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Fin del Entrenamiento., Privado Mark
| Jazael Janssen |
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Médico / PNJ
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El trabajo de Jazz con Mark estaba dando muchos frutos en poco tiempo. Nadie hubiese asegurado que se implicaría hasta ese punto con la Hermandad. Nadie hubiese jurado que se transformaría en uno más, no un simple colaborador en busca de venganza, si no un miembro convencido. Obsidian le había confiado una misión. Su lealtad estaba asegurada. El entrenamiento físico llegaba a su fin. Dentro de poco estaría listo para entrar a la acción. No era un simple peón, era un buen soldado. Una importante pieza en aquel inmenso tablero de ajedrez. Cuando Jazz llegó al gimnasio, Mark ya estaba en el ring. A su lado, un mutante sujetaba unas manoplas acolchadas donde Mark dirigía sucesivos golpes y patadas. Con cada golpe, el hombre retrocedía un par de pasos hacia atrás, debido a la inercia. Jazz se cruzó de brazos y sonrió mientras observaba al chico. Apenas era un crío cuando lo había recogido un año y medio atrás. Ahora, el joven que peleaba en la lona era todo un hombre. Se le notaba en la cara, en su mirada, en la firmeza que habían adquirido sus gestos. Había madurado rápido, modelado a golpes, con trabajo y esfuerzo. La gran obra de Jazz, que había supervisado personalmente cada uno de sus pasos. Le había llevado al límite de sus fuerzas, le había exigido lo imposible, le había forzado hasta casi hacerlo desfallecer. Y él nunca la había defraudado. -Home-Run.Su voz retumbó en el amplio espacio vacío por encima del ruido de los pasos y de los golpes, de los gritos ahogados que Mark emitía con cada puñetazo, con cada patada, con los sordos quejidos de su contrincante. -Deadly Rose.-Puedes irte.Home-Run se acercó a la esquina del ring y se secó el sudor con una toalla. Se bebió una botella entera de agua de un solo trago y, colgándose la blanca toalla al cuello, descendió del área de combate levantando las cuerdas. Hizo un gesto de reconocimiento a Jazz con la cabeza, que se lo devolvió. Al instante, el joven se transformó en una mancha difusa que cortó el aire al salir de la habitación a una velocidad sobrehumana. Sus ojos azules se posaron en Mark. -Has mejorado mucho en los últimos meses. Antares cree que podemos dar por finalizada tu iniciación.Jazz levantó las cuerdas y subió al ring con agilidad felina. La ajustada ropa se ceñía a su cuerpo como una segunda piel, dejándole plena libertad de movimiento. Dio un par de pasos alrededor de Mark, mientras se sujetaba la pelirroja melena en una alta coleta. -A ver si es verdad.Sin mediar palabra lanzó una patada alta justo al pecho del muchacho, que lo hizo tambalearse hacia atrás. Era la primera vez que Mark se enfrentaba directamente a Jazz y, si lo hacía bien, sería la última que lo harían como profesora y alumno.
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| Mark O'Sullivan |
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La rutina de la Academia y la hermandad le dejaba exhausto.
¿Vacaciones? Sus vacaciones consistían en estar encerrado entrenando y aguantar todo lo que le echaran encima sin una queja, soportarlo, superarlo y caer redondo en la cama, sin llegar a dormir, más bien era un estado de inconsciencia de puro agotamiento por llevar al límitie a su cuerpo y su mente tanto peleando con o sin usar ninguno de sus poderes.
Así una y otra y otra vez sin nunca quejarse. Nunca. Por puro orgullo nunca iba a rechazar un duelo, no iba a dejar de estar a la alturra de lo que le pedía Jazz. Si en algún momento se quedaba por el camino y no llegaba, llegaría. Practicaba, repetía las cosas una y otra vez hasta que alcanzaban el nivel de perfeccion que todo el mundo le pedía. Mark no se quejaba, solo lo hacía, porque quería pertenecer a la hermandad y quería venganza.
Ya no era solo vengar a sus padres, no, tenía un objetivo mucho mayor, el de destruir a la cosporación, entera. Desde los cimientos. La destrozaría y no quedaría nada de ella mas que los pateticos humanos que la formaban y sus burdos engendros experimentales para que el pudiera tomarse la revancha a gusto. Si él era quien era, si él era como era, era su culpa. Todo culpa de ellos. Se lo haría pagar todo de vuelta hasta que el ultimo de ellos le hubiera suplicado morir.
Era un sueño bonito para él. El único que tenía porque le otro era ser parte de la hermandad. Tristemente o no tan tristemente, no le quedaba nada más que eso. Aquello era su vida ahora y no había marcha atrás, no había nada más que decir sobre ello.
Mark recuperó el aliento rapidamente y observó a Jazz detenidamente. El rubio llevaba tan solo unos pantalones de deporte y en algún punto se había desecho de su camiseta, dejando su torso con las cicatrices y los varios tatuajes al aire. Sudaba un poco ya por el esfuerzo. ¿Qué pretendía hacer?
Lo entendió demasiado tarde. Nunca había llegado a luchar con ella, ella siempre se había limitado a mirar y a decirle que repitiera una y otra vez. Como mucho a atacarle y él a defenderse. Pero no pelear. Nunca le había tocado devolver los golpes. Por mucho que hubiera entrenado, no podía ganar. Aún así, como siempre, lo intentaría y no se daría por vencido nunca. La patada casi le dejó en el suelo, pero consiguió estabilizarse, agarrando la pierna de la pelirroja y tirando de ella para dejarla en el suelo. Fuera Jazz o no. No le importaba. Lucharía y punto. A veces se seguía preguntando como le vería a él. Si aun vería a aquel chico de 19 años algo perdido y medio moribundo. Aquel chico que había aceptado un camino que él no había elegido.
Jazz no había caido al suelo, pero Mark tiró de su pie girándolo y haciendola caer esta vez el suelo a la vez que se alejaba para dejarle espacio para que se recuperase y él prepararse para defenderse.
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| Jazael Janssen |
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Una risa cristalina reverberó en el vacío gimnasio. Su patada había hecho desestabilizarse a Mark, y su cara era todo un poema por la sorpresa. Se recuperó pronto, atrapándole la pierna y estirando de ella para hacerla caer. Jazz intentó mantener el equilibrio hasta que el inglés giró de su tobillo, arrancándole un pequeño gemido y haciéndole dar de bruces contra el suelo.
Las palmas de las manos extendidas detuvieron el golpe. Jazz se echó a reír de nuevo mientras el joven se apartaba de ella para dejarla levantarse. Estúpida cortesía inglesa. Se separó rápidamente de la lona y de su rostro se borró la sonrisa. Su piel brillaba perlada de sudor y algunos mechones del cobrizo cabello se le pegaban en el cuello y en los hombros, aunque ella no hizo nada por apartarlos.
-Ahora empezamos en serio.
Lanzó un puñetazo al rostro del inglés que lo esquivó con maestría. Sin darle tiempo apenas a reaccionar, lanzó otro por el lado contrario, que esquivó a duras penas. Junto al puñetazo, una rápida patada golpeó su abdomen con el lateral de la rodilla. Mark dio un par de pasos hacia atrás y ella aprovechó para encajarle otro golpe en la cara, acorralándolo contra las cuerdas.
-Si el rival está en el suelo no te apartas, estúpido. Golpeas hasta conseguir el KO.
No tenía miramiento, igual que no lo habían tenido con ella. A esas alturas, el inglés ya había copiado su Gen X y se regeneraba de los golpes y las lesiones a una velocidad varias veces superior a la humana. No le importaba fracturar huesos ni abrir heridas, todo seguiría igual unos minutos después aunque, eso sí, el dolor no estaba atenuado.
-Tienes que olvidarte de que soy yo, Mark –Dijo encajándole otro golpe en la mejilla que precedió un chasquido, difícil era averiguar si había sido el rostro del inglés o la mano de la pelirroja- ¡Vamos!
Se apartó de él dando un par de pasos hacia atrás, dejando ahora ella que se recuperara. Jazz tenía la respiración agitada. Su pecho subía y bajaba a un ritmo frenético. Se acercó a una de las esquinas y cogió una botella de agua. Bebió un largo trago y se echó un poco por encima de la cabeza, pasando su nívea mano por su cuello y pecho al extenderla.
Mark aprovechó para atacarla desde un lateral. La joven ladeó la cabeza a tiempo de esquivar el golpe. Dando media vuelta a la vez, recompensó al joven mutante con un violento rodillazo en el estómago. De nuevo, una sonrisa ancha le iluminó el rostro y dejó escapar entre los voluptuosos labios una risa clara. Le cogió la barbilla con la mano mientras continuaba con el torso semiflexionado, apretándose la zona dolorida.
-Muy bien, cariño. –Sus rostros estaban muy cerca. La voz de la mujer era apenas un susurro. –Vamos aprendiendo.
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| Mark O'Sullivan |
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Mano derecha de Deadly Rose // Nivel 7
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Si no fuera porque había copiado la habilidad de Jazz y la estaba usando, aunque fuera de manera inconsciente, probablemente a estas alturas estaría en vías de perder la pelea. Y aunque así hubiera sido, no se iba a rendir tan facilemente ni dejarse ganar si antes ofrecer una buena pelea, y mucho menos sin hacerle algo de daño a ella también. A medida que pasaban los segundo, el rubio comprendía que por mucho que no le hiciese gracia, tendría que hacerle daño. En realidad acababa de forzarse a sacar de su cabeza que Jazz era una chica, que era delicada o que sencillamente era Jazz. Iba a dejarla igual que solía dejar a sus demás contrincantes durante este último par de semanas: en el suelo.
Aquel pensamiento le distrajo un segundo, tiempo suficiente para llevarse una patada que le hizo doblarse en dos. Hizo una mueca de dolor mientras se llevaba la mano al estómago y miró a la pelirroja, algo sorprendido por su cercanía. No iba a dejar escapar la oportunidad. En cualquier otro momento se la habría quedado mirando fijamente, pero la rabia y las ganas de delvolverle el golpe eran más fuertes.
Haciendo acopio de toda su fuerza de voluntad, la sujetó por la muñeca, tirando de ella y luego propinó una patada en las piernas, casi haciendole la zancadilla y mandándola al suelo. Aún sin haberle soltado el brazo, tomó el otro antes de que pudiera hacer nada por defenderse y le sujetó ambas muñecas contra el suelo por encima de su cabeza con una sola mano. Luego usó el peso de su cuerpo para inmobilizarla con una llave y dejarla completamente inmovil. Mark había ganado algo de masa muscular, y por lo tanto peso, y desde luego tenía mucha más fuerza que ella. Bien podría intentar moverse que hasta que él la soltase no iba a poder hacer nada. Ya no quedaba demasiado del niño que había sido cuando llegó a la academia.
Su torso desnudo cubierto de sudor subía y bajaba por el esfuerzo de la pelea mientras mantenía sus ojos clavados en los de ella y su cara una máscara de impasible. Hasta que esbozó una sonrisita algo insolente, casi juguetona, de pura satisfacción. Sabía que había ganado.
-Tienes que olvidarte de que soy yo, Jazz- le devolvió la puya. Su error había sido darle espacio para respirar, el mismo que había hecho él. Y desde luego se la habí devuelto. Ahora no pensaba dejarla moverse así como así. Quería que se rindiera y que dijera que lo había hecho bien. El inglés había estado entrenando duro casi día y noche hasta que caía rendido en la cama de puro cansancio. Desde que había llegado solo hacía eso. Peleas, más peleas, aprender a usar el poder de un mutante contra ellos mismos. Todo llevándose al límite de su cuerpo y su mente. Esperaba haber consiguido después de esto algo así como unas vacaciones para poder recuperar horas de sueño.
En lugar de aflojar la presión que ejercía sobre el cuerpo de ella o de dejarla ir, puso su antebrazo sobre su cuello como si fuera a asfixiarla.
-Quiero dos días de vacaciones-le susuró al oído, acercando su cara a la de ella.
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Rompió a reír de nuevo cuando cayó de bruces al suelo debido a la patada de Mark. El golpe seco de su espalda contra la lona le cortó la respiración durante unos segundos, tiempo suficiente para que el joven inglés la acorralara contra su cuerpo, sujetándole ambas muñecas por encima de la cabeza.
Jazz lo miró fijamente con la respiración agitada y una excitación creciente. El cuerpo trabajado del rubio sobre ella, la presión de las piernas contra la cadera, el olor penetrante del sudor de ambos, la rabia en la mirada y la cercanía de sus rostros conformaban un cuadro de tensión casi insoportable.
Se mordió instintivamente el labio inferior cerrando los ojos cuando escuchó la voz junto a su oído. Las pieles conectadas de ambos dejaba al descubierto para Mark la segunda habilidad de Jazz. Para el inglés, en ese instante, la mente de la pelirroja no guardaba ningún secreto, podía verla y oírla con la misma claridad con la que la veía y la escuchaba a ella misma, y los pensamientos que le dirigían eran de todo menos castos.
Hacía semanas que Mark había dejado de ser para Jazz el chico asustado y perdido que había recogido en el lago, y hacía tiempo también que Mark había dejado de ser para la pelirroja una imitación burda de su padre. Mark había logrado hacerse valer por si mismo, demostrarle a cada momento de lo que era capaz, y ella lo valoraba. Dejó que leyera eso en su mente. No lo diría en voz alta, no se lo reconocería abiertamente.
Mark le presionó el cuello con el antebrazo. El aire entraba en la garganta de la pelirroja con dificultad. Comenzó a sentir de un modo sutil la quemazón propia de la asfixia, sumada al escozor y al dolor quedo de las fracturas al soldarse. En lugar de ser una sensación desagradable, se sumaron de un modo perverso para avivarla aún más.
La joven se incorporó a duras penas bajo el abrazo del joven, inclinó hacia adelante la cabeza lo suficiente para poder acercar los labios a su oído. La presión del brazo en su cuello se rebajó un ápice, tal vez un gesto de buena voluntad de Mark al ver que estaba dispuesta a hablar.
-Denegado.
Aprovechó la cercanía para morderle en el cuello, con más significado sexual que violento, antes de verse obligada a ceder ante la fuerza del joven y dejarse caer de nuevo contra la lona. Comenzó a reír de nuevo, sabiéndose acorralada y sin gran posibilidad de escapatoria. Tenía la respiración agitada, y el aire escapaba de su pecho por los labios entreabiertos casi sin resuello.
-Oblígame.
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| Mark O'Sullivan |
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Aquel torrente de pensamientos le pilló completamente desprevenido. Aún así no relajó la presión que ejercía sobre ella ni la soltó. No se fiaba ni un pelo, siempre podía ser un truco, aunque sus palabras le acabaron confirmando que no era así. Tal vez fuera un juego y desde luego él iba a caer como un tonto. Daba igual, de todos modos le gustaba lo que ella pensaba, le gustaba sabr que era alguien, algo para ella, algo más que una copia de su padre o de su madre, algo más que un niño que al que entrenar y convertir en un soldado porque apoyaba la misma causa que ellas. Él era alguien para ella y eso le importaba, porque ella era importante para él. Le debía la vida, literal y en sentido figurado. Había sido su apoyo y le debía lo fuerte que se había vuelto.
Lo que se le quedó grabado en la mente fue todo lo que le pasaba por la mente, porque él en aquel momento estaba pensando exactamente en cuanto le gustaría devorar aquellos labios, morderlos, besarla tan fuerte que le hiciera daño. Aún mejor, tirarse a Jazz encima de aquella lona era lo que más le apetecía en ese momento. Mark no iba a ser delicado y estaba cansado de las constantes pullas de Jazz y de como la pelirroja jugaba con él. No podía soportar la tensión entre ellos y menos teniendola tan cerca. Ahora que sabía que ella pensaba lo mismo, decidió jugar él también. Ahora era él quien tenía el control y sabía que a Jazz le ponía aquel jueguecito tanto como a él.
Sonrió con picardía y acercó sus labios a los de ella, sujetandola de manera a que no pudiera besarle. Insoportablemente cerca y ella no podría hacer nada. Casi podía rozar con sus labios los de ella.
-Estoy cansado de que juegues conmigo-le susurró, dejando que ella sintiera su aliento cálido sobre sus labios. Tomó el labio inferior de la pelirroja entre sus dientes, mordisqueándolo suavemente.
Siempre tenía que tragar, aguantar lo que le viniera encima sin importar lo que fuera. Sabía que ella iba a disfrutar esto tanto como él, que su rabia, intentar hacer que sufriera no iba a funcionar, asi que solo le quedaba una opción, mandar todo a la mierda y lanzarse a devorar sus labios con fuerza. Quitó la mano que tenía sobre su garganta para poder levantar el top que llevaba y poner la mano sobre su pecho con todo el descaro del mundo. Ajustó sus caderas, dejando que ella notara su erección contra su pierna. Se separó tan solo un instante para poder mirarla a los ojos mientras se pasaba la lengua por su labio y luego mordía su labio inferior, antes de lanzarse a besarla de nuevo.
-Te sacaré las vacaciones por la malas.
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Jazz dejó escapar un gemido antes de que el joven comenzara siquiera a tocarla, pero la fuerza de los pensamientos de Mark eran tan fuertes, y tan vividas sus emociones que era como si las sintiera en su propia carne. A su propia excitación le siguió la sensación enérgica y nítida de la erección que se estaba apoderando del joven rubio, cuyas mentes se habían convertido en una sola.
-Esos pensamientos no son nada apropiados, jovenci… ¡Oh!
Mark había acortado tanto las casi inexistentes distancias entre ellos hasta lo insoportable. Casi podía sentir la sensación eléctrica de la tensión entre los labios de ambos, separados apenas unos milímetros, una distancia irresistible y que el joven no le dejaba batir por el modo posesivo y violento en que la sujetaba contra el suelo.
Cerró los ojos al sentir su aliento en el rostro, proyectando su cuerpo hacia adelante como si hubiera algo en Mark, magnético e irresistible, que la impelía a juntar su piel con la suya hasta hacer imposible distinguir la una de la otra. Nada deseaba más en aquel momento que Mark la poseyera allí mismo, de forma violenta y salvaje, que se hicieran daño y se destrozaran el uno al otro.
Se aseguró de que aquello quedara totalmente claro en la mente que ahora compartían.
Al final llegó el tan esperado contacto. Correspondió a su mordisco juguetón del mismo modo, aunque tal vez imprimiendo más fuerza en sus gestos. Había esperado tanto para tenerle así… y ahora no era capaz de soportar ni un segundo más. Mark le mordía los labios hasta casi el borde del dolor, pero a Jazz le sabía a gloria cada pulso entre ellos.
Jadeo sonoramente cuando desapareció la presión en su cuello, pero el aire no entraba a sus pulmones con más facilidad. Mientras las blancas manos del inglés recorrían su pecho sin ningún tipo de pudor, ella aprovechó la recién recuperada movilidad de las suyas para aferrarse con una mano al cabello en su nuca y rodearle la espalda con la otra, estrechándolo contra su cuerpo.
Abrió las piernas para recibir su cadera entre ellas, sobre las suyas. Le fue imposible esperar ni un segundo más para unir su sexo al de él, incluso a través de la ropa. Lo miró a sus ojos azules, tan llenos de rabia y excitación. El gesto con el que se humedeció los labios le pareció absolutamente irresistible. No puso esperar a sus besos y se abalanzó contra sus labios casi con desesperación, incluyendo las lenguas en el juego, recorriendo cada rincón de su boca como si fuera suya.
-Estoy deseando ver como lo intentas. –Dijo con la voz entrecortada, grave por la excitación, casi jadeada.
Comenzó a morderle en el cuello, con furia, con pasión, sabiendo que le dejaría una hermosa colección de manchas violáceas. Mark era suyo, desde hacía tres años su vida le había pertenecido por completo y pensaba tomarse el derecho de hacer con su cuerpo lo que se le antojara, marcarlo a placer y poseerlo hasta la extenuación.
Apretó su trasero con la mano que descendió pegada contra la piel de su espalda, perlada de sudor, como la de ella. Los olores y los sabores de ambos se besaban entre besos lascivos y caricias, las respiraciones aceleradas y el latir desbocado de ambos corazones. Al menos el de Jazz golpeaba con tal fuerza contra su pecho que parecía que pretendiera hacerlo estallar.
-No sabes cuántas ganas te tengo, Rubio.
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| Mark O'Sullivan |
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Presa de la ansiedad y la necesidad de no desaprovechar el momento, Mark no pudo evitar empujar con sus caderas para que ella pudiera sentir su sexo completamente erecto a través de las mallas y que pronto estaría dentro de ella, cuando no pudiera aguantar más entonces se la iba a follar como si no hubiera mañana. Había esperado tres malditos años de jueguecitos, aguantándola a ella y sabiendo que jugaba con él y que no podía hacer otra cosa que dejar que ella tuviera el control hasta que llegara su momento. Ahora había llegado y si pudiera, la mordería hasta hacerla sangrar de pura rabia contenida. Siempre había sido una persona tranquila, fría, pero ella le llevaba siempre hasta el límite de lo que él era capaz de aguantar y ahora solo sentía rabia. Una rabia que lo único a lo que le llevaba era a querer destrozarla.
-Voy a hacer algo más que intentarlo- le dijo intentando recuperar el aliento después de aquel beso salvaje.
Luego decidió que estaba cansado de tanta charla, que no que necesitaba ahora no era hablar sino acabar de quitarle la ropa, arrancársela para que luego no le quedara nada, dejarlo todo por el suelo hecho girones y que ella gritara su nombre. La iba a hacer gemir de puro placer. La iba a hacer daño. Se la iba a tirar con tantas ganas y tanta fuerza para asegurarse de que iba a acordarse al día siguiente. Si es que podía caminar después de esto.
Empezó a besarla de nuevo, tirando de las mallas que les separaban y de lo que fuera que llevara debajo, si es que llevaba algo. Tiró tan fuerte y tenía tan poca paciencia que acabó por romperlas de un tirón y deshacerse de ella. Ahora la tenía desnuda en frente suya, completamente desnuda y a su merced y nunca antes se había sentido con tanto poder sobre ella. Le gustaba la sensación. No la iba a dejar escapar ahora, aunque sí se tomó un momento para admirar su cuerpo desnudo sin ningún tipo de discreción, devorándola con la mirada. Nunca había sido de ese tipo de hombre, pero ella se lo había buscado.
Lejos de empezar a calmarse, le mordió los labios con fuerza, esta vez provocando que sangrara un poco y luego lamer la sangre. En poco esa herida estaría curada y lo sabía de sobra. De un tirón, bajo sus pantalones y sus boxers, quedando semi-desnudo. No esperó más, no le iba a dar tiempo a respirar, sino que ajustó sus piernas para que estuvieran rodeando su cadera y tener acceso libre, y empujó con fuerza hasta que tuvo su pene completamente dentro de ella, y dejó escapar un gemido de pura euforia. Por fin. De nuevo tampoco le dio tiempo a que pudiera ajustarse, normalmente solía preocuparse por la otra persona, pero ahora mismo poco le importaba, estaba decidido a ser egoísta. Empezó a empujar enseguida, primero despacio, con el solo propósito de torturarla un poco y enseguida empezó a mover sus caderas con más fuerza y más rápido. Nunca tener sexo con alguien le había sentado tan bien, aunque una parte de él le daba miedo por el lado salvaje que solo Jazz parecía ser capaz de sacar.
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