(Hace unos meses)Corría tras ella.
Sabía que estaba herida, sabía que sangraba, sabía que los narcóticos de los dardos la estaban afectando, sabía que esto iba a acabar pronto...
Y ella también lo sabía y como buen animal herido solo trataba de poner tierra de por medio con su depredador. Así que saltó.
La había acechado en el parque, por la noche, mientras volvía de unas clases nocturnas. Según había leído en el informe, Francine Stafford, alias Frankie, se fue de la Academia sin dar muchas explicaciones tras un incidente, que Hynkott desconocía y le daba igual. Había intentado volver con sus padres, pero estos la habían rechazado así que la chiquilla acabó volviendo a Moorside City, donde trabaja y estudiaba.
Rutina, a Hynkott le encantaba la rutina. La rutina le permitía planear como, donde cuando... y con los humanos normales eso significaba un trabajo rápido y sencillo... pero lo divertido de los mutantes era eso precisamente, que lo que parecía que se iba a resolver como estaba previsto se torcía, y es cuando el cazador tenía que sacar a relucir sus mejores conocimientos para acabar con la presa.
Se había subido a una loma del parque desde donde tenía buena perspectiva del camino que siempre recorría la muchacha cuando volvía de su clase. Había preparado su
Well-L96, con su mira telescópica y su silenciador; estaba tumbado sobre el césped, mirando por al mirilla, imaginando que en vez de dardos con tranquilizante para caballos, tenía balas de punta hueca y le podía volar la cabeza al yonki que se balanceaba tristemente en el columpio, o atravesar los pechos de la puta que se exhibía cerca de la fuente, o matar limpiamente a la parejita que se hacía arrumacos en un banco cercano al lago de un solo y certero disparo.
"
Pum"
La alarma de su reloj pitó. Hynkott se acomodó y esperó los cinco minutos de rutina a la aparición de la presa, con la vista pegada al visor, atento, la respiración pausada, el cuerpo relajado.
Y ahí estaba.
La dio un margen, para acomodarse al ritmo de su caminar, para apuntarla al pecho, para estar seguro de que nadie la vería caer al suelo y...
Disparó.
Supo que la había dado. Pero ella no cayó. Se llevó la mano al pecho, y se arrancó el dardo, sorprendida, confundida... Hynkott se maldijo a si mismo por su mala suerte, en ningún dato del informe figuraba que pudiera soportar el efecto del tranquilizante.
La volvió a apuntar, disparó, pero ella comenzó a correr asustada, y falló el primer disparo. El segundo la alcanzó en el hombro, el tercero la debió de arañar la cara. La hizo caer al suelo de rodillas, y el cazarecompensas pensó que ya la tenía, pero la muchacha comenzó de nuevo a correr.
Vació el cargador de dardos, habiendo acertado dos veces más sobre el objetivo, que no caía,
¡no caía!Y entonces saltó.
Saltó 11 ó 12 metros de altura, y 30, 40 de distancia. Hynkott la miró alucinado, mientras la muchacha saltaba otra vez... pero menos alto y mucha menos distancia. El cazarrecompensas sonrió. Escondió el rifle entre uno matojos y mientras corría tras la mutante vio como con su tercer salto la chica aterrizaba en los aledaños del deportivo.
Corría tras ella.
Sabía que estaba herida, sabía que sangraba, sabía que los narcóticos de los dardos la estaban afectando, sabía que esto iba a acabar pronto...