Mae Tell created by Covex. Find more great skins at IFSkinZone.


Asgard Yaoi :: Saint Seiya


 Shout Box!



 

 Quiero que te Duela, Obsesionada Venganza
oliver.espectro
Posted: Jun 21 2006, 10:21 PM


Lector constante


Group: Turista
Posts: 58
Member No.: 54
Joined: 20-June 06



Advertencia: Está un poquito grosero.

[center]----------------------------------------------------------------------------[/center]

- ¡Maldito carajo desgraciado de Mierda!
Alberich entró echando chispas a la habitación, pateando cuanto objeto encontrase en el camino. Era su único modo de descarga. Claro, él no tenía amigos.
- Ese Desgraciado de Siegfried... – dijo arrastrando, casi escupiendo las palabras de la boca como si el solo pronunciarlas le provocase vomitar. - ¡¿Cómo alguien puede ser tan estúpido?!. ¿No será que se la da?...
Chisteó tomando aire por la boca, tragando con furia cerrando los ojos y tratando de no golpear mas nada, tratando de calmarse.
- Te la das de idiota verdad pero lo haces a propósito. ¡Quieres que te odie!. ¡Quiere que te olvide!. Claro así matas dos pájaros: te libras de mí y te consigues a otro. ¡Genial!. Hijo de la gran PUTA....

Volvió a tirar una silla contra la pared, la cual se quebró en el choque. Luego respiró hondo y trató de calmarse nuevamente de destensarse, no valía la pena romper todas las cosas de su habitación y quedarse sin nada (si es que se podía tener menos) que lo que ahora tenía.

- ...En mis narices... en mis narices te atreves a LANZÁRTELE a Hilda como un perro halabolas... eres el colmo de la adulación. Y Claro, como tu sabes que ella siempre ha gustado de ti ahora lo haces mas facilito... es que eres un aprovechador... usas a las personas y luego las botas... mojón... ahora MAS ganas tengo de tener esos asquerosos zafiros, tendré yo el poder y luego vamos a ver a quien te le vas a estar arrastrando desgraciado...

Se sonó la nariz. Por instinto se pasó el dorso de la mano por el rostro y se dio cuenta de un detalle que entretenido en su monólogo no había logrado percibir: había llorado.
- La última que boté por ti Maldito... –
Lanzó la lágrima al piso moviendo la mano y el dedo y luego se terminó de secar el rostro. Se asomó frente a un espejo y se vio los ojos rojos, los músculos tensos. Respiró viéndose fijamente a los ojos, profundamente calmándose... despejándose... controlándose, como siempre lo hacía.
- ...La última desgraciado... la última... – habló bajo para si mismo. – bien dijiste que no merezco esto que me has hecho. Pero me sigues clavando el puñal de frente y con descaro... pero hasta aquí llegó. Hasta aquí Siegfried de Dubhe Alpha...hasta aquí llegó mi amor por ti. Por un hombre que me llenó de palabras vacías y me dio una nueva perspectiva de la vida, que llegó en un momento en que para nada me hacia falta y lo acepté... un malagradecido que tiró frente a mis ojos todos los recuerdos a la basura. Y que ahora trata de ser ‘mi amigo’... – pausó unos instantes, se había vuelto a agitar respiró hondo y esta vez, se permitió sonreírse en el espejo, una sonrisa irónica, una sonrisa cínica. – Pero ahora no voy a ser yo quien va a llorar... ahora no soy yo quien va a sufrir... lo que es igual no es trampa y ahora te va a tocar a ti... quiero verte llorar... quiero que te duela...

[center]---------------------------------------------------------------------[/center]

La primera: Hilda.

“Me terminaste... justo antes de cumplir nuestro primer año. Y atribuías la razón a una ‘confusión’ a ‘cobardía’, ‘miedo’... no sabías si podrías estar con un hombre. Y eso era entendible y desde un principio te pedí que lo tuvieses claro, me afirmabas que no tendrías ojos para mas nadie...y exactamente Siegfried. De mas nadie, tú no serás mío, pero tampoco de mas nadie...
Lástima por Hilda, yo también mataré dos pájaros de un tiro.”


El pelirrojo miró hacia ambos lados, no había nadie cerca. Entró a la habitación de Siegfried y cerró la puerta con cuidado. Lo había visto... lo había visto comprar un regalo y tenía que ser únicamente para ella. Alberich buscó por el cuarto del caballero. Era un guerrero muy ordenado.
<<Pero muy falso>> Pensaba Alberich mientras revisaba unas gavetas y encontraba lo que tanto estuvo buscando.

Una caja de bombones...
Fue sencillo, abrió la caja y tomó unos cuantos de ellos, sacó una botellita bien pequeña y les echó una gota a cada uno, en especial a uno con almendra muy provocativo. Poco le importaba que Hilda compartiese los bombones, Alberich era un asesino en serie por excelencia así que uno, dos, cien muertos más le daba exactamente igual... y cuidado si a Siegfried le daba por probar uno también... aunque eso no sería matar 2, sino 3 pájaros de un tiro. Pero esa era la única persona a la que no se atrevía a asesinar aún...
... Injusto amor...

Se alejó dejando la caja donde estaba. Salió mirando hacia ambos lados, nadie lo vio. Ya era solo cuestión de estar pendiente cuando se lo diera, lo cual no tardó mucho.

- Para usted mi señora.
- ¡Siegfried!. ¡No tenías por qué hacer esto!. – Decía Hilda obviamente sonrojada. – Hay mucha gente muriéndose de hambre y frío afuera como para estar malgastando el dinero en esto.
- Lo sé mi señora, pero al cesar lo que es del cesar y usted por palabras como esas se ha ganado mucho mas que esta caja de bombones.
- Eres un amor...
Alberich miraba expectante detrás de uno de los pilares como desde hace tiempo ya solía espiar a Siegfried, tal como cierta sombra siempre vigilaba a Syd.
Hilda tomó uno de los chocolates y se lo llevó a la boca.
- Mmm... Siegfried... esto está... divino.... ¡muchas gracias de verdad!. ¿Quieres? – ofreció de la misma caja a su guerrero.
- No gracias mi señora, es un regalo de mí para usted, no se lo di para que me diese
<<Ridículo habla paja>> Pensaba Alberich detrás de su pilar y por poco, lo nota cierta chica rubia que pasó a su lado.

La segunda, sería Fleir:

- Hermana allá abajo te están buscando, dicen que es algo importante sobre los tratados de paz. – saludó a Siegfried con una sonrisa. - ¿Qué comes Hilda?
- Bombones... – extendió la mano con la caja para que su hermana comiese uno. Alberich entrecerró los ojos...
<<Por pendeja y por lambucea...>>
- MMm... están divinos...
- Cortesía de Siegfried – sonrió Hilda.
- Todo un amor como siempre...
- Yo mismo atenderé a los señores, creo saber por qué vienen – se ofreció Siegfried sonriendo y transmitiendo seguridad. – Con permiso...
Hilda confiaba plenamente en él, por eso de vez en cuando le permitía ir en su lugar en algunas cuestiones diplomáticas como esa. De por si, gobernar todo un país era agotador.
Alberich se hizo a un lado del pilar cuando Siegfried pasó cerca y salió del salón sin notarlo...

- Prueba este... tiene almendra – le regaló Hilda uno a su hermana y se lo sirvió en la boca. La chica rubia lo mordió.
- MM... ¡Quiero todos los de almendra! – bromeó juguetona y comenzaron a reír.

Alberich se dio media vuelta para retirarse y sonrió justo cuando escuchaba a Fleir comentar.
-Uy... este estaba pesado...

[center]-----------------------------------------------------------------------------[/center]

El tercero, sería Hagen.

- ¡¿MUERTA?!...¡¿Cómo va a estar muerta?.
Gritó el rubio desesperado, sin asimilar lo que aquel guardia le acaba de informar.
- Así es... los médicos hicieron el mejor esfuerzo por rescatarla pero no pudieron, el veneno ya estaba muy avanzado, la señora Hilda aún permanece en estado muy delicado...
Hagen se llevó las manos a la cabeza sin poderlo creer. Sus ojos comenzaban a aguarse, Fleir estaba muerta... repentinamente muerta...
Era algo demasiado difícil de creer pues nunca se había imaginado en esta situación. Ella era una chica joven, hermosa y sencilla que por nada debía morir...
...mucho menos ser asesinada...

Al pensar justo esa última palabra la expresión cabizbaja de Hagen pareció cambiar. Alguien la había matado... algún sucio desgraciado lo había hecho.
- Maldito seas, seas quien seas...
Le susurró con rabia al aire. En eso escuchó una conversación a lo lejos, cuando subió el rostro el guardia que le había comunicado la noticia no estaba frente a él, sino atrás. Parecía haber detenido a alguien...

- ¡USTED!. ¡ASESINO!.
- ¡No!. ¡Yo no hice nada!. ¡¿Cómo podrían pensar que sería yo capaz de matar a mi señora?
Siegfried, estaba tan o mas desesperado que Hagen.
Era inaudito... pero también, sentía deseo de venganza. Pero como... ¿Cómo lograría hacerlo si al parecer todo le apuntaba a que él había sido el asesino de Fleir y de Hilda?...

- ¿Cómo está Hilda?
- ¡Muy delicada!. ¡Pero no muerta como quisieras! – dijo el guardia. Mientras mas guardias llegaban y apuntaban a Siegfried con armas amenazadoras.
Totalmente inútiles e innecesarias en el caso de un caballero como Siegfried.
- Oigan... yo les di esos bombones, pero les juro. ¡Que yo no eché nada!. ¡¿Cómo podría yo...?!!

No pudo terminar de hablar cuando sintió algo que golpeó su espalda y cayó boca abajo en la nieve.
- ¡TÚ!. ¡TRAIDOR!. ¡COMO PUDISTE ASESINAR A FLEIR!
- ¡Hagen!... Ha...gen... – dijo Siegfried levantándose del suelo y tratando de omitir ese golpe, pero seguidamente recibió una patada en el estómago que le hizo perder el aire.
- ¡Ellas confiaban en ti por encima de todos BASURA!. ¡¿Cómo pudiste ser tan bajo...?!
- Yo... ¡Yo no hice nada!. ¡Esos bombones no...!
Recibió otra patada. La verdad... es que Hagen no quería oír... quería descargar su dolor. Pues aunque encontrase al asesino, aunque la vengase, o aunque hiciese lo que hiciese, Fleir nunca estaría de vuelta. Y eso era lo que lo ponía peor...

Siegfried por otro lado no podía creer lo que estaba pasando. Era demasiada información...
Un hilo de sangre que se deslizó por la boca de Siegfried cayó manchando la nieve.
Hagen... uno de los chicos mas queridos por él, estaba ahí pateándolo con furia. No lo culpaba por sentirse así, sabía lo que él sentía por Fleir, sabía lo inmensamente molesto que era sentirse traicionado. Y mas de una manera tan irremediable...
Apenas pudo volteó suavemente el rostro levantándolo para ver a Hagen, quien aún lo veía molesto. Una lágrima del rubio cayó a un lado de la nieve donde Siegfried se encontraba echado. Lo vio profundamente a los ojos y sacándose el poco aliento que le quedaba respondió en un susurro.
- Yo...no las maté...
- ¡HAGEN!

Otro gritó, otra voz conocida sonó en el lugar. Y cuatro guerreros de Asgard mas llegaron, Mime de Benetoach, Tholl de Phecda, Phenrill de Epsylon y... Alberich de Megrez...
Tholl había sido quien había gritado.

- Basta muchacho. Cada sospechoso es inocente hasta que se demuestre lo contrario. – aclaró con rapidez, lo tomó de los hombros y lo hizo voltearse hacia si. – Sé que es muy difícil ahora pero debes controlarte... – miró hacia el piso donde el chico de cabellos castaños trataba de levantarse y lo observó con duda. - ...Me cuesta creer... que Siegfried, haya sido capaz de eso...

El resto observaba al caballero de Dubhe tratando de levantarse sin saber exactamente que pensar ni que decir. Pero es que no era sencillo...
Había un muerto de por medio...
Y nada mas, ni nada menos, que una princesa de Asgard y posiblemente... una representación divina...

- Siegfried de Dubhe Alpha, queda destituido de su rango como capitán y como caballero de Asgard. Acá en nuestras tierras las normas no se manejan precisamente como acaba de aclarar el señor Tholl. – Miró al gigante quien le devolvió la mirada. – Deberá permanecer en una celda, hasta que al contrario de lo que dijo, se demuestre lo contrario. Pues de por si... ya las pruebas le acusan... – hizo un gesto con la cabeza y luego con el brazo. – por favor... – pidió el hombre.

El dragón de Asgard terminó de levantarse y observó al hombre que mantenía el porte firme y el rostro serio, aunque su mirada parecía reflejar su propia incredulidad. Se limpió el hilo de sangre de la boca y lentamente volteo a ver a sus compañeros. Hagen aún respiraba alterado, sus ojos rojos, sus puños apretados, pero manteniéndose, conteniéndose las ganas de golpearlo... le dolía verlo en ese estado...
Tholl y su rostro también incrédulo. Su ceja arqueada, sus manos en los hombros de Hagen, dándole ese apoyo que sintió ser él quien mas lo necesitaba en este momento. A sus lados las miradas desaprobatorias pero algo indiferentes de Phenrill y Mime...
Entendía también su particular poco interés en el destino de su compañeros de armas. Uno, era un renegado social que preferiría vivir con lobos que con hombres, precisamente por guardar recelo contra unos asesinos...
Y el otro, un propio asesino... y de un familiar...

...
Talvez por eso no le creían...
Como tiempo antes no lo podían creer de un niño como Mime. Hasta enterarse de lo maltratado que este había sido. Si es que en verdad lo había sido. Ya antes los asgardianos se habían sorprendido y cegado, pero ahora no querían hacerlo... el fue llevado a prisión, escoltado por los guardias y por las miradas de mas de un pueblerino que se asomó al lugar, además del de sus compañeros divinos... o talvez, ex compañeros...e incluso, la de hace antiguo amor que ahora debía ser el mas sorprendido e incrédulo de todos, Alberich...

[center]------------------------------------------------------------------------------[/center]

“El primero pega dos veces... es por eso que ahora me aseguré de pegarte bien duro. Lástima que haya tenido que llegar a esto Siegfried, de verdad... pero estoy harto de sufrir como un idiota por tu culpa, porque no me consideras ya como antes. Y... aunque a la vez también me duele verte sintiéndote como te sientes ahorita, te lo mereces... ahora, no tienes ‘rango’, no tienes ‘amor’, no tienes ‘amigos’, no tienes quien te defienda ni siquiera , o a quien defender... ¿ves lo que se siente quedarse sin nada?... así me dejaste, cuando me partiste el alma Siegfried. Ya te lo dije no eres mío pero no serás de nadie... creo ya no tener que buscarte mas problemas, de algo tan sencillo como unas gotas en unos chocolates y luego esconder una cajita... ya estos han armado un escándalo... ahora, solo me preocuparé por cubrirlo todo.”

Ese fue su último pensamiento, antes de hacerse quedar en blanco para adentrar en el calabozo. Un guardia le abrió la puerta y el pelirrojo entró sin decir ni agradecer nada. El guardia cerró la puerta y se quedó vigilando el sitio desde afuera. Alberich caminó atravesando un largo y oscuro pasillo de esa larga prisión de varias celdas, y prisioneros. Y justo antes de llegar a la celda de Siegfried pudo oír voces otra vez...
Por instinto, se escondió.

- ... yo no puedo creer, lo que dicen los demás... –
Una mano del tigre de Asgard pasó por entre los barrotes y acarició el rostro de Siegfried con ternura.
- Yo sé... que tú serías incapaz de hacerle daño a Hilda o a su hermana...
- Gracias Syd... – dijo Siegfried con un nudo e la garganta. – Sabía que... que almenos podía contar contigo... sabía que tú si me creerías...
Alberich arqueó una ceja. ¿Por qué tanta confianza?
Syd siguió acariciando el cabellos castaños.
- Sé que tu le eras fiel a Hilda y eras incapaz de eso, al igual que yo. Lo sé porque te conozco... y si te amo, es precisamente porque te conozco...
<<...!!!!!!!!>>

Syd Sería el siguiente.

- y yo a ti Syd... gracias... –
- No hay nada que agradecer. – dijo el chico aun sonriéndole. – Anda... cambia esa cara pronto verás como sales de aquí...

[center]------------------------------------------------------------------[/center]

- No saldrán nunca desgraciados...
Alberich estaba aún mas colérico. Así que había sido él y no Hilda el motivo por el cual le había dejado. Ese Siegfried era un zángano... un desgraciado... le había mentido. Había tenido las santas bolas de engañarlo, diciendo que no quería estar con mas hombres pero realmente, era solo una forma de deshacerse de él para revolcarse con Syd...
...Desgraciado...
Pero si tanto lo quería ahora vería. Se lo pondría al ladito... porque ese desgraciado, también merecía pagar por haber arruinado su existencia.

Sería tan sencillo como colocar esa caja de bombones ‘extraviada’ en el cuarto de Syd. De hecho debajo del colchón de la cama... para que no fuese tan obvio. El mismo Alberich se había encargado de tomar la caja después de volver y encontrar inconscientes a las dos mujeres, que no consiguiesen pruebas de nada, mientras menos evidencias sería mejor. Pero ahora, simplemente era un arma potencial...
...Que le costaría muy caro a Syd.
Pero ponérselo al lado... meterlo preso también...
Estarían presos... ¡Pero juntos!. El solo hecho de pensar en esto le hizo hervir la sangre. Siegfried no merecía ninguna otra compañía que no fuese la suya. Y no le dejaría el camino tan fácil con Syd, ya le había prometido, JURADO que no sería de nadie... ni de él ni de nadie. Debía haber algún otro modo...

No... otro muerto no... se sabría de un asesino fuera de las rejas y talvez incluso liberasen al dragón. No iba a dar pasos para atrás...
Alberich entre abrió la puerta de su cuarto. Pero lo que vio, no era lo que ‘debía’ ver...
Era un pasillo largo y de paredes blancas con muchas habitaciones. Arriba una cámara moviéndose suave y lateralmente... Alberich se frotó los ojos pero siguió viendo la misma imagen. Alguien apareció cruzando en la esquina al final de ese largo pasillo..
...un hombre vestido de blanco y de cabellos turquesa que se acercaba.

Alberich cerró la puerta y se encerró en su cuarto. Se sentó sobre la cama y se abrazó las piernas tratando de hacerse el dormido. Pensó que vendrían para su cuarto, pero no fue así.

<<No mereces tener la esperanza que Syd te da...>>
Volvió a hablar a sus pensamientos retomando la idea. Debía haber algún modo... de hacerle perder esa esperanza...


Un bombillo pareció encenderse en su cabeza. Y Luego otro, hasta que al fin, pudo visualizar su nuevo plan con clara luz.
<<Brillante>>

[center]------------------------------------------------------------------------[/center]

Los dos chicos se encontraban separados por esas barras de hierro. Iluminados apenas por una suave luz que entraba por una ventana también enrejada. Syd seguía acariciando el rostro de Siegfried y delineando con cuidado sus labios. Mientras este mantenía los ojos cerrados y una lágrima se resbalaba por su mejilla, quería estar afuera con él...
- Te amo... – le repetía en un susurro el tigre de Asgard. Mientras una mano se apretaba observándolos desde la oscuridad. Pero no era precisamente Alberich...
- Sabía que estarías aquí... – Este otro, si era Alberich.

El espía sorprendido volteó alterado pero Alberich se había encargado de hablar lo suficientemente bajo para que Syd y Siegfried no le escuchasen.
- Te he visto. Y Sé que persigues a Syd a todos lados. Te he observado viéndole, y no precisamente con ojos de hermanos...
La sombra de Syd, Bud miró con profundidad a Alberich y temiendo que lo fuese a delatar prefirió hablar bajo y claro.
- ¿Qué quieres?
- Lo mismo que tú... separarlos...
Bud no hizo ningún comentario. Alberich sonrió pues el silencio otorgaba.
- Sé que amas a Syd, sé que lo deseas, sé que lo proteges, sé que lo celas y sé que no quieres que pertenezca a otro. Pero también sé que no te conoce y por eso, no puedes hacer nada...

El gemelo apretó los puños y los dientes. Pues aunque le diese rabia que el hombre se lo estuviese sacando en cara, como si el mismo no lo hiciese todos los días, sabía que era verdad. Simplemente se quedó callado escuchándolo.

- Pero sabes que el ha sido de otro antes de ti. Y lo sabes porque tú andas mas pendiente de él que yo de Siegfried, lo sigues a todos lados. E incluso debes haberlos seguido hasta la habitación cuando ellos...
- Si. Si los he seguido... – interrumpió Bud hablando entre dientes no queriendo escuchar o repetir lo ya vivido. Era exasperante.
- Bueno... – sonrió Alberich. – Yo solo te propongo que les paguemos con la misma moneda. Y que además... nos aseguremos que estén disponibles para nosotros para mas tarde. – Bud bajó el rostro. Alberich le tomó del mentón y le hizo verle a los ojos. – En el amor todo se vale...
- Yo no lo amo... lo odio... – mintió.
- Pues entonces estás exactamente igual que yo...

Bud miró en los ojos de Alberich sin entender esa nueva sensación, que no recordaba haber sentido y que creía ver en los ojos de Alberich: comprensión.

[center]------------------------------------------------------------------------------[/center]

Al día siguiente Alberich volvió deslumbrante a la prisión donde Siegfried se encontraba. Con un sobre en el brazo. Y por primera vez lo consiguió solo sin Syd, simplemente perfecto. Se asomó a la celda y lo vio acostado, con unas llaves que sacó de su bolsillo tocó a uno de los barrotes como quien llama a una puerta. Haciendo eco y ruido hasta despertarlo. Siegfried se levantó se frotó los ojos y le observó.
- ¿Alberich?. – preguntó incrédulo. - ¿Qué haces aquí?
- Te visito. ¿No puedo? – dijo Alberich colocando una sonrisa inocente.
- Si... supongo que si, solo... solo que no me lo esperaba... – trató de sonreír.
- Así soy yo. Sorprendente... – comentó sonriendo y picándole el ojo. Sin saber hasta que punto sus propias palabras podían ser verdad.- ¿Cómo te ha ido en la cárcel?
No era un modo muy sutil de preguntarlo comparado a los demás. Pero Siegfried lo asumió como simplemente el modo de hablar del pelirrojo.
- Del único modo que puede irle a alguien que es inocente...
- Uy... – Alberich puso cara de dolor fingido. - ¿Y no te han dicho cuando vas a salir?. DIGO, ¿si es... que vas a salir?.
Ya eso Siegfried no lo pudo interpretar como su modo de hablar. De hecho deseó cortar la visita de una vez.
- ¿A qué has venido Alberich?
- Uh... pues venía a saber de ti. Solo quería saber si ibas a salir o, mas o menos en qué fecha saldrías para saber si podría invitarte a mi compromiso.
- ¿Compromiso?.
- ¡Si!. ¡Nuestro compromiso!. Sabes que aún no está permitido que nos casemos ods hombres acá pero, haremos algo un poco casero. – suspiró orgulloso. – Lo que a Syd y a mí nos importa es el significado...

Siegfried debía haber escuchado mal o había otro Syd que no conocía. Sin embargo arqueó la ceja y arrugó el rostro viendo a Alberich sin comprender. El pelirrojo fingió sorpresa al ver su rostro.
- ¿Syd no te ha contado? – dijo llevándose una mano al pecho. – Tenemos ya un buen tiempo de novios y.... argh... ¡Somos el uno para el otro!. ¡Es más... como tu eres mi amigo te voy a mostrar!.
Tomó el sobre que traía en el brazo y muy animadamente sacó unas fotos de allí.
...Unas fotos para nada estéticas... Unas fotos que no podían recibir otro nombre mas que “pornografía”. Y Ante los ojos de Siegfried se le hacía casi tan insólito, como para sus oídos fue oír que Fleir había muerto...
- No... – se dijo Siegfried para si mismo.
- ¿No qué?. – Ahora Alberich guardó las fotos en el sobre y se hizo el apenado. – Te mostraría la fantasía que cumplimos ayer mismo acá en el calabozo pero esas me dan mas pena jajaja... además, esta otra vez también fue rico... Syd hace el amor delicioso...
- Largo de aquí Alberich.
- ¿Qué?. ¿No te alegras?. Ah no niño... parece que el ánimo de la cárcel ya te está pegando. – le dijo con una sonrisa descarada.
- ¡Que te largues!. ¡No quiero saber nunca más de ti!. Ni de... ¡NI DE SYD!.
- Celos, Malditos Celos... – dijo con un gesto dramático el pelirrojo. – Ni modo, pues ya me voy. Solo un consejito, deja ese comportamiento tan agresivo, porque solo demuestra que eres culpable...
- Desgraciado. ¡Yo no hice nada!.
Alberich chisteo y un gesto cansado apareció en su rostro.
- Vamos Siegfried... entre tú y yo antes no habían secretos, sé descubrirte cuando dices una mentira.
- ¡YO NO MATÉ A NADIE!.
- ...Por ahí se dice ya, que fue que te volviste mas loquito que Mime... que te dejaste llevar por la rabia. Claro, que al menos él era un niño y no sabía lo que hacía...
- ¡CALLATEEEEE! – Dijo Siegfried apretando fuerte los barrotes y gritando muy molesto. Con los ojos rojos.

El grito ceso para dar paso a un silencio profundo, dominante y molesto. Una sonrisa suave se mostró en el rostro de Alberich mientras veía a Siegfried llorar y respirar agitadamente del otro lado de los barrotes.

- Así te quería ver... – dijo muy bajo. – sufriendo... todo lo que te pasa en esta vida Siegfried, es porque te lo mereces.
- Eres un enfermo. Un reprimido que nunca superó que lo nuestro terminó.
- Talvez Siegfried, talvez si sea así. ¡Pero YO si te amé con todo lo que eso significa desgraciado!. Yo si me entregué por completo y ahora no tengo nada... ABSOLUTAMENTE nada, que dar... yo si sé lo que es el amor... porque yo a ti te amé como mas nada en el mundo. ¡Y SI!. ¡ESTOY ENFERMO!... Pero creo... que acabo de encontrar mi cura...
Volvió a sonreír viéndolo entre los barrotes. Siegfried negaba con la cabeza incrédulo de lo que veía.

- Alberich... debes superarlo... – fue lo que dijo muy bajo.
- No...
- Alberich, debes aceptar que esto ya pasó.
- No.
- Debes aceptar que estás mal, que está muy mal esa enfermedad.
- ¡No!.
- Tienes que seguir tu vida, con o sin mí.
- ¡NOOO!. ¡NO, NO, NO!.

Gritó Alberich mas desesperado y caminando hacia atrás hasta pegarse apoyando la espalda a la pared fúrico.
- ¡Yo sé por qué me lo dices!. ¡Por que tú solo quieres estar con Syd!. ¡Por eso!. ¡Pero yo no te voy a dejar. No te voy a dejar!.
- Alberich no...
- ¡O CON HILDA!. ¡Con Syd o con Hilda tu quieres estar!. ¡Solo para dejarme a MÍ!.
- ¿Qué estás diciendo Alberich?

Alberich se acercó a los barrotes respirando fúrico, haciendo que Siegfried pudiese sentir su exhalación en el rostro. Los ojos de Alberich rojos, su puño apretado, su rostro mojado. Mientras que Siegfried observando incrédulo y expectante, con tristeza en los ojos.
No...
Con lástima en los ojos...

- Tú me quieres olvidar pero yo... no voy a permitirte que me dejes...
Siegfried no hallaba que decir. Alberich estaba mal.
- Alberich, pero es que como vas a pensar que... yo e Hilda...
- ¡HILDA ESTÁ MUERTA!

El cabellos castaños arrugó el rostro. Observando a ese encerrado tras las rejas, vestido de blanco. Alberich se llevó las manos a la cabeza desesperado y se dio media vuelta dentro de su celda. Había una mesa al fondo de ella y sobre dicha mesa un espejo. Pudo verse, pudo observarse con los ojos rojos y los músculos tensos...
- Es muy tarde para que vengas a ayudarme Siegfried. – dijo hablándole al espejo. – Es muy tarde para que vengas a tratar de ser... ‘mi amigo’. Lo que es igual no es trampa... no es trampa... y esta va a ser la última lágrima que bote por ti, la última... – siguió viéndose en el espejo, respiró hondo y sonrió de manera cínica. – Yo haré lo que se me venga en gana contigo, porque tu no mereces que te deje en paz, tu mereces sufrir Siegfried. ¡Yo quiero verte gritar!. ¡Yo quiero que te duela!

El chico de cabellos castaños y ojos azules claros se mantenía rígido del otro lado de los barrotes. Justo en ese momento en que una puerta tras de él se abrió, pasando primero un hombre vestido con una larga bata blanca...
Tras de él, Hilda y Syd.

Alberich trató de reprimir las lágrimas al ver el reflejo de los dos visitantes al lado de Siegfried.

- Fleir me avisó que habías venido para acá - comentó Hilda al ojos azules y luego, volteó hacia el pelirrojo. - ¿Cómo ves que sigue, Siegfried? – preguntó Hilda muy suavemente a su caballero. Siegfried se limpió una lágrima que cayó por su mejilla con el dorso de la mano. Mientras negaba con la cabeza.
- Creo... que ya no hay nada que hacer...

Syd posó una mano sobre el hombro de Syd mientras observaba a Alberich de espalda, cabizbajo viéndose en el espejo. Desde el lado de adentro de esos barrotes. Finalmente, el especialista de bata blanca, interrumpió su momentáneo silencio.

- Fue traído al cuarto de castigo, por su comportamiento agresivo. Hoy tocaría trasladarlo de nuevo a su cuarto sin barrotes, y sin tanta seguridad. Pero parece aún mantener la misma actitud. Talvez haya que dejarlo unos días más acá. – El psiquiatra hizo una pausa, colocó una mano en el otro hombro de Siegfried y comentó. – Lo lamento... pero él no quiere salirse de ese otro mundo que creo, en el cual... todo le sale perfecto. Y mientras él no quiera, no podemos hacer mas nada.

Sin más que decir, dio dos palmadas en el hombro de Siegfried e hizo un movimiento con el rostro. Señal de que lo acompañasen hacia la salida. Syd siguió al médico y detrás de él, Hilda. De último pero poco mas retrasado Siegfried quien dedicó una última mirada al pelirrojo quien pudo contemplarla por el espejo, antes de verlo salir por ese pasillo blanco conocido que tenía una cámara que se movía y vigilaba todo...

- Yo no quería que así terminaran las cosas Alberich... no así...

Fin.

(PDTA: Ojalá les haya gustado mi fic, aún y con todo lo culebrón y raro que fue @.@, Hice el intento jaja... )


--------------------
user posted image
RADAMENT
Posted: Jun 30 2006, 05:18 AM


Juez Supremo del Caina


Group: Espectro del Inframundo
Posts: 37
Member No.: 21
Joined: 19-February 06



AARGH!! que gruesoooo!!!!!
Este fic ya lo había leído antes jejeje, me encantó! Todo el enredo que se hace alberich es increíble!

Y cada vez que lo leo, no me lo creo *_* me encanta! Es como si lo leyera por primera vez cada vez jujujuju!

Excelente fic!


--------------------
user posted image


Topic Options Quick Reply




Hosted for free by InvisionFree (Terms of Use: Updated 7/7/05) | Powered by Invision Power Board v1.3 Final © 2003 IPS, Inc.
Page creation time: 0.1375 seconds | Archive


 ¡Afílianos!

SUPPORT ASGARD YAOI CLUB!

 Afiliados