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Title: -Dos cerebros piensan mejor que tres-
Description: Libre...


Alessandro Caruso - July 9, 2011 05:52 AM (GMT)
10… 11… Mmmm… No importaba, la hora era lo de menos, decía aquel caminante nocturno, que ataviado de un pijama de cuadros azules y verdes, de camisa y pantaloncillo, se paseaba por aquel pasillo de madera pulida, que estaba a su vez ataviado de un sepulcral silencio y una que otra oscurana rinconera aturdida por pequeños faroles minúsculos, que pululaban con su ávida luz al mundo que les portaba. Este, llevaba en su mano un oso de peluche un tanto golpeado, es decir, que tenía marcas de vejez el pobre objeto, se veía opaco, si… Asimismo estaba, todo viejo, algo sucio, pero con un valor sentimental inigualable. Sus brazos lo tenían atrapado contra su pecho, mientras lentamente se paseaba por aquel recinto inmenso lleno de nocturna soledad.

Que a pesar de ser como todos dicen, un niño “llorón” no tenía miedo de andar por allí, se sentía valiente, además no sabía porque, pero en la academia se sentía muy seguro, muchísimo como no se había sentido nunca, ni siquiera en aquella casa de los bajos fondos que una vez llamó hogar…

Totalmente descalzo y disfrutando de aquella sensación divertida y fría en sus pies pensando un par de tonterías, justamente llegó al lugar que estaba buscando, uno especial donde Morfeo le concedería el placer del sueño, pues obviamente lo había perdido. Entró suavemente al lugar, dando pisada por pisada como un pequeño ladroncillo a escondidas, sin hacer nada de ruido, pues no se quedaría demasiado tiempo, pensaba él, aun habían algunas luces prendidas, supuso que para aquellos estudiantes avanzados y “frikis” que buscaban entretenerse estudiando hasta tarde horas de la noche.

Sus cortos pasos le llevaron hasta un estante, uno con libros un tanto… Especiales, por así decirlo. Fue así como esos lindos ojos de color miel se empezaron a pasear como un ave volando libremente en el cielo, buscaban cuidadosamente un libro de arte barroca, que llenara sus expectativas y pudiese disfrutar leyendo para alcanzar al preciado regalo de Morfeo. Aunque aquello parecía un robo, sabía que al otro día podría devolverlo y no pasaría nada, ¿o si? Baaaah… No había de que preocuparse aun. El de 14 años pillo uno en la última parte del estante, esa donde justamente su corto tamaño no alcanzaba, y sus piernas estiradas aun no llegaban, sus dedos se extendieron con toda la elasticidad que podían, pero aun faltaba un poco más, solo un poco…


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Este rol no es libre! Disculpen! xD! Fue una equivocacion de mi user n___nU

Marco Caruso - July 13, 2011 02:02 AM (GMT)
Diez cuarenta y ocho de la noche, con la luna llena en el cielo observando todo lo que sucedía en aquella academia, con las estrellas titilando en el sepulcral silencio que había. Miraba por la ventana en ese preciso instante, sentado en un sillón negro de cuero mientras sus orbes de azul eléctrico se paseaban por los jardines, mirando a través del cristal el recuerdo del día en que los encontró a todos allí. A todos los Caruso.

Diez cuarenta y nueve cuando se acomodaba mejor, para que la blanca luz de la luna diera con las palabras en ese libro que tenía entre sus dedos, uno de los tantos que se había estado leyendo ese día. Sus orbes de azul eléctrico mirarían las letras y pasarían la página, algo había encontrado ya que era útil y por eso doblaba la esquina antes de ponerlo en la mesita de al lado, cuando escuchó algo.

Diez y cincuenta de la noche, escuchó lo que parecían ser pasos, pero demasiado silenciosos. Levantó la mirada antes de tomar otros de los libros, prefirió no hacerlo y fijarse mejor en lo que había escuchado. Era detallista el mayor de los varones de esa familia, notó con facilidad la pequeña mano que se estiraba para tomar el libro de arte barroco. Una mano pequeña y un libro de esa clase no podrían pertenecer a otra persona, ese debía de ser Alessandro, su hermanito menor.

-Anda a dormir, no es hora de estar viendo libros.-

Su voz sonaría en aquella biblioteca donde no habrían mas personas que esos dos hermanos, o al menos no se había percatado de otros ese que tenía seis o siete libros sobre la mesilla al lado del sillón de negro cuero. Estaba con la ropa que había usado ese día para las clases, una camiseta gris con delgadas rayas blancas y un pantalón gris de mezclilla. Zapatos del mismo color y eso era todo, sus atuendos no eran extravagantes sino sobrios y grises.

-Vete a dormir ya en serio Ale, mañana tenemos clases y no quiero que faltes por quedarte dormido.-

Sobreprotector como siempre con el pequeño, como si fuese el padre que jamás tuvo. No sería el padre si Camila era la madre, pero eso poco importaba, el aprecio que le tenía era bastante, lo suficiente como para estarle regañando cuando era propicio. Y es que eso no era muy seguido, era buen alumno y buen niño el pequeño Alessandro, pero a veces era demasiado pequeño. Inmaduro, infantil, llorón. Lo había notado Marco y día con día trataba de cambiar eso, de regañarle o decirle algo para que reaccionara. Poco había logrado en varios años.

De los cinco Caruso, el menor era el inteligente por naturaleza, el curioso y el amante del arte. Daniele era el bromista, maduro para su edad y algo distraido a veces. Leonardo el que había tomado la vida con sus manos al irse de casa y unirse al circo, pero era el que menos enfrentaba sus sentimientos. Marco era el mayor de los cuatro varones, el que cuidaba de los otros y terminaba recluido todo el tiempo, asediado por sus sentimientos y los de los demás.

Estaba en esa biblioteca para terminar con eso, para aprender a usar sus poderes, para no dejar que le dominaran. Por eso leía seis o siete libros acerca de mutaciones y estudios que se habían realizado, servirían de seguro para sus clases de biología.

Alessandro Caruso - July 13, 2011 02:42 AM (GMT)
Su mano seguía extendiéndose, y sus dedos continuaban intentando alcanzar aquel libro, ¿Por qué no era más alto como Daniele o Camila? Odiaba ser pequeño, por lo menos para su edad, no era muy alto como sus hermanos mayores, y eso le molestaba en serio, pues más afincaba aquella actitud de niño que tenía. En medio de aquel intento de alcanzar su libro de Arte Barroco, una voz irrumpió el fatídico silencio que le acogía, una voz que a pesar de serle conocida y arribar rápidamente en un recuerdo, le hizo dar un respingo en aquel librero, activando de inmediato ese poder que no controlaba… Sus orbes morados y su cabeza con esa aura hicieron aparecer alrededor de él una cantidad de partículas en esa tonalidad, con un brillo singular que fueron formándose como un escudo alrededor del chico y se materializaron en lo que era una especie de canica gigante donde él estaba dentro, abrazando a ese oso de peluche con los ojos cerrados.

Aquella era una técnica que ideo él mismo, una técnica defensiva basada en esos objetos tan particulares; su técnica consistía en hacer una canica un poco más grande que él, toda de vidrio en una capa gruesa que era difícil de penetrar con esa densidad. Obviamente allí dentro tenía orificios para respirar, había diseñado eso antes de crearlo, podía vérsele en su cuaderno de dibujo, metiéndose allí dentro mediante un boceto, al parecer le había salido exitosamente en su primer intento fuera de práctica, lo malo era que había hecho ruido pues el poco espacio entre los libreros hizo que al expandir su escudo de vidrio estos se estremecieran a punto de caerse y causar un alboroto casi a las once de la noche donde todos dormían o debían dormir… ¡Vaya que era inoportuna la técnica!

Sus orbes color miel se abrieron y se fueron directamente al sillón ese de cuero negro donde una lámpara daba una luz que intentaba ferozmente alejar la oscuridad para mejor lectura del usuario, allí estaba aquel portador de la voz que reconoció pero que le asusto de inmediato, era Marco, su hermano mayor, su casi papá…

Deshizo rápidamente la canica gigante, en un montón de hermosas luces moradas, al igual que al principio fueron partículas que se desintegraron, y dejaron su cuerpo libre, viéndose más relajado camino hasta donde estaba el mayor de los varones Caruso, aun con Idioto en brazos y con una sonrisa en su rostro, pues el regaño que este le había dado no lo escucho, el vidrio tapaba su audición considerablemente, esa era una desventaja a pulir en esa defensa. - ¿Qué haces despiert…? Olvidalo, ya veo, yo no tengo sueño, vine por un libro para luego irme a dormir… ¿Ya te vas? - Interrogó curioso con su ronca voz, mientras observaba los títulos de los libros que había en la mesilla, mucha biología, baaah… Que aburrido le era la biología, le venía mejor tecnología, que era mucho más cambiante y actualizada, además de interesante.

Como pudo agarro uno de la pila sin tratar de tirar los otros, se sentó en el suelo y empezó a ojearlo, aunque no sabía porque… No le interesaba la teoría, pero los dibujos si le parecían en cierto modo lindos, así que verlos era algo que le gustaba, siempre lo hacía con cualquier libro o revista, debido a su talento, almacenar imágenes se le daba bien, además era una ayuda considerable a su loco e incontrolado poder…

Marco Caruso - July 13, 2011 10:00 PM (GMT)
Los ojos de intenso azul que tenía ese joven de oscuros cabellos se abrieron a mas no poder al ver aquello que hacía su hermanito de manera casi inconsciente, ya había visto un par de veces las habilidades de Alessandro en acción, pero todas y cada una de esas veces se sorprendía con lo que veía. En esa ocasión, una canica gigante que serviría de defensa sin lugar a dudas, algo impactante que le dejaría sonriendo hasta que el gas púrpura desapareciera por completo y el niño en pijamas se acercara.

Vió al peluche por un par de segundos, mientras Ale hablaba pareciendo que ni atención le puso cuando le envió a dormir. Dos veces. Suspiró tomando uno de los libros que aún no había leído y buscó el índice mientras Alessandro se tiraba al suelo a leer uno de sus libros, por lo que con el ceño fruncido volteó a verle una vez más.

-Estas no son horas para que estés despierto...- Comenzó a leer del índice de ese libro y encontró un par de capítulos interesantes que leería al rato, marcó las páginas al doblar las esquinas y luego de ello le dejó en la mesilla, para mirar una vez más a Alessandro mientras se ponía en pie. -Ya Ale, deja eso y vete a dormir, mañana tienes clases...-

No había hecho mas que sonreir al ver la canica creada con el pensamiento, si bien ya se acostumbraba un poco a ver las habilidades mutantes de todos en esa academia, seguía sintiendose por completo inutil. Por eso estaba a las once de la noche leyendo esos libros, quería aprender al menos acerca de la teoría de las mutaciones y todo lo que pudiese, quería poder aprender algo que le ayudara.

Se agacharía y tomaría el libro que Alessandro había cogido, lo cerraría y le pondría sobre la pila de los libros que él estaba leyendo. Miraría a Idioto por un par de segundos pensando en si era correcto o no decirle que no anduviese con eso por ahí. Prefirió no decir nada, pero su mirada fue mas que suficiente.

-Si no piensas irte a dormir, entonces ayudame...- Tomaría cuatro libros de un estante cercano y los colocaría al lado del menor de los Carusso, libros en los que se podía leer información acerca de clarividencia y telepatía, libros que para muchos no eran mas que una farsa. -Lo que encuentre sobre habilidades psiónicas servirá...-

Buscaba precisamente información sobre los poderes que compartían todos los Caruso, habilidades psiónicas donde la mutación había sido activada en algún lugar del cerebro y permitía capacidades sobrehumanas en cuanto a la mente. Crear objetos, proyectar ilusiones, lanzar descargas de energía o levantar objetos con la mente. La inutil proyeccion astral y la detección de sentimientos también cabían allí, el único poder de los cinco Carusso que no encajaba era uno de los de Camila, su habilidad para teletransportarse...

Alessandro Caruso - July 13, 2011 10:50 PM (GMT)
Eran ya las 11 y 10 minutos, más o menos, y ahí estaba el menor de los Caruso con el mayor de los varones, ayudándole a buscar cosas sobre sus poderes, mucha más información para saciar la sed de conocimiento del varón Caruso, siempre Marco fue el más estudioso y aplicado a los estudios, aunque Alessandro era muy inteligente y siempre sabía ciertas cosas extra que por ser de esa edad, no debería saber, pero las sabía. En fin, el chico abrió uno de los libros, dejó su lindo oso a un lado y empezó a ojearlo, marcando de igual modo un par de páginas que eran referentes a mutaciones, y como se desarrollaban, no lo leyó, le parecía tedioso, pero las imágenes bonitas atrajeron su atención e hicieron que guardara la página para su hermano.

- Marco, ¿Por qué en vez de buscar mutaciones cerebrales, no buscas donde se desarrollan nuestros poderes en el cerebro y luego buscas como se desarrolla la mutación para que puedas unir conceptos y tener tu artículo? - Era una pregunta elaborada, muy elaborada e inteligente, mucho para un niño de catorce años, pero lo hacía siendo curioso, tal cual era, usó su inteligencia para plasmarse aquella interrogante tan extraña, a veces la inocencia de los niños podía ayudar a descubrir muchas cosas.

Sus ojos de color miel volvieron a otro libro, y decidió responderse él mismo aquella duda, buscando en este un artículo sobre las partes del cerebro y que era lo que desarrollaba cada cual, así fue entonces que encontró ese dibujo tan extraordinario que explicaba muy bien que parte de ese órgano tan importante era el encargado de hacer tales cosas: imaginación, energía, emociones, recuerdos, y concentración, todo eso, era la base de los poderes de cada uno de los Caruso.

- Mira, aquí está el dibujito que quería encontrar… - Con mucha amabilidad le extendió eñ libro a su hermano, le mostraba una sonrisa pues aquel joven se sentía orgulloso de ayudarlo, tal como lo había hecho por años cuando le ayudaba a estudiar hojas y plantas para trabajos de biología en el colegio, Alessandro al verlo tan concentrado hacía que este quisiera ser como él y poder trabajar en un laboratorio de tecnología cuando creciera, ese era uno de sus sueños, además de poder ser un mejor dibujante, o quizá el mejor de todos…


Marco Caruso - July 13, 2011 11:19 PM (GMT)
De entre los cinco Caruso, no era el mas aplicado ni el mas estudioso ese que tenía Alessandro frente a él, definitivamente no lo era. Seguro era Camila, la que estaba en la universidad y sabía varios idiomas la aplicada y estudiosa, seguro el pequeño les estaba confundiendo por alguna razón. No, ese de ojos azul eléctrico y cabellos castaños oscuros no era el mas aplicado ni el mas estudioso de los Caruso, aunque podía serlo.

Durante años, desde que comenzó a manifestarse su habilidad como empático de manera descontrolada, había sido un alumno bastante mediocre que pasaba los cursos con las notas mínimas requeridas. Por aislarse y no estudiar acompañado, por no hacer preguntas a sus profesores y por pasar encerrado solo en su cuarto era que no hacía mas que lo necesario. Podría ser el mas aplicado si, cuando algo le gustaba se esforzaba bastante como hacía en ese momento o en las clases de biología, pero jamás sería el mas estudioso. Era demasiado perezoso para serlo.

-No estoy haciendo un artículo Ale, esto es diferente... Es... Es para entendernos mejor, para saber que somos... me servirá para las clases de mentalismo y de biología seguro, pero no estoy haciendo un artículo...-

Dicho aquello, tomaría el libro que su hermano le ofrecía y le miró por unos instantes, leyó la leyenda al pie de la imagen, el título y notó un par de cosas. Pero no le servía para lo que quería. Si hubiese sido para un artículo serviría perfecto, nada mas debería tomar la referencia y copiarlo, pero no le servía.

-Esta lindo el dibujo Ale, pero no me sirve... - Revisaría por encima los títulos y subtítulos de ese libro para notar que pocas cosas le servían, en mas de seis horas de búsqueda lo que había conseguido era quizás demasiado básico. Sobre algunas clases de poderes mutantes, principalmente la telepatía y la telekinesia, pero nada referente a la empatía y la proyección astral. -¿No tienes sueño todavía?-

Con esa pregunta pasaría a cerrar el libro y ponerlo con el resto de los que ya había visto, bajaría la mirada hacia el peluche y esta vez no dudaría. Se agachó y le tomó de la cabeza, lo sostuvo inerte en su mano mirando lo opaco y viejo que estaba. Era hora de que se deshiciera de él, ya no estaba en edad de andar con juguetes así, si quería tenerlo que lo tuviese guardado, pero no con él todo el tiempo.

-Si todavía no tienes sueño... ¿Quieres escuchar lo que he conseguido?-

Con el peluche en la mano caminaría hasta la mesilla y acomodaría un par de hojas en las que había hecho anotaciones, abriría varios libros en las páginas que había marcado y pondría ahí a Idioto, al lado. No se lo pensaba devolver esa noche al menos.

Alessandro Caruso - July 14, 2011 01:06 AM (GMT)
Su sonrisa se borro gracias a la desilusión que le dio el ver que su esfuerzo y su pregunta no habían servido de nada, ni siquiera le dijo que su pregunta estaba bien o mal, ni mucho menos intento responderla como hacía cualquier persona cuando no quería responder a algo: “no se” Ale se limitó a mirarle y guardar el libro a un lado para buscar otro, y empezar a ojear, quizá debía leer aunque fuese muy fastidioso, quería que su hermano se sintiera orgulloso de él, ya que no tenía a nadie más a quien enorgullecer sino a sus hermanos, sus padres odiaban mucho a los mutantes como para sentirse llenos de alegría por sus logros, y esa actitud de Marco tan indiferente a su pregunta, fue muy pero muy parecida a la de su papá cuando el pequeño de 12 años se acercaba a preguntarle “¿Papá podemos jugar?”… Marco pudo haber heredado eso así como él tenía esos ojos miel, ¿No?

Distraído estaba con la lectura, bastante diría yo, que no se percato de que su oso Idioto cayó en manos de su hermano, a él nunca le gustó que particularmente ese oso cayera en manos de Marco o cualquiera de la familia, pues allí estaban todos sus secretos y creía que alguien podía descubrirlos, era por ello que siempre le llevaba encima, confiaba en ese objeto como si fuese un amigo, una persona totalmente real, una persona que no tuvo nunca en su vida, o por lo menos no una persona de su edad o madurez. - No tengo sueño aun Marco… - Dijo volteando aquellos hermosos orbes de color miel directo a los azules de su hermano, y ahí estaba Idioto en la mesilla con los libros, tragó saliva de la impresión, sentía algo de temor por lo que pudiera pasarle a ese juguete, quería lanzarse a buscarlo, tirar su mano o crear algo que le ayudara a tomarlo, pero lo mejor era tener calma, seguro lo obtendría al cabo de un rato pues su hermano lo puso allí para que no se ensuciase, ¿Verdad?

- Emmm… Si, si… Si quiero saber… - Sus codos reposaron sobre sus rodillas mientras sus manos servían de sostén para su cabeza, y disponía de su concentración a lo que diría Marco, estaba seguro de que sería algo impresionante, pues seguía viendo a ese joven como el mayor aplicado de los Caruso, no le interesaba que Camila fuese experta en idiomas, o que Daniele fuese un flojo sin remedio, mucho menos le importaba saber que Marco no se esforzaba en conseguir notas altas, le importaba verlo así de concentrado, pues siempre lo vio en ese estado, y aunque era por su empatía que no fue un chico dado a los estudios, quizá ese mismo ahínco de Alessandro por aprender era el que le intuía a su empático casi padre ser tan aplicado en su presencia.

Qué raro funcionaban los poderes mutantes, viendo él suyo como algo tan normal en comparación con todos los demás… Sin saber que era muy peligroso…

Marco Caruso - July 14, 2011 02:47 AM (GMT)
Al ver que su hermano se acomodaba para escuchar, sonreiría el de cabellos oscuros y leería un poco aquello que tenía entre las manos, las anotaciones que había hecho con garabatos alrededor de la hoja y lo que había anotado con lapicero también.

-Bueno, por lo que he entendido de estos libros... Nuestras habilidades son lo que se pueden llamar poderes psionicos, poderes relacionados con el funcionamiento del cerebro y su manipulación, por ejemplo...- Tomaría una de las hojas en las que había escrito y señalaría la primer palabra en una lista bastante larga, titulada bajo 'habilidades psiónicas comunes' y comenzaría a hablar. -por ejemplo la telepatía, es de lo que mas he podido encontrar información, es para leer las mentes y proyectar los pensamientos de uno, sirve para comunicarse con otros sin hablar.-

Repasaría con la vista ese montón de palabras una tras otra y se concentraría principalmente en las que estaban subrayadas, los poderes que creía eran los de sus hermanos y suyos. No dijo nada, pero creyó que la telepatía era su don. Quizás solo podía leer las emociones por ahora, pero pensó que quizás su empatía era una versión de bajo nivel de la telepatía.

-Aquí hay otra lista de poderes psionicos, y creo que algunos de los nuestros están aquí.-

Sosteniendo esa lista se la mostraría a Alessandro aunque no lo dejaría leerla, quería mostrar lo poco que había aprendido a alguien y por eso le ofreció a su hermano contarle. Era importante que los cinco supieran aquello, que aunque fuese poco y probablemente lo fueran a aprender en clases, le pareció apropiado investigar.

-Creo que lo que hace Leo son ilusiones telepáticas... Proyecta imagenes o sensaciones que afectan al cerebro de las otras personas, como el día que estábamos en el jardín y nos hizo sentir la playa...- Señalaría la siguiente palabra en la lista, que hacía referencia a algo que se parecía bastante al concepto anterior. -Leí también sobre camuflaje telepático, creo que es parecido a lo del ilusionismo, porque sirve para que las demás personas no puedan percibirte aunque te tengan en frente, o que te perciban de una manera distinta.-

La siguiente habilidad que mencionaría sería la que uno de sus hermanos poseía, o mas bien, su hermana mayor. -Aquí está la telekinesis, para mover los objetos.- Como Camila hacía, mover objetos con el solo hecho de pensarlo era algo bastante impresionante.

-Hay... hay poderes psiónicos que son... son asombrosos Ale, el control mental, la amnesia inducida, explosion mental y la posesión de mentes... Con eso no solo engañan los sentidos o leen la mente, con eso pueden controlar a las personas o darles un dolor inmenso... Hasta leí acerca de la transferencia de la mente para evitar morir, cambiarse de cuerpo cuando estás por morir Ale...- Se daba cuenta de que parecía entusiasmarse demasiado, por lo que se acomodó mejor en el sillón y bajó la hoja que sostenía, cerró los libros y miró a Alessandro fijamente. -También leí sobre las explosiones psiónicas, y los escudos psionicos, los poderes mentales son muchísimos y son tan... son muchísimos Ale...-

Las explosiones psiónicas eran el poder que manifestaba Daniele, y los escudos psionicos eran algo que Camila podría llegar a hacer algún día y según esa investigación que había hecho en unas cuantas horas, que poco fruto había dado mas que encontrar conceptos, se dió cuenta de algo extraño. La teletransportación de Camila no parecía ser un poder psiónico, por lo que en ese momento Marco pensó seguramente era adoptada, solo media hermana de los cuatro Caruso.

La proyección astral también estaba en esa lista, e igual las proyecciones mentales que podía hacer Alessandro. De eso se mencionaba muy poco, los mutantes que tenían esa capacidad eran escasos. Miró al pequeño esperando que dijera algo, tal vez que preguntara sobre su poder para contarle aquello.

Alessandro Caruso - July 14, 2011 03:56 AM (GMT)
Ale se le quedaría viendo y poco a poco se iría entusiasmando con el tema, estaba ansioso por aprender más sobre los poderes mentales, al parecer eran habilidades asombrosas que variaban en los usuarios, también se daba cuenta de que la teletransportación no era como tal un poder psionico, y aunque su pensamiento no llegaba a ser tan malicioso como el de su hermano, pensó que quizá ella tenía una anomalía, o que quizá su teletransportación iba ligada a su cerebro de alguna manera, para hacer ese un poder psionico, pero solo eran suposiciones, quizá ellos también podían desarrollar variantes no-psionicas, aunque por su parte, le era suficiente su don.

- Que genial Marco… - Decía levantándose del suelo y quedándose pensativo un poco… - ¿Entonces tu empatía puede ser telepatía? ¿Al igual que la inducción de imágenes de Lio? - Eran dudas que podían ser resueltas por la profesora de mentalismo, pero le veía poco y no quería molestarle con tantas preguntas, además, aun esperaba ansioso poder desarrollar su poder como ella, aunque no lo conociese del todo sabía que dicha habilidad era impresionante, por algo era profesora de mentalismo. - ¿Y que dice acerca de mi poder? Yo no sé mucho sobre eso, y por eso evito usarlo, me da miedo lo que pueda hacer con él… - Su faz se torno un poco seria debido a que a veces le daba miedo usar su habilidad, pues sentía que era capaz de materializar algo peligroso que saliese de su control, como la primera vez que manifestó su don con Daniele.

Algo alumbró su cabeza, uno de esos bombillos invisibles de las caricaturas, pues aquel pequeño había tenido una idea, la misma idea que le llevo a correr hasta otro librero escondido lejos de los demás, uno que tenía por título “La mente humana” sacó este viejo libro de allí y empezó a ojearlo, sabía que lo había visto en alguna parte, y ahí estaba, un artículo sobre empatía que había leído por accidente un día buscando el librero que trataba del arte, y pues, encontró ese viejo libro sobre los mitos de aquellas cosas que podía hacer la mente, muy viejo, poco actualizado, lejos de saber sobre mutaciones, pero suposiciones que ahora podían ser creíbles y aceptables.

Solo esperaba que le sirviese de algo, - Lee esto, a ver si aparece algo… - Dijo sonriendo, esperando esta vez sí ser de ayuda, extendiendo su mano con aquel libro, mientras dirigía su mirada a Idioto, no intentaría tomarlo, esperaba que su hermano por lo menos se lo diera… Aun suponía en su inocencia que este lo puso allí para que no se ensuciara, pero ya empezaba a pensar que no…


Marco Caruso - July 14, 2011 09:56 PM (GMT)
Todo aquel que tenga hermanos o hermanas ha de saber lo molesto que es que le comparen a uno con ellos. Eso lo sentía constantemente Marco, uno de cinco hermanos y no precisamente el que mas destacaba en nada. De los cinco, Camila parecía ser la hija perfecta y contra quien comparaban a Marco todo el tiempo por ser tan distintos, tal como le sucedía a Daniele pero por ser tan parecido a ella. Comparaban a Leonardo y a Marco por ser tan similares físicamente pero tan distintos en personalidad. Era molesto, realmente molesto. Le comparaban con Daniele porque era a ellos dos a los que mas les costaban los estudios, y para empeorar las cosas le comparaban con Alessandro.

Con el pequeño Alessandro, el menor y aún así superior a Marco en casi todo. El niño inteligente y curioso, el que era listo y entendía con facilidad. Era un infantil mocoso y aún así solo le veían lo bueno, era en verdad irritante. Por eso era que se portaba como un padre, porque si Ale iba a ser mejor que él, debía serlo en todo sentido.

-Yo.... no sé, no sé si sean habilidades telepáticas, pero se parecen bastante... Quiero decir... tu viste el día que Lio nos llevó a la playa, todo era real o por lo menos nos parecía real....- Tragó saliva recordando ese momento, recordando la fuerte emoción que percibía de Leonardo cuando quería huir de todos ellos. -Y se desató por una emoción muy fuerte, yo pude sentirla, fue como si explotara en un solo momento y todo su poder se desatara allí...-

Luego venía algo un poco mas interesante pero de lo que poco sabía, los poderes de Alessandro que eran tan intrigantes y tan grandes. No sabía Marco lo que había sucedido aquel día entre Daniele y Alessandro, pero si sabía que el poder de su hermanito algún día llegaría a ser de temer, e incluso lo era ahora. Emociones fuertes podrían liberarlo probablemente, y eso no sería para nada placentero o seguro.

-Es bueno que tengas miedo... con lo inmaduro que eres....- Aquellas palabras sonaron tan venenosas como pudieron sonar en esa biblioteca, tan fría y ásperas como para rasgar el aire entre los dos de manera inclemente. No le miró al decir eso, cerró los libros y acomodó las hojas en un solo puño, para luego agarrar de la cabeza a Idioto y ponerlo bajo su brazo, no dejaría que le tomase en ese momento. -Si eres capaz de crear cualquier cosa que te imaginas, es peligroso que por tu inmadurez pienses cosas en medio de una pataleta o un arranque de ira... Sé que apenas tienes catorce, pero es hora de que madures....-

Sabía lo dolorosas que podían sonar sus palabras y de hecho le dolía decirlo de esa manera, había querido siempre tratar a Ale con cuidado y tranquilidad y no así. Pero no pudo evitarlo, la envidia en Marco crecía con cada una de las palabras que leía en esos libros al ver lo capaces que eran sus hermanos y él no.

Sí, había sonreido al ver a Ale y le quería mucho, pero la envidia le carcomía durante todas las horas que estuvo en esa biblioteca. Le carcomía porque Camila podía teletransportarse cuando le daba la gana, porque Ale creaba recuerdos a partir del aire y porque Lio había estado en un circo usando sus poderes. Si había alguien inutil a parte de él sería Dainiele, pero bastante mas poderoso resultaba también con aquellos poderes que desconocía.

Tenía en su mano derecha el libro que le había pasado su hermanito y unos cuantos libros más que fue a acomodar a los estantes. No se iba a ir de la biblioteca, no aún, tenía que hablar con Alessandro aunque les doliera a los dos.

Alessandro Caruso - July 15, 2011 02:18 AM (GMT)
Escuchó con atención a su hermano mayor, todo lo que este dijo era muy coherente, la empatía consistía en eso, sentir, proyectar e inducir emociones a otros seres, desviarlas, calmarlas, todo ello, era pura energía manifestada por el organismo que Marco lograba palpar, quizá en un nivel muy superior podría controlarlas con mucha habilidad y eso le ayudaría a ser un buen psicólogo y un buen profesor en esa Academia, pues ayudar a los otros alumnos calmando sus reventones de poder, sería sin duda una ayuda para ese montón de adolescentes, todo esto lo pensaba y veía Alessandro en un futuro, pues seguía viendo al mayor de los Caruso como uno muy aplicado en todos los aspectos, referentes al estudio.

- Que genial Marco… Serás muy fuerte en un futuro y podrás calmar las emociones de muchos, incluso las de Leonardo cuando quiera irse como loco por ahí o las de Camila que se pone muy llorona al vernos… - Pensaba el joven, expresándolo en voz alta para que este pudiese escucharlo, ya que aunque sonara infantil su comentario, no estaba para nada lejos de la realidad en la que vivían, el que estaba frente a él podría hacerlo, Lio si se escapaba con emociones locas todo el tiempo y Camila era un poquitín exagerada a la hora de estar triste, ¿Ven? Nada fuera de la realidad.

Una sonrisa perlada iluminaba su rostro de piel blanca y hacía iluminar sus ojos de color miel, lo veía tan intrigado que parecía que él se sintiese fascinado por verle, no por empatía precisamente, pero sí por cómo veía a ese que creía como un padre. Más no todo dura para siempre, pues unas garras filosas arrancaron esa hermosa faz que mostraba, unas garras hechas de palabras que formaron una frase completa y concisa que tenía un mensaje que sumió en silencio al menor de los Caruso, hizo bajar su rostro y borrar su expresión risueña a una más seria, muchísimo para provenir del italiano de 14 años.

Después escuchó como este le pedía con severidad que madurara, como que fuese algo que el pudiese realizar con su poder y listo, el comentario de Marco le hacía pensar que él quería que madurara de un solo golpe, dejando de ser quien era, en tan solo un momento… Y aun queriendolo, Alessandro no quería ser un adulto, ni pensar como uno, no quería dejar de ser ese niño que se divertía con cualquier cosa y dejaba llevarse por su imaginación, no lo quería...

- ¿Y porque tengo que madurar? - Interrogó con aquella voz ronca, seria y hasta enojada, fue con esa pregunta que quiso buscar los orbes azules de ese flojo, incomprendido y siempre comparado Marco Caruso, con esa pregunta Alessandro dejaba de ser un niño siempre sonriente y feliz, y buscaba responder con rabia, impotencia, y mucha firmeza, seguramente este del frente se daría cuenta, pero a él no le importaba en lo absoluto, pues no buscaba retirar lo que había dicho.

Marco Caruso - July 15, 2011 03:15 AM (GMT)
Acomodaría dos libros con su mano temblorosa y sin mirar atrás, dándole la espalda a su hermanito sería que pondría esos libros de gruesa tapa en el estante. Libros de psicología. Pondría luego tres más allí sobre la madera con un nudo en la garganta, apenas había soportado decirle esas palabras a su hermano y no quería seguir aquella conversación, quería simplemente enterrarse entre los estantes y no decir nada más. Fingir que estudiaba o que tenía sueño, no quería herir a Ale con lo que tenía para decirle. No quería hablar más.

Acomodó el cuarto libro en esa repisa y en ese momento sus ojos se empañaron como cuando volvía del colegio lamentando el suicidio de una madre que no era suya o como cuando lloraba por la impotencia de sentir tanto a la vez. Justo así se empañaron sus ojos mientras deslizaba ese libro entre los otros, mientras sostenía a Idioto bajo su brazo y quería llorar abrazado a él en su cama.

Si, Alessandro era un inmaduro e infantil, pero en el fondo Marco también lo era. Por eso quería que su hermanito madurara, que dejara de andar en pijamas por todas partes y que dejara de llevar consigo ese peluche. Que dejara de hacer preguntas de niño, que dejara de admirarse con cosas simples. Que fuera un adulto como esos que siempre había visto, aburridos y que no disfrutan la vida. Que fuera como todos querían que fuera. Normal. Quería que Ale fuera lo que él jamás llegaría a ser, quería ver a su pequeño hermanito de ojos color caramelo convertido en un hombre maduro como él jamás llegaría a ser. La verdad es que todas sus esperanzas estaban en ese pequeño a quien tanto cuidaba.

-Porque tienes que hacerlo.-

Le daba una de esas respuestas que sus padres les daban todo el tiempo. Cuando preguntaba pequeño porqué Camila debía ir a la escuela y dejarlos solos o cuando preguntó porqué debía ir él a la escuela. Cuando preguntó porqué el amor dolía. Cuando preguntó porqué la gente debía morir. Porque sí. Nunca le daban una razón, nunca le explicaban. Marco se estaba convirtiendo en uno de esos adultos en los que Ale jamás se quiso convertir.

Tomaría a Idioto con su diestra y apretaría su cabeza, le hacía falta de verdad tener un amigo como ese, uno al que pudiera contarle todo lo que sentía. Tragó saliva allí dandole la espalda aún a su hermano, y tomando aire se volvió hacia él sonriendo. Una falsa y vacía sonrisa era la que se podía ver mientras avanzaba hasta la mesilla para tomar el resto de sus libros. Volvería a los estantes con velocidad, no tenía corazón para verle de frente.

-Porque es lo mejor para todos Ale, es algo que tiene que suceder en un momento u otro. Tarde o temprano tendrás que madurar, y bueno... con un poder como el tuyo sería bueno que eso pasara pronto...-

Allí se derramó la primera de tres lágrimas que saldrían de sus ojos en ese instante, limpiaría con las mangas de su camisa eso mientras acomodaba los libros en los estantes. Libros de biología en el estante de artes y libros de neurología en la sección de niños. Ya ni se fijaba en lo que hacía, simplemente no quería verlo.

Podría sentir lo mismo que él su hermanito. La empatía trabaja en dos direcciones, generalmente Marco funciona como receptor de los sentimientos fuertes de las personas a su alrededor, pero cuando no se sentía bien, cuando era él quien pasaba por un evento de gran magnitud, proyectaba sus sentimientos. Ale podría sentir tristeza, podría sentir pesar pero también decisión, mucho amor, y en el fondo, algo de envidia. Al no ser empático el pequeño, sería difícil detectar que esos no eran sus sentimientos.

Dos lágrimas cayeron al suelo de la biblioteca y se quedó sin libros, en medio de los estantes, donde Ale no podría verle se agachó y abrazó al peluche.

Alessandro Caruso - July 18, 2011 01:07 AM (GMT)
Esa respuesta… De todas las que le podía dar su querido hermano, ¿Por qué le tuvo que dar esa respuesta? ¿Por qué? ¿Marco se estaba volviendo tan igual a su padre? Alessandro se quedo mirándole, se quedo perplejo y pareció que de un momento a otro volvía al pasado cuando inocente se acerco a su papá y le pregunto porque tenía que estudiar en la escuela, y fue tan seca y destructiva esa respuesta que tal como aquella de su hermano mayor, había rasgado el aire y con este incorpóreo elemento daba un golpe bajo a un corazón débil y frágil, tal cual era el del menor descendiente de la familia Caruso.

- ¿Por qué beneficiaría a todos algo que es mío? ¿Por qué todos tendrían que depender de lo que haga con mi poder? ¿Piensas que soy un niñato inútil como todos los demás? - Decía totalmente serio el de ojos cafés, decía con ira y rabia, con pesadez en su corazón, con dolor y tristeza, sentía decisión en lo que estaba defendiendo como un niño de 14 años, bueno… Como un pre-adolescente de esa edad, que pensaban que precisamente él por ser el menor debía ser cuidado y no le daban un poco de individualidad. - ¡¡No quiero ser un viejo amargado como papá y mamá…!! - Decía alzando su voz, casi gritando, que indudablemente resonó en aquella vieja biblioteca, dándole la oportunidad al silencio de tragarse el sonido que aquella expresión clamaba…

No veía desde donde estaba a Marco, quien oculto abrazaba a su oso Idioto, Alessandro Caruso estaba molesto, triste, apesadumbrado, decidido, quería ser como él quería y no como otros querían imponerle, quizá si necesitaba ser menos niño, pero así se sentía, pues nunca nadie le hizo sentir que valía algo más que un crío inútil que no podía defenderse por sí solo, y aquel que nunca le juzgo, ahora lo hacía, ahora le imponía madurar porque sencillamente así no podría hacer daño… ¿Qué sabía él lo que era mejor para Alessandro? Sentía leve envidia por ser el menor, por ser el manipulable, él que siempre debía “respetar a sus mayores”

- Antes quería ser como tú… Pero yo no quiero ser como papá… Y tú ahorita eres como él… - Dijo cortando el silencio con una voz mucho más madura de lo normal, tornada así por el grave que pudo sacar, mientras grandes lagrimas bajaban por su faz, mientras aquellos orbes de color miel que tan traslucidos y hermosos se mostraban en el día, ahora se volvían purpúreos e intensos brillando en la noche, mientras que esos cabellos lisos siempre caídos por la gravedad comenzaban a tener un aura morada, brillante y poco uniforme, lastimosamente para todos, Alessandro no se daba cuenta de ello, porque sus emociones y las de su hermano comenzaban a hacer brotar su habilidad, a sacar su poder involuntariamente…

El silencio se hizo sentir, y lo que él siempre espero no conseguir en ese que veía como ejemplo a seguir, lo encontró y ahora se unía a la tristeza, al dolor, la envidia, la apesadumbre, ahora a todas ellas se les unía: La decepción.

Marco Caruso - July 18, 2011 02:04 AM (GMT)
No voltearía a ver a su hermano cuando él le hablase, cuando le dijera eso que tanto le dolió sin lugar a dudas. Que era como su padre. Apretó los dientes y a la vez abrazó con fuerza al peluche al escuchar esas palabras, podía aguantar las rabietas de su hermanito y entendía que cuestionara el hecho de madurar, alguna vez él mismo lo había hecho. Pero no soportó escuchar eso, que le compararan con su padre a quien había dejado de amar tiempo atrás. Le molestaba que lo compararan con la perfecta Camila, el inteligente Alessandro, el agradable Daniele o el varonil Leonardo; pero que le compararan con sus padres rayaba en la ofensa.

En lugar de calmarse, con aquellas palabras de Alessandro provocarían que el mayor de los Caruso comenzase a sentir aún mas fuerte ese pesar y esa tristeza, lo que a su vez repercutiría en el pequeño de ojos miel. En ese que estaba desatando su poder de manera involuntaria tal como lo hacía Marco. La envidia y el amor se disiparían en Marco con facilidad tras esas palabras, poco le importaría tener las habilidades de su hermano o cuidarle por su propio bien si le trataba de esa manera. Como a su padre.

Como a ese hombre que detestaba a los mutantes, ese que jamás mostró afecto a sus hijos mas que en regalos comprados con dinero, ese avaro que llegaba tarde a casa y nunca les leyó historias para dormir. Ese hombre que a su esposa criticaba a la hora de la comida, ese que mas de una vez regañó a Marco por llorar. Ese que nunca les mostró verdadero afecto.

Tristeza, pesar, enojo y decepción sentiría Alessandro con aquella emisión de sentimientos del empático que poco controlaba su poder, de ese que no se atrevía a mirarle en ningun momento y abrazaba con fuerza el peluche.

-No soy como él... Solo... solo maduré...-

Dijo aquello y se mordió los labios con fuerza, las lágrimas brotaban con fuerza y el peso en su espalda había pasado de ser el cuidar a su lindo hermanito a tener que lidiar con un adolescente que no quería escuchar. Tragó saliva mientras se incorporaba con el peluche en su mano, en ese momento podría ver Alessandro al menos el cabello y la espalda de Marco entre los estantes del fondo de la biblioteca, a unos siete u ocho metros de él.

-Eso es todo, maduré y por eso quiero que lo hagas tu también. No quiero que dejes de ser tu, solo quiero que madures, que dejes de tomar todo a la ligera y que pienses antes de hacer las cosas.-

Tragó saliva una vez mas sintiendo aquel nudo en la garganta y mientras limpiaba las lágrimas con la tela de su camisa. Sabía que cada palabra que pronunciaba era solo para empeorar el asunto, pero quería hablar con Alessandro sobre todo eso desde hacía tiempo y retrasarlo no era prudente. No ahora que el menor de los Caruso había mostrado capacidades psionicas tan impresionantes.

Se volteó con lentitud una vez que sus mejillas estaban secas, pero sus ojos seguirían empañados y el color en ellos delataba que había llorado. Pero mas que aquello, en sus orbes de azul profundo se notaría la sorpresa al notar el brillo púrpura en Alessandro, ese mismo que había visto cuando se encontraron en la academia y cada vez que proyectaba su imaginación.

No diría nada, solo soltaría a idioto, quien caería al suelo de madera, inerte. Tenía miedo. Ya no había tristeza o pesar. Solo miedo.

Alessandro Caruso - July 27, 2011 03:45 AM (GMT)
Aquel de aura purpura y ojos intensos buscaba entre los libreros al que hacía proyectarle emociones, ese mismo que se escondía con el oso Idioto estaba induciéndole un estado que no controlaba, estaba provocando que esa habilidad tan extraña saliese a flote sin querer, Alessandro solo había conocido una vez el descontrol de su habilidad y desde ese entonces no se había repetido, esa vez con su hermano Daniele que por primera vez afloro su don y fue en ese instante que un caballero encapuchado de negro con esa túnica tan igual a la oscura noche atacó al de su propia sangre, lanzándolo metros atrás, esa vez Alessandro no supo qué hacer, fue tanta la descarga de su poder que el miedo consiguiente a ello le hizo borrar lo que había hecho, pero esta vez estaba allí, con tantas emociones juntas, y ahora una más le era agregada…

El miedo. Esa emoción que nos hace atacar a quien sea por no querer afrontar la realidad, esa misma emoción que en varios casos nos hace huir, y esa emoción que nos paraliza y nos deja en un estado defensivo, esa era la que estaba poseyendo al menor de los Caruso, y lo peor, es que no se daba cuenta. Alessandro estaba experimentando miedo, pero ¿A qué? Pues para este caso, el joven veía a su hermano mayor como el reflejo de ese padre que en un pasado muy pasado le pego solo por romper un billete accidentalmente, esa trágica situación veía ahora reflejada allí en la biblioteca ya casi para la media noche, pensaba en su mente de que ese de ojos azul eléctricos se alzaría y le seguiría imponiendo más y más cosas, seguiría exigiéndole y presionándole, y sabiendo bien de que Alessandro Caruso cede ante la presión, le pegaría…

Aquella aura de color morado, se volvería un poco más fuerte y de ella, muchas partículas se irían concentrando al frente del chico, estas comenzaban a tomar forma, a tomar consistencia, a unirse violentamente unas a otras formando una persona, o más bien un muñeco con extremidades completas, de armadura color plomo y espada de doble filo al puro estilo del ajedrez, cubierto de ladrillos, y con un casco semejante a una torre de ajedrez, cara humana con rostro totalmente serio, de 1.80, corpulento y sin ningún control… Pues esa parte de la habilidad no estaba desarrollada, no podía controlar los seres vivos que creaba ni siquiera había intentado alguna vez crear uno, aun no lo sabía…

Y esa limitante le podía costar caro, aquel muñeco desatado comenzó a caminar a pasos lentos en dirección de los libreros, Ale lo veía moverse pero no hacía nada, ni siquiera él podía moverse, su creación se alimentaba de su energía y este desde allí con su cabeza emanando energía y sus orbes totalmente cubiertos de color morado, ya no buscaban a su hermano, ya solo se concentraban en aquel ser con aparente vida que se dirigía al mayor de los varones de la familia psionica, lentamente con pasos pesados, mostrando una espada de piedra con doble filo, lista para usar… Por pura ira y miedo… Una persona es capaz de hacer lo que sea, incluso atacar a un ser querido, y en el fondo, el pequeñín, no lo quería…

Marco Caruso - July 27, 2011 07:30 PM (GMT)
El golpe de aquel peluche contra el suelo era obviamente uno que no sonaría, pero a Marco Caruso le pareció que todo se volvía mucho mas nítido cuando los ojos del menor de los hermanos tomaron ese color oscuro y el aura a su alrededor se tornaba notoria. Escucharía el rasgar de cada uno de los filamentos del peluche al chocar contra el suelo de madera, escucharía rebotar su pequeño brazo de felpa y escucharía cada uno de sus latidos.

Al menos eso le pareció escuchar, en un momento en que la adrenalina corría por su cuerpo y el miedo le invadía cada centímetro de su ser, le pareció escuchar todas y cada una de las gotas de sangre que le recorrían. Su parpadear lo sintió como si lanzara ventiscas por toda la habitación, miraba sus largas pestañas sin querer al notar eso que tomaba forma poco a poco. El miedo y la ira de Alessandro tomaban forma allí, el miedo de Marco proyectado en el pequeño también, el miedo de dos hermanos tomaba una forma bastante peculiar al proyectarse desde la imaginación de Alessandro.

El miedo era representado como una de las piezas del ajedrez, de ese juego de estrategia en que Ale era bastante bueno, ese que Marco le había enseñado a jugar varios años atrás. Seis son las piezas de aquel juego, seis las figuras distintas sobre el tablero de blanco y negro. Una de ellas era la torre. La que proyectaba Ale, en único lugar donde podía resguardarse al tener miedo era la torre representada por aquella enorme pieza confeccionada por ladrillos. La ira se representaba como el peón, un caballero destinado a defender a su rey con decisión.

-Ale... Por favor... detente...-

Escuchó la saliva bajar por su garganta y luego caer en su estómago, o eso le pareció. Allí fue cuando cayó en cuenta de lo que sucedía en esa biblioteca, en esa habitación donde el conocimiento se guarda en la forma de libros y folletos, en ese lugar que debía ser silencioso. Se percató de lo que pasaba, no solo Ale necesitaba madurar, él también.

Eran dos los que debían de madurar y aprender a controlarse, dos los que necesitaban manejar sus poderes con cuidado porque podían afectar a todos a su alrededor, no era solo Ale quien necesitaba hacer aquello aunque no lo quisiera.

Los ojos de profundo azul eléctrico miraban aquella figura, aquel peón torre, sin voltear a ver a quien había tratado de hacer reaccionar. Su miedo se había proyectado, su miedo a que Ale no lo quisiera por lo que le decía y su miedo a volverse como su padre. Su miedo al poder del menor de los Caruso, todo eso alimentaba los sentimientos de Alessandro y estos ultimos alimentaban su imaginación, la base de su poder.

Un poder que no solía ser tan potente bajo condiciones normales. Apenas le habría visto materializar objetos pequeños e inertes, no una pieza de ajedrez viva que simbolizaba su miedo. Era curioso como los poderes de Marco tenían repercusiones en los de Alessandro, era curioso que se hubiese percatado de ello también, pero era demasiado tarde. El miedo en Marco crecería ante aquella figura que se acercaba imponente.

-Por favor Ale... por favor...-

No sabía controlar las emociones propias, no sabía controlar la proyección de las mismas, mucho mento controlar las emociones de otros. Algún día podría, pero eso estaba lejos. Aterrado en esa biblioteca no sabía que hacer, simplemente estaba allí, aterrado de su propio hermano.

Alessandro Caruso - July 29, 2011 10:14 PM (GMT)
La ira, el miedo, la decepción y el dolor, fueron los causantes de aquel momento, y no solo eran sentimientos de Alessandro, eran de Marco, ese chico que era un ejemplo para el pequeño de ojos miel, lo había inducido a usar aquel poder creacionista, manifestando sus emociones en el juego que bien le enseño al que estaba a punto de atacar. Ahora Alessandro Caruso seguía emanando energía manteniendo vivo aquel monstruo, mismo que se dirigía hacia su hermano, portando aquella inmensa espada de piedra dispuesta a acabar con este, y por supuesto, lo haría si tuviese la oportunidad, desgarraría sus huesos, su cuerpo, aplastaría cada seso de su cerebro empático, solo con el blandir de una espada creada a partir de la imaginación de un niño de 14 años, todo estaba en la mente de un pre-adolescente lleno de inocencia que por error, miedo y rabia, pensaba que lo mejor era erradicar lo que hacía daño.

Los pasos secos y fuertes de aquel golem, los que se oían en el silencio de la biblioteca, eran esos los que resonaban aumentando el pánico del mismo que infundía más seguridad a su muerte… Ese caminar lento y pausado, resonaba y dejaba pequeña estelas de polvo de roca que se producían por el movimiento de los miembros hechos del mismo material. Estaban conectados el monstruo y Ale, solo que el chico no lo controlaba, solo lo creaba y mantenía vivo, aun no tenía poder sobre sus creaciones, y eso podía ser un error…

Pues mientras crecía aquella emoción en Marco, crecía en Alessandro ese terror irracional que lo defendería, ese mismo miedo que empujaba el poder del pequeño inmaduro. Todavía aquella bestia con vida aparente se acercaba al que definía como su adversario, sus ojos de puro color se clavaban en su norte, su mano izquierda estaba desocupada y se lanzó contra el librero y lo sujeto con fuerza por la esquina superior, es allí donde se escondía Marco y es allí donde lo encontró…

El hombre de piedra no tenía boca, solo unos ojos de color morado intenso, como los del niño, la mano derecha empuñando aquella inmensa arma de piedra subió y clavando ahora esa su mirada purpurea en el chico de ojos azules lanzaría un potente golpe para afirmativamente, asesinar, desgarrar, romper, destruir todos los huesos en caso de acertar…

¿Cómo se defendería Marco, si era el causante de toda la situación? Era el que empujaba aun más la rabia del chico, era el que se pareció por un momento al papa de los Caruso, desatando el incontrolable poder de un niño con demasiada imaginación, no había mucho que hacer, la verdad solo existían dos soluciones, y si aquel empático no buscaba una de ellas, moriría sin más pues ese poder era bastante difícil de controlar...

Marco Caruso - July 30, 2011 12:16 AM (GMT)
Estaba demasiado concentrado en su proyección de pensamiento el menor de los Caruso como para escuchar las palabras de su hermano, sus ojos de aquel color no miraban a Marco y con el aura a su alrededor no se percataba de lo que pasaba alrededor, estaba demasiado concentrado en un poder que era inducido. De nada serviría seguir intentando hablar con Ale, se dió cuenta de ello Marco con cada paso de aquel peón y torre, de esa proyección de miedo e ira a la vez que avanzaba directo hacia él con las peores intenciones. Las de destruirlo, de deshacerse de la fuente de ese miedo que estaba siendo Marco.

Tragaría saliva al escuchar un paso más, se acercaba y lo mejor sería huir en ese preciso momento sino era que quería terminar con una espada de ladrillo atravesándole el torso. No buscaría hacer reaccionar a Ale, no buscaría tampoco calmarse puesto que no podría, no sin su reproductor. Y aún con aquel aparato, poner una canción que le calmase no serviría de nada en una situación como esa, escuchar música clásica no le calmaría lo suficiente como para no proyectar su miedo de la manera involuntaria en que lo hacía hacia Ale.

Se deslizaría con sigilo entre los estantes huyendo de la visión de aquel pensamiento que tomó forma, de aquel miedo y aquella ira encarnados en un soldado de ladrillo que buscaba cercenarle. Escucharía entonces el golpe de la espada de roca contra el suelo, escucharía los libros caer y rebotar. La espada habría acabado con Idioto. Era bueno que Alessandro necesitara estar concentrado para proyectar al peón torre, de haber visto aquello las cosas seguro serían aún peores.

Entre los estantes y sin nada en sus manos para defenderse o atacar, correría a mas no poder amortiguando sus pasos y caminando en silencio, había desarrollado mucho su sigilo sin saberlo al estar en el cole, cuando quería pasar desapercibido todo el tiempo.

No había nada entre los libros que había leido acerca del poder de Ale, no sabía como podría contra él o como apagarlo. Se le ocurrieron un par de ideas mientras se deslizaba de un estante a otro, noquear a su hermanito sería algo util, si no estaba en estado de conciencia la proyección se detendría. Pero no querría hacer eso. Hacerlo reaccionar sería otra opción, pero estaba tan concentrado que nisiquiera escuchaba su voz. No lo mataría tampoco.

-Necesito... necesito pensar...- Poco a poco se estaba calmando, su miedo pasó a ser preocupación de manera paulatina, necesitaba una mente fría para decidir que hacer con su hermano. Sin saberlo, eso era parte de la solución. Si se calmaba no tendría miedo, con ello no lo proyectaría en Ale y con eso perdería potencia el peón torre. -No puedo creer que nadie se percate de este ruido...-

Con los libros cayendo y el impacto de la espada de roca contra el suelo alguien debería de haber escuchado, pero no importaba si nadie lo había hecho, caminaría entre estantes hasta estar ubicado fuera del rango de visión de ese ser tan vengativo.

En el fondo, no debía de sentir envidia el mayor de los varones Caruso. Era el que poseía mas destreza, mas inteligencia y constitución de los cinco; era el mas atento y por mucho el más sigiloso, además el mejor con los ataques a distancia. Debería de aprovechar todo aquello si quería salir con vida. Tres libros salieron disparados contra Ale, para darle en la cabeza, con gran velocidad fueron lanzados antes de volver a ocultarse entre los estantes....

Alessandro Caruso - July 30, 2011 02:54 PM (GMT)
Paso uno surcando el espacio entre su cabeza y el techo, paso el otro rozando a penas su cabeza, pero paso el tercero y dio justo en el blanco, fue ese potente golpe con el libro de cocina que arrojo su hermano mayor el que lo dejo tirado en el piso con un fuerte dolor de cabeza, le golpeo con la esquina del libro en la parte superior de la oreja, potente y certero, al parecer Marco no era tan débil como parecía. Alessandro cerró sus ojos por el dolor, los cerraba con fuerza y yacía allí semiconsciente viendo algo borroso el suelo de madera pulida, al igual que sus manos, no había caído en cuenta aun de todo lo que pasaba, su mente divagaba en todo lo que sucedió antes de caer al suelo, y no recordaba…

Mientras aquel chico recobraba sus estribos, el monstruo de piedra sacaba la espada que clavó en el suelo producto de aquel potente golpe que había lanzado, por suerte, no aniquilo al pequeño oso Idioto, que seguía allí oculto en el hueco que abrió en el suelo la espada de piedra. Ahora, continuaba ese andar pesado y lento, buscaba a su objetivo, lo quería encontrar y destruir por provocarle ira, miedo, dolor, angustia a su amo, a ese su creador, esta fiel creatura destructiva se paseaba entre los estantes, entre tanto el Caruso pensaba y cogía los libros que posteriormente lanzó, aquel singular hombre de piedra se asomó en uno de ellos y ahí estaba, su presa, su blanco… El sonido de las rocas caía al suelo como polvillo, por la fricción de sus brazos, su espada se alzó y cuando llegó a su punto máximo, caería con toda potencia sobre este, nuevamente tenía la misma meta, matarlo espantosamente…

El golpe hizo eco en el fúnebre silencio de la noche, ese mismo sonido de percusión despertó al chico de ojos miel de aquel estado, levantó la cabeza y busco por todos lados una señal de su ubicación, aun estaba perdido, irritado, dolido y decepcionado en poca cantidad, pero estaba un poco más sereno, los estantes, libros y ese que estaba a su lado, un libro de cocina, le dieron señal de que se encontraba en la biblioteca, pero ¿Qué hacía allí? ¡Ya recordó! Fue por un libro que vino para dormir, alguien le distrajo y ese fue… ¡Marco! Se alzó con su mano derecha tocándose el área donde recibió el golpe, seguro un moretón se le haría al otro día, pero en todo caso, donde estaba el mayor de los Caruso, no lo veía por ningún lado…

Su cabeza ya no emanaba poder, y sus orbes habían vuelto a la normalidad, la creación siguió viva porque aun la tenía en el pensamiento, aun estaba allí y fue creada para matar, no la había desmaterializado, no sabía que la había creado… Ale volvió sus ojos hacia un ruido detrás de él, ahí había algo, pero ¿Qué era? - ¿Marco… Eres tu…? - Diría su ronca voz temblorosa, un tanto fuerte como para ser oído relativamente bien…

Así funcionaba ese majestuoso don del chico de 14 años, su poder, su imaginación volátil creaba cualquier cosa, lo hacía realidad y hasta no recibir la orden de Alessandro para desmaterializarlo no se desharía, todo esto porque el subconsciente del chico aun mantenía la habilidad a flote, y este por ser un novato en su mismo poder, lo desconocía. El tiempo seguía corriendo, ya habían pasado 12 minutos desde su creación, y comenzaba a sentir las consecuencias de la misma, si no era tranquilizado esto, las consecuencias serían graves…

Marco Caruso - July 30, 2011 08:55 PM (GMT)
Fallaron dos de los libros pero el tercero atinó al golpear a Ale y fue suficiente para hacerle reaccionar, pero un escondido Marco notó que con ello no desaparecía la figura imaginada y ahora real. Tragó saliva mientras seguía escondido entre los estantes, miraba a Ale desde el espacio entre unos libros cuando aún no reaccionaba del todo, pero debía prestar atención a otra cosa también.

El peón torre se acercaba, el producto del miedo y la ira del menor de los Caruso cargaba con el peso de una armadura de roca, sin lugar a dudas sería mucho mas ágil el de ojos de azul eléctrico, quien se deslizó a tiempo para esquivar el golpe en seco que destrozó todo un estante de aquella biblioteca. La piedra era demasiado pesada, podría correr sin mucho problema para esquivar todos sus golpes como lo había hecho dos veces, y aprovechando su sigilo podría esconderse sin que le escuchara ese imponente caballero de miedo e ira.

Eso haría, y con ello dejó atrás los libros de gastronomía para amortiguar sus pasos sobre la madera, con algo de polvo en su ropa quería simplemente salir de la biblioteca y correr a buscar a algún profesor. Pero eso les metería en problemas, principalmente a Ale y su hermano mayor no quería que le castigaran. De todas maneras no podía dejar a su hermanito en esa biblioteca con su creación, temía Marco porque le hiciera daño. Aunque si Ale era tan resistente como su estúpido peluche, nada le pasaría.

Rodearía dos estantes con muchísimo silencio hasta quedar a tres de Ale, se escondería entre varios libros mientras miraba a ese enorme caballero de roca y a su hermano alternadamente. Ya no estaba el brillo en sus ojos ni esa energía púrpura. Pero la criatura seguía allí. Tragó saliva. No sabía que Ale podía mantener sus creaciones menos de media hora antes de que algo malo pasara, por eso el tiempo no era un factor para Marco. Lo único que quería era salvarse y salvar a Alessandro.

No podía llamarle ahora que estaba consciente, si lo hacía el caballero le escucharía y le buscaría para destazarle con esa espada de piedra, necesitaba otra cosa, una opción diferente para llamar la atención de Ale. Si supiera controlar sus proyecciones astrales haría una para comunicarse con su hermanito, pero no. No podía hacerlas si no estaba dormido, y no llevaba sus pastillas para dormir en ese momento aunque de todas maneras no les habría usado. Sería peligroso dormirse en presencia de ese enorme peón torre.

Si pudiera controlar su empatía de alguna manera, induciría a Ale a que sintiera la necesidad de verle, y con ello podría provocar que su hermanito menor le buscara con desesperación. Pero no podía, no, apenas lograba emitir sin quererlo lo que él sentía cuando sus emociones eran fuertes.

Se sentía un inutil con esos poderes que no sabía controlar y no sabría controlar en mucho tiempo. En todo el tiempo que llevaba en esa academia apenas y había logrado cerrar su mente a las emociones de las personas cuando eran muchas a la vez, apenas y podía hacer eso.

-Ale...- Un susurro sonaría en la biblioteca, tal vez Alessandro no podría escucharle bien, pero era seguro que su criatura no le escucharía, no si estaba mas cerca del mutante que de su mutación proyectada.

Estaba oculto a la vista del peón y torre, varios estantes de libros le separaban de esa criatura compuesta por dos figuras del ajedrez, pero Ale si podría verle desde donde estaba, al menos su cabeza asomada al final de un estante. Sabía Marco que su hermanito y su creación estaban conectadas por ser un poder psiónico, pero creía que no compartían sus sentidos.

Alessandro no era un mutante empático o con telepatía, tampoco podía alterar la percepción de los demás como lo hacía Lio. Pensando en eso que había estudiado esa tarde, esperaba que el caballero de piedra no pudiese ver a través de los ojos de Ale o escuchar a través de sus oídos, de lo contrario, le encontraría.

Alessandro Caruso - August 1, 2011 04:15 AM (GMT)
Ale... Eso fue todo lo que oyó tras el intenso golpe y lo que vino después, un montón de libros en el suelo, cortina de polvo, hojas y un monstruo gigante de piedra que portaba una inmensa espada del mismo material que luchaba por desenterrarla del suelo para su posterior uso... Eso fue lo que vio el de 14 años, y allí, en ese preciso instante en el que admiro su creación se dio cuenta de todo lo que había pasado. Recordó palabras, muchos sentimientos, gestos, acciones, Marco, su oso, ira, miedo... Y luego, estaba ese monstruo, ¿Porque precisamente ese monstruo?

Se le hacía conocido cuando uso su poder por primera vez con Daniele, fue una especie de caballero cubierto con túnica, este era uno inmenso de roca vestido de soldado con una espada de piedra que debía pesar unas toneladas y que acabaría con cualquiera que se interpusiera en su camino. Así el chico de ojos miel pudo darse cuenta de que eso que estaba allí era suyo, era parte de su mente, así quizá se reflejaba su poder cuando estaba descontrolado, en formas autóctonas de su imaginación.

El de apellido Caruso volteó su mirada a la derecha, y allí escondido entre un librero su hermano mayor se escondía, al parecer la figura de piedra de gran tamaño lo estaba siguiendo, si eso era así, Alessandro había creado un monstruo con el pensamiento de que asesinase al que le causaba dolor, ira y miedo, corrió velozmente en dirección a su hermano, lanzándose encima de este y aferrando sus brazos al cuello del joven. - Perdóname Marco, no fue mi intención, yo no quería, fue un accidente, de verdad que yo lo siento... - Y allí, llegó, un golpe seco destruyo la parte de suelo de enfrente del librero, justo donde estaban los dos Caruso. Ahí la espada clavada en el suelo había demandado un golpe muy potente, quizá más que los anteriores, que ocasionaría una grieta en el suelo y quizá en el piso de abajo se podría ver.

El monstruo giraría su cabeza e intentaría sacar de nuevo la espada, Alessandro no sabía porqué, pero estaba cansándose paulatinamente, si Marco era un poquito más atento, se podría dar cuenta de que el pre-adolescente respiraba un tanto agitado sin tener ninguna actividad física, y además del dolor de cabeza que sentía por el libro, otro comenzaba a desatarse, eso quería decir que estaba llegando a su limite, 18 minutos llevaba y los efectos se mostraban en el pequeño que apenas comenzaba a ver las consecuencias de su gran poder...

Marco Caruso - August 1, 2011 06:24 AM (GMT)
La espada de roca que se incrustó en el suelo no llegaría a mostrar los pisos inferiores de la academia, no si estaban los dos Caruso en el primero de ellos y abajo de ese piso solo estaban aquellas salas y recámaras ocultas a los estudiantes y usados por la Patrulla X. No sería tan facil acceder a ellos después de todo, no bastaría romper el suelo de la biblioteca. Sin saber lo que yacía oculto debajo de ellos, el de oscuros y castaños cabellos tragaría saliva en ese instante, todo en ese momento le pareció ralentizarse y el tiempo parecía no transcurrir.

Viendo los libros tirados por todo el suelo y la madera del estante quebrada de manera irregular, notaría también la espada de roca entre el polvo que había levantado. La espada que ya había intentado darle fin a su vida, la espada creada por la imaginación de Alessandro y las emociones de Marco de manera incontrolada.

Apenas y tenía tiempo de reaccionar, con Ale colgando del cuello no debía preocuparse solo por su propia seguridad, sino también por la del pequeño de ojos tan tiernos. Le había pedido perdón por crear esa figura, pero sin poner mucha atención a eso, Marco le había rodeado con sus brazos cuando escuchó que se acercaba el peón torre antes de que el estante se quebrara por la mitad. Le rodeó con los brazos y cerró los ojos poniendo su espalda para que no lograra tocar a Ale esa espada de roca, se habría sacrificado por su pequeño hermano de ser necesario, realmente le amaba. Pero de todas maneras la espada ni siquiera le rozó la ropa que llevaba.

Mientras aquel caballero de roca inetntaba sacar de nuevo su arma del suelo, rodeando con sus brazos al menor de los Caruso sería que Marco buscaría levantarle para correr entre los estantes. Aun con diecisiete años la verdad ese muchacho no era muy fuerte, se había enfocado mas en otras cosas que en ejercitar su cuerpo, pero podría cargar con Ale. Al menos en una situación como esa podría.

-No importa, yo estoy bien, pero...- No se percataría del dificil respirar de Alessandro, simplemente le tomaría en brazos y correría con él entre tantos libros y estantes de ese monstruo que había creado su hermano. No importaba, perdonaba a Ale por haber causado todo aquello. -Necesito que te concentres en desaparecerlo Ale, en serio...-

Tragaría saliva para bajar a su hermanito y dejarle oculto tras el librero en el que estaban, se arrodillaría frente a él mirandole a los ojos con una sonrisa, intentando fingir apoyo y confianza.

-A esto me refería con que tu poder puede afectar a otros Ale... Por favor, por favor concentrate en que desaparezca...-

Su poder había sido en parte el que inició todo aquello y lo sabía el de azules ojos, pero no diría nada al respecto, sostenia los brazos de Ale y le miraba con una sonrisa cálida aunque fuese fingida. No confiaba del todo en su hermano, era muy pequeño e inmaduro para controlarse como esperaba, pero de verdad necesitaba que lo lograra. Habrían destruido ya al menos un estante y había dejado hoyos en el suelo de la biblioteca, necesitaban que todo eso parara.

Alessandro Caruso - August 3, 2011 12:23 PM (GMT)
Todo paso muy rápido, un golpe, un sonido, una cortina de polvo y después fue alzado y llevado a otro lugar por los brazos de su hermano mayor, que se sacrificaba por defenderlo de lo que él había creado para matarlo. Alessandro estaba consternado, y eso, precisamente eso que hizo su hermano mayor, le impulsaría a ser mejor, pero de que serviría aquel sueño de madurar si quizá no podían salir vivos de ese lugar, estaban corriendo un gran peligro y todo por no ser el chico maduro que debía ser, todo por no querer pasar a la adultez ya que odiaba ser aburrido, pero encontraría la forma de ser maduro sin perder su esencia, pues no quería ser así, no quería ser como su papá simplemente no quería… Y para añadirle un poco más al momento estaba aun muy sentido con las palabras de Marco, era peligroso estar allí y aunque este le siguiera diciendo que debía madurar para controlar su poder, el chiquillo de ojos miel haría todo lo que estuviera a su alcance para luchar…

Las palabras del mayor de los varones Caruso rebotaban en el eco de su mente tal cual hace rato rebotaban en el silencio fúnebre de la que dejaba de ser una biblioteca, no podía concentrarse, le faltaba el aire y estaba cansado sin saber porque realmente estaba así, sus orbes se cerrarían con fuerza y caería de rodillas al suelo, llevaría sus manos a cada lado de su cabeza y la sostendría con fuerza como si esta estuviese a punto de estallar. No entendía que pasaba, no sabía porque pero el dolor que sentía era muy fuerte, agudo, potente, como si un martillazo o la misma espada de roca le hubiese caído allí en su cabeza, de momento se podía ver intermitencia en la luz purpura que emanaba de su cabeza, no se había visto en minutos y ahora aparecía y desaparecía, al igual que el brillo en sus ojos. ¿Estaba descontrolado su poder? ¿Por qué parpadeaba así sin más? ¿Era el monstruo el causante de todo? No sabía que sucedía, y no tenía la menor idea que mientras eso pasaba en el cuerpo del chico, aquel monstruo de roca, se acercaba, a pasos secos y sonoros, tal cual lo había hecho todo el rato…

El hombre dejo caer sus ojos purpura en aquellos dos que yacían allí, solos y desamparados, indefensos y oriundos a pura y seca muerte, sobre todo el mayor de los dos, ese era su blanco principal, no había nada más que hacer que destruir el causante del dolor del amo que no sabía que tenía. Con su mano gigante, la izquierda, aquel golem volvió uno de los libreros para dejar sin escapatoria por la parte atrás a los dos presentes, si intentaban salir la mano del mismo les daría, fuese la derecha o la izquierda…

Alessandro entonces abrió los ojos con un poco de esfuerzo, se levanto con la respiración agitada y miro a su hermano allí en frente, busco su rostro con este extraño mirar y le dijo totalmente serio portando aquel tono ronco a su límite de masculinidad… - No quiero ser como papá… Y no quiero ser como tú, yo quiero ser como yo… - Diría eso con un par de lágrimas corriendo por sus mejillas, estaba serio pues no dejaba de recordar aquello que le había provocado estar allí en peligro, fue entonces que se volteó y dio los pasos correspondientes para colocarse al alcance de un golpe de su monstruo, tan cerca como podía estar, quizá 3 o 4 metros como máximo, miro a la ira y el miedo que había creado, sus orbes puros de color miel se volvieron una vez mas de color morado, su mano derecha se pondría en su cien, e intentaría desaparecer de la mente aquellos sentimientos, recuerdo y principalmente ese pensamiento que tenía allí, de verdad lo intentaba, pero no le era sencillo, no podía dejar de sentir todo, simplemente no podía…

Su cabello comenzó a brillar y el tiempo no se detenía, ya eran 25 minutos, y las consecuencias serían fatales, catastróficas, y muy dañinas para muchos, en especial para él. Alessandro Caruso, estaba allí al frente del gigantesco ser que alzaba su espada una vez más, la alzaba con poderío y no había nada que pudiese hacer Marco para detener al chico o incluso detener al gigante… Alessandro seguía luchando consigo mismo mientras este monstruo amenazaba de muerte su vida, sus sentimientos ahí estaban, haciendo más fuerte la criatura, y fue entonces cuando esta increíble arma se dejo caer sobre el pequeño y la mano izquierda del chico se alzó, y en un montón de partículas se volvió todo el poder que había manifestado el menor de los ítalo-americanos…

Lo logró, con un suspiro calmó su mente turbada por sentimientos que no eran de él a tan solo segundos de caer en los fríos brazos de la muerte, ejerció su poder, aquello que tenía vida por él y solo por él podía morir; dejo esas muchas lucecitas moradas que desaparecían en el aire, dando un hermoso ambiente de luz y claridad que se disipaba en segundos, poco a poco. El daño que causó era totalmente real, su poder era una amenaza totalmente real y su realidad lo era aun más aun. El proyector de pensamiento dio pequeños pasos hasta donde estaba Idioto, pues desde allí lo pudo ver, tomar y abrazar, necesitaba tenerlo cerca después de todo, allí estaban sus secretos, sus mayores secretos y ansiaba sentir su piel sintética y esa suavidad que solo podía obtener en él… Pero fue entonces cuando su cuerpo pidió lo que este no podía darle en ese preciso instante: energías, y sin más cayó en el suelo, inconsciente, con el oso en brazos, totalmente exhausto…

Quizá así dejaría el dolor de cabeza atrás, ese que le indicaba que llegaba a su límite, quizá así podía calmar su atribulado corazón, y su perturbado pensamiento, que era el principal causante de todo, además de Marco, y sobre todo, quizá así podía olvidar por un instante, todo lo que pudo revocar de su insufrible pasado. Aunque Idioto no hablase, estaba en él, era su niñez, una parte de sí y ahora nacía él que estaba por descubrirse, eran dos y no uno, y allí estaban tres contando al mayor de los hermanos. Pues es claro decir que, entre dos cerebros, siempre se pensará mejor que con tres…

Marco Caruso - August 6, 2011 11:48 PM (GMT)
Un grito que podría desgarrar el alma se escuchó en aquella biblioteca y de seguro sería escuchado por las personas que estuviesen en ese piso, un grito desgarrador tras el cual las lágrimas fluirían por sus mejillas sin ser ocultas o secas, las lágrimas de dolor puro y grotesco harían que el mayor de los varones Caruso gritara de aquella manera. Salió desde su pecho, desde lo profundo de su alma ese grito resonaría en las paredes de ese recinto donde el silencio debía reinar, mientras con su diestra golpeaba lo mas fuerte que podía la pared cercana.

El grito habría sido en vano. Había sido un grito de dolor por ver que el monstruo atacaría a su hermano menor, un grito de impotencia y desesperación por saber que nada podría hacer para salvarle, pero un grito en vano dado que desapareció en ese mismo instante. Alessandro Caruso lo había logrado, había desaparecido ese peón y torre creado por el miedo y la ira de los dos hermanos, le había desaparecido disolviéndolo en un montón de luces púrpura que desaparecieron tras apenas un par de segundos.

Abriría los ojos el de castaños cabellos para notar aquello, sangrarían un poco sus nudillos y tirado en el suelo vería como Ale simplemente caminaba y tomaba a Idioto en brazos. Estaban encerrados los tres entre los libreros que había tirado la proyección del menor, estaban encerrados y segundos luego estarían los dos en el suelo. Uno llorando, impotente no habría sabido qué hacer si algo le pasaba a Ale, el otro inconsciente por llegar casi al extremo de su poder.

-Ale... Ale... Ale responde.... Dime que estás bien, Aless...-

Se habría tirado sobre el cansado Alessandro, le abrazaría con fuerzas rodeándole con sus brazos y le susurraría al oído. Podía sentir sus latidos y escuchaba su pesado respirar, pero quería escuchar una respuesta, quería saber que estaba bien. Las lágrimas cesarían en unos minutos, pero el sentimiento que le embargaba era terrible, vergüenza e impotencia se proyectaban en todas direcciones a quien se acercara, empático involuntario aquel muchacho no sabía lo que había ocasionado y podría ocasionar. Dos en esa biblioteca necesitaban madurar para controlar sus poderes.

Un estante completo estorbaba a la salida de los dos hermanos, varios hoyos en el suelo habían sido creados por la espada de piedra y otros tantos libros habría tirados. Dos hermanos en no hacían nada mas que estar allí, uno secando sus lágrimas y abrazando al otro.

Estaba sudando, jadeando y llorando. Estaba cansado, jamás se había enfrentado a algo así en toda su vida y mucho menos a su hermanito pequeño. No había tenido nunca que afrontarle con palabras tan ásperas y frías, pero tampoco había tenido que huir de una criatura con sed de vengaza como esa de la que había corrido esa noche. Sería cerca de la media noche ya, el grito desgarrador que había dado cuando el monstruo levantaba su espada sobre Ale habría despertado a alguien quizás, o llamado la atención.

No se movería de allí hasta que Ale despertara.

Ariadne Vandermeer - August 18, 2011 07:14 PM (GMT)
Había sido un día largo y agotador, uno de tantos. A decir verdad, últimamente todos los días eran largos y agotadores para Ariadne Vandermeer, y es que ser la co-directora de la Academia X le consumía mucho tiempo, esfuerzo y dedicación.

Whitman no ayudaba, es más, su marido había complicado aún más las cosas con sus ideas descabelladas para las clases de Cuerpo a Cuerpo; Vandermeer no sabía qué era exactamente lo que se le había pasado a Nicholas por la cabeza, pero fuera lo que fuera se le había escapado de las manos y se había convertido en un incidente de gran gravedad.

La falta de responsabilidad de Nick había hecho que todas las miradas de los accionistas y la Junta estuvieran puestas sobre él, más concretamente sobre su cabeza. Se había formado un gran revuelo y su puesto de director pendía de un fino hilo.

Pronto sería la reunión, y Ariadne no sabía aún de qué lado ponerse, pues aunque en parte debía apoyar a su marido, no aprobaba en absoluto la conducta y falta de responsabilidad de este. Si Hemsworth hubiera muerto en su clase, la expulsión hubiera sido inminente, además de la consiguiente gran carga legal que le hubieran echado encima los miembros del Consejo Escolar.

Se masajeó el puente de la nariz, aliviando parte de la gran carga de estrés a la que estaba sometida los últimos días. Para colmo, las noticia del exterior eran cada día más desalentadoras para los mutantes, se palpaba en el aire que una guerra estaba a punto de estallar.

Y por otro lado estaba el día a día con los alumnos de la Academia X, el papeleo consiguiente y la búsqueda y gestión de nuevos jóvenes mutantes y correspondiente ingreso.

Decidió dejar los problemas a un lado y descansar un poco, ya intentaría hacer algo por la mañana, con la mente más despejada y la moral un poco más alta.
Salió del despacho con la idea de hacer una parada en las cocinas antes de ir a su dormitorio, le apetecía una buena taza de manzanilla que la ayudase a relajarse y a conciliar el sueño.

Bajó por las escalaras con gráciles y elegantes movimientos, los pasillos a aquellas horas estaban prácticamente desiertos, a excepción de un par de clones de Sandy Compton y algún que otro alumno rezagado que la co-directora no dudó en mandar a la cama.

Fue al doblar una esquina en la primera planta, cuando un fuerte ruido fuera de lo normal captó su atención, haciendo que se pusiera automáticamente en guardia.
Lo primero que pensó Ariadne fue que un par de alumnos se estaban peleando, solucionando alguna disputa por medio de sus poderes mutantes.

No, no era eso... Un grito desgarrador cortó el silencio de la noche, y fue en ese preciso momento cuando Ariadne Vandermeer supo con total certeza que algo grave y peligroso estaba ocurriendo dentro de la biblioteca, algo más que una trifulca de un par de adolescentes mutantes hormonados.

Aceleró el paso y se preparó para usar su Gen X en caso de necesidad. La puerta de la biblioteca estaba entornada, Vandermeer la empujó levemente y entró en la habitación despacio y con cautela, analizando con destreza la situación.

La habitación estaba hecha un auténtico desastre, estanterías volcadas, libros tirados por doquier, muebles destrozados... La anaranjada luz del techo parpadeaba entre fuertes chasquidos eléctricos, iluminando de forma siniestra unas grandes hendiduras sobre el suelo de madera.

No le hizo falta preguntar si había alguien ahí, el quejumbroso lamento de uno de los hermanos Caruso llegó hasta sus oídos. Se acercó corriendo hacia él.
Con un suave movimiento de la mano hizo levitar la estantería y la apartó bruscamente a un lado, dejando ver a un alterado Marco Caruso, que entre lágrimas y nervios sostenía el cuerpo inconsciente de su hermano menor, intentando sin éxito reanimarlo.

- ¿Se puede saber qué ha pasado aquí? - preguntó al tiempo que se arrodillaba ante los hermanos, poniendo una mano de forma maternal sobre la frente de Alessandro - ¡Marco! ¡Reacciona! ¿Qué ha pasado aquí, qué le ha pasado a tu hermano?

Sus ágiles dedos recorrieron el cuello del pequeño muchacho, buscando con éxito el pulso. Suspiró de puro alivio al comprobar que seguía vivo.

Marco Caruso - August 20, 2011 06:58 PM (GMT)
Normalmente habría podido escuchar los pasos de Vandermeer mientras se acercaba ala biblioteca, pero dada esa situación de tanto estrés no se percató de que le mujer estaba cerca sino hasta que le había hablado a él directamente. No la vió levitar la estantería ni le vió acercarse en ningun momento, no se percató de su presencia sino hasta que preguntaba que había pasado, algo que no pudo responder en un principio.

Negó con la cabeza abrazando con fuerza a su hermanito, apegaba su pecho al de él y quería que despertara desesperadamente, se sentía culpable de lo que había pasado en esa biblioteca y estaba preocupado porque algo malo le pudiese pasar al menor de los Caruso. Tragaría saliva en seco con el nudo en la garganta, miraría con sus ojos de azul eléctrico a Ariadne y negaría una vez más con la cabeza, sus orbes empapados en lágrimas le mirarían con despecho y con ganas de gritar de nuevo.

-Ale... Ale... Ale no responde...- Decía algo obvio, pero fue lo único que alcanzó a articular con el dolor que sentía, preocupado en demasía por si algo irremediable le había sucedido al pequeño. Le abrazaría una vez más antes de dejarlo suavemente sobre el suelo de la biblioteca, se abrazaría entonces a sí mismo como alguna vez hizo su hermana en el jardín.

Sentía frío, sentía desolación y culpa. Era su culpa. Su estúpido gen X era el que había ocasionado gran parte de todo lo que había en la biblioteca destrozado, esa estúpida proyección involuntaria de sentimientos que había empeorado todo. A veces detestaba ser mutante.

-Fue Ale...- Tragaría saliva tomando la mano del pequeño, acariciandole suavemente mientras sus ojos seguían fijos en el rostro de Vandermeer. -Fui yo...- No estaba para explicar la situación, apenas y lograba hacer oraciones cortas como para ponerse a explicar de raíz todo lo acontecido. -Fuimos los dos.-

Suspiraría mientras se limpiaba las lágrimas del rostro y tomaba el peluche, le abrazaría con fuerza tratando de sentir en él a su hermanito. Sentía dolor inmenso, sentía culpa y lo podría sentir efectivamente la profesora gracias a su estúpido poder mutante. Su estúpida proyección involuntaria de sentimientos que afectaba a aquellos que estuviesen cerca.

-Yo estaba diciendole a Ale que tiene...- Era un llorón y lo había sido desde que despertó su gen X, entre la recepción empática del dolor de otros y la impotencia de no controlarla se había encerrado a sí mismo en su cuarto cada vez que podía. Las lágrimas volvieron a brotar mientras se ponía en pie y le daba la espalda a la profesora de vuelo. No podía ver a Ale tampoco. -que tiene que madurar, y entonces se enojó y creó un hombre enorme que me quería matar, comenzó a atacarme y luego...-

Se dejó golpear contra el estante, su cabeza golpeó la madera varias veces mientras abrazaba el afelpado muñeco. -Luego... le grité a Ale para que reaccionara y el hombre ese siguió atacandonos .... cuando por fin desapareció Ale dejó de hablarme y quedó... Ale... lo maté!-

Lloraría una vez mas, trataba de mostrarse fuerte ante sus hermanos pero no podía hacerlo nunca. Bien por sus propios sentimientos o por los de otros terminaba llorando.

Ariadne Vandermeer - August 30, 2011 07:13 PM (GMT)
Ariadne se vio tentada de propinarle un bofetón al muchacho, con intención de que serenarlo y de que pudiera volver a recuperar un poco de autocontrol. Pero antes de recurrir a aquel método, lo mejor sería intentar tranquilizarlo comunicándole el estado de salud de su hermano.

- Cálmate, Marco, Ale solo está inconsciente, lo llevaremos a la enfermería - dijo de forma suave, intentando transmitirle confianza - pero antes necesito saber qué ha pasado, así que intenta calmarte, muchacho - alegó de forma imperativa, pero intentando no sonar dura.

Le estaba costando horrores entenderlo entre tanto balbuceo nervioso, pero consiguió hilar las palabras y hacerse una idea de lo que había pasado allí.
Su buena memoria para recordar los expedientes de casi todos sus alumnos, ayudó.

Una de las peculiaridades del gen X, es que en algunas ocasiones, cuando se presenta una fuerte tensión emocional, puede aumentar y descontrolarse, como era el caso acontecido.
Alessandro, era bastante joven comparado con la media, su gen X se había desarrollado antes en él que en la mayoría de sus compañeros. Eso podía acarrear tanto ventajas como inconvenientes, pues al ser apenas un niño tenía más probabilidades de que su poder se descontrolase.

- Ya veo... - repuso con tono neutro la co-directora, oteando a su alrededor para evaluar los destrozos - cálmate, no has matado a nadie. Se pondrá bien.

Cogió al muchacho en brazos y se levantó despacio. Hizo uso de su gen X para manejar los campos electromagnéticos y que la carga resultase menos pesada, pero en ningún momento lo soltó.

- Vamos a llevarlo a la enfermería, la doctora se encargará de él.

Recorrieron los silenciosos pasillos de la Academia X bajo la penumbra, solo rota por un par de pequeñas luces dispuestas en sitios estratégicos para que la oscuridad no fuera total. Y aunque lo hubiera sido, Ariadne Vandermeer se conocía aquel recinto como la palma de su mano, podía andarlo de punta a punta con los ojos cerrados y sin ningún error.

En la planta baja se dirigió hacia la recepción, donde una Sandy Compton (nunca sabía cuál era la original) cubría el turno de noche haciendo guardia.

- Sandy, por favor, avisa a la doctora Lindberg, dile que acuda a la enfermería de inmediato. Ocúpate también de que nadie entre en la biblioteca, ha habido un pequeño incidente y no es un lugar seguro para los alumnos. Gracias.

No era la primera vez que ocurría algo así en la Academia X, de hecho, era más usual de lo que se podía imaginar, teniendo en cuenta que allí convivían un montón de adolescentes mutantes.

Una vez en la enfermería, Ariadne dejó cuidadosamente al muchacho sobre una de las camas y buscó a tientas el interruptor en la pared. Una suave luz blanquecina iluminó la habitación.
Aprovechó entonces para observar al alumno más a fondo, pero no parecía tener ninguna herida superficial, a partir de ahí solo podía encargarse la doctora.

- Esperaremos a que venga la doctora Lindberg. ¿Estás más tranquilo? - preguntó clavando sus ojos azules sobre Marco.

Marco Caruso - September 2, 2011 05:21 PM (GMT)
No podía distinguir ya el mayor de los varones Caruso si era de noche o si era aún de madrugada, había podido calcular bien el tiempo mientras pasaba las páginas de aquellos libros en los que investigaba para entender mejor sus poderes y los de sus hermanos, pero desde que Alessandro llegó a esa biblioteca el tiempo parecía mucho mas lento. Discutir con su hermano no era lo mas agradable del mundo, y mucho menos el enfrentarse a una criatura proyectada con la imaginación, el miedo y la ira. Enfrentarse a una espada de sólida roca y ver a su hermanito en el suelo inconsciente no eran la idea de una buena noche para Marco.

Por eso el tiempo parecía ir mucho mas despacio, la tensión de todos aquellos sucesos habían provocado que Marco terminara por llorar impotente en aquella biblioteca, y ni siquiera las palabras de esa mujer le hicieron sentirse mejor. Aunque sabía que el pequeño estaría vivo, sentía la culpa, sentía que le había matado. Y peor, que le había enfrentado de la manera menos adecuada para que madurase, para que fuera un adulto como debían serlo ambos.

Tras Vandermeer se escucharían los pasos de Marco, para nada apresurados y de hecho con el mayor desgano que podían presentar. Se escucharían por el piso de la biblioteca y por el piso de la enfermería, habría ignorado por completo a la Sandy con la que se posaron y mantuvo la mirada todo el tiempo en el piso sobre el que avanzaba.

Cuando Ariadne volteara a verle, le notaría en el suelo y recostado a dos de las paredes de la enfermería, iluminado por esa tenue luz blanca desde arriba tendría un aspecto algo sombrío el muchacho de ojos azules.

Pálida piel con sombras notorias bajo los ojos gracias a la posición de la luz, pálida piel enmarcaba aquel rostro de angelicales facciones normalmente, pero que en ese momento se veían frías y distantes. Estaba lleno de culpa, sentía tanta que probablemente Ariadne le sentiría también por el gen X del que estaba en el piso abrazando sus propias rodillas y mirando con desgano a los ojos de esa mujer.

No porque Marco lo deseara, sino por lo involuntaria que era su emisión de sentimientos era que ella sentiría la misma culpa que él, sentiría la impotencia y la culpa por haber causado daño al menor de los Caruso y no hacer nada al respecto. Algún día podría controlar eso el joven que respiraba agitado en una esquina de la enfermería, algún día podría emitir solamente los sentimientos que quería y no todas las emociones fuertes que sentía.

-No.-

A diferencia de su hermanito menor, cuando Marco usaba su gen X no había nada que le delatase físicamente, no había un aura púrpura que salía de su cabeza ni tampoco cambiaba el color de sus ojos. La emisión involuntaria de sus sentimientos en ese momento podría sentirla cualquiera que entrase a la enfermería, podría sentirla Vandermeer en ese preciso instante y podría sentirlo la doctora en caso de llegar.

-Todo fue mi culpa y de mi estúpido gen X, todo fue mi culpa porque fui yo quien le hizo molestarse y sentir todo lo que yo sentía, odio esto.-

La verdad era que no lo odiaba del todo. Al menos no ahora. Antes de la academia no era mas que una carga el ser alguien empático con la capacidad de emitir las emociones propias y de percibir las ajenas todo el tiempo, y si bien aún lo era, en la academia le gustaba el hecho de que aprendería a manejarlo algún día.

Bajó la mirada hacia el suelo iluminado por la blanca luz tenue y no dijo más.

Rosse Lindberg - September 28, 2011 12:32 PM (GMT)
RINNNNNNNNNG!!!

El timbre ensordecedor del teléfono despertó a Damien como un sobresalto. A su lado, Rosse, con el sueño mucho más profundo, solo se revolvió entre las sábanas murmurando un inteligible “¿Quién es?” con voz ronca. Damien alargó el brazo y descolgó el auricular, que se le escapó de entre los dedos y tuvo que recoger del suelo estirando del cable.

-Perdón –Se disculpó por el involuntario zapatazo del teléfono- ¿Quién es?

Al otro lado, Sandy le hablaba con urgencia, apremiante, pero sin perder la calma. Si se sorprendió de escuchar a ciertas horas que al teléfono que la doctora había facilitado era el mismo al que respondía el enfermero, se lo guardó para ella. Si la situación llevaba a algún tipo de equívoco ya se ocuparían de desmentirlo.

Para cuando la breve conversación acabó, Rosse ya se había espabilado por completo y observaba a Damien con expresión interrogante mientras trataba de amoldarse el alborotado cabello con una mano. El rostro de Damien estaba tenso, con los labios apretados. La joven doctora ya había aprendido que eso indicaba algo grave.

Al colgar emitió un suspiro y se volvió hacia ella.

-Uno de los chicos de la Academia ha tenido algún tipo de accidente. Tienes que ir.

-¿Vienes conmigo?

La escena de cama distaba mucho de ser una escena romántica. Ambos se levantaron con sendos pijamas puestos y sin dedicarse ninguna muestra de complicidad íntima. Rosse llevaba cerca de un año viviendo con Damien en su piso, pagando la mitad del alquiler del loft. Era un piso pequeño, para una persona sola o una pareja. En el caso de ellos dos, dos amigos con orientaciones sexuales distintas.

Tardaron poco en llegar a la Academia. Hacía tiempo que les habían sugerido ubicarlos en las instalaciones. El servicio de enfermería no era veinticuatro horas, pero cobraban por la entera disponibilidad. Lo mejor es que hubiese una habitación dónde instalarse, al menos haciendo guardias, para asegurarse que urgencias como estas estuviesen cubiertas.

-¿Qué te ha dicho Sandy?

-No sabe mucho, solo que Vandermeer ha aparecido con un alumno en los brazos, inconsciente, y que ha pedido que te avisaran.

Rosse era la médico de la Academia. En un principio, Damien solo era un estudiante de enfermería que realizaba allí las prácticas. Ahora, Damien se había graduado y su plaza en la Academia como enfermero era fija. Ambos configuraban el equipo sanitario del centro.

Mientras Rosse se acercaba a Vandermeer y al enfermo, el enfermero recogía las batas de ambos. Rosse la tomó alargando la mano sin mirarlo, y se la ponía a la vez que preguntaba a la directora qué había ocurrido. La explicación fue breve y concisa, suficiente para la joven.

Nada más cruzar el umbral de la cancela, ambos habían sentido una terrible angustia, un fuerte desasosiego y sensación de culpabilidad. Damien averiguó enseguida quien era el foco de aquel sentimiento incontrolado. El gen X de Damien le permitía canalizar las emociones de las personas a su alrededor y manipularlas a su antojo.

-Yo me ocupo. –Informó a ambas mujeres.

Marco estaba en el suelo. El joven castaño se acuclilló delante de él esbozando una agradable sonrisa en el rostro. Una oleada de calma y serenidad pareció brotar de él, inundando al joven y a las dos mujeres por completo, disminuyendo la angustia de los presentes, suavizando los sentimientos que el Caruso proyectaba en ellos.

-No te preocupes, tu hermano está en buenas manos. Va a ponerse bien. Vente conmigo. Voy a prepararte algo caliente.

Mientras tanto, Rosse controlaba la tensión y las pulsaciones del más pequeño de los Caruso con el ceño fruncido y expresión de concentración. Le había pedido a Vandermeer que se apartase y con su gen X iba trayendo y alejando bandejas y utensilios metálicos con los que trabajaba de forma segura y eficaz.

-¿Cuánto tiempo lleva inconsciente?

Ariadne Vandermeer - September 29, 2011 12:13 AM (GMT)
Aunque la doctora Lindberg y su enfermero tardaron relativamente poco en llegar, a Ariadne Vandermeer se le hizo eterna la espera.

Un día duro y una noche larga mermaban los ánimos de cualquiera, en especial los de la co-directora, que sentía como una desagradable sensación de culpa e impotencia se iba incrementando en ella, desmoralizándola por completo y sumiéndola en un profundo estado de abatimiento.

Intentaba con todas sus fuerzas sobreponerse a ello y consolar al joven Marco, era su deber calmarlo y protegerlo, trasmitirle unas palabras de ánimo para que recobrase la confianza.
Aunque por dentro se sentía enormemente desanimada y cansada, en el frío y glacial rostro de Vandermeer no se reflejó muestra alguna de debilidad. Tenía que mantener la compostura, conservar la sangre fría y seguir llevando el control de la situación como la autoridad responsable que era.

- Tranquilo, la doctora vendrá en seguida. Tu hermano se pondrá bien – dijo con voz neutra, en un tono más ambiguo de lo que había pretendido.

Alessandro parecía estar simplemente dormido, respiraba con lentitud, pero de forma regular. De todas formas era la doctora quién tendría que hacer un diagnóstico más a fondo, no sabía a ciencia cierta qué era lo que había ocurrido en la biblioteca antes de que ella llegase. Solo podía fiarse de las inconexas palabras de Marco, que sentado en el suelo cabizbajo y entre lágrimas rozaba el estado de shock.

Cuanto más lloraba el muchacho, más desazón sentía Vandermeer, y fue entonces cuando recordó la peculiaridad de su gen X. Sí, la situación era complicada, pero sus emociones se habían visto afectadas por el poder mutante de Marco. Eso la ayudó a que una parte de ella se sintiera mejor, pese al terrible desasosiego que seguía envolviéndola.

- Gracias por venir con tanta rapidez.

Vandermeer se levantó de la silla y se acercó al joven equipo sanitario de la Academia X, que acaba de llegar. Se podía observar en sus rostros claros signos de cansancio a causa de la interrupción del sueño.

Agradeció enormemente que el poder del joven enfermero contrarrestara los efectos del gen X de Marco, imbuyendo el ambiente con una agradable calma y tranquilidad. Su maravillo don y su buen trabajo en las prácticas habían hecho que Damien se hiciera con la plaza fija de enfermería de la Academia X.

Marco se fue con él, sería mejor dejarlos solos para que el gen X del enfermero actuase con más fuerza sobre el joven para tranquilizarlo. Algo caliente y la compañía del enfermero le vendrían bien al muchacho.

Vandermeer por su parte se limitó a observar a Rosse desde una distancia prudencial, en la cual no estorbase a la doctora.

-¿Cuánto tiempo lleva inconsciente?

- Una media hora. Quizás algo más. No he podido sacar demasiado en claro, Marco estaba demasiado alterado como para explicar en condiciones lo que ha pasado.

Se llevó el índice de la mano izquierda a la barbilla, en una actitud elegantemente pensativa con la que intentaba no mostrar en demasía la enorme preocupación que la estaba consumiendo.

- ¿Qué crees que puede ser? ¿Agotamiento por el excesivo uso de su gen X, quizás?

Marco Caruso - September 29, 2011 01:01 AM (GMT)
Se mantuvo siempre en esa esquina de la enfermería abrazandose a sí mismo, rodeando sus rodillas con los brazos y cabizbajo dejaba que la tenue luz blanca iluminase su pálida piel. Aunque la co-directora dijese que la doctora estaba por llegar, no podía sentirse mejor, no podía dejar de sentir la culpa y tantas emociones a la vez, tanto dolor por haberle causado eso a su hermanito menor, a Ale. No podía ni siquiera verlo. Pasaron los minutos y en silencio se mantuvo ese de castaños cabellos, en el rincón y mirando hacia el suelo con sus ojos de azul eléctrico, con esos penetrantes ojos que normalmente se notaban joviales, pero ahora se veían culpables y afligidos.

Así se mantuvieron hasta que dos personas irrumpieron en ese lugar, la doctora Lindberg y un varón que le acompañaba. Cuando entraron Marco levantó la mirada y les vió a ambos, con ese mirar que sin lugar a dudas delataba como se sentía, para ver como ese hombre se acercó y se acuclilló ante el mayor de los Caruso con una sonrisa en el rostro. Diciendo que Ale estaría bien. Tal como lo dijo Vandermeer, pero ahora lo creía.

Asintió rápidamente, sintiendo como su cuerpo dejaba de percibirlo frío y molesto, sintiendo como estaba ahora mas a gusto. Porque ya no sentía culpa ni dolor, no estaba molesto consigo mismo ni harto de llevar el gen X en cada una de las células de su cuerpo.

-Gracias...-

Era un poco raro que el estado de ánimo de una persona cambiase con tanta facilidad de un momento a otro, demasiado raro quizás. Pero no para Marco. Le sucedía todo el tiempo, cada vez que alguien enojado o muy triste estaba en la misma habitación que él, sentía lo mismo ese joven de ojos azules. Pero esta vez había algo distinto. Se sentía calmado, tranquilo. Cuando su empatía le hacía recibir las emociones de otros, nunca habían sido emociones tan placenteras y cálidas, nunca se había sentido a gusto consigo mismo.

-Soy Marco...- Apenas se presentó mientras se ponía en pie y caminaba al lado de ese hombre, tratando de detallarle con la mirada, tratando de entender como era capaz de hacerle sentir tan bien. -y él... es mi hermano menor...- Se refería a Alessandro claramente, mucho mas calmado se podía notar, su respirar estaba normal y lo mismo sus pulsaciones. -gracias...-

Con el cuerpo y el rostro que se tenía ese estudiante de enfermería Johan Nightshade habría aceptado algo caliente sin lugar a dudas, algo caliente ojalá entre las sábanas de las camillas o en la cafetería si así lo quería Damien. Pero el mayor entre los varones Caruso no pensaba así, no. Simplemente asintió aceptando aquello que le ofrecían, mirandole con una sonrisa y notándose un poco nervioso.

-¿Como hicieron eso?-

Había metido las manos a sus bolsillos mientras caminaba, había dado un largo suspiro y había mirado hacia atrás. Estaba calmado, sereno y tranquilo gracias a ese hombre, sí, pero igual le preocupaba lo que pasare con su hermano. No era el típico hermano mayor, no, se preocupaba mucho por Ale así como por Dani y Leo.

Miraría a Damien una vez mas, con una sonrisa nerviosa. No sabía si fue correcto preguntar lo que preguntó, porque bueno... si el gen X de Damien o de la doctora no habían sido los causantes de esa calma que sintió el Caruso, lo había sido Damien con esa sonrisa que le dedicó.




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