|
No se tu, pero yo no dejo de pensar... ni un minuto me logro despojar de tus besos tus abrazos, de lo bien que la pasamos, la otra vez.
Y es que todo sucedió de repente. Ni tú, ni yo pensamos que esa noche terminaríamos amándonos desesperadamente. Ambos sabíamos que no podíamos resistir más y a propósito sin que tú o yo lo supiéramos, buscábamos el momento y el lugar para estar solos. Más, justo en el momento que menos esperábamos, nos dejaron. Todos se fueron sin dejar rastro. Sólo la cocina del Palacio y el salón principal tenía gente que no pensaban dejar sus puestos. Me seguiste como fiel sombra caminando tras mis pasos juguetones que te guiaban hacia la oscuridad de los pasillos, buscando una habitación donde nadie nos interrumpiera.
No se tu, pero yo quisiera repetir el cansancio que me hiciste sentir con la noche que me diste y el momento que con besos construiste.
Y al cerrar la puerta, me tomaste enseguida entre tus brazos. Me abrazaste por la espalda buscando mi cuello, apretando tus manos en mi pecho deshaciéndote de todo lo que se interpusiera en tu camino. No olvido tus besos, los primeros que me diste. No olvido el estremecimiento que tu cuerpo desnudo contra el mío me hizo sentir. El tocarte, el pasar mis manos por tus brazos y delinear tus cicatrices. El sentir la mordida de tu boca contra mis labios y tus uñas aferrándose a la carne de mis caderas. Y cuando me tomaste, el dolor te lo entregué como ofrenda. El adorarte me hacía desear entregártelo todo a cualquier precio. Aún siendo tu mi hermano.
No se tu, pero yo te he comenzado a extrañar en mi almohada no te dejo de pensar con la gente mis amigos en las calles sin testigos.
Y al los siguientes días, deseé verte de nuevo. Cada noche venía el recuerdo a mi sueño y pensaba que realmente estabas aquí amándome, pero a la mañana siguiente no estabas. Desapareciste como lo solías hacer desde el principio. Sabiendo que estabas ahí, observándome, pero si acercarte y no entiendo a qué le temes. Estando en el Palacio con Siegfried y los demás, te busco con la mirada entre las columnas y las sombras pronunciadas por la poca luz. Cuando salgo miro hacia los árboles, esperando ver tu silueta saltando de copa en copa siguiendo mis pasos, y sé que lo haces, aunque no te vea.
No se tu, pero yo te busco en cada amanecer mis deseos no los puedo contener en las noches cuando duermo sin insomnio yo me enfermo.
E insisto. Apenas se levanta el alba te busco esperando sorprenderte al pie de mi cama. Pero huyes de mí. Cada noche se vuelve una tortura y se vuelve mas fría sin ti. Y cómo despojarme de la incertidumbre de no tenerte a mi lado. No entiendo que pasa contigo. De pronto aquella noche me haces el amor sin objeciones y sin pensarlo dos veces tan siquiera. Nos deseábamos y ahora... ¿Qué ha pasado?
Me haces falta mucha falta...
Esa noche llegué y me encerré en mi habitación. Grité tu nombre exigiendo tu presencia y no apareciste. Te maldije y rompí los cristales para que salieras de tu escondite. Me costó trabajo hacerte salir de las sombras, pero al final lo hiciste. Te hablé, te acaricié y tu tomaste mis manos, las besaste con el amor que sentíamos los dos juntos, pero tu mirada denotaba temor y tristeza. Comprendí que lo que hacíamos no estaba bien. Que era un amor que no debía ser posible. Estaba prohibido todo contacto más allá de lo fraternal para nosotros, pues éramos de la misma sangre, nacidos de la misma madre e idénticos como reflejo de espejo. Pero a mí no me importaba ya. Me volvía loco sin ti y tu me demostraste lo mismo. Te pregunté que querías que hiciera por ti. Que abandonáramos todo y nos refugiáramos solos, los dos. Te dije que sería capaz de cualquier cosa, sin importarme las consecuencias, el castigo divino o la muerte, pero yo te amaba por sobre todas las cosas... pero tu... no sabía con exactitud si tú hacías lo mismo.
No sé tu...
--------------------

|