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Title: Fiesta sorpresa para Dania
Description: Libre


Zack Evans - May 11, 2010 02:08 PM (GMT)
Llevaba todo el día preparando la fiesta sorpresa para Dania. Se levantó a las 8 para ir a comprarlo todo, bebidas sin alcohol (no quería que el cumpleaños de Dania se llenase de borrachos), comida para parar un tren (mas vale que sobre a no que falte), cartulinas para hacer las pancartas, rotuladores, mantas de camping para que todos se pudieran tumbar y un bañador para él de color azul con un dragón plateado en el muslo derecho.

La camioneta estaba hasta arriba de bolsas y el chico tuvo que meter mas cosas en el copiloto porque ya no le cabían en la parte de atrás. Suerte que sus padres le habían enviado dinero para ayudarlo, si no ya se veia con una triste vela cantandole el happy birthday y acompañando con un matasuegras, que triste.

Había avisado a la mayoría de personas de la academia a escondidas de Dania, algunas dijeron de poner de su parte, otras no estaba claro si vendrían y otras ni le contestaron.

Quería hacer una especie de camping en el lago, con las personas mas cercanas a Dania y las que no lo fueran para hacer algo en conjunto. Su intención era la de borrar por un día todo el sufrimiento de la chica y hacer que se divirtiera como en el baile de fin de curso.

Les había explicado lo que debían hacer. Consistía en que fueran sobre las 2 hacia el lago y que luego Zack llevase a Dania con los ojos tapados para pillarla por sorpresa y soltar un gran felicidades al destaparselos.

Les aviso también de que llevaran traje de baño, para darse unos chapuzones en el lago


El chico queria que todo fuera perfecto y se estaba esmerando en ello. Cuando tenia todo en la furgoneta paró para comprarle un bikini a Dania. No sabia muy bien su talla, pero le compró la mas aproximada según su figura.

- Primera fase del regalo completada

Era sábado y hacia un estupendo día, esperaba que no se torciera demasiado, aunque el hombre del tiempo avisaba de que seria un buen día.

Una vez todo comprado se dirigió a la academia lo mas rápido que pudo. Eran casi las 11 y tenia que pintar el "Felicidades" en las pancartas todavía. Como no podía permanecer demasiado en la academia, ya que Dania podría verle con todo el paripé, llamó a Yazid y a la pequeña Sam para pedirles ayuda.

Con una lona tapó la parte de atrás de la furgoneta para que no se viera nada de lo que llevaba y fueron a la habitación de Yazid (si me permite) para comenzar a crear la pancarta.

Tras unas horas ya estaba todo listo, ahora faltaba esconderlo todo en la furgoneta de nuevo e ir al lago a prepararlo todo. Zack les aviso de que en una media hora irían a el lago y se lo agradeció a ambos.

Tras pasar ese tiempo, Zack, Sam y Yazid se dirigieron hacia el lago para prepararlo todo. Una vez llegaron al lugar Zack comenzó a extender las mantas por el suelo cerca de la orilla del lago y a repartir pequeños platos con patatas y lo típico en ellas, siempre todo en el medio, dejando el hueco necesario para que por lo menos 4 personas por manta se pudieran sentar.

Ya eran casi las 2 por lo que Zack agarró el móvil y llamó a su chica.

- Hola preciosa, ni se te ocurra comer nada, hoy nos vamos tu y yo al lago a comer. Am y no es una opción, es una orden jeje. Te quiero. Paso a recogerte en una media hora.

Zack se secó el sudor, estaba atacado de los viajes que se tuvo que pegar.

- Voy a por Andrew, le dije que viniera también, ahora vengo y chicos... os debo la vida.

Otro viaje mas hacia la academia a recoger al joven amigo en silla de ruedas que había conocido en el comedor. Quiso que viniera, le caía muy bien y quería que se divirtiera también.

Una vez allí el chico le esperaba en los jardines como habían quedado (mismamente). Cogió los mandos de la silla de ruedas del chico y con un apretón de manos le agradeció que viniera. Ambos se dirigieron a la camioneta para volver al lago. Zack cogió con delicadeza al chico y lo sentó en el sillón del copiloto, dobló su silla de ruedas y la coloco en la parte trasera, la cual ya estaba vacía.

Al llegar al lago le ayudó de nuevo a incorporarse en la silla de ruedas y lo llevó con los demás. Ya habían venido la mayoría (espero) y eso le provocó una calma enorme al granjero.

- Gracias a todos por haber venido. Quiero que Dania se lo pase muy bien con vosotros y que vosotros lo paseis tambien bien. Hoy vamos a olvidar cualquier problema y vamos a disfrutar del perfecto dia que hace. ¿Vale?- el chico cogió aire y miró al reloj, era hora de ir a por su princesa.
- Bueno, voy a por la cumpleañera, ya sabéis lo que tenéis que hacer. Levantar bien alto las pancartas y gritar felicidades cuando le destape los ojos. Am y Sam, quiero que tu me acompañes hasta la salida del lago y esperes a que vengamos. Quiero que estés cerca de mi y me acompañes cuando traiga a Dania.

Yazid, cuando te de un toque es que venimos.



El chico se dirigió corriendo a por Dania, otro viaje mas. Una vez en su habitación tocó suavemente la puerta de cuarto.

- Señorita, su carruaje le espera fuera. Pero antes debo darle algo.

El chico abrió la puerta y saco de la mano que tenia en la espalda una bolsa con algo envuelto en papel de regalo.

- Pruébatelo y vamos, el precioso lago nos espera.

Zack esperó fuera de su cuarto hasta que la chica saliera. Cuando lo hizo llegaron a la furgoneta y la invitó a entrar abriéndole la puerta como en las películas.

- Antes de partir, te voy a tapar los ojos, tengo una sorpresa para ti.

Con una cinta le tapó delicadamente los ojos y partieron de nuevo hacia el lago. Una vez allí Sam estaba esperándoles como Zack le dijo, la chica tampoco se esperaba lo que Zack tenia preparado.

El granjero bajó de la camioneta y le dijo a Sam que cerrara los ojos, sacó a Dania de la furgoneta, le dio el toque a Yazid y guió a ambas muchachas hasta el lugar donde permanecían casi todos sin inmutarse y callados.

El chico le susurró al oído a Dania que cerrara los ojos y se los destapó. Finalmente les dijo que ambas chicas los abrieran y se colocó delante de ellas.

Un enorme "FELICIDADES" sonó en el lago y en las pancartas permanecían escritos las palabras "Felicidades Dania y felicidades Sam"

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[OFF-ROL]: Siento si el post es largo y si he manejado algunas de las acciones de vuestros pjs. No sabia hacerlo de otra forma y es como mejor se me ha ocurrido.
El post es libre para quien quiera venir, hay comida de sobra. No he avisado a todo el mundo puesto que no sabia bien a quien avisar, pero igualmente puede venir quien quiera.

Podéis postear como que estáis ya en la fiesta o como que venís mas tarde.

AVISO: No hay alcohol, es una fiesta tranquila y es para darse unos baños y disfrutar.

Dicho todo esto, gracias a todos ^^

Dania Ivanov - May 13, 2010 08:56 AM (GMT)
El sol comenzó a asomar por su ventana temprano, pero ella siguió durmiendo un poco más, y ese poco más se convirtió en otra hora más, hasta que al final, por un pequeño dolor de espalda de estar tanto tiempo tumbada en sabe Dios que postura, se levantó con el pelo alborotado. No quedaba nadie en su habitación, sólo estaba ella. Se restregó un poco los ojos para poder ver y miró el reloj, eran las once. Con un bostezo se levantó, fue al váter y comenzó con su aseo matutino, hasta que de repente cayó en la cuenta de algo. Era su cumpleaños, otro año más. Este sería su primer cumpleaños, después de muchos años, en el que al menos un persona le diría felicidades. No sonaba mal. Un cumpleaños en libertad, un cumpleaños con gente querida.

Se vistió con un vestido veraniego y se atrevió a pintar una raya negra en su párpado inferior, potenciando su mirada. Ese día se quería sentir guapa y que los demás la vieran así.

Bajó a desayunar, esperando encontrarse allí a Zack, a Dianne, a Drako o George, pero no había nadie, ni siquiera nadie de clase, eso le deprimió un poco. Cogió su móvil y marcó el número de Zack sin tener que irse a la guía, se lo sabía de memoria... y tras esperar ocho tonos, decidió que Zack no llevaría el móvil encima, o que lo tendría en silencio y estaría durmiendo.

Terminó de deasyunar y paseó por los pasillos y escaleras hasta llegar a la habitación de los chicos, ya eran las doce, así que no habría nadie durmiendo. Dio unos golpecitos en la puerta y tras preguntar si se podía y no obtener respuesta, asomó su cabeza por la rendija de la puerta y vio que no había nadie. ¿Donde se había metido la gente? "A lo mejor cuando llegue a mi habitación oigo a un montón de gente gritar ¡Sorpresa!" pensó con ilusión "lo dudo mucho".

Fue a su habitación, y efectivamente, no había nadie. Empezaba a mosquearse, así que decidió hacer algo antes de que su mal humor llegara. Puso música y comenzó a crear coreografías de todo estilo, clásico, moderno, un poco de hip-hop por si surgía bailar con George.... y de repente sonó sus movil. Eran las dos. "¿las dos ya?" Era Zack. Antes de contestar dio unos saltos por su cama y contestó con voz de indiferencia, como si no se muriera de ganas por que Zack le llamara.

-¿Sí? -Y Zack le habló de esa forma... no solía hablar a sí, en plan ordenes, pero a ella le gustaba ver a ese buenazo actuando así. Dania sonrió. -Si es una orden... no me queda nada más que cumplir... Te quiero. -y colgó.

Se dio una ducha, no quería que Zack la recogiera y que ella estuviera sudada. Se volvió a arreglar, pero esta vez puso más esmero en su ropa y en esa simple línea negra de sus ojos. Dejó su pelo ondulado suelto y se sentó en su cama a esperar a Zack mientras leía.

Por fin Zack llegó, y sacó un regalo de detrás de su espalda. Dania sonrió, se acercó lentamente a él y le dio un largo beso en los labios, tras separarse, lo abrió. Era un Bikini.

-¡Muchas gracias! No tenía ninguno. Te quiero. -y le dio otro beso. Y cuando iba a probárselo, Zack se dirigió a salir de su habitación. -Zack..... -Dijo con voz temblorosa. -No hace falta que salgas. -Llevaban cuatro meses juntos, y aún no se habían visto desnudos... Dania empezaba a tener fuerzas para dar otro paso, de hecho lo quería, no quería que su pasado los tuviera atrapados en una relación sin sentido. Se quitó la ropa y se puso el Bikini, luego se acercó a Zack. -¿Qué tal me queda? -Y le dio otro beso en los labios, le quedaba muy bien, el chico había acertado con la talla, pero no estaba de más que se lo dijeran.

Zack le vendó los ojos, así que Dania tomó su mano para que le guiara. Su corazón latía con nerviosismo. Había tanto misterio... Su cabeza volvió a decir lo de la fiesta sorpresa, pero otra vez se dijo qu eno sería posible. Zack se puso a conducir, y Dania se puso a hablar de temas sin importancia con él. También le intentó sacar unformación de por qué le había tapado los ojos, pero no soltó prenda.

Y por fín el moto de la furgoneta dejó de rugir, Dania tomó la mano de Zack y caminó junto a él, siguiendo sus pasos y movimientos. Tras un pequeño paseo, notó las manos de Zack quitando la cinta, y, como le había dicho, mantuvo los ojos cerrados evitando hacer trampas.

Cuando Zack le avisó, abrió los ojos y vio a un grupo de gente con pancartas y gritando "¡Felicidades!" Dania sonrió lo máximo que pudo, no podía creerlo. Entonces vio que en una pancarta ponía "Felicidades Sam". Miró a Zack y vio que a su lado había otra chica, Sam. sonrió. Estaba eufórica, saltó a lso brazos de Zack y le besó en señal de agradecimiento. Luego se acercó a Sam.

-¿También es tu cumpleaños? Muchas felicidades. -Y le dio un abrazo. nunca había hablado con Sam, pero no importaba, en aquellos momentos no. Luego se acercó al grupo de gente y, uno a uno, les dio las gracias dándoles las gracias. ¿Quien le había dicho un año atrás que los cumpleaños así existían?

Samantha Sunman - May 13, 2010 07:45 PM (GMT)
Era un soleado día, de esos que hacía tiempo que no veía un sol tan bueno. Había estado hasta las diez y media durmiendo a pierna suelta, y cuando estaba rascándose la cabeza con una mano (despierta, que no espabilada, pero intentándolo), llamaron a la puerta de su habitación, porque no había nadie más allí. Cuando la abrió con todos los pelos de loca vio el amigable rostro de Zack asomándose por la puerta. La imagen del cumpleaños de Dania le vino como una centella a la cabeza (aparte de que también era el suyo).

- ¡Lo siento muchísimo, en diez minutos me tienes abajo, te lo aseguro!

Decía mientras cerraba la puerta velozmente. Tenía que buscar aquel bikini que se trajo de Australia por si acaso surgía una oportunidad así. Tras rebuscar en el armario lo encontró. Era un bikini azul con formas onduladas, con una parte inferior del mismo estilo, pero con un lazo blanco a la derecha de la cintura. Encima de él (porque no iba a ir por la academia con eso sin nada mas…) se puso un pareo azul con motivos de flores hawaianas por la cintura hasta las rodillas, una camiseta corta (por encima del ombligo) sin mangas y acabando por ponerse el broche con motivo tribal que tenía guardado. En una bolsa de playa de color naranja metió un poco de protector solar que había traído, un poco de after-Sun por si alguien se pasaba intentando pillar bronce y su móvil.

Bajó todo lo rápido que pudo y los alcanzó en la entrada, junto a una furgoneta. Cuando vio qué era lo que estaban haciendo pensó que no les iba dar tiempo. Entonces vio al otro chico, no le sonaba prácticamente, sólo de haberle visto en alguna clase, pero de nada más, por lo que decidió presentarse.

- Hola. Soy Samantha Sunman, encantada de conocerte. Oye Zack, estoy viendo que no vais a acabar con esto a tiempo. Tú déjame las llaves, id a hacer lo demás que tenga mayor necesidad, que yo me quedo pegando esto y luego cierro, ¿de acuerdo?

Tras el momento de duda del chico intentó parecer lo más responsable posible, pero sin dejar de lado esa sonrisa que le había provocado el buen día. Al final los logró convencer. Sabía que si usaba su poder podría acabar bastante rápido. En cuanto los vio alejarse un poco cogió la cinta adhesiva y empezó a trabajar. Agarró las mantas por diferentes sitios y empezó a desplazarlas con su pelo, dejándolas fijas donde quisiera y así pudiendo manipularlas libremente sin temor a que se movieran. En poco tiempo el trabajo estuvo hecho, dando ella su señal de aprobación secándose un poco de sudor que bajaba por su frente.

Cerró la furgoneta asegurándose de que lo había hecho bien y volvió a la academia buscando a los dos chicos. Dudó de que estuvieran por los dormitorios femeninos, así que subió directamente a los masculinos y agudizó el oído por si oía algo. Al final le pareció escuchar la voz de Zack desde una habitación. Llamó no del todo segura, pero allí estaban. Le entregó las llaves asegurándole que estaba bien cerrada la puerta y se pusieron con los carteles.

Tras un largo rato parecía que tenían todo controlado. Lo siguiente fue meterlo todo en la furgoneta asegurándose de que nadie los veía. El camino hasta el lago le pareció mucho más bello que el sendero que cogió ella para practicar, además conocer a Raiden. Se puso a pensar que ya llevaban varias semanas entrenando, y poco a poco su nivel iba en aumento, al igual que los ejercicios, que no dejaban de sorprenderla día tras día.

Cada vez veía más cercano el momento de recuperar su orgullo. Ese pensamiento oscureció su rostro durante un instante, pero decidió que hoy no era para pensar en ello. “¡Joder, que es mi cumpleaños!”

Al final llegaron y empezaron a montar todo el tinglado. A Zack se le veía increíblemente emocionado por aquella festividad, parecía como si le hubieran dado a la tecla de avance rápido. Cuando por fin lo tuvieron todo preparado Zack hizo una llamada y se fue a buscar a un chico que faltaba.

- Tranquilo, hombre, que para eso estamos. - Con una sonrisa en la cara y los brazos cruzados a la espalda. Cuando vio al chico alejarse con el coche se dirigió a Yazid. - Parece que le pone unas ganas increíbles, ¿no crees? Espero que todo salga bien. - Se quedó un momento volviendo a mirar el camino por el que se había ido el chico. De una estiró los brazos con los ojos cerrados. - ¡Pero que ganas tengo de que vengan estos para poder comer y darnos un baño! - No sabía exactamente quienes eran “ellos”, pero esperaba conocer a gente ahí.

Al rato empezó a aparecer gente por el camino. Ella les intentaba dar la mejor bienvenida que podía, y de paso advertirles si podrían aguantar un poco las ganas de comer hasta que viniera la persona por la que se había montado todo.

Cuando volvió, vio al chico de la silla de ruedas e igualmente le saludó con una sonrisa radiante, pero haciéndole la misma advertencia que al resto. Cuando Zack le dijo que fuera con él y lo esperara en la salida no supo exactamente a cuento de qué venía, pero aun así no se negó. Se sentó en una roca esperando que el chico volviera con la cumpleañera con una sonrisa dibujada en la cara pensando “menuda fiesta de cumpleaños me voy a llevar, y lo mejor es que no saben que es el mío, jejeje. Así me evito el vergonzoso momento del ¡FELICIDADES!”

A los veinte minutos ya se le empezaba a hacer aburrido juguetear con las flores usando su pelo. Poco a poco le empezaba a encontrar el gusto a aquel poder. Notó un aroma buenísimo, no sabía de qué era hasta que se acercó la parte del pelo qua había estado en contacto con la vegetación. Era un olor magnífico y refrescante, tal y como era el día. Aquello le dio una idea. Arrancó una margarita del suelo y se la colocó a modo de adorno en el pelo, en la parte derecha de la cabeza.

Por fin vio a lo lejos acercarse la furgoneta. Aunque sabía donde debía parar le hizo señales con la mano, aunque era más un saludo que una señal. Cuando le pidió que cerrara los ojos ya se imaginaba lo que vendría después: aquella sensación de vergüenza que se repetía cada año, pero que aun así siempre conseguía sacarle una sonrisa. Ella le hizo caso y empezó a desfilar por el camino, aunque le fastidió un poco no haber podido ver a la cumpleañera.

Cuando llegaron y Zack les pidió que abrieran los ojos, aquel grupo que ya estaba formado se abalanzó sobre ellas con un enorme “felicidades” llenándoles la boca. Por ahora todo iba bien, pero cuando leyó la pancarta allí estaba, aquel sentimiento de extraña pero agradable vergüenza, que hizo que se sonrojara un poco.

- ¡Muchísimas gracias a todos! - Les estaba saludando cuando la otra cumpleañera se acercó a ella. - Si, también es el mío. - El abrazo de la chica la pilló de improvisto, lo cual hizo que se sonrojara un poco más, pero aun así le devolvió el afecto. - ¡Felicidades! Luego no te quejes de la que se ha montado por aquí, que si no nos dejarás a la altura del betún.

Ashley Cullen - May 16, 2010 09:11 PM (GMT)
La verdad es que la moto de Shade nunca le había venido tan bien. Había aprendido hace poco a conducirla, gracias a unas pequeñas clases (lo que hace internet), pero todavía no tenía el carnet. Así que, con atrevimiento, se puso unos pantalones cortos vaqueros, una camiseta de tirantes y debajo su bikini. Se puso el casco, y cogió la moto con cuidado. En la puerta, arrancó el motor y salió despacio, pero cuando encontró una recta, aceleró más. Cambió de marcha, y desde ahí supo que eso de las motos se le iba a dar bien.

Por debajo del casco de seguridad, su pelo ya largo ondeaba con el viento. El rugido del motor le hacía sentirse más eufórica aún. Si la viera Raiden, seguro que diría "vas a lo loco, ten cuidado o te harás daño" con sus serias palabras. Con una sonrisa, bajó un poco la velocidad, pero tenía ganas de más. De todas formas, no quería ganarse una multa sin carnet, así que deceleró y siguió a un ritmo que no llamara mucho la atención. El lago no estaba muy lejos.

Otra recta. Otra tentación de velocidad.

Por una vez no va a pasar nada...

El puño de la muchacha giró y la moto aceleró. Su corazón también aumentó de marcha, y como no, el inevitable fuego azul se encendió en su cuerpo. Sin quemar nada. Las llamas ondeaban en el aire.

Gracias a Dios, no viene nadie por ningún lado.

Sería demasiado llamativo.

Al final de la recta, se veía una parte de la entrada que daba al lago. Fue bajando de marchas la moto, y con cuidado de no volcar, giró y se encontró con la fiesta, aún un poco vacía. Algunos se quedaron mirando como "¿Quién cojones es ésta?". Por el fuego azul deberían de suponer quién era.

Puso el seguro a la monto, la apoyó sobre la patilla y se quitó el casco, aún prendida en llamas. Ondeó su pelo para que no se notara tanto lo que provocaba el aire en su melena. Se giró, con el casco aún en la mano. Lo dejó en el suelo, al lado de la moto, y con paso decido, se acercó a los que había allí presentes. Con un gesto de la cara (y con vergüenza también) se dio cuenta de que seguía envuelta en fuego, y con un chasquido de los dedos, se apagó.

Se acercó a Zack, con un saludo con la mano. Con una sonrisa de oreja a oreja, le dijo con ternura:

- La fiesta es preciosa, te la has currado mucho. Seguro que le gusta. Muchas gracias por invitarme, por supuesto, y si necesitas algo, avísame.

Con un suave "¡ah!", sacó una pulsera hecha por ella de su bolsillo, con unos colores turquesa y marrón, muy bonita. Con pasos decididos se acercó a Dania, gritó un felicidades junto con todas las personas (menos mal, había llegado a tiempo), y cuando tuvo un hueco libre entre la gente, se acercó, le dió dos besos y se presentó.

- Hola, soy Ashley. Nos conocemos de algunas clases y tal.. Bueno eso no importa. ¡Felicidades! Toma, es un regalo que he hecho yo. Espero que al menos te guste.

Le tendió la pulsera, esperando que al menos le gustara. Al menos, era un detalle.

Ericca Brown - May 21, 2010 08:46 PM (GMT)
Dos días antes.

Ericca estaba leyendo. Eso significaba que por el momento se apartaba del mundo de alrededor y raramente podías sacarla de allí, al menos que tirases de ella para decirle algo, aunque de todas formas, cabía la posibilidad de que simplemente no te escuchase demasiado.

Y eso justo fue lo que pasó cuando algo –menos interesante que “El misterio del cuarto amarillo”– vino a interrumpirla, a lo que Ericca tuvo la bondad de lucir una modesta sonrisa y escuchar, o parecer que escuchaba.

En el momento en que Zack Evans la cogió del hombro y le contó todo eso de la fiesta de su novia Ericca prestó la atención justa, sin embargo le ofrecía tres cosas que le encantaban: fiestas, gente, y meterse dónde parecía que no pintaba nada.

Sí, era muy probable que la morena se pasara por el lago en esa fiesta, e incluso que le dijera a su amigo inseparable Brad que fuese con ella.

Pero las letras que Gaston Leroux había puesto ahí para llamar su atención tenían prioridad sobre la extravagante muchacha, de modo que no dio una respuesta muy segura y tampoco indicios de seguir con la conversación, sin llegar a ser huraña, pero se dio la vuelta y siguió leyendo.

Poco después, otra nueva interrupción la hizo levantar la cabeza para toparse con los ojos grises del bibliotecario y amigo de su madre: “El estirado señor Bennett”

Y, estirado o no, hay que aclarar que a Ericca le caía bastante bien ese muchacho, o más bien le gustaba su forma de ser misteriosa, y con demasiadas similitudes a sus novelas de detectives favoritas para ser de carne y hueso. Lo que más le gustaba –que era también lo que más le ponía nerviosa– de aquel hombre es que nunca parecía dirigirse a ti solo para saludarte, si no que parecía que solo hablaba cuando lo que tenía que decirte era interesante.

Y esta vez no la decepcionó.

–Hey, El, ¿cómo estás?

Contestaría que bien, aunque su carita de pena se viera a kilómetros. Aquello formaba parte de su aire de cliente del Moulin Rouge, como solía decir internamente la soñadora Ericca.

–Bien, Ericca, gracias. Dale un beso de mi parte al pequeño Jace.

–Si, claro, ya está mejor.

<<Sonrisa amable, mirada impenetrable, a mi no me la cuelas, caballero andante>>

–¿Puedo pedirte un favor?

<<Eso está mejor>> Ericca se levantó de la silla y miró directamente al bibliotecario de forma intrigada.

–Claro, dime, ¿de que se trata?

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<<Pues vaya con el caballero andante>>

Me había decido a ir a la fiesta, no solo por la gente y la marcha, si no porque ahora acababa de nombrarme escudero no sabía muy bien como y tenía que completar mi misión con éxito, aunque dudaba que a Zack le agradase mucho, sería fácil, pues era demasiado bueno como para hacer algo, de hecho ni siquiera creía que fuera a enfadarse.

Y lo cierto es que la Dulcinea en cuestión había que reconocer que era bien bonita, aunque no fuese mi tipo, pero de todas formas, o Ellery me consideraba una persona de su confianza, lo cual dudaba –¿de verdad usa de eso?–, o estaba muy desesperado, o era más descarado de lo que yo pensaba, lo suficiente como para airear conmigo, menor e hija de la sargento J. Brown, su debilidad por las mayores de edad recién cumplidas, rubias y con cara de inocencia y piernas de bailarina.

Vale, él no había dicho nada de eso. De hecho, había sido bastante críptico y serio –solo había sonreído vagamente con el guiño literario del Toboso y la carta–, así que me había quedado sin saber que clase de relación era la que mantenía exactamente con la rusa gimnasta.

Fuera como fuera, yo nunca había sido de juzgar a la gente, y mi curiosidad, totalmente sana, se vio compensada leyendo la tarjeta, igual de críptica.

Me puse un vestido ligero encima de mi bikini y botas altas, no demasiado prácticas para los chapuzones, pero no iba a ir en chanclas.

Una vez allí, salté como un resorte al decir “sorpresa”, porque a mí todas esa chorradas me gustan mucho.

No esperaba que también estuviese Sam, y me dio la impresión de que ella no se lo esperaba tampoco.

Anduve hacia las cumpleañeras con una sonrisa, pero fijándome a ver si había venido Brad, aunque últimamente no estuviese muy de ánimos.

No os penséis que por tener una misión no estaba dispuesta a divertirme. Yo soy como James Bond, puedo hacer las dos cosas. De momento, comprobé como ya me imaginaba que lo más “mezclado pero no revuelto” que me podía beber era un cóctel de coca-cola con fanta de limón. Podía conformarme.

Le dí alcance a las rubias y a Zack con las manos a la espalda, como escondiendo el Kinder Sorpesa.

–¡Feliz cumpleaños! Dania, ya se que casi no nos conocemos, pero tengo algo para ti.

No podía contenerme cuando le entregué el paquete con la tarjeta y la florecita

<<Pedazo de clásico…>>

Cuando lo abriera, la chica se encontraría con un collar que apestaba a caro por todas partes –admitiré que me dejaría comprar con uno como ese– y con la letra elegante de Ellery, apretada en dos frases que rezaban lo siguiente:

“Por que tú siempre serás especial. Disfruta de tu día. Ellery”

<<Repito: pedazo de clásico>>

Aunque después del regalo de El yo quedase como una miserable, le entregué mi regalo: un vestido de verano del estilo del los que le había visto llevar.

Después me giré hacia Sam, a la que me permití darle un abrazo.

–¡Felicidades! Esta es mi pequeña aportación para el día de tu cumpleaños, aunque a ti no te haga falta.

Dentro de un sobrecito de papel de regalo con una piruleta pegada, estaba un bonito llamador de ángeles que me había llamado la atención en una tienda.

–Oye, Zack, te lo has montado muy bien –me dirigí a las muchachas– no os podéis quejar, ¿eh? Ha venido un montón de gente.

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((Sam, he hecho como que Ericca y tú ya se conocen y se llevan bien, si no quieres edito ^^))

Brad Corgan - May 23, 2010 11:33 PM (GMT)
Brad llegó algo tarde a la fiesta...

Para empezar porque no estaba muy seguro de querer ir. Más que a Dania "A la que había visto en clase, corrijo había disfrutado de su belleza en clase" no la conocía de nada, sin embargo si conocía a Zack, el cual si le había invitado...

"Y Zack es buena gente y eso" pensaba. Pero ir a una fiesta siendo amigo del novio de la homenajeada era algo incómodo.

"Y luego estaba el tema de bañarse, claro."

Y es que Brad además de ser un buen montón de carne de piel blanca y bello negro y rizado, tenía por su amplia anatomía una buena colección de cicatrices sonrosadas. Huellas de palizas, torturas y golpes recibidos en toda su época estudiantil.

Odiaba especialmente una 'P', escrita con cigarrillos encendidos en su gran abdomen... el inicio de la palabra PIG, que los matones no pudieron terminar debido a la aparición del profesor de Educación Física.

10 quemaduras de cigarrillo.

Entre lo acomplejado que estaba por su aspecto físico con ropa, el hecho de estar medio desnudo ante todos los impresionantes cuerpos que había por la Academia le daba pavor, vergüenza y pena.

Asi que llegó tarde... porque hasta el último momento estaba convencido de que no iba a ir. Pero se puso su amplio bañador rojo, una amplia camisa hawaiana, sus gafas de sol y un sombrero rojo, al hombro la toalla y partió al lago, caminando sobre sus chancletas.

Llegó a tiempo de oír el ¡Sorpresa!, y chasqueó la lengua maldiciendo su indecisión que lo había hecho llegar tarde. Por suerte, pareció pasar desapercibido entre los asistentes y llegó hasta Zack.

- ¿Qué hay, monstruo? - dijo de forma amigable, vio como algunos estaban dándole regalos a Dania... entre ellos Ericca que no es que estuviera guapa, es que era la viva imagen de las fantasías más tórridas y sensuales del muchacho. Sus mejillas se colorearon de inmediato, mientras algo cosquilleaba bajo su estómago.

- ¿Había que traer regalo? Porque no lo sabía y... -con el ceño fruncido se pasó la mano por debajo del sombrero, rascándose bajo los rizos con gesto preocupado. De repente su ceño se alisó. Con un ágil movimiento se quitó el sombrero e hizo un par de florituras con él. Cortó a Zack.- Don't worry be happy.

Silbando la canción se acercó hasta Dania y con una reverencia se presentó ante ella.

- Su majestad está radiante como siempre -dijo con galantería. Con un rápido gesto puso el gorro sobre la cabeza de Dania, y tras mirarla un instante lo empujó con la punta de los dedos para dejarlo inclinado hacia un lado.- Lo que yo decía: Radiante. Feliz cumpleaños.

Tras ello se acercó a Ericca, se inclinó sobre ella desde su espalda y al oído la dijo:

- La novia de Zack es guapa y eso... pero hoy... tú estás espectacular.

Había decidido dejar atrás los miedos. Las dudas. La mierda que le carcomía y pudría por dentro tantas veces. Había decidido mirar hacia adelante y vivir el día a día, como si fuera el último.

- Don't worry be happy.

Yazid Magrib - May 24, 2010 07:53 PM (GMT)
Cuando acepto de buen grado echar una mano al que casi se había convertido en el príncipe azul oficial de la academia, no tenía ni idea de en qué lio se estaba metiendo. Ni que decir que esa iba a ser la primera fiesta de cumpleaños que celebraba en América y desconocía toda la parafernalia que se extendía a su alrededor, cobrando fuerza y evolucionando por sí misma como una marabunta.

Y pensar que detrás de todo aquello se encontraba un alumno, un compañero más. Desde ese el instante en que se pusieron a preparar la pancarta, decidió tomar ejemplo de Zack para agasajar a Tenshi.
Lo cierto era que el entusiasmo del granjero era contagioso y terminaron de preparar el “picnic” casi sin darse cuenta. Podían sentirse orgullosos del trabajo realizado.

Finalmente tanto Sam como Yazid tuvieron un pequeño descanso mientras Zack, que parecía tener energía de sobra, seguía con los preparativos para la fiesta. Tan sólo quedaba esperar a la señal de Zack para descubrir el pastel y sorprender a Dania.

Con ella había compartido las clases de mentalismo; era una chica de lo más dulce, más bonita por dentro de lo que ya lo era por fuera si cabe. Congeniaron con facilidad y Yazid se alegraba que hubiese encontrado el afecto y la compañía de alguien como Zack, que por su parte, también era un buen tipo.

”Tal para cual…”
Pensó dejando escapar un suspiro, seguramente más contagiado de lo que suponía por las emociones ajenas.

Poco a poco fueron llegando algunos alumnos que al igual que ellos, tomaron posiciones a la espera de la llegada de la invitada de honor. En el momento justo, la gente vitoreó la felicitación como si hubiese estado ensayada; la cara de Dania lo decía todo.

Tuvo que esperar su turno para felicitar personalmente a las dos cumpleañeras.

- تهاني
Espetó con una gran sonrisa tras darles un cariñoso abrazo, aunque tuvo que retirarse enseguida para dejar paso al resto de la gente.

Enlazó sus manos tras la cabeza y se dedicó a deambular de aquí para allá con su blanca camiseta y el bañador de la Academia, todavía sin tener idea de ser el apadrinado de algún docente.

Reconoció a Brad, conversando con una chica y al pasar por su lado lo saludó con un par de palmaditas afectuosas sobre el hombro. Le gustaron los bañadores de ambos. Caminó un poco más hasta tener una buena panorámica del lago, aunque no sabía nadar muy bien, estaba dispuesto a chapotear un rato y divertirse con sus compañeros.

Novalee Matthews - May 27, 2010 06:12 PM (GMT)
No sabía si hacía bien en acudir a una fiesta a la cual no había sido invitada pues eso de autoinvitarse estaba mal visto pero, ¿qué mejor ocasión de conocer gente y despejarse un buen rato? Le había estado dando vueltas a la cabeza después de oír a unos compañeros hablar sobre el tema y bueno, al final se decidió.

Con paso dubitativo se encaminó hacia la cumpleañera, una de sus compañeras de habitación. No la conocía apenas porque hacía poco tiempo que ella había llegado a la Academia pero no le pareció estar de más el ir a su celebración aunque llegara tarde.

Saludó a Zack con un gesto de la mano al pasar por su lado para llegar hasta Dania, a la cual esperó a que diera las gracias a los presentes para luego entregarle su regalo. No estaba muy segura de si le gustaría pues no conocía sus gustos, aunque esperaba que al menos con la talla hubiese acertado.

- ¡Felicidades Dania! – dijo a la vez que le daba su regalo, un vestido blanco sencillo pero que Novalee creyó que quizás fuese de su agrado – Si no te gusta o hay algún inconveniente no te preocupes. Siempre podemos ir a cambiarlo -

Tras entregarle el presente la pelirroja se alejó y se dio una vuelta por los alrededores contemplando a todos los que habían acudido. Todos mutantes. Aquel hecho se le hacía extraño pues siempre había estado rodeada de simples humanos, jamás había tenido un amigo mutante pese a que ella prefería que sus amistades lo fueran. Jenna era una pequeña excepción.

Siguió caminando a paso lento lamentándose de no haber traído consigo la cámara de fotos. Podría haber sacado fotografías de la celebración y habérselas entregado más tarde a la muchacha para tener un recuerdo más. Una pena que no hubiera pensado en ello antes.

Se detuvo a pocos metros de un joven (Yazid) que estaba un poco alejado de los demás y que había ido a parar a un sitio estratégico para tener una muy buena vista del lago. No le sonaba mucho pero era normal. Lleva poco tiempo allí y había una gran cantidad de adolescentes mutantes en la Academia X, como para acordarse de todos ellos.

- ¿Molesto? -

No creía que el chico quisiera estar solo allí ya que entonces no habría acudido a la fiesta pero prefería preguntar por si las moscas. A Novalee no le gustaba incordiar, era una chica bastante tranquila y si debía de irse a parar a otro lado no le importaría.


(Off Rol: He supuesto que Novalee sabe el nombre de Dania por eso de que son compañeras de habitación y sería lo más lógico pero si tienes algún inconveniente edito ^^)

Zack Evans - June 2, 2010 11:21 PM (GMT)
Parecía que la sorpresa había cumplido gran parte de lo que Zack quería provocar en Dania. Le había gustado, el hecho de que se abalanzara a sus brazos y le besara lo demostraba. A Zack le comenzó a invadir la alegría y la satisfacción de haberle conseguido sacar una sonrisa a Dania después de todo este tiempo.

- Te mereces todo esto y mas princesa

Luego la gente comenzó a inundarla con sus regalos y sus felicidades, por lo que Zack le dejó que se envolviera en las sorpresas que la gente le tenían preparadas y decidió agradecerle a todos los que le habían ayudado a lograr todo eso.

En primer lugar se dirigió a la pequeña Sam, pellizcó con cariño su mejilla y le dio dos besos para felicitarla. Cogió una bolsa con un paquete pequeño y se la entregó.

- Siento no haber podido comprarte algo mejor, de hecho esto te lo he tenido que hacer yo manualmente, pero espero que al menos te guste.

Se había quedado literalmente sin un duro después de haber organizado todo, pero sin duda lo mas caro había sido el regalo de Dania, el cual se reservaba para mas adelante.

El paquete de la chica contenía una bola de cristal con un hada sentada agarrando sus rodillas y con una sonrisa en la cara, mirando hacia arriba. El cambio era que encima del hada había una luz blanca brillante, creada a partir de los poderes de Zack. Seria una luz que perduraría mientras Zack estuviera vivo, o al menos eso creía y si agitabas la bola esa luz se dividía en diminutas luces brillantes similares a la nieve, con el tiempo se volvía a transformar en una sola luz.

Ashley se acercó a él para saludarlo y este le devolvió el saludo dándole dos besos. Parecía mejor, al menos por fuera, aunque Zack sabia que escondía mucho dolor en su interior.

- Nada, es un placer invitar a buena gente como vosotros. Ademas, creo que hace un día perfecto para olvidar los problemas y disfrutar ¿no crees?

La chica no lo sabría, pero eso iba con segundas intenciones, al menos eso pretendía expresar el granjero.

Vio como Ericca le entregaba una carta con una flor a Dania y se volvía para saludarle. Las palabras sobre la sorpresa le sonrojaron y el chico como siempre sonrió.

- No me quejo de nada, ademas cuanto mejor sea la compañía mejor es la diversión.- Terminó guiñándole un ojo.

Luego vio a Corgan y le dio un suave manotazo en la espalda, típico de pueblo, pero no muy gañán.

- ¿Que pasa tío? Gracias por venir, espero que te diviertas y tío... como me entere de que pones una cara larga, cojo y de un rayo te mando al medio del lago, ¿ok?. Hay que disfrutar, al menos hoy.- dijo guiñándole el ojo.

No soportaba ver a alguien triste o preocupado por algo y Corgan le había caído muy bien aunque solo hubieran hablado un par de veces.

El granjero se dirigió hacia Yazid y le echó la mano con un típico saludo de Kansas, al estilo pandillero.

- Gracias por todo tío... eres grande de verdad. Diviértete, te lo mereces.

Finalmente volvió a dirigirse hacia su preciosa chica, para ver que le habían regalado, quería ver su cara de felicidad.

Por el camino se encontró con la pelirroja Novalee, a la cual saludó con un guiño mientras abrazaba a su chica por la espalda.

- Hola Novalee, espero que te diviertas.

Al mismo terminar la ultima palabra dirigió sus labios al cuello de la Rusa, besándolo con ternura.

- ¿Por aquí todo bien? No sé como, ni por qué, pero a la luz del sol estas mas bonita. Tus cabellos relucen como los de las princesas de los cuentos y tus ojos... son lo mas bonito que he visto nunca.- dijo susurrándole al oído.

Tras susurrarle un "Te quiero" múltiple acompañado con un toquecito de sus labios en su oído, el chico movió para observar su rostro. Le sonrió como siempre hacia, y arrimó su cara a la suya uniéndolas con la frente. Tras acariciar su nariz con la suya estilo esquimal, le besó con ternura y se separó de ella.

- Estas preciosa

Dirigiéndose hacia los invitados , los cuales ya comenzaban a interactuar entre ellos, comenzó a hacer señas y movimientos con los brazos.

- Bueno, venga, vamos sentaros todos y disfrutar del día, que tanta espera os debe de haber abierto el apetito.

Raiden - June 3, 2010 08:56 PM (GMT)
Caminaba entre los innumerables arboles del lago, con la mirada perdida en el suelo pensando en mis cosas, como siempre. Mis manos estaban hundidas en mis bolsillos, la izquierda sostenía el mp4 y cambiaba de canción una y otra vez hasta que finalmente encontré la adecuada.

Mi mano derecha sujetaba un pequeño paquete que era el regalo de Sam. Me movía a varios metros de donde estaba la fiesta, no quería que nadie se percatara de mi presencia y menos Ash. De hecho no entendía el por qué había ido a ese lugar si no conocía ni a la mitad de la gente que iba.

Valentine's Day resonaba en los auriculares baratos de mi reproductor de música. Había empezado a cogerle el gusto a ese tipo de música y Linkin Park era un grupo que merecía la pena a mi parecer.

Continué mi camino cabizbajo, encogiendo un poco mis hombros, sin detenerme a mirar a nada ni a nada, mi mente solo estaba ocupada por el rostro de mi padre y escasas personas mas, siendo siempre el que mas abundaba el de Ashley.

Se podía decir que mi rostro era inexpresivo, no mostraba nada que la gente pudiera deducir de mi, aunque la gente ya supiera mi forma de ser. La verdad es que todo me importaba bien poco, ya no me lograba sorprender por nada.

Permanecí apoyado en un árbol, observando aquella fiesta desde la lejanía. Parecía que disfrutaban, se les notaba en el rostro. Zack lo había logrado, había conseguido sacarle una sonrisa a cada uno con su forma de ser y su siempre contagiosa alegría.

En mi mente apareció como un flash el momento exacto en el que me pidió asistir a la fiesta. Yo ni siquiera le salude, ni le estreché la mano, tan solo me dedique a largarme y decir que no me interesaba.

Con la aparición de Ash me oculté en un árbol por si miraba hacia aquí, pero dudaba que lograse verme con nitidez, pues a penas se podía observar mi cuerpo. Al menos parecía estar divirtiéndose, eso provocó una gran alegría a mi corazón.

Me acerqué un poco mas rodeando la fiesta todavía desde la lejanía hasta acabar apoyado en un árbol a visión de Sam. Zack le había hecho un regalo, al parecer una extraña bola de cristal.

Finalmente me quedé esperando a que Sam se diera cuenta de mi presencia y viniera hasta mi posición. Esperaba que fuera discreta, al menos que no llamase la atención. Saqué la mano que sujetaba el mp4 del bolsillo y me apoyé en un árbol observando la fiesta con detenimiento.

Dania Ivanov - June 6, 2010 06:35 PM (GMT)
Nunca pensó que una cosa como aquella le pudiera pasar a ella. Siempre lo había visto en películas y en series de televisión, pero verlo en el mundo real era impresionante. Para empezar, toda esa gente con una sonrisa en la cara y sosteniendo las pancartas de felicitación. Y mirando más al fondo estaba el agua cristalina el precioso e inmenso lago que reflejaba los rayos del sol de una manera casi mágica. El paisaje que se veía después del gran lago también era precioso, árboles altos y muchos de ellos en flor.

El escuchar el felicidades y ver su nombre en las pancartas le había acelerado el corazón y le había dado cierta debilidad en sus largas piernas de bailarina. No podía ocultar su sonrisa con marcados aires de sorpresa, no podía ni quería, no era algo de lo que avergonzarse.

La primera persona que se acercó fue Ashley, le sonaba de las clases pero nunca había hablado con ella de nada en particular. Eso le apenaba un poco, sentía como si siempre estaba con la misma gente y no daba oportunidad a las demás personas. Ash le contagio la sonrisa, y Dania soltó una leve risa y abrió un poco los ojos cuando vio que le tendía un regalo. Era una pulsera azul y marrón.

-¡Guau, Ash! ¿La has hecho tú? Es preciosa. -Dania denotaba emoción en cada una de las palabras. -En serio, me encanta. No hacía falta, sobra con que estés aquí. -Una lágrima asomó a sus ojos, pero la contuvo. No estaba acostumbrada a que la gente la tratara tan bien. Dania extendió el brazo. -¿Me la atas? Me encanta, de verdad, algún día tenemos que quedar y me enseñas a hacerla.

El sol parecía brillar más después de aquel primer regalo, pero Dania no esperaba que hubiera más. Así que se sorprendió al ver a otra chica que parecía esconder un regalo detrás de ella. Era Ericca, tampoco había hablado nunca con ella. La gente tenía un gran corazón en la academia.

–¡Feliz cumpleaños! Dania, ya se que casi no nos conocemos, pero tengo algo para ti. -Dijo Ericca.

-¿En serio? No hacía falta, Ericca. Me alegra que estés aquí. -Dania cogió la flor con mano temblorosa y la olió. Olía tan bien... Y luego le tendió un paquete. Dania lo abrió con cuidado, sin romper ni un pico del papel, y se encontró con un collar precioso, sencillo pero muy elegante. Algo le dijo que aquello era muy caro, demasiado. Entonces vio una tarjeta con una bella caligrafía. El regalo era de Ellery. -Es... de Ellery. ¿Lo conoces? -Algo le oprimía el pecho. Le daba mucha pena que Ellery no estuviera allí, pero no podía hacer nada. No sabía por qué, prefería que Zack viera aquello, más que nada, por la flor. Ellery era su amigo, un amigo adulto, pero lo de la flor se podía malinterpretar.... y lo que ponía en la nota. -Vaya... es precioso... -Sostuvo el colgante en su mano y lo vio destelleando con la luz del sol. Luego, apartó su melena y se lo puso. Allí, encima de su pálida piel, era aún más precioso. Luego vio que Ericca también tenía un regalo para ella. Era un vestido. -Guau, Ericca, me encanta. Es muy de mi estilo, se nota que eres observadora. Muchas gracias. -Y no se cortó en darle un fuerte abrazo de nuevo. -Gracias por venir, de verdad.

Después apareció Brad con su gran sonrisa. Le encantaba Brad, no sabía por qué, pero le parecía una persona adorable, siempre que en alguna clase o por los pasillos le veía reírse o sonreír, a Dania le daban ganas de imitarle. Vio como el chico hacía una reverencia y la trataba como una princesa. Dania, en un intento de segurile la broma, se llevó la mano al pecho en un gesto muy femenino e intentó poner cara soberbia, pero no podía esconder la sonrisa. Luego Brad le puso su sombrero y con un toque de dedos lo ladeó. Dania dejó escapar una risita y se llevó los dedos al ala del sombrero. -Vaya, muchas gracias. -Y le dio un abrazo. Luego se separó de él lentamente y lo miró de arriba a abajo. -Me encanta tu camisa. Mírate, estás radiante.

Después fue su compañero en las clases de mentalismo, Yazib. Era una persona tan tierna, tan delicado y sensible. Era todo lo contrario al prototipo de hombre que ella había conocido en su "otra vida". Yazib era calladito, o al menos con ella, pero se lo solían pasar muy bien en clase de mentalismo. Yazib le felicitó en un idioma que ella desconocía. Así que, con una sornrisa, le contestó en ruso y le dio un abrazo. -спасибо.

Inmediatamente después, Yazib desapareció para dejar paso a su nueva compañera de habitación.

-Muchas gracias, Novalee. -Dania vio su regalo, otro vestido de su estilo, aunque quizás, muy escotado. Pero se lo pondría, claro que sí, y lo luciría. Se lo pondría en algún momento más especial, como una cita con Zack. -¿estás de broma? Me gusta mucho, lo reservaré para un momento especial. Muchas gracias. Y lo de ir a cambiarlo no... pero tal vez tú y yo deberíamos ir algún día de compras. -Dania sonrió de forma sincera. -Está muy feo eso de compartir habitación y que no hagamos cosas juntas..

Y entonces se acercó a ella Zack como a ella le gustaba. Le encantaba que le rodeara con sus brazos por la espalda. Dania llevó sus manos a los brazos del chico y los acarició, para después hacer los mismos en sus grandes manos. Y tras eso, Zack fue girándose para hacer que sus caras quedaran pegadas. Notaba como sus latidos se aceleraban cuando su chico hacía eso.

-¿Sabes que eres el mejor?. -Dijo ella antes de dejar escapar a Zack. -¿Y que te quiero con locura? ¿Y que tienes unos ojos increibles? ¿Y que tus labios son perfectos? ¿Y que te adoro de arriba a abajo?. -Cada una de esas preguntas iba acompañada de un beso en los labios del chico. Por fín le dejó separarse de ella para dirigirse a los demás. Y cuando Zack acabó de hablar, se aclaró la voz.

-Pero antes, concerderme unos segundos. Muchas gracias por haber venido, en serio, no os podéis imaginar lo feliz que me habéis hecho. Llevaba unos dias un poco triste y habéis hecho que mis penas desaparezcan por completo. Me alegro de conoceros. ¡Muchas gracias a todos, sois llos mejores! Y ahora.... a comer.

Dania se acercó junto a Zack a la comida y empezó a servir bebidas y comidas, sentía la necesidad de ser ella quien sirviera las cosas, al fin y al cabo, todos ellos habían hecho todo eso por ella. Después de servir, se sentó junto a Zack en uno de los manteles que había en el suelo.

-Bueno, no comáis mucho, que después toca baño. -Dijo Dania con una sonrisa, y se dio cuenta de que seguía llevando el sombrero de Brad, pero no se lo quitó.

Markos D'Ors - June 9, 2010 10:32 PM (GMT)
Ese día Markos se levantó de la cama muy nervioso,. ¡No todos los días era invitado a una fiesta! Bueno la verdad es que se unió a la invitación colectiva para celebrar los cumpeaños de Dania y Samantha en el lago. También su nerviosismo se debía a que sin saber ni cómo, había conseguido que Ebony le acompañara... Sólo una persona podía ayudarle en ese momento, ¡su hermanita del alma Betty!. Se vistió deprisa, fué a la planta de los dormitorios de las chicas, hasta encontrarse frente a la habitación de su hemana, llamó a la puerta con el puño, pero no hubo respuesta - ¡Vamos hermanita, abre, que te necesito!- Pero nadie abrió la puerta, nadie contestó. Lo intentó con el teléfono movil, pero con igual resultado.-¿Dónde estás cuando te necesito?- Se preguntó cada vez más agobiado. Buscaba a su hermana para pedirle asesoramiento sobre la fiesta, como debería ir vestido, como actuar con las cumpleañeras, qué regalarles, ... y sobre todo contarle lo de Ebony y pedirle consejo para no meter la pata como de costumbre.

-Bueno, no importa- Se dijo para darse ánimos -Voy a buscar los regalos yo mismo-. Y muy decidido salió a la calle a toda velocidad. primero fué a una mercería y compró dos cintas anchas de raso rosa brillante, de más o menos medio metro cada una. Después, alquiló un coche pequeño y se dirigió a una floristería para comprar unas "cosas" ...

Cuando se acercó la hora de la fiesta, se puso un bañador tipo bermuda con estampados hawayanos, una camiseta negra de tirantes y unos vaqueros. Cogió dos bolsas de plástico grandes y una más pequeñita con cuidado, y se dirigió a recoger a Ebony. - Ho - Ho - Hola, estáaaas pre preciosa- Tartamudeó Markos al verla - ¿me acompañas?, creo que hay una fiesta por algún sitio dijo armándose de valor. - Tengo algo para ti - dijo mientras sacaba de la bolsa más pequeña una rosa y se la ofrecía a la chica.

Nunca había hecho una cosa así y estaba temblando, se puso rojo como un tomate. Ahora hechaba de menos a su hermana, el no haber podido hablar con ella antes.

-Muchas gracias, epero que te guste y que te lo pases muy bien esta noche -

Los dos se dirigieron al lago en el coche que Markos había alquilado.

Llegaron un poco antes que la camioneta de Zack, depués del pequeño barullo de la sorpresa inicial, Markos se dirigió a las cumpleañeras y sacó de cada bolsa grande una maceta con un geranio. Cada planta tenía en el tallo un lazo que Markos había hecho con las cintas de raso, o eso había intentado, por el resultado obtenido ...

Cuando cada chica tenía su maceta entre las manos, Markos les dió un par de besos y los correspondientes estirones de orejas con el correspondiente tirón de regalo.

- ¡Feliz cumpleaños Niñas! Espero que os guste mi pequeño regalo-

Elizabeth d'Ors - June 17, 2010 06:46 AM (GMT)
Conocía a las cumpleañeras, pero de vista. Eso nunca había sido un problema, les regalaría algún detalle y con su gracia y desparpajo dudaba mucho que encontrase alguna situación incomoda.

Además, ese cumpleaños solo era una excusa. Lo único que le apetecía era ir a esa fiesta, hacer algo distinto, salir de la Academia y disfrutar de Drako fuera de los jardines. Aunque le había costado dios y ayuda convencerlo.

Le compraría un detalle a cada una, era lo mínimo. La verdad, no sabía por qué, le había hecho mucha ilusión que Zack la invitara, aunque eso no habría sido impedimento para la española.

Por eso se puso su vestido “de la piscina”, como diría su madre, y uno de sus bikinis favoritos. Cogió su toalla de Betty Boop y sus gafas de corazón y fue a buscar a Drako a la habitación.

Y su hermano no estaba.

“On s'haurà ficat aquest nen?”

Una vez en el lago, ella había estado desde el principio del preparativo y había podido ayudar a extender unas cuantas mantas por doquier. Su hermanito llegó poco después que ella.

-Markos! Markos! Estic aquí! He anat aquest matí a buscar-te a l'habitació, però no estaves. On t'havies ficat?

Le dió un beso y un abrazo, colgándose a su cuello como su fuese un koala, luego se fijó en Ebony. Eran compañeras de clase y no se llevaba mal con ella aunque no tuviesen mucha confianza. Incluso alguna vez habían cuchicheado juntas algún comentario sobre lo bueno que estaba el profesor de informática o sobre lo irremediablemente estúpido que era Kellan.

-Hola, Ebo.

Le dió un beso a Ebony en la mejilla y le guiñó un ojo a su hermano haciéndole un descarado geto de “OK” con el pulgar que seguro que Ebony también había visto. Era evidente que a su hermano le gustaba esa chica y tendría que echarle un buen capote para que lograse conquistarla.

En el momento de las felicitaciones había gritado ¡¡FELICIDADES!! A las chicas como la que más y, nadie sabía como, había logrado agenciarse una pancarta.

Cuando se aplacó un poco el saludo colectivo, se acercó a las dos cumpleañeras. Le tendió dos paquetes de regalo: Uno pequeño y rectangular y otra más grande, irregular y blandito.

-Felicidades, Dania. –Le dio un efusivo beso en la mejilla- Felicidades, Samantha. –Y a ella le dio un prieto abrazo- Espero que os gusten. Son de parte de los dos, de Drako y mía.

Se trataba de un perfume con olor a vainilla para Dania y a melocotón para Samantha. Una de las tiendas del centro comercial tenía una colección de perfumes juveniles con olores dulces y más atrevidos y se había pasado dos horas largas divirtiéndose de lo lindo viendo cual escoger. Ella se había quedado con el de piruleta (que llevaba en ese momento).

El otro paquete, como era fácil de adivinar, era un peluche con forma de gatito del que se había enamorado sobre manera. Aunque realmente era más su estilo que el de las chicas no había podido evitar regalarle uno a cada una y, por supuesto, se había comprado otro ella también.

Luego se sentó con Drako en una de las mantas, una muy cerquita del lago y algo más apartada e invitó a Ebony y a su hermano a que se unieran. Drako y ella se dedicaron, como diría su madre, a “pelar la pava”.

-Cuánto me alegro de que al final haya venido... -Dijo Betty, con las zarpas de Drako cogidas entre sus manos y la fente apoyada en la escamosa del muchacho- Nos lo vamos a pasar genial, ya lo verás.

Como tratando de convencerle, le dio un beso en los labios.




Andrew Lawson - June 22, 2010 05:49 PM (GMT)
Se trataba de un día especial, el cumpleaños de Dania, la chica que conociera en el comedor de la academia, la novia de Zac, su compañero de habitación. Si antes Andrew ya era de los que se apuntaban a cualquier fiesta, ahora aún más. Ya no lo hacía sólo por pasar un buen rato sino que formaba parte de su filosofía de vida de no perderse ni un solo buen momento, de disfrutar de la vida, de las grandes y de las pequeñas cosas; y ese día tenía pinta de ser muy grande.

Con gusto hubiese colaborado en más tareas pero antes de proponérselo al granjero, este ya había salido en pos de quién-sabe-qué preparando la gran fiesta sorpresa para Dania. Ni siquiera se atrevió a decirle que no era necesario que empujara su silla cuando se lo llevó directo a la camioneta. Daba gusto ver a la pareja tan feliz y acaramelada, resultaba incluso contagioso.
Junto al resto de la gente gritó un fuerte “¡Felicidades!” Tanto a Dania como a Samantha y en cuanto pudo se acercó a darles su regalo.

El de Dania fue fácil, consistía en una pequeña bailarina hecha con hilo de alambre y el aluminio de latas de refrescos. Se sostenía sobre un solo pie, imitando a las bailarinas de ballet y la parte superior estaba articulada de tal modo que podía hacerla girar sin que perdiera el equilibrio.

En realidad no era nada que ella misma no pudiese hacer con sus propios poderes, pero era un detalle.

Para Sam, a la que a penas conocía de vístale había “construido” un brazalete con algunos engarzados de tonos azulados, rojos y verdes imitando piedras preciosas. Pero para cuando se dispuso a dárselo, ya se había alejado.

“En fin… se lo daré más tarde.”

Guardó el regalo en uno de los bolsillos que tenía tras el respaldo de su silla y buscó un grupo en el que quedara un sitio donde tumbarse a comer junto a sus compañeros.

Drako - June 24, 2010 01:39 AM (GMT)
Había ido, con desgana y a regañadientes.

Para empezar porque estaba cansado. Desanimado. Arisco. No dormía bien por la noche. Tenía sueños horribles. Dantescas pesadillas en las que se daba un festín de carne y sangre, una orgía de horribles asesinatos en los que desgarraba vísceras, seccionaba arterias y arrancaba miembros a seres humanos.

Sabía que eran humanos. Ningun mutante. La Cosa... La Cosa que se parecía a Selenum pero no era Selenum se lo había dicho.

Eran sueños. Tenían que ser sueños. Aunque se despertase de rodillas en el baño vomitando sangre y pedazos de carne medio disueltas en el water. Aunque tuviera morados y le doliera el cuerpo, como si se hubiera estado peleando, como si hubiera estado combatiendo.

Tenían que ser sueños, horribles pesadillas muy reales.

Eso, o que el Dragón estaba suelto por el condado de Moorside City.

Ver a Betty tan deliciosamente sexy le hizo olvidar el sabor metálico de la sangre. Activó su deseo, su hambre de sexo y la pasión animal que sentía por la chiquilla. Y algo más.

Si alguien, o algo, se atreviera a tocarle un pelo a Betty, Drako se daría un festín con sus entrañas. Lucharía para protegerla, para mantenerla a salvo, perfecta, deliciosa, pequeña y sensual.

La besó.

Mi Betty

Rió sus chistes y escuchó sus historias, ligeramente más animado, sintiéndose ligeramente más vivo.

Mi Betty

Lejos de la Cosa que se parecía a Selenum pero no era Selenum.

Le había dicho su nombre.

Pero eso ahora no importaba una mierda. Lo que importaba era Betty y su sonrisa, sus manitas, el sonido de su voz y su cuerpecillo de ninfa que se pegaba contra él a cada minuto.

- A este paso llegaremos tarde -le siseó al oído tras el tercer o cuarto magreo entre los árboles.- Y no me importa.

Llegaron. Drako solo vestía un largo y holgado bañador negro, con la x de la Academia en amarillo, al final de la pernera derecha. No necesitaba toalla... era un lagarto, ya se tumbaría al sol para secarse.

Ayudaron en los preparativos. Drako estaba torpe y lento, Betty le tenía que pedir todo dos veces, y a veces chasqueaba sus deditos en frente de la cara del muchacho para hacerle salir de su trance.

No gritó ¡FELICIDADES! pero lo dijo con voz ronca. Y se mantuvo tras Betty, con una apagada sonrisa entre los labios, mientras esta daba los regalos a las homenajeadas, las felicitó y les devolvió los gestos afectivos a cada una.

La acompañó hasta las mantas. Aturdido por todo el despliegue de emociones que había a su alrededor, y los cuales parecían escapársele.

-Cuánto me alegro de que al final haya venido... -Dijo Betty, con las zarpas de Drako cogidas entre sus manos y la frente apoyada en la escamosa del muchacho- Nos lo vamos a pasar genial, ya lo verás.

- No se decirte que no a nada -dijo sonriendo.- Pero aún estoy algo... ido... no se... creo que necesito meterme en el lago ya para espabilarme ¿Te animas?

Volvió el rostro hacia el resto de invitados... intentando enfocar la mirada sobre ellos, reconocer caras, nombres y la relación que tenía con ellos.

- ¿Alguien se anima a darse un baño?

Samantha Sunman - July 2, 2010 11:48 PM (GMT)
Cuando ya les habían sorprendido con esa gran felicitación masiva todo el mundo se las echó encima. Para mucha gente eso hubiera sido bastante opresivo, pero Sam estaba en su salsa. A la primera que vio fue a Ericca, lo cual las sorprendió bastante, para saberlo sólo hacia falta fijarse en sus caras. Primero le dio el regalo de Dania, el cual vio de refilón y provocó una pequeña risa en la australiana al imaginarse la cantidad de cifras del precio de aquel collar.

Cuando le dio el segundo regalo le pareció algo más sostenible y bonito a la vez. De repente se vio abrazada por Ericca. No es que le molestara, es sólo que no estaba muy acostumbrada a los abrazos de gente que no fuera su familia más cercana. En el momento en que abrió el sobre no supo muy bien qué era pero entonces recordó haber visto una imagen parecida en una revista. Para asegurarse se lo acercó al oído y con un suave movimiento de muñeca se aseguró de que era lo que pensaba. Aquel sonido tan suave y bello sólo podía ser un llamador de ángeles.

- Es precioso. ¿Podrías ayudarme a ponérmelo?

Lo cierto era que aquellas cosas se le daban fatal. Siempre había necesitado de alguien que la ayudase para ponerse cualquier collar, exceptuando el de su amiga, que sabía de su problema y se lo regaló con un sistema a prueba de tontos. Primero se quitó el tribal y se lo puso a modo de pulsera. Después se apartó la melena para facilitarle el trabajo. Cuando se lo hubo puesto sacó la piruleta de su envoltorio y se la puso en la boca.

- ¿Qué tal me queda?
Tras la respuesta de la chica y el comentario sobre toda la gente que había se dio cuenta de aquello último. Parecía que a cada momento se multiplicaban a su alrededor.

- Tienes razón, es un poco apabullante, jeje.
Cuando se dio la vuelta se encontró de cara con Zack, el cual le pellizcó la mejilla y le plantó dos besos. Ante tantas muestras de cariño cada vez se ruborizaba más aunque no se notara casi nada.

Cuando le entregó su regalo se quedó sin palabras. Aquella hada era preciosa, además de que la había cogido de tal forma que se había quedado mirando hacia ella directamente. Aquella sonrisa del hada hizo que en su cara la suya se hiciera ligeramente más grande. La agitó para ver que ocurría y observó los cientos de lucecitas que rodeaban a la pequeña figura. Cuando alzó la cabeza para darle las gracias se quedó con la palabra en la boca, debido a que Zack se había tenido que ir para atender al resto de invitados. Guardó la figura en la cajita y en la bolsa que le había entregado.

Entonces vio a aquel chico algo regordete, pero que parecía muy amigable dirigirse a Dania y a Ericca. Pensó que lo mejor sería apartarse para que pudieran conversar tranquilos. Dirigió su vista por un momento al bosque y le pareció ver una figura familiar, pero de repente un chico se puso en su cono de visión y sin previo aviso le soltó dos besos y empezó a estirar de las orejas a Dania y a ella. No entendía lo que pasaba, pero entre risas le dijo:

- ¿Pero que pasa? ¿Que te hemos hecho? – Cuando paró esa “tortura” aún entre risas y llevándose la mano a la oreja. – Ya puedes tener una buena explicación.

Entonces el chico les entregó un geranio con una divertida cinta atada. Ante el regalo no pudo evitar soltar una carcajada. Pero el daño seguía hecho.

- Vale, acepto esto como disculpa, pero aún me debes esa explicación.

Entonces apareció otra chica que le dio dos besos a Dania y un gran abrazo a ella. Su cara se estaba empezando a poner algo colorada por momentos. Al decir que era de Drako y suyo cayó el la cuenta de quien era. La había visto varias veces cogida del brazo de Drako, que de lo único que le conocía era de haberle visto en un par de clases y en su primer día en la academia.

Lo abrió y al ver que era un perfume se pulverizó un poco en la muñeca para ver cual era su aroma sobre la piel. El fresco aroma a melocotón le sentó de maravilla en un día tan bueno, por lo que se aplicó otro par de dosis, una a cada lado del cuello. El segundo regalo le dibujo una amplia sonrisa (¿acaso tenía de otro tipo aquel día?).

- Es genial. Me encanta.

Tras aquello no pudo evitar volver su vista hacia aquellos árboles en los que le había parecido ver algo. Guardó los regalos asegurándose de que unos no estropeaban a los otros y se dirigió hacia donde estaba la figura. Se sorprendió muchísimo al ver que se trataba de Raiden entre los árboles. Parecía muy serio, demasiado como para haber venido a una fiesta.

- ¡Hola! Me alegro de que hayas venido. – El chico aún parecía demasiado serio. Se le ocurrió agarrarle de un brazo para “arrastrarlo” a la fiesta. – Venga hombre, que no hay material tóxico ni inflamable. – Cuando estaba a punto de sacarle el cuerpo entero de la oscuridad de los árboles le apartó la mano. “Demasiado rudo” ; pensó ella con gesto desconcertado. - ¿Qué ocurre, Raiden?

Zack Evans - July 5, 2010 01:54 PM (GMT)
-¿Sabes que eres el mejor? ¿Y que te quiero con locura? ¿Y que tienes unos ojos increibles? ¿Y que tus labios son perfectos? ¿Y que te adoro de arriba a abajo?

- Que va, yo solo quiero hacerte feliz, hacerte reír, y darte mi corazón para ti sólita. Pero no soy nada perfecto

Contestó a las bonitas palabras de la chica antes de sentarse a comer.

Parte de la comida se la había encargado a Raiden, quitando los típicos gusanitos y demás galgerias que se solían poner como aperitivo.

Observó todo lo que le habían regalado sus amigos y una vez mas se puso contento al ver la sonrisa perlada de su chica brillar con los rayos del sol. Eso para Zack era perfecto y lo único que necesitaba para poder estar bien cada día.

La flor y el colgante que ya tenia puesto le provocaron un "glup" en su garganta. Se sabia de sobra que ese colgante era algo que Zack no se podría permitirle regalar a no ser que regalara su granja o se cortara un brazo. Se quedó un poco congelado al verlo, pues su regalo no era mejor que ese.

Aparto la mirada y pinchó un poco de ensalada para llevarle una "cucharada" a la boca a la rusa. Cuando esta se la comió, colocó su mano en su rostro y con el dedo gordo acarició sus labios.

- Quién me iba a decir a mi que los cuentos de hadas eran reales. Me alegro de haber tenido la suerte de encontrar a alguien como tu en esta vida.

Una vez mas las típicas palabras que todo el mundo calificaría como "moñas" que el granjero solía expresar. Pero son palabras que no podía guardar ante un corazón que palpitaba cada segundo por esa chica.

El chico comió, siempre sin apartar sus ojos de su chica y sin poder evitar pensar en quien le podría haber regalado ese colgante. No es que estuviese celoso, ni mucho menos, si no que se sentía mal por no poder regalarle cosas así a su chica.

La intervención de Drako le sacó de sus pensamientos y el granjero comenzó a quitarse sus zapatillas.

- Ahora vengo, voy a pegarme un chapuzón. Por cierto, no se si te lo he dicho alguna vez, pero te amo.

Zack se levantó y salió como alma que lleva al diablo hacia Drako. Por el camino se quitó su camiseta y la dejó a escasos metros de la orilla del lago.

- Vamos dragoncito, el ultimo en mojarse es un lagarto.

Finalmente se lanzó al agua de bomba para salpicarle a Drako en plan broma.

Dania Ivanov - July 5, 2010 03:31 PM (GMT)
- Que va, yo solo quiero hacerte feliz, hacerte reír, y darte mi corazón para ti sólita. Pero no soy nada perfecto.

Dania le tapó la boca para que no dijera lo de que no era perfecto, le molestaba que él pudiera decirle todas esas cosas y que él siempre tuviera que ser modesto. No. Así que, mientras le tapaba la boca con una sonrisa el la boca dijo.

-Tu a callar. Si yo digo que eres perfecto, es que eres perfecto. -Entonces quitó su mano de la boca de Zack para besarle, entrelazó sus brazos tras el cuello de Zack para que no se soltara y tras unos segundos se separó con las mejillas coloradas. -Lo que decía... eres perfecto.

Y entonces se alejó de él, sin darle tiempo a que le respondiera una de sus frases modestas, y se puso a servir comida a la gente. Una vez que lo hizo, se sentó junto a Zack en uno de los mateles y se acurrucó en su hombro.

Vio como su chico pinchaba un poco de ensalada y le hacía comérsela. Dania lo aceptó y sonrió. Zack era un cielo. La caricia del dedo del joven sobre sus labios le produjo un escalofrío. Era todo tan precioso. Además, le gustaba que Zack no intentara esconder lo que sentía, seguramente muchos le calificarían de cursi, pero estaba segura de que el 100% de las chicas allí presentes se morían de ganas por que les trataran así.

Dania colocó su mano en la rodilla de Zack y comenzó a dibujar circulitos con sus dedos distraidamente, mientras que hablaban de cosas de gente de esa edad y disfrutaban de la comida y de los rayos del sol. Dania tenía un poco calor, en parte producido por su novio, pero aún no le paetecía bañarse. Conocía de sobra su cuerpo, muy delgado y con una gran cicatriz en la espalda de una de las palizas que le dieron en su otra vida, a la altura de los riñones. Quería evitar preguntas, pero sabía que iba a bañarse, así que, mientras que hablaban, pensó en una excusa por si preguntaba. Sería una cicatriz de una operación de la espalda.

Entonces Dania escuchó a Drako, le apetecía ir corriendo e intentar capuzarlo, pero decidió esperar un poco. Zack, sin embargo, comenzó a quitarse las zapatillas para ir al agua.

- Ahora vengo, voy a pegarme un chapuzón. Por cierto, no se si te lo he dicho alguna vez, pero te amo.

-Creo que no me lo habías dicho nunca... -Bromeó Dania. -Así que yo también tendré que confesarme, te amo. -Dania sonrió y se despidió de su chico con un beso.

Vio a Zack corriendo hacia el agua, y cuando se quitó la camiseta, le dio de nuevo calor y apartó la mirada, como cortada por si la veían los que seguían sentados con ella. SIguió allí un rato, hablando con ellos, y desspués dijo.

-Voy a darme un baño, ¿quien viene? -Dania se levantó y se acercó a la orilla del lago despacio, una vez allí, se quitó las chanclas y el vestido, y sin dar mucho tiempo, se metió allí, así evitaría que los ojos se fijaran en su cicatriz.

Se acercó nadando donde Zack y Drako estaban sigilosamente, sin que Zack lo viera, ya que estaba de espaldas. Y una vez allí, posó sus manos sobre los fuertes hombros del chico y le hundió con una risa. Miró a Drako.

-Tu no vayas muy lejos. -Y dio una brazada para alcanzar a Drako e intentar capuzarlo. Su piel era aspera, era muy raro tocarle, pero le gustaba esa sensación de extrañeza. Sabía que había empezado una guerra en la que estaba segura de que iba a perder, pero le gustaban los juegos en el agua. Una vez que había atacado a Drako, nadó rápidamente detrás de Zack, como si él pudiera salvarle, aunque sabía y quería que los dos fueran a por ella y la capuzaran. Miró a los dos retándolos.

-Venga, nenazas, seguro que ni los dos a la vez podéis conmigo. -Y moviendo sus pies en el agua, comenzó a alejarse de ellos con una sonrisa maliciosa.

Ericca Brown - July 6, 2010 06:09 PM (GMT)
La cara que se le quedó a la pobre Dania cuando vio la tarjeta y el collar fue para grabarla. Sonrió poniéndose colorada.

–Ah, sí, es un antiguo alumno de mi madre.

El clásico amigo de la familia. Aunque aquel favor no era común en la relación que los dos teníamos, peor yo estaba dispuesta a guardarle el secreto. Aunque, de todas formas, creo que mi madre estaba más que enterada de las andanzas de Ellery.

–Supongo que a él le gustaría habértelo entregado en persona, pero no ha podido venir.

“No ha podido venir” no era correcto. Más bien no le había parecido oportuno asistir a una fiesta llena de adolescentes y organizada por su novio a cortejarla. –Porque esa era la palabra. Un collar, una tarjeta manuscrita, y sobre todo la flor, merecían ese término–. A mi me parecía lógico, y esperaba que Dania también lo viese así.

–Bueno, sí, observadora sí soy –lo dije cargada de intención, cómo para querer decir que sabía muchas cosas–. Y no te preocupes, me encantan las fiestas.

Me encantó la sonrisa de Sam al darle el regalo. Esa chica siempre rebosaba alegría y sabía como hacerla contagiosa. La ayudé a ponerse el colgante.

–Te queda precioso.

Después de saludar a Zack, sentí que una voz conocida susurraba a mi espalda. Me di la vuelta y vi unos ojos bajo una mata de pelo rizado que me animaron bastante.

–¡Bradley! –le di un abrazo Muchas gracias. Te sentaba muy bien ese sombrero –dije mirando a Dania–. Una lástima.

Me alejé con él. Sabía que sólo con él podía conseguir que, a pesar de todo lo que estaba pasando en la Academia, del intento de suicidio de Shade, de todo, pudiéramos lograr seguir adelante, viviendo, riendo, celebrando.

–Don't worry be happy –dijo como si me leyera la mente.

Le miré. No pude evitar darle otro abrazo. Mientras estaba apoyada en su hombro pasaron por mi cabeza mil cosas que decirle.

<<Siento haberte dejado tirado en el baile, siento no haberte escuchado lo suficiente, siento haberte hecho daño de cualquier modo. Eres mi mejor y único amigo>>

En lugar de eso, tragué saliva, y me separé de él.

–Por supuesto.

Ashley Cullen - July 6, 2010 10:53 PM (GMT)
Aunque no se movía mucho, andaba entre la gente con un vaso de bebida en la mano. De vez en cuando le daba un trago, por que allí hacía un calor de morirse. Parecía contenta, pero en realidad sólo lo estaba en parte. La velocidad le alegraba, le hacía libre por un momento, aunque sólo fuera por segundos. Pero algo era.

Ella y su forma de escuchar a lo lejos, gracias a su oído finísimo. Escuchó como Samantha y otra chica hablaban y, esa que Ashley no conocía apenas, le regalaba algo. Quizás era su cumpleaños también. A Samantha sí la conocía, así que estaba dispuesta a felicitarla, y así de paso, hablaba con ella, que llevaba bastante tiempo sin hacerlo. Mientras que esperaba a que la chica rubia terminara su conversación con las otras personas que andaban a su alrededor, Ashley aprovechaba para coger algo de comida. Tenía hambre, pero sólo por que le rugían las tripas.

Llevaba un día sin comer. Y ya era hora de hacerlo.

Un sandwich de pavo con queso le pareció la mejor opción. Mientras que comía, sacó su móvil del bolsillo de sus pantalones negros y miró la hora. Era muy pronto todavía.

Ashley tenía una manía. Primero se comía lo blanco del sandwich, y después la corteza, la cual dejaba entre sus manos hasta que se terminaba lo demás. Buscando a Samantha, se dió la vuelta rápido y observó que ya había terminado con sus otros amigos, y se dirigía hacia un matojo de maleza. Qué raro.

Ash llevaba sólo la corteza de su sandwich en la mano mientras que andaba hacia Samantha, intentando alcanzarla con una sonrisa en la boca. No quería que nadie se preocupara por su estado después de lo de Raiden. No alcanzaba a la rubia, así que aceleró el paso. De repente Samantha se paró en seco, y Ashley detrás de ella.

- Ey, Samantha, me acabo de enterar de que es tu cumpleaños. Felici... - Sus palabras se cortaron, ya que Sam hablaba hacia la maleza.

- ¡Hola! Me alegro de que hayas venido.

- Pero... Samantha, ¿Con quién hab...

Las cortezas del sandwich se cayeron de repente. Se escurrieron entre sus manos como el viento, o el agua.

- ¿Qué ocurre, Raiden?.- Dijo Samantha con su dulce voz.

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El nombre de Raiden resonó en mi cabeza como si alguien lo golpeara con una campana. No me podía creer que tuviera que volver a verlo. Si hubiera sabido que estaba ahí detrás, desde luego que no hubiera acudido. El origen de mi sufrimiento se mostraba ante mí.

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Ashley yacía de pie, rígida, con las pupilas desorbitadas y casi invisibles. Blanca como las nubes en un día soleado, y con un sudor frío recorriendo su cuerpo de cabo a rabo. Raiden estaba ante ella, después de mucho tiempo sin verle, y cuando mas soportable se volvía el dolor, apareció.

Samantha la miraba con una cara de extrañeza. Ashley no se podía mover, pero su cuerpo, por dentro, pedía a gritos que se moviera de allí, que se fuera lejos de él. De él y su dolor. Y su personalidad pétrea. Por fin, los labios de la muchacha se movieron temblorosos, hasta que pudieron articular algunas palabras.

- Me voy.

Empezó a andar hacia atrás, y después, se dió la vuelta lentamente para andar hacia delante. Fue lentamente hacia Dania, y le dijo con la cara aún descompuesta por el hecho de haberse encontrado con Raiden:

- Perdona, Dania, me tengo que ir... No me encuentro bien. Pásalo en grande, y dile a Zack que lo ha hecho perfecto. Adiós.

Iba acelerando el paso hacia su moto. Parecía que alguien venía detrás de ella, como para intentar pararla, pero ella no quería hacer un stop. Quería irse y olvidar lo que acababa de ver.

Se montó en la moto, cogió el casco entre sus manos y lo miró fijamente. Sabía lo que iba a hacer. De repente su cuerpo no respondía, no hacía por ponerse el casco, encajar la llave y irse por ahí con su nueva moto. Se quedó sentada encima de ella, esperando a que su cuerpo respondiera y se dejara llevar por la fuerza de la velocidad.

Raiden - July 7, 2010 12:00 AM (GMT)
Cada vez mas y mas gente aparecía, pero Sam no se enteraba de mi presencia. Quizás si Ashley no estuviera allí incluso hubiese salido a llamarla, pero no quería causarle mas dolor del que ya de por si le había causado.

Apareció un tipo en silla de ruedas y Drako con su miniemo de turno.

"¿Por qué perdemos el tiempo?"

- Porque me sale de las pelotas.

Una vez mas mis estúpidos pensamientos clavándome sus agujas. Si pensaba que no tenia ganas de largarme y mandar a la mierda todo estaba apañado.

Por fin pareció que Sam se dio cuenta de mi presencia, después de una larga hora esperando. Me quité los auriculares de mis oídos y los guardé en mi bolsillo. Cuando la chica me vio no pude evitar alegrarme por un segundo de lo bien que lo parecía estar pasando, pero no es que mi rostro mostrase mucho cariño en estos momentos.

Cuando la chica me agarró para llevarme hacia el picnic aparté mi mano con facilidad y la detuve en seco. Antes de que pudiera articular palabra mi cuerpo se congeló en un instante tras encontrarme con el rostro de Ash.

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¿Por qué me castigas señor de este modo? ¿Por qué no me dejas evitarle el dolor a las personas?
Su rostro, tan bello, tan precioso... era como un abismo de afiladas cuchillas cortando mi cuerpo. El daño que le causaba me golpeaba con fuerza. El dolor de sus ojos me impedia mirarle a la cara, pues sabia el daño que le hacia.

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Y antes de poder decir algo, se fue, dejando un "Me voy" como despedida. Yo, con la palma de mi mano cubriendo mi rostro maldecía el echo de que mi estupido ser tuviera razón.

"Te dije que no tendríamos que haber venido"

- ¿Que pasa Raiden?

- Parece que está cabreada.- Dije viendo como se alejaba.- Feliz cumpleaños Sam. Solo venia a darte mi regalo.(Son los cuadraditos que sujetan las coletas de la chica, una especie de coletero chino.)

Saqué el paquete y se lo di. Después de que lo cogiera me giré sin despedirme y seguí el mismo camino que había usado para venir. Pero algo me detuvo, no se el qué.

"No seas victima de un recuerdo"

"Madre, ¿que puedo hacer para dejar de hacer daño a la gente?"

"Recuerda quien eres y no dejes que la oscuridad nuble tu ser"

Suficiente para salir corriendo detrás de Ashley. Y así hice, pasé por el medio de todos los invitados sin saludarlos si quiera y corrí detrás de ella, sin mirar atrás.

"Ella te necesita"

Vi como se ponía el casco, a duras penas y como su mano temblorosa buscaba arrancar la moto sin éxito. Vi como se detenía y como trataba de buscar fuerzas para hacerlo pero no podía.

- Quédate, no te vayas. Por favor, no.. no dejes que yo te cause daño, no sufras por mi... yo.. lo siento.

La miré a los ojos, tiernamente, buscando respuesta alguna en sus labios.

- Siento haber desaparecido... siento haberte dejado así... Por favor, vuelve a la fiesta y pásatelo bien.

Ahora es cuando yo mismo me odiaba por haberle dicho eso. No se podría divertir, no podría sonreír, por mi culpa.

- Yo... tiendo a hacer daño a las personas que me rodean... es mi sino... por eso me alejo de ti... para no hacerte daño. Por favor... no sufras mas por mi.

Poco podría conseguir, pero tampoco podría hacer mas hasta que no me sacase toda mi rabia de encima. No podría vivir tranquilo ni complacer a nadie, mientras sintiera a ese ser oscuro que me invadía por dentro, no podría.

Ashley Cullen - July 7, 2010 12:55 AM (GMT)
Mientras que agarraba el casco entre sus manos, impotente, fría como el hielo, notaba la presencia de Raiden a su lado, suplicándole que no se fuera. Ella, si su cuerpo se lo hubiera permitido, hubiera arrancado la moto y habría estado rondando por ahí, dando vueltas, sin un rumbo fijo.

Y deseando tiempo para pensar y despejarse.

No podía evitarlo. Habían pasado muchas cosas, cosas que le hubiera gustado que no pasaran nunca. Pero el destino quiso que las sufriera, y Ashley no encontraba razón para que el destino la desease tanto mal.

Casi pétrea, movió su rostro hacia Raiden, y con dolores punzantes en el pecho, le respondió entrecortada y llorando, sin levantar mucho la voz para que los del cumpleaños no se sintieran alarmados:

- No me gusta sufrir, Raiden. Pero no me dejas otra opción. El sufrimiento acude a mi cada noche dándome pesadillas para desayunar, comer y cenar. Pesadillas en las que desapareces para siempre, dejándome sola y esperando algo que quizás nunca llegue, nunca más. Más lo siento yo...

Su voz se rompía con cada palabra, y se convertía en una lágrima desterrada de sus ojos para tener su final en la camiseta. El casco seguía entre sus manos, esperando a que se posase en su cabeza. Pero algo no respondía. No le dejaba ponérselo. Quizá fueran las palabras de Raiden.

- Siento haber desaparecido... siento haberte dejado así... Por favor, vuelve a la fiesta y pásatelo bien.

Ashley seguía mirándolo fijamente, con las pupilas aún dilatadas, y confundida. Ya su cuerpo salió del frío que la congelaba. Puso el caballete de nuevo a su moto, dejó el casco sobre ella y cogió a Raiden de una manga para arrastrarlo a un sitio fuera de las miradas de los invitados al cumpleaños. Se puso frente a él, aún pasmada, fría... Triste.

- Raiden... Pides imposibles. ¿De verdad crees que puedo llegar a pasármelo bien? Estás equivocado. Toda mi felicidad y ganas de hacer algo se han ido junto con tu presencia. He perdido casi cinco kilos desde que no estás, ya que mi apetito no aparece. Tengo pesadillas, no duermo apenas y tapo mis ojeras con maquillaje. ¿De verdad crees que tengo ganas de vivir? Sin tí NADA es lo mismo. Y lléndote de esa manera no consigues que sea mejor.

Se secó una lágrima con la muñeca, mientras que miraba hacia el suelo. Su interior se derrumbaba ante el hecho de tenerlo delante, pero no tenerlo como lo tenía antes. Ahora no estaba su dulzura, ni sus abrazos tan cálidos, ni su cuerpo, ni sus bellas palabras. Ahora andaba casi desaparecido y esa era la primera vez que le veía después de romper. Al menos ya tenía noticias sobre él, pero no en las circunstancias que ella habría querido. Raiden habló, dolorido:

- Yo... tiendo a hacer daño a las personas que me rodean... es mi sino... por eso me alejo de ti... para no hacerte daño. Por favor... no sufras mas por mi.

Ashley levantó la cabeza para mirarle seriamente a los ojos, pero sólo conseguia transmitir tristeza inconscientemente:

- Raiden... Entiéndeme de una puta vez. Me tiraría al lago con una piedra atada a los pies si así consiguiera estar contigo. Haría imposibles por que volvieras y pudiera sentir de nuevo tus abrazos. Me haces más daño desapareciendo de repente como has hecho, volcando mi vida hacia un vórtice del cual no sé salir. Rompiendo TODO lo que hemos pasado juntos de repente y dejándome sólo con recuerdos y atisbos de tu presencia. Sufro más que nadie. Y ahora mismo lo que más deseo es desaparecer de la faz de la tierra, porque creo que me merezco descanso.

Sus palabras salían de su boca a modo de oleadas de rabia, dolor, pero también tristeza, reproches y melancolía. Cada noche, en su habitación, mientras dormía, los recuerdos que tenía con Raiden aparecían, haciéndola feliz durante la noche, pero deprimida, triste y miserable por el día, ya que veía que eso ya no estaba, y que ya no existía.

Echó a andar hacia la moto, aunque algo dentro de ella gritaba sordamente a Raiden para que parara sus pasos, o podían provocar algo inevitable.

Ebony Beresford - July 12, 2010 04:25 PM (GMT)
Desde que la discoteca Richelieu se derrumbó, enterrando a Summer bajo los escombros, la vida de Ebony se había convertido en una terrible espiral.

Había rechazado la idea de sus padres de pasar un tiempo en su casa, e incluso había asistido a cada clase, sin faltar. Andaba por los pasillos como un muerto viviente, de la clase a la habitación y de la habitación a clase, y procuraba distraerse leyendo, o a veces se quedaba simplemente escuchando música con la mirada perdida hacia el laberinto. No había vuelto a ser la misma desde que le dijeron que su amiga Summer no iba a volver.

Los días la habían ido endureciendo, y conforme iba asumiendo que aquella tragedia era real, más iba creciendo en su cabeza una idea: Era el momento de tomar partido, de hacer algo, de empezar a moverse y decidir una situación en su vida.

Estaba harta de seguir pensando que eso era un futuro lejano, y una cosa sí tenía clara: no se iba a dejar matar.

Aquel día, en toda la habitación –por suerte vacía a excepción de ella misma– resonaba I Love Rock and Roll por los altavoces de su portátil.

Se había hecho más fuerte. Al principio estaba destrozada, pero con el paso del tiempo, hacía unos días que había encrudecido su carácter, casi ni hablaba, pero empezaba a salir más, a tener una apariencia más dura y también más adulta. Cualquiera que no la hubiese conocido antes del momento en que empezó a cambiar pensaría que no le había pasado nada. Y es que había almacenado el dolor en su interior como el más tóxico de los venenos.

La muchacha cantaba con una voz grave y dura la que había sido una de sus canciones favoritas mientras pintaba sus labios de color carmín en el espejo. Su cabello, ahora mucho más negro y liso caía por sus hombros sobre su vestido negro con remaches.

Iba a una fiesta. Y no es que hubiese superado precisamente lo de Summer, pero últimamente todo lo que supusiese no pensar (así fuera desde cumpleaños inocentes hasta juergas perjudiciales) era bastante para ella, así que había aceptado la propuesta de Markos aunque con cierta reticencia, no le apetecía ver a todo el mundo feliz a su alrededor mientras su amiga estaba muerta.

Llevaba mucho tiempo así, cada vez que algo la podría hacer reír, una parte de ella le recordaba que Summer estaba muerta.

–I love rock n' roll
So put another dime in the jukebox, baby
I love rock n' roll
So come an' take your time an' dance with me –cantaba mientras se ponía las sandalias.


Alguien golpeó tímidamente la puerta.

–Ho - Ho - Hola, estáaaas pre preciosa –Markos, con su bañador hawaiano, le esperaba con una rosa en la mano.

–Es preciosa, gracias –dijo la sudafricana armándose de valor para lograr una casi imperceptible sonrisa cortés.

Se montó con él en el coche y no habló durante todo el trayecto, apenas sí contestaba a los comentarios del muchacho con un tono monocorde.

Cuando llegaron al lago, Ebony se limitó a quedarse detrás –a pesar de que alguna gente que ya la había visto antes la miraban pasar sorprendidos por verla de nuevo y por el enorme cambio–. No gritó sorpresa, no se acercó a las cumpleañeras, no trajo ningún regalo. Solo felicitó a Dania cuando la vio pasar por delante de ella, a lo que la rubia respondió dulcemente.

Después llegaron Betty y Drako –a este último no lo miró con el deseo con el que lo miraba habitualmente, en parte por Betty, en parte porque no tenía ganas de nada–. De nuevo ese intento de sonrisa cuando Betty le dio un beso en la mejilla.

Negó con la cabeza cuando Drako dijo lo de bañarse. Su mirada se perdió en algún punto del agua del lago. No le parecía tan buena idea haber acudido a esa fiesta.

Raiden - July 14, 2010 03:54 PM (GMT)
Si mirada... convertía cada latido de mi corazón en un mar de horrores.

"Esta cabreada..."

"Mucho".

"No es justo, yo solo quería alejarla de mis problemas.

"Sabes que no podemos alejarla del todo, mientras sienta algo por nosotros."

No quería hacer daño a la mujer que había logrado descifrar mis sentimientos, solo me quedaban dos opciones, dejarla o pedirle que luchara por mi. Era difícil de comprender, el por qué queriéndola no podría estar con ella, pero había causado mucho daño al mundo y no quería que ella desapareciera.

- No.. no voy a desaparecer de tu lado... solo necesito tiempo para comprender. Ash... he causado mucho daño a la gente, acabando con la vida de una de los nuestros. Temo que me descontrole y pueda herirte o algo peor.

Me alejó de la fiesta, para hablar mas tranquilos, pero sabia que la situación no iría a mejor.

"Déjala, solo nos distrae. Debemos hacernos fuertes y eliminar todo resquicio de humanidad de nuestro corazón. Solo así lograremos vencer a nuestros enemigos."

No comía, lo cierto es que mirándola bien estaba mas delgada de lo normal. Podía ver sus ojeras a pesar del maquillaje y sus ojos... me mataba verlos llorar.

"Escúchame, no te preocupes por ella. Se le pasará y encontrará a alguien que pueda hacerla feliz."

No lo pude evitar, mi mano cogió la iniciativa por si sola y acarició su rostro. Acerqué ambas manos a su rostro y besé su frente, mientras las lagrimas se secaban en el cuero de mis guantes.

- Escúchame. Yo jamas te dejaré, jamas permitiré que lo que hemos pasado juntos solo sea un recuerdo. Esto no es adiós, solo un hasta luego, te lo dije recuerdalo.- La abracé y apoyé su cabeza en mi hombro izquierdo.- Yo solo necesitaba pensar, necesitaba comprender en el por qué siempre hago daño a los demás, pero me he dado cuenta de que todo se hace mas pesado sin ti.

La agarré de la mano derecha y la coloqué en mi corazón, la otra mano la coloqué en el suyo.

- ¿Lo sientes? Mi corazón sigue latiendo por ti desde el primer momento. No he dejado de quererte una pizca y sigo queriendo disfrutar mi vida a tu lado. Pero para ello debemos luchar, para así lograr nuestros sueños.- Sonreí un poco y le guiñé un ojo.- Si no quieres separarte de mi, lucha, lucha por mi, porque yo ya lo estoy haciendo.

No sabia si entendería lo que le quería explicar, pero era algo muy simple. No podríamos ser completamente felices hasta que mis enemigos dejaran de perseguirme. No quería volver a perder a un ser querido y pensaba luchar para evitarlo.

"Estupido, así solo lograras que sufra si te pierde".

"Por ello luchare para que no lo haga."

Dimitri - July 14, 2010 05:54 PM (GMT)
Con pasos lentos y pesados, cabizbajo y con una mueca amarga en el rostro, Dimitri se aproximó a las inmediaciones de la fiesta que habían organizado para celebrar el cumpleaños de la Reina del Baile. Se quedo lo suficiente lejos para poder distinguir a la gente desde la orilla, sin tener demasiadas ganas de que lo vieran a él.
No tenía muy claro que carajo hacía allí.

En un principio, había acudido para desconectar las pocas neuronas que tenía y regalarse la vista con los cuerpos de Drako y Zack, aunque ni siquiera eso lo estaba animado demasiado. No tenía la menor intención de socializarse a pesar de que seguramente fuese lo que más le convenía en ese momento. Llevaba una temporada con la cabeza turbada, no prestaba atención a lo que pasaba a su alrededor olvidando lo que acababa de hacer o decir; llegando a sorprenderse de estar en un sitio sin saber cómo había llegado.

Se le estaba yendo la cabeza como cuando se colocaba… quedándose envuelto en cierta sensación de irrealidad. Y estaba sólo. O así lo creía él.
Dejó caer el peso de su cuerpo sobre la orilla y se desató los zapatos quitándoselos estos y los calcetines para sumergir los pies en la fresca agua. A los genes de su madre no les gustaba el calor, sabía que la temperatura también le afectaba, no dejándole descansar bien las pocas horas que dormía.
Se sacó del bolsillo trasero, un cigarro arrugado y el zipo. En lugar de bañador se había hecho con unos vaqueros que algún criajo finolis y pijo había desechado por viejos y rotos. Él sólo tuvo que cortarlos por debajo de la rodilla para darles su visto bueno y aprovecharlos. A juego llevaba una camiseta de tirantes negra muy usada que a la altura del riñón tenía un agujero considerable; su hermana le decía que esa camiseta ya era más agujero que ropa, pero para él era su favorita.

”Será porque yo también soy un puto desecho para la gente… por eso me gusta.”
Pensó para sí.

Desde la noche del baile, o más concretamente, desde que se enterara días después, del intento de suicidio de Shade, las cosas habían ido de mal en peor. Provocando que su estado de ánimo se volviera más amargo y taimado.
Volvió la mirada hacia sus supuestos compañeros… una mirada que apenas contenía un apice de ironía.

”Idiotas.”

La confianza que germinó tiempo atrás se marchitó al sentirse abandonado por Shade tratando de quitarse la vida.
”Puta.”

No comprendía a qué venía eso, que cojones se le pasaba por la cabeza aquella noche. Y mucho menos, porque no le dijo nada. Sentía que lo había usado como a un idiota.
”Zorra.”

Drako estaba en su mundo… a parte de ir zombi, casi siempre estaba acompañado de una molesta medio metro con pinta de cursi y pocas tetas. Algo contra lo que no podía competir. Estaba raro y ausente.
”¿Quién coño lo necesita?”

Buscó sin éxito al británico entre la gente. Ya suponía que no estaría. No era su estilo y no iba a rebajarse tanto como él de acudir porque le apetecía pegar un polvo. Media sonrisa se dibujó un instante en su cara. Mark era un tipo curioso. Su orgullo y su porte no tenían nada que ver con Dimitri, incluso ese rubio lo hacía sentir una mierda cuando se paraba a compararse.

Le quedaba Declan… pero al pensar en él en seguida lo desechó. El español lo estaba tratando (mejor dicho, lo estaba evitando) con aspereza, hablando lo menos posible con él y guardando distancias.
No podía tratarlo del mismo modo después de lo que sucedió en la discoteca, no podía ser el mismo con él después de lo que le hizo su madre.
Cruzó los brazos sobre las rodillas y apoyo la cabeza. Sentía miedo, para que negarlo. Había sido una experiencia horrible permanecer inútil de aquel modo en el hospital. La odiaba, era el principal motivo, unido al abandono de Shade, para que se estuviese planteando huir de aquella institución, desaparecer del mapa. El problema era no tener donde caerse muerto.
Cada minuto que pasaba por aquellos pasillos, más agobiado se sentía. En cualquier momento podía volver a encontrársela… le aterraba que al verla, volviese a tener aquellos extraños ojos muertos y blanquecinos. Lo responsabilizó de la suerte de Declan aquella noche, como si le echara en cara la mala influencia que estaba ejerciendo con su hijo… y él empezaba a creerlo.
”Soy veneno...”

De no haber tenido suerte de sobrevivir al balazo, estaba seguro que aquella mujer lo hubiese matado, o algo peor…

Pero no podía decírselo a Declan. No podía decirle que su madre, la que lo recogió de las calles y lo cuidó, era una maldita loca psicópata.
Él mismo era adoptado… su verdadera madre nunca había sido lo suficientemente fuerte como para protegerlos a él y su hermana de aquel modo. Lo más probable es que tampoco los hubiese querido tanto como para eso.
Su segunda madre… simplemente, no podía entenderlo. Tanto Ernesto como Yaiza eran dos ONGs de buenas intenciones y cariño. Estaba seguro que se lo hubiesen dado a cualquiera que lo necesitara. Querían de ese modo. Y por ello, Dimitri los quería a la vez que los rechazaba.

Lanzó la colilla al agua y se encendió otro, haciendo una pausa en sus pensamientos mientras sentía un ligero hormigueo por la pierna. La primera calada pareció más un suspiro.

Rosse… Rosse le recordaba a sus nuevos padres, con la diferencia que cuando hacía falta se mostraba firme y ponía los puntos sobre las íes. Recordarla le hizo sonreír, al igual que con Mark.
- Lástima que seas una mentirosa.
Dijo con voz queda a sabiendas que no era verdad y que ella estaba poniendo todo lo posible por su parte para mantener a raya la mutación del chico. Lamentablemente, McCann le mostró que ya no se trataba de un ojo hinchado o unos vómitos. Sus poderes se habían descontrolado escapándose de sus manos (aunque sabía demasiado bien que nunca tuvo control ninguno).

Se reclinó hacia atrás apoyándose con los codos. Por algún motivo tenía la sensación de que su padre, el verdadero, el borracho, el que le dio sus genes, sus ojos… le había dicho alguna vez que era un fracasado y terminaría por estropear todo lo que se le acercara, quedándose sólo.

”Cuanta razón tenía el maldito hijo de puta.”
Sentía rabia al admitir aquello. Odiaba en lo que se estaba convirtiendo. Odiaba a Shade, McCann y el resto de gente. Tan sólo quería alejarse de todo el mundo para…
Unos molestos espasmos rompieron con el hilo de sus pensamientos. El hormigueo que antes podía ignorar con facilidad se había convertido en un evidente temblor en su pierna izquierda. Se aferró el muslo con ambas manos, presionando con fuerza. No era la primera vez que le ocurría. Su propio pie lo salpicaba al chapotear en el agua. Presionó más y la golpeó como si de un televisor estropeado se tratara. Finalmente imprimió la punta de su cigarro en la pantorrilla, aguantando el dolor con un quejido y sintiendo como su pierna se tensaba en un acto reflejo, tratando de alejarse del dolor.

Ya no temblaba…

Mojó la herida volviendo a llevarse el cigarro a la boca. Era algo relativamente nuevo, pero fácilmente atribuible a los efectos secundarios de que un edificio en llamas se te venga encima… no quería darle más vueltas ni acudir a Rosse por ello. Ya tenía bastantes problemas para que le dijeran que tenía un tumor o cualquier historia.
Mucho menos le tranquilizaba la posibilidad que la profesora le hubiese “hecho o dejado algo” dentro de su cabeza a modo de recordatorio de lo que había pasado. La creía perfectamente capaz.

Suspiró cansado, necesitaba una pequeña (gran) sesión de autodestrucción. Necesitaba meterse un chutazo que le hiciera olvidar lo demás. Necesitaba beber hasta no saber como se llamaba y perder el sentido. Necesitaba un polvo salvaje para que lo quisieran aunque tan sólo fuera por un momento y por tener un agujero en el culo.

Dimitri estaba harto.

Hiperión - July 15, 2010 12:30 AM (GMT)
Aquel cuerpo desnudo llevaba horas bajo el abrasador sol, tal vez un día entero. El astro rey había enrojecido la morena y dura piel de sus hombros, rostro, espalda y cuello hasta levantarle ampollas, pero él ya no era consciente de ello.

Su enorme cuerpo estaba lleno de contusiones, arañazos y hematomas. El rostro, hinchado y amoratado, desfigurado por varios golpes, lucía sangre seca bajo la nariz, en los labios y en la ceja del ojo derecho.

Estaba tendido entre unos arbustos, con las enormes piedras clavándose en su espalda y sumergido en el agua hasta la cadera. Por la posición en la que se encontraba parecía haber caído rodando, golpeándose en cada risco, desde lo alto del pequeño acantilado que coronaba el lago.

Los enormes y salvajes juncos que crecían en aquella orilla, bajo y entre las piedras, lo habían mantenido oculto, a pesar de su enorme tamaño, de las miradas indiscretas de los jóvenes que habían llegado allí con la intención de divertirse.

Pero las piedras crujían bajo su enorme peso y las ramas que lo sostenían cedían.

Tampoco se podía saber cuanto tiempo llevaba inconsciente.

Las olas y pequeños remolinos que los adolescentes con sus juegos estaban levantando hicieron alzarse el nivel del agua por encima de la marca que el sol se había encargado de grabar en él. El contraste frío contra la hirviente y abrasada piel lo despertó parcialmente de la inconsciencia, arrancándole un quedo gemido.

Al final, las ramas y rocas cedieron bajo su peso. El cuerpo se golpeó y arrastró durante apenas otro metro y medio antes de caer completamente al agua con una sonora salpicadura.

Ni siquiera eso lo hizo despertar.

off: perdonad que sea tan corto. Hasta que no apse nada mas no hay mucho que decir.

Dimitri - July 16, 2010 01:54 PM (GMT)
El sonido del cuerpo de Hiperión al caer en el agua hizo que se pusiera alerta, se creía sólo en ese rincón del lago y al escuchar eso, creyó que algún compañero de la academia en realidad había llegado nadando hasta allí. Oteó alrededor sin levantarse, estirando el cuello por si quedaba alguna posibilidad de no ser visto y descubrió un cuerpo flotando en el agua.

Al principio no procesó lo que estaba ocurriendo, más preocupado en levantarse e irse por donde había venido, pero al no verlo reaccionar empezó a entender que era alguien con problemas.
- No me jodas… Se lo quedó mirando unos segundos antes de empezar a caminar hacia él dentro del agua… que se tratara de alguien que no conocía no le resultó sorprenderte dado su habitual forma de ser por la que ni solía reparar en la gente, ni era capaz de recordarla claramente.

A cada paso mayor era la certeza de que aquel tipo estaba en dificultades, empezó a correr con el agua por a la altura del muslo gritando a la gente de la fiesta, tratando de alarmarlos y que acudieran en su ayuda. No sabía si lo escucharían con todo el follón de la fiesta y la distancia.
Terminó por zambullirse en el agua y nadar a crol en su dirección. Por suerte se había desprendido de las zapatillas antes de eso para refrescarse, de lo contrario, no habría pensado en ello para nadar.

Le pareció que tardaba demasiado en llegar, que iba lento, pero esa sensación era fruto de la ansiedad.
Lo primero que hizo al llegar junto al cuerpo fue asegurarse de que no tragaba más agua, manteniendo la cabeza fuera del agua, boca arriba. Trataba de recordar la maldita serie de los vigilantes de la playa, en la que siempre parecía mucho más fácil de lo que estaba comprobando ahora.

El primer problema fue no darse cuenta desde la orilla que aquel tipo era bastante más grande que Dimitri y que sólo iba a tenerlo muy difícil para remolcarlo hasta tierra. Lo enganchó por un brazo con el propio y tiró del nadando a su lado. Ahora sí que se movía con una lentitud desesperante.

”Joder. Joder. Joder! Ya estoy volviendo a hacer el gilipollas, ¿Quién coño me manda a mí…?”

Un tirón en la pierna que momentos antes le temblara provocó que sin previo aviso se hundiera tragando agua y arrastrando al desconocido consigo. Sentía un dolor agudo desde la planta del pie hasta el trasero, seguramente a causa del esfuerzo físico repentino y sin calentar.
Varios segundos que se le antojaron eternos estuvo peleándose por salir de nuevo a flote. Desde el hospital y la discoteca, la sensación de ahogo o asfixia le horrorizaba siendo protagonista de sus, ahora, frecuentes pesadillas.

De haber tenido la mente clara, se hubiese deshecho de aquel peso muerto al que se aferraba como si fuese un tronco o un salvavidas, esperando que por algún motivo, flotara más que él.

Finalmente, a pesar de la pierna, consiguió hacerse con una pequeña bocanada de aire antes de volver a sumergirse y tirar del desconocido para subirlo. Estaba realmente asustado, sacando fuerzas de no sabía dónde y volviendo a repetir las estupideces que lo llevaron a tratar de salvarle la vida a Declan. La diferencia es que ahora estaba sólo y se estaba jugando el pellejo por alguien que no conocía. Más tarde lo recordaría y desearía darse de ostias a sí mismo por eso.

De momento, y gracias a la pequeña corriente del lago, se fue acercando a la orilla, unos metros en dirección a la maldita fiesta de cumpleaños que todos estaban celebrando.
Se le iluminó el cielo al descubrir que al coger aire e hincharse sus pulmones, ganaba algo de flotabilidad y tenía que esforzarse menos en que aquel peso muerto no se hundiera, por lo que trató de situarse a su espalda, imitando una vez más la serie de la tele.

Hacer pie ya fue una completa bendición que le permitió seguir llamando la atención de sus compañeros entre jadeos de cansancio y dolor mientras tiraba con ambas manos del ahogado, hasta llevarlo de malas maneras hasta tierra.
Hasta ese momento, actuó pensando que todavía respiraba o se podría salvar, pero era algo que desconocía por completo y no tenía la calma suficiente como para buscarle el pulso o comprobar su respiración.

Con el cuerpo desnudo tendido ante él, sólo se le ocurrió ejercer presión bajo su pecho con ambas manos en forma de una errónea forma de reanimación mientras se negaba a hacerle el boca a boca, pensado que lo intoxicaría sin remedio e igualmente moriría. El recuerdo del chico muerto era demasiado reciente para confiar en sus poderes.

- ¡Venga capullo! Has es el puto favor de respirar de una puta vez. ¡QUE VENGA ALGUIEN JODER!

Drako - July 21, 2010 05:14 PM (GMT)
- Vamos dragoncito, el ultimo en mojarse es un lagarto.

Graciosillo…

Zack se lanzó en bomba con intención de salpicarle, pero Drako ya no estaba allí... en su lugar corría por el bosque hacia una zona mejor desde donde lanzarse al agua. Un peñasco que se alzaba a su derecha, metido en las quietas aguas del lago.

Salió corriendo hacia la derecha. Corriendo por el bosque. Vestido solo con el bañador.

Tuvo un instante de... no sabría describirlo... ¿epifanía? Si Drako hubiera conocido esa palabra puede que la hubiera usado. Se recordaba corriendo por un bosque... ¿O creía recordarlo? Corría a oscuras, solo con la luz de la luna y su peculiar visión infrarroja, con apenas unos harapos humeantes encima del cuerpo. Corría aterrado, en parte, sí... jadeante, corría dándolo todo hasta su último aliento... pero sobre todo, corría libre.

Corría libre de las cadenas.

Llegó al lago, ante la piedra enorme que se cernía sobre las calmadas aguas, la trepó y subió por ella con agilidad y saltó con los brazos abiertos. Se zambulló sobre las cristalinas aguas cayendo de cabeza, sintiendo como el agua le envolvía y enfriaba. Le tonificaba los músculos. Le calmaba.

Se mantuvo ahí unos instantes. Bajo el agua. En la fría oscuridad, solo bañada por unos cuantos débiles rayos de luz. Se quedó abrazado así mismo, mientras dejaba escapar su aire convertido en una nube de burbujas. No había nada, no se oía nada, no se...

Una luz. Débil. Roja. Parpadeante. Un piloto perdido en la nada.

El chapuzón de Zack le hizo salir de su estado de letargo. Cambió la postura y con unas hábiles y resptilianas brazadas nadó hasta la superficie. Sus caderas se movían como las de los peces y los reptiles, de forma natural. Sacó la cabeza y aspiró una bocanada de aire fresco.

- ¡Uaaaa! -profirió al sacar la cabeza.- ¡Está estupenda!

Se quedó flotando boca arriba unos instantes disfrutando de la paz y de la tranquilidad, hasta que cierta rubia apareció de improviso y le hundió la cabeza a su novio, sin apartar sus bonitos ojos de Drako.

-Tu no vayas muy lejos.

- Ni pensaba.- contestó con arrogancia.

Dania dio una brazada para alcanzar a Drako e intentar capuzarlo. Drako la permitió el lujo de alcanzarle, quizá porque una parte de él deseaba a la rusa y necesitaba sentir su contacto. Jugó con ella y forcejearon un instante, entre carcajadas y salpicaduras, hasta que ella se dio por vencido y chapoteó hasta la protectora espalda de Zack.

- Cobardiiiiiiiiiicaaaaaaaaaa -canturreó Drako con tono burlón.

-Venga, nenazas, seguro que ni los dos a la vez podéis conmigo. -Les retó mientras les miraba con picardía. Y moviendo sus pies en el agua, comenzó a alejarse de ellos con una sonrisa maliciosa.

Drako se preparó para hundirse y en dos buenas patadas a mariposa cernirse sobre la chica... sin embargo algo le bloqueó.

Un grito.

Había oído un grito.

Su primer pensamiento, fue para Betty. Volvió la cabeza hacia el grupo de la playita, buscándola. Todo estaba bien, estaban tranquilos... ¿entonces de donde?

"Son las voces... son las voces de ellos"

- ¡QUE VENGA ALGUIEN JODER!

Dimitri. Reconoció su voz y en seguida le vio peleando en el agua. Drako se hundió en el agua y se retorció por esta con una velocidad pasmosa, dejando que el agua se deslizara por sus escamas, hasta que llegó a la orilla, hasta donde el muchacho había arrastrado... a un tipo enorme.

- ¿Pero qué... quién coño es este tipo?

Y entonces Drako se dio cuenta de una cosa.

Que no servía de una mierda en una situación así.

- ¿Qué... qué ha pasado? ¿Le has besado o algo así?

Dania Ivanov - July 22, 2010 03:48 PM (GMT)
El juego es una acción que sólo los libres pueden permitirse, eso es lo que Dania creía. Y ella estaba jugando. Sí, ya había pasado mucho tiempo desde que había llegado de la academia huyendo de aquella horrible prisión, pero a veces le costaba darse cuenta de que toda su vida había cambiado completamente, de que ahora era feliz. Tenía amigos, y si todos aquellos lo eran, se preocupaban por ella y se animaban a darle una fiesta sorpresa.

Y luego estaba Zack. Era lo mejor que le había podido pasar en toda su vida. Había sido un desconocido con una mirada extraña y preciosa, un chico que la había seguido simplemente para que no llorara sola. Y ahora eran almas gemelas, lo sabía, no quería pensar en su ausencia. Lo veía ahí, delante de ella, flotando en el agua y supo que lo amaba. Además, ya sentía atracción sexual hacia él, y eso era una buena señal, cada vez le costaba menos pensar en esos temas como algo malo y traumático. pero aún así, no se sentía lo suficientemente valiente como para proponérselo a Zack.

Drako le miraba vengantivo y Dania se rió, pero entonces se escuchó un grito. Dania se ayudó de los brazos para mantenerse en el agua y miró a su alrededor buscando de donde procedía. Entonces se fijó en la zona donde se reunían las miradas. Allí estaba... Dimitri con un hombre grande en el suelo.

Dania dirijió su mirada a Zack, que seguía a su lado y se acercó a el preocupada.

-Allí pasa algo. -Dania comenzó a nadar a croll hacia allí. No sabía si Zack la seguía, la había adelantado o ya estaba en la orilla, y no paró a comprobarlo.

Cuando llegó a la orilla se acercó hasta donde Drako, Dimitri y el extraño estaban. Se quedó totalmenta paralizada al ver la escena. El cuerpo del hombre estaba totalmente rojo, con yagas. Algunos moratones y heridas recorrían su cuerpo, y su cara mostraba un grado tal de desfiguración debido a los golpes, que parecía estar muerto desde hacía días.

Pero no lo estaba, Dimitri y Drako luchaban por reanimarlo, pero nadie intentaba dar aire a sus pulmones. Notó un fuerte dolor en el pecho, los nervios y el temor se agolparon dentro de ella, que lo máximo que podía hacer era mirar la escena. Dimitri le apretaba el pecho intentando reanimarlo, pero no conseguía nada. Todo apuntaba a que el hombre se había ahogado.

Dania por fin reaccionó y se acercó un poco más al hombre, poniéndose de rodillas a su lado. Antes de empezar a trabajar en la guardería, había tenido que dar unas clases de primeros auxilios. Nunca pensó que le iban a servir de algo. Recordó aquellas clases con el maniquí.

Lo primero de todo, metió sus dedos en la boca del hombre, notando la humedad de aquella cavidad, buscando algo que obstruyera su respiración. Nerviosa, miró a la gente que le rodeaba buscando los ojos de Zack para tranquilizarle. Miró de nuevo a la cara desfigurada del hombre, apretó su nariz con sus dedos y posó sus labios sobre lo del hombre, sintiendo un poco de repulsión, pero sabiendo que aquello era necesario. Sopló todo el aire que había tomado y volvió a tomar más para sguir haciendo aquello una y otra vez.

De vez en cuando, cuando se separaba de él, daba tortas en la cara del hombre, intentando crear una reacción en él.

-Vamos... vamos.... vamos.... -Y volvió a llenar sus pulmones para dar su aire al hombre. Ya llevaba más de un minuto así, si no respondía, tendría que darse por vencida a pesar de la gran culpabilidad que aquello le causaría.

Zack Evans - July 22, 2010 05:05 PM (GMT)
De un salto se lanzó al lago y penetró en el agua del lago de culo, hecho una bola. La gran bomba explotó creando una pequeña ola. Zack se hundió en el agua, con los ojos cerrados, sintiendo la fresca agua rozar su piel y después salió a la superficie como un misil.

- Dios, esta buenísima.

Dirigió su mirada hacia el dragón, el cual, ya no estaba en su sitio. Lo buscó con la mirada, pero no encontraba su ubicación.

"¿Donde se ha metido?

El agua que salpicó Drako al tirarse le caló el rostro, pero cuando se iba a girar a verlo alguien salió de su espalda y lo hundió dentro del agua. Zack abrió los ojos debajo del agua y vio unas bonitas piernas que le resultaban muy familiar.

Zack comenzó a bucear hasta salir detrás de la chica y darle un susto. Justo cuando iba a asomar su cabeza agarró la cinturita de la rusa y le susurro al oído.

-Buh

Pero ella se decidió por un ataque directo contra Drako. Vio como ambos se hacían ahogadillas y se quedó ensimismado con el rostro de Dania. Cuando Dania uso a Zack como escudo le echó una sonrisa malévola a Drako, para que se preparara para ahogarla entre los dos.

Venga, nenazas, seguro que ni los dos a la vez podéis conmigo.

Drako se hundió en el agua y Zack fue dando brazadas para alcanzarla. Zack la agarraría mientras Drako la cogía de las piernas y después la hundirían en el agua, o eso es lo que tenia pensado el granjero antes de escuchar el grito.

-Allí pasa algo

- Esta bien, vamos.

Zack se hundió en el agua y se colocó recto como un palo. Se concentró para proyectar la energía hacia sus pies y brazos, saliendo como un cohete hacia donde se encontraba Dimitri y Drako.

Había un hombre lleno de heridas por todos lados, medio muerto, si es que no lo estaba del todo.

Dania se puso a hacerle el boca boca y a hacerle el masaje en el pecho para reanimarlo. Zack la miró preocupado, pues este contratiempo les acababa de fastidiar la diversión.

No es que para Zack fuera mas importante la fiesta, si no que tenia miedo de que si el tipo no despertara afectase negativamente a su chica.

-Dim, ¿llevas el móvil encima? Llama a una ambulancia. Dania, recuerda, dos insuflaciones cada treinta compresiones.

Zack comenzó a realizar las compresiones sustituyendo a Dimitri mientras este llamaba a la ambulancia. Trató de hacerlas lo mejor posible, pese a su escaso conocimiento de medicina.

- Tranquila, se va a poner bien ya veras. -Dijo para tranquilizar a su novia.

Ashley Cullen - July 22, 2010 10:00 PM (GMT)
Entonces, Ashley no puedo evitar tener los ojos como platos. Toda la tristeza que había sentido hasta ahora resultaba ser un malentendido.

De repente, su vida empezó a cobrar sentido de nuevo. Empezó a notar que su amor subía por momentos, que todo ganaba otros colores mas vivos, y que más o menos, todo lo demás empezaba a parecerse más a lo de antes. Raiden estaba en frente suya, agarrándola su mano para notar los impulsos de su corazón.

Ashley notó como brotaban lágrimas de alegría en sus ojos, y su sonrisa empezaba a brotar en sus labios después de tanto tiempo desaparecida. Se lanzó a sus brazos, se enganchó con las piernas como solía hacerlo siempre, y le empezó a besar toda la cara. Daba igual donde, pero no paró de darle besos. Finalmente, se quedó mirando a sus ojos cambiantes, y le dió un beso apasionado. Llevaba tiempo esperando esa oportunidad de besarle de nuevo, de decirle que le echaba de menos y que deseaba sus besos más incluso que la vida.

- Tan equivocada estaba hasta ahora... Por fín me has abierto los ojos. ¡Te amo y siempre lo haré!

Le miró unos segundos seguidos a los ojos. Se sumergía en su color, en su forma de mirar. Tan duro y cariñoso a la vez con ella. Era algo bonito.

- No te vuelvas a separar de mí. Y sólo te pido... que... si alguna vez tienes que volver a hacerlo, dime las razones. Sabes que puedes confiar en mí como quien más.

Ashley volvió a abrazar al muchacho, repitiéndole un montón de veces un suave y aterciopelado "te quiero" seguido de un beso por cada expresión. Le sujetaba la cara entre sus, como no, congeladas manos.

Sonrojada, bajó de las caderas de Raiden. No pudo evitar acordarse de ese día tan especial que tuvieron los dos, en el que disfrutaron el uno del otro de una manera que Ashley nunca había imaginado. Salió de sus pensamientos, un tanto avergonzada por recordar esas cosas en una situación de ese tipo.

Le cogió de la mano, y con una sonrisa un tanto irresistible, le dijo con una voz melódica:

- Porfi, vamos a bañarnos un poco al lago. Me apetece recuperar algo de tiempo contigo.

Echó a andar, con pasos lentos, para no tirar fuertemente de Raiden. Su felicidad había vuelto después de mucho tiempo. Pero tampoco se quería hacer ilusiones, ya sabía de sobra que el destino siempre le quitaba las cosas alegres cuando más disfrutaba de ellas.

Markos D'Ors - July 27, 2010 11:43 PM (GMT)
Markos sabía de antemano que no tenía nada ganado con Ebony, que bebía esforzarse mucho si quería causarle buena impresión y puede que quizas ...
Pero antetodo deseaba animar a su amiga, que desde el fatal accidente de la discoteca en el que desapareció para siempre Summer, estaba atravesando unos muy duros y difíciles momentos, que había hecho que la muchacha cambiara por completo su forma de ver y relacionarse con y ante el mundo.

Sabía que arrancarle una sonrisa a la muchacha iba a ser más que imposible, y por eso se lo planteó como objetivo primordial.

Pero la muchacha a pesar de haber aceptado acompañarle a la fiesta, no daba señales de reaccionar ante estímulos ajenos a sus pensamientos, y Markos cada segundo estaba más desilusionado por no saber cómo actuar. Intentó hablar con su hermanita Betty, pero esta estaba demasiado ocupada con Drako como para interrumpirla.

Cuando Drako se fué a bañarse, Markos intentó convencer a las muchachas de que se bañaran ellas tambien y se unieran los tres a Drako y Zack.

-Ebony, por favor, ¿me puedes dar crema protectora en la espalda?, es que no llego... -
sonrió Markos intentando estirar las manos por detrás de la espalda con un pegote de crema en la mano izquierda y el bote en la otra

- Anda preciosas, acompañarme al agua y así de paso me dáis unas clases de natación, ¿vale?-
le guiñó un ojo a su hermana, como pidiendo apoyo y esa complicidad que sólo tenían entre los dos gemelos.

De repente, algo hizo que el rostro de Markos se volviera serio y sorprendido:
- ¡QUE VENGA ALGUIEN JODER!-
Era Dimitri, estaba pidiendo ayuda y trataba de salir a flote con un enorme cuerpo extraño que agarraba con los brazos.

Instintivamente, Markos soltó el bote de crema en la arena y velózmente alcanzó la orilla del lago y se zambulló buceando de una manera asombrosa, hasta donde Drako y Dimitri se encontraban.

Raiden - July 28, 2010 12:03 AM (GMT)
Creo que le he dicho las palabras adecuadas. Su sonrisa se está comenzando a transformar en sus labios, parece que esta menos triste y eso me quita un peso de encima.

Me abraza, me besa, como si llevase deseándolo hacer años, yo le contesto con lo mismo, y apoyo su cabeza en mi hombro. Con mis guantes, acaricio su suave pelo, tan bonito, con ese olor característico.

- Solo quiero que entiendas que esto es difícil para ambos. No eres la única que ha sufrido desde aquel momento. No he parado de pensar en lo que pasó en la habitación, pero tampoco puedo evitar pensar que no fue el mejor momento para algo así.

Me gustaba ser sincero con la gente, hacerle ver que solo la verdad salia por mi boca, yo no era de los que mentían, no se me daba bien hacerlo, tan solo con mirar mis ojos y mi cara se sabia cuando hablaba en serio.

- Se que puedo confiar en ti, no lo pongo en duda. Pero no puedo centrarme si pienso que te pudiera pasar algo. Yo, te quiero, pero quiero alejarte de mi, hasta que sepa que puedo estar a tu lado sin temer a hacerte daño.

Beso su frente y acaricio su rostro con suavidad. Una leve sonrisa se me dibuja en el rostro, ante el brillo de sus ojos, son mi perdición.

- Debo irme, tengo cosas que hacer. Prométeme que te lo vas a pasar bien y que vas a disfrutar. Volveremos a vernos, te lo prometo.

Beso sus labios, y paso mi dedo gordo por ellos acariciándolos. Me dirijo hacia la salida del lago, pero antes paro y le doy una ligera palmadita en el trasero. Sigo con paso lento y una pequeña carcajada maligna se me escapa, levanto la mano y me despido de ella.

"¿A que juegas?"

"Ahora sufrirá menos, sabiendo que me tiene. Así podre centrarme mas en mis objetivos."

Elizabeth d'Ors - July 29, 2010 07:56 AM (GMT)
No había podido evitarlo. En cuanto escuchó a Dimitri pedir ayuda, su hermano se levantó de la toalla y se lanzó al agua. Siempre había nadado bastante bien, pero en ese momento hizo gala de una habilidad asombrosa. ¿Habría copiado los poderes de alguien?

Betty también se había levantado preocupada. Se ponía de puntillas y se hacía visera con la mano para ver mejor, mientras se mordía el labio de forma nerviosa. No quería dejar sola a Ebony.

¿Por qué siempre tenía que pasar algo?

Hacía un segundo se reía y animaba a Dania desde la orilla mientras veía como ahogaba a su Drako. Se había tumbado boca abajo en el suelo, se había quitado el vestido y estaba dejando que el sol le dorase la piel de la espalda.

Hacía unos minutos, Markos le había pedido a Ebony que le echase crema en la espalda, y ella se había reído. Hacía unos minutos su hermano había intentado que se metiesen a jugar al agua y en apenas unos segundos, lo habría hecho.

Y ahora pasaba algo. Siempre pasaba algo.

-Ebony… voy a acercarme. ¿Vale? Ven conmigo. Tal vez podamos ayudar.

La muchacha estaba fatal desde lo del carnaval. Estaba muy orgullosa de Markos, que intentaba animarla a toda costa, pero no quería dejarla sola. Por qué poco aquella desgracia los habría pillado a ellos también, a Drako y ella, pero por suerte, Drako se había arrepentido de ir en el último momento.

Hasta se había enfadado con él por no querer ir a la fiesta.

Un escalofrío le recorrió el cuerpo. Echó a correr en dirección a donde se estaba creando el pequeño revuelo. Markos había ayudado a Dimitri a sacar el cuerpo del hombre más grande que había visto nunca y ahora, entre Zack y Dania le hacía el masaje cardiaco.

Betty se acercó a Drako y lo abrazó por la espalda, besándole entre las dos paletillas, preocupada, mientras le pedía en silencio a alguna divinidad que aquel hombre se despertase. Miraba de vez en cuando a su hermano, igual de preocupado que ella. Sus ojos se fijaron en Dimitri.

-Dimitri… ¿Tú estás bien?

Hiperión - July 29, 2010 05:30 PM (GMT)
La inconsciencia…

El tiempo carecía de sentido. Bien podían haber sido horas, días o segundos los que pasó en ese letargo parecido a la muerte. Una suerte que impidió sentir como los pulmones se le encharcaban y su cuerpo agonizaba ante la falta de oxígeno.

Una dulce muerte.

En medio de la negrura que le envolvía un fogonazo de luz quemó con violencia sus retinas. Un dolor lacerante surgía desde su pecho y se extendía por cada centímetro de su enorme cuerpo. Aunque trato de zafarse de sus males y volver a la calma, dejar que la muerte terminara de abrazarle.

Pero la calma no llegaba, aunque luchaba por seguir aferrándose a aquel remanso de paz. Lo difícil no era morir. Morir es tan fácil… lo doloroso es aquella caótica frontera que inconscientemente nos resistimos a cruzar.
Solo quería que le dejasen morir.

Con una sacudida se convulsionó todo su cuerpo. No se sabe de dónde obtuvo las fuerzas para incorporarse cuando un violento brote de tos le hizo estremecerme de dolor. El agua que había tragado brotaba de la boca, quemándome como si fuese ácido.

Tenía la vista nublada y el sol le había deslumbrado después de su larga estancia en las sombras. Un revuelo de sonidos inconexos llegaba amplificado a sus oídos en forma de una caótica algarabía imposible de procesar. A su mente llegaban voces en una lengua que no llegaba a comprender, aunque le resultaba extremadamente familiar.

El mutante desconocido se incorporó de golpe. La proximidad de Dania y de Zack lo ponía nervioso. Intentó zafarse del contacto de la rubia y del humilde granjero. Inconsciente de su fuerza y de su complexión, agitó los brazos para apartarlos, dándoles un violento golpe en el pecho que los alejó unos metros.

Estaba asustado. Nada conocía a su alrededor. No conocía el bosque, no conocía la gente que lo rodeaba, ni las extrañas ropas que llevaban. Ni tan siquiera el olor que lo impregnaba todo le era familiar, no era capaz de identificar los sonidos.

No se conocía así mismo.

Con los ojos desmesuradamente abiertos se había agazapado como un gato en el suelo. Se sorprendió al ver su propio cuerpo, pues no le era familiar. No reconocía sus angulosas y enormes manos, o sus poderosos brazos o sus fuertes piernas. Sin saber que era lo que ocurría ni porque brotaba un líquido húmedo de sus ojos, se puso a llorar desconsoladamente.

Era como un bebé que abriese los ojos al mundo por vez primera, pero con la conciencia suficiente para darse cuenta de su ignorancia. Una terrible sensación de desconsuelo que lo envolvía, haciéndole sentir indefenso.

Gruñía a los desconocidos que lo rodeaban como si fuese un animal. Incapaz de entender que se decían entre ellos. Le dolía la piel, los músculos y el cuello. Tenía fiebre y la cabeza parecía apunto de estallarle.

-¿Quiénes sois? *

Se sorprendió a sí mismo al escuchar su voz como si fuese la de un extraño, y en una lengua que no creía que sabía hablar. De hecho… no sabía que lengua sabía hablar, si esa era suya, o la había aprendido en algún instante de su vida que ya no recordaba. Rompió a llorar de nuevo, aún a la defensiva.

Le sorprendió la cara de los muchachos que parecían no entender lo que él les decía. Él seguía a la defensiva. Una muchachita morena y muy muy pequeña se acercó a él con un brazo extendido. Decía algo incomprensible para él. Se asustó de nuevo y le gruñó otra vez, enseñando unos dientes afilados como los de los felinos, con los incisivos más pronunciados y lanzando un ¿zarpazo? en su dirección.

-¡¿Qué queréis?!*

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* Lo ha dicho en latín.

Dimitri - July 30, 2010 04:38 PM (GMT)
Iba a ser la segunda vez que se demostraba así mismo que era un completo inútil en cuanto a poder hacer algo por salvar la vida de otra persona. Igual que le ocurrió aquella noche entre las llamas, sin ser lo suficiente fuerte para rescatar a Declan, Summer o siquiera, a sí mismo. Era débil, era dañino, era un fracasado. Todo en lo que temía que su padre acertase estaba cumpliéndose, como una nefasta profecía de la que no podía escapar.

Sus intentos de reanimar el cuerpo del desfallecido se volvieron desesperados cuando empezó a golpear su pecho con el puño cerrado sin por ello obtener mejores resultados. En cambio, sus gritos habían alertado a algunos de sus compañeros que a nado o a pie, empezaron a llegar junto a él.
Casi no atendió a la primera pregunta de Drako ansioso y empeñado como estaba en que aquel desconocido volviera a respirar; sin embargo, la siguiente lo golpeó como una bofetada, haciendo que lo mirara fijamente, reparando en como las gotas de agua relucían sobre sus escamas verduzcas.

Era una pregunta evidente y obvia que Dimitri no se había planteado y que en cierta forma, podía ser una acusación dado el desastroso manejo que tenía de su poder mutante (si es que se podía considerar que lo manejara de algún modo…).
Sus ojos se cerraron en dos finas rendijas mientras todo su cuerpo se tensaba y apretaba los puños. Una patada en el estómago no le hubiese podido sentar peor que aquella pregunta ese día. Sintió el impulso de saltar por encima del cuerpo inerte y asestarle un puñetazo a Drako, un compañero que había comprobado en su propia carne el veneno que eran sus fluidos.

Ese fue uno de los motivos por los que no lo hizo, limitándose a responder con la mandíbula tensa un seco y rotundo.

- No…

El otro motivo, porque se trataba de Drako…

La presencia de Markos y el resto lo aliviaron bastante y cuando Zack y Dania se dedicaron a la reanimación, él retrocedió por el suelo sin dar la espalda a la escena todavía con la respiración acelerada.

-Dim, ¿llevas el móvil encima? Llama a una ambulancia. Dania, recuerda…
Nueva tocadita de huevos.

- Claro Zack llevo el móvil metido en el culo para que no se me moje ¡Subnormal!
Zack no era Drako…

Los pensamientos sobre acusaciones regresaron a su mente a medida que se creaba un círculo de gente entorno al hombre desnudo. Dimitri empezó a sentirse agobiado, a la vez que poco a poco, se hacía cargo de la situación que se había creado y observaba el cuerpo de aquel tipo. Ahora apreciaba que era enorme, más que ningún jugador de rugby o de la NBA que hubiese visto por la televisión. Vio las marcas de su cuerpo, fue consciente de su desnudez…

- Dimitri… ¿tú estás bien?
Betty abrazaba a Drako por la espalda, lo rodeaba con sus brazos…

- ¿Eeh? -respondió descolocado – Sí… de puta madre.
Espetó con cansancio y algo de sarcasmo. Le reventaba que encima fuese simpática con él.
Lo cierto es que la pierna todavía le molestaba y no había tenido tiempo de reponerse del esfuerzo de arrastrarlo hasta la orilla, tenía que esforzarse por respirar con normalidad.

Estaba a punto de alejarse de la aglomeración para ir a cualquier lugar cuando el gigante despertó de su muerte gracias a la dedicación de Zack y Dania. Aunque aquello no significaba que podían respirar tranquilos.
Resulta que hablaba en una lengua que Dimitri desconocía y que en lugar de darles las gracias estaba atacándolos como un animal acorralado. Eso era algo que no se esperaba provocando que se quedara paralizado. En el fondo de su cabeza, su instinto lo instaba a tratar de derribar al mastodonte para “tranquilizarlo”.

Ashley Cullen - August 1, 2010 11:59 PM (GMT)
- Vale... Confío en tí, de verdad. Pero sólo te pido una cosa. No vuelvas a desaparecer como hiciste. Te daba por perdido.

Sabía que no le iba a convencer de que se quedara, así que no insistió más. Se acercó y le dió un largo beso en los labios. Temía no volver a verle en bastante tiempo, como ya hizo. Temía no volver a tocar su pelo gris azulado en mucho tiempo, pero bueno, seguramente tenía que aguantar un poco más.

Se olía por donde iban los tiros.

- No me vuelvas a dejar del todo sola. Te amo.

Una dulce sonrisa se dibujó en los labios de la muchacha como despedida, y se fué. Miró una vez màs hacia atrás, y volvió a ver la figura negra de Raiden. La palmada en el trasero despertó a la muchacha un poco más, y mientras Raiden se reía maliciosamente, ella le devolvió el toque en el mismo sitio.

Más fuerte, y cogiendo cacho.

Echó a andar hacia la zona del cumpleaños. Pensó que Dania se quedaría un poco loca al verla de nuevo entrar en su cumpleaños, pero se lo explicaría mas tarde. No la veía. A mucha gente no la veía en el cumpleaños.

Vió a los que faltaban en otra orilla del lago, alrededor de algo bastante grande. Ashley entrecerró los ojos para intentar ver un poco mejor, pero no conseguía ver nada más diferente a lo que había conseguido distinguir desde esa distancia. Fue hacia su moto, se quitó los pantalones y la camiseta. Su bikini salió a la luz, y sin pensárselo mucho, empezó a nadar no muy rápido hasta donde estaban todos amontonados alrededor de eso tan grande. Aprovechó para bucear un poco, y ya casi estaba en la orilla.

Salió, echándose el pelo hacia atrás. Mientras se iba acercando, oía que alguien hablaba en un idioma raro. Desde luego, la voz no le sonaba a nadie de la academia. Llegó.

Y nunca había visto a alguien tan grande en su vida.

Un hombre con unas pintas bastante raras, quemado por el sol. Se engarrotaba al suelo y decía cosas que no entendía nadie, pero que Ashley reconoció en parte. Su hermano le daba algunas clases de idiomas, y entre ellos había uno que le sonaba bastante y se parecía al de ese enorme hombre.

Y no le olía muy bien el asunto, ya que Zack y Dania salieron casi volando de un golpe, procedente de ese tío raro.

Ashley estaba asustada. Veía a Dimitri bastante tenso, nervioso y al parecer también se le iba un poco la boca. Se puso detrás de él e intentó escuchar un poco más del idioma del extraño.

- Creo que... habla en latín o algo parecido. Si no es ese idioma, es algún variante. De todas formas, no lo tengo seguro... Pero algo de latín he visto.

Se mantuvo con la atención puesta en ese hombre raro, no quería mas sucesos de sorpresa. Necesitaba estar preparada para lo que viniera.

Zack Evans - August 2, 2010 11:25 PM (GMT)
Zack se estaba poniendo nervioso. Por mucho que masajeaba el pecho del hombre no despertaba y se estaba empezando a poner en lo peor.

- Vamos joder, no nos hagas esto.

La contestación de Dimitri le afecto directamente al corazón. Zack tenia un pequeño defecto y es que cada cosa en la que fallaba o cuando alguien se metía con el le ponía triste. No le dijo nada, directamente lo miró con cara de preocupación y siguió masajeando.

Su mirada siguió a su chica, quien estaba dando todo de si para que el tipo se despertara. Eran demasiadas cosas las que preocupaban a Zack, tantas que cualquiera se desmayaría en el acto, pero el granjero ahí donde lo veían estaba acostumbrado

- Joder, que alguien avise a emergencias, pedir ayuda coño.

Y como si alguien quisiera llevarle la contraria en la vida, el tipo inconsciente escupió el agua por su boca. Los nervios de Zack se comenzaron a disipar y se empezó a sentir aliviado por aquello.

Se quitó el sudor que le envolvía su frente y miró fijamente al tipo, quien comenzaba a abrir los ojos lentamente.

- Ho... hola, ¿está bien?

Las palabras de Zack debieron de provocarle algo al tipo, pues parecía sentirse amenazado ante su presencia. Poco fue lo que el chico pudo esperar a oír del enorme personaje que yacía tumbado en el suelo, pues este lo despidió hacia atrás de un puñetazo.

El chico dio un par de vueltas en el aire y cayó de espaldas arrastrándose varios centímetros por el suelo. Zack se levanto quejándose del dolor que le había provocado el golpe, pero todavía estaba mas preocupado por su chica, quien también había recibido un golpe.

Fue corriendo, colocando su mano en su estomago donde había recibido el impacto. Apenas podía respirar, el golpe había sido muy fuerte, pero aun así no le importaba, solo quería llegar a su chica y ver como se encontraba.

- Dania... Dania... ¿estas bien?

Primero su novia, luego verían quien era ese tipo y el por qué les había golpeado.

Dania Ivanov - August 3, 2010 09:43 AM (GMT)
La tensión se notaba en el ambiente, casi podía jurar que todos los corazones de los allí presentes latían al unísono. Tuvo ganas de contestarles de malas formas a Zack cuando le dio consejos. Si estaba haciendo aquello era por que ella también sabía. Pero no lo hizo, sabía que esa contestación era creada por el estrés del momento.

Siguió acercando sus labios a los de aquel desconocido y dándole el aire que albergaba en sus pulmones una y otra vez. Zack estaba muy nervioso, lo notaba, quería abrazarlo y hacerle que se tranquilizara... pero no estaba al borde de la muerte como el desconocido. Escuchó como lepedía el móvil a Dimitri y como éste contestaba de muy malas formas. Tuvo tiempo suficiente para echarle una larga mirada de odio y volver a insuflar aire a los pulmones del desconocido.

Conocía a Zack, aquello seguramente le habría sentado muy mal. Era demasiado sensible para esas cosas, seguramente no tendría en cuenta que Dimitri también estaba de los nervios.

Y en una de las veces que soltó aire, recibió agua en su boca. Dania se apartó rápidamente mientras el desconocido tosía. Dania se apartó el pelo de la cara y sonrió con orgullo. No había muerto. Miró a Zack para dedicarle aquella sonrisa, quería contagiársela. Acercó su mano a la de Zack y la cogió para que se diera cuenta de que estaba allí y de que se sentía orgullosa de él.

Dania volvió su mirada de nuevo al desconocido que estaba hablando en un idioma que desconocía. Dania miró extrañada, juraría que aquella mirada era la de un animal acorralado apunto de atacar. Dania iba a levantarse y a pedir que le dejaran respirar, pero notó un increíblemente doloroso golpe en el pecho. Salió despedida por el aire, como si aquel hombre tuviera una superfuerza, y cayó un par de metros más allá y cayó al suelo. Notó crugir una de sus vértebras lumbar al golpear contra una pequeña piedra.

Dania se quedó con la mirada perdida en el cielo, con ganas de llorar y gritar, pero tenía demasiado miedo por el crugido como para reaccionar. Se revolvió en el suelo, la espalda le dolía mucho, pero sus manos seguían en el pecho. Gimió, se quedó sin aire. No podía respirar. Volvió a gemir. Escuchó a Zack a su lado, no quería asustarle tantoc omo ella estaba. "Mueve la pierna". Sabía que si lo que pensaba que había pasado había pasado, no podría mover sus miembros inferiores.

Una enorme alegría le invadió cuando dobló las piernas, pero aún así, no compensaba el dolor de la espalda y el pecho. Se incorporó y escondió su cabeza entre las rodillas, haciendo que su pelo cayera escondiéndola. Y por fín consiguió una bocanada de aire, y eso conllevó a que unas lágrimas salieran de sus ojos. Dania se acordó de que Zack le había preguntado que si estaba bien, así que asintió con la cabeza. SIguió respirando, intentando parar sus lágrimas. Pasaron otros segundos hasta que consiguió parar las lágrimas, levantó la cabeza y miró a Zack. El también había recibido el golpe del desconocido.

-Tu... ¿tú estás bien? -Le dolía a rabiar y le costaba hablar y aguantar el llanto, pero ya lo había aguantado muchas veces, sabía como se hacía.

Zack Evans - August 6, 2010 03:40 PM (GMT)
Zack se dejó caer y se llevó la mano a su espalda. Tenia arañazos multiples debido al roce de su espalda contra la hierba y las piedras. Pero el dolor de su estomago era mucho mas intenso, dificultandole la respiración bastante. Para no preocupar a su preciosa chica, decidió no decirle nada y actuar como si no le hubiese hecho mucho daño.

- Bueno, estoy bien no te preocupes.

Miró a su chica, vio como se escondia entre sus rodillas y sus brazos. No era demasiado dificil averiguar que le habia hecho daño, tanto fisica como mentalmente. Trató de ser fuerte, de dejar a un lado el dolor del estomago y ayudar a su chica, porque para él era mucho mas importante ella.

Zack la abrazó y cuidadosamente hundió su rostro en su pecho. Con su mano le aparto el pelo delicadamente y acarició su rostro. Beso su la parte superior de su cabeza y luego cogió su mano y la beso como a una princesa.

- No tengas miedo de mostrarme tus sensaciones, estoy aquí para cuidarte. Acabas de salvarle la vida a una pesona, sientete orguyosa.

Zack respiró el perfume del pelo de su chica, buscando en ese olor suave un respiro que le diera fuerzas para tratar de salir adelante en la situacion que se encontraban. Una vez mas su heroe interior le estaba pidiendo a gritos ayudar a ese tipo. Para su forma de pensar, ese tipo se habia sentido amenazado al ver a Dania y a Zack tan cerca de él, por lo cual podria haber mal interpretado sus intenciones.

- Descansa, no te fuerces, ¿vale? Tu salud es lo primero. Me da pena ese tipo, creo, que no sabe ni donde está. Voy a tratar de ayudarle, ahora vuelvo.

Zack se movio gateando colocandose delante de ella. Acarició su rostro y le dedico la mas dulce de sus sonrisas, luego la besó delicadamente y con amor.

- Todavia no te he dado mi regalo.

Zack se levantó y se dirigió al tipo de nuevo. Levantó ambas manos para que viera que no tenia nada que le pudiera resultar sospechoso. Se quedó a una distancia prudente, no queria que se sintiera amenazado de nuevo.

- Tranquilo... no.. no vamos a hacerte daño... solo te queremos ayudar. ¿Tienes hambre? Tenemos comida... solo queremos ayudarte... de... de verdad.

Zack acompañó sus palabras con gestos, para tratar de que el tipo lo comprendiera. Cuando acabó volvió a tocarse el pecho, le dolia, mas que cuando le hicieron la cicatriz del pecho.

No queria dejar de lado a Dania, la queria mucho, pero se sentia culpable de que ella hubiera salido herida. Solo queria ayudar a un hombre perdido y seguir con la fiesta que habia preparado.




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