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Title: Primer contacto
Description: Reservado


Nora - March 2, 2011 04:51 PM (GMT)
-¡Buenas tardes, oyentes! Hoy comenzaré mi programa, en este martes de esta tarde acojedora de primavera, con una canción que seguro os va a... ¡encantar! Y, sin más, ¡que suene la voz de los Green Day con su Boulevard of broken dreams!
Los acordes tranquilos de la canción, calmaron mis oídos mientras conducía el Volvo negro que me alquiló Claire desde su apartamento en Conneticut, y que recibí con una sonrisa cuando llegué ayer a la Academia X. La luz del atardecer se colaba por las lunas tintadas del coche, acariciando suavemente mi rostro mientras aclaraba el celeste de mis ojos. Vaya cara de cansancio tenía, no había parado de ir a la ciudad a comprar ropa y demás enseres. Por suerte los libros ya los tenía todos, en eso Claire fue más precavida que yo -que tampoco tenía mucha idea siquiera de donde comprarlos-. Incluso eso lo había olvidado, vaya.
Entonces, mientras escuchaba la dulce voz del cantante, fruncí la mirada en dirección a la cuneta derecha de la desolada autopista, rodeada de un verde algo apagado y bastante amarillento: en ella yacía una figura tendida en el suelo. ¿Sería un animal?
-Uhm...
Y, conforme me fui acercando, di un frenazo en secó que probablemente dejó una larga marca negra en el asfalto. ¡Una persona!
-¿Pero qué...? -balbuceé justo cuando cerraba la puerta del coche y guardaba las llaves en el bolsillo de los vaqueros cortos. Las hebillas de mis botas grises desabrochadas produjeron pasos sordos con sonidos titilantes parecidos a los de unos cascabeles mientras me apresuraba en dirección hacia el joven.
-Oye, ¿te encuentras bien? -alcé la voz mientras daba un salto para aterrizar en el nivel inferior, justo a su lado.
Al no obtener respuesta, me arrodillé. El chico -bastante atractivo, debía añadir- se encontraba con los ojos cerrados, probablemente inconsciente. Me arrodillé junto a él y miré mis manos. Por favor, no me falles, pensé. Había practicado mucho con Claire, curándole heridas con la transferencia de mi energía, incluso había logrado reanimar a animales. Pero esto... esto era más serio; se trataba de una persona cuyo diagnóstico desconocida. De cualquier modo, me remangué el chaleco y puse una mano en su pectoral descubierto y otra en el abdomen.
-¡Auch! -me quejé al tacto. El chico estaba ardiendo exageradamente.
Me miré las manos y vi cómo las palmas se habían enrojecido. Maldita sea, mi don me tenía destrozada la protección de la piel.
Entonces, opté por quitarme el chaleco y quedarme en la camiseta de tirantes negra que llevaba debajo, adornada con los collares que solía llevar. Entonces, tapé el cuerpo del chico con él y volví a apoya mis manos.
Después, mi piel empezó a brillar cuando sentí cómo la energía fluía de la tierra a mí, cómo se fusionaba electrizante con la mía en mi interior y cómo emanaba por mis brazos fluyendo hasta mis manos que brillaban con mayor intensidad, produciendo un sonido agradable como al rodear con el dedo el filo de una copa. Aquella sensación siempre me calmaba.
-Esto te ayudará a ponerte mejor, espero -comenté cuando vi que su rostro se había relajado, moviendo ligeramente la cabeza. No estaba segura de si me había oído, o de si abriría seguidamente los ojos, pero esbocé una pequeña sonrisa que le hiciese sentir apaciguado al volver a la Tierra.

Raiden - March 2, 2011 08:42 PM (GMT)
La noche era perfecta, nublada, oscura y la luna apenas se dejaba ver por las nubes. Hacia mucho frío, bueno, eso ponía en el termostato, a mi la temperatura no me afectaba en absoluto, para mi era un día de verano cualquiera.

La sabionda de Bet me había dado un nombre de una persona que podría estar relacionada con mi padre, bueno, se lo había dicho al débil de Raiden.

Sabia que él no iba a encontrar ninguna respuesta, así que decidí tomar la iniciativa y buscarlo por mi cuenta.

Esa noche no dormí en la academia, porque no aguantaba a mucha gente y odiaba verle la cara al estúpido de Whitman. Esa noche dormí en la casa de Estella, tan tranquila y alejada de todo, además, ahora que sabia que yo tenia novia no intentaba meterse en mi cama.

Me vestí con un conjunto negro para conjuntar con la moto y me coloqué el casco.

- Will, abre la puerta.

Cuando la puerta se abrió me largue a toda velocidad a buscar a ese tipo. Según los informes de Estella a estas horas solía frecuentar un bar de carretera que parecía ser su centro de juegos.

Cuando llegué al lugar aparqué la moto en un lugar apartado y oscuro tratando de no llamar la atención y me adentré en el bar.

Nada mas la entrada ya me provocaba asco, todo lleno de humo y gordos apestosos borrachos gritándole a las tías semidesnudas bailando sobre la barra. Me senté en un lugar libre, sin ninguna tia sobre mi cabeza y le hice un gesto al camarero.

- ¿Qué va a ser?

- Un ron con cola, cargado

Miré a ver si encontraba al tipo y efectivamente estaba sentado en una mesa jugando al poker con los amigos. El muy idiota iba perdiendo toda la pasta y las cartas no le eran demasiado favorables, aunque yo estaba allí, no era su día de suerte. El tipo se levantó para llevar la porquería de vasos que había sobre la mesa, se habían soltado mas de 10 cervezas y el aliento le cantaba a ogro.

- ¡Eh Billy ponme otra ronda mas!

- ¿Roy Harper?

- ¿Quién lo pregunta?

- Mi nombre es Anger, pero tu quizás me reconozcas por el apellido Fury

El tipo escupió la cerveza en cuanto escucho el apellido. Se le notaba nervioso, asi que no decidí alargar mas las situación.

- Si, soy el hijo de Bryan Fury, asi que sabrás lo que soy. Estoy buscando información sobre mi padre, al parecer trabajaba contigo ¿no?

- ¿Pero que cojones? ¿Cómo coño sabes tu todo eso? Lárgate chaval, no sabes nada.

Ahora era yo el que estaba cabreado, el tipo se iba a llevar una buena como siguiese dándome largas.

- No te conviene enfrentarte a mi, sabes que puedo reducir este bar a cenizas con un pestañeo.

- Eh chicos, el criajo este de mierda me está amenazando ¿ Porque no le damos una buena?

Mi sonrisa de hijo de puta apareció en mi rostro y mis ojos se iluminaron. Tenia ganas de reducir a esta escoria a cenizas.

- Puta escoria humana, seres inferiores ¿Pensáis que podéis contra mi?

Le pegué un trago al cubata y escupí fuego por la boca quemando la cara de sus amigos. Sus gritos acrecentaron mi risa aun mas.

El científico sacó una navaja de e intentó clavarla, pero gracias a las clases de Whitman lo esquivé y se la quité con facilidad. Lo enganché del cuello y lo empujé contra la pared sujetándolo.

- Eres tonto, podría haber sido mas fácil si me lo hubieras dicho desde el principio. Ahora tendré que matar a todos tus amigos y quemar este sitio para eliminar las pruebas.

- No puedo decirte nada, me mataran.

- Bla bla bla, inútil yo te mataré si no me lo dices

El barman sacó una escopeta de debajo de la barra y me apuntó.

- Hijo, lárgate, no quiero problemas.

Lo miré y le volví a sonreír, soltando al científico y levantando las manos.

- Vale abuelo, ya me largo.

Mis ojos podían ver como la pólvora de la escopeta me llamaba a gritos, tanto que si hacia explotar la escopeta el tipo perdería su brazo y parte del pecho.

Mis ojos se centraron en la mano del tipo la cual empezó a arder de repente arrancándole dolorosos gritos y haciendo que la escopeta cayera al suelo, provocando que se disparara contra la pared.

El científico salió corriendo, pero una bola de fuego impacto sobre su pierna tirandolo contra el suelo. De un salto me lancé contra él y lo miré fijamente a los ojos.

- Os creeis poderosos, humanos inútiles. Tenéis la fuerza para acribillar a balazos a una mujer indefensa, para secuestrar a un mutante, pero lo cierto es que cuando estáis solos frente a uno de ellos y os veis entre la espada y la pared, a punto de morir a sus manos, os meais encima porque veis hasta donde alcanza su poder. Dime lo que quiero saber o quemare tu cuerpo lentamente para que sufras.

- Tu padre trabajo en un laboratorio secreto militar, su misión era crear armas biológicas capaces de arrasar poblaciones enteras. Pero, luego le asignaron entrenar a candidatos para un nuevo tipo de arma. Es todo lo que sé.

- ¿Dónde le retienen?

- No lo se... lo expulsaron porque se volvió contra el jefe y no he sabido mas de él. Los laboratorios fueros destruidos.

- Está bien, a ti te dejaré vivir. Pero antes diles algo a tus jefes...

Entonces hice una marca al lado de la boca, quemándole parte de los labios y haciendo que agonizará.

- ...Anger esta despierto

El tipo salió corriendo con la mano en su cara. No iría a la policía porque tenia mas mierda que yo encima. Pero era hora de borrar este sitio y las pruebas dentro de él. Entre dentro de la barra y dejé escapar el gas de las bombonas de butano que había. Creé una bola de fuego sólida y la lancé lentamente por el suelo. Cuando salí fuera y me subí en la moto, chasqueé los dedos y el bar explotó dando un espectáculo pirotécnico y quemando a todos ahí dentro.

Seguí hacia delante con la moto a lo largo de la carretera y de repente algo empezó a fallar. Raiden luchaba por asumir el control lo cual provocó que me cayera de la moto destrozándome la camiseta por el camino.

- ¡Aaaaaaa, maldito cabron dejame tranquilo!

Mi cuerpo comenzó a iluminarse de luz debido a la energia que ejercia para salir de su letargo.

- Adelante, ya no necesito mas de él

Una explosión se desató en medio de la carretera, reduciendo a cenizas la camiseta y zapatillas, dejando los pantalones ignífugos rasgados.

Poco fue lo que pudo andar, pues cayó en unos matorrales fuera de la carretera.

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Anger me mostró todo lo que hizo, a todos los que mató y guardo con especial cuidado la información del científico en mi coco. El odiaba mas que yo a los humanos, tanto que no le importaba matarlos, pero joder, eran muertes que caían sobre mi conciencia.

Sentí como mi cuerpo sanaba, se llenaba de absoluta paz y luz, sentí como una fria y suave mano tocaba mi pecho desnudo, queriendo advertirle de que no lo hiciera, pero sin palabras para poder articular algo. Notaba como la pesadilla interna se esfumaba, como la luz aparecía al final del camino dibujando un suave aroma que me calmaba.

Escuche la voz de la chica, tan dulce y sincera, tan inocente. Probablemente si supiera lo que era, se iría corriendo. Y es que me había vuelto un asesino sin quererlo, sin tener otra opción que asentir.

Mis ojos, ahora azules, observaron a la chica. Era bastante bonita y el contraste de su rostro con el cielo la hacia aun mas. Sin embargo, era otra pobre mutante mas, perdida y sin poder ir a otro lado que la academia. No podíamos salir ni siquiera a un supermercado sin mirar nuestras espaldas.

- Agua... necesito agua.

Conseguí articular finalmente, tratando de darle una respuesta y calmar su preocupación.

Me incorporé un poco y miré todo a mi alrededor. El suelo estaba negro, las plantas calcinadas y las vallas de protección negras y medio destrozadas. Cada vez me costaba controlarlo mas y llegaría a un punto en el que el asumiría el control por completo si no buscaba una solución.

- ¿Quién eres? Has logrado sanar incluso mis costillas rotas, tu poder es increíble

Un poder fascinante, ya que era difícil devolver una costilla a su sitio, a no ser que tu poder se basase en el manejo de los huesos.

- Gracias... supongo.

No se me daba bien estas cosas, así que simplemente me decidí por lo basico.

Nora - March 3, 2011 11:40 AM (GMT)
Lo primero que dijo cuando volvió a estar consciente fue "agua" y en seguida pensé en lo bien que había hecho siempre -los dos meses que llevaba de consciencia- al llevar conmigo una botella en la guantera del coche, por si se daba alguna situación así, o por si simplemente tenía sed. Asentí y, cuando vi que podía dejar de canalizar energía porque ya estaba recuperado de sus heridas, mis manos dejaron de brillar al igual que el resto de mi cuerpo e hice ademán de salir corriendo para traérsela. Sin embargo, se intentó incorporar y siguió hablando, asi que me esperé a ir por ella mientras le ayudaba a sentarse en el suelo calcinado con cuidado. Me preguntaba qué podría haberle sucedido, porque casi todo a nuestro alrededor más próximo estaba destrozado y, sin embargo, a él me lo encontré mucho más ileso de lo que debería haber estado. Sin duda eres otro mutante, pensé. Además, aquel calor abrasante suyo no era, ni mucho menos, normal para ser humano.
-Soy Nora, Nora Nox. Otros me conocen por Libra, creo. Pasaba por aquí y... -iba a continuar hablando, pero él me respondió con un "gracias" y halagando mi don, provocándome una suave sonrisa cortés.- No tienes que dármelas y... gracias a ti por el cumplido -añadí, rascándome la sien algo inocente.- Espera un momento, creo que también puedo calmar tu sed -bromeé mientras me levantaba, dándo un ágil salto para volver a subir a la autopista. Dentro del coche, alcancé la botella y volví hacia donde estaba.- Aquí tienes -y esperé a que terminase de beber, que lo estaba haciendo realmente apresurado.- No me extraña que estés seco, ese calor te debe evaporar hasta la última gota de tu cuerpo -agregué entre leves risas despreocupadas.- Veo que ya te encuentras mejor... -aquí debería ir su nombre,- y deduzco que tu vehículo es aquel amasijo de hierro que se ve allí -adiviné señalando con el índice zurdo en dirección a los restos de su moto. En ese momento, el chico podría observar la cinta de un suave color salmón que llevaba atada al brazo para tapar la numeración. Una vez más, le agradecí a Claire el haberme ayudado a ser tan precavida.- Por suerte mi coche es lo único normal aquí y tiene cuatro plazas.
No era necesario preguntárle hacia dónde se dirigía, porque todos los mutantes sólo teníamos un sitio al que ir y esta autopista nos llevaba hacia ese lugar: la academia. Además, no iba a dejarle solo en estas condiciones, porque además ya estaba anocheciendo y porque sería faltar a mis principios.
-Cuando me devuelvas el chaleco y te veas con fuerzas, podemos subir -comenté, atrapando la punta de la lengua con los dientes mientras esbozaba una sonrisa. La botella era historia.

Raiden - March 5, 2011 02:26 PM (GMT)
Los modales de la chica eran correctos, buenos, no como la mayoría de gente que me había encontrado en la academia, tan rancios, siempre pensando en si mismos y creyéndose los dioses.

Tras regalarme su nombre, ataqué la botella de agua como si no hubiera bebido en años y vertí el resto sobre mi cuerpo. Necesitaba enfriarme, no soportaba el maldito calor que mi cuerpo emanaba tras explotar.

Lo cierto es que memorice mas el apodo que su nombre, pues es como solían reconocer los mutantes a su propia especie en la hermandad. Quizás con el paso de los años nuestros nombres reales se extinguirían y pasaríamos a ser un apodo, un arma superior a cualquier especie.

- Mi nombre es Anger… bueno, es Raiden Fury

Tenía que acostumbrarme de que no todos odiaban tanto a los humanos y aguantaban sus insultos.

Señaló mi moto y me llevé las manos a la cabeza tras verla destrozada. Con suerte Estella la repararía en poco tiempo y volvería a tenerla en mis manos. La moto era lo único que realmente me calmaba cuando lo necesitaba. La velocidad y la adrenalina que me causaba cuando apretaba a tope el puño eliminaban mis preocupaciones.

Entonces fue cuando vi algo en su brazo, un número que apenas se asomaba por su cinta y que no dejaba ver más que cifra y media. Fui a ver lo que había tras la cinta, pero cuando la toque un millón de flashes inundaron mi mente.

Maquinaria, tubos rellenos de un liquido verde y cuerpos introducidos en ellos con una mascara para respirar. Una niña, desnuda y dormida, siendo investigada por numerosos médicos que toqueteaban su cuerpo como si fuera un juguete. Mi vista está sobre la de alguien que mira su antebrazo y ve una numeración, “00000000”.

Mi mente volvió al mundo real y me hizo mirar mi antebrazo, pero allí solo pude ver mi carne.
Todo esto me hizo pensar que la chica estaba relacionada conmigo de alguna forma y bien sabia que mi intuición pocas veces me fallaba.

Ni si quiera me di cuenta de que la chica estaba deseando que le devolviera el chaleco y me estaba mirando extrañada.

Oh.. si… lo siento, toma.

No podía dejar la moto allí, asi que llamé a Will para que avisara a Estella de que mandase a alguien a por ella. Ver una moto tirada en la carretera era sospechoso.

- Supongo que vas a la academia… Me vendrá bien dar un vuelta por allí.

Todavia me preguntaba que tipo de poder usaba la chica, pues podría ser muy útil en la academia ayudando a la doctora.

- No es que me importe… pero ¿podrias hablarme de tu poder?

Dije mientras me levantaba y sacudía la tierra de mi cuerpo. Al menos no había acabado desnudo en la carretera como la primera vez.

Accedí a entrar en su coche y esperé a que la chica hablara.

Nora - March 6, 2011 12:36 AM (GMT)
Asentí al escuchar su nombre y su alias, pronunciados con la atractiva suavidad varonil y elegante de su voz. La verdad es que parecía que su nombre sin duda alguna no podía definirle mejor: Fury. Y probablemente su poder tenía que ver con aquel apellido, pues un accidente simple de tráfico no abrasaba cincuenta metros de hierba a nuestra redonda.

Entonces, hizo algo que no esperaba: tocó la cinta de mi brazo antes de que yo pudiese reaccionar y echarme hacia atrás. Me quedé quieta y estática, expectante ante su expresión distraída, pareciendo que él recordaba algo, o que pensaba en algo. Me coloqué mejor la cinta para tapar la numeración por completo.

Fury... ¿por qué me suena tanto ese apellido?, medité con el ceño fruncido. Era lo primero que me resultaba familiar en estos dos meses, sin duda estaba desconcertada. "Ten cuidado con las personas que trates. Pueden saber más de ti de lo que crees, y quizás estén vinculadas a tu pasado de algún modo y pueden aprovecharse si saben que sufres amnesia. No lo olvides, estás en búsqueda y captura", me había dicho Claire, y sus palabras se repitieron en mi cabeza en este preciso instante.

El chico me tendió el chaleco antes de que pudiese seguir divagando, y, al ponérmelo, opté por relajarme. Lo primordial ahora era que él se recuperase de la conmoción, aunque ya pareciese estarlo. Lo demás, ya vendría después.
Llamó a un tal Will para que recogiese su moto accidentada.

-Si quieres podemos esperar a que lleguen -comenté mientras él hablaba por teléfono.

Porque sí, dejar una moto en medio de la nada de aquella forma, levantaría demasiadas sospechas. Sin embargo, cuando colgó me confirmó que pensaba de modo distinto. Me encogí de hombros.

-Claro, ¿a dónde dirigirse si no? -bromeé con una sonrisa afable.

Ambos nos levantamos y, mientras se sacudía el polvo de encima, apoyé una mano en la cadera, y con la otra me rasqué la nariz pensativa: sus ropas estaban destrozadas, y no pude evitar que se me tiñeran las mejillas de un ligero rubor. Claro, no por mí, si no por él, me sentía mal solo de pensar que tal vez pudiese incomodarle el que le viese tan... bueno, ligero de ropa, por así decirlo.
-Tengo... una manta en el asiento trasero. Creo que te servirá más que mis rebecas enanas o pantalones cortos, en comparación con tu cuerpo -bromeé, enfatizando la gracia con una suave risa.

Entonces, me hizo una pregunta que volvió a dejarme descolocada. Tal vez era porque no estaba acostumbrada a tratar de ese tema, el de mi don, con otra persona que no fuese Claire, practicamente porque ella era la única con la que me había relacionado desde que alcanzaba mi corta memoria.

-Claro, pero dentro del coche, si no te importa tampoco. Está anocheciendo y deberíamos llegar pronto. Ya sabes... horarios.

Otra cosa a la que no estaba acostumbrada.

-Además, a mi también me intriga el tuyo -añadí con una sonrisa, justo antes de volverme.- Muchas cosas, mejor dicho -agregué a medida que nos acercábamos al coche y sentía sus pisadas tras de mí.

Al montarnos, él ya se había envuelto en la manta de un ligero tono rosado, al que no le había puesto muy buena cara. Esbocé una sonrisa divertida ante el aspecto que le daba: un chico tan imponente envuelto y protegido por una cosita tan delicada.

-Lo siento, tampoco es mi color preferido, pero sí de quien me la dio.

Claire, por supuesto.

Arranqué el coche y volvimos a ponernos en marcha, mientras el sol se ocultaba en el horizonte. Por el retrovisor vi que se acercaba una grúa y supuse que pertenecía a quienes Raiden habían llamado.

-Lo que sentiste antes, solo fue una parte de lo que puedo hacer; lo llamo curación. Puedo canalizar la energía del ciclo vital, no solo de cualquier persona, sino de cualquier ser vivo. Vamos, del planeta. La obtengo de él y la fusiono con la mía para poder transmitirla si se trata de curar... o revivir, pero eso segundo es algo que sólo he conseguido una vez y fue con un polluelo, teniendo que matar a otro para conseguirlo. Ya sabes, el equilibrio de la vida, de ahí viene mi alias -hice una pausa, y me encogí de hombros.- Si concentro la energía dentro de mí, puedo llevarla a ciertos puntos de mi cuerpo, en concreto los del chakra, pudiendo caminar sobre el agua, por ejemplo. Vi una serie de dibujos donde lo mencionaban, de unos ninjas creo recordar -comenté algo divertida.- Y... bueno, la parte que no me gusta de mi poder es cuando la tengo que usar para defenderme...

No pude evitar recordar las primeras imágenes de mi nueva memoria: mi huida de aquel complejo científico. Por mi mirada se atravesó un atisbo preocupado y melancólico, que decidí borrar ladeando suavemente la cabeza.

-Puedo absorber la energía por completo de un ser vivo, matándolo. Y ahí el equilibrio no entra en vigor, aún no he logrado comprender por qué -mascullé.- Y, finalmente, si concentro la de mi cuerpo en las manos hasta un punto crítico, se forman haces de luz en ellas que puedo lanzar como si fuesen proyectiles de bombardeo. Cada vez que uso mi poder, como has podido comprobar, mi cuerpo brilla en una suave frecuencia que puedo intensificar hasta un punto en el que se convierte en un destello que ciega a mis enemigos, pero ese brillo me tiene destrozada la capa protectora piel y me da algo de miedo llegar a incrementarlo tanto -dije al recordar las palabras de Claire.

El brillo no era más que la acumulación de energía en cada célula de mi piel, hecho que les hacía tener una actividad increíble que me suponía todo un misterio el que no hubiesen reventado ya. Por eso, el uso tan repetido de mi don estos dos meses, tenía tan frágil a mi piel.

-En resumidas cuentas, manejo aquello que dicen ser el quinto elemento: la energía -suspiré más que dije.- No me agrada mucho esa idea. Me da la impresión de que llevo un gran peso encima, y no estoy muy orgullosa.

Después, me di cuenta de que ya había hablado demasiado de mí y eso no estaba siendo, ni mucho menos, algo cortés.

-Y bien, ¿qué es lo que me explicaría de ti ese calor tan abrasador? -inquirí con una sonrisa, mirando un segundo su perfecto perfil. Ahora que me fijaba mejor, su aspecto parecía más oriental que occidental, como me comparó a mi Claire. Por lo que tenía entendido, eso por aquí era bastante exótico.
Y yo, ahora, lo corroboraba.

Raiden - March 6, 2011 03:06 AM (GMT)
Por unos instantes, ambos nos quedamos mirándonos como si nos resultáramos familiares, aunque en mi caso la miraba para tratar de entender qué relación tenia con todo esto. Mi intuición me decía que debía observarla con detenimiento y saber más de ella, así que le encargaría a Betty que la investigase.

-Si quieres podemos esperar a que lleguen

Eso me hizo reír levemente, la pobre no sabía que Will era una maquina programada por Estella y que se encargaba de solucionar los problemas como los que acababa de provocar.

- No… Will mandará a alguien, además… odio esperar.

La paciencia no era una de mis virtudes ni mucho menos, mas de una persona se había llevado un plantón por hacerme esperar más de la cuenta. Para mí el tiempo era uno de mis más odiosos enemigos, siempre acelerando las cosas en los mejores momentos o aquellas veces que más tiempo necesitas y haciéndose más lento cuanto menos lo necesitas. Para mí, no había tiempo suficiente en una vida para disfrutar lo necesario, pues te pasabas la mayoría del tiempo enfrentándote a los obstáculos.

Pude entender que la chica se sentía incomoda por mis ropajes, lo que me hizo mirar los pantalones para ver si es que asomaba mas cacho de la cuenta. Pero no, los pantalones solo tenían algunos cortes provocados por la caída, sin embargo, ver a un tipo semidesnudo en medio de una carretera y fingir que todo es normal, seria pedir demasiado a una pobre chica.
Aunque si logró hacerme sonreír con lo que dijo sobre sus rebecas y pantalones. Lo cierto es que era bastante delgada y me sacaba un poco de altura.

No es que quisiera ponerme una manta, más bien lo odiaba, pues me daría más calor y me pondría mas incomodo, pero por el simple hecho de que la chica dejase de ruborizarse accedí. Lo cierto es que ni me había fijado en que era tarde y que la academia tenía sus propios horarios, aunque la mayoría ya nos los saltábamos como queríamos.

Dentro del coche y con cara de pocos amigos tras ver el colorido rosa de la manta, traté de responder a algo que la chica había mencionado sobre mí.

- ¿Te interesa saber de mi? Soy un desconocido, quizás, un simple alumno o compañero con el que te cruzarás de vez en cuando en la academia. Créeme, mi vida es mucho mas aburrida que las clases, mucho menos interesante que los mutantes que hay en ese sitio y sinceramente, prefiero no traumatizarte.

No me había molestado, casi veía normal que la gente quisiese saber mi vida, porque prácticamente todos allí pensaban que era un raro y no me conocían en absoluto. Solo quise marcar un margen entre ambos, conocer lo necesario el uno del otro y no meterse en la vida de nadie. La verdadera razón de esto es que no quería involucrar a nadie más en mi vida.

Escuché con atención todo acerca de su poder. Lo primero que pensé es que con un poder así pagarían por usarla como arma y que solo la convertía en un recipiente indefenso.

Aunque estaba totalmente atento, no pude evitar llevarme la mano a la cabeza y ladearla de un lado a otro.

- ¿No me digas que a ti también te gusta Naruto? Y encima el anime…
La cosa se puso seria cuando hablo de la manera de defenderse que le otorgaba su don y entonces fue cuando me di cuenta de que era un arma letal. Podía acabar con la vida de quien le plazca, escapar de él o reventarlo a proyectiles. Era una mutante potencialmente peligrosa… era… como yo...

Mi rostro se tornó serio mientras mis ojos no se separaban de su rostro, entonces dirigí de nuevo la mirada a la carretera.

- Yo antes era como tu… temía mis poderes porque solo causaban destrucción, no los usaba y cuando me ponía nervioso y se me activaban me metía bajo una ducha fría hasta que se extinguiera. En la academia he causado más de un problema por ello, me han tenido que cambiar la cama y de habitación en más de una ocasión, pero gracias a los poderes de otros han sabido controlarme. Sin embargo, en mi orfanato era distinto, tuvieron que evacuar el edificio, tuvieron que encerrarme en un tanque con agua y aislarme por mi peligrosidad. Pasé por numerosos orfanatos hasta que me cansé y me busque la vida.- No me gustaba que la chica soportara una carga tan grande y es por ello que le estaba contando esta parte de mi vida.- Vives con temor a hacer daño a los demás y te aíslas por ello, yo tampoco me sentía orgulloso de mi poder, más bien me consideraba un demonio y deseaba morir por tenerlo. Pero es aquí, en la realidad cuando te das cuenta de que temes algo que la naturaleza te ha otorgado, de que temes usar tus dones porque no crees que puedas hacer el bien con ellos. Para lo único que me ha servido temer mis poderes es para que gente inocente muriera a mis manos por no aprender a controlarlos y temerlos.

Los recuerdos volvieron a inundar mi mente, la discoteca donde Summer murió por mi culpa, sepultada por las llamas, el cartero al cual herí reventando su furgoneta, el bar… Eran cosas que ya no quería ocultarle a nadie, ni siquiera a una desconocida que decía temer sus poderes.

- Ahora, no les temo, ni pienso esconderme más por temor a herir a alguien. He aprendido a usarlos y aunque sean destructivos me han servido para ayudar a otras personas. Yo también llevo un peso muy grande encima, no me siento orgulloso de ser una bomba de relojería, pero debo vivir con ello y aceptarlo, porque la vida tiene demasiados baches como para pararte a salir de un agujero.

No había mucho más que decir de mi poder, pero aclararía de lo que era capaz.

- Mi poder se basa en la combustión espontanea. Mi cuerpo por dentro es una bomba, acumula calor y me permite manejarlo a mi antojo. Puedo generar bombas de fuego explosivas o generar una combustión extrema y explotar, creando una onda expansiva de fuego. También soy capaz de crear pequeñas combustiones espontaneas en el cuerpo de otras personas, acumulando calor en las zonas que quiera. Por ahora solo se hacer que se prendan partes de su cuerpo externas. Eso explica el por qué mi cuerpo está a 45 grados siempre y el por qué la carretera estaba arrasada. Am, y siempre que exploto mi cuerpo aumenta su temperatura de tal forma que es fácil que te quemes, es como tocar una hoya caliente.

De ahí que necesitase el agua para enfriarme y evitar quemarle el coche. No sabía muy bien si la chica me echaría del coche de una patada por saber todo esto de mí o si yo me arrepentiría por la noche en la cama de habérselo contado, pero lo que si sabía es que necesitaba quitarle el maldito miedo, para así al menos poder evitar que sufriera lo que yo.

- Aprenderás a controlarlo, lo sé. Hay alguien en la academia cuyo poder es similar al tuyo. Se llama Zack y según el es capaz de canalizar la energía del planeta creando rayos de energía. No es que me caiga bien… pero bueno, te sentirás cómoda con alguien parecido a ti.

Ni que decir lo que me costó articular la última frase…

Nora - March 6, 2011 03:35 PM (GMT)
- ¿Te interesa saber de mi? Soy un desconocido, quizás, un simple alumno o compañero con el que te cruzarás de vez en cuando en la academia. Créeme, mi vida es mucho mas aburrida que las clases, mucho menos interesante que los mutantes que hay en ese sitio y sinceramente, prefiero no traumatizarte.

Dejé escapar una suave y breve risa al escuchar la última palabra. Ya nada podía traumatizarme, de eso estaba segura. Mi despertar fue ya suficiente para protegerme de ese sentimiento.

Después, pronunció el nombre de los dibujos.

-Bueno, los veía a la hora del desayuno. El anime es... algo que me hace sentir en terreno conocido.

Eso era otra de las cosas que me había preguntado durante estos dos meses, y con mi netbook me había dedicado a buscar otras series, incluso cuando llegué ayer a la academia y fui al centro comercial, busqué algún local que vendiese cosas por el estilo, no porque fuese una fanática, sino porque me sentía cómoda por la sensación que me transmitía. Sin embargo, aún no había encontrado ninguno, una pena.

Entonces, un escalofrío me recorrió el cuerpo, cuando presté atención a lo que acababa de decir. ¡Joder! Soy una maldita bocazas, mascullé en mi pensamiento. Esa última frase que había dicho le haría sospechar de mi enfermedad... o no. Tampoco tenía de qué preocuparme, él podría pensar que antes me mudé o algo parecido y que eso me recordaba a mi tierra natal. En fin, de cualquier modo, debería tener más cuidado hasta que el tiempo decidiera si podía confiar en Raiden.

Me habló de su poder, que sin duda me mostré sorprendida. No pude evitar pensar en el ave Fénix, con aquellas alas tan flameantes y maravillosas que se me antojaban míticas sin duda. Me habló del temor que yo sentía, que sin duda estaba en lo cierto, pero no tanto del modo en el que él pensaba que yo temía mis poderes.

-En realidad, no temo a mi don en sí. Temo lo que pueda haber detrás -comenté, recordando el laboratorio.- Pero agradezco muchísimo tus palabras -agregué con una sonrisa, mirándole un instante. Después, volví a clavar la vista en la carretera.- No sabes cuánto.

Me hizo sentirme arropada, a que no sólo yo había sufrido -y estaba sufriendo- por lo que me había tocado por lotería natural.

Él, sin duda, había tenido un pasado complicado que le había hecho mella en su interior, y me apenaba el pensar que él también fuese objeto de búsqueda y captura como yo. Un objeto más que una persona. Nadie merecía ser tratado así, sólo las personas que se dedicaban a hacernos esto. Maldije por dentro.

Y, cuando dijo lo de "olla caliente" y "45 grados", comprendí el por qué me había quemado las manos, a pesar de saber lo debilucha que era mi piel. Me humedecí con los labios el pulgar zurdo inconscientemente, porque ya me había salido una pequeña yaga.

-Bueno, ya lo sé para la próxima vez -apunté con una sonrisa.

Estaba convencida de que, según lo que me había contado sobre su pasado y como le habían tratado, aquella frase le sorprendió, el que no hubiera dado un frenazo en seco y le hubiese echado del coche como habrían hecho aquellos menospreciables seres. Yo le comprendía, le agradecía que se hubiera abierto a contarme aquello a una completa desconocida como le suponía yo. Alguien como él sin duda era peligroso, pero también era una persona que trataba de proteger a los suyos y que pretendía hacer el menor daño posible, como yo. Raiden había conseguido que, al menos por ese aspecto, le asignase un voto de confianza. Sonreí.

- Aprenderás a controlarlo, lo sé. Hay alguien en la academia cuyo poder es similar al tuyo. Se llama Zack y según el es capaz de canalizar la energía del planeta creando rayos de energía. No es que me caiga bien… pero bueno, te sentirás cómoda con alguien parecido a ti.

Y eso, sin duda, me dejó boquiabierta. Agradecí llegar a un "stop" para poder centrar toda mi atención en él aunque sólo fuese un instante .

-¿De verdad? Así que hay más con mi don... Bueno, que al menos se le parecza -me quedé pensativa un segundo.-Ah, y no tienes que preocuparte. He podido saber que tú también te pareces a mí en algo -sinceré, dibujando inconscientemente una media sonrisa.

Y me rasqué la sien, sin saber qué más añadir, y volví a acelerar el coche; todavía nos quedaba un rato para llegar.

Aunque, sin duda alguna, me alegraba saber que había más mutantes con versiones parecidas a mi don, me interesaba más conocer otro aspecto de mí: mi pasado. Ahora era lo que más me preocupaba.

-Es la primera noticia que tengo sobre alguna relación con mi poder, que tampoco es que haya tenido muchas ocasiones -aclaré con una sonrisa torpe.- Te agradezco mucho la ayuda -agregué.

Entonces, recordé el extraño momento en el que él toco mi cinta.

-Siento si te incomodó la... quemadura -expliqué inocente, por definir la numeración de algún modo.- Trato siempre de ocultarla, pero bueno. Esta vez se me escapó.

Raiden - March 19, 2011 12:04 AM (GMT)
No sabía que el anime representaba tanto para ella, por lo que decidí cambiar mi postura acerca de ello. Sin duda a mi también me resultaba complaciente leer loveless, así que asumí y acepté su postura.

- Perdón, tienes razón, hay historias que pueden hacerte sentirte el protagonista a veces. Me pasa algo parecido con una extraña novela que encontré.

No hacia falta mirar demasiado a la chica para ver su desconfianza. Gracias a algunas enseñanzas en la hermandad, podía ver más o menos cuando alguien mentía o se ponía nervioso, aunque mi instinto me decía todo lo demás. Supongo que los demás tenían la misma sensación cuando hablaban conmigo, pues si hablaba con alguien sobre un tema que no me gustaba solía darle largas.

Escuché atentamente como me hablaba de su poder, del miedo que tenia de lo que pudiera haber detrás. Eso me hizo soltar uno de mis característicos suspiros y una respuesta que quizás fuera demasiado directa para la chica.

- No te fijes en lo que hay tras de tus poderes, te evitaras quebraderos de cabeza. Lo no es lo que hay en el pasado, si no como quieras usarlos en el presente y así forjar tu futuro con ello. Solo tú puedes decidir si quieres o debes arrebatar una vida o salvarla, solo tú puedes pensar en si quieres herir o salvar a los demás. Nadie más debe ni tiene derecho a elegir por ti y si así fuera, demuéstrales que se equivocan. Solo tú puedes elegir en lo que creer.

Era cierto, los humanos tendían a usarnos como armas, creyendo que los mutantes éramos sus marionetas, pero lo único cierto es que ellos son los peones en esta guerra y si querían obligarnos a usar nuestros poderes para el mal, no merecían la vida.

- No temas, en la academia tendrás oportunidades de sobra para elegir tu camino. La Patrulla X te ayudara a controlar tus poderes y quién sabe, quizás puedas darle esperanza a muchos. Siento decir que no vienes en el mejor momento, la academia está pasando por una pequeña crisis oculta, aunque nadie quiera reconocerlo. La mayoría de los humanos nos desprecia y odia como si fuéramos monstruos, las guerras y muertes de mutantes se acrecientan con cada segundo que pasa y la academia es el único lugar donde puedes estar a salvo casi al cien por cien. Sin embargo, la situación no es demasiado estable.

Ahora llegaba el momento en el que la chica estaría asustada o al menos eso pensaba, pero como era característico de mí, siempre decía la verdad, asustase o doliera.

- Quizás si nos parezcamos en algo, aunque no suelo creer en esas cosas. Sea como sea, espero que no te tuerzas en tu camino y seas mas lista que tu destino. No hace falta que me agradezcas nada, tómatelo como un pago por tu ayuda.

Entonces volvimos al tema de su “quemadura” y entendí el por qué de su desconfianza. Si mis sueños no me fallaban, esa numeración extraña tenía algo que ver con la experimentación con mutantes o algo por el estilo. En mi sueño había gente metida en tanques con dicha numeración, marcados como si fueran ganados. Si la chica era uno de ellos entonces estábamos más vinculados de lo que pensábamos.

- Tu quemadura no me incomoda, es solo que el número que escondes bajo esa cinta no es algo que se suela ver. No voy a meterme con tu pasado, porque estoy seguro de que no te gustaría recordarlo, pero si te voy a dar un consejo, tápalo mejor. Ni se te ocurra mostrárselo a nadie, ni a la patrulla, ni a los profesores.

Tenía bien claro que no se podía confiar en nadie de la academia, pues entre sus muros podía haber topos, gente que trabajase para los que me perseguía, por lo que esa chica seria un blanco fácil ahí dentro si supieran de donde venían.

- Fíate de ti misma siempre, confía en quien pienses que te hacen bien, pero duda siempre. Y por ultimo y lo más importante, no vivas en una paranoia, pensando que todo el mundo puede ir tras de ti, disfruta de las pequeñas cosas, se feliz y evita hacer cosas de las que te podrías arrepentir. No caigas presa de tu vida y lleva las riendas siempre.[color]- Miré seriamente hacia abajo, quizá en un tono un poco triste, recordando en todo lo que había hecho y en lo que me había convertido.[color=blue]- En cuanto a mi… no te fíes nunca de mi aunque tus sentimientos te transmitan lo contrario. Te presentaré personas en las que si podrás depositar tu amistad plenamente y que te puedan ayudar fuera de los muros de la academia. Aunque estés perdida, no estás sola.

No se por qué dije todas esas cosas, porque me abrí tanto a esa chica y le conté parte de mi vida encriptada en todas esas palabras. No sé por qué me sentía tan mal en esos momentos, ni quería saberlo, porque solo quería fiarme de mi instinto y actuar sin pensar. Solo quise darle a esa chica la oportunidad que yo no tuve y así poder arrancar las cadenas que quizás la ataban a una guerra en la que no debería estar metida.

Yo no podía ser su apoyo, nunca, pero Estella, Sam, Aelion, Ash, Bet, Rata… aunque no mostrase mis sentimientos hacia ellos, eran las únicas personas que sabrían arrancar el mal de su corazón. Sin saberlo, habíamos formado una pandilla, un grupo donde el cariño y la amistad se solidificaban con el paso de los días formando así una familia.

- No temas, angel caído, el infierno donde habitas
No permitas que tus ojos derramen desesperación
Muestra tus colmillos al diablo y rie ante su presencia
Y sus garras serán simple ceniza en tu garganta.

Nora - March 20, 2011 08:46 PM (GMT)
- Perdón, tienes razón, hay historias que pueden hacerte sentirte el protagonista a veces. Me pasa algo parecido con una extraña novela que encontré.

Asentí conforme a sus palabras, porque era cierto que me sentía identificada con aquella serie. En fin.

-Una novela, ¿eh? Supongo que en un futuro podré echarle un vistazo -comenté distraída.

Y, después, sus siguientes palabras, tan profundas como otras que me había dicho antes, me hicieron volver a prestarle más atención a él que a la carretera, mientras cambiaba de marcha y volvía a poner ambas manos sobre el volante. Decidir quién moría y quien no, eso era algo que también me había dicho Claire. Sin embargo, ¿quiénes eramos nosotros para decidir eso?

Y, sin poder evitarlo, sentí un escalofrío, no por miedo, sino porque sabía que pronto conocería esa respuesta, y sin duda no iba a gustarme. Meditabunda, fruncí los labios, que a ojos de Raiden, quedaría como un simple gesto para humedecerlos.

-Precisamente le dices estas palabras a alguien que lleva el alias del equilibrio -bromeé con una sonrisa despreocupada.- Una vez más, gracias por tu consejo, Raiden -añadí, dirigiéndole una mirada celeste algo más calmada. Su perfil a la luz del ocaso, debía reconocer que me recordaba a las esculturas tan bellas y perfectas que había podido ver en el taller de arte. Y de qué manera me lo recordaba, vaya...

- No temas, en la academia tendrás oportunidades de sobra para elegir tu camino. La Patrulla X te ayudara a controlar tus poderes y quién sabe, quizás puedas darle esperanza a muchos. Siento decir que no vienes en el mejor momento, la academia está pasando por una pequeña crisis oculta, aunque nadie quiera reconocerlo. La mayoría de los humanos nos desprecia y odia como si fuéramos monstruos, las guerras y muertes de mutantes se acrecientan con cada segundo que pasa y la academia es el único lugar donde puedes estar a salvo casi al cien por cien. Sin embargo, la situación no es demasiado estable.

Y volví a ponerme seria, aunque dejé el rostro calmado.

-Pues sí que soy oportuna -comenté algo sarcástica.- Si te soy sincera... no estoy muy al corriente de lo que está... -quise decir, pero no llegué a terminar la frase. La dije inconscientemente; otra vez la amnesia jugándome una mala pasada.- Quiero decir, he estado bastante liada estos meses y no he prestado mucha atención a las noticias y esas cosas -me expliqué, un poco nerviosa al principio, emitiendo una pequeña risa que logré hacer que pareciese normal.

La Patrulla X, otro asunto que no me sonaba para nada. Según las palabras de Raiden, ellos podrían echarme una mano, y quizás supiesen algo relacionado con mi numeración. Podría serme útil el acercarme a ellos.

-Y respecto a esa patrulla... ¿sabes con quién puedo contactar para acercarme? -inquirí aún algo absorta en mis recientes pensamientos. Ojalá Raiden tuviese razón, y que mis poderes sirviesen más para ayudar que para herir, porque, hasta ahora, con ellos había destruido más que salvado.

Después, asentí de nuevo a sus palabras sobre mi quemadura. Sin embargo, si se daba la ocasión con alguien de confianza y salía el tema, no dudaría en hablarlo. Por supuesto, omitiendo mi papel en ello, hasta que el tiempo decidiese si podría mencionarlo.

Acto seguido, Raiden volvió a llamar mi atención, a hacerme observarle, y torcí mi sonrisa en un gesto melancólico bajo sus palabras. Pude notar que había pasado por muchas cosas, y que probablemente su don también le había jugado una mala pasada en más de una situación. La mano que tenía sobre la caja de cambio, no pude evitar dirigirla a su hombro, cubierto por la manta, y la apreté suavemente en un gesto afectivo. Después, volví a apoyarla en la caja de marcha y girar a la izquierda para continuar por un largo camino recto. En la radio comenzaron a sonar los acordes acústicos de Nickelback, que precisamente concordaban con la conversación actual. Sonreí algo cómica y ladeé la cabeza.

- No temas, angel caído, el infierno donde habitas
No permitas que tus ojos derramen desesperación
Muestra tus colmillos al diablo y rie ante su presencia
Y sus garras serán simple ceniza en tu garganta.


Sin duda, el chico era alguien que hablaba con sinceridad, con unas palabras que pocas veces había tenido ocasión de escuchar. Tan llenas de sentimiento y veracidad, con tantas ganas de calmar a aquel que las escuchaba...

-Sin duda, la chica que ocupe tu corazón es una gran afortunada -afirmé con una sonrisa, perdiendo la vista en el horizonte. Me preguntaba si alguna vez yo tendría tanta suerte, de encontrar a alguien que me dijera aquellas bonitas palabras, y que pudiese confiarle hasta el más oculto de mis secretos.- Debe ser algo realmente especial... -susurré más para mí que para él.

No podía hablar de esos sentimientos, porque no los conocía. Y de haberlos conocido, mi enfermedad se había encargado de borrarlos. A veces llegaba a pensar que era un recipiente vacío.

Raiden - March 22, 2011 12:55 PM (GMT)
-Una novela, ¿eh? Supongo que en un futuro podré echarle un vistazo

- Serias la primera persona a la que se la enseñaría, pero bueno, supongo que no importa.

Antaño quizás ni hubiese mencionado alguno de mis hobbies, no me gustaba que hurgasen en mi tiempo libre pues necesitaba tranquilidad, pero ahora, ya todo daba igual, había cambiado aunque no me gustase. Una parte de mi quería ser el chico solitario y seco que era al principio, pero por desgracia no podía luchar contra la naturaleza, ya que si ella dictaba que cambiara lo haría.

Los acontecimientos siguieron su curso y seguimos charlando durante el corto camino que quedaba. Notaba algo extraño en la chica, como si sus palabras fueran forzadas y no quisiera decir lo que quería expresar. Supongo que le era difícil en su situación abrirse a alguien y lo cierto es que no la culpaba. Aunque yo no era el mejor para escucharla, para ofrecerle mi hombro, habría gente en la academia que si lo haría, yo simplemente seria su puente hacia ellos. Si la amistad de ambos seguía su curso, seria alguien al que simplemente le podría preguntar dudas, quizás incluso podría defenderla, pero a la hora de tomar una conversación amistosa, típica de buenos amigos yo no era el más indicado.

- No te preocupes, sepas o no sepas lo que está ocurriendo no tiene por qué interferir en tu camino. No te pierdes nada y diría que es mejor que no te metas en esta guerra. El mundo está a punto de sufrir la peor de las batallas y cuando eso ocurra es mejor que estés en tu cama y cierres la puerta.

No era un machista, no le dije eso porque la veía como una cría indefensa, lo cierto es que si quisiera me podría haber quitado la vida en ese sitio sin ningún tipo de problema. Simplemente estaba cansado de que hicieran luchar a quien no quería, simplemente me harté de ver muertes innecesarias porque a cuatro inútiles de turno no le gustasen nuestras formas. Aunque fuera algo que no secundara demasiado, la única forma de acabar con esta guerra era hacer que nos temieran, usar nuestros poderes para que vieran lo que somos capaces de provocar. Yo ya tenía mi propia guerra personal, pero no estaba dispuesto a consentir que un humano volviera a matar a uno de los nuestros, no sin sangre.

- Es fácil contactar con la patrulla, de hecho sus integrantes son la mayoría de los profesores de la academia. Supongo que hay que sentirse orgulloso de tener a héroes como profesores, aunque realmente no es que me importe demasiado.

Técnicamente yo era miembro de su mayor enemigo, por lo que era prácticamente enemigo de la patrulla. No me sentía orgulloso de estar en el bando contrario, pero la hermandad me había dado mucho más que la patrulla. Los profesores nunca me habían ayudado, ni siquiera habían tenido la iniciativa de sentarme en su despacho y dialogar, aunque fuera en contra de mis principios, era lo que necesitaba. Ni si quiera me había hablado de que tenían una máquina capaz de localizar a cualquier mutante, pudiendo haberme solucionado las cosas mucho antes. Supongo que no encajaba bien en el sitio, que los profesores pasaban de mi por mi actitud, pero joder era una academia y pensaba que te ayudaban. Lo máximo que saqué de todo esto fue que “él” tomase el control sin poder controlarlo.

Noté que Nora me estaba mirando y recordé la primera vez que me crucé con Ashley. Aquella mirada consiguió sacarme de mis casillas, pero bueno, al final acabamos juntos. Aunque nuestra relación era demasiado extraña y diferente a la de los demás. Ashley era una pieza más en mi rompecabezas, ya que dentro de ella había algo que me resultaba familiar y lo cierto es que no sabía el que. Sentía como si algo oscuro nos uniera, como si nuestra atracción mutua fuera provocada por algo.

-Sin duda, la chica que ocupe tu corazón es una gran afortunada

- No sabría decirte si es afortunada o no, más bien veo más contras que pros en mi relación. Supongo que es difícil tener una relación conmigo comparado con otras personas.

- Je, je, je, otra tia mas en el bote, que lastima que quieras ser hombre de una sola mujer

- ¡Cállate, no pienso seguir tu puto juego!- Pensé maldiciéndome.

La chica era guapa, buena y parecía tener un gran corazón, por eso no iba a permitir que los caprichos de Anger jodieran su vida. Era mejor mantenerse alejado de ella, era la única forma de protegerla de mi.

- El amor es algo que no se prevee, que manda sobre ti sea cual sea tu forma de ser. Tranquila, disfrutarás de él en su debido tiempo, no tengas prisa por ello. Siendo como eres estoy seguro que algún dia encontraras a un hombre que te dará su amor y te hará feliz.

Nora - March 23, 2011 11:14 PM (GMT)
Una guerra, científicos buscándome, la numeración de mi hombro, la cantidad de chicos mutantes refugiándose en aquel lugar, la historia de Raiden no muy distinta a la mía... Sí, sin duda había sido bastante oportuna para despertarme, y me preguntaba si había sido por acto natural o causado. Empezaba a intuir, según lo que me acababa de contar él, que había sido probablemente por lo segundo.

-Así que los profesores... -comenté distraída, llevándome la articulación del índice a mi barbilla un instante. Quizás la co-directora fuese la cabecilla de esa Patrulla X. Ya tenía algo más que hacer en la academia: acercarme a ella.

- No sabría decirte si es afortunada o no, más bien veo más contras que pros en mi relación. Supongo que es difícil tener una relación conmigo comparado con otras personas.

Esbocé una sonrisa, demasiado comprensiva diría yo.

-No creo que sea algo complicado, sino diferente. Cada persona es un mundo, al menos, eso dicen.

Y, claro, yo también lo creía. Aunque siempre me mostraba algo insegura a ojos de los demás, sólo era con mis actos, con todos los que tuvieran que ver con mi don. Pero mis palabras... Claire me enseñó a utilizarlas, y se impresionó de lo segura que las decía incluso antes de que ella me aconsejase. Eso era algo que le quería transmitir en este instante a Raiden, porque, a pesar de su carácter y apariencia implacable, había algo dentro de él que me daba la impresión de que buscaba un camino. Como una explicación.

Como yo.

- El amor es algo que no se prevee, que manda sobre ti sea cual sea tu forma de ser. Tranquila, disfrutarás de él en su debido tiempo, no tengas prisa por ello. Siendo como eres estoy seguro que algún dia encontraras a un hombre que te dará su amor y te hará feliz.

-¡Oh! No me malinterpretes -aclaré con una risa despreocupada.- Sólo me parece algo curioso. Ahora mismo no es amor precisamente lo que busco -dije, no muy convencida esta vez de mis palabras. Entonces, alcé mi diestra y la hice brillar tenuemente un instante, provocando aquel agradable sonido.- Es cómo usar esto correctamente... y tal -me expliqué, devolviendo la mano a su apariencia natural, cambiando con ella de marcha mientras nos adentrábamos en la carretera rodeada de arboleda que desembocaba finalmente en la academia unos cuantos metros más allá.

Acto seguido, la atisbamos a lo lejos, mientras desviaba nuestra ruta para adentrarnos en el garaje, pasando por sendas asfaltadas bastante sinuosas. Como la luz era escasa, tuve que encender los focos, pero aquello no fue suficiente para evitar atropellar a un gato pardo, provocando un "¡oh, mierda!" salir de mis labios mientras pegaba un frenazo. Miré a Raiden con el ceño fruncido, frenética. Quité la llave de contacto y me bajé del coche.

-Espera un segundo -proferí a medida que me bajaba y dejaba la puerta abierta. Bajo la rueda, se encontraba agonizando el animal. Entonces, me arrodillé y posé mi mano sobre él, mordiéndome preocupada el labio inferior.- Tardará en morir, a pesar de todo... -comenté casi en un susurro, apenada.

Eso era algo que no iba a permitir, y sabía que la ley de la naturaleza, del equilibrio, no entraría en vigor con mis siguientes actos. Y, así, mi cuerpo se tiñó de aquel suave brillo, que se intensificó cuando sintió salir la energía del animal y fluir dentro de mí junto a la mía.

-Que seas feliz volviendo al flujo vital -concluí con una sonrisa, mirando a aquellos ojos rasgados que empezaron a dejar de brillar, a medida que las hebras de su energía siseaban por mi brazo. Un efecto que sólo ocurría cuando extraía la energía de un ser vivo o la canalizaba a otro.

Después, el animal dejó de gemir, dejó de mirarme, dejó de respirar, las hebras cesaron y dejó de vivir. Acaricié su moflete y desdibujé la sonrisa. Me levanté sin decir nada hasta que volví a entrar en el coche.

-Ya está, podemos seguir -dije con la voz neutral.

Acababa de usar la parte de mi poder que no me gustaba, aunque hubiera sido para sacrificar a un animal agónico. Yo había causado ese hecho, su muerte, como la vez que desperté en aquel bosque.

Y arranqué el coche, continuando por aquella carretera de camino al garaje.

-Apenas hace una hora que nos conocemos y ya has visto las dos caras de mi poder -bromeé en una postura algo más calmada y afable, porque no quería causar ningún tipo de tensión en el ambiente, y mucho menos entre los dos.

Raiden - April 11, 2011 08:44 PM (GMT)
Si algo tenía que destacar en la chica era su manera de ver las cosas. Cualquiera en mi piel pensaría que siendo una bomba de relojería que podría estallar en cualquier instante sería difícil mantener una relación tranquila y normal con una persona.

Cada persona es un mundo, quizás algo cierto, pero lo difícil es ser dos personas y ser dos mundos opuestos totalmente. Lo difícil es levantarte cada mañana y mirarte al espejo para averiguar si eres tú el que ves reflejado o tu furia.

Si me ponía a pensar en que nos diferenciábamos Anger y yo al principio de todo era fácil de encontrar las diferencias, pero ahora, cada vez que dominaba mi cuerpo se quedaba una parte de él en mi cabeza y cambiaba mi forma de ser. El verdadero Raiden no habría aceptado la ayuda de una mujer, se habría ido andando si fuera necesario, pero al Raiden de ahora le entraban ganas de darle las gracias, de ayudar a la chica e incluso devolverle el favor con una cena.

Agité mi cabeza para eliminar dichos pensamientos de ella, no podía permitir que tomara el control en mis acciones.

Me concentré en las palabras de la chica, entendiendo que prefería controlar sus poderes a tener novio en estos instantes. Eso me hizo sonreír sarcásticamente, recordándome a mí mismo en mis inicios.

Ya, bueno, pues espero que sepan cómo enseñarte correctamente. Lo cierto es que a mí no me han servido de mucho las clases que me han dado. Quizás no sea un alumno ejemplar y haya otros que tengan más prioridad que yo.

Supuse que los profesores todavía no sabían a lo que se enfrentaban, ya que no era propenso a decir muchas palabras ni mucho menos a sentarme frente a Baldwin a contarle mi vida. Pero bueno, ella era una chica guapa, seguro que le sobrarían profesores que la atendieran.

Metiéndonos en el garaje el coche pego un pequeño bote como si hubiera pisado algo. Ella bajó y al parecer había atropellado a un gato.

Viendo su rostro supe que aquello le había sido como una daga en el corazón. Para mí no significaba nada, una muerte más de un ser vivo. Pude ver como acababa con la vida del gato con su poder para que no sufriera y luego volvió al coche con un gesto serio.

-Apenas hace una hora que nos conocemos y ya has visto las dos caras de mi poder –

- Es mejor que no conozcas todas las caras del mío, son mucho más violentas que el tuyo.- Dije con una sonrisa medio ladeada.- Sin embargo siéntete orgullosa en algo, si yo hubiera sido ese gato, también hubiese querido que me quitaras la vida para no sufrir.

Quizás le molestase, pues yo solía tener una forma de ver la muerte distinta a la mayoría. No la temía en absoluto, así que jugaba con ella como si fuera un balón.

Nora - May 17, 2011 10:23 AM (GMT)
Volví a girar la llave de contacto para que el coche arrancase, pero antes de pisar el pedal, Raiden dijo algo acerca de sus poderes que llevó mi mente a otra parte. Concretamente a mis primeros recuerdos cuando desperté: mi huida del laboratorio, la gente muerta a mi paso y las paredes destrozadas que recordaba haber derribado con fogonazos eléctricos y luminosos salidos de mis propias manos tan llenas de sangre.

Sin embargo, algo me decía que esa no era yo, o sí, pero aquel momento fue como... si estuviese fuera de mí. Me estremecía, y la piel se me erizó.

Aún con la mirada perdida, mirando hacia algún punto indeterminado de mi mano sobre la caja de cambio.

-No sé, yo no estoy tan segura... -supuse distraída.

Sí era verdad, que exceptuando aquel momento, hasta ahora no había vuelto a usar con tanta fuerza y potencia mis poderes aunque lo hubiera querido con toda mi alma. Es que no sabía cómo hacerlo, y sin embargo aquella vez lo hice sin pensarlo. Quizá ni siquiera fui consciente de mis actos.

Ladeé la cabeza, sonreí algo subyugada y pise el pedal del acelerador para adentrarnos en el garaje.

-En fin... qué cosas -suspiré decidiendo dejar a un lado los recuerdos, queriendo cambiar de tercio.- Conmigo podrás comprobar que la muerte significa algo más que el fin de la vida. Recuerda mi alias, "Libra".

Pero bueno, algo me decía que Raiden no se tomaba el tema de la muerte como cualquier otra persona. Algo en su mirada penetrante y atractiva me lo decía.

-Algo en ti me dice que sabes ya bastante sobre el asunto.

Así, entramos en el garaje, donde busqué mi plaza provisional mientras Claire tuviera alquilado el coche para mí. Aparqué con algo de dificultad porque el flexo fluorescente de mi plaza estaba fundido. Me asusté con una maldita araña el día que llegué aquí y le lancé un halo de energía para exterminarla. Prueba de ello era un sesgo que cruzaba la pared hasta el techo, terminando en un cable cortado justo al lado del fluorescente, que por eso estaba sin luz.

-Bichos... -mascullé cuando nos bajamos del coche y pasé mi mirada por aquella cicatriz en la pared.

Abrí el maletero y cogí cuatro bolsas en cada mano: unas con ropa, y otras con películas, libros y, sobretodo, documentales. Estos últimos eran todos ellos sobre la vida en sociedad, historia... y cosas así. Tenía que llenar mi hipotálamo de recuerdos, aunque no fueran míos, y tenía que aprender a moverme con todo tipo de gente. No todo el mundo iba a ser como Claire y como yo, porque todo eso sería bastante aburrido.

-¿Puedes coger esas cuatro que quedan, por favor? -propuse algo tímida. Me daba bastante reparo pedir ayuda, más que nada porque no quería molestar. Y tampoco quisiera que Raiden se lo tomase como una devolución de mi "favor".- Conque las dejes en el ascensor ya las puedo llevar sola a mi cuarto. Aunque no lo padezcas, acabas de salir de un accidente y... supongo que necesitas un tiempo para ti y meditarlo -bromeé entre unas suaves risas.

Y antes de que pudiera dar un solo paso, una de las asas de la bolsa con los documentales se rompió, dejando caer parte del contenido y provocando que la maldijese con todas las palabrotas que se me ocurrían.




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