View Full Version: Lo que sigue a los 19, la carta desde el cielo

Academia X > Lago > Lo que sigue a los 19, la carta desde el cielo


Title: Lo que sigue a los 19, la carta desde el cielo
Description: ¿Y ahora qué?


Mark O'Sullivan - December 20, 2009 10:24 AM (GMT)
Mientras iba conduciendo no pensaba en nada en particular, iba al máximo que le permitía ir la moto, poco le importaban las multas, podía pagarles y aunque era casi suicidio con el hielo en la carretera, al menos tenía algo con qué distraerse mientras tanto.

No sabía cuando echaría el freno y pararía en algún lado, pero lo único que quería y que necesitaba en ese momento era alejarse de la Academia lo más rápido posible. No sabía cuando se pararía, porque no quería parar. Quería irse de allí y ahí estaba precisamente el problema, no tenía a ningún lugar donde ir más que la Academia.
Fue reduciendo la velocidad y se metió por un sendero que daba a parar al lago. Era un bueno lugar, ahí si estaba seguro de que nadie podría ir a molestarle y podría pensar que hacer tranquilamente.

Nadie de la Academia podía saber seguro donde estaba él porque iba con la moto y esa idea le tranquilizaba un poco. Sobretodo tras el numerito que acababa de protagonizar. Lo cual llevaba de nuevo al centro del problema. No tenía poder, lo había perdido, todo. Eso quería decir que no podría volver a la Academia porque no tenía nada que hacer allí.

Se sentó en el suelo, encima de una roca que no estaba cubierta de nieve y por lo menos no se mojaría. ¿Aunque que más daba ya todo? Lo único que le quedaba lo acababa de perder y no se lo podía creer.

Quería gritar de desesperación, desaparecer allí mismo, no podía aguantarlo. No podía evitar sentirse completamente solo, vacío, ahora no tenía nada por lo que vivir. No le quedaba nada. Justo cuando empezaba a pensar que aún podía quedar algo para él, lo perdía. Así era ahora desde hacía casi tres años. Todo lo que quería se esfumaba delante de él y no podía hacer nada para evitarlo.
Aquello era la causa de su frialdad con los demás, de su silencio, de no hablar de él. No quería que la perdida le doliera. No quería tener que perder a nadie. No podría soportarlo y lo sabía.

Se llevó las manos a la cara sin saber que hacer, completamente desesperado. Los ojos le picaban y notó un par de lágrimas resbalarse por su rostro. Se las secó enseguida. Nadie le vería llorar, nadie más le podía ver destrozado como estaba.

Pensó en lo que acababa de hacer. Michelle le caía bien, no hacía preguntas, entendía su silencio y era agradable. ¿Por qué le había dicho eso? No se lo merecía, no era culpa suya ni de nadie. En todo caso era de él.
Como podría volver después de decir algo así en caso de que su poder volviera. Todo el mundo le odiaría por aquello. Lo entendía. Se le hizo un nudo en el estómago solo de pensarlo.

Apretó los labios hasta hacer una fina línea y se quedó mirando al suelo. Estaba tan perdido. No sabía que hacer, tal vez no debería de haber ido nunca a la Academia. Pero sus padres se lo habían pedido, le habían dicho que fuera, que allí le enseñarían. Pero ellos no tenían ni idea del estado en el que se encontraba su hijo tras haber muerto ellos. No sabían que pasaría todo aquello, que no podría con toda la situación.

-Joder, que he hecho…

Cerró los ojos. Aquello solo podía ser una pesadilla. Solo podía ser su peor pesadilla. Un cumpleaños era un día feliz, te daban regalos y todo eran sonrisas y felicidad. Estaba mal, todo estaba mal. No podía ser real. No había otra explicación, su cabeza no podía con tantas cosas.

Entonces recordó la carta. Pensó en quemarla, no quería saber nada de ellos. Pero no podía hacerlo. Era lo que le quedaba de ellos, fuera de las cartas no había nada más. Sintió un nudo en el estómago y volvió el dolor del pecho. Aquello sencillamente dolía tanto.

Se acordó de la carta de pronto. No podía ser nada bueno, al menos no para él. Pero la cosa a no podía ir a peor. Era completamente imposible.
Tomó aire antes de sacar el sobre de papel blanco del bolsillo, mirarlo durante unos instantes para luego abrirlo finalmente.


Kingsbury Castle
Herthfordshire
1977, Britain, UK
9 enero


Escrita a penas un par de días antes del accidente. Era imposible que supieran que iban a tener un accidente.

“5 Willow st
Moorside City
289965 EX
USA

Mi querido hijo…
Si recibes esta carta es que bueno…nosotros hemos muerto y será la segunda que recibas. Solo espero que te haya llegado justo en este día tan especial para ti. Aunque no estemos para poder decírtelo por las razones que sean que nos hayan apartado de ti, queremos, quiero, mi amor, que sepas que estamos orgullosos de que hayas cumplido 19 años.
Espero que haya ido a la Academia tal y como te pedimos. Allí te ayudarán, saben que hacer, te lo puedo asegurar, tanto tu padre como yo hemos ido allí. Espero que no te pusieran demasiadas trabas por que te diéramos la ubicación...
Me duele tanto escribir estas palabras…
Me gustaría estar ahí contigo para celebrarlo, verte sonreír de nuevo como antes. Es un día feliz, por favor, sé como eres y quiero que lo disfrutes, no quiero que huyas de ello y que lo celebres. Llama a alguno de tus amigos y puedes incluso volver a Inglaterra para celebrarlo, con esta carta tienes el permiso que te falta.
Por favor, Mark. No quiero que te disgustes, no quiero que te preocupes, quiero que dejes todo de lado y que sonrías y te lo pases bien, puedes montar una fiesta para la gente que conozcas en la Academia, seguro que son todos muy agradables.
Siento tanto haberte dejado. Te lo juro. No te enfades conmigo o con tu padre. No te eches la culpa, no es culpa de nadie. Déjalo estar, solo eso, sé que no lo harás porque yo te lo diga. Nunca me has hecho mucho caso. Pero solo por esta vez…intenta disfrutar.
¿Cuándo es la última vez que no estuviste completamente preocupado? ¿Qué le sonreíste a alguien de verdad?
Tango esperanzas de que lo hagas…de que lo haya hecho.
Por favor, mi tesoro.

Estaré siempre contigo,
Tu madre.



Mark
Hijo, ya sabes que yo pienso lo mismo que tu madre. Hazle caso por una maldita vez en tu vida. Tan solo quiero añadir escribiéndote yo, si consigues descifrar esto, siempre te has quejado de lo mal que escribo, que no quiero que olvides quien eres. Lo que eres. Debes de estar orgulloso de ello y no ocultarlo.
Recuerda que tienes un don y que tienes que aprender a utilizarlo, usar todo el potencial, pero tiene que ser por ti mismo gracias a lo que te enseñen allí, yo ya no estoy ahí para ayudarte, pero siempre he estado orgulloso de ti aunque nunca te lo haya dicho lo suficiente.
Tampoco quiero que te escondas. Eres alguien en este mundo. Alguien importante, tienes todo lo que mucha gente desearía tener. Aprovéchalo. Y por el amor de Dios, eres un Lord y un O’Sullivan. Quiero que hagas honor a tu nombre y te comportes como es debido. Aunque eso siempre se te dio bien.
Sigue adelante, no te quedes en el pasado.

Lord Richard O’Sullivan.”



Dejó caer el brazo con la carta y se secó las lágrimas que caían por sus mejillas lentamente, se parecía mucho a la carta que había recibido cuando había cumplido la mayoría de edad. Pero en cierto sentido era diferente, como si confiaran más en él.
Pero le conocían tan bien…sobretodo su madre. Pero ella no podía imaginar hasta donde había llegado, no podía ni imaginarse lo mal que estaba. Y si llegara a saberlo, si le viera así, probablemente se le partiría el corazón, sabiendo que era su culpa. Y aún así era como si supieran que el rubio no lo podía dejar correr. No podía, no era su estilo el actuar como si nada hubiera pasado y eso le mataba.

Se pasó una mano por el pelo, aún más descolocado que antes. Tenían razón, no podía desmoronarse, tenía que seguir adelante.
Pero tampoco podía, les echaba tanto de menos, se sentía tan solo ahora que no tenía a nadie. Porque esa era la realidad. Su realidad, sin poder no había Academia. Y eso era lo único que le quedaba.

Había sentido tantas cosas distintas que incluso quitarse ese peso de encima le había sentado bien. Más bien de lo que pensaba. Pero ellos no estaban, no sabían que le habían dejado de lado las personas que habían tenido que estar ahí para apoyarle. Y había demasiadas dudas, demasiado misterio en torno a ellos. Y por ello les seguía odiando. Porque no tenía nadie más a quien echarle la culpa y ya estaba cansado de pensar que era todo culpa suya. Quería dejar de sentirse culpable.

Se sentía tan solo, echaba de menos el tener a alguien a su lado, alguien en quien confiar, que le apoyara, le ayudara, alguien con quien pudiera hablar contarle lo que le preocupaba. Tener la sensación de no estar solo, el sentimiento de saber que vas a tener a esa persona ahí a tu lado, siempre. Pero si confiaba, se arriesgaba a quedar peor y no soportaría volver a perder a alguien a quien quería, no podría soportar el sentirse solo de nuevo y eso sí lo sabía.

La cuestión estaba realmente en una sola cosa ¿Qué iba a hacer ahora? Se sentía tan perdido, sencillamente eso, sus esquemas estaban completamente destrozados, como si alguien los hubiera cogido a conciencia, los hubiera roto en pedazo y luego los hubiera quemado. No sabía que pasaba, no controlaba la situación, no sabía que hacer y eso le ponía aún más nervioso.

Se quedó ahí quieto, aguantando el frío sin saber que hacer. Su mente estaba demasiado confusa y no podía volver a la Academia. Tal vez debería volver viajar, volver a Turquía o a algún otro país. O sencillamente ir a la universidad y seguir con la empresa de su padre. Sí, tal vez eso sería lo mejor.

Definitivamente aquello solo podía ser una muy mala pesadilla, su peor pesadilla, de la que quería despertar.

Faith Lehane - December 29, 2009 12:28 PM (GMT)
Tan solo media hora antes de que Mark O'Sullivan llegase al Lago que había en los alrededor de la ciudad de Moorside City, Faith había llegado después de haber recorrido en bicicleta todo el tramo desde la Academia hasta el lugar. La había tomado prestada para poder llegar hasta el sitio con más rapidez (aquello de las motos era desde luego algo que a la morena no llegaba a agradar del todo) La dejó apoyada en un árbol y se ajusto los guantes que llevaba así como la gorra de lana que portaba sobre sus cabellos y la bufanda. Todo de un color celeste, que contrastaba con el blanco de sus ropas.

Antes de salir de la Academia se había asegurado de que las cuchillas de aquellos viejos patines de hielo estuviesen en condiciones, pero aún así volvió a hacerlo antes de enfundarse las botas blancas en los pies, para después dirigirse al hielo. Solo le faltaba que ahora se partiera bajo ella por ser demasiado fina la capa y acabase hundiéndose.

Por Dios Faith! No pienses esas cosas... Se recriminó a ella misma mientras empezaba a deslizarse con cautela por el hielo, aunque a los pocos minutos empezaba a hacerlo con más seguridad, dándose incluso el lujo de acelerar y deslizarse muchísimo más aprisa. De vez en cuando además daba algún que otro salto o intentaba un torbellino, siendo alguno de esos intentos frustrados y cayéndose al frío hielo de culo, pero no importaba. Se volvía a levantar y punto. No era de aquel tipo de muchachas que se rindiese a la primera, nunca.

Y aquello le encantaba. La hacía alejarse de todo, incluidos aquellos malditos sueños que se hacían realidad y el temor de tocar a alguien por ver cosas que no quisiera. Le gustaba sentir el aire pegándole en la cara y notar como agitaba sus largos cabellos y aunque al principio el frío le molestaba, después de unos veinte minutos sobre el hielo, se había acostumbrado.

Estaba aminorando la velocidad de su deslizamiento cuando a lo lejos (para ser exactos al otro lado del lago) vió una figura y la curiosidad de saber que o quien era la empujó a acelerar nuevamente para llegar hasta el otro lado, frenando justo en la orilla del lago y percatándose de que le sonaba de algo aquel muchacho.

- ¿Mark?

Preguntó a la vez que desengachaba las cuchillas del patín, y las dejaba junto a la roca donde estaba sentado el joven rubio. Dudaba que allí se las fuera a olvidar, pero tampoco era plan, caminar sobre la nieve con las cuchillas puestas. Le observó unos segundos y estuvo tentada a ponerle una mano sobre el hombro, para reconfortarle, pues su instinto le decía que no se encontraba bien, pero en el último momento desechó la idea. No quería ver nada reciente ni oscuro del chico. No le gustaba. Era como meterse en la intimidad de las personas, mejor dicho, era meterse en la intimidad de las personas.

Se mordió ligeramente el labio inferior mientras miraba alrededor. Allí no había nadie y la morena empezaba a preguntarse que estaría haciendo Mark en aquel lugar, aunque no le quepo duda, de que quizá simplemente estaba despejándose, huyendo de algo... y aquel después de todo era un buen lugar. Siempre estaba más bien solo. Ahora era cuando se sentía como una intrusa y porque no, una molestía.

MSSC - December 31, 2009 12:09 PM (GMT)
- ¿Espectro1 tienes fijado el objetivo?

- Negativo, Casper -contestó Espectro1 sin apartar la vista de la mirilla telescópica donde se veía al objetivo.- Acaba de aparecer una variable.

- ¿Quién mierdas es esa puta? -espetó Espectro2 a su espalda.

Espectro1 arrugó el rostro, pero nadie vería su mueca de asco por la máscara de plexiglas que le cubría el rostro.

- Ha aparecido una joven cerca del objetivo... su contacto es familiar.

- Es de la Academia -afirmó Espectro4.- Recuerdo su ficha.

Espectro4 era útil como fuente de información, pero sus capacidades de combate dejaban mucho que desear, por eso su armamento era de fuego real únicamente, debería usarlo solo si fuera necesario. Espectro2 era un bocazas de gatillo fácil y portaba uno de los nuevos fusiles con tranquilizantes, porque necesitaban al objetivo vivo. Espectro3... era peligroso. No hablaba, no se movía, hasta que de repente se ponía en movimiento. Y el, un ex-marine del servicio de francotiradores, estaba con la mirilla de su fusil, apuntando sus dardos hacia los objetivos.

La voz de Casper, raposa, de fumador y bebedor habitual, soltó una casposa risita por los auriculares de los 4 soldados, armados con fusiles de alta tecnología, armas cortas, puñales y las 4 granadas de fragmentación que portaba Espectro3 en su bandolera.

- Pues deshaceos de ella -siseó.- Luego jugad con sus tetitas, si queréis.

- Mola -espetó Espectro2.

- Bien -dijo Espectro1. Era el líder de la misión, y no le gustaba pensar que esa chica pudiera ser violada y asesinada por Espectro2... y posiblemente 3.- En rombo. Yo me encargo de la joven. Espectro2 del objetivo. Espectro3 y 4, dar apoyo contra el objetivo.

Rodearon la zona del lago, desde detrás de los jóvenes, en cuanto tuvo la oportunidad levantó el fusil y apuntó a la espalda de la joven.

Y Espectro4 la cagó. Debió de romper una rama o algo así, pero hizo ruido y los objetivos se percataron de su posición. Él se puso nervioso y no apuntó bien y disparó. El dardo pasó rozando la mejilla de la joven que se estaba girando en ese momento hacia el sonido que hizo Espectro4. El arañazo comenzó a manar sangre.

Espectro2 se adelantó al claro, en vez de hacer fuego, corrió hacia el sorprendido objetivo y le golpeó con la culata del fúsil en el estómago, haciéndolo caer de rodillas. Espectro3 también salió de la maleza y apuntó con su rifle a la joven.

- ¡Lo siento! -se excusó Espectro4.

- Da igual -dijo Espectro3 encañonando a la chica.

Espectro1 salió de la maleza mientras recargaba su fusil.

- Cierto -siseó Espectro2, su máscara no mostraba su rostro, pero estaba seguro que sonreía malévolamente. Levantó el fusil, dispuesto a golpear de nuevo al objetivo.

-------------

NOTA DE ADMINISTRADORES
Cada Espectro tiene 5 puntos de vida

Mark O'Sullivan - December 31, 2009 03:56 PM (GMT)
Estaba tan ausente que ni siquiera había reparado en Faith, tenía la mirada pedrdida en la superficie helada del lago pero sin embargo no veía nada. Estaba completamente ausente, se dejaba llevar por los pensamientos que se agolpaban en su cabeza.

Siempre tenía que ser todo demasiado complicado, no podía haber nada sencillo. Nunca. Si se iba de la Academia no se despediría de nadie. de hecho estaba pensando en irse en cuanto tuviera el valor suficiente para ponerse en pie y poder andar y conducir sin tendencias suicidas como las de esa mañana. Esperaba a que sus ojos verdes pudieran ver con claridad porque sentía como aún se le empañaba la vista.

Miró la carta de refilón y observó la escritura de sus padres, sintiendo de nuevo aquel pinchazo en el corazón y que le cortó la respiración durante un segundo. A veces les odiaba tanto y sin embargo no podía odiarles porque eran sus padres, si estaban muertos no podía haber sido a posta. Aunque era todo tan raro...

Se sobresaltó al escuchar su nombre, sacudió la cabeza volviendo a la tierra de nuevo y se apresuróa doblar la carta, mal por las prisas, no quería que nadie la viera y en buscar a quien le había llamado.
Reconoció a aquella chica que se había cruzado en la ciudad y de la Academia. Era maja aunque no había hablado mucho con ela salvo ese día y apenas habían cruzado un par de palabras, pero era ella sabía de él más que mucha gente en la Academia.

Se extrañó al verla allí, no esperaba encontrar a nadie, no quería encontrar a nadie, quería estar solo para poder aclararse las ideas, no quería que nadie le preguntara que le pasaba, cosa que solo le ponía más de los nervios. No quería que nadie le molestara ni le importunara, su vida era su vida y de nadie más, por lo tanto a nadie más debía de importarle lo que le podía pasar.
Pero sabía que Faith no le molestaría, sabía lo suficiente de él como para no molestarle con preguntar estúpidas o preocupación ya fuera sincera o no.

-¿Faith?-alzó la vista para mirarla, le temblaba un poco la voz y la tenía algo entrecortada.

Mejor sería callarse, su aspecto no era el mejor, eso ya le delataba como para encima que su voz tan seguro y firme fuera tan solo un hilillo débil y tembloroso que dejara ver su interior como se sentía en esos momentos. Lo que hubiera dado porque su madre estuviera allí, que volviera, que le abrazara, como si aún fuera un niño. Pero ya no lo era, debía ser fuerte, debía recuperar su preciada máscara de frialdad y hacer honor a quien era y comportarse como tal.

Fue a lenvantarse cuando oyó el crujido de una rama por detrás de ellos y se giró a ver que era, estaban cerca del bosque y aunque fuera de día había que tener cuidado. Luego se oyó como un disparo, más suave y se tiró al suelo y le gritó un "Al suelo" para que ella también se agachara. Se puso en pie pero antes de que pudiera reaccionar, estaba demasiado en estado de shock, no sabía que pasaba, unos hombre armados salieron corriendo hacia ellos y uno le propinó un golpe con la culata que hizo que el rubio se llevara las manos al estómgao y cayera de rodillas.

"Pero qué..."

Cerró los ojos y vió como uno de ellos apuntaba Faith. ¿Qué demonios estaba pasando allí?
No entendía nada, no habían hecho nada, no había hecho nada. Pensó estúpidamente que era por correr con la moto. Pero eso no explicaba nada. De nuevo otra cosa que no tenía sentido.

Sin pensarlo dos veces se puso en pie y se lanzó contra el enmarcarado que sujetaba a la morena en un intento de liberarala y de derribarlo usando toda la fuerza que tenía y ayudándose del impulso que se había dado. Si lo conseguía lo siguiente sería intentar quitarle el arma para usarla contra ellos.

-Faith, vete!-le gritó. Ella tenía que irse de allí, de todos modos el chico no tenía nada y no tenía nada que perder, ella si lo tendría. No se hacía el héroe, aunque lo pareciera. Si alguno de los dos podía salvarse esperaba que fuera ella.

Aquello no podía estar pasando, era demasiado surrealista, como si no tuviera ya suficiente con su vida propia ahora aparecian esos tipos armados hasta las cejas y que parecían preparados apra una guerra nuclear o a saber qué. Su instinto era el de sobrevivir y en esos momentos no le importaba quienes eran, quería salir de allí con vida si era posible.

Faith Lehane - December 31, 2009 05:42 PM (GMT)
La voz de Mark sonaba temblorosa muy distinta a como había sonado la última vez. La muchacha clavó sus verdosos ojos en el muchacho y tentadísima estuvo de darle un abrazo o algo, pero temía de sus visiones y sabía que él posiblemente lo supiera. Aún recordaba perfectamente que había visto cuando le había tocado y lo mal que debía sentirse llevando aquel recuerdo sobre sus espaldas. Además de que sabía que Mark lo sabía porque..., ella obviamente sabía que poderes tenía él. Como siguiera pensando en esas cosas acabaría loca.

Ni siquiera le preguntó como estaba, ni se podía ayudarle. Preguntas tontas que no venían a cuento, cuando a simple vista se veía que estaba mal y bastante además, lo que no alcanzaba a comprender la morena era porque, cosa que podría haber sabido... Solo con tocarle, con ponerle la mano encima, pero no, prefería que en tal caso se lo dijese él por sí mismo. Nada de visiones.

Sonrió levemente ladeando el rostro mientras se ponía de cluquillas quedando a su altura, aunque notó que él iba a levantarse, si, justo en el preciso instante en que sus oídos captaron el sonido de una rama rompiéndose bajo los pies de alguien. Instintivamente, tomó entre sus manos enguatadas, las cuchillas de los patines que había dejado con anterioridad cerca de la roca, poniéndose acto seguido en pie y volviéndose justo en el momento que algo le pasó rozando la mejilla.

La voz de Mark diciéndole que se echase al suelo, el dolor en la mejilla y la característica sensación de sangre manando de una herida desaparecieron de súbito. Su mente había viajado bastante lejos de aquel sitio.

Por su cabeza empezaron a pasar imágenes, borrosas e inconnexas. Tal como pasaba siempre que tenía aquel tipo de premoniciones que luego (quizá gracias a su inteligencia) conseguía conectar entre sí. Un fusil, un coche saliéndose de una carretera, una bala impactando en el parabrisas del mismo. Todo en un torbellino de imágenes que pasaban una y otra vez por su mente. Lo que quizá le costaría saber era a cuento de que esa visión, era lo que más le frustraba. No saber a veces, hasta tiempo después que significaban, con que se relacionaban y era por eso que las recordaba como si de una obsesión se tratase una y otra vez, hasta saber su significado.

Para cuando volvió a "la vida real" Mark estaba en el suelo de rodillas y ella tenía un arma apuntándola. Abrió los ojos quedándose durante unos segundos en estado de shock, sin saber muy bien como reaccionar y antes de incluso intentarlo, Mark se había echado sobre él en un acto impulsivo posiblemente.

Ni en broma iba a dejarle allí, pero en lugar de decir algo se limitó a bajar ligeramente la mirada y a concentrar todas sus fuerzas en proyectarse astralmente detrás de uno de aquellos hombres (que no fuese sobre el que había ido Mark) aprovechando así el factor sorpresa, y en caso de conseguirlo, con una de las cuchillas que llevaba en la mano, intentar aunque fuese hacerle un corte en el cuello, todo lo profundo que pudiese, lo intentaría con todas sus fuerzas. Era su única salida, por cruel y sádico que pareciese, pero sabía que allí, estaba uno de los puntos débiles del cuerpo humano. En situaciones desesperadas, medidas desesperadas y esa era una.

Marjorie McCann - January 3, 2010 11:18 AM (GMT)
Mark consigue ser más rápido que Espectro 2, que estaba dispuesto a golpear a Mark de nuevo con el fusil. El impulso y la fuerza son más que suficientes para derribar a Espectro 3. Ambos ruedan unos metros, alejándose de Faith y de los otros espectros. El arma de Espectro 3 sale disparada a unos metros del joven inglés y del esbirro.

Por su lado, Faith, a pesar de estar sacudida por una de sus visiones, es capaz de mantener la cabeza fría y reaccionar a tiempo. Consigue proyectarse astralmente detrás de Espectro 2, que, sorprendido, no logra reaccionar a tiempo. La Faith astral hunde la cuchilla de su patín en el cuello del hombre con una fuerza considerable, causándole una profunda herida ((2 daños)).

La Faith real se desploma al suelo, inconsciente ((1 turno)), mientras que esta actuando su proyección ((1 turno)).

Mark O'Sullivan: 18 PVS
Faith Lehane: 14 PVS ((1 turno Inconsciente. Actuando la proyección astral))

Espectro 1: 5 PVS
Espectro 2: 3 PVS ((-1 PVS por turno debido al desangramiento O.o))
Espectro 3: 5 PVS ((Desarmado))
Espectro 4: 5 PVS

Reglas del juego: Un único post por turno. Leed con detalle cada post. Los post que contradigan otros post o que caigan en alguna incongruencia con lo dicho anteriormente serán invalidados, así como los que no superen las 12 líneas obligatorias. Se pueden realizar varias acciones por respuesta (con mesura eh?) pero siempre que queden bien especificadas y contra un mismo objetivo que debe quedar perfectamente definido, aunque sea en off-rol. Sed originales ^^

HAY RIESGO DE MUERTE REAL

MSSC - January 3, 2010 01:27 PM (GMT)
- ¡¡¡¡¡¡¡¡¡ZOOOOOORRRRRRRRAAAAA!!!!!!!!!! - chillaba Espectro2 mientras la sangre pintaba de carmesí la coraza.

"La muti ha sido muy lista" pensó Espectro1 mientras soltaba el percutor. Había atacado la parte de la armadura donde la protección era mucho más débil por no decir inoperante, una goma dura. "Pero también es una inconsciente"

Espectro1 no era un cabezabote o un borrico cualquiera de esos que los altos mandos soltaban en marea sobre los objetivos. No. Espectro1 pertenecía al cuerpo nacional de francotiradores. Espectro1 era un tipo listo y podía deducir las cosas. La chica había caido inconsciente y tras Espectro2 había aparecido otra chica igual... pero la inconsciente seguía allí. Algo les debía mantener unidas, algo, un nexo un hilo, pero él era incapaz de verlo... pero lo que fuera mantenía a la chica inconsciente en contacto con su cuerpo inconsciente.

Y si su idea no funcionaba y mataban a Espectro2... "oh, que pena, oh que pena"

Espectro1 abrió fuego sobre el cuerpo inconsciente para anular del todo a la muchacha y sus poderes.

Espectro2 rodó por el suelo, sin dejar de chillar insultos y barbaridades, quedó frente a ella y lanzó un mandoble con su fusil hacia la muchacha con intención de golpear con el duro cañón de metal en la chiquilla.

Espectro3 estaba en el suelo forcejeando con el muchacho por conseguir su fusil de tranquilizantes. Espectro3 lanzó un par de puñetazos y codazos sobre el muchacho, pero este estaba siendo dificil de pelar y también notaba sus golpes contra la armadura. Se lo quitó de encima de un empellón, acompñado de un grito de hastío, y sacó a relucir un machete de su funda de tobillo, ya de pie, se lo pasó de una mano a la otra.

- ¿Quieres jugar con los mayores?

- Lo queremos vivo -advirtió Espectro4 que se había acercado rápidamente para coger el fusil de Espectro3.

- Ah sí... y vivo llegará... aunque deseará que lo hubiese matado -Espectro3 se lanzó sobre Mark cuchillo en ristre.

Mark O'Sullivan - January 3, 2010 02:24 PM (GMT)
El chico intentaba esquivar los golpes del hombre como podía y se los devolvía en la medida de los posible a base de puñetazos contra la cara enmascarada y contra el cuerpo cubierto por una armadura. Intentó arrancarle la máscara para poder hacerle daño y verle la cara.

Vió a Faith de refilón rebanarle la garganta a uno de los soldados. Hubiera sido mejor que se hubiera ido corriendo o lo hubiera intentando. tendría que haberlo hecho, pero el rubio era incapaz de decir lo que le alegraba que ella hubiera decidido quedarse. Aquello le reconfortó de una manera bastante extraña sobretodo teniendo en cuenta en la situación en la que estaban.

Intentaba quitarse del Espectro 3 para poder alcanzar el arma que había salido disparada un par de metros más allá. Ese era su objetivo, no sabía si tenía bala o lo que fuera, pero pensaba usarla contra ellos, no le importaba si mataba a alguno de ellos, no era lo importante en ese momento. Quería salir de allí con vida y aquello demostraba que en el fondo no creía que nada mereciera la pena. Pese a no tener poderes, no estaba actuadno como un zombie y se defendía con uñas y dientes.

Se puso en pie como pudo y se lanzó a por el arma al mismo tiempo que el Espectro 4 al que intento apartar de un bueno empujón para agarrar el arma para cogerla y golpear con la culata a la cabeza del Espectro 4. Si lo lograba, dispararía al Espectro 3 que tenía el machete en la mano.

Vió el cuerpo de Faith en el suelo, no, debía concentrarse en coger el arma y disparar y quitarse de encima a aquel soldado o lo que fuera y luego la ayudaría.

Su cabeza funcionaba a toda velocidad, procesando todo lo que pasaba, haciendo lo primero que se le ocurría y intentandon saber que pasaba en todo momento.
¿Le querían vivo? Eso quería decir una cosa, habían ido a por él y Faith era tan solo un obstáculo. ¿Para qué le querrían? No había hecho nada. Tal vez fueran humanos que se dedicaban a secuestrar mutantes, aunque era imposible que supieran que el era un mutante. Nadie salvo al gente de la Academia podía saberlo, o eso creía él. Pero después de todo eso ya daba igual, ya no tenía poderes.

Escuchó los disparos. Giró la cabeza para ver el cuerpo de la morena con algunos dardos clavados.

-No!-gritó al verlo. Tenía que ir a yudarla.

Faith Lehane - January 3, 2010 04:56 PM (GMT)
El gritó de rabia de aquel hombre hizo que apartase la cuchilla, cubierta de sangre fresca mientras sus ojos verdes, veían como manaba sangre del cuello de aquel hombre. Se quedó quieta unos segundos. Eso había sido un simple golpe de suerte o así al menos lo veía la morena. Se había arriesgado y quien sabía que consecuencias podía traerle aquellos actos. Por que... por muy inteligente que hubiese sido la idea, siempre estaba la parte negativa, un punto débil. Por desgracia siempre había puntos débiles, pero se había tenido que arriesgar.

Seguía sin entender demasiado bien, por no decir que no entendía absolutamente nada, que pasaba allí. Solo tenía claro que al no tener nada que perder, no se iría dejando allí solo a Mark, por mucho que él le hubiese dicho que se fuese corriendo. Ella no era una cobarde que huía. Eso nunca.

Sus ojos fueron automáticamente hacía su propio cuerpo al que apuntaba uno de aquellos indeseables. "No te dejaré" pensó la muchacha mientras fulminaba a aquel malnacido, intentaría proteger su cuerpo, para lo que lanzó una de las cuchillas con toda la fuerza de la que se vió capaz hacía el Espectro 1, que parecía estar dispuesto a abrir fuego contra ella. Al menos si no le hacía daño, un golpecito podría distraerle, ¿no?

Los gritos de Espectro 2 a quien había herido hicieron que volviese a centrarse inmediatamente en lo que tenía delante, no tenía demasiadas posibilidades pero el instinto hizo que intentase esquivar el ataque de el espectro agachándose y con un poco de suerte si lo conseguía intentar hacerle otro corte en uno de los pies al agacharse con la cuchilla que seguía teniendo en la mano

Lo que le daba temor a Faith era no ser consciente después de todos aquellos actos, ya que su yo astral volvería a su cuerpo y si no había conseguido evitar el ataque sobre este... Mark se quedaría solo contra ellos cuatro y a saber que harían con ello. Pero, la esperanza era lo último que se perdía y ella, por supuesto no iba a perderla no tan pronto..., pero notaba como por segundos su alma quería volver a su cuerpo..., no le quedaba mucho tiempo como astral.

Miró de reojo a Mark que forcejeaba por conseguir el arma, incluso le oyó gritar ¡No! en el preciso instante en que su cuerpo la empezaba a llamar con más fuerza, ni siquiera sabía porque de aquel grito, no sabía nada. Solo esperaba despertar dentro de su cuerpo, como siempre que su yo astral volvía al cuerpo.

Marjorie McCann - January 4, 2010 09:49 AM (GMT)
Las cosas parecen ponerse feas para los jóvenes. La acertada acción de Faith no ha hecho más que enfurecer a los Espectro.

Espectro 1 abrió fuego contra el cuerpo inconsciente de Faith. Las acciones siguientes se sucedieron prácticamente simultáneas: Faith lanzó la cuchilla de su patín mientras Espectro 2, sacando fuerzas de flaqueza, golpea en la cara a la joven con la culata de su fusil antes de caer desplomado al suelo agarrándose el cuello con ambas manos.

La cuchilla, que hubiese dado un certero y fatal golpe al Espectro, se desvía debido al ataque del Espectro 2, impactando en el hombro de Espectro 1 ((1 daño, extremidad inutilizada)). El violento golpe contra el rostro de la chica ((3 daños)) hace que esta caiga al suelo semiinconsciente para desvanecerse poco después. La verdadera Faith esta presa de los narcóticos que han impactado contra su cuerpo y fuera de juego durante un tiempo ((Hasta nueva orden))

Mark, por su lado, sigue con su particular lucha contra dos de los Espectro. Espectro 4 a acudido en ayuda de su compañero, que descarga golpes y forcejea con Mark. Los golpes van igual que vienen. Mark ya tiene una buena colección de hematomas en el rostro y en los brazos, amén de algunos arañazos. Por su parte a logrado desenmascarar a Espectro 3 y le propina un violento puñetazo en el rostro ((1 daño)). Eso no le impide recibir en el antebrazo derecho una profunda cuchillada por parte de Espectro 3 ((2 daños / penalizador -1))

Mark consigue deshacerse de Espectro 3, algo aturdido por el golpe en el desprotegido rostro, y hacerse con el fusil antes que Espectro 4. Golpea a este en el rostro dejándolo algo aturdido, lo que le da el tiempo suficiente para apuntar y disparar a Espectro 3 (Crítico).

Varios disparos contra el cuerpo del Espectro. Parece hacerse el silencio y los Espectros quedan paralizados durante unos segundos. La ráfaga de Mark ha impactado en el hombre con demasiada exactitud y apenas consigue extender el brazo con el puñal antes de que este se le escurra entre los dedos y su portador se desvanezca, inconsciente.

Mark está solo.

Mark O'Sullivan: 16 PVS ((Penalizador de -1 en todas las acciones))
Faith Lehane: 11 PVS ((Inconsciente))

Espectro 1: 4 PVS ((Brazo derecho inutilizado))
Espectro 2: 2 PVS ((-1 PVS por turno debido al desangramiento. Penalizador de -3 en todas las acciones.))
Espectro 3: INCONSCIENTE
Espectro 4: 5 PVS

Avisad si observais algún error.

MSSC - January 6, 2010 02:13 AM (GMT)
Espectro1 vio como el patín iba hacia su rostro, levantó el fusil poniéndolo en la trayectoria del ataque. Tuvo la mala suerte de que el patín fuera a impactarle en la juntura del hombro.

Lanzó un ahogado grito mientras su rifle caía al suelo. Se parapetó tras un árbol, mientras oía el traqueteo del rifle AK-207. Se arrancó el patín del hombro, la sangre se deslizó por encima de la armadura, no tan abundante como Espectro2 que ahora parecía que llevaba un peto de color carmesí, pero lo suficiente para comenzar a asustarse... en especial cuando percibió que apenas podía mover el brazo.

Volvió a gritar de rabia, mientras que con la mano izquierda sacaba de su funda la Glock 17 y quitaba el seguro... con esa preciosidad a diez metros era tan peligroso como con su rifle a cien.

Hecho un vistazo por la derecha de su escondite, donde vio que la niña estaba inconsciente y el rubito encañonaba a Espectro3 y le dispara media docena de dardos que impactan en el rostro, cuello y pecho del soldado. Giró por la izquierda, veloz como un rayo y quedó a distancia de bocajarro del muchacho apuntando a su espalda con la pistola.

Espectro4 con la máscara resquebrajada, trasteaba con el seguro y el percutor de su Heckler Koch MP5 y apuntó contra el muchacho.

Espectro2, mientras la sangre manaba entre sus agarrotados dedos, sacó de su funda la pistola y con ella apuntó hacia Mark.

Espectro1 y 4 gritaron casi a la vez.

- ¡Quieto! -ladró Espectro1 con el dedo sobre el gatillo.- ¡Quieto, maldito, imbécil o te pego un tiro!

- Lo haré... -gimoteó Espectro4-, lo haré, juro que te pegaré un tiro, si...

Espectro2 no gritó. Con la vista borrosa, el sabor de la sangre que se escapaba de entre los labios con cada exhalación y las fuerzas cada vez más escasas apuntó hacia Mark.

Y disparó.

Mark O'Sullivan - January 6, 2010 10:37 AM (GMT)
Sintió el frío y una punzada de dolor cuando el machete se clavó en su brazo haciendole gritar de puro dolor. Se llevó la mano a la herida cerrando los ojso con fuerza para descuvrir que por suerte la cosa no era muy grave. Enseguida se recompuso y apretó el gatillo con un frialdad pasmosa.
Lástima que fueran solo dardos, sino aquel hombre estaría muerto.

"Mierda", pensó el chico al descubrir que aquello no eran balas. Hubiera querido matarle, quería que estuviera muerto. Con suerte le había clavado tantos dardos de tranquilizante o lo que fuera aquello como para envenenarle y matarle. Con un poco de suerte.

Vió a Faith desplomada, a uno de los hombres en el suelo bastante alejado de ellos, y a otro en pie cerca de él. ¿Dónde estaba el otro?
El chico buscó por todas partes pero no lo vió, pero vió otra cosa mucho más interesante y una idea algo suicida cruzó su mente. Después de todo no tenía nada que perder, no tenía poderes, no tenía nada y nadie, muy probablemente, le echaría de menos.
Se agachó rápidamente y tomó una de las granadas que llevaba el espectro 3 en el chaleco. Sujetaba en una mano bajada la granada y en otra el rifle completamente descargado.

Probó a disparar al Espectro 4, pero no quedaba dardos. Justo en el mejor momento.

Notó el cañon del arma a su espalda y sonrió. Soltó el arma y dejó los brazos a lo largo del cuerpo. Sostenía la granada de tal manera que quedaba escondida entre la mano y la chaqueta. Vió al otro espectro delante de él. Los dos apuntándole con un arma, pero le querían vivo. Eso y la sorpresa tal vez jugaran en su favor. No le importaba matarlos. Mejor dicho quería matarlos, quería acabar con aquello hombres que habían arruinado aún más su día, que le habían hecho daño a Faith. Si moría, se llevaría a varios con él y no pensaba morir. No de momento.

Miró un segundo el cuerpo inconsciente de Faith para asegurarse de que estaba lo suficientemente lejos para que la granada no le afectara.

Le quitó la anilla y la dejó caer discretamente en el suelo para luego echar a correr con todas sus fuerzas, le dolía todo, los golpes que le habían propinado, oyó un disparo y esperó a que le diera y se tiró al suelo, escondiendose detrás de un árbol que había un par de metros más allá. Y esperó el boom que se los llevaría por delante.

Ted Sullivan - January 9, 2010 09:26 AM (GMT)
-¡Quieto! -ladró Espectro1 con el dedo sobre el gatillo.- ¡Quieto, maldito, imbécil o te pego un tiro!

-Lo haré... -gimoteó Espectro4-, lo haré, juro que te pegaré un tiro, si...

Pero el más preocupante no era ni Espectro 1 ni Espectro 4, sino Espectro 2 que, con sus últimas fuerzas y sin emitir sonido alguno, disparó a Mark sin contemplaciones, sin un pestañeo.

Si se hubiese podido ralentizar el tiempo se podría ver a Mark intentando avanzar al ritmo que la granada caía al suelo y que dos nuevas balas salían de sus respectivas armas en dirección al muchacho: una por la espalda, otra por el costado y, la más adelantada, directamente hacia su cabeza.

La rápida respuesta de Espectro 1 y 4 ante la acción de Mark dejaba al muchacho sin prácticamente posibilidad de escapatoria. La granada de fragmentación haría el resto: Cientos de trozos de metralla catapultándose a una velocidad letal en un perímetro que los abarcaría a todos: Espectros, Mark y a la inconsciente y desprotegida Faith.

Si se hubiera podido detener el tiempo los cuatro hubiesen visto a dos figuras acercarse a la carrera. Hubiesen visto como uno de ellos, el más joven, en acto suicida se lanzaba sobre la granada envolviéndola con su cuerpo segundos antes de explotar y también hubiesen visto como la segunda figura se interponía entre Mark y la trayectoria de las balas.

Pero no se podía detener el tiempo.

Estallido de la granada.

Los cuerpos de los cuatro Espectro salen disparados por los aires. El cuerpo de Espectro 1 impacta contra el tronco de uno de los árboles, partiéndose la espalda ((Muerto)). El violento impacto de Espectro 2 contra el suelo le deja sin ninguna posibilidad: deja de respirar mientras a su alrededor se extiende un reguero de sangre procedente de la herida del cuello y de la abierta cabeza ((Muerto)).

La suerte es idéntica para los Espectro 3 y 4. Ambos impactan contra el suelo varios metros alejados del lugar de origen. Crujidos de huesos. Aún respiran, ambos. Para desgracia de espectro 4, este aún conserva la conciencia, aunque la vista se le nubla y el dolor apenas le deja respirar.

Mark y Faith siguen vivos. El hombre que ha parapetado su cuerpo frente a Mark aún tiene ambas manos extendidas en dirección a los Espectro y en sus ojos se aprecia un malsano brillo. Unas gotas carmesí se precipitan desde el punto de su brazo que ha detenido una de las balas hacia el suelo ((3 daños)).

Otra bala ha impactado en el torso de Mark ((6 daños)) a pesar de los esfuerzos de su salvador y una mancha oscura empieza a formársele en el abdomen., a la altura del estómago. La vista se le nubla. El dolor se extiende y se acrecienta. Apenas podría mantenerse erguido si no fuese por el árbol en el que recarga su peso.

Ni rastro de la granada.

El hombre que se ha tumbado sobre ella se levanta del suelo, completamente ileso, sacudiéndose con las manos los trozos de metralla que se le desprenden del cuerpo junto a los jirones de la destrozada ropa. Ni un rasguño, ni una herida. Ni siquiera un hematoma.

Mientras este se acerca al cuerpo de Faith, tomándolo en brazos, su compañero se acerca a uno de los cadáveres arrebatándole la pistola con el brazo sano. Sin miramientos vacía el cargador contra la cabeza de Espectro 3, después deja caer la pistola y se dirige hacia Espectro 4. Sin titubeos le arranca la máscara del rostro, levanta el pie y le propina una violenta patada que aplasta el cráneo del desdichado soldado contra el suelo. Un desagradable crujido pone silencio en el lago y punto y final a la vida del Espectro.

El hombre joven, con el torso desnudo y Faith entre sus brazos, espera paciente órdenes del mayor de los dos, que se acerca a Mark apretándose la herida del brazo. Mark apenas puede mantener ya la conciencia y su cuerpo ha empezado a deslizarse hacia el suelo por la áspera superficie del árbol. El hombre se agacha frente a Mark, que por fin puede apreciar que es pelirrojo y que lleva un alzacuello en la negra camisa.

-No vas a morir hoy, chaval. -con la mano sana, teñida de su propia sangre, le sujeta la cabeza a Mark para que le pueda aguantar la mirada- Hoy no. Aguanta, chaval. Aguanta.

-Tenemos que llevarle a la base. –Dice el hombre joven- Jazz puede salvarle.

Matheus le da el cuerpo de Faith, más menudo y ligero, al pelirrojo párroco que se lo carga sobre el hombro del brazo sano mientras él pasa una mano bajo los hombros de Mark y lo recarga contra su cuerpo. Casi arrastrando al joven inglés, los cuatro se dirigen hacia un coche todoterreno estacionado con las puertas de piloto y copiloto abiertas y aún con las llaves puestas, en la linde de la boscosa zona.

El coche avanza a una velocidad temeraria por las carreteras secundarias que rodean Moorside City. El traqueteo del coche arranca de vez en cuando gemidos quejumbrosos al febril y semiconsciente Mark. A su lado, Faith empieza a removerse, despejándose de los efectos del sedante. Ted Sullivan, sentado en el asiento del copiloto y presionándose la herida, les dirige de vez en cuando miradas por el espejo retrovisor. La vida de Mark pende de un hilo.

Mark O'Sullivan: 10 PVS ((Tiro en el estómago. -1 PVS por turno que pase sin atención debido al desangramiento))
Faith Lehane: 11 PVS

Ted Sullivan: 16 PVS ((Brazo izquierdo inutilizado))
Matheus Keighly: 26 PVS

Espectro 1: MUERTO
Espectro 2: MUERTO
Espectro 3: MUERTO
Espectro 4: MUERTO

Ambos podéis postear, pero ser consecuentes con el estado en el que se encuentran vuestros PJ. Mark se esta muriendo (O.o) y Faith aún actúa bajo los efectos de los sedantes.

Hynkott - January 9, 2010 11:40 AM (GMT)
La imagen de Espetro1 desaparición de la pantalla.

Hynkott bajó las botas de la mesa y se inclinó con el vaso de whiskey entre las manos y el ceño fruncido. La imagen de Espectro2 fue la siguiente en perderse.

- Pero, ¿qué coj...?

Desde los altavoces llegaron los sonidos de caos y terror. La explosión. La cámara de Espectro4 voló por los aires y se quedó mirando un arbusto. La de Espectro3 seguía mirando al cielo.

Hynkott cogió el micro y pulsó la tecla para hablar.

- ¡Espectros responded! - les dio un segundo y volvió a repetir la orden.

Nada. Silencio.

La operación estaba siendo un fracaso. Esos 4 matones eran un hatajo de inútiles. Casi les habían matado una niña con unos patines y un pijo inglés desarmados... era de broma... él podría escupir al aire, acabar con esa pareja de mosquitas muertas y recoger el gapo del aire antes de que cayera.

- ¡Maldita sea informad!

Entonces el cañón de la pistola apareció en el visor de Espectro3. Al tercer disparo la imagen se perdió. Pero de Espectro4 pudo conseguir algo... o ya lo creo.

Hynkott accionó el botón de pause y miró fijamente la imagen.

- Me cago en mis muertos -consiguió murmurar.

Si Hynkott hubiera pisado una iglesia en algún momento de su vida, puede que hubiera coincidido en la de Moorside City con el padre Ted Sullivan. Pero Hynkott no tenía memorias de no haber entrado en una iglesia salvo para matar a alguien. Así que con el ceño muy fruncido se grabó a fuego la última imagen Espectro4.

Un cura pelirrojo con el pie levantado sobre el rostro del soldado.

Luego la imagen se perdió.

Hynkott apoyó la espalda sobre el respaldo de la silla, mientras dejaba escapar el aire por la nariz. Tomó de nuevo el vaso de whiskey, cogió la botella de Jack Daniel's y lo rellenó hasta el borde.

- Por los caídos -celebró levantando la copa. La bebió de un trago.

Tras eso la estampó contra una pared.

- Mis putos muertos -maldijo.- Ahora tendré que hacer yo todo el puto papeleo.

Definitivamente... iba a matar a alguien.

Faith Lehane - January 9, 2010 01:00 PM (GMT)
No había podido evitarlo, por mucho empeño que había puesto en no volver a su cuerpo, su astral había ganado la partida devolviéndola a un cuerpo inconsciente sumiéndose en la oscuridad durante lo que para ella fueron horas. Y es que... ¿cuánto tiempo había pasado? ¿Qué habría sido de Mark? ¿Y de aquellos extraños? Ni siquiera sabía que había sido de la cuchilla que había lanzado al otro enmascarado, porque el golpe de uno de ellos la había dejado demasiado aturdida y adolorida, todo sea dicho.

Cuando volvió en sí, lo primero que notó fue un intenso dolor de cabeza y una pesadez en los párpados que hizo que un primer momento no intentara abrirlos. Después notó un traqueteo y unos gemidos, pero todo le llegaba de forma distorsionada y como si se encontrase a años luz de ella. En un último esfuerzo abrió los ojos, pero su vista estaba completamente nublada y dedujo que aquellos dardos tranquilizantes le habían dado de pleno. Aún así y a pesar de que su cerebro parecía ir al ritmo de un caracol, pudó deducir varias cosas.

La primera y más obvia, por supuesto, que estaba viva y la segunda que se encontraba en posiblemente un coche con dos personas en los asientos delanteros, que no obstante no pudo, ni intento identificar, demasiado trabajo para su cabeza tal y como estaba. Aún así enseguida se acordó de Mark, de como se había quedado posiblemente solo con aquellos enmascarados mientras ella caía en la inconsciencia. No le hizo falta buscar demasiado con aquella nublosa vista, que iba mejorando gradualmente, aunque de una forma un tanto lenta, a Mark. Era la única persona que conocía rubia, y la única que estaba con ella en aquel momento. Sus oídos captaron unos sonidos ralentizados a causa de su estado, pero supo casi de inmediato que procedían de él y aquella mancha roja que le cubría y parecía no cesar.

Sangre. Eso era sangre, por supuesto. Ella no tenía ni idea de como había llegado el muchacho a aquella situación. La última vez que le había visto estaba bien (vale, siendo apuntado por aquellos locos, pero bien) y ahora era obvio que tenía una herida que no cesaba de sangrar. Sus ojos verdes brillaron unos pocos segundos, antes de que las lágrimas empezaran a deslizarse por sus mejillas. No podía creerse que ella estuviese bien y él estuviese prácticamente desangrándose (o eso dedujo ella).

- Mark...

Dijo en un hilillo de voz. Ni siquiera sabía si alcanzaría a escucharla y entenderla, pues parecía que estaba sumido en una especie de delirio, a juzgar por las incoherencias que le llegaban a ella, de forma lenta y que si, le costaba bastante asimilar con su lenta cabeza.

Con la mano que tenía más cerca de Mark, buscó la del muchacho, para lo que tuvo que moverse un poco, con cierta torpeza, pero con éxito y cuando la encontró, ni tan siquiera le importó lo que pudiese pasar por su cabeza.

Era como un flash de toda la vida del joven inglés. Retazos de su infancia con sus padres, su vida familiar con ellos, una felicidad que pasó a la tristeza cuando por su mente pasaron los momentos del funeral y de un mausoleo, con muchísima gente vestida de negro, pero ni una sola lágrima en ninguno de los rostros, solo en el del joven, luego volvió a verle a él, completamente solo en una habitación vestido de negro y en la cual todos los muebles estaban cubiertos por sábanas blancas, notó como le subía la adrenalina cuando iba en moto por el desierto a gran velocidad y por último vió un paraje que recordaba, el lago de aquella misma tarde y Mark leyendo unas cartas de las cuales a ella solo le llegaron pequeños retazos a la mente. "Aunque no estemos para poder decírtelo por las razones que sean que nos hayan apartado de ti, queremos, quiero, mi amor, que sepas que estamos orgullosos de que hayas cumplido 19 años." "Me gustaría estar ahí contigo para celebrarlo, verte sonreír de nuevo como antes." "Siento tanto haberte dejado. Te lo juro. No te enfades conmigo o con tu padre. No te eches la culpa, no es culpa de nadie." "¿Cuándo es la última vez que no estuviste completamente preocupado? ¿Qué le sonreíste a alguien de verdad?" "Estaré siempre contigo, tu madre." "No quiero que olvides quien eres. Lo que eres. Debes de estar orgulloso de ello y no ocultarlo." "Quiero que hagas honor a tu nombre y te comportes como es debido. Aunque eso siempre se te dio bien." "Sigue adelante, no te quedes en el pasado."

Volvió a notar la mano del muchacho entre la suya, mientras seguía llorando en silencio. Sabía que lo que había pasado por su cabeza, era lo mismo que estaba pasando por la cabeza del joven inglés.

- Mark..., quédate conmigo por favor..., quédate con mi voz Mark...

Por lo que más quieras, pensó mientras apretaba con toda la fuerza de la que era posible la mano del joven. Lo que más le fastidaba era no saber como había llegado el muchacho aquel estado. Quería saberlo..., aunque primero quería que se pusiera bien. Era lo primordial después de todo en ese momento.

Mark O'Sullivan - January 9, 2010 05:34 PM (GMT)
Oyó los disparos, claro, no le iban a dejar huir fácilmente. Tan solo esperó a que la granada explotara y acabara con todo de una vez por todas. Cerró los ojos y se llevó las manos a la cara en un gesto de protección instintiva.
La explosión hizo que sus oídos quedaran como tapados, oía las cosas de fondo, como lejanas y espero a no sentir nada de nada. Notó una especie de pinchado en el estómago pero nada más.
Abrió los ojos, no estaba muerto.
Vio un hombre delante suyo, pelirrojo. ¿Todo había salido bien?

Notó una punzada de dolor en el estómago que comenzó a aumentar progresivamente, poco a poco. Se llevó las manos al estómago y cuando se miró las manos estaban cubiertas de sangre. Todo comenzó a nublarse, veía borroso, todo se difuminada y notó como las piernas le fallaban, pero el árbol aún le tenía en pie. Presa del pánico, tiró de la cremallera de la chaqueta para ver toda la camiseta blanca tiñéndose del rojo de la sangre. Se llevó de nuevo la mano manchada de sangre al abdomen. Le dolía lo indecible y aquello tan solo empeoraba y acabó por desplomarse.

Notó como alguien le sujetaba la cabeza, una voz de fondo que le decía que aguantara, que no era su momento.
Notaba como la vida se escapaba por entre sus dedos, como la sangre fluía sin remedio y lo que le dolía la herida abierta, cada respiración era un suplicio, cada intento de llevar el aire a sus pulmones hacía que la herida le doliera más. Intentaba respirar solo con los pulmones, pero eso no quitaba el dolor. Se dejó llevar, miraba pero no veía, todo se oscurecía y estaba borroso, no conseguía apenas distinguir formas y colores.

Su cabeza solo pensaba en vivir, quería vivir a toda costa y hacía apenas unas horas, quería morir, había querido reunirse con sus padres, sus queridos y amados padres. Ese pensamiento el pensar que tal vez se reuniría con ellos le reconfortó y en la especie de delirio en el que estaba e hizo sonreír para luego soltar un gemido de dolor que le hizo llevarse la otra mano al estómago y presionar sobre la herida.
Sí, podría reunirse con ellos. Estaría con ellos de nuevo, no habría problemas, no habría más dolor. Soltó un nuevo gemido e intentó abrir los ojos, despertar. Se notaba pesado, era como si estuviera en otro mundo, con sonidos surrealistas a veces más fuertes y otras voces de fondo, susurros y un ronroneo continuo.
A cada bache, un nuevo quejido.

Luego recordó algo importante, su poder. No estaba. Era normal. Un maldito humano y merecía morir por ello. Por ser tan solo alguien inútil, era lo que él más odiaba y no podía soportarlo. Y qué pensarían sus padres. Qué harían ellos si estuvieran vivos para ver como su hijo, su heredero no era nada más que un simple humano.
Otro gemido de dolor. Cerró los ojos y dejo caer la cabeza a un lado.

”Mamá…”

Sus pensamientos iban a ella, que siempre había estado a su lado apoyándole en todo y apra su padre, tana severo siempre, tan indispuesto a dar muestras de amor. A esa muestra de afecto de la carta. La carta, necesitaba aquella carta. ¿Dónde la había metido? Necesitaba la carta, ver algo de sus padres, tener algo de sus padres. Cuanto les echaba de menos y que pensarían de verle así. Se enfadarían, su madre estaría horrorizada.

Una voz femenina dijo su nombre.

-Madre…-dijo en un susurro casi imperceptible.

Pero no lo era, abrió los ojos y distinguió a alguien más ahí, pero no recordaba quien. Sus pensamientos saltaban, iban de un lado a otro, completamente inconexos. Hizo un esfuerzo por recordarlo.

-Faith- no sabía si hablaba, sería apenas un susurro inaudible o tal vez solo era un pensamiento. Por lo menos tenía el consuelo de que ella estaba bien.

De nuevo una punzada de dolor. Se removió ligeramente y se llevó de nuevo las manos a la herida. Estaban empapadas en sangre. Por una vez debía hacer caso a sus padres, debía vivir, debía sonreír. Pero no podía, no tenía nada por lo que vivir. Pero tampoco tenía nada por lo que morir.

La sangre. La sangre mancha, y sus manchas no se van nunca, se quedan de por vida. La carta. Se iba a manchar. Había recordado donde estaba, en un bolsillo de su chaqueta, en uno del interior. Hizo un esfuerzo y la Sacó del bolsillo a dura penas, no podía perderla, se arrugó y un borde se rompió. Pero no podía para mucho más. La dejó caer al lado de su cara o eso al menso intentó, alejarla de la sangre, de su propia sangre. Estaba manchado, pero juzgó intentando tener cierta esperanza de que aún sería legible.

Una mano le cogió la suya.
Pensó de nuevo en su madre, eso también dolía. Estaba muerta, tan muerta como aquellos soldados a los que había matado. Ahora era un humano y además un asesino. No, ellos querían cogerle ¿para qué? Querían hacerle daño a Faith. No podía permitirlo. Era defensa propia. Sí exacto.

Abrió los ojos en intentó enfocar la mano para ver que era la de Faith. Y se sujetó a esa mano y a esa voz como si le fuera la vida en ello mientras que en la otra mano quiso tomar la carta. Un lado vivo y otro muerto. Y el muerto le decía que viviera. Viviría, se aferraría a esa mano como si pudiera sacarle de la oscuridad, volver a los colores, a la vida y que no hubiera dolor. Sobretodo quería que se acabara el dolor.

Sería mejor no hacer esfuerzos. Eso hacían en las pelis ¿no?
Por suerte se sentía a salvo.
Se aferraría a su mano y a su voz.
De nuevo un gemido de dolor y cerró los ojos y su cara hizo una mueca. Dios como dolía.
Debía hacer un esfuerzo. Tomó aire.

-Faith. No me sueltes-de nuevo un susurro. Solo esperaba estar hablando de verdad.

Ted Sullivan - January 11, 2010 05:32 PM (GMT)
La chica se había despertado. Ted se dio la vuelta para mirarla cuando escuchó su voz, entrecortada, pronunciar el nombre del chico. Al volverse pudo ver que el estado del joven empeoraba por momentos: La mancha de sangre ya se había extendido por los asientos y empapaba totalmente la camiseta de Mark, había perdido totalmente el color y un sudor frío le empapaba el pelo y la frente. Temblaba y gemía.

-Toma, chica. -Ted se quitó como pudo la camisa negra y se la tendió a Faith- Enróllala y presiónale con fuerza la herida. No puede perder más sangre y tranquila, podremos ayudarle.

Después se volvió hacia Matheus y le instó con la cabeza a que le apretara a fondo al acelerador. No quería asustar a la joven, pero no tenía muy claro si llegarían a tiempo. Apretó con fuerza el puño derecho mientras se mordía uno de los nudillos: Habían llegado tarde, llevaban meses siguiendo al chaval y, cuando más falta hacían, habían llegado tarde.

-¿Cómo no les hemos visto? ¡Tenían que estar siguiéndole, joder! ¡Teníamos que habernos dado cuenta!

-Eso poco remedio tiene ahora, tu solo aprieta el puto acelerador.

Ted miraba de vez en cuando el espejo retrovisor. Aún temía que más de aquellos hombres los estuviesen siguiendo. Ya el miedo no era solo que intentasen sacarlos de la carretera y acabar con el trabajito que tenían a medias, el miedo era que los estaban llevando directamente a la base.

Sacó un teléfono móvil y marcó un número.

-Soy Céfiro. Dile a Jazz que se prepare. Quiero una camilla en el parking en diez minutos ¿Me has oído? Al chico le han pegado un tiro.

Matheus tomó una curva con demasiada velocidad y tuvo que hacer un violento viraje para no salirse de la carretera y acabar empotrados contra un árbol, maniobra que arrancó un nuevo gemido al desdichado Mark. Ted se volvió de nuevo para ver a los dos jóvenes a la vez que el chico rubio le pedía a la joven que no le soltase.

“¿Faith?”

-¿Qué vamos a hacer con ella? -Dijo Matheus haciendo un gesto con la cabeza que señalaba a Faith.- Una cosa es el chico y otra muy distinta es ella.

Ted se volvió a mirarla de nuevo. Aferraba la mano del joven y apretaba con fuerza su herida. Negó con la cabeza. Sabía a que se refería Matheus. La joven sabía ya demasiado, había visto demasiado y, los peor, los había visto a ellos y vería la base.

-No lo sé –Continuaron hablando como si ella no estuviese delante- Obsidian dirá lo que hacemos con ella, ahora nuestra máxima prioridad es el chico.

Ted bajó la ventanilla y sacó una mano por ella, agarrándose al techo del coche. Seguía sin apartar sus fríos y azules ojos de la joven. Era una niña muy linda… y demasiado joven.

-Tú no deberías estar aquí. Tendrías que haberte marchado cuando estuviste a tiempo. Ahora ya es demasiado tarde.

Ante ellos se alzó un pequeño caserón abandonado. Tenía dos plantas medio en ruinas, la mitad derecha del tejado totalmente hundido y en lo que antes fue un gran huerto que cubría toda la parte trasera, ahora crecían sin orden y concierto todo tipo de malas hierbas y rastrojos.

No parecía haber nada más a varios kilómetros a la redonda, solo la mal asfaltada carretera, aquella casa en mitad de la nada y cientos y cientos de metros cubiertos por la nieve y muerta arena.

Matheus rodeó la casa. En la parte de atrás había un cobertizo con una puerta grande, un edificio anexo a la otra construcción que, probablemente, sirvió para guardar maquinaria agrícola en su momento. El joven bajó del coche, sacando una pistola de la guantera y, mirando hacia ambos lados, corrió la pesada puerta del cobertizo.

Allí no había nada más que una enorme nave vacía, con maderas a los lados que en su momento hicieron las veces de cuadras o de vaquerías. Los pasos dejaban la huella entre el polvo, la tierra y los restos que aún quedaban de paja mientras el joven alemán se acercaba a una de las paredes y destapaba lo que parecía ser un viejo contador de luces.

Nada más lejos de la realidad. Matheus marcó un código y colocó sobre una pantalla su dedo índice. Al instante se escuchó un fuerte ruido y la mitad del suelo de la nave comenzó a retirarse bajo la otra, dejando espacio para un túnel subterráneo por donde cabían, fácilmente, un par de coches grandes.

-Bienvenidos. -Dijo Ted con una sonrisa maliciosa mientras Matheus volvía al auto que se adentró en el túnel, cuesta abajo, mientras la compuerta se cerraba a sus espaldas.

Condujeron sin más luz que la de los faros un par de kilómetros más hasta que apareció ante ellos la verdadera base: una autentica fortaleza militar subterránea, con toda suerte de medidas de seguridad, al más puro estilo de cualquier película futurista.

-¿Has oído hablar del Area 51, preciosa? –Dijo Matheus sin poder reprimir una carcajada ante la cara de asombro de la joven– Pues es una mierda comparada con esto.

El coche estacionó en lo que parecía ser el parking más heterogéneo del mundo, desde coches con más de dos décadas y que parecían caerse pedazos hasta sencillos utilitarios, pasando por las más modernas y caras joyas y algún prototipo que aún no había salido a la venta, como el majestuoso Aston Martin de Obsidian.

Tal y como había exigido Ted, dos hombres con bata blanca esperaban con una camilla a que bajaran del coche. Como si no pesase nada, Matheus tomó a Mark en brazos y lo dejó sobre la camilla. Una jovencita con una larga melena pelirroja recogida en un moño se acercó a toda velocidad, vestida con la ropa propia del quirófano y la mascarilla en la barbilla.

-¿Qué tenemos?

-Varón, de unos dieciocho años. Herida de bala en el abdomen sin orificio de salida. –Contestó el mayor de los camilleros.

-Subidlo al quirófano y preparadlo para intervenir. –Dijo con voz autoritaria. La joven no aparentaba mucho más de veinte años. Se cruzó de brazos para enfrentar a Ted. El mismo cabello, los mismos ojos- ¿Quién es ella?

-Eso no importa ahora. ¿Puedes salvar al chico?

-Me ofendes –Dijo sarcástica mientras apoyaba una de sus pálidas manos sobre la frente del cura pelirrojo y la otra a unos centímetros de la herida de bala que este tenía en el brazo- Pero primero tengo que sacar la bala. Después será coser y cantar.

Mientras hablaba, sus manos se habían rodeado de una halo de luz brillante y la herida había comenzado a cicatrizar de forma vertiginosa. Casi se podía escuchar el sonido de la carne al soldarse. A los pocos segundos solo quedaban de aquella herida una cicatriz redonda y los restos de la sangre seca bajando por el brazo.

-Pues estás tardando. Matheus, ve con ella y ocúpate del chico. Tú –dijo mirando a Faith- Ven conmigo.

*

Ted dio la custodia de Faith a una mujer rubia y grande que la acompañó hasta una habitación toda pintada de blanco sin más mobiliario que una cama y una mesita donde había una lámpara y un par de libros, una jarra con agua y un vaso de cristal. No tenía ventanas y la puerta era una puerta blindada de metal blanco con un cuadro de tamaño de la mitad de un folio de cristal grueso. No tenía pomo ni manivela por dentro.

-Espera aquí mientras se ocupan de tu amigo. Luego vendrán a por ti. –Dijo la mujer, que parecía aburrida del mundo entero y hastiada de su trabajo. Se marchó de la habitación dejando la puerta cerrada a su espalda, mientras musitaba protestando si ahora tenía que ser la niñera.

Por su parte, unas plantas más abajo, Jazz pedía a voces un desfibrilador. La bala de Mark estaba alojada de tal modo que, al extirparla, había hecho sangrar abundantemente una de las arterias. Llevaba ya consumidas tres bolsas de sangre y, aún así, no parecía entrarle lo suficientemente rápido como para compensar la pérdida.

-Carga a doscientos. Puedo cerrarle la puta herida, pero no puedo hacer nada como siga en parada.

El pitido continuo seguía inundando la sala.


Faith Lehane - January 12, 2010 12:15 PM (GMT)
La mirada de Faith se posó casi de manera automática en lo que para ella era un simple sacerdote, que se quitaba la camisa negra y se la entregaba. La enrollo con presteza y rapidez antes de ponerla sobre la herida de Mark y hacer presión, sin soltar en ningún momento la mano del muchacho.

Su vista había mejorado considerablemente y a pesar de sentirse ligeramente mareada aún por el efecto de los sedantes, estaba dispuesta a mantener la entereza y la cabeza fría por él, aunque las lágrimas siguiesen brotando de sus ojos. Nunca creyó que volvería a sufrir por algún conocido. Primero los niños del orfanato y ahora Mark y ambas veces se había sentido como una completa inútil que nada podía hacer para ayudar.

La joven no apartaba sus verdes ojos de Mark, aunque no podía evitar sentirse impotente al notar el sudor frío que perlaba su frente y sus temblores. Temblores que ella notaba a través de su mano y la hacían ponerse nerviosa y aún así no se le escapaba detalle de la conversación que tenían sus dos... ¿rescatadores? Su cabeza ya no trabajaba tan lenta así que era capaz de asimilar cada palabra, mientras fingía tener toda su atención puesta en Mark.

Se preguntaba a raíz de las palabras de aquellos hombres, porque perseguirían los enmascarados al rubio y si tenía algo que ver con la visión que ella había tenido, asimismo se dio cuenta de que aquellos dos parecían haber estado vigilando a Mark. ¿Para protegerle? Se mordió el labio inferior en un intento de entender aquello, aunque seguía sin entender absolutamente nada.

El miedo la invadió cuando hablaron directamente de ella..., sobretodo cuando dijeron que un tal Obsidian les diría que hacer con ella. ¿Acaso había estado en el lugar equivocado en el momento equivocado? Porque todas las evidencias parecían señalar que así era y un temblor que nada tenía que ver con Mark la sacudió durante unos pocos segundos.

-De haberle dejado solo con aquellos cuatro me hubiese arrepentido..., prefería morir luchando que huir y que él..., él...

Las palabras se le quedaron en la garganta. Estaba claro que ella no hubiese salido corriendo cual cobarde dejando a Mark contra aquellos cuatro. No era de aquellas personas que cuando se la necesitaba salía huyendo, no, ella luchaba con lo que tuviera a mano, con lo que fuese.

Sus ojos seguían fijos en Mark que había perdido el color de forma gradual, lo que la estaba asustando más que otra cosa, era que le notaba ligeramente frío. Notaba ligeramente fría la mano que le sostenía y aún así como si se hubiesen congelado en aquella posición, la muchacha morena se la aferraba como si fuese lo último que fuese a hacer en la vida. Lo más importante. Con la otra mano, seguía presionando con fuerza la herida en el estómago que tenía el muchacho.

Tan absorta estaba en el chico que apenas se dio cuenta de que habían llegado a una especie de caserona en ruinas, de la que no vio demasiado y si hubiese visto, posiblemente debido a su estado no habría recordado nada. Solo levantó la mirada para mirar a su alrededor cuando el pelirrojo les dio la bienvenida. La oscuridad, iluminada solo por los faros del coche, les inundó, después de bajar a lo que Faith dedujo acertadamente que era un túnel subterráneo, donde después de no supo cuando tiempo llegaron a una especie de fortaleza militar bajo tierra que la dejo boquiabierta durante los primeros segundos. Ella nunca había visto demasiado mundo, pero si que había visto ilustraciones de muchas cosas en libros. Nunca nada como aquello.

Negó con la cabeza ante la pregunta de uno del más joven, mientras volvía a poner la mirada en Mark. Lo siguiente pasó demasiado rápido, llegaron al aparcamiento y casi de inmediato, sacaron a Mark, a quien ella soltó a regañadientes. Le había prometido no soltarle, y sentía como con si aquel gesto rompiese su promesa. Antes de nada sus ojos captaron las cartas ligeramente manchadas que había llevado Mark con él y sin pensarlo dos veces las tomó entre sus manos y después de doblarlas con cuidado se las metió en uno de los bolsillos de su abrigo. Imaginaba que querría conservarlas, de tener ella algo de su madre, mataría por ello. Saltó casi de un salto del coche, observando con sus ojos verdes a todos aquellos vestidos con batas blancas. Esperaba, deseaba que pudieran salvarle la vida o no se perdonaría haberle dejado solo con aquellos espectros.

Su mirada verde si fijo en aquella pelirroja de ojos azules, igual que el sacerdote, que se dirigía hacía él. Le ofendió la manera en que dijo “¿Quién es ella?” pero antes de poder hacer o decir nada, el sacerdote la hacía ir con él y lo hizo, no sin antes echar un vistazo a Mark por última vez.

Saldría de esa estaba segura.

Se quedó en silencio unos segundos, como si estuviese en su propio mundo mientras andaba junto al sacerdote, hasta que después de unos cuantos más levantó la mirada mirándole de perfil. Necesitaba saber, quería saber demasiadas cosas.

-¿Quiénes eran aquellos hombres? Decían..., decían que querían a Mark con vida..., ¿por qué?

Era algo que llevaba preguntándose demasiado tiempo. Ella era prácticamente nueva en todo aquello del mundo mutante. Nunca había tenido contacto alguno hasta que Madison la había llevado a la Academia.

-Fue una suerte que aparecierais, cuando me quedé inconsciente... creí que sería el final.

Se mordió el labio inferior unos segundos, nerviosa e insegura como estaba. No podía creer como el salir a patinar sobre hielo una tarde de invierno había podido terminar de aquella manera tan surreal, tan extraña... Tan desconcertante. Bajó sus ojos verdes hasta sus manos, de color rojo carmesí, llenas de la sangre de Mark y se preguntó como estaría en ese momento. No quería pensar de forma negativa... Nunca había sido de ese tipo de personas pesimistas.

-Gracias.

Daba las gracias porque gracias a ellos ella estaba allí. Sabía por la conversación que habían tenido entre ellos en el coche, que bien podrían haberla dejado allí tirada, pero se la habían llevado. La pregunta era que harían ahora con ella y solo esperaba que nada malo. Solo había estado allí porque quería ayudar a su amigo, nada más. ¿Era un delito?

-Por favor..., no me hagan nada. Solo estaba ayudando a un amigo que me necesitaba..., ni siquiera se de que va todo esto.

En sus ojos verdes se podía ver que era sincera. No tenía ni idea de bandos en el mundo de los mutantes. No podía intuir quien eran ellos. Nada. Lo único que necesitaba eran unas pocas respuestas sobre porque a Mark. Porque a él y no a otra persona. Era una buena persona..., no entendía nada de todo aquello.


*

La pregunta de donde estaba seguía rondando la cabeza de Faith, cuando aquella mujer la metió en aquella habitación que se le antojó tanto a lo de un psiquiátrico, que por unos momentos pensó que se había vuelto loca y lo había soñado todo, pero no era así, no había soñado nada. Todo era real.

Sus manos tocaron la pared unos segundos, para luego acariciar los libros que había y observar unos pocos segundos con sus ojos verdes aquella jarra de agua.

Se sentó dejándose caer en la cama mientras hundía el rostro entre sus manos y rompía a llorar, lo único que quería era saber que le había pasado a Mark y ellos la encerraban allí. Como si de una loca se tratase. Se levantó y se encaminó a la puerta blindada, aporreándola durante unos largos minutos. Quería que la llevasen con el joven inglés y lo quería ya. Se negaba a esperar y menos en un sitio así, pero después de muchos golpes y de sentir que sus manos empezaban a dolerle, se limitó a dejarse caer, deslizándose hasta el suelo, donde se quedó sentada, con las manos llenas de sangre y un llanto desesperado invadiéndola. Aquello definitivamente era peor que estar en un orfanato y sentía que la incertidumbre la mataría... El llanto disminuyó a medida que el cansancio y el ver que era inútil la invadieron y volvió a la cama donde se tumbo con la mirada fija en aquella jarra. Ni siquiera se sentía con fuerzas de intentar una proyección que podía incluso empeorar las cosas Lo único que podía hacer era esperar.

Ted Sullivan - January 16, 2010 09:25 PM (GMT)
Ted escuchó a la pequeña que caminaba a su lado. Se había mantenido casi todo el tiempo callada, demostrando mucha entereza a pesar de las amargas lágrimas que le habían recorrido las mejillas. No se había puesto, como se esperaba de cualquier niña de su edad, a llorar o a chillar histérica. Había mantenido la sangre fría.

-¿Quiénes eran aquellos hombres? Decían..., decían que querían a Mark con vida..., ¿por qué?

-Eres valiente –Dijo Ted sin mirarla, haciendo caso omiso a la pregunta de la joven- Pocas estarían tan tranquilas como lo estás ahora.

-Fue una suerte que aparecierais, cuando me quedé inconsciente... creí que sería el final. Gracias.

-Esto no tiene nada que ver con la suerte, pequeña. Absolutamente nada. Tú no deberías estar aquí.

-Por favor..., no me hagan nada. Solo estaba ayudando a un amigo que me necesitaba..., ni siquiera se de que va todo esto.

Ted sonrió y por fin la miró directamente. Le puso una mano en el hombro clavando su mirada azul en los profundos ojos de Faith. La sonrisa se le congeló en el rostro y tragó saliva. Le hubiese hecho algún comentario cínico con la única intención de asustarla y divertirse a su consta, pero ni siquiera podía mantenerle la mirada a aquella niña.

-Yo solo cumplo órdenes. Annette, llévatela.

En la habitación, y una vez a solas, Faith comenzó a recorrerlo todo. Parecía intranquila, pensado en todo lo que le había ocurrido en las últimas horas y es que la vida iba a darle un giro de ciento ochenta grados.

Por fin, abatida, se dejó caer en la cama y rompió a llorar pero, para nada, era descansar lo que iba a lograr.

Gritaba, gritaba mucho. El dolor era insoportable y, aún así, no podía dejar de empujar. Veía a un hombre enfrente suyo que le daba ánimos. El hombre vestía como médico y alguien le apretaba la mano.

-Ni se te ocurra soltarm…

Una nueva sacudida de dolor y la frase se cortó de improviso para convertirse en un nuevo grito.

-Aguanta un poco más, ya falta poco.

Por fin la imagen enfoca le rostro de la persona que había pronunciado las últimas palabras y que le había apretado de nuevo la mano: pelo rojo y unos fríos ojos azules empañados en ¿Lágrimas?

-Ya falta poco…

El llanto de un niño inundó la habitación, a la vez que cesaban los gritos de la mujer. Su respiración era agitada y entrecortada por una mezcla de risa y llanto.

-Es una niña preciosa…


Todo volvía a estar como estaba. La habitación blanca sin apenas mobiliario, la puerta cerrada sin posibilidad de escapatoria y ella, sentada en la cama, tratando de ordenar la escena que acababa de presenciar.

Faith se levantó y comenzó a golpear la puerta, sin descanso. Al otro lado, un hombre pelirrojo escuchaba, aún con el torso desnudo, sentado en el suelo, recargado contra la pared y apartándose el pelo de la frente con una mano, en total signo de abatimiento. En su otra mano, una pistola.

-Faith. –susurró.

La joven, sin saber nada de lo que ocurría fuera, se dejó caer hasta quedar sentada en una postura casi simétrica a la del supuesto párroco, sin para de llorar, aún con la sangre de Mark –y posiblemente de los Espectro- bañando sus manos.

-Lo siento.

-No, no por favor. No por favor. No nos hagas daño…

-Yo solo cumplo órdenes...


Podía sentir el peso del bebé en el vientre. Lloraba desconsolada apretado su abultada barriga con una mano. La fría puerta blindada a su espalda, le impedía echarse más para atrás, alejándose del pelirrojo que la miraba, con lágrimas en los ojos, y una pistola en la mano apuntándole directamente al corazón.

-Faith. No lo hagas más difícil, por favor.

Poco a poco el hombre fue acercándose. Intentaba mantener firme la mano que portaba el arma, pero era indudable lo mucho que temblaba. Las lágrimas seguían brotando de sus ojos azules. Apoyó el cañón de la pistola directamente sobre la cabeza de la mujer.

Todo se volvió negro.

Seguía escuchando su pesada respiración y su llanto agitado. Una nueva imagen apareció delante de ella. Una bala, surcando aquella misma habitación, saliendo de aquella misma pistola y de la mano de aquel mismo hombre e impactando en el pecho de un hombre –un joven de apenas veinte años- que se desplomaba en el suelo, deslizándose por aquella misma puerta mientras un largo restregón de sangre se extendía por ella hasta el suelo, para acabar formando un charco.

Abrió los ojos. La presión del cañón sobre su frente había sido sustituida por la presión de la frente del hombre, que alzó las manos tomándole el rostro, aún llevaba la pistola en una de ellas y la mujer pudo notar su frío tacto en la mejilla cuando el hombre se inclinó para besarle los labios.

-Tú no deberías estar aquí.

_________________________________________________
FIN DE LA PRIMERA PARTE

Mark O'Sullivan: 25 ptos. Exp.

- Originalidad: 15 ptos exp.
- Buena descripción y narrativa: 15 ptos Exp.

TOTAL: 55 ptos exp.

Faith Lehane: 25 ptos. Exp.

- Originalidad: 15 ptos exp.
- Buena descripción y narrativa: 15 ptos Exp.

TOTAL: 55 ptos exp.

Faith puede postear para terminar de cerrar esta parte. Ambos pueden añadir la Exp a la caja de Seguridad. No olvidéis incluir el link del tema. ^^

Nota personal de la user: Muchas gracias a los dos por vuestra participación y por la calidad del rol, así como vuestra buena disposición y vuestra iniciativa, que al final es lo que hace que esto funcione y siga para adelante. Espero que disfrutéis lo mismo que hemos disfrutado nosotros leyéndoos. Vosotros –los jugadores- hacéis que esto merezca la pena y que todo el trabajo y el esfuerzo tenga un sentido. ¡¡GRACIAS!!

Faith Lehane - January 16, 2010 10:33 PM (GMT)
Para nada se esperaba que el hecho de tumbarse en la cama la fuese a sacudir con una de esas visiones, que a veces, de forma aleatoria surcaban su mente. Solo que esa vez fue distinto. No lo veía desde fuera, lo veía desde dentro y como si fuese ella misma. Como si fuese una película desde la perspectiva del protagonista. La protagonista en este caso.

Gritaba, gritaba mucho. El dolor era insoportable y, aún así, no podía dejar de empujar. Veía a un hombre enfrente suyo que le daba ánimos. El hombre vestía como médico y alguien le apretaba la mano.

-Ni se te ocurra soltarm…

Una nueva sacudida de dolor y la frase se cortó de improviso para convertirse en un nuevo grito.

-Aguanta un poco más, ya falta poco.

Por fin la imagen enfoca le rostro de la persona que había pronunciado las últimas palabras y que le había apretado de nuevo la mano: pelo rojo y unos fríos ojos azules empañados en ¿Lágrimas?

-Ya falta poco…

El llanto de un niño inundó la habitación, a la vez que cesaban los gritos de la mujer. Su respiración era agitada y entrecortada por una mezcla de risa y llanto.

-Es una niña preciosa…


Volver a la realidad la descolocó, sintió como se tambaleaba ligeramente mientras se ponía en pie. Aún sentía la respiración agitada y aquellos horribles dolores. Respiró profundamente varias veces antes de intentar recolocar aquello en su mente. Vale: una cosa estaba claro, había sido un parto y había nacido una niña. Se volvió hacía la cama, sabiendo que haber tocado aquello le había dado la visión. Pasaba en aquel lugar. Cabello pelirrojo y ojos azules, fríos además. Solo había visto unos así hasta el momento. Los del hombre que la había llevado hasta esa tal Annette. ¿Su hija? Lo que se preguntó Faith es que de estar en lo correcto... ¿En aquella habitación? ¿Por qué?

Decidió no seguir dándole vueltas y volvió a la puerta. Maldita fuera todo. Ellos. Los que les habían atacado. Notó las cartas en el bolsillo de su abrigo y su mente fue hasta Mark. Deseaba poder entregárselas de vuelta, poder volver a verle, esa seriedad que poseía... Deseaba que se cumpliera lo que su madre le había pedido. Que sonriera con sinceridad. Volvió a golpear la puerta, con fuerza, durante lo que le pareció una eternidad hasta que cansada se dejó caer hasta el suelo, sin saber que volvería a pasarle.

-Lo siento.

-No, no por favor. No por favor. No nos hagas daño…

-Yo solo cumplo órdenes...

Podía sentir el peso del bebé en el vientre. Lloraba desconsolada apretado su abultada barriga con una mano. La fría puerta blindada a su espalda, le impedía echarse más para atrás, alejándose del pelirrojo que la miraba, con lágrimas en los ojos, y una pistola en la mano apuntándole directamente al corazón.

-Faith. No lo hagas más difícil, por favor.

Poco a poco el hombre fue acercándose. Intentaba mantener firme la mano que portaba el arma, pero era indudable lo mucho que temblaba. Las lágrimas seguían brotando de sus ojos azules. Apoyó el cañón de la pistola directamente sobre la cabeza de la mujer.

Todo se volvió negro.

Seguía escuchando su pesada respiración y su llanto agitado. Una nueva imagen apareció delante de ella. Una bala, surcando aquella misma habitación, saliendo de aquella misma pistola y de la mano de aquel mismo hombre e impactando en el pecho de un hombre –un joven de apenas veinte años- que se desplomaba en el suelo, deslizándose por aquella misma puerta mientras un largo restregón de sangre se extendía por ella hasta el suelo, para acabar formando un charco.

Abrió los ojos. La presión del cañón sobre su frente había sido sustituida por la presión de la frente del hombre, que alzó las manos tomándole el rostro, aún llevaba la pistola en una de ellas y la mujer pudo notar su frío tacto en la mejilla cuando el hombre se inclinó para besarle los labios.

-Tú no deberías estar aquí.


Al abrir los ojos, lo primero que hizo fue alejarse de la puerta y apoyarse en una pared, sentada en el suelo. Eso había sido casi más chocante que lo primero. Había oído su nombre... ¿Su nombre? ¿Ella? Se llevó de forma inconsciente las manos al vientre plano, que en aquella visión había visto abultado y la idea de que fuese su propio futuro la asustó. Sobretodo teniendo en cuenta el resto de la visión. En esa visión había otra visión fruto de la mujer que estaba embarazada. ¿Era ella o más mutantes podían tener un mismo poder? Ni siquiera sabía que la asustaba más si la visión o la visión interna. Iba a volverse loca. Se llevó las manos a la cabeza, pasándoselas nerviosamente por sus cabellos oscuros. Nerviosa. Frustrada. Creía que se iba a volver loca porque si todo aquello era verdad....

¡No! Sencillamente no. Se negaba. Ella podía cambiar destino. Podía volver a barajar las cartas, ¿no? Ahora hasta lo dudaba y la duda la asustaba. Le asustaba aquello que había visto y no sabía porque. Ni siquiera estaba segura de que fuese pasado o futuro.

Solo sabía una cosa: su nombre de labios de aquel hombre seguía sonando dentro de su cabeza.




* Hosted for free by zIFBoards