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Con el aire fresco que soplaba en la orilla del río, escuchaba tu guitarra tocar esa música sensual. La fiesta había terminado y te miraba fijamente mientras tu estabas concentrado en las cuerdas de la guitarra. Las fogatas abrazaban la leña con furia. Retorciéndola entre las brasas y creando un ambiente cálido a nuestro alrededor. Ya habían pasado meses desde que salimos de Asgard embarcándonos en esta aventura. Tu por querer olvidar el odio y yo porque ya no soportaba la opresión del lugar. Libertad... si, eso queríamos. A pesar de que eres idéntico a él, no te pareces en nada a tu hermano. Syd siempre fue elegante y frío. Tú eres bohemio y salvaje. Yo en cambio, me vi forzado a aprender todos los modales de etiqueta, diplomacia y demás. Mi mente es brillante, pero igual y necesito relajarme de tanta ira que sentía por dentro. Es cierto que sentí coraje al ser derrotado y ver como todos mis planes fallaban, y es extraño de mi parte el darme por vencido. Pero ya que... Ahora estoy en un viaje en este Drakkar, con Mime, Tholl y contigo. Tholl duerme, Mime se alejó a buscar un lugar solitario donde pueda tocar su arpa. Tú sólo tocas la guitarra. No tengo idea de donde la sacaste, ni como es que sabes tocarla. Sólo se que esta noche, la luz tenue y los sonidos de las cuerdas me atraen a ti. Quiero que me mires y que te reflejes en mis ojos; y lo haces. Me miras. Sabes que en estos momentos soy vulnerable. Estamos a solas y sabes que siempre me has causado fascinación. Eres una criatura de las sombras como yo. No dejas de tocar la guitarra, pero tu mirada me dice que piensas lo mismo que yo. No tengo que ser un genio para saberlo. Me acerco lentamente. Tu guitarra toca una pieza que habla de esmeraldas brillantes y te oigo tararear:
- Tus ojos esmeraldas... - Y sonríes. Es claro que tanto tú, como yo nos estamos seduciendo con miradas y música.
Dejas de tocar y haces a un lado la guitarra. Sigues tarareando y entre tu voz y tus suspiros oigo ronroneos como los de un tigre. He empezado a ponerme nervioso a pesar de estar deseándote. Te mueves, te inclinas, te aproximas a paso lento. Pasando un pié delante del otro y haciendo equilibrio para no caerte a la arena, tal y como lo hacen los gatos. Te sigo con la mirada. Mis ojos verdes te atrapan y no dejan huir a tu imagen. Los tuyos, esos ojos cafés entre marrón y sepia también me han cazado. Me persiguen recorriendo cada detalle de mi cuerpo. Eres imponente y yo tan pequeño. Pero los dos sabemos lo que queremos. Te inclinas ante mí con tus manos te apoyas y te acercas a mi rostro. Sigues tarareando la canción y ronroneas. Me das un beso ligero en la mejilla y pasas a la otra y luego regresas y te vas a cercando más a mis labios. Te sigo con la mirada y veo como sonríes. Disfrutas de esto. Yo no me muevo y dejo que tú hagas todo. Me empujas para recostarme y te colocas sobre mí. Siento el peso de tu inmenso cuerpo sobre el mío. Levanto mis manos para colocarlos alrededor de tu cuello mientras aprieto tu pelo entre mis dedos. Te atraigo y te beso. Abres tu boca como si fueras una fiera a punto de dar un bocado a su presa. Muerdes mi lengua cuando la introduzco en tu boca. Empujas con la tuya para ganar la contienda, hasta que cedo y entras lamiendo la comisura de mis labios. Hundes tu cara en mi cuello exhalando el aire en un largo suspiro. Gimo por la sensación de experimentar tu tacto.
- No hay nadie al rededor, Bud... - Le digo entre suspiros y caricias. - No, sólo tu y yo... Alberich. - Bud hizo un gruñido gutural y sentí como su pecho vibró como el de una animal salvaje.
Mis ojos casi se van en blanco al escucharlo y sentirlo. Sus manos apretaron mi carne con fuerza. La tela era casi invisible ante nuestra pasión. Noté como entre besos, mordidas y caricias iba bajando hasta quedar a la altura de mis caderas.
- Odín... ahhh.... - Sus manos acariciaron por sobre la tela de mi casaca.
Aún así tuve que arquearme para dejar pasar esa descarga sexual a través de mi columna cuando apretó con su mano mi pene endurecido. Directo a mi cerebro... toda la sensación fue directo a mi cerebro. Gemí de nuevo. Bud sabía como sacarme los gritos si así lo deseaba. Desató la cinta que ceñía la casaca en mi cintura y después bajó mis pantalones de gruesa tela. Sus manos acariciaron mi trasero varias veces mientras besaba mi vientre. Levantaba mi camisa sólo para dejar desnudo mi torso. Él podía verlo todo en mí. De nuevo tocó mi miembro, erecto por causa de su tacto. Se acercó a él con ojos cerrados y meneando la cabeza de un lado para el otro, buscando una forma adecuada de introducirlo a su boca. Empezaba a desesperarme pues me hacía fintas de meterlo y luego se retiraba. Me sonreía pícaramente.
- Eres un desgraciado... - Y me reía de él.
Bud sólo me miraba con esos ojos felinos... peligrosos, pero jamás se lo metió a la boca. Ya me esperaba algo así. Me excitaba y luego me dejaba. Si que era un maldito desgraciado. Se levantó, dejándome a medio vestir y regresó a su guitarra. Tocaba mientras me miraba con lascivia y al mismo tiempo se burlaba de mí. Sería tonto si me enojara. Quería terminar y no me importaba si era yo el que ahora fuera detrás de él. Eso era lo que quería. Me levanté y caminé seguro hacia él. El sólo reía mientras tocaba su guitarra. Si, eso era, quitarle esa maldita guitarra. Se la arrebaté tirándola lejos y me monté sobre Bud. Este no opuso resistencia. Al contrario, me abarcó con sus fuertes y poderosos brazos, recibiendo mis besos. Lo hice caer de espaldas en contra de un tronco roto que había detrás de él. Bud sabía lo que quería. Dejó de tocarme mientras se bajaba los pantalones. Al igual que yo se quedó en camisa. Nada de abajo nos cubría. Más yo quería verle el pecho y el abdomen. Le quité la casaca y Bud quedó completamente desnudo. Bud metió las manos debajo de mi casaca. Él no miraba, sentía. Me acerqué a darle un beso en los labios, pero él me tomó de los hombros y me alejó de él. Luego tomó mis caderas y acarició mi trasero con sus largos dedos. Aproximó su índice a mi entrada. Acarició la orilla sólo para provocarme cosquillas. Llevó dos de sus dedos a la boca humedeciéndolas y luego regresó a mi entrada. Introdujo los dos dedos a la vez. Una descarga recorrió mi columna de nuevo. Sentí como todo mi cuerpo se erizaba y se sacudía ante ese dolor placentero. Movió sus dedos dándole vueltas. Yo me doblaba para que esa sensación no se tornara dolorosa y encontraba el punto de placer en esos movimientos, hasta que se cansó de jugar. De nuevo me empujó y caí al suelo. Alcé la vista y lo vía a contra luz. La fogata iluminaba su espalda, pero de frente se veía oscuro. Sólo resaltaba la silueta y las curvas de sus músculos. Me tomó de los tobillos y me jaló hacía él arrastrándome por la tierra. Con una de sus manos me obligó a ponerme de espaldas y levantó la casaca que me cubría el trasero. Me tomó a la fuerza levantando mis caderas hasta quedar a la altura y se acercó a mí. De nuevo el peso de su cuerpo me cubrió pero esta vez sentí algo mucho más grande entrando en mí.
-¡Aaah!... ahh ahh... - Dejé escapar gemidos de dolor.
Estaba siendo desconsiderado conmigo. Me penetró sin siquiera prepararme y lo hizo con fuerza. Sus embistes hacían que me cayera. Más él sostenía con fuerza mis caderas para no salir de mí. Primero sus penetraciones fueron lentas y fuertes. Después se hicieron rápidas, fugaces. No podía mirar a verlo. Con una mano me sostuvo de la nuca. Quería hacerme sentir sumiso y lo lograba. Antes de eyacular en mí salió y con fuerza me hizo mirarle. De nuevo vino hacia mí y me obligo a introducirme su pene en la boca. Al principio me negué, pero su mano autoritaria me tomó del pelo con fuerza y me llevó hasta él. Pude sentir que era mucho más caliente que el interior de mi boca y más grande que hace rato. El deseo hizo que lo succionara con fuerza. No pude evitar mover mi cabeza para seguir el ritmo cuando sentí como explotó dentro de mi boca. Al hacerlo, Bud me soltó como si le hubiera dado un golpe y cayó a un lado. Comenzó a reírse como loco. Yo estaba muy agotado y escupía todo aquello que se quedó en mi boca. No era un sabor agradable, pero no negaré que era un placer extraño. Limpié mi boca y lo miré con enojo. Bud sólo me miraba de una manera extraña con una sonrisa sincera en los labios. Después se levantó, tomo su ropa y se vistió. Fue hasta su guitarra, la limpió de la tierra y se volvió a sentar como si nada en el tronco. Yo enojado azoté la mano contra el piso. Tomé mi pantalón y me lo empecé a poner cuando escuché su voz.
- 15 minutos... sólo dame 15 minutos. - Y me miró de nuevo con lujuria.
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