la que estaba acostumbrado y con algunos beneficios extras. Saber el alcance de mis poderes mutantes me dio mucha confianza en mí mismo, lo cual se traduciría en una seguridad inmejorable al caminar por los pasillos de la Academia, donde no podría ser sometido por nada ni nadie. Al contrario, tal vez sería yo el que infundiese cierta tensión en los estudiantes por los efectos a los que se exponían si decidían acercarse. Y eso me había quedado bastante claro con el incidente ocurrido días atrás con el Jaguar, una bestia felina que parecía una mole de músculos y que intimidaba a cualquiera con su presencia. Al estar unos pocos segundos dentro del perímetro de mi poder, sufrió una transformación que nunca me imaginé y quedó tan indefenso que hasta un poco de pena me inspiró. En ese momento nunca hubiese pensado que todo aquello se debía a mi Gen X.

Pero en fin, ya estando en la Academia, lo primero que hice fue ir en busca de Dania Ivanov, aquella chica rusa que había conocido en la fuente del Laberinto cuando decidí escaparme del encierro de la enfermería, con bastantes golpes encima. La chica me había impresionado mucho y no la podía sacar de mi mente. Por alguna razón yo sabía le había gustado en cierta forma también y eso me impulsaba a avanzar con ella. Pero llegué finalizando la tarde, en pleno horario de clases, por lo que no me topé con ningún estudiante en mi camino a los dormitorios masculinos. Entré y acomodé todas mis cosas en el puesto que me correspondía. Como de costumbre vestía bastante deportivo el día de hoy, mostrando de qué estaba hecho. Tenía un par de días sin afeitarme la barba y me veía un poquito mayor de lo que era.

Cuando terminé de instalarme y de descansar un poco, volví a salir. Serían cerca de las seis de la tarde de ese viernes y el turno de clases había finalizado. Había bastantes estudiantes por los pasillos, pero ninguno conocido. Se notaba bastante movimiento, pues algunos se disponían a retirarse de fin de semana y otros a hacer sus planes de salida en la noche, como sucedía en toda escuela donde el fin de semana se acercaba y era sinónimo de fiesta y libertad.

Aproveché para iniciar mi búsqueda nuevamente. Caminé por todos los pasillos esperando encontrar a Dania, pero no fue así. Pregunté varias veces sin tener una respuesta. Hasta que me topé con una de sus compañeras de habitación, Ashley Cullen, quien me aclaró que por algunas tardes, ella se quedaba un par de horas más en la guardería donde trabajaba para suplir a una compañera que estaba de vacaciones. Y normalmente llegaba entre las siete y siete y media de la noche, pues estaba limitada al transporte público. Esos horarios de trabajo no coincidían con las clases en las que estaba inscrita en la Academia, por lo que no había ningún problema en que trabajase así.

Me pareció perfecta la ocasión y preparé un plan para sorprenderla gratamente, después de todo le había prometido venir por ella y le iba a demostrar que yo cumplía con mis promesas. Disponía de más o menos una hora y media antes de que ella llegase, por lo que salí raudo y veloz en mi coche hasta la periferia del pueblo que quedaba cerca de la Academia. No me tomó más de quince minutos llegar. Me bajé en la floristería con la intención de preguntar por un ramo, de esos que tienen bases y muchos tipos de flores.

-Buenas. Saludé a la floristera, quien terminaba de darle los toques finales a un arreglo. -Necesito su ayuda... estoy buscando al apropiado para...

-Para una chica, tienes una cita. Completó la Mujer. -Sí. Repliqué yo, aunque no era del todo verdad lo que ella decía, aún no sabía si mi plan iba a funcionar.

-Que caballero, es grato ver que aún hay jóvenes que saben lo que es regalarle flores a una mujer. Se le veía complacida y hasta me miraba extrañada, como si yo fuese demasiado joven, rudo o fuerte para estas cosas, sin embargo me atendió amablemente.

-A ver galán ¿cuál es la ocasión? Si se puede saber claro, para ayudarte mejor. Se veía que preguntaba de forma adecuada y no por saber a como diera lugar. -Bueno, quiero sorprenderla y que acepte una cita. Apenas la he visto una vez, pero realmente me trae de cabeza esa niña. Le hice el comentario, haciendo obvio que apenas está iniciando el proceso de cortejo y que no tenía nada con quien recibiría esas flores.

-Muy bien, tengo lo adecuado para casos como este. Completó de forma segura a la vez que iba en busca de un arreglo en específico. -Con este ramo no me cabe la menor duda de que aceptará. Trajo un ramo de tamaño mediano. Para mí el ramo se veía bien bonito y apropiado, así que en seguida acepté.

-Muchas gracias. Saqué la cartera y le pagué por ramo. Saqué billetes suficientes para cubrir el costo y un poco más, no me importaba cuanto estaba gastando, sino quedar bien con el detalle. -Quédese con el cambio señora, ha sido usted muy amable.

-Muchas gracias joven, le deseo éxito en su cita. Me respondió un tanto pícara y segura de que todo serviría. Salí del establecimiento, regresé a mi auto, coloqué las flores en el asiento del copiloto cuidando que no se estropearan y volví a la Academia.

Me estacioné cerca de la entrada sin bloquear el acceso vehicular de la zona, aún sabiendo que no era un lugar adecuado para aparcar el vehículo. Volví hasta los pasillos, en donde me encontré a la compañera de cuarto de Dania, con quien había hablado hace un rato. Ashley me confirmó que la rusa aún no había vuelto, lo que era perfecto para que el plan funcionase. Le comenté lo que quería hacer y ella aceptó al ver que mis intenciones no parecían ser malas. Hasta romántico le pareció y pensó para sus adentros que sería estupendo que Dania abandonase ese estado melancólico en el que se encontraba sumida desde hace meses. Le pedí que por favor dejase el ramo en su habitación, en un lugar muy visible y obvio para mostrar que las flores eran para Dania. En ese mismo instante tomé la tarjeta que venía con el ramo y la llené, apoyándome de una de las paredes para escribir.

-"Dania, vengo por tí a las ocho y media, lo prometido es deuda. Taylor." Mi letra no era la mejor, pero si se entendía. Encajé la nota entre las flores y dejé que la chica hiciera su trabajo, no sin antes agradecerle esta segunda que me estaba haciendo. Le pedí que no le dijera nada a Dania acerca de mi permanencia en la Academia, pues quería ser yo quien le diera la noticia cuando estuviésemos en nuestra cita.

Y fui de inmediato hasta mi habitación, debía alistarme y salir de la Academia antes de que Dania llegase. Me duché muy bien y salí con una toalla envolviendo mi cintura. Abrí un par de gavetas de la cómoda y escogí el atuendo adecuado para salir: Unos pantalones de vestir nuevos, de color negro; una camisa manga larga blanca con el cuello a la moda; cinturón negro, de cuero y con la hebilla plateada; una chaqueta negra como el pantalón y mis zapatos negros de salir. Me vestí sin problemas, todo quedó en el justo lugar y a la moda, lucía sexy y elegante a la vez, lo que sabía era importante para las chicas cuando tenían una cita. Ajusté mi reloj Swiss Army en mi muñeca izquierda y una esclava de plata en la derecha. Me vi en el espejo y me di cuenta que algo faltaba: El cabello. Cogí un poco de gel que tenía en el baño y lo unté en mi cabello, peinándolo hasta obtener la forma que quería, un estilo algo alborotado. Por último y no menos importante, el perfume. Escogí el típico Boss y lo apliqué de una forma tal que fuese agradable al olfato, sin excederme en la cantidad, pues nunca me agradó bañarme en perfume como lo hacen muchos. No me afeité la barba rala que tenía, pues quería lucir distinto para Dania y a decir verdad no me quedaba mal el estilo.

Ya estaba listo, me di una última revisada en el espejo y quedé conforme. Tomé mi cartera, mi móvil y las llaves de coche y me dispuse a salir. Me escudriñé por los pasillos de la Academia sin que nadie me viese así vestido. Me subí a mi Mustang rojo que estaba convenientemente estacionado cerca de la entrada de la Academia y salí, logrando mi cometido. Afortunadamente nadie me llamó la atención por dejar el coche donde no debía.

Me dirigí manejando hacia el pueblo para hacer tiempo. Aún no decidía si llevar a la rusa al Café Capriccio o hasta la ciudad de Moorside, donde había establecimientos más adecuados para la cita. Eso se lo preguntaría a ella, quien tendría siempre la última palabra, si es que aceptaba salir conmigo.

Miré el reloj y vi que la hora se acercaba. -¡Ufff Se me hace tarde!. Dejé de dar vueltas y fui hasta el Café para comprar una caja de bombones de los más finos que encontrase.

-Buenas tardes, quisiera por favor estos Bombones. Dije señalando con mi mano derecha a una caja específica, la cual era ideal para la ocasión, venía con una envoltura apropiada para regalar.

-Como no, aquí tienes. Me contestó la chica que atendía en el aparador mientras buscaba. Noté que yo le había gustado por la forma en que me miró cuando me entregó los chocolates. Sin embargo, mi pensamiento estaba tan clavado en la Ivanov, que no le respondí como lo hubiese hecho normalmente, con un guiño o una sonrisa pícara. Le pagué y salí del café.

No tuve problemas en encontrar nada de lo que necesitaba para mi plan, parecía que todo estuviese arreglado para que las cosas me salieran bien, hasta me reía solo al ver como todo cuadraba. Volví a mi coche y me dirigí hasta la Academia, ligando no haberme pasado de hora. Miré nuevamente el reloj y vi que la aguja se posó sobre el número cinco, indicando que eran las ocho y veinticinco de la noche. ¡Justo a tiempo! Pensé alegre de estar puntual, era muy poco caballeroso llegar tarde y hacer esperar a una dama.

Cuando llegué a la entrada de la Escuela Mutante me estacioné frente al Hall de la Academia, cuya entrada estaba totalmente despajada. Me bajé y acomodé mi atuendo, asegurándome de que todo estuviese en orden. El reflejo del Auto recién lavado me ayudaba mucho y hasta pude ver mi cabello perfectamente peinado. Luego me recosté del coche y esperé.

En verdad deseaba que Dania aceptara la invitación, hacía mucho tiempo que no hacía este tipo de cosas por una chica y estaba algo nervioso. Cualquiera podría sentirse tonto haciendo algo así, pero yo no, desde siempre me gustó sorprender y tratar a las mujeres como sabía que les gustaba.

Si Dania aceptaba, no tardaría mucho en salir por esa puerta hasta donde yo estaba. Y si no lo hacía, pues sí iba a sentirme como un tonto.


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Taylor Bennett
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Dania Ivanov
Posted: Sep 21 2011, 09:56 PM


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-¡Lindsay! ¡Lindsay! Suéltale el cabello a Morgan. -Gritó Dania mientras se acercaba a las dos niñas que discutían. Con cierta brusquedad las separó, y luego se les quedó mirando, dándose cuenta de que esa no era forma de tratar a los niños, por muy mal que ella estuviera. Suavizó la voz. -¿no ves que así le haces daño, cariño? ¿A que a tí no te gustaría que te hicieran lo mismo?. -Y la niña le miró con ojos lagrimosos mientras negaba con la cabeza.

Dania se levantó, estiró las rodillas y se ajustó el delantal verde de la guardería, con un sol sonriente. Debajo llevaba pantalones vaqueros largos y un jersey negro. Ya ni siquiera vestía como antes, con vestidos y ropa colorida.

Su jefa ya habia notado que las cosas no iban bien con Dania y le ofrecía acortar su turno, que descansara. Pero Dania no podía, no quería, era la forma que tenía de evadirse lo más que podía, de hecho, a veces doblaba turnos porque una de sus compañeras no podía ir.

-Dania, las 6:20, vete ya o perderás el bus de las 6:30.

-Aún me puedo quedar un poco, aún puedo coger el de las 7. -Respondió ella automáticamente, acostumbrada a las ofertas de irse.

-No, vete.

-Está bien... -Dania se quitó con tranquilidad el delantal, lo colgó en su percha y cogió su bolso. -Adios, chicos y chicas. Portaos bien. -Dijo sonriéndoles a aquellas inocentes criaturas. Conforme andaba, sacó del bolso un mp3 y se puso los auriculares. Casualmente, o tal vez no tanto, las canciones eran pesimistas, melancólicas y tristes. Llegó al autobus y sin mirar a nadie se sentó en un asiento libre y simplemente dej´´o de pensar en esa casi media hora de viaje.

Al llegar a la academia, arrastrando los pies, subió los escalones y atravesó los pasillos que le llevaban a su habitación sin tener conciencia de aquellos actos. Giró el pomo y entró a su cuarto, un extraño olor invadió sus fosas nasales, pero lo ignoró. Se dejó caer sobre la cama, mirando al techo, aún con el bolso en la mano y se quedó así durante quince minutos, hasta que se acordó que debía ducharse. Fue entonces, al incorporarse, que vio algo rojizo sobre su mesa de estudios. Durante unos segundos se quedó mirándolo sin saber exactamente que era, aunque sus ojos claramente le decían que era un ramo de flores.

Lentamente, casi con miedo, se acercó al ramo y acarició una de las rosas que en él habían. Las rosas eran hermosas y olían bien. Siguió acariciando las flores mientras sus ojos se fijaban en que había una tarjeta. Aún no podía creer que hubiera un ramo de flores en su mesa. Lo miraba seria, sin saber como reaccionar. Cogió la tarjeta y la leyó muy lentamente. -"Dania, vengo por tí a las ocho y media, lo prometido es deuda. Taylor" Era una letra de hombre, eso estaba claro. ¿Taylor? ¿Quién era Taylor?

Y de pornto cayó, era aquel chico en la fuente de laberinto, aquel que le había hecho sonreís pero que iba a desaparecer de su vida porque era de California. Algo se movió dentro de ella, empezó a formársele una sonrisa, pero aún así, no terminaba de mostrar esa melancolía al mundo exterior.

¿Era aquello cierto? Aquel chico le estaba proponiendo una cita. Bueno, qué más daba, no iba a asistir. Tenía mucho que estudiar, deberes, además estaba cansada del trabajo. Dejó la tarjeta en la mesa, sacó una de las rosas del ramo y se tumbó en la cama mientras contemplaba y olía aquellos pétalos. No iba a ir.

Algo le obligó a cerrar los ojos, si lo hacía, a lo mejor se quedaba dormida, y sería perfecto, no iría a la cita. El tiempo pasó bajo los párpados de la rusa, que aún estando segura de que le daría plantón, se planteaba como sería pasar la noche con él. Miró el reloj, seguro que ya eran las nueve, pero no, las manecillas seguían marcando las 8:10. Entonces se dio cuenta de que era hora de salir de ese estado, de olvidar, de pasárselo bien, de darle otra oprtunidad a la vida y darse a ella misma otra oportunidad.

Rápidamente se desnudó y metió en la ducha. Tenía que darse prisa. Con la toalla envuelta alrededor de su cuerpo fue al armario y buscó qué ponerse. Quería verse guapa y gustar al chico, pero no se sentía cómoda poniéndose uno de esos vestidos explosivos. Se puso unos vaqueros y una camiseta sencilla y se arregló el pelo. No se maquilló, simplemente se pintó la raya bajo sus ojos para perfilar su mirada.

Miró al reloj, 8:40. Oficialmente llegaba tarde. Cogió su bolso y bajó corriendo las escaleras. Cuando llegó a la puerta de la academia, dudó durante cinco segundos, y a punto estuvo de dar media vuelta y volver a su cuarto, pero no lo hizo, abrió la puerta.

No pudo evitar quedarse parada unos segundo mirando la imagen que se le apareció delante de sus ojos. Era Taylor, sonriente, con aquella perfecta sonrisa, y vestido para impresionar, de eso no cabía duda... Se sentía estúpida vistiendo una camiseta y vaqueros. Y luego estaba aquel coche que reflejaba la luz de las farolas de la academia. Ese chico estaba forrado, sintió miedo. Los niños pijos están muy mal acostumbrados y ella nunca había tratado seriamente con uno de ellos. Notó algo en su dedo, bajó los ojos y se encontró con una de las rosas del ramo, la que había estado oliendo mientras se había tumbado en la cama.

Bajó los escalones de hall y se situó frente a Taylor, sin saber qué hacer, si abrazarle, darle la mano o simplemente quedarse así.

-Muchas gracias por el ramo, es precioso. -DIjo ella con una sonrisa y realmente intimidada por el momento. Mejor hubiera sido haberse quedado en la habitación. -Me alegra verte de nuevo... ya estás del todo sano.


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Taylor Bennett
Posted: Sep 26 2011, 01:31 AM


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El reloj marcó las ocho y media y yo ya estaba impaciente, de no ser por el plan que había hecho, seguramente ya hubiese ido hasta la habitación de Dania a ver que sucedía ¿Dejaría Ashley las flores como acordamos?. Muchas preguntas tontas rondaron en mi cabeza, logrando únicamente que me preocupase por el éxito del plan que se me había ocurrido en el momento que me enteré que tendría que venir a vivir y estudiar en la Academia X.

Pero en seguida recordé algo muy importante: Mujer que no llega tarde a una cita, es porque realmente no está interesada. Las mujeres siempre se tardan arreglándose, quizás para hacerse las duras de conquistar o por simplemente pensar que es divertido hacernos esperar. Con esto se dan el lujo de probar si realmente estamos interesados en ellas o si estamos buscando un resuelve ocasional. Además, si se tarda arreglándose, significa que si está interesada en mi de la misma forma en que yo estoy interesado en ella. Y estaba casi seguro de que mis conjeturas eran verdad, por lo que me repetía eso en la mente una y otra vez para tratar de ocultar la preocupación. -"Es hasta mejor que llegue tarde Taylor, se está arreglando para ti". Me decía a mí mismo tratando de disipar los nervios.

Ocho y treinta y ocho, volví a mirar mi Swiss Army. Comenzaba a sentirme como un tonto. Pasó por mi mente la idea de cuan estúpida pudo haber sido la idea de crear un plan tan repentino y disparatado, después de todo, Dania sólo me había visto una sola vez en su vida y estaba en todo su derecho de rechazar una proposición tal de un desconocido. Tampoco le había dejado claro que era realmente lo que íbamos a hacer esa noche, por lo que su negativa me parecía más que lógica. Cuando la vi por primera vez me di cuenta que ella no era un chica como las demás, y que sí yo quería tener algo con ella, iba a tener que trabajar duro, ser un caballero en toda la extensión de la palabra y tratar de comprender lo que pudiese sentir. Y no es que anteriormente no haya sido un Caballero con el resto de mis relaciones o que haya sido un insensible, pero no podía engañarme a mi mismo diciendo que las pretensiones no eran únicamente sexuales. Y es que vamos, soy un hombre corriente y era normal que buscase desahogo a mis necesidades más básicas.

Estaba casi convencido de que no vendría, sin embargo, por alguna razón ahí me quedé esperando. Si mis amigos estuviesen ahí para verme, seguramente inventarían bromas para burlarse de mi por meses. Parecía mentira que yo, el casanova, el que siempre se sacaba las mujeres a sombrerazos (como dicen), ahora estaba nervioso por una chica y haciendo cosas sin sentido para llamar su atención. Por unos momentos mi sonrisa de siempre desapareció y mi mirada se fijó en el suelo, pensaba en que no me iba a dar por vencido a la primera, y que si esta vez no había aceptado una cita, si lo haría la próxima vez que se lo pidiera, frente a frente.

Y ya eran más de las ocho y cuarenta sin que yo me hubiese dado cuenta, ya no miraba el reloj siquiera. Sentí que era el momento de irme, pero no me movía realmente. -Bueno, con esto me puedo dar cuenta que se está dando su merecido puesto. Esto tiene que gustarte Taylor, porque ahora si estás tratando con una chica que tiene una personalidad tan determinante como grande es su belleza... ¿no es esto justamente lo que querías? Aguántate como hombre entonces y date cuenta y respeta su decisión, valora su actitud. En voz baja me hablaba a mi mismo en tercera persona, parecía loco realmente y todo era por causa de una chica.

Entonces un crujido de la puerta principal se dejó escuchar. Volteé rápidamente y la vi. Mi sonrisa fue instantánea y todos esos pensamientos anteriores se desvanecieron por completo. Debo mencionar que me decepcionó ver que no estaba vestida como para la cita que tenía planeada, lo que me sugirió que iba a darme un plantón en vivo y en directo, dejándome vestido y alborotado. -Claro Taylor, tu siempre excediéndote y dándotelas del guapetón, que manía la tuya. Me reproché a mi mismo mentalmente. Había sido tan sutil en mis pensamientos que no sería posible para nadie entrever lo que pasaba por mi mente, simplemente no expresé gesto alguno que sugiriese remotamente la sorpresa que me llevé.

-Estás preciosa Dania. Le dije a la vez que recordaba cuanto le había molestado que le dijera de esa forma en nuestro primer encuentro. -Perdóname, sé que no te gusta que diga estas cosas, es que realmente no pude evitar decir la verdad. Me disculpé sincero, aunque realmente estaba anonadado con la chica, si bien estaba bastante informal, era lo suficientemente bella para impresionarme. Rubia de cabellos largos y arreglados, mirada full expresiva, rostro de porcelana y un cuerpo que dejaría lelo a cualquierb hombre. Caminaba, aunque tal vez sin quererlo, de una forma muy sensual, contoneándose y exaltando estas curvas que hace días había visto en bikini. ¡Ufff! Como me gustaban las rubias y Dania llenaba todas mis expectativas y exigencias.

Cuando se acercó hasta mí, pude darme cuenta que tenía una de las rosas que le había enviado entre sus dedos. Eso despertó nuevamente mi esperanza, tal vez no iba a plantarme. Si bien ella no tomó iniciativa en lo absoluto, yo sí. Me acerqué hasta ella y le estampé un beso en su mejilla mientras pasaba mi mano izquierda sobre su espalda baja, para acercarla hasta mi y abrazarla. Eso sí, de una forma bastante respetuosa y que no denotara ninguna clase de abuso o actitud lasciva, aunque ganas no me faltan de tener ese cuerpecito cerca mío. Además, quería que ella se diese cuenta hasta de mi olor y que correspondiera mi gesto... tener esas manos níveas sobre mi era un privilegio que quería tener.

Iba a responderle que la preciosa era ella y que sólo le estaba dando flores a una flor más hermosa, pero a pesar de que yo lo consideraba como la verdad, seguramente a ella no le gustaría oir tal cosa, por eso respondí de forma más sencilla, volteando un poco la situación. Volví a darle su espacio y la miré a los ojos.

-Gracias a tí por aceptarlo y por venir hasta aquí. Quería hacerla sentir bien, la noté un poco tímida a diferencia de nuestro primer encuentro, por lo que supuse que mi verdadero yo era muy distinto a lo que ella vio cuando estaba golpeado y malherido. Estuve a punto de decirle que por unos momentos temí que no viniese, pero mi orgullo de hombre me lo impidió. En lugar de ello di respuesta a sus propias palabras.

-Yo soy un chico fuerte ¡Jajaja! Bromeé para suavizar el encuentro, obviamente no lo decía en serio ni mucho menos con la intención de fanfarronear. Le guiñé el ojo como un pícaro y enfaticé mi sonrisa a medio lado, remarcando mi deseo de arrancarle una sonrisa.

Era imposible para mí ocultar que ella me encantaba, no dejaba de mirarla un segundo. Pasaron unos segundos y no reaccioné. Hasta que por fin se me ocurrió algo. Me saqué la chaqueta y la lancé sobre el asiento trasero de mi auto descapotado. De esa forma luciría un tanto menos formal, tal vez logrando que Dania no se sintiese intimidada o fuera de lugar por sólo estar en jeans. Acto seguido, con la mano derecha abrí la puerta del copiloto como todo un caballero y le ofrecí entrar. Extendí la izquierda hacia ella para darle apoyo y ayudarla a subir.

-¿Me permites? Le pregunté recordando que la última vez que me tomé esa libertad con ella, había recibido tremendo rechazo.

Hacía todo eso un tanto nervioso, aún no sabía si ella realmente saldría conmigo, sin embargo actuaba de esa forma para convencerla de montarse en el auto. En ningún momento dejé de mirarla a los ojos con una sonrisa abierta y sincera.


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Dania Ivanov
Posted: Sep 26 2011, 11:46 PM


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Conforme se acercaba a él pudo sentir su mirada, que disimuladamente bajaba por su cuerpo. Seguramente no lo hacía con ninguna intención, pero Dania se sintió juzgada. A pesar de ello mantuvo el tipo, ¿quien sabe, a lo mejor le estaba juzgando positivamente?

-Estás preciosa Dania. -Le dijo Taylor. No le molestó en absoluto, realmente necesitaba escuchar algo positivo de ella en esos momentos, en su mente solo sonaba una voz que le decía estúpida por estar allí, ilusa y dependiente.

-Gracias. -Dijo ella con una sonrisa y llevándose la mano al cabello, apartándolo de su rostro para así poder evitar que el chico descubriera lo insegura que estaba en esos momentos. Pero no le gustaba lo segundo que dijo sobre decir la verdad, aquello era excesivo, incluso forzado. Quería decirle que él también estaba espléndido, pero no sabía como hacerlo sin darle al chico la sensación de que estaba flirteando con él. ¿Desde cuando se había vuelto así? Quería volver a sentirse la Dania que era entre la Dania humillada y la Dania dolida que era ahora. Le miró a los ojos y sonrió, casa en una mueca estúpida. -Tú también luces genial. -Aunque tal vez exaferadamente arreglado para una primera "cita".

Lo siguiente fue sentir su fuerte y confiado brazo rodeando su cintura para acercarle a él. Fue un poco inesperado para la rusa, que no supo muy bien como reaccionar y solo tuvo tiempo de apoyar sus manos en la cintura del chico. Notó los labios apoyandose en su mejilla. Sonrió. Y luego reaccionó rodeando, como pudo, a Taylor, correspondiéndole el abrazo que el chico que le daba. Rió, dando a entender que aquello había sido inexperado, pero no molesto. Y tuvo que hacer un gran esfuerzo para evitar que sus dedos y brazos se cerraran sobre el chico... Sentirse por fín acogida en los brazos de alguien, sentir el calor de otra persona que no fuera ella misma abrazando sus rodillas. Pero el abrazo acabó, y Dania se separó del chico antes de que él se separara de ella, no quería que Taylor notara nada. No, ella era más que una chica que necesitaba a alguien a su lado, ella era fuerte ella sola, sin necesidad de una mano que le ayudara, o de un hombro donde llorar.

Al separarse se dio cuenta de que el olor del olor del chico se había quedado atrapado en sus fosas nasales, creando así una relación que duraría por un tiempo. Cada vez que oliera aquella fragancia, le recordaría. Se rascó la nariz rápidamente y volvió a mirar a Taylor para agradecerle el detalle de las flores. La verdad es que no le gustaban los ramos de flores, los veía un detalle para gente mayor y muertos... Una simple flor expresaba mucho más que un ramo, pero aún así apreciaba el regalo.

-Yo soy un chico fuerte ¡Jajaja! Dania se rió ante la respuesta a su comentario.

-De eso no cabe la menor duda. -Contestó ella sacando la confianza del pozo donde la había tirado. A pesar de que el comentario podría sonar como un piropo, había usado el tono adecuado para que sonara como un comentario sin segundas intenciones, pefilado con una sonrisa inocente.

El chico se quedóo como embelesado mirándole, sin decir nada, simplemente mirándola. Al principio ella había correspondido sonriendo y alzando una ceja, pero luego se sintió un poco incómoda y sin saber que hacer. Y entonces Taylor salió de ese estado, cosa que la rusa agradeció. Taylor se quetó la camiseta y Dania pudo observar como sus musculosos brazos se marcaban en aquella camisa blanca. Se sintió aún más estúpida, el chico vistiendo como en su graduación, y ella con una vaqueros y una camiseta. Pero no era su culpa, no sabía el plan y no sabía que el chico iba a vestir tan exageradamente elegante.

Tras ese gesto, Taylor fue a la puerta del copiloto y la abrió, para ofrecerla la mano a Dania para tomar asiento. Dania sonrió ante tan caballeroso gesto, y sin dudar tomó su mano para entrar al coche, aunque no necesitara su ayuda. "Y si no necesitas su ayuda, ¿para qué narices coges su mano?"

-Gracias. -Dania esperó a que el chico se sentara en el asiento del connductor, y entrelazó sus dedos en su largo collar. -Bueno, tú dirás adonde vamos.-Dijo ella con una sonrisa mientras se abrochaba el cinturón. No tenía ninguna gana de elegir lugar, y así podría ver cómo le sorprendía el chico. -Es bonito verte otra vez, ¿cuando vuelves a California?

De repente se dio cuenta de lo expléndido de aquella pregunta, sabría cuando se iría y así podría seguir con su propia vida. Esperó a que el chico contestara. Deseaba que el chico condujera la conversación, ella no sabía qué decir, pero mentalmente creaba una lista para ir soltando preguntas en los silencios incómodos.


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Taylor Bennett
Posted: Sep 28 2011, 04:03 AM


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¡Wow! Esta chica sí que lucía segura de sí misma ante mí, hasta jugaba con su cabello. Y claro, seguramente estaba consciente de su hermosura y esperaba atraer a los hombres por otras razones. Sin embargo me sonrió y hasta me correspondió el halago de una forma muy natural. Eso me confundió por unos segundos, pues estaba actuando muy distinto de aquella primera vez, donde no se dejaba decir ni un piropo y hasta con cierto sarcasmo me había contestado para evitar que yo continuase con mi retahíla habitual. Pero no le presté mucha atención a eso la verdad, estaba más ocupado en mirarla, en agradarla y lo estaba logrando. Incluso hasta la hice reír un poco con mi insinuación de fortaleza. Eso hizo que mis nervios se calmaran un poco, todo iba viento en popa y mi confianza se inflaba poco a poco.

¿Y cuándo me abrazó? ¡Ufff! Como me había gustado esa risita inocente y su toque alrededor de mi torso musculado. Primero se apoyó sobre mi cintura y después recorrió mi espalda de forma delicada, rozando la tela de mi camisa que estaba un poco ajustada a mi desarrollada figura. Hasta podía sentir ese calorcito característico de personas tan cercanas. Con la diferencia entre nuestras alturas, daba la impresión de que yo quería protegerla y que ella buscaba protección en mí. No quería que ese momento terminara, quería seguir teniéndola entre mis brazos y no hice nada para detenerlo, fue ella misma quien lo hizo en una actitud muy natural. Me di cuenta que no le había molestado el asunto y eso seguía dándome alas.

También aceptó la ayuda que como todo buen caballero le ofrecí. Tomé su mano suavemente e hice la fuerza necesaria para brindarle un apoyo excelente y que la hiciera sentir segura entre mis manos. Fuerza física no me faltaba y seguramente ella podía notarlo a simple vista. Lo confirmé cuando me volvió a sonreír y me agradeció. Cuando ya estaba muy bien acomodada sobre el asiento del copiloto, cerré su puerta, asegurándome de que todo estuviese en orden y que no estuviese incómoda. Luego pasé a sentarme yo frente al volante y me percaté que tomaba con su collar entre sus dedos mientras me preguntaba acerca de nuestro destino. Otra buena señal, jugar con sus prendas me sugería más de lo que ella hubiese querido expresar. Sonreí una vez más como el típico pillo y le contesté:

-Ahhh eso es una sorpresa, estoy seguro de que te encantará. Con la forma en que le hablaba seguramente iba a despertar su curiosidad, pero pretendía mantener el suspenso hasta que llegásemos al lugar, quizás eso me podía dar el chance de bromear un poco con ella y seguir sacándole sonrisas y carcajadas, después de todo las mujeres muchas veces miden el éxito de una salida con la risa que experimentan al lado del hombre.

Sin embargo, aquel momento de sorpresas se tornó en mi contra cuando Dania hizo su siguiente pregunta.

-Ehhh... bueno... ¡Jejeje! Su pregunta me tomó completamente por sorpresa. No estaba preparado para hablar de aquel tema tan pronto. Y fue obvio que me puse un poco nervioso y que por eso titubeaba. Trataba de enfocarme más en encender el auto que en otra cosa. Y otra vez volvía a pensar en cómo estaba actuando frente a esta hermosa rusa, prácticamente me tenía a su merced sin darse cuenta... a mí, al indomable macho. -"¿Qué me está pasando con ella? Quien me viera... no me reconocerían ni en un millón de años..." Entonces aclaré mi garganta y contesté. Aunque existiese la posibilidad de ganarme burlas de mis amigos por esto, ciertamente lo valía, pues Dania me encantaba y tenía ganas de caer en la trampa del amor con ella.

-La verdad es que seguramente regresaré pronto... pero sólo de visita. Dejé la parte de la visita en suspenso por unos segundos para ver cómo reaccionaba ella, para ver si lograba descubrir que estuviese interesada en mí en una forma más profunda que la física. Porque yo estaba claro, nunca fui indiferente para las mujeres y muchas se acercaron a mí por mi atractivo, por mi cuerpo definido y apariencia de chico malo.

-Resulta que al final de todo, si resulté ser portador del Gen X. Soy un mutante como tú, y el que haya terminado en la Academia no fue fruto de la casualidad, al contrario, estuvo todo planeado. Bueno, todo a excepción de la golpiza que me dieron... ahí los malos se adelantaron y fui salvado justo a tiempo por representantes de esta escuela.

Vaya... de saber que peleaba con mutantes, tal vez mi actitud hubiese sido otra... aunque bueno, me derribaron de una forma tradicional de todas maneras. Con poderes o no, era lo único que podían hacer.


Estaba un poco incómodo hablando de nuevo de cómo me vencieron, el asunto seguía molestando mi orgullo masculino, sin embargo no hacía nada para exteriorizarlo. Lo que hacía era hablar bastante general para que ella no se diese cuenta de mi frustración, ni mucho menos pensara que yo era un perdedor.

-Tú tenías razón bonita. Y créeme, aquí donde me ves, no ha sido algo fácil de digerir. Es un gran cambio en mi vida, aunque afortunadamente me ha dado por verle el lado positivo. Sonreía mientras la miraba, dejando en suspenso las capacidades que mi Gen X me otorgaba. Yo lo consideraba estupendo y peligroso para la mayoría y no quería jactarme en lo absoluto, pensaba que era suficiente con todo lo que había hecho esta noche para llamar la atención de Dania y excederme seguramente le iba a causar una muy mala impresión. Sólo le diría si ella me lo preguntaba. Yo estaba siendo totalmente sincero con la rubia, mi personalidad siempre entusiasta hacía que siempre viese primero el lado bueno de todas las situaciones, lo que a veces me ayudaba mucho a enfrentarlas con éxito. Si bien me dolía dejar a mi familia, el saber que estarían mejor mientras yo estuviese en la Academia me reconfortaba y me daba las fuerzas que necesitaba para quedarme. Y claro, también la bailarina solitaria allanaba ese camino con su sonrisa y con esta oportunidad que me estaba otorgando.

-Así que me quedaré en la Academia por un tiempo, es lo mejor que puedo hacer, por mi bien y por el de los demás. Así me lo explicó la Directora Vandermeer, quien convenció a mi familia de estar haciendo lo correcto. Precisamente hoy terminé de mudarme, estoy instalado en la habitación número uno.

En ese momento encendí el coche y comenzamos a andar. No habíamos terminado de dejar las instalaciones de la Academia cuando yo le volvía a hablar. Todo salía muy natural y fluido, sin dar chance a silencios incómodos o a situaciones fuera de lugar.

-Apenas llegué te busqué por todos lados pero no te encontré. Cuando las clases terminaron, tu compañera Ashley Cullen me dijo que estabas trabajando hasta tarde hoy, por lo que se me ocurrió esta idea para arrancarte otra sonrisa, justo como el día en que nos conocimos.

Además, yo siempre cumplo mis promesas. Y si resultaba ser un hombre común, de igual forma hubiese venido a verte.
Afirmé con seguridad, pero aún con alegría en mis ojos negros, los cuales se turnaban entre ver el camino y a la rubia, de una forma muy segura, que no comprometiese el manejo.


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Dania Ivanov
Posted: Sep 29 2011, 04:08 AM


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Una parte de ella estaba orgullosa y feliz de estar allí, sentada en aquel coche de un casi completo desconocido al cual quería conocer más, otra, le avisaba, le pedía tener precaución. La chica había sufrido mucho por Zack, de eso no cabía la menos duda, y cada vez que recordaba el triste final simplemente deseaba no volver a tener a nadie cerca de ella. Pero la vida sigue su curso, y ella se sentía preparada para dar oportunidades. Quien sabe, a lo mejor esa cita le ayudaba a encontrar una buena persona que no le hiciera daño. O tal vez no, pero por lo menos no se quedaría con la duda de descubrirlo.

Ahhh eso es una sorpresa, estoy seguro de que te encantará.- Dania dio un pequeño salto mientras se giraba un poco hacia Taylor.

-¡Oh! Vamos.... -Dijo tras soltar una de sus risas. De hecho, casi prefería así, no saber odnde iba, le encataban als sorpresas... siempre que fueran positivas. Pero sabía que el chico agradecería en su interior aquel interés, aquel pequeño gesto que le haría creer cierto poder.

El chico había demostrado una confianza y una seguridad única, cosa que le hizo querer saber más de él. por un lado, le atraía ver alguien tan seguro consigo mismo y seguro de sus movimientos, por otro lado, le asutaba. Aquella gente solía usar ese factor para atraer y usar a las personas, pero no con ella no lo conseguiría si era eso lo que quería, además, iba a tener esa noche para averiguarlo. Y a pesar de toda la confianza, el chico se puso nervioso cuando le preguntó cuando volvía a California, y hasta casi fue cómico como aquel hombre fuerte se convertía en un niñño tímido intentando meter las llaves del coche en su sitio para arrancar.

Al principio, cuando contestó, se sintió decepcionada. No sabía porqué seguía manteniendo ilusiones en aquello. Pero cuando escuchó la segunda parte, aquello de que era un mutante no pudo evitar sonreír mientras su interior maldecía por todo lo alto que el chico no desapareciera de su vida.

-¿En serio? Es genial, ¿no? -Dijo cortando en medio de la explicación del chico. Luego el chico siguióc ontándole como había descubierto aquello y volvió a mencionar la pelea. -Sabia que era uno de los míos, si no estarías vagando tan tranquilamente por la academia. Entiendo por lo que estás pasando, mucha gente no suele tomarse bien lo del poder, pero lo superarás, ya verás. Y dime, ¿cual es el tuyo?

Después de aquello, mientras el chico conducía, siguieron hablando, y se sintió tremendamente halgada al contarle la historia de como la había buscado, como si se tratara de una película romántica. De nuevo, dos lados en su interior se debatían, el primero le pedía creerlo, el otro le decía que probablemente ellas era la ocotgésimo cuarta chica a la que le contaba algo similar. ¿Aquién pretendía engañar? ella era otra chica, una a la que conocía por una triste tarde, ¿por qué iba a ser ella especial, y no una chica de su clase a la que probablemente veía todos los días?.

-Me alegro de que seas un hombre de palabra. -Dijo ella, ocultando sus dudas al chico. De nuevo miró por la ventana y vio como los árboles iban quedando atrás. Se giró de nuevo para mirar a Taylor. -¿Has conocido a mucha gente en la academia desde que llegamos? -Decidió hablar con confianza y bromear. -Por supuesto, nadie mejor que yo, pero aún así... ¿quienes son tus compañeros de cuarto?

Cuando contestó, siguió mateniendo ella la conversación.

-Guau, me encanta tu coche, es tan cómodo. ¿Tu regalo de los dieceséis o algo así? -Dijo Dania. Luego recordó como había sido sus dieciseis. Vestida con unos tacones de 15 cms, una falta de colegiala y una camisa blanca abierta, dejando ver gran parte de sus recien maduros senos. Bailaba para aquellos hombres y después... así había sido su 16 cumpleaños.


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Taylor Bennett
Posted: Oct 3 2011, 04:01 AM


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¡Ajhá! Se estaba riendo de nuevo y parecía estar muy a la expectativa al no saber hacia dónde nos dirigíamos. Esa respuesta curiosa y su pequeño salto sobre el asiento me sugirió cierto interés de su parte y unas ganas de saber nuestro destino que eran más fuertes que su voluntad. Eso obviamente me hizo sentir una clase de poder con el que podría jugar para ponerle sazón a este encuentro, por lo que mantuve mi posición de suspenso y le sonreí de una forma un poco maliciosa para indicarle que no le diría nada, que "yo tenía el poder". Bromeaba obviamente y se entendería sin ninguna duda.

Después de la sorpresita que me llevé con la pregunta acerca de mi regreso, volví a la normalidad. La verdad es que me incomodaba un poco hablar sobre mis poderes recién descubiertos, pues era algo que no manejaba del todo bien y no quería quedar como un tonto. Quería verme resuelto, como un hombre que resolvía cualquier circunstancia que se le presentase y que las afrontase con seguridad. Esa era mi meta siempre, pero se veía remarcada cuando estaba frente a una mujer. Peor aún cuando ésta me gustaba.

Así que decidí enfrentar aquello de la mejor forma. Tomé el volante con firmeza y me dispuse a seguir hablando del tema, y si la embarraba con mis comentarios, pues ya me corregiría ella o tendría yo el chance de remendar la situación. Nerviosismo ya no más, hablé como si realmente supiese de lo que estaba hablando.

-Sí, la verdad sí, aunque fue algo que yo no estaba dispuesto a aceptar. Recuerdo que cuando nos vimos en la fuente por primera me mencionaste la posibilidad de ser un mutante, sin embargo, yo lo negué rotundamente. ¡Jejeje! Seguramente la vida se rió de mi en ese momento... yo estando tan seguro de algo y mira, que equivocado estaba. Hacía como una reflexión de vida y daba la impresión de que yo mismo aprendía de mis experiencias. Desde siempre yo había sido bastante necio, pero sabía reconocer cuando estaba equivocado. Nobleza decía mi madre que se llamaba esa cualidad.

-Pero para mi defensa, puedo decir que es muy normal que no me haya dado cuenta. El haber creído que no era mutante estaba bastante fundado. Aún así daba ciertas excusas para atenuar un poco mis culpas.

-Está bien, te lo voy a contar, pero tienes que prometerme que no te vas a asustar ¿vale?

Estaba aprovechando una luz roja del semáforo, por lo que pude tranquilamente mirarla a los ojos. Esta vez no le sonreía, sino que le mantenía y mirada un tanto seria, de esas que denotan cuando uno está siendo franco y diciendo la verdad. Mi poder era fácilmente aceptable para mí, pero no para los demás mutantes, por lo que me preocupó un poco la idea de que Dania se sintiese insegura, intimidada o atrapada por el simple hecho de estar a mi lado. Deseaba con todas mis fuerzas que ella no fuese a asustarse o alejarse de mi después de que le contara. Por una parte lo entendía, pero por la otra sabía que eso iba a afectarme. Era la primera vez que pensaba que mi Gen X podría traerme algo malo, sin embargo decidí afrontarlo de una vez.

-Mi poder es... es... Volví a titubear un poco, tratando de buscar las mejores palabras para explicarlo. -Yo no controlo nada. En realidad yo no puedo hacer nada de esas cosas fantásticas que haces tú o cualquier chico de la Academia, lo que sucede conmigo es que soy una especie de Kriptonita mutante... sí.

Genial, se me había ocurrido una analogía fantástica y fácil de entender, después de todo ¿Quién no conocía las historietas de Superman? A pesar de ello, fui directo al grano.

-Mi habilidad afecta a los demás mutantes, haciendo que sus poderes desaparezcan mientras yo esté cerca. Está sucediendo ahora mismo contigo sin que puedas darte cuenta, estoy seguro. Y si bien aquella vez en el Laberinto pudiste atraparme en tu espectáculo de acero, ahora no podrías hacerlo, pues ya no me encuentro bajo el tratamiento de inhibidores al que me tenían sometido durante mi convalecencia.

Tragué saliva al termina de decir aquello. Era la primera vez que le contaba a alguien acerca de lo que podía hacer. Era bastante extraña la situación. Preferí no mencionar nada más de lo que sabía, quería ver como reaccionaba antes.

El semáforo se puso verde y arranqué. Me sentí salvado por el cambio de luz, porque así tendría que separar mi vista de la suya. No soportaba más mirarle esos ojos azules tan hermosos mientras le contaba mi verdad, presentía que iba a rechazarme y eso me puso algo tenso. Ajusté la velocidad del auto y giré a la izquierda, siguiendo la señalización de tránsito que apuntaba hacia la ciudad de Moorside. El volante estaba un poco mojado por el sudor de mis manos debido a la ligera transpiración que me causaban esos nervios que escondía en mi seriedad.

Y estaba tan concentrado en mis explicaciones, que no escuché cuando me dijo que le agradaba que yo fuese un hombre de palabra. Ciertamente eso me hubiese reconfortado un poco en ese momento, pues era una forma de transmitir que confiaba en mi y que se sentía segura a mi lado. Pero no me di cuenta y seguí pensando en una posible negativa de su parte.

Lo que si logré escuchar fue cuando me preguntó si había conocido a otras personas de la Academia. Respondí sincero, aunque sin darme cuenta de que todo lo que estaba diciendo, era que conocía a un montón de chicas. Yo estaba siendo muy sincero sí, pero tal vez ella podría interpretar que lo que estaba haciendo, era ir de flor en flor, como un colibrí, viendo donde picar.

-Sí bueno, conozco a varios a pesar de haber llegado hoy. La primera es Katarina, una chica finlandesa de cabellos rosados. Ella fue mi enfermera particular.

Cuando llegué a la Academia todo golpeado lo primero que hice fue intentar escapar y ella lo impidió. En el fondo se lo agradezco, pues mi terquedad no iba a llevarme a nada bueno en aquel entonces. Se aprovechó de mi estado débil para mostrarme la verdad y me lastimó un poco para hacerme ver lo tonto que estaba siendo. Y me lo merecía, lo reconozco, pero tú sabes cómo somos los hombres, simplemente no queremos aceptar cuando estamos derrotados.

Ella me ayudó mucho, me visitaba todos los días y hasta me llevaba comida. Pocas veces fueron las que vi a la enfermera de la Academia, y ninguna al médico, por lo que ella era el único contacto que tenía con la institución. Me tendió una mano cuando más lo necesitaba. Sin embargo, después de cuatro días no volví a verla más. Hasta tuve que irme de ahí sin despedirme... pensará que soy un imbécil... ¿Tú la conoces? Como no volvió más, fue que salí de la habitación ese día, buscándola. Fue en ese momento que te vi como huyendo y decidí seguirte hasta la fuente.


Hice la pregunta, pero no dejé que la contestara de inmediato, yo quería seguir hablando, quería alargar el momento incómodo lo que más pudiera, tal vez así se le pasaría un poco la impresión, si es que la había tenido.

-También conozco a Marta Falconi, la chica con una súper personalidad. Dije para no mencionar el hecho de que tenía un par de tetas enormes que me dejaron boquiabierto. Fue extraño verla en la Academia. La había conocido en el Polideportivo de Browsdale como una semana antes de mi accidente. Estaba en una competencia local y decidí visitar el sitio al finalizar el encuentro. Sólo me dio chance de presentarme, pues luego llegó su noviecito celoso e hizo una escena. Yo por no querer problemas dejé el asunto de ese tamaño, porque era un encuentro casual que creía que no se repetiría. Porque si esto hubiese pasado en California, ten por seguro que le parto la cara al imbécil, para enseñarle a ser un hombre de verdad.

Sí, me había molestado la actitud patética de ese infeliz, y fue tanto, que estaba dispuesto a olvidarme de mi disciplina marcial para darle una lección.

-Luego la vi en la Academia por casualidad, pero el encuentro fue bastante corto. Resulta que cuando la vi, estaba conversando con un mutante que parecía un toro, bien musculoso y alto. No sé que pasó, pero de un momento a otro Marta le tiró un súper bofetón al tipo, quien e lugar de comportarse como macho, lo que hizo fue acusarla. Parecía mentira lo que veía, semejante mole y tan nena. Marta estaba tan enojada, que me hizo un desplante. No la volví a ver desde entonces. Eso fue más o menos un par de días después de que tú y yo nos vimos por primera vez.

En cada momento trataba de hacer centro en la primera vez que vi a Dania, quería que ella se diese cuenta de que todo lo que me había pasado en la Academia giraba en torno a ella, lo que consideraba más importante. Todo trababa de contarlo con un enfoque centrado en la rusa y en nadie más.

-Y bueno, mi cómplice Ashley, quien me ayudó a montar mi pequeña trampa para que aceptases salir conmigo. Es una chica bastante agradable, se le ve súper independiente, me contó que era tu amiga y compañera de cuarto. Aunque no sé porque me dio la impresión de que estaba enamorada de alguien y no podía estar con esa persona. En cierta forma me dio a entender que le hubiese encantado que alguien tramara planes similares para pedirle una cita a ella. Supongo que por eso fue que me ayudó de forma tan desinteresada.

Se notó un poco que me daba un poco de pena por la chica, pero no quise ahondar más en el asunto. Únicamente quería responder las preguntas de Dania lo mejor que pudiese, con la verdad por delante. Y hablaba de una forma muy franca, con mucho detalle, para hacerle ver a la bailarina que yo no tenía nada que ocultar.

-¡Ah! Y casi me olvido. También conozco al Jaguar, un tipo inmenso también que tiene cabeza de Yaguareté... ¿Lo has visto? Da un poco de miedo el tipo, pero en verdad es más manso que un gatito ¡Jejeje! Ese encuentro fue bastante particular y fue cuando vi por primera vez lo que mi poder era capaz de hacer... aunque sin saberlo claro está.

El tipo de acercó hasta mi y por efecto de mi Gen X, perdió todos sus poderes. Se transformó en un ser humano normal. Pero lo hizo con un ataque, hasta convulsiones le dieron y tuve que asistirlo. No te niego que me asusté muchísimo, aquella situación me tomó totalmente fuera de base. Pero así como fue de radical para transformarse, así lo fue para controlar la situación. A los cinco minutos estaba como si nada, preguntándome como me llamaba, que hacía y como había llegado a la Academia. Fue bastante cómico la verdad. Hablamos un rato más hasta que llego Sandy, la recepcionista, y lo llevó hasta la enfermería.

Hablamos sólo un poco, y me cayó bastante bien el tipo, de seguro seremos buenos amigos. Justo cuando se lo llevaron para atenderlo como corresponde, fue que yo tuve que subir a la oficina de la Vandermeer, para enterarme del gran cambio de vida... ¿Duro, no lo crees? Fue muy rara la forma en que tuve que enterarme de lo que era realmente.

Pero bueno, así son las cosas y hay que enfrentarlas con entusiasmo. Como te dije aquella vez, siempre hay que verle el lado positivo a las cosas. ¿Y cuál es ese lado positivo en todo esto que me pasó? Pues que te conocí a ti.


Aún no le sostenía la mirada. Si bien podía voltear de vez en cuando para verla, preferí mantenerme atento a la carretera. En cierta forma no quería darle la oportunidad a ella de mirarme a los ojos y ver lo que temía en sus pupilas.

-La verdad no sé quiénes son mis compañeros de cuarto. Aún no tuve la oportunidad de conocerlos.

En ese momento, a pesar de lo tenso que estaba, me dio mucha risa escuchar su pregunta acerca de mi coche. ¿Regalo de dieciséis? Ojalá. Pero la posición económica de mi familia era promedio, nunca hubiese podido hacerme un regalo así, ni que juntasen todos sus ahorros. Le respondí sinceramente, sin darme cuenta que tal vez la decepcionaría al decirle que no era uno de esos chicos millonarios con los que seguramente ella estaría acostumbrada a salir. Yo la veía como una niña muy fina.

-¡Jajajajajaja! No, ¿cómo crees?. Reuní el valor para volverla a ver directo a los ojos. Trataba de sonreírle para facilitar el proceso. -Este bebé fue el premio por el torneo nacional de Karate. Estás hablando con el campeón. Saqué un poco el pecho mientras decía aquello, quería resaltar un poco para suavizar el hecho de no tener tanto dinero como para comprar algo así. Algo bueno tenía que mostrarle, y eso era yo mismo. -Me alegra mucho que te guste, así ya no tienes excusas para no salir conmigo de nuevo.

Le mostraba mi deseo de más citas. Y ponía mi auto por encima de mi mismo, como si éste fuese a lograrme más citas que las que yo pudiese sacar por mi cuenta. Era una forma de ser humilde, pero se notaba mucho la artimaña que estaba usando. Mi sonrisa me delataba y ocultaba lo que realmente los nervios que estaba sintiendo.


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Dania Ivanov
Posted: Oct 8 2011, 06:10 AM


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Dania se dejó caer un poco sobre aquel cómodo asiento del coche, se sentía cómoda, como si tuviera un poco más de confianza en aquel desconocido. Mientras sus manos tantetaban uno de sus colgantes, el largo (el otro era pegado a su cuello, regalo de cumpleaños cortesía de Ellery... lo echaba de menos), giró su rostro para mirar a Taylor mientras hablaba.

El sonido dejó de existir, no escuchaba sus palabras, no le importaban en aquel momento. Su atención se fijó en los labios, que se movían formando palabras que no llegaba a captar, mostrando y escondiendo aquellos blancos dientes sacados del más reluciente actor de hollywood. EL chico estaba con la mirada perdida en la carretera, y una fina luz, producida más por las noches que por la luz del día que estaba acabando, se reflejaba en sus córneas, dándole un brillo que a la rusa se le antojaba de incociencia, algo que seguramente el chico no tuviera. Era perfecto, al menos físicamente. No era como Zack, el granjero era guapo, pero no podía abandonar ese tono de bonachón rural que tenía... y a pesar de esa apariencia de bonachón.. "Cabrón..." Algo se produjo en su interior, ¿era cierto? Aquel chico le producía un calor... ¿estaba excitada). Sus mano había dejado dejado de tocar el collar para pasar a la fina piel de cuello. Paró al instate y volvió a hacer tintinear su collar mientras volvía a prestar atención. Como una artista de las conversaciones, Dania supo cuando reír en silencio, haciendo al chico sentirse escuchado.

-Está bien, te lo voy a contar, pero tienes que prometerme que no te vas a asustar ¿vale?

Iba a seguir con un tono de broma, pero el chico se había puesto serio. Demasiado. Sus dedos pararon de hacer sonar el collar, y simplemente pensó en qué podía ser aquello. Desde luego, como fuera algo parecido a lo de Raven no iba a saber como deshacerse de él, pero lo iba a hacer.

-De acuerdo, no me asustaré. -Mintió Dania. Ya estaba asustada. Tal vez si hubiera escuchado al chico en vez de fantasear con él, podría haberse dado cuenta de que no encajaba que fuera algo como lo de Raven porque el chico se habría dado cuenta.

Y entonces Taylor empezó a explicar su poder con cierta insegridad. Recordó por un momento como a ella le había salvado su poder, como había conseguido librarse tantas veces de otra pesadilla, de otra lucha contra un hombre más fuerte que ella, de sentirse humillada y presionada, de sentir dolor, de sentirse aún por debajo de un objeto, de sentirse usada, sentirse una puta... era lo que había sido. Su poder le había dado cierto control de la situación, pero aún así, no lo controlaba bien y seguía sufriendo aquella berraciones, cortesía de hombres insatisfechos. Escuchó lo de la criptonita y le recordó a su exnovio, el gran friki de los comics, hasta él nunca hbaí a sabido sobre la criptonita y otras cosas inútiles plasmadas en aquellos libros de fotos para gente con demasiado tiempo libre y sin imaginación para crear imagenes a partir de palabras. Y Taylor siguió hablando,mostrando la debilidad que se escondía debajo de aquellos músuclos de gimansio que se le volvieron a antojar irresistibles..

Perfecto, el chico tenía el poder de quitar los poderes a los demás mutantes. No le importaba. Para nada. Y entonces, sin que el chico se pudiera dar cuenta, intentó convertir en una gota de agua el el aire que rozaba sus manos, y nada pasó. No funcionó. SIguió intentando. Y seguía sin sentir una gota resbalar por su piel. No le importaba.

Se sintió encerrrada, cautiva, amenazada. ¿Qué pasaba si algo le amenzaba? No podía hacer nada, simplemente atacar como una persona normal, y seguramente su atacante fuera más fuerte que ella, ¿quién iba a atacar sabiendo que va a perder? Nadie.

Por suerte el coche arrancó y aquello le sacó de ese agobio, al menos en parte. Se volvía a sentir la niña indefensa. Se preguntó a cuanta distancia tenía que estar del chico para volver a usar su poder, y deseó que fuera poca.

Consiguió disimular su angustia y le preguntó por la gente de la academia. Sólo iba a ser esa noche, esperaba. No iba a pasar nada estando a su lado, aunque en la academia la tendencia a las catástrofes era demasiado alta. Y cuando aquella especie de cita acabara, con un poco de suerte los dos sentirían que aquello no tenía futuro y no tendría que estar con él más, sintiéndose indefensa.... Aunque cada vez que le miraba quería tenerlo cerca.

Siguió sin escuchar lo que le contaba, simplemente escuchaba nombre de chicas, y cuando veía que se refería a ella, sonreía con cierto orgullo mezclado con dulzura.

-...Pues que te conocí a ti.

-Eres un cielo, pero no tienes que impresionarme. -Dijo sonriendo. -Ya me tienes en tu coche, camino a.... donde sea que sea esa sorpress. -Y se rió. Le gustaba que el chico le prestara atención, que le apartara de vez en cuando los ojos de la carretera para mirarla.

Y por sentirse estúpida lanzándole aquel dulce regalo al chico, habló de su coche. El chico contestó con orgullo, le gustaba la confianza sin arrogancia que el chico mostraba.

-Me alegra mucho que te guste, así ya no tienes excusas para no salir conmigo de nuevo.

Dania se rió ante tal artimañana. Sabía lo que estaba haciendo el chico y sabía cual era su misión ante aquel comentario.

-Lo importante es que eres tú... Me daba igual incluso si venían en triciclo... bueno no, que una tiene su dignidad. -Bromeó y miró a Taylor. El chico había conseguido captar su atención y conseguir que la chica deseara ver la sorpresa. Hacía tiempo que no se sentía importante para alguien. Aunque dos partes, la dolida por una ruptura y la que le avisaba de que no podía usar su poder, le decían que se alejara del chico, otra parte, más potente, le gritaba que era hora de sentirse bien, de sentirse atractiva y deseada... y sentir atracción por alguien. Y ese alguien le estaba llevando a una sorpresa, creada especialmente para ella, o eso pensaba Dania.

Durante otro momento, deseando ver su sorpresa aparecer detras de la ventana. Le pidió permiso a Taylor para abrir la ventana y lo hizo, dejando que el aire moviera su cabello y que su mano jugara con el aire que entraba por la ventana. Cada vez se arrepentía más de no haberse arreglado para aquella cita, cada vez se sentía más atraída por aquel chico. Nunca se fijaba en los musulitos perfectos, pero este era diferente... y no sabía por qué.

-Se me hace raro pernsar que vas a estar por la academia. -Raro y estupendo, tener a alguien que quisiera estar con ella y que le sacara de aquel estado melacólico que tanto odiaba. Además de un chico atractivo que le hacía sentirse especial. -Espero que vengas a las mismas clases que yo, te puedo ayudar a ponerte al día, si lo necesitas.


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Taylor Bennett
Posted: Oct 23 2011, 07:01 AM


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Mientras yo hablaba, sentía que Dania me observaba directamente. Para mi estaba más que seguro que se había dado cuenta de mi inseguridad al hablar del Gen X y lo que podía hacer, por lo que no me atreví a sostenerle la mirada por mucho tiempo. Y era una pena, pues estaba tan preciosa en esos jeans y continuaba jugando con su collar de una forma tan sexy, que hasta un par de pensamientos lascivos se me vinieron a la cabeza mientras sostenía el volante y la palanca de cambios con algo de fuerza. Y aquellos pensamientos era normales para un chico de mi edad, con las hormonas a full y en presencia de una chica tan espectacular como la rusa. Hasta me di cuenta de cómo se acariciaba el cuello y de cómo se reía y me escuchaba de forma adecuada... ¿se habría emocionado de la misma forma que yo? Algo me decía que sí, sin embargo preferí no hacerme ilusiones, pues yo era de los hombres que creían que las mujeres no pensaban en sexo de la misma forma que nosotros.

Pero lo que si me preocupó fue su falta de respuesta al escuchar en lo que consistía mi habilidad. Esa afirmación de no asustarse no se la creí, pues vi que su actitud de broma, su sonrisa y su tranquilidad habían desaparecido. Si bien no expresó ninguna negativa o angustia, su cambio fue notorio para mí.

Su silencio me decía mucho y hasta pude notar que estaba algo inquieta y pensativa, aunque lo disimulaba muy bien. Por un lado pensaba en la catástrofe... ¿por qué no dijo nada a pesar de que le había pedido que no se asustase? ¿Se sentiría tan asustada que quizás pensaba en no verme más? ¿Estaría callando una intranquilidad para no hacerme sentir mal y luego olvidarse completamente de mi? Me sentí muy tentado a preguntarle todo eso, pero no lo hice para evitar una incomodidad, no quería forzarla. Era nuestra primera cita y tenía que hacerla sentir bien para que quisiera seguir saliendo conmigo. Además, si eso era realmente en lo que ella pensaba, yo tenía que hacerla cambiar de opinión, y aunque me rechazara a la primera, lo iba a seguir intentando. Así que me tragué esas ganas preguntar y me limité sólo a dejar ese asunto entre mis pensamientos.

Por otro lado, también pensé en la posibilidad de que aquel silencio pudiese ser una desestimación de mi capacidad como mutante y que tal vez ella no quería decírmelo para no hacerme sentir insignificante o inútil frente a los demás mutantes de la Escuela. Quizás sólo yo pensaba que era algo peligroso y para ella significaba un simple poder, como tantos que podía haber en la Academia. Además, si bien mi poder la despojaba a ella de los suyos, la actual situación no sería distinta a una cita entre humanos corrientes, y de esas había tenido yo demasiadas como para preocuparme de un mal paso. Sabía exactamente que hacer y decir para tener a una chica contenta y con ganas de estar conmigo, además, siempre estuve consciente de mi atractivo físico, lo que era un plus para mi labia y mi éxito con las mujeres.

Pero en honor a la verdad y a pesar de mi experiencia, algo pasaba con Dania. Sentía los testículos en la garganta mientras le hablaba, pero escuchar su siguiente frase hizo que "bajaran" a su lugar. Esa sonrisa inocente que ella tenía, aunada con un cumplido tan tempranero me dieron un respiro y alivio profundo que supe disimular muy bien. Luego esa forma de reírse que ella tenía me hacía olvidar todo de momento.

-Eres un cielo, pero no tienes que impresionarme. -Ya me tienes en tu coche, camino a... donde sea que sea esa sorpresa.

¿Cielo? ¿Me dijo cielo? Por un momento no creí lo que había escuchado, pero me cayó el veinte en seguida y hasta me sentí halagado, pues no era fácil obtener un piropo tan natural de una chica como Dania, quien no lo diría sino lo sentía realmente... al menos así me había quedado claro en nuestro primer encuentro, cuando me pidió que no le llamase preciosa por sentir que no era verdad, que era vacío y fuera de lugar. En verdad su risa me encantaba y cada vez que la escuchaba, algo saltaba en mi pecho y me hacía sentir demasiado bien, y no sólo físicamente, sino sentimentalmente, algo nuevo para mi y que me estaba gustando. Aún sonreído le contesté:

-Sólo quiero que te sientas bien. No me di cuenta, pero me había sonrojado, y a pesar de que soy moreno se notó el rubor en mis mejillas. No era timidez ni vergüenza, era que me sentía bien por haberle arrancado ese cumplido a la chica. Definitivamente era algo inesperado para mi, apenas la noche había comentado. -Pero debo estar haciendo un mal trabajo, pues el que está impresionado soy yo... no creí que una niña tan bella como tú iba a aceptar una invitación de un tipo como yo. Sí, el impactado era yo, Dania era una cajita de sorpresas que quería descubrir. Justo cuando creía saber lo que iba a decir o hacer, ella hacía o decía algo totalmente diferente, agradable y apropiado. ¿Cómo alguien no querría estar con una chica así?

Con cada minuto que pasaba con ella me daba cuenta que no era una chica común y que impresionarla iba a costarme bastante. Notaba que su inteligencia era directamente proporcional a su hermosura y normalmente una mujer así no saldría con un chico promedio como yo, atleta y seguramente no tan inteligente como ella, aunque tuviese un cuerpo atractivo, una cara bonita y un auto deportivo. Cuando me dijo todo aquello yo no podía mirarla a los ojos, pues estaba en plena autopista y no debía separar mi vista del camino. Pero una gran sonrisa se dibujó en mi rostro satisfecho y me olvidé por completo de mis conjeturas anteriores. Ella estaba contenta y tan emocionada como yo, eso era lo único que me importaba. Y bueno, esa sonrisa también se debió a que me causaba gracia su mentirilla acerca de no necesitar impresionarla... a todas las mujeres les importa ser impresionadas y el simple hecho de tenerla ahí sentada en mi auto y con ganas de saber esa sorpresa me lo confirmaba. Fui tan sutil y dulce que mi gesto seguramente le transmitiría esa verdad de la mejor forma, en un modo en que me agradaban sus palabras y que las agradecía.

Para ese momento me a sentía dueño del camino y volteé para mirarla. Sin duda toda debilidad o nerviosismo había desaparecido de mi ser. Ya no tenía que disimular una seguridad, ahora la tenía sin duda. Y ese sentir se vio remarcado cuando me dijo que yo era el importante, que era a mi a quien ver.

-¡Jejejeje! Reí en conjunto con ella, sus bromas eran sencillas pero me gustaba mucho que las hiciera conmigo, eso era una muy buena señal de que todo estaba viento en popa, y claro, también una excelente forma para ella de darse su puesto, mostrar dignidad y orgullo.-Definitivamente nosotros los hombres nunca entenderemos a las mujeres... pero bueno, no estamos para entenderlas, sino para quererlas. Bromeaba y a la vez no, no quería forzar nada ni decir algo comprometedor. Disimulé todo con el gesto que le hice para que bajase el vidrio con confianza. Afirmé con mi cabeza sin decirle una palabra, lo consideraba innecesario y quería que ella se sintiese en confianza para hacer lo que quisiera mientras estuviese conmigo.

Y cuando abrió la ventana del coche y el aire jugueteó con sus cabellos yo me volteé y me quedé mirándola fijamente, anonadado, viendo sus manos deleitarse con la sensación que le causaba la corriente de aire entre sus dedos. La imagen era perfecta y con un toque de sensualidad al mejor estilo de las películas de Hollywood. Sus rizos rubios danzaban graciosos entre su níveo rostro y sus hombros, haciéndola tan apetecible, tan sexy... y esa mirada azul coronaba el momento. Si me hubiese dejado llevar por mis instintos, seguramente iba a mostrar esa emoción en mis pantalones, pero me controlé y evité que ella se diese cuenta de la cara de bobo que había puesto hace unos instantes. Al menos así lo creía.

-A mí la verdad no se me hace tan raro... bueno, al menos la parte de vivir en otro lado, porque estoy acostumbrado a estar fuera de casa por las competencias. Y contigo allá en la Academia ¿qué más podría pedir? Nada. Se me escapó aquella frase sin poder evitarlo. Me percaté y sin embargo no me importó, en partes era como una liberación el comenzar a decirle que me gustaba, aunque fuese con indirectas. Entonces, observé que uno de los rizos de la chica se interpuso en su mirada y con mi mano derecha lo aparté delicadamente en una caricia respetuosa que me permitiría sentir sus cabellos sedosos entre mis dedos. Si en algún momento Dania no se hubiese dado cuenta de que me gustaba, seguramente ahorita lo notaría más que en ningún otro momento. Le sonreí nuevamente y seguí hablándole, aún sin decirle directamente cuanto me gustaba y que estaba interesado en ella. Esa sería la conversación al momento de la cena.

-Porque la parte de ser mutantes ¡Uf! Si que me ha costado tragarla. Cuando creo saber algo, pues me sorprenden con todas esas habilidades increíbles... como tú por ejemplo. Otra vez la resaltaba a ella, recordando el momento en que ella me mostró sus poderes. Me reí, haciéndole evidente que me había asustado aquel día, pero a su vez mostrándole que ya no sentía miedo.

Ya casi habíamos llegado a la ciudad de Moorside después de unos cuantos minutos de conversación amena y ciertas insinuaciones, tanto orales como corporales. No tardamos en llegar porque en la noche el tráfico disminuía considerablemente y las carreteras estaban en perfectas condiciones, dejándome mantener una velocidad medio-alta, perfectamente controlable. Presté atención al camino y tomé el distribuidor de la autopista que indicaba la entrada a la Ciudad. Tenía bastante pericia al volante y casi siempre manejaba con una sola mano, sintiéndome el amo de las calles.

Al pasar unos segundos ya estábamos recorriendo las avenidas de la ciudad. Fue en ese momento que retomé la conversación, muy interesado en la ayuda que Dania me había ofrecido con los estudios. Era algo que necesitaba.

-¿Lo dices en serio bonita? Porque el haber llegado a mitad de año a la Escuela es difícil y estoy retrasado en todas las materias... La directora dijo que iba a ser duro, sobre todo los exámenes, sin embargo me comprometí a salir adelante y a mostrar que había valido la pena ayudarme cuando más lo necesité. Yo era un estudiante promedio y obviamente con todo el retraso no me estaba yendo nada bien, pero no quería decir algo así... ¿qué iba a pensar Dania? ¿Qué era un tarado o un tipo sin cerebro? Porque así se pensaba de forma general de todos los chicos que se ocupaban de los deportes y del gimnasio antes que de la Escuela y las buenas calificaciones. Siempre asociaban un cuerpo musculado con poco coeficiente intelectual o inmadurez, y aunque no era mi caso, igual debía cuidar las apariencias.

-Asisto a Biología como materia optativa ¿y tú? Le pregunté entusiasta, quería que ella también asistiese a esas clases. Pensar en que iba a estudiar con ella era lo máximo para mí. Y no sólo iríamos a estudiar juntos en las aulas, sino que podríamos cuadrar reuniones para estudiar después de clases y hacer otras cosas... entre ellas, seguir saliendo. Y claro, aparte de todas esas cosas buenas, tal vez mejoraría mi ritmo académico y podría nivelarme con el resto, por eso volví a preguntarme a mí mismo ¿Qué más podría pedir? Una vez nada fue la respuesta.

-Seguro que sabes de las mañas de los profesores y la forma de enfrentarlos para salir bien librada ¿eh? Le dije en forma pícara mientras le guiñaba un ojo para cambiar rápido el tema y evitar que el asunto se desviase hacia mis malas calificaciones y falta de iniciativa por los estudios. Para el mundo era más que obvio que yo representaba al típico capitán del equipo de futbol de escuela americana y mi cuerpo definitivamente lo ratificaba sin importar cuantas cosas inteligentes pudiese decir.

-Con mucho gusto acepto tu ayuda preciosa. En verdad gracias, espero que puedas hacer que algo entre en esta cabeza dura ¡Jejeje!. Me di un parte de coscorrones a mi mismo para enfatizar lo que estaba diciendo de un modo jocoso, pero no totalmente irreal.

Y en ese instante llegamos al lugar que había planeado. Estacioné el auto, desajusté el cinturón de seguridad y me baje del coche, no sin antes dedicarle otra sonrisa a mi chica e indicarle con un gesto dulce que esperase sentada, pues yo le abriría la puerta. Mientras daba la vuelta alrededor aproveché para enrollar las mangas de mi camisa hasta la mitad de los antebrazos, así no quedaría tan formal.

Llegué hasta la puerta del copiloto y la abrí con delicadeza. Ahí estaba Dania, desde ese ángulo se veía tan indefensa, tan hermosa, por poco y no pude evitar mirarle los pechos redondos que lucía en esa camiseta, pero enfaticé mi mirada sobre sus ojos y le ofrecí mi mano como un caballero, de la misma forma en que lo había hecho antes para ayudarla a montarse en el auto. -Permíteme por favor. Una vez en pie, le ofrecí mi brazo para que lo tomase y caminase a mi lado. Tenía muchas ganas de tenerla cerca y de sentir el toque de sus manos sobre mí. Hacía todo aquello en forma muy natural e inocente, sin fanfarronear ni pensar en que tal vez a ella también le podía gustar la idea, pues tenía unos brazos definidos, justo como la mayoría de las mujeres gustan. Y claro, era la caballerosidad que nunca fallaba.

-¿Vamos? Le pregunté invitándola a continuar de mi lado. Nos esperaba un pasillo un poco largo hasta aquel lugar que había escogido. Desde donde estábamos aún no se podía divisar que clase de lugar era, sólo se podía intuir que era un local nocturno.

Hasta ahora todo marchaba excelente para mi, tenía confianza en lo que estaba haciendo y me mantenía muy conversador. Hasta ahora no había existido ningún silencio incómodo y le había arrancado varias sonrisas y carcajadas a mi chica. Cada vez me sentía más atraído hacia ella y en varias ocasiones era más que obvio. Sin embargo envolvía todo aquel sentimiento en un toque de romanticismo y caballerosidad en mi actuar, no quería que ella pensara que yo era un bestia o un macho bruto que sólo busca una sola cosa.

Y más que mis cortesías, estaba seguro que al entrar en aquel lugar se lo confirmaría y e daría tranquilidad, si es que realmente la necesitaba.


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Dania Ivanov
Posted: Oct 24 2011, 10:18 PM


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Notó la seguridad del chico salir y entrar en su cuerpo, era divertido ver como podía hacer que sus pilares se derrumbaban con un gesto y como se volvían a crear con una sola frase. Se sentía poderosa al ver que un chico tan atractivo y, seguramente, con un largo historial de rompecorazones. Parte de la confianza que había perdido por culpa de un granjero infiel, la estaba recuperando con el típico chico que, teóricamente, aborrecía.

¿Así que eso era sentirse atraída por uno de ellos? America estaba llena de ellos, chicos que vivían por y para tener una buena imagen en el espejo, con camisetas de mangas y grandes músculos. Para que negarse, un pectoral y brazos trabajados no le hacían daño a la vista, pero detrás de tanto tejido muscular, no se podía encontrar un tejido nervioso que no se encontrara en una ardilla.

Pero este era diferencia, o eso quería creer.

Definitivamente nosotros los hombres nunca entenderemos a las mujeres... pero bueno, no estamos para entenderlas, sino para quererlas.

Aquel era uno de los momentos en que Taylor sentía la confianza corriendo por sus venas. Dania sonrió. Opinaba lo mismo que el chico, aunque el chico bromeaba. Los hombres nunca entenderían a las mujeres, pero si eran queridas, no importaba. Pero aquella frase seguramente era una de aquellas que el chico soltaba para tenerla en el bote y porque fuera lo que pensaba.

-Para que negarlo, ya os gustaría ser la mitad de inteligente de lo que somos. -Dijo antes de morderse la lengua. con ganas de empezar un pequeño pique de géneros.

El camino hacia donde fuera que le estaba llevando. El viento en la cara le relajaba, pero cuando escuchó que el chico volvía a hablar despegó los ojos de la nada y los fijó en el chico.

-A mí la verdad no se me hace tan raro... bueno, al menos la parte de vivir en otro lado, porque estoy acostumbrado a estar fuera de casa por las competencias. Y contigo allá en la Academia ¿qué más podría pedir? Nada

¿Por qué tenía que ser tan estúpidamente encantador? Dania sonrió, sintiéndose especial. Cuando iba a contestarle, el chico la miró y llevó una de sus manos a su cabello. Sus ojos se clavaron en los marrones del chico y casi se le cerraron. Agradeció que el chico tuviera que tener clavado sus ojos en la carretera, porque si no se habría dado cuenta de lo que le había gustado aquel momento. Sus alarmas se activaron y establecieron una alerta roja.

-Sólo me conoces de un día. -Dijo lentamente, casi susurrando. No sabía por qué estaba usando un tono sensual cuando intentaba defenderse de él. -¿Quién te dice que no me gusta herir a la gente? A lo mejor estoy sóla porque lo merezco...

Hecho. Aquello sería suficiente para planta la semillita para que el chico se alejara de ella. Y se arrepintio. Empezaba a aborrecer esa parte de ella que le pedía huír de aquel chico.

La conversación, y por dentro algo le recomía. Todo era dificil en aquel momento, no sabía si escoger seguir adelante o que aquella cita fuera la última para ese chico. Le iba a dar la oportunidad, por supuesto, por eso estaba en el coche, pero quería que en su interior las dos mitades no lucharan, que simplemente dejara que el tiempo y el chico crearan la decisión.

Escuchó como hablaba de los estudios. Parecía que quería esforzarse y conseguir buenas notas, eso le gustó. Demostraba que era un chico luchador y que no sólo le preocupaban sus músculos.

-Claro que te ayudaré, pero yo no estoy en biología, estoy en física y química. Aún así, en las demás asignaturas ahí estaré. -Le dedicó una sonrisa. -Pero los trucos de como ganarse a los profesores y sus trucos en los examenes tienen un precio. -Se rió. -Es broma

Por fin el chico aparcó, pero aún así, Dania no podía saber donde estaban exactamente, ni cual era al sitio donde le llevaba. Cuando iba a abrir la puerta, Taylor le hizo esperar. Dania esperaba mientras veía como el chico rodeaba el coche y abría su puerto, y con elegancia cogió su mano para bajar del coche mientras le daba la luz y comenzó a andar junto a Taylor.

-¿A dónde me llevas? -DIjo ella sonriendo y acercándose un poco más. -Anda, no seas cruel y dímelo.

Y entonces cogió su brazo, fue una locura pero realmente le apetecía caminar a su lado mientras sus brazos estaban entrelazados. De repente se puso nerviosa y su corazón latió rápido, quería soltarse de aquellos musculosos brazos, pero aquello quedaría horrible. Simplemente sonrió y caminó a su lado, deseando huir y, a la vez, que la sorpresa le encantara.


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Taylor Bennett
Posted: Oct 26 2011, 04:09 AM


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-¡Jajajajaja! Me reí ante su insinuación feminista, Fue una risa pícara y bastante inocente, pero lo suficientemente obvia para dar a entender que no pensaba de esa forma, pero que no tenía ganas de discutir sobre aquel asunto interminable e imposible de probar por alguien, pues nadie podía ser mujer y hombre a la vez. Hombres eran hombres, mujeres eran mujeres, necesitándose mutuamente y complementándose. Ninguno era mejor que otro. Así pensaba yo.

Mi atención se centró en que se había dejado acariciar, de forma tan natural, como si nos conociésemos de antes. No se quejó, más bien sentí como se dejaba llevar por el momento, y aunque no pudiese fijar mi vista del todo, percibía en su rostro un gesto complacido por mi caricia. Sí, había sido un movimiento estratégico exitoso que me transmitió más cosas de las que Dania hubiese querido demostrar en ese momento. Yo ganaba más confianza con el pasar de los minutos, estaba contento de que todas mis jugadas estuviesen funcionando a la perfección. En el fondo sabía que por mi atractivo tenía muchos puntos ganados con las chicas, pero siempre estaba el asunto de la química, con el cual tenía que enfrentarme cada vez que tenía una cita.

Dania me tenía comiendo de su mano y a la vez yo sentía que ella estaba atraída por mi, era un sentimiento encontrado muy agradable y emocionante. La rusa era tan sugestiva y retraída a la vez, se dejaba piropear y se imponía a partes iguales, no dejándome mucho chance de definirla completamente. Eso me mantenía en la lucha, deseando ganarla a toda costa.

Dentro de esa contentura con la que llenaba mis pensamientos fue que la escuché retarme y decir: -Sólo me conoces de un día. -¿Quién te dice que no me gusta herir a la gente? A lo mejor estoy sola porque lo merezco...

¡Ajhá! dijo que estaba sola, sin una pareja. Era lo que necesitaba oír para terminar de ilusionarme, tenía el campo libre para actuar sin que nadie se pudiera interponer. Cuanta información me daba la bailarina, tal vez sin quererlo.

Y aquel tono tan sensual y retador con que me habló me hizo entender su juego. Ella no podía engañarme aunque en partes dijese la verdad, sólo la conocía de un día, un día que fue suficiente para robarme el corazón. Algo me decía, más bien me gritaba, que esa niña era incapaz de herir a alguien adrede, por mero gusto. Casi me excito con esa vocecita que me invitaba a robarle un beso apasionado ahí mismo para demostrarle que me daba cuenta de todo. Pero me contuve, consideré aquello como un exceso en el mismísimo momento que lo pensé y lo descarté. Seguramente con ese arrebato de pasión me iba a ganar un bofetón por abusivo y confianzudo, porque por más galán que fuese, toda mujer se daba su puesto, se hacía respetar, y Dania era una de ellas. No obstante a ello, decidí seguirle el jueguito, empleando la misma forma de hablar, como el típico Casanova y seductor que se sabe irresistible, de esos que dicen todo con la mirada.

-Pues entonces estaré encantado de que una niña tan hermosa como tú despedace, me destruya y me vuelva nada. Listo, con eso le demostraría que estaba dispuesto a todo con ella y que también sabía jugar con las palabras y las miradas. Aquello podría interpretarse de muchas formas por la manera en que lo dije y el gesto de seducción que se apoderó de mi rostro, muy pícaro y lleno de seguridad. Podía entenderse que deseaba al máximo que ella me destruyese en la cama y me hiciese gemir de placer, o que quizás estaba dispuesto a soportar cualquier defecto que ella tuviese, únicamente con la finalidad de tenerla a mi lado, de que fuese mi niña oficial y de quererla como me indicaba el corazón. La interpretación estaba para cada quien.

Me alegró mucho que ratificase su ayuda en los estudios, aparte de necesitarlo, ya tenía la excusa perfecta para seguir viéndola. Y al ser una iniciativa de ella misma, estaría muy difícil que pudiese eludir la responsabilidad y la ayuda que me ofrecía. Ahí volvía a fantasear por todas esas horas de "estudio" que seguramente íbamos a pasar. La vería en clases, la vería en la Academia y también estudiaríamos juntos, no podía ser mejor para mí. Pero su nuevo juego me sacó de mis fantasías, lo sentí como una verdadera insinuación, ella quería saber cuán lejos estaba dispuesto a llegar, quería saber si estaba dispuesto a pagar el precio que ella pusiese por saber esos trucos del profesorado. Obvio que sí, y como estaba en la onda de pagar insinuación con insinuación, pues le respondí de la misma forma, aunque más romántico que retador.

-Tú sólo pide por esa boquita preciosa. Prácticamente la estaba invitando a retarme, o quizás a besarme. -¡Jajajajaja! Volví a reír cuando escuché que era una broma, quería confirmar que yo también bromeaba, aunque en el fondo sí quería besarla, hacerla mía.

Y esas ganas se intensificaron al bajarnos del coche. Ella tomó mi mano muy elegante y como toda una señorita salió de mi Mustang, su figura se contoneaba tan hermosa, tan femenina, yo sólo veía esas curvas deslizándose en el aire deliciosamente y quedaba como encantado. Había salido con niñas buenas, pero Dania era sin duda una de las mejores. Hasta me hizo sentir privilegiado, como si ella estuviese muy por encima de mi alcance. Cuando tomó mi brazo me ganó por completo y me confirmó su interés.

Estando allí, cogido del brazo, sintiendo su calorcito de mujer y su delicado toque, no pude resistir aquella súplica y prácticamente me derretí por completo, cediendo totalmente mi voluntad hacia la de ella. ¿Y cómo negarse ante tal gesto? Esa niña sabía lo que hacía, sabía que teclas tocar para desarmarme y cumplir sus deseos. Mientras, yo caminaba despacio para que el momento no se acabase y ella siguiese prendada de mí. Otra vez quería acercar mi rostro al de ella y besarla, noté que se había puesto algo nerviosa y eso me lo impidió. Sabía que esos nervios eran causados por las mismas razones por las cuales yo me había puesto nervioso esa noche; definitivamente le gustaba a la rusa.

-Bueeeeeeno. Dije de forma juguetona, tratando de darle tranquilidad, no quería que estuviese nerviosa, sabía que ese estado era desagradable y lo último que deseaba era que algo saliese mal. -Está bien bonita, te lo diré. Te he traído al Bolshoi Restaurant. Esperaba que con aquel nombre la chica dedujese que se trataba de un restaurante ruso. Era uno de los más famosos de la ciudad, por lo que no me parecía raro si lo conocía. Lo especial en la noche de hoy es que se trataba del último día de la semana rusa y el lugar era adornado de forma muy tradicional, con velas y luces de noche. Una enorme tarima se extendía en el centro del a modo de escenario teatral, el cual se encontraba cubierto por una enorme cortina roja.

Abrí la puerta principal y hasta yo como hombre me quedé asombrado por lo deslumbrante del lugar. Las mesas se encontraban más separadas de lo normal y las únicas luces que iluminaban la romántica escena eran unos farolitos cerca de cada mesa y las velas colocadas en sitios estratégicos. Era perfecto para disfrutar de una cita sin interrupciones o el típico bullicio de los restaurantes de moda.

Pero la sorpresa no se encontraba simplemente en haber escogido un restaurante ruso como mi chica. Se encontraba en el simple hecho de tener el restaurante únicamente para nosotros. Alquilar por mi cuenta un lugar como éste me hubiese salido en una fortuna, pero no lo hice a cambio de dinero ya que eso me hubiese dejado totalmente quebrado. Decidí hacer uso de un favor que me debía uno de mis amigos de la federación de Karate, un chico multimillonario al que le había ayudado a conquistar una chica hace un par de meses. Al tener éxito me ofreció hacer lo que fuese por mí, y esto fue lo que escogí.

Y para cerrar con broche de oro, en medio de la velada, aquella tarima ofrecería su espectáculo únicamente para nosotros. Una representación del Lago de los Cisnes sería interpretada por una docena de bailarinas rusas de ballet, con la música de Tchaikovski.

Esperaba que con eso pudiera sorprender a Dania, no sólo por el simple hecho de haber venido a un lugar que se parecería mucho a su tierra natal, sino por el detalle de ofrecerle la oportunidad de contemplar lo que tanto le gustaba; El Ballet. Quería que más allá del lujo, la chica pudiera darse cuenta que detrás de toda esta sorpresa eso estaban mis pensamientos por ella, que recordaba sus gustos y que realmente la había escuchado aquel día en la fuente. Ella extrañaba el Ballet, pues yo le daría el Ballet. También tendría la oportunidad de bailar si lo quería, lo que sería estupendo, porque sería un baile sólo para mí, como lo había querido ver en nuestro primer encuentro.

En seguida de haber entrado al local, un camarero se nos acercó y nos ofreció la mesa central. Pedí un par de copas de vino tinto para empezar, aunque dejaría abierta la posibilidad a Dania de escoger otra bebida sino gustaba del vino. No quería imponerme en lo absoluto.


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Dania Ivanov
Posted: Oct 27 2011, 08:46 PM


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Le agradaba sentir que estaba en una cita, y le agradaba que el chico no rechazara que le cogiera el brazo, aunque lo sabía de ante mano. El chico le había pedido una cita, el chico la miraba directamente a los ojos, le chico había apartado el cabello de su cara. No había duda. Taylor se sentía atraído por ella.

Recordó como se había defendido ante el comentario que ella le había lanzado tratando que el chico tuviera un poco de miedo. Le había gustado, podría haber seguido, podría haber fingido seriedad y hacerle creer que era verdad, que ella no era trigo limpio. Pero no quería alejarlo de ella. No podía. Era la mano que le estaba sacando de lo más hondo.

Bueeeeeeno- Dijo Taylor de forma juguetona. -Está bien bonita, te lo diré. Te he traído al Bolshoi Restaurant

Había oído hablar de ese lugar, y tal vez por eso casi pararon sus piernas de andar. Odiaba Rusia y odiaba todo lo relacionado con ello, a pesar de ser su patria, se sentía totalmente alejada de ella. Su patría le había secuestrado y le había obligado a prostituirse. Su patria no había hecho nada por ayudar una pobre niña indefensa, su patria permitía que pasara. No pensaba apoyar al país que había roto su vida.

-¡Guau! -Dijo ella intentando mantener la compostura y mostrando alegría por ir a un sitio al que teóricamente tendría que amar. Un miedo la invadió, el mundo era gigante, pero siempre era fácil que dos puntos se encontraran en él. Un ruso se sentiría atraído por aquel lugar, y por qué no un ruso que había conocido en el pasado... ¿Por qué no uno de esos rusos de los que huía? Agarró con un poco más de fuerza el brazo de Taylor y se obligó a relajarse por aquello, el mundo era enorme y ellos no tenían ni siquiera por qué estar en el mismo país, cuanto ni menos, misma ciudad y mismo restaurante.

Los dos caminaron dentro, donde un camarero les esparaba. Dania miró a su alrededor, el restaurante era todo un lujo, cosa que le gustó y disgustó a la vez. Por un lado se sentía totalmente cuidada por el chico, notaba que quería impresionarla. Pero por otro lado notaba que si algo surgía entre los dos aquella noche, muchos pensarían que era por conveniencia. No necesitaba mucho para ser impresionada y sentirse halagada, aquello era excesivo.

Las velas daban un toque romántico a aquel enrome sitio, en elc entro una especie de escenario con cortinas clamaba por la atención de los nuevos visitantes. Las mesas, todas vacías, pedían que parejas enamorada se sentaran, una a cada lado, mientras que los codos se apoyaban en ellas para que los dedos de las parejas se entrelazaran.

El camarero les guió hasta una mesa, Dania se sentó y con una sonrisa le dio l as gracias al camarero.

-Yo sólo quiero agua, gracias. -Dijo ella con una sonrisa. Se preguntó como habría conseguido Taylor que le dieran vino siendo menor de 21 años, y que ni siquiera le hubieran pedido el carnet para ello. No iba a arriesgarse a que la pillaran bebiendo siendo menor, aunque realmente le apetecía probar aquel vino. El camamero se alejó y les dejó solos en la mesa. -¿Cómo has hecho para que no te pidan el carnet para el vino? -Dijo con una sornisa.

El camarero volvió con dos cartas en la mano y se las tandió. Les avisó de que les avisara cuando estuvieran listos para pedir. Dania levantó su vista hacia el chico y le sonrió.

-Sinceramente, creo que te has pasado. Esto es demasiado. -No estaba enfadada ni le reprochaba nada, simplemente se lo comentaba. -Me habría gustado igual estar contigo haciendo un picnic o donde fuera. -Dijo dándose cuenta del "contigo". Dania miró a la carta y miró los precios, eran demasiados altos para una cena de adolescentes, y el sitio demasiado elegante para una ir vistiendo vaqueros una camiseta. -Además, mira como voy vestida. -Dijo riéndose y deseó tener un vestido a mano. Abrio la carta de Taylor y ´señaló un nombre. -Te recomiendo el chebureki, está delicioso. Recuerdo cuando iba de pequeña a casa de mi abuela y hacía una tonelada de ellos. Pero no puedes comerte iun chebureki sin probar antes una sopa. -Dijo con una sonrisa y señalando con sus finos y delcados dedos en la carta de Taylor.


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Taylor Bennett
Posted: Oct 30 2011, 09:23 PM


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La había sorprendido si duda, apenas dije el sitio a donde la había traído sentí que casi detenía un tanto asombrada. Y no era difícil percibir ese sentimiento, pues ella estaba prendada de mi brazo como lo haría una niña de su papá, o una enamorada de su chico. Pero algo estuvo raro, porque aparte de su sonrisa alegre pude percibir algo de miedo... ¿o serían paranoias mías? De un momento a otro ella se aferró a mi con un poco más de fuerza y sentí que al no estaba bien... ¿tendría miedo de mí? Era lógico, pues le había confesado hace minutos que mi presencia la haría perder todos sus poderes, algo así no era fácil de digerir y sabía que en algún momento ella iba a exteriorizar esa preocupación.

Pero por otro lado había algo que me decía que esas conjeturas no podían ser ciertas ¿por qué si tenía miedo de mí entonces se aferraba a mi brazo como queriendo que la protegiese? No tenía sentido, definitivamente no, pero el sentirla tan cerquita hacía que me olvidase de todo aquello y pensara en formas de hacerla sentir bien, porque esa era la finalidad de esta primera cita, mostrarle que yo podía hacerla sentir, que estaba segura a mi lado y por supuesto, hacerle notar cuanto me gustaba toda ella.

Parecía que todo estaba funcionando como quería, pues la sentí relajarse casi de inmediato, extinguiendo esa tensión que se había apoderado de su delicado cuerpo y que se había hecho notable en la forma en que me agarraba el brazo. Si bien yo estaba usando una camisa manga larga, podía sentir el toque de sus blancas manos sobre mis músculos definidos, toque que podía transmitirme muchísimas sensaciones, tanto propias como las de ella.

Y ya estábamos dentro, con una primera orden de bebidas. Como el hombre de cita tomé el control del pedido y el trato con el camarero, primero porque era lo correcto siempre y segundo, porque quería que ella me pidiese las cosas a mí, solamente a mí. Yo tenía que ser el suplidor de todos sus antojos y gustos, yo tenía que demostrar que podía estar a cargo de ella y que la protegería de todo.

-Agua para la señorita entonces camarero. Recalqué serio, asegurándome de que el camarero tomase nota. Si bien éramos los únicos clientes esa noche, no quería que nada saliese mal, y equivocarse en algo tan sencillo no iba a verse nada bien.

-¿Segura que no quieres alguna otra cosa bonita? ¿Algún zumo o coctel sin alcohol, té helado o gaseosa? Le pregunté mientras aún el camarero estaba presente. Pedir agua me parecía algo tan simple, hasta me hizo dudar si en realidad estaba cómoda... ¿la estaría abrumando? Pensé que sí, por lo que lo mejor era aclarar las cosas, iba a ser un problema muy grande si ella pensaba que yo estaba forrado de dinero y que podía hacer esto siempre. La verdad es que sólo había tenido un golpe de suerte y la ayuda de uno de mis amigos, y aunque al principio no quería decir nada para evitar que ella se decepcionase, ahora era una cuestión de principios. Debía decir la verdad, y la diría de la mejor forma, para evitar verme en desventaja.

Sus aseveraciones me hacían ese trabajo fácil, pues ella quería estar conmigo donde fuese, sin importar el lugar. Sí, conmigo, capté ese mensaje muy claro y me sentí como en las nubes. Sólo faltaba que tuviese la confianza de llamarme Ty para sentirme como un rey.

-Yo si quiero el vinito amigo, que sea entonces el agua y el vino de momento. Le dije al camarero, haciéndole notar que ya podía retirarse de momento. -¡Ah! y por favor tráiganos las cartas sino es mucha molestia.

El camarero se retiró e inmediatamente escuché la pregunta de Dania, un tanto asombrada: -¿Cómo has hecho para que no te pidan el carnet para el vino?. Yo me reí haciéndome el interesante y le contesté jugando: -¿Crees que a un tipo tan grande como yo le van a pedir carnet? Le decía haciendo una mueca pícara del señor grandote y mayor de edad para bromear con ella, cosa que funcionaba a las mil maravillas, pues la barbita rala, mis músculos y mi altura gritaban a toda voz que yo podía ser mayor de edad. Aunque la verdad es que todo aquello estaba preparado y la edad no importaba.

-Me alegra muchísimo que te haya gustado, pero no es todo. Le dije sonriendo. Aún no ocurría lo más especial de la noche, que sería aquella representación de Ballet que seguramente iba a dejarla boquiabierta. Pero eso ocurriría un poco más tarde, por lo que no seguí hablando del asunto, quería sorprenderla más. La distraje contándole como había conseguido traerla a este lugar. Hablaría con mucha generalidad para no hacerle ver que esto era un favor por ayudar en una conquista. Y disfrazarlo con la respuesta a su cuestión sobre el alcohol me pareció lo mejor.

-La verdad es que esto es parte de los beneficios que se derivan del campeonato, como sucede con mi auto. Normalmente ofrecen fiestas pomposas, pero esta vez quise disfrutar de mi premio contigo, sólo contigo.

Le devolvía aquella frase con la intención de que ella también se diese cuenta que quería estar con ella. Y esperaba que con aquella aclaración, ella se diese cuenta que yo no era uno de esos hijitos de papá que lo tenían todo y que estaban podridos en plata. Lo que tenía era porque me lo había ganado yo mismo y me sentía orgulloso de gastarlo en lo que más me gustaba. Aunque claro, esta noche el gasto era de influencias y no de dinero, pero no diría una cosa tal.

-Por eso no importa como estés vestida o lo que pidamos, el lugar está dispuesto sólo para nosotros. ¡Así que venga! A disfrutar se ha dicho. Continuaba sonreído, transmitiéndole naturalidad. Y si mi intención de transmitir que era un chico de clase media no había funcionado, pues si lo haría mi comportamiento, que si bien era caballero y educado, no llegaba a esos niveles de finura de la High Society ni nada por el estilo.

Y como me había gustado que ella se hubiese tomado la libertad de indicarme que comer. En ese momento sentí que la elección del lugar había sido perfecta. Para hacerle más fácil sus recomendaciones, arrimé mi silla para acercarme más a ella, quedando prácticamente juntos. Quería hacer caso a sus sugerencias, pero la verdad es que estaba perdido en esos labios que se movían, sonreían y casi me invitaban a besarlos. Escuché la palabra Chebureki y me dio risa. -¡Jejejeje! Chebureki se llama... parecen empanadillas. El ruso era una lengua bastante extraña para mí. Sin embargo vi las imágenes en la carta y se veía muy apetecible. Los precios fue algo que ni siquiera volteé a ver, porque no me preocupaba en lo absoluto por ellos, mi atención estaba centrada en esos ojos azules que me miraban y me miraban.

-Chebureki será entonces... ¿pero que sopa es la mejor? ¿cuál es tu favorita? No sé nada de comida rusa. En realidad si sabía un tanto, pero me hacía el tonto para hacer que ella me indicase, quería seguir teniéndola cerquita y la excusa de las elecciones estaba perfecta. Con eso también lograba que me siguiese contando sobre ella y su pasado, cosas que me intrigaba mucho.

Entonces llegó el Camarero con nuestras bebidas, pero yo estaba tan centrado en nuestro pequeño momento que no me di cuenta de su llegada. Eso sí, en medio de todo aquello si me di cuenta que las bebidas se habían tardado demasiado, y no era normal, porque la orden era sencilla. Entonces traté de girarme y alzar la mano para llamar al camarero y sorpresivamente me tropecé con él. Llevaba una bandeja sencilla entre sus manos y con el tropiezo las copas de agua y vino se tambalearon. El agua quedó en pie, pero con el vino no corrí la misma suerte, pues la copa se volteó irremediablemente.

Por la posición en la que se encontraba el mozo, el vino cayó justamente sobre la camiseta de Dania, en los hombros y gran parte del busto. Que error tan grande había sido ponerme tan cerquita de ella, sino hubiese sido por eso, tal vez el empapado hubiese sido yo y no me importaría. Pero para mi mala suerte, yo no me había mojado en lo más mínimo, ni siquiera tenía el beneficio de compartir el accidente con ella para reírnos posteriormente.

Me sentí apenado al instante, le pedía disculpas en muchas maneras a la rusa mientras me repetía a mi mismo lo estúpido que era.

-¡Bonita perdóname! Que desastre he hecho... ¡Soy un torpe! ¡un imbécil!

Cogí una de las servilletas finamente dobladas que estaban sobre la mesa y traté de arreglar un poco el desastre. La coloqué sobre su camiseta y trataba de secarla con delicadez. No me atrevía a pasar sobre sus pechos, pero si lo hacía sobre su hombro, como invitándola a que me ayudase con las partes que no podía tocar por mí mismo.

Imbécil, estúpido, torpe, esos eran los insultos que me decía a mi mismo mentalmente por haber cometido tal idiotez. Todo iba perfecto hasta ese momento, había arruinado la primera cita. -"Bueno Taylor, despídete de la posibilidad de algo con Dania, eso te pasa por excederte y traerla a un lugar al que no estás acostumbrado ¡Tarado! Sí, temía que con esto la rusa me cortase las alas, sin embargo no lo exterioricé, sólo hice lo posible por hacerla sentir bien a pesar del accidente.



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Dania Ivanov
Posted: Nov 1 2011, 04:54 AM


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Cuando Taylor le volvió a preguntar por la bebida ella sintió ganas de cambiar de idea, pero siguió afirmando que quería agua. De verdad le apetecía una copa de vino, pero el agua era más barata que el vino, seguramente mucho más, y no quería gastar dinero. O en el caso de que el chico invitara, que él gastara mucho dinero.

Yo si quiero el vinito amigo, que sea entonces el agua y el vino de momento- El chico mostraba confianza en sus acciones, y no sabía porqué, pero despreció la forma en la que Taylor dijo "yo si quiero el vinito amigo". Era algo estúpido, ella lo sabía, pero no pudo evitar darse cuenta en ese pequeño detalle. Se obligó a parar de buscar defectos y a apreciar las cosas positivas, que no eran pocas.

-Crees que a un tipo tan grande como yo le van a pedir carnet? -Dania decidió atacar de broma, dandole pie para que pensara un poco en ella.

-Entonces van a pensar que eres un pederasta, llevando a cenar a una joven como yo. -Contestó ella sin dejar de mirarle a los ojos, buscando que el chico se picara aunque fuera un poco.

Me alegra muchísimo que te haya gustado, pero no es todo

-Vaya, veo que lo tienes todo bien preparado. -Contestó la chica mientras se pasaba la mano por un mechón de pelo que caía sobre su frente. -¿Qué más ases guardas en la manga, fortachón? -Se rió de sí mismas al sortar aquella frase, se había vuelto pícara de repente. Cayó en la cuenta de que había copiado lo de fortachón de la película "Hércules". Bendita guardería. Aquella no era ella, o al menos no era la ella que había sido durante todo ese tiempo. Le gustó, aunque fuera fingido, sentirse con confianza suficiente como para lanzarle aquellas pullitas a un chico acostumbrado a tener a las chicas comiendo de su mano.

-La verdad es que esto es parte de los beneficios que se derivan del campeonato, como sucede con mi auto. Normalmente ofrecen fiestas pomposas, pero esta vez quise disfrutar de mi premio contigo, sólo contigo.

-Vaya, me siento halagada. Gracias. -Dijo ella, desmoronando aquella fuerza pícara que había construído. Unso destellos rosados asomaron a sus mejillas. El chico prefería estar con ella a solas antes que una gran fiesta. O tal vez era un farol. "Estúpida"

Dania le dio recomendaciones al chico sobre qué debía pedir. No pudo evitar fijarse en que el chico se había acercado a ella. Demasiado. los dos juntos miraban la carta. No sabía como actuar, una parte le pedía que el chico se alejara para poder ser ella misma, otra que cogiera con violencia el cuello de su camisa y le regalara un beso.

-¿Mi sopa favorita?....mmmm. -Dania paseó su dedo por la carta, lentamente, bajando por todos los nombres. Seguro que le chico deseaba que ese dedo bajara de igual forma por su pecho y abdomen. Un calor le invadió el cuello. -La verdad es que no tengo ninguna favorita, pediré una al azar.

Vio al camarero acercarse y se incorporó un poco sobre la silla, dedicándole al hombre una sonrisa. Pero entonces Taylor levantó el brazo, no sabía para qué, pero lo hizo. Sus ojos se abrieron lentamente e intentó levantar las manos para evitarlo, pero Taylor ya había golpeado la bandeja. El vino se tambaleó, y lentamente se volcó hacia ella. Notó esa fría humedad en su piel, haciendo que su camiseta se pegara a su cuerpo, en sus hombros y su escote. Dio un saltito en la silla y un pequeño grito por la impresión.

-Jod..

-Disculpe, señorita. Disculpe. Estoy muy arr.. -Dania le cortó riéndose.

-Tranquilo, no es tu culpa. -Por otro lado Taylor empezó a disculparse. Dania le miró u se rió al ver el agobio que el chico sentía. El chico le estaba limpiando el hombro. -Tanquilo, Taylor, no es nada. -Se levantó de la silla. -Pero aún así voy a ver si puedo solucionarlo.

-Lo siento muchísimo señorita.

-No importa, además, el vino es bueno, puedo sentirlo. -Bromeó la chica. Y con paso rápido se dirigió al servicio, se fijó en lo mucho que se marcaba su sujetador en la camiseta.

Pero lo peor no había llegado. Cuando abrió la puerta de lo servicios, sin saber cómo, el picaporte se quedó dentro de uno de los bolsillos de sus vaqueros. Tiró, y tras un oír un sonoro desgarre, casi cayó al suelo, pero su ágil mano se apoyó a tiempo en el marco de la puerta. No estaba segura de lo que había pasado hasta que su mirada bajó a sus pantalones, que dejaban ver en uno de los laterales gran parte de su pierna y su ropa interior. Maldiciendo y cambiando su sonrisa por una mueca de desesperación entró al servicio. Aquello era gracioso, pero en en ese momento, ni en ese lugar, ni con esa compañía. El pantalón comenzó a caerse, así que su mano tuvo que sujetarlo por la cintura.

Se miró en el espejo, estaba hecha un desastre, aquel pantalón no tenía solución. O al menos no tenía solución para un no-mutante. Con orgullo extendió sus manos y las dispuso sobre la rotura, y al llevar a cabo su poder, nada pasó. “¡Mierda! Está demasiado cerca”. Volvió intentarlo varias veces hasta que la puerta del baño se abrió, entonces paró al instante. Unas largas piernas morenas se reflejaron en el espejo, parecía tener prisa. Su mirada ascendió, pero sin llegar al rostro de la chica.

-¡Oh Dios mío! ¡Has hecho un buen desastre en tu pantalón! -Y tras un segundo de silencio. -Dania... ¿eres tú?

-¡Nicole! -Dijo Dania entre alegre y avergonzada. -El chico con el que tengo una cita me ha tirado vino encima, y por si fuera poco, me he quedado enganchada en la puerta del servicio... un desastre. -Las dos se rieron. Nicole se acercó a ella e intentó hacer algo con la rotura. Nicole era una chica que trabajaba en el centro comercial, para ser más exactos, en Starbucks. Dania en sus descansos solía tomarse allí algo, y muchas veces coincidían en la comida. Se llevaban bastante bien. -¿Qué estás haciendo aquí?

-Esta noche bailo el lago de los cisnes aquí con mi grupo.

-¿Tú bailas?

-Sí.

-Vaya, no tenía ni idea. -DIjo Dania disfrutando de aquella dulce coincidencia. Yo también. -Justo en ese momento otras cuatro chicas entraron. Eran compañeras de Nicole, y se presentaron con amabilidad, preocupándose por sus pintas.

-Pues el chico es muy mono. Si no fuera tu cita ahora mismo iría a que me pagara una cena. Y después, a que me llevara a casa. Y después a que me llevara a mi cama. y después....

-Es nuestra primera cita... Pero me temo que es el típico de una noche.

-¿Y? Se tu quien le uses a él, y no él quien te use a tí.

-No.. creo que no me va eso.

-Eres tan dulce, cielo... Pero en este mundo o comes o te comen

-Eso es cierto... -Dijo ella, con un toque de dolor recordando lo que Zack le había hecho. Nicole miró a sus amigas.

-Oye, creo que puedo ayudarte con tu ropa. Yo no necesito mis cosas porque voy con el tutú, úsalas, ya me las darás mañana o cuando sea en el centro comercial. -La chica abrió una bolsa de gimnasio y le lanzó la ropa . Dania la desplegó y vio lo que era. -Lo único... es que es de una coreografía que hemos estado preparando antes de venir aquí... de Pussycat dolls... Es muy provocativo y un poco... pero es mejor que nada.

-No puedo presentarme con esto en la mesa... pero gracias.

-¿Prefieres ir sin pantalones? -Y aquello fue una especie de jaque mate. Dania había mucha confianza en ella misma y no se sentía cómoda teniendo que vestir aquello. -Pontelo, venga. -Dania entró al servicio y se lo puso. Antes de salir se miró varias veces e intentó estirar un poco la camiseta para tapar su abdomen. lentamente abrió la puerta y salió donde las chicas le esperaban. Enseguida ellas aplaudieron y silbaron. -Pero mirate, cielo, estás explosiva. -Dania se miró en el espejo, la verdad es que estaba muy sexy... pero bastante inapropiada para un restaurante.

-No sé.... -Nicole sacó de la bolsa unas botas con un poco de tacón y se las plantó.

-No puedes llevar eso sin esto. -Dani intentó quejarse, pero entre todas le convencieron. Se miró en el espejo, estaba explosiva. Daba el pego para estar entre las Pussycat Dolls. -Y ahora ve y cómete a ese bombón. Ha reservado este sitio sólo para tí. Incluso ocn el lago de los cisnes.

-¿Qué?

-¿No lo sabías? El chico ha reservado todo esto para tí, nadie más puede venir hoy aquí. Debe estar o muy forrado o muy interesado en tí.

Dania se quedó un poco paralizada. ¿Cuanto le habría costado todo aquello a Taylor? Dándole las gracias a las chicas salió del cuarto de baño con sus pantalones rotos y su camiseta mojada en sus manos, tapando el liso vientre que asomaba entre la camiseta y el pantalón. Al sentarse le dedicó una sonrisa, y acabó siendo risa.

-No te rías. Esto es culpa tuya. -Bromeó. -Ahí dentro me he encontrado con una amiga y me ha dejado esto. -Ignorando que todo había pasado, que se había enterado de la sorpresa y de lo que él había hecho por ella, y que vestía de forma explosiva continuó al conversación. -Bueno... ¿por dónde íbamos? ¿has pedido ya?


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Taylor Bennett
Posted: Nov 2 2011, 05:07 AM


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-¡JEJEJEJE! Que va mi niña, si ya tú eres TODA una mujer. Remarqué ese "TODA" con un tono distinto, resaltándolo. Aproveché el momento para mirarla de arriba abajo y demostrarle de que estaba hablando. Pechos voluptuosos, caderas pronunciadas, curvas irresistibles, piernas largas y estilizadas, una cabellera rubia seductora y una mirada que podía derretir hasta al más frío de los hombres. Pero claro, no la había observado con lascivia ni ningún gesto que indicase una falta de respeto, siempre fui un caballero que quiso mostrarle a Dania de lo que estaba diciendo y pensando. Si la intención de la Rusa era molestarme, pues no lo había logrado, porque yo disfrutaba de todo lo que me decía. Y más me gustaba seguirle el juego, porque podía aprovechar para soltarle indirectas sobre cuánto me gustaba y me agradaba estar sólo con ella.

-No vale que preguntes tanto, que luego me desarmas y ya no hay sorpresa. Dije en un tono del que juega a ser bravo y serio pero que con los ojos decía lo contrario. Quería que ella siguiese su juego y me sacara todo lo que tenía para ella, quizás en una de esas podría robarle un beso y sería justo. Y sí, estaba consciente de que le había dicho que tenía el poder de desarmarme y hacer conmigo lo que quisiera, prácticamente.

Que me dijera Fortachón definitivamente me había encantando demasiado, pues me hacía notar que se había fijado en mi físicamente de la misma forma en que yo lo había con ella, tanto en esta cita como en nuestro primer encuentro. Y con eso casi le suelto toda la sorpresa, pero me contuve al darme cuenta de su estrategia y de que le había dicho hace unos segundos que podía lograr de mi cualquier cosa que quisiera.

Pero todas esas sensaciones desaparecieron cuando derramé el vino sobre Dania. Me sentía realmente agobiado, y la risa de ella no me ayudaba en lo absoluto, pues me hacía pensar que se reía de mi, de lo ridículo que debía verme en ese momento, como un torpe que no sabe comportarse. Cada vez más pensaba que ella se iba a levantar para salir de ahí y no volver, y no podía culparla. -"¡Diablos!". Y tanta era la preocupación que no me di cuenta de cómo esa mancha de vino ajustaba la camiseta mojada sobre los pechos de la rusa, hubiese sido una imagen exquisita para mí a pesar de la desgracia, pero yo sólo podía maquinar en mi mente como arreglar todo este asunto. Ni siquiera vi como se balanceó ese busto desarrollado con ese saltito de impresión, algo que cualquier hombre hubiese disfrutado aunque la hubiese embarrado.

Cuando Dania salió corriendo al tocador pude liberar mi frustración, asegurándome que no me escuchase. Le di un golpe a la mesa y luego a mi mismo en la frente con la base de mi palma derecha. -¡Imbécil!.

El camarero pensó que se lo decía a él y en seguida se excusó. -¡Disculpe, es que soy nuevo aquí y... Me di cuenta del asunto y rápidamente y lo tranquilicé antes de que pudiese continuar con su retahíla de disculpas. No iba a descargarme con el mozo que no tenía culpa de nada.

-Tranquilo, tranquilo, sé que no tienes la culpa, el imbécil he sido yo... Y todo estaba saliendo de maravillas viejo. Le dije en un tono de confianza, haciéndole entender de inmediato mi frustración. Él podría notar como yo sentía que estaba saliendo con una chica que estaba muy por encima de mi alcance y que quería que todo fuese perfecto para engancharla conmigo. Pero con una tontería como ésta seguramente me iban a mandar por un tubo.

-Señor. Él usaba ese tono de respeto aunque yo fuese un chico joven. -En verdad estas cosas pasan más de lo que usted piensa, no se dé por vencido, si se nota que a ella no le ha importado en lo más mínimo. Fíjese, ni siquiera me insultó, más bien trató de hacerme sentir bien... y a usted también, yo lo vi.

-Como quisiera pensar que es así... como quisiera. Le repliqué preocupado.

-Bueno, no se desanime. Fíjese, ya todo está casi arreglado y no parece que el accidente ocurrió. Me dijo estando seguro de haber terminado de limpiar el desastre y cambiar la mantelería individual, que fue la única que se manchó, pues la peor parte de la había llevado la camisa de Dania. -Les traeré esos vinitos a ambos, se ve que ella lo quería tanto como usted pero se sintió avergonzada.

-Está bien. Le contesté mejorando mi expresión, el tipo había logrado convencerme en partes. Y lo reforcé con mi usual pensamiento: Siempre hay que verle el lado positivo a las cosas, aún cuando sea difícil.

Pronto el camarero volvió y dejó las copas de vino prometidas, junto con un par de copas de agua. Bebí de la mía de inmediato para apaciguar mis sentimientos actuales, necesitaba refrescarme y pensar en la forma de voltear la situación.

-Listo jefe, por ahora me retiro, me avisan cuando tengan la orden. Se despidió dándome ánimos, como si estuviese seguro que todo pasaría y que realmente cenaría con Dania para luego disfrutar del Ballet a su lado.

-Gracias... en verdad. Me despedí tipo militar, asegurándole que lo llamaría cuando la orden estuviese lista. Se había ganado una buena propina sin importar como terminase la velada.

Cuando volví mí vista hacia el frente, pude ver que Dania salía del tocador y venía hacia mí, pero algo estaba distinto en ella. Cuando estuvo cerca me pude percatar de su pinta. Estaba despampanante. En seguida me levanté de mi silla para recibirla. La expresión atontada de mi rostro era bastante notoria sin que yo pudiese evitarlo. Estaba embobado con lo que mis ojos veían, esta nueva Dania que se perfilaba ante mi era más de lo que yo hubiese pensado en mis fantasías más sensuales. No separé la vista de su cuerpo ni un momento, boquiabierto, lelo, sin que me cayese el veinte. Era muy obvio que me había sorprendido a lo grande.

Poderosas razones para ese embobamiento se erguían firmes ese brassiere negro que las contenía perfectas, voluminosas y redonditas, como invitándome a que las tomase entre mis manos. Tragué saliva fuerte mientras recorría su figura con mi vista. ¡Qué curvas! Que cinturita tan estrecha y apretada, podía ver lo plana que era a pesar de que ella trataba de taparla con los restos de su ropa. Definitivamente resaltaba esa deliciosa figura de guitarra que tenía la rusa. Los huesitos de la cadera se asomaban provocativos a través de esos mínimos shorts que cubrían sus poderosas caderas y eso me fascinaba mucho. ¿Y las piernas? tan largas, finas pero en perfecta armonía con el resto del cuerpo, definidas por ejercicios al igual que ese vientre liso.

Me estaba volviendo loco por dentro, era imposible que la chica pudiese estar más buena. Sentía que en cualquier momento mi mejor amigo iba a despertar en una notoria erección ante tal visión, pero por alguna razón no fue así. Lo agradecí mentalmente. Volví a tragar saliva sin pronunciar una palabra. Nos sentamos y me sentí aliviado, porque no sabía cuánto tempo iba a resistir incólume ante esta situación. Estando sentado iba a poder disimular más si algo sucedía. ¿Y cómo culparme? Uno es hombre, de carne y hueso, no de cartón.

-No te rías. Esto es culpa tuya. No podía reírme, casi no reaccionaba. Trataba de no seguirle mirando el prominente escote y lo logré sosteniendo mi mirada sobre la de ella con una sonrisa que me costaba mantener pero que no era fingida.

-Bueno... ¿por dónde íbamos? ¿has pedido ya? Yo simplemente no podía articular palabras. -Ehhh... yo... este... Parecía mentira que una mujer pudiese hacerme una cosa así, a mí, al Don Juan que estaba acostumbrado a tener la chica que quisiera y que siempre sabía que decir. Si ella estaba explosiva, yo iba a explotar en cualquier momento.

-Ajem... aclaré mi garganta suavemente, dándome cuenta del papelón que estaba haciendo. Saqué voluntad de donde no la tenía y pude responder sereno. -No aún no bonita.

Dania preguntaba donde habíamos quedado. Eso me llenó de satisfacción y me hizo recordar las palabras del camarero. Él tenía razón, esto iba a continuar, y muchísimo mejor de lo que hubiese podido pesar. Tomé arrestos nuevamente y le seguí la conversación, tratando de obviar lo rica que estaba, casi desnuda frente a mí. No iba a verse nada bonito que continuase como estúpido sin reaccionar.

-Quedamos en que ibas a escoger una sopa al azar antes de Cherebuki. Había pronunciado mal ese nombre ruso, y es que era difícil recordar un nombre tan raro mientras quería retomar mi seguridad y evitar que mis pantalones estallasen. -No quise ordenar hasta que llegaras. Mentí, porque en verdad no había pedido por temor a que Dania decidiera poner fin a todo por mi torpeza. Sin mbargo esperaba que esa mentirilla se viese como un gesto de caballerosidad y consideración para ella.


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